Crítica: ‘La muerte de Robin Hood’

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Una contextualización del mito que no lo mata, sino que lo revisa desde una incomodidad realista

La coincidencia resulta casi macabra. Justo cuando llega a los cines ‘La muerte de Robin Hood’, una película que reflexiona sobre el ocaso de uno de los personajes más importantes de la tradición popular anglosajona, hemos conocido la muerte del Major Oak, el legendario árbol de Sherwood asociado durante siglos a las historias del arquero forajido. Más de mil años de historia convertidos en madera muerta. No deja de parecer una retorcida campaña promocional diseñada por algún departamento de marketing especialmente inspirado, aunque la realidad, por desgracia, sea mucho más triste. El símbolo muere mientras el cine se dispone a narrar el final del hombre que inspiró todo.

Dada la tonalidad de la cinta creo que tendrá muchos detractores. Y sin ánimo de hacer de abogado del diablo he de decir que me ha engatusado su visión. Además, acudí con ganas a verla y me esperaba ya algo así de lúgubre pues todo parte de la idea del director Michael Sarnoski. El director ya había demostrado en ‘Pig’ una sensibilidad extraordinaria para explorar al ser humano, además de conseguir algo que no siempre resulta sencillo: extraer una de las mejores interpretaciones de la carrera reciente de Nicolas Cage. Más tarde confirmó su talento para el cine de gran presupuesto con ‘Un lugar tranquilo: Día 1’. Ahora utiliza ambas experiencias para construir una obra que se mueve entre el drama existencial, el relato medieval y la revisión de un estándar del heroísmo.

El Robin Hood que podría haber existido

Quien espere una nueva aventura heroica protagonizada por el arquero de Sherwood probablemente salga desconcertado. ‘La muerte de Robin Hood’ pertenece a esa corriente de películas empeñadas en desmontar mitos para encontrar la humanidad que se esconde detrás de ellos. En ese sentido conecta con propuestas como ‘El regreso de Ulises’, ‘El hombre del norte’ o ‘Beowulf & Grendel’. Resulta curioso que las dos últimas estén vinculadas también a la familia Skarsgård, cuya presencia vuelve a aparecer aquí mediante Bill Skarsgård interpretando a Edward, una reinterpretación de Little John.

La intención de Sarnoski no es narrar la leyenda, sino preguntarse cómo pudo surgir. ¿Qué clase de hombre real habría inspirado siglos de canciones, cuentos y exageraciones? La respuesta es profundamente incómoda. Su Robin Hood está lejos de ser un héroe romántico. Es un hombre envejecido, marcado física y moralmente por una vida de violencia, robos y muertes. Un personaje que contempla el peso de sus actos mientras busca irse con las botas puestas.

Lo interesante es que la película nunca abandona esa perspectiva realista. Cada enfrentamiento, cada decisión y cada conflicto parecen diseñados para alejarse de la fantasía aventurera tradicional. No hay espacio para hazañas imposibles ni para discursos idealizados. Lo que encontramos es barro, sangre y supervivencia. Una Edad Media hostil donde la violencia tiene consecuencias físicas y emocionales.

La película no cae en el cinismo absoluto. Existe una cierta nobleza trágica en este Robin Hood que se niega a rendirse a la figura que han creado sus propias mentiras. Y aunque la película imagina libremente numerosos aspectos de la leyenda, mantiene una ligera fidelidad al espíritu del desenlace tradicional asociado al personaje.

Hugh Jackman lidera un reparto excepcional

Uno de los grandes aciertos del filme es su reparto. Hugh Jackman encuentra aquí uno de esos personajes que parecen escritos específicamente para un actor que ha alcanzado cierta madurez artística. Por otro lado si lo pensamos bien esta película habría encajado perfectamente con su adorado personaje de Marvel. Su Robin Hood combina dureza, cansancio, culpa y determinación. El actor desaparece prácticamente tras una barba y unas cicatrices que propiciaron que la propia Jodie Comer reconociese que apenas lo identificó durante los primeros días de rodaje.

A su lado encontramos a una magnífica Jodie Comer como Brigid, probablemente el personaje más importante para comprender la dimensión humana del protagonista. La actriz vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más sólidas de su generación, aportando sensibilidad y fuerza a un papel que evita cualquier simplificación.

Bill Skarsgård también aporta presencia y carisma en esta reinterpretación de Little John. Su personaje funciona como recordatorio constante del pasado compartido y de las consecuencias de una vida construida alrededor de la violencia. Pero sobretodo para dar pie a un personaje infantil que se acaba convirtiendo en crucial.

Una elegía medieval acompañada por una música extraordinaria

Si visualmente la película apuesta por la crudeza, su apartado musical opta por la melancolía. La banda sonora compuesta por el músico Jim Ghedi se convierte en uno de los elementos más destacados del conjunto. Sus composiciones acústicas, oscuras y profundamente folk acompañan la narrativa como si fueran antiguas baladas transmitidas de generación en generación.

Las melodías evocan ocasionalmente ecos medievales, especialmente gracias al uso de instrumentos y texturas sonoras cercanas a gaitas, violines y arreglos tradicionales. Sin embargo, Ghedi evita cualquier tentación épica. Su música habla constantemente de pérdida, de memoria y de la inevitabilidad del paso del tiempo.

Y quizás ahí reside la verdadera esencia de ‘La muerte de Robin Hood’. No es una película sobre un héroe legendario. Es una película sobre lo que ocurre cuando la leyenda desaparece y sólo queda el hombre. Sobre cómo los relatos transforman a las personas en símbolos y cómo esos símbolos terminan sobreviviendo a quienes los inspiraron.

Sin rigor mitológico, pero quizás si histórico

Michael Sarnoski entrega una obra sombría, violenta y profundamente reflexiva que probablemente dividirá a quienes busquen una aventura tradicional o sean mitómanos. Sin embargo, para quienes disfrutan de las reinterpretaciones terrenales del mito y de los relatos crepusculares sobre héroes envejecidos, estamos ante una propuesta fascinante aunque con algunos momentos de deriva y de prolongación innecesaria.

Quizá Robin Hood nunca fue exactamente como nos lo contaron. Pero si alguna vez existió alguien capaz de inspirar esta figura heróica, seguramente se parecería bastante al hombre que Hugh Jackman interpreta aquí. Sarnoski entiende que un hombre criado en la crudeza medieval difícilmente podía responder a los conflictos con el idealismo romántico que le atribuyen las leyendas posteriores. Su temperamento frío y agresivo es, en gran medida, el reflejo de una época donde la fuerza y la violencia marcaban el rumbo de la historia y los cuentos.

Ficha de ‘La muerte de Robin Hood’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: The Death of Robin Hood. Duración: 123 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Sarnoski. Guion: Michael Sarnoski. Música: Jim Ghedi. Fotografía: Patrick Scola. Reparto principal: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Fatih Delaney. Producción: Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Prime Crime: A True Story’

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Van Sant recupera el eco incómodo de una Norteamérica que nunca se fue

Hablar de Gus Van Sant es hablar de un cineasta que siempre ha transitado entre lo experimental y lo profundamente humano. En ‘Prime Crime: A True Story’, el director vuelve a esa línea difusa entre realidad y recreación que ya exploró en títulos como ‘Elephant’ o ‘Last Days’, pero aquí lo hace con una intención casi arqueológica: reconstruir un fragmento de la historia criminal estadounidense desde la textura visual y emocional de otra época.

Desde varios de sus compases, la película se posiciona como un falso documento que bebe del lenguaje televisivo de los años 70. La fotografía granulada, el uso de zooms abruptos y los encuadres imperfectos no son un capricho estético, sino una declaración de intenciones. Van Sant no quiere que el espectador vea la película; quiere que la experimente como si estuviera viendo una retransmisión olvidada en un archivo.

Este enfoque se refuerza con decisiones técnicas que el uso de lentes vintage y cámaras adaptadas para replicar las limitaciones tecnológicas de la época. Incluso algunas escenas fueron rodadas con iluminación mínima para mantener esa sensación de crudeza casi accidental. El resultado es una obra que parece encontrada más que filmada, todo un acierto en ese sentido. Nunca sabremos cómo habría salido esta película con Werner Herzog dirigiendo y Nicolas Cage protagonizando pues así se proyectó en principio.

Un relato potente que se diluye en su tramo central

Sin embargo, no todo en ‘Prime Crime: A True Story’ funciona con la misma eficacia. Si bien su arranque es magnético y su cierre tiene un peso social notable, el tramo central acusa una cierta fatiga narrativa. La acción, si es que puede definirse así, se vuelve completamente estática, apoyándose casi exclusivamente en diálogos tensos y silencios prolongados.

Aquí es donde la propuesta de Van Sant puede dividir al público. Los tira y afloja psicológicos, que en un principio resultan absorbentes, terminan por saturar. Hay una reiteración de dinámicas que no siempre aportan nuevas capas al conflicto, lo que provoca que el ritmo se resienta. No estamos ante un thriller al uso ni ante una película de acción, es más bien un estudio de comportamiento, y como tal exige paciencia.

Este tipo de narrativa recuerda, en cierto modo, al minimalismo extremo de ‘Gerry’, donde el tiempo y el espacio se dilatan hasta incomodar. Pero mientras en aquella propuesta la experiencia era casi hipnótica, aquí se percibe un ligero estancamiento que puede desconectar al espectador menos predispuesto. También hay que reconocer que el magnetismo de dos actores como Bill Skarsgård y Colman Domingo juegan a favor de este nuevo estreno.

Un retrato cultural inquietantemente vigente

Donde la película recupera toda su fuerza es en su lectura cultural. ‘Prime Crime: A True Story’ no es solo la recreación de un crimen real en busca de enganchar a los fans del true crime. Es un retrato de una Norteamérica que construyó sus héroes a base de violencia, coraje individual y una fe casi ciega en la justicia por mano propia.

Los créditos finales, que incorporan imágenes de archivo, funcionan como un golpe de realidad. De pronto, lo que parecía una estilización se revela como un reflejo directo de una época. Van Sant inserta fragmentos que evocan el imaginario del western clásico, con referencias implícitas a figuras como John Wayne, símbolo de ese héroe solitario que resolvía conflictos a punta de pistola.

No es casualidad. La película sugiere, sin subrayarlo de forma explícita, que esa mitología sigue latente. Que existe una pulsión social que añora a esos “héroes de a pie”, cansados del sistema y dispuestos a actuar al margen de él. En este sentido, aunque no establece un paralelismo directo con la actualidad, el subtexto resulta inquietantemente contemporáneo.

Y es aquí donde inevitablemente surge la comparación con ‘Tierra prometida’ o ‘No te preocupes, no llegarás lejos a pie’, obras que abordaban de forma más clara y comprometida las tensiones sociales modernas. Frente a ellas, ‘Prime Crime: A True Story’ parece menos intencional y más conmemorativa a efectos de mostrar un país que no deja de estar enfermo.

Ficha de ‘Prime Crime: A True Story’

Estreno en España: 17 de abril de 2026. Título original: Dead Man’s Wire. Duración: 104 min. País: EE.UU. Dirección: Gus Van Sant. Guion: Austin Kolodney. Música: Danny Elfman. Fotografía: Arnaud Potier. Reparto principal: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Al Pacino, Colman Domingo, Cary Elwes, Myha’la Herrold. Producción: Elevated Films, Pressman Film, Pinstripes, Co Created Media, Wrong Turn Productions, Artemis, Yo Productios, Velodrome, Edith Productions, Punch Once, Va Bene Productions. Distribución: Vértigo Films. Género: biográfico, drama, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Incontrolable’

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Una lección feel good que acaba con el estigma cómico del síndrome Tourette

Durante décadas, el cine ha tratado el síndrome de Tourette casi exclusivamente como un artefacto cómico, una suerte de recurso narrativo para generar risas incómodas. Lo hemos visto en personajes puramente caricaturescos como los de ‘Gigoló’, en la versión más cómica de ‘The predator’ e incluso en títulos españoles como ‘Toc toc’. Por fin, con el estreno de ‘Incontrolable’, la gran pantalla abandona la mofa para abrazar la complejidad del individuo. Kirk Jones nos entrega un relato en clave dramática que, lejos de buscar la carcajada ante el exabrupto, se sumerge en la psique del protagonista para ofrecernos una visión mucho más humana, digna y, sobre todo, necesaria.

‘Incontrolable’ asume el reto de desarrollar un drama donde, si bien existen situaciones irremediablemente graciosas por la naturaleza del trastorno, estas no restan potencia al relato. Jones consigue que la película no caiga en la caricatura, logrando un equilibrio muy elegante y, sobre todo, profundamente humano.

La humanidad de Robert Aramayo y el reencuentro con Peter Mullan

No es de extrañar los premios que ha recibido Robert Aramayo por este papel. Su interpretación es un ejercicio de contención y verdad; no cae en la parodia y expone con una crudeza necesaria la incomprensión social y familiar que sufre su personaje. Es especialmente notable la química en pantalla al ver que Aramayo repite con Peter Mullan, con quien trabajó en ‘Los Anillos de Poder’. Pero es aún mejor la fórmula que se desarrolla con Maxine Peake. Esta dupla actoral protagoniza lo que quizás sea la faceta más ejemplar del filme. En sus escenas compartidas se desarrolla la intención principal de la obra: alcanzar la verdadera comprensión de un síndrome que aísla a quien lo padece.

De la impotencia adolescente al reconocimiento real

Se nota que el equipo de producción ha estado en estrecho contacto con el personaje real en el que se han inspirado, John Davidson. La narrativa nos guía por un viaje emocional que va desde la burla y la impotencia que vivió en su adolescencia hasta su consolidación como activista en la vida adulta. El guion no edulcora el camino lleno de piedras que Davidson tuvo que transitar antes de alcanzar sus pequeños y grandes éxitos.

El momento cumbre, que en su día llenó portadas, es su condecoración como Miembro de la Orden del Imperio Británico, recibida de manos de la mismísima Reina de Inglaterra. Sin embargo, Kirk Jones decide que este honor no sea el único foco, sino el símbolo de una lucha por la visibilidad. ‘Incontrolable’ termina siendo una pieza fundamental para dar voz a un colectivo que, por lo general, sufre el estigma de ser el centro de las bromas ajenas, transformando el dolor en una lección de resiliencia y lección de vida. La película se alza como una feel good movie genuina que inyecta una dosis de originalidad y frescura muy por encima de lo que veníamos viendo últimamente en el género biográfico. Es ese tipo de cine que te deja con el corazón hinchado y la mente mucho más abierta.

Ficha de ‘Incontrolable’

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: I swear. Duración: 120 min. País: Reino Unido. Dirección: Kirk Jones. Guion: Kirk Jones. Música: Stephen Rennicks. Fotografía: James Blann. Reparto principal: Robert Aramayo, Peter Mullan, Maxine Peake, Shirley Henderson, Scott Ellins Watson, Paul Donnelly, Douglas Rankine. Producción: One Story High, Tempo Productions. Distribución: SelectaVisón. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘El agente secreto’

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La memoria y la paranoia se convierten en fantasmas del pasado

Hay películas que se limitan a recrear un periodo histórico y otras que lo convierten en un organismo vivo, incómodo y contradictorio. ‘El agente secreto’, dirigida por Kleber Mendonça Filho, pertenece claramente al segundo grupo. Ambientada en el Brasil de 1977, en plena dictadura militar, la cinta mezcla thriller político, crónica costumbrista y estudio psicológico en una combinación que no siempre es cómoda, pero sí profundamente sugestiva.

No soy precisamente defensor de ‘Bacurau’, aquella celebrada fábula distópica que Mendonça codirigió con Juliano Dornelles. En ese caso, quizá la parsimonia del planteamiento o el pulso compartido me dejaron fuera. Sin embargo, aquí el cineasta parece más rítmico y mejor planificado. O quizá simplemente este proyecto conecta mejor con mi sensibilidad. Sea como fuere, ‘El agente secreto’ confirma que Mendonça es un narrador que sabe tensar la realidad hasta convertirla en amenaza.

La película ha apuntado alto en la temporada de premios: cuatro nominaciones al Oscar y triunfadora con dos Globos de Oro (mejor actor y mejor película de habla no inglesa) han colocado la producción brasileña en el radar internacional. Pero más allá del ruido industrial, lo que interesa es el resultado artístico.

Brasil 1977: algo más que fútbol, carnaval y sexo libre

La acción se sitúa en 1977, cuando Brasil aún vivía bajo la dictadura militar instaurada tras el golpe de 1964. Mendonça no filma el régimen desde el despacho de un general ni desde una sala de torturas; lo hace desde la vida cotidiana. Fútbol en las calles, sexo en los edificios gubernamentales, carnavales hasta en la sopa, policías que parecen más preocupados por el control informal del barrio que por el orden institucional. Ese contraste es clave.

El protagonista, interpretado por Wagner Moura, regresa a Recife con un pasado ambiguo. Moura, a quien disfruté especialmente en ‘Civil War’ de Alex Garland, compone aquí un personaje aparentemente vulnerable: mirada baja, gestos contenidos, un hombre que parece huir más que enfrentarse. Sin embargo, pronto percibimos que algo oculto late bajo esa superficie.

El guion introduce múltiples elementos en suspense: un pasado oculto, relaciones cruzadas, una pierna humana hallada dentro de un tiburón varado… A ello se suman saltos temporales cada vez más frecuentes que fragmentan la narrativa sin romperla. No estamos ante un thriller lineal, sino ante un rompecabezas moral que explora la memoria colectiva. La sensación constante es que cualquier gesto trivial puede tener implicaciones políticas.

Mendonça toma detalles reales del periodo (la vigilancia, la infiltración, la normalización del miedo) para construir una ficción que bien podría haber ocurrido. No se basa en un caso concreto documentado, pero el clima es históricamente verosímil. Esa verosimilitud es la que convierte la película en algo más que un ejercicio estilístico.

Un thriller con costumbrismo y un desvío casi fantástico

Uno de los mayores logros de ‘El agente secreto’ es su capacidad para mezclar géneros. Hay suspense, sí, pero también observación social. Las conversaciones domésticas, los trayectos en coche, las celebraciones populares… todo está filmado con una calma que recuerda que la dictadura no se vivía únicamente en los centros de detención, sino en la respiración diaria de la ciudad.

En ese tejido realista aparece un breve pasaje fantástico, casi absurdo, que descoloca. Es una escena mínima, pero rompe la lógica interna durante unos minutos. Su tono remite más al absurdo de Quentin Dupieux que al propio Mendonça. No desvela la trama, pero sí introduce una fisura irónica, como si el director quisiera recordarnos que la historia también puede ser una construcción delirante o como si la imaginación fuese la última vía de escape para el pueblo.

Entre las curiosidades que circulan en torno a la producción está el hecho de que este es el último papel de Udo Kier a falta del estreno de ‘The Ark: An Iron Sky Story’. Su aparición añade una capa espectral al conjunto. Su presencia es breve, sin duda un cameo tras su trabajo en ‘Bacurau’, pero como siempre deja huella y tiene detalles propios de la filmografía habitual del actor.

‘El agente secreto’ no es una película complaciente. Exige atención, tolerancia a la ambigüedad y disposición a habitar zonas grises. Pero en esa incomodidad reside su fuerza. Mendonça no ofrece héroes claros pero quizá si villanos caricaturescos. Ofrece sobre todo un país atrapado entre la fiesta y el miedo, entre el carnaval y la sospecha. Quizá llegar hasta el Oscar sea demasiado, pero la madurez de su relato es indudable.

Ficha de ‘El agente secreto’

Estreno en España: 20 de febrero de 2026. Título original: O agente secreto. Duración: 158 min. País: Brasil. Dirección: Kleber Mendonça Filho. Guion: Kleber Mendonça Filho. Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza. Fotografía: Evgenia Alexandrova. Reparto principal: Wagner Moura, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Alice Carvalho, Udo Kier. Producción: CinemaScópio Produções, MK Productions, ONE TWO Films, Lemming Film, Arte France Cinéma, MK2 Films, Ad Vitam, Rotor Film, Netflix. Distribución: Elástica, La aventura. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Sin oxígeno’

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Sinopsis

‘Sin oxígeno’ es un thriller de acción cargado de adrenalina que narra la increíble historia real de Chris Lemons (Finn Cole), un buzo profesional que, tras un extraño accidente, queda atrapado en el fondo del Mar del Norte.

Con tan solo 10 minutos de oxígeno de emergencia y a más de media hora de cualquier esperanza de rescate, esta es la lucha imposible de un hombre por sobrevivir a 90 metros de profundidad. Mientras tanto, en la superficie, sus compañeros Duncan (Woody Harrelson) y Dave (Simu Liu) lucharán contra una feroz tormenta y harán todo lo posible por rescatarlo con vida.

Crítica

Una prueba de que el cuerpo humano aún puede desafiar los límites de la ciencia y la técnica

Antes de empezar, no, esto no va de millonarios jugando a ser exploradores. ‘Sin oxígeno’ no tiene nada que ver con la trágica implosión del submarino Titan en 2023, donde un grupo de aventureros adinerados terminó atrapado en su propia temeridad. Al contrario, lo que nos propone el director Alex Parkinson es el retrato sobrio de un accidente real protagonizado por profesionales altamente cualificados que, lejos del espectáculo, enfrentan una situación extrema con preparación, sangre fría y cooperación. Así es como viven día a día profesionales que se juegan el tipo para mantener los cables y tuberías que atraviesan los mares para darnos las comodidades que disfrutamos.

Basada en hechos reales, ‘Sin oxígeno’ es un thriller contenido que reconstruye una experiencia extrema de supervivencia en el fondo del Mar del Norte. Dirigida por Alex Parkinson, quien ya exploró este caso en el documental homónimo en su versión original ‘Last breathe’ (2019), la película traslada al terreno de la ficción la historia del buzo británico Chris Lemons, interpretado por Finn Cole.

La trama es sencilla: un accidente deja al protagonista atrapado a 90 metros de profundidad, con apenas unos minutos de oxígeno de emergencia. Mientras tanto, en la superficie, sus compañeros Duncan (Woody Harrelson) y Dave (Simu Liu) junto con la tripulación de su barco intentan organizar un rescate a contrarreloj en plena tormenta. Esta estructura lineal y sin giros innecesarios permite que el peso recaiga sobre la tensión atmosférica y las decisiones prácticas que enfrenta cada personaje. Si bien la ciencia y la técnica nos ha hecho traspasar límites inimaginables, ‘Sin oxígeno’ constata que nuestro cuerpo aún tiene sorpresas aún más sorprendentes.

A diferencia de otras producciones de este tipo, ‘Sin oxígeno’ no busca el espectáculo. Su tono es sobrio, casi documental en algunos momentos, lo cual encaja con el carácter realista de la historia. La película se apoya en una ambientación efectiva y un uso inteligente de los recursos disponibles y limitados dado su escenario, especialmente en las escenas subacuáticas, rodadas en Malta. El resultado transmite claustrofobia y aislamiento sin necesidad de recurrir a un montaje frenético ni a una banda sonora invasiva.

El reparto cumple con solidez. Finn Cole aporta humanidad al personaje central, mostrando su vulnerabilidad sin caer en el dramatismo barato. Woody Harrelson, como es habitual, ofrece una interpretación carismática pero sin robar protagonismo a sus compañeros, y Simu Liu se integra bien en un rol más discreto que el resto pero no carente de peso en la trama. Ninguno acapara el foco, lo cual refuerza el tono coral y realista del relato. En cuanto a esto último también se percibe la intención de mostrar que tanto en un experimento científico como en un rescate, no suele haber protagonistas únicos, más bien trabajo en equipo.

En lo visual, la película mantiene una estética gris, acorde al escenario industrial y tormentoso en que se desarrolla. El fondo marino se presenta como un entorno hostil y abrumador, no tanto por su apariencia sino por lo implacable de sus condiciones. Las decisiones de dirección de Parkinson refuerzan ese enfoque, priorizando lo funcional por encima de lo estilizado.

Irónicamente habiendo hecho el director ya un documental para Netflix sobre el tema, comete alguna que otra incorrección científica: con los gases, con los tiempos… No obstante queda claro que ‘Sin oxígeno’ es una película ligera que pretende constatar hechos y no reinventar el género ni subrayar una épica innecesaria. Es una obra contenida, que confía en la fuerza de la historia que cuenta y en la verosimilitud de sus personajes. Puede que no impacte, pero sí deja una impresión sobria y reflexiva, alejándose del drama grandilocuente al que este tipo de historias suelen tender. No recomendable para claustrofóbicos y puede interesar a quienes valoran el cine de supervivencia basado en hechos reales, con un enfoque más cercano al realismo que a la acción.

Ficha de la película

Estreno en España: 29 de agosto de 2025. Título original: Last Breath. Duración: 93 min. País: Reino Unido. Dirección: Alex Parkinson. Guion: Alex Parkinson, Mitchell LaFortune, David Brooks. Música: Paul Leonard-Morgan. Fotografía: Nick Matthews. Reparto principal: Woody Harrelson, Finn Cole, Simu Liu, Cliff Curtis, Mark Bonnar, MyAnna Buring. Producción: Focus Features, Dark Castle Entertainment, Longshot Film Studios, Thing 44, Floating Harbour, FilmNation Entertainment, Aperture Media Parthners. Distribución: Vértice Cine. Género: drama, suspense. Web oficial: https://www.focusfeatures.com/last-breath

Crítica: ‘Ne Zha 2’

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Sinopsis

Ne Zha, un niño demonio criado por humanos, forma una incómoda alianza con el príncipe Loong, Ao Bing, en una batalla épica para proteger a sus clanes. Después, sus cuerpos se tambalean al borde de la destrucción. Ne Zha debe embarcarse en una peligrosa búsqueda para obtener un elixir que restaure el cuerpo de Ao Bing. Durante este viaje para matar demonios, Ne Zha descubre una conspiración que desencadenará una guerra devastadora entre el bien y el mal, y deberá desafiar a fuerzas traicioneras para proteger lo que más aprecia.

Crítica

Un blockbuster chino de récords y mucha espectacularidad

‘Ne Zha 2’, dirigida por Yu Yang, es una secuela que aspira a multiplicar la épica de su predecesora, pero termina siendo un ejemplo de cómo el exceso puede diluir incluso las ideas más potentes. Desde su primer fotograma queda claro que estamos ante un producto ambicioso, pensado no solo para conquistar al público chino sino también para cimentar una franquicia. Sin embargo, pese a sus aciertos visuales y a una acción que recuerda por momentos al mejor Zhang Yimou, la película falla al intentar equilibrar su despliegue técnico con una narrativa coherente.

Para quienes no vieron la primera entrega, la confusión llega rápido. Aunque se intenta contextualizar mínimamente, el arranque se apoya demasiado en el conocimiento previo de los personajes y sus conflictos. Esto se agrava con una historia que recurre una y otra vez a la improvisación narrativa: elementos que aparecen sin lógica clara, personajes con motivaciones confusas y una mitología que mezcla libremente tradiciones. Es un guion que parece escrito sobre la marcha, más preocupado por el espectáculo que por la cohesión.

En cuanto a su duración, ‘Ne Zha 2’ sufre el mismo mal de muchas superproducciones actuales: se alarga innecesariamente. Las más de dos horas de metraje se sienten como una travesía irregular, con altibajos constantes. Algunas secuencias de batalla son espectaculares, coreografiadas inclusos con elegancia y una escala que justifica el ejército de animadores scon el que ha contado el filme. Lástima que algunas de esas escenas se extienden más allá de lo necesario, perdiendo ritmo y ganando fatiga visual.

Donde la película brilla es en su apartado artístico. La iconografía es simplemente brutal: los escenarios están diseñados con un nivel de detalle y una paleta cromática que resulta abrumadora y hermosa a la vez. Cada plano es una postal, una explosión de color y estética tradicional reinterpretada con técnicas modernas. Lamentablemente, este nivel no se extiende a los personajes, que parecen sacados de un videojuego para móviles. Los modelados son genéricos, con expresiones limitadas y una estética recargada en exceso que rompe con el lirismo de los fondos.

El protagonista, Ne Zha, es un arquetipo del héroe todopoderoso, pero destaca por su aura oscura y su naturaleza malvada, un enfoque que lo aleja del típico “elegido luminoso” y le aporta una dimensión más interesante y simpática a partes iguales. Aun así, ni siquiera su complejidad moral salva a una película que a veces se toma demasiado en serio y otras no se toma en serio en absoluto. Otro aspecto que desentona, especialmente en su versión doblada, es la voz del protagonista. El trabajo de doblaje, si bien técnicamente correcto, no termina de encajar con la construcción del personaje. La entonación de su voz, resulta excesivamente limpia, juvenil y algo plana para un héroe con una carga tan oscura y compleja.

Esta es una película que explora el terreno de los récords. ‘Ne Zha 2’ ha seguido los pasos de su predecesora y ha arrasado en taquilla local. En sus primeros días, rompió varios récords de recaudación en China, consolidándose como uno de los estrenos animados más vistos del año. Incluso ha llegado un momento que se ha colocado a nivel mundial como la película animada más vista de la historia. Este éxito demuestra el tirón del personaje en el imaginario popular chino, así como el músculo de la animación local frente a las grandes producciones internacionales.

Como cierre, una escena post-créditos confirma que se va a querer seguir explotando la gallina de los huevos de oro, o el caldero del Palacio Blanco, empleando la terminología del filme. Se planta la semilla de un universo con muchos personajes e incógnitas por resolver, una estrategia clara para estirar el chicle mientras el público lo permita.

Ficha de la película

Estreno en España: 20 de junio de 2025. Título original: Nezha: Mo Tong Nao Hai. Duración: 143 min. País: China. Dirección: Yu Yang. Guion: Yu Yang. Música: Ro Chen, Win Pin Chu, Rui Yang. Reparto principal (doblaje original): Yanting Lü, Mo Han, Hao Chen, Gong Geer, Yuze Han, Joseph, Qi Lü, Deshum Wang. Producción: Beijing Enlight Media Co., Chengdu Yingduoduo Culture Media, Coco Cartoon, Horgos Coloroom Pictures. Distribución: Adso Films. Género: aventuras, fantástico. Web oficial: https://weibo.com/u/6217939256

Crítica: ‘El Eternauta’

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Una vez más El Eternauta trasciende generaciones y contextos

Por fin, uno de los grandes hitos del cómic llega a nuestras pantallas: ‘El Eternauta’. Su camino hacia la adaptación no ha sido sencillo, y al igual que ‘Dune’, durante años pareció una obra «maldita». Hubo intentos fallidos de llevarla al cine, versiones en animación rotoscópica avaladas por el propio autor que nunca se concretaron, y proyectos frustrados por conflictos de derechos, agendas o enfoques creativos. En 2018, incluso Álex de la Iglesia manifestó su intención de adaptar esta obra emblemática, con Ricardo Darín como posible protagonista. Aunque ese proyecto no prosperó, el deseo se ha hecho realidad de otra forma: Darín finalmente encabeza el elenco de la esperada serie dirigida por Bruno Stagnaro, una producción de seis episodios para Netflix en colaboración con K&S Films.

Una nevada letal y un pulso electromagnético bastan para que importe poco si la historia transcurre en 2025 o en los años cincuenta: la humanidad se ve empujada de nuevo a una especie de Edad Media. Confinamiento, caos y una desorientación generalizada tiñen la trama de una inquietante familiaridad, especialmente tras sucesos recientes como el apagón en España. Más que ver esta serie, da la sensación de que la hemos vivido. El cómic original ha influido tanto en el imaginario colectivo que, en muchos aspectos, parece haber anticipado nuestro presente. Como apuntamos en El Simbionte, quienes piensen que esta historia resulta predecible deberían recordar que fue escrita en 1957, con una fuerza política tal que llegó a ser censurada en algunas versiones. Y mencionar esto es apenas rascar la superficie de todo lo que esconden sus viñetas.

¿Merecía la pena adaptarlo con el riesgo que supone exponerlo ante una audiencia que ha visto de todo? A parte de que parece que Darín estaba destinado a hacer homenaje a estas viñetas, se ha aprovechado para enlazar con la actualidad. Igual que hay diversas versiones y secuelas de ‘El Eternauta’ en las viñetas, las cuales modificaron o ampliaron la obra de Héctor Germán Oesterheld y Solano López y se convirtieron en parte de la lucha a raíz de la desaparición del autor y el asesinato de sus hijas por parte de la dictadura, esta adaptación de Netflix retrata la Argentina actual con algunos detalles nuevos y una empatía automática para el espectador que ha vivido eventos similares en 2020. Y es que ‘El Eternauta’ es ciencia ficción, es aventura bélica pero sobre todo trata de las gentes del país americano en el que se creó con capítulos escritos incluso desde la clandestinidad. Funciona a nivel universal pero por supuesto también como retrato de los argentinos. Quizá el estadio del River y toda la parte militar por venir sean los que más entronquen con el país sudamericano pero la serie funciona magníficamente como veneración a este clásico. Es más, traspasando sus fronteras la serie no podía llegar en un momento más oportuno, pues si el cómic original era una consecuencia de los miedos de la Guerra Fría, ahora nos encontramos en una situación política y social, muy similar, en la que la lucha de bloques, la ultraderecha y las guerras comerciales nos tienen en vilo. En cualquiera de sus lecturas sigue funcionando como un relato sobre la resistencia y la amistad.

Hay que tener en cuenta y reconocer que ‘El Eternauta’ es grande en muchos sentidos. Aunque esta producción sea una serie no da para contar la historia original, la cual dispone mucha reflexión sobre la condición humana, estampas propias de hazañas bélicas y muchos saltos en el tiempo. Es por ello que incluso el inicio ha cambiado, eliminando el auténtico impacto misterioso del Eternauta, no rodando la enigmática conversación original. Bien es cierto que el personaje de Ricardo Darín va sufriendo algunos detalles que dan sentido al título y se va retratando muy bien su personalidad y relación con el resto del elenco, pero la magia del arranque del cómic está desaparecida. También es verdad que podría haber sido osado grabar las primeras páginas en la que el propio Oesterheld se retrató en lo que probablemente fue uno de los primeros ejercicios de metalenguaje del noveno arte. Pero ese respeto hacia la figura del autor se respira también en la historia pues aunque los acontecimientos estén cambiados para responder a códigos, ritmos y tiempos televisivos, el mensaje y la intencionalidad original se mantiene.

Como comentaba es imposible condensar todo en una película o serie y al final nos confirman que habrá segunda temporada. Se ha filmado menos de un tercio del cómic, unas 100 páginas de 350. Hay detalles que se quedan en el tintero y sorpresas por aparecer pero esta versión de ‘El Eternauta’ es realmente un enganche. Lo que muchos percibirán, si han ido coleccionando las diferentes versiones del cómic, es que no hay un tono politizado. No al menos hasta que llegamos hasta el final, cuando corresponde con el tema militar. Quizá así se evita caer en populismos o aprovechar gratuitamente la tesitura actual. Es mucho lo que está en juego pues ‘El Eternauta’ es para muchos un clásico argentino que llega incluso a conformar una seña de identidad. Creo que por eso quizá se ha usado un matiz más blanco al respecto.

Ya decía que la presencia de Darín es crucial pues es un estandarte argentino en vida. Pero el director Bruno Stagnaro es clave pues ha demostrado con su filmografía conocer bien a las gentes de su país. ‘El Eternauta’ tiene ritmo, muy buena foto y un respetable desarrollo de personajes. La audiencia actual también se fija mucho en la calidad de los efectos (pues de tanto mirar el móvil no se valora correctamente el ritmo o el guión) y puedo adelantaros también que tanto los efectos prácticos como el CGI que nos muestra a una Argentina cubierta de una mortífera nieve están más que logrados, convirtiendo el trazo de los años cincuenta en lo que será fijo un clásico contemporáneo.

Crítica: ‘Warfare’

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Sinopsis

Tiempo de guerra introduce al espectador en la experiencia de un pelotón de Navy SEALs estadounidenses. Concretamente en una misión de vigilancia que se tuerce en territorio insurgente. Una historia visceral y a pie de campo sobre la guerra moderna y la hermandad, contada como nunca antes: en tiempo real y basada en los recuerdos de quienes la vivieron.

Crítica

‘Warfare’ no quiere que disfrutes: quiere que sobrevivas

Alex Garland siempre ha tenido inquietudes por el comportamiento y la experiencia militar. Desde el tercer acto de ‘28 días después’ hasta su último y maltratado peliculón, ‘Civil War’. ‘Warfare’, la más reciente película co-dirigida entre Alex Garland y Ray Mendoza, nos sumerge en las profundidades de un conflicto bélico de manera que parece casi hecho para verse con gafas de realidad virtual. Está claro que A24 vio en este proyecto una nueva propuesta original que agregar a su catálogo.

‘Warfare’ ofrece una representación cruda y realista de la guerra de Irak en 2006. Para ello se basa en un lance real vivido por el propio Mendoza, y sus ex compañeros Navy SEALs, los cuales han estado estrechamente implicados en el rodaje. La película sigue a un pelotón de soldados estadounidenses en una misión de vigilancia durante la batalla de Ramadi (la misma ciudad en la que operó el protagonista de ‘El francotirador’) que desemboca en un enfrentamiento devastador, en un asedio como los que hemos visto en películas como ‘Black Hawk Down’, ‘The outpost’ o ‘13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi‘. Lo que distingue a ‘Warfare’ es su enfoque en tiempo real y su estética casi de metraje encontrado, sumergiendo al espectador en el caos, la confusión y el terror que caracterizan la vida de un soldado. Este no es uno de esos films en los que una bomba va a estallar en un minuto y la escena dura cinco. Experimentamos los tiempos tal y como se narran, transmitiendo con ello el mismo agobio y urgencia de aquellos que vivieron esta historia. Esta elección estilística busca desmitificar la guerra, alejándose de la glorificación y presentando una visión más auténtica y despojada de adornos. En una época de guerras como la que vivimos, en la que se habla de rearmes y vuelta del servicio militar obligatorio, surge este filme que es completamente disuasorio. Aunque su guión transcriba las vivencias de auténticos soldados, pertenezca al género bélico y parezca militar en su sinopsis se suma a ese alegato antibelicista que mantiene Alex Garland. Desde luego lo veo como buen material para mostrar a alguien que alentado por videojuegos o por algún tipo de fanatismo quiera sumarse a cualquier fuerza armada.

El elenco está compuesto por un lujo de actores de esos que apuntan a estrellas del mañana. ‘Warfare’ se alza como uno de esos títulos que recordaremos en el futuro como alineación de lujo. Joseph Quinn, Will Poulter, Michael Gandolfini, D’Pharaoh Woon-A-Tai o Cosmo Jarvis ofrecen entre todos interpretaciones que capturan la vorágine y el desgaste psicológico de los combatientes. En otras palabras, el por qué una guerra te deja sonado. Cuando salgáis del cine no vais a destacar a ninguno en concreto ya que este es un trabajo en equipo, entre todos contribuyen a un caos la mar de efectivo. Ninguno desarrolla argumentos narrativos, políticos o éticos, sino que están al servicio de una reflexión sobre la brutalidad del combate. Y por supuesto también se muestran como herramientas de un lienzo que a través de plasmar muchas debilidades conforma un autorretrato.

La colaboración entre Garland y Mendoza es fundamental para la autenticidad de ‘Warfare’. Mendoza aporta su experiencia directa en combate, mientras que Garland, conocido por explorar temas contemporáneos en sus obras, contribuye con su visión cinematográfica distintiva. Esta sinergia busca ofrecer una representación honesta y respetuosa de las experiencias de los soldados en el campo de batalla. Tal es así que la crudeza de algunas de sus imágenes me hace recomendártela solo si tienes cierta edad apta para ver vísceras y dolor.

Es interesante olvidar por un momento al Garland de la ciencia ficción o el terror y analizar su relación con el ejército a lo largo de su filmografía. En ‘Civil War’, Garland aborda el impacto del conflicto en periodistas, soldados y la sociedad en general, evitando sensacionalizar la violencia y enfocándose en las consecuencias humanas de la guerra o los fanatismos en un terreno a priori “civilizado”. Antaño, cuando escribió ‘28 días después’, presentó a unos militares que se convierten en un enemigo peor que los propios zombies, mostrando que algunas personas están corrompidas en vida. En ‘Warfare’ muestra un lado más humano, ensuciándole el rostro y destripando a unos jóvenes que maduran y sufren un guantazo de realidad a base de obuses y balazos del calibre 7,62 mm. En resumidas cuentas, parece querer decirnos que los malos no son los militares con sus mentes bombardeadas, sino los ejércitos y las ideas que se supone que hay tras ellos.

Es innegable que Mendoza y Garland han creado una obra fruto del entendimiento mutuo que invita a la reflexión sobre la naturaleza de la guerra y sus efectos en quienes la viven de cerca. En resumen, ‘Warfare’ se presenta como una pieza cinematográfica que desafía las convenciones del cine bélico, ofreciendo una mirada sin filtros a la realidad del combate. Y lo hace de un modo sencillo, hasta tal punto que si yo fuese cineasta ahora mismo estaría exclamando “¡¿Por qué no se me ha ocurrido a mí esto?!”.

Ficha de la película

Estreno en España: 16 de abril de 2025. Título original: Warfare. Duración: 95 min. País: Reino Unido. Dirección: Alex Garland, Ray Mendoza. Guion: Alex Garland, Ray Mendoza. Fotografía: David J. Thompson. Reparto principal: Joseph Quinn, Michael Gandolfini, Joe Macaulay, Henrique Zaga, D’Pharaoh Woon-A-Tai, Will Poulter, Kit Connor, Noah Centineo, Taylor John, Smith, Adain Bradley, Cosmo Jarvis, Charles Melton. Producción: A24, DNA Films. Distribución: A24. Género: drama bélico. Web oficial: https://a24films.com/films/warfare

Crítica: ‘El minuto heroico: Yo también dejé el Opus Dei’

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Un golpe mediático a los secretos mejor guardados del Opus Dei

‘El minuto heroico: Yo también dejé el Opus Dei’ es una serie documental de cuatro episodios de 50 minutos, producida por THE MEDIAPRO STUDIO para Max en España, creada y dirigida por la periodista Mònica Terribas. Ya se encuentra disponible en Max desde el 7 de febrero.

El Opus Dei es una institución que si bien está por todo el mundo (como los masones o los mormones) es bien desconocida para mucha gente (como los masones o los mormones). ‘El minuto heroico: Yo también dejé el Opus Dei’ ofrece una mirada inédita sobre las experiencias de trece mujeres procedentes de diferentes países, principalmente España, América Latina, Irlanda o Reino Unido. Ellas vivieron dentro del Opus Dei como numerarias, numerarias auxiliares o agregadas (no entraré a explicar este detalle que deberíais ver en el documental). Relatan su posterior ruptura con la organización que opera bajo el amparo del Vaticano, el cual no hace no mucho rebajó sus privilegios. Estas mujeres narran, en primera persona, cómo fueron captadas en la adolescencia, sometidas a un lavado de cerebro con técnicas propias de las multinacionales actuales, anuladas bajo un régimen de estricta obediencia y finalmente forzadas a realizar trabajos no remunerados bajo la justificación de su entrega a Dios.

Los testimonios se complementan de una manera tan curiosa como escalofriante a través de recreaciones interpretadas por la actriz Claudia Traisac, bajo la dirección de Laura Sisteró y cuyo rodaje presenciaron las propias entrevistadas. A parte de esta búsqueda de verosimilitud la docuserie incorpora el análisis de expertos en la materia, como el periodista británico Gareth Gore, autor de ‘Opus’ (Editorial Crítica), Antonia Cundy, periodista del Financial Times, el psicólogo John Paul Lennon, especializado en abusos religiosos y sectas o el abogado Sebastián Sal, defensor del ‘caso de las 43’, exnumerarias auxiliares en Argentina y otros países de América Latina. Todos ellos contextualizan y respaldan los testimonios aportando un cómo y un por qué que resulta alarmante en pleno siglo XXI.

A pesar de que el Opus Dei ha sido objeto de críticas desde los años setenta por sus dinámicas coercitivas, esta es la primera serie documental que aborda el tema con múltiples casos y testimonios coincidentes. La directora Mònica Terribas ha declarado que ‘El minuto heroico’ pone ante el espejo al Opus Dei, reflejando las vivencias de mujeres que denuncian haber sufrido abusos psicológicos y espirituales dentro de la organización. Sin embargo, la producción no está exenta de controversia y podría haber sido incluso más completa o valiente, aunque desconozco si lo ha intentado HBO Max nos ha permitido ver el último episodio y en el indican que el Opus se ha negado a participar en el documental. La ausencia de voces defensoras del Opus Dei da lugar a una perspectiva parcial. Haber contado con miembros actuales de esta organización, tachada muchas veces de secta, podría haber servido para dar más empaque al documental e incluso para que ello mismos se retratasen como quisiesen.

En términos de producción, la serie podría parecer sencilla, pero el tema de las recreaciones genera un impacto inesperado. La estructura es correcta y uno devora los cuatro episodios con avidez según se va deshojando esta cebolla que nos puede hasta hacer llorar. ‘El minuto heroico: Yo también dejé el Opus Dei’ es un relato impactante que, sin duda, dará de qué hablar en el debate sobre los límites entre la fe, el peso de la familia y el control institucional.

Crítica: ‘Daaaaaalí!’

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Sinopsis

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Una joven periodista francesa se encuentra en varias ocasiones con el icónico artista surrealista Salvador Dalí para un proyecto documental que nunca llegó a realizarse.

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Crítica

La comunión inevitable de dos genios del surrealismo

Hace dos años tuve la inmensa suerte de conocer a Quentin Dupieux en el marco del festival de Sitges. Allí vivimos una de las ruedas de prensa más divertidas de todas las celebradas en la localidad catalana. Entre muchas sugerentes e interesantes preguntas pude lanzar un par. Una de esas cuestiones era más una sugerencia pues planteaba al director usar su característico estilo y aplicárselo a algún suceso real. Me respondió rotundamente que no. Ahora se estrena ‘Daaaaaali!’ y lejos de señalar que se ha contradicho, hay que reconocer que tanto en la realidad y la ficción, con el genio surrealista era difícil distinguir lo que eran ensoñaciones y lo que eran hechos reales. Por eso era inevitable la comunión entre el director francés y el mítico artista español, porque ambos tienen pocas ligaduras con la realidad.

‘Daaaaaali!’ no es una película únicamente para los muy cafeteros de Dupieux pero tampoco la más accesible. Aún así es una muestra del absurdo estilo distintivo de Quentin Dupieux, un cineasta conocido por su enfoque disparatado y su capacidad para desdibujar las líneas entre lo posible y la ficción más lunática. El guion de ‘Daaaaaali!’ mezcla elementos excéntricos, cómicos y oníricos, reflejando las ocurrencias de dos genios capaces de crear de manera libre. Es una obra audaz y creativa que captura la esencia del surrealismo y rinde homenaje a uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Dupieux demuestra su afinidad con el surrealismo y dadaismo de Dalí, sugiriendo que ambos habrían hecho buenas migas, estoy seguro de que se habrían adulado mutuamente. Al igual que Dalí podía soltar algo incomprensible que dejaba al oyente con el gesto torcido, Dupieux nos asalta siempre con escenas tan ocurrentes como sorprendentes e insondables. La película llega hasta el punto de ser capaz de deshacerse a sí misma e introducirnos en un bucle. Estoy seguro de que también le gustará a Christopher Nolan, de igual modo que los que amamos ‘Los Caballeros de la Mesa Cuadrada’ o ‘Top Secret!’ hemos encontrado gags conocidos.

Pero, ¿de qué tarta Dalí? Con todo lo que he dicho hasta aquí podrás imaginar que no es un biopic. La narrativa no sigue una estructura lineal tradicional, sino que se despliega como una serie de viñetas que exploran diferentes aspectos de la vida y la mente de Dalí, sobre todo acerca de su personalidad. Entre estos episodios se incluyen personajes como Gala, su musa y esposa, y su fiel chófer. El hilo conductor es una entrevista que no acaba de cuajar, subrayando así la naturaleza indómita y caprichosa del artista. Dupieux no tiene miedo de desafiar las expectativas del público, una valentía que es una de las fortalezas de su obra, de nuevo alineándose con otra característica de Dalí, su arrojo propiciado por su confianza ciega en su arte. A través de este enfoque, Dupieux logra retratar desde la imaginación a este maestro inigualable, llegando incluso a criticarse a sí mismo por intentar acercarse al arte del genio.

Una de las características más destacadas de la película es la interpretación de Dalí por múltiples actores. Las seis aes del título hacen referencia a los seis actores que llegan a lucir el bigote característico de Dalí. El de Figueres era inigualable pero hasta cierto punto no era inimitable, como demuestran casi todos los intérpretes del filme que clavan sus gestos y su hablar sin citar ni un solo detalle real. Este enfoque refleja la percepción pública de Dalí como una figura cambiante y multifacética. Dupieux utiliza este recurso para crear una sensación de desorientación y fascinación que mantiene al espectador cautivado.

A favor del filme está le haber rodado en la tierra de Salvador Dalí. Visualmente, la película es un festín para los ojos. Dupieux, quien también es conocido por su trabajo como director de fotografía, emplea una paleta de colores veraniegos y una composición visual meticulosa que captura la esencia del arte de Dalí, de hecho recrea por lo menos tres cuadros auténticos. Las escenas están llenas de imágenes surrealistas sumergiendo al espectador en un mundo casi sin sentido. Y por si queréis algo más de disparate. Dupieux es conocido por su faceta de Dj y su campaña con Flat Eric. Curiosamente la banda sonora de ‘Daaaaaalí!’ no está compuesta por él, sino por alguien con quien ya trabajó en ‘Reality’, Thomas Bangalter, uno de los miembros de Daft Punk.

Ficha de la película

Estreno en España: 25 de octubre de 2024. Título original: Daaaaaalí! Duración: 79 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Thomas Bangalter. Fotografía: Quentin Dupieux. Reparto principal: Anaïs Demoustier, Gilles Lellouche, Edouard Baer, Jonathan Cohen, Pio Marmaï, Didier Flamand, Romain Duris. Producción: Atelier de Production, Associates M Productions, France 3 Cinéma. Distribución: A Contracorriente Films. Género: comedia. Web oficial: https://es.unifrance.org/pelicula/55586/daaaaaali

Crítica: ‘El 47’

Sinopsis

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En los años 60 y 70, la periferia de Barcelona se ha formado y construido en su mayor parte por inmigrantes extremeños y andaluces que han levantado los barrios con sus propias manos, pero no están considerados como parte de la ciudad. Sus chabolas ni siquiera tienen agua corriente o electricidad. Harto de que el Ayuntamiento diga que el transporte público no puede llegar a la zona porque las calles son demasiado estrechas e inseguras, el conductor de autobús de la TMB Manolo Vital (Eduard Fernández) intentará demostrar, al volante de “El 47”, que las autoridades se equivocan.

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Crítica

Un ‘Cuéntame’ a lo barriada catalana

En toda civilización se han constatado éxodos hacia los grandes núcleos urbanos. La protección y abundancia de los ecosistemas artificiales creados por el hombre atraen a los necesitados y a los hambrientos de fortuna como la miel a las moscas. En códigos modernos decimos que el movimiento interno más común dentro de España es aquel que lleva a los llamados provincianos a huir de las crisis y las miserias de su tierra hacia las urbes, presuntamente repletas de oportunidades. Esto perdura hoy en día y un servidor es también testigo y partícipe de ello al haberme visto obligado a migrar por la falta de trabajo en tierras como las salmantinas y las cacereñas, de donde procede también el protagonista interpretado por Eduard Fernández.

La de ‘El 47’ es una historia aún más dramática, quizá germen, desde luego contribuyente, de ese mal que hoy llamamos la “España vaciada”, pues se enmarca en una ciudad creciente como Barcelona que por entonces estaba rodeada de precariedad y no paraba de recibir extremeños, murcianos y andaluces por doquier. Aunque su historia de desahucios y de poblados chabolistas aún se ve hoy en día, nos traslada a un 1958 con muchísimo por mejorar, en el que los ciudadanos estaban evidentemente más desprotegidos. Bien es cierto que el tiempo nos permite establecer una comparativa alentadora, pero ‘El 47’ nos recuerda que hay aún hay mucho por andar a nivel individual, que la rutina de nuestro día a día no nos puede impedir ponernos en la piel de aquellos con los que nos solemos topar.

Torre Baró es el barrio del Nou Barris, del extrarradio de la Ciudad Condal, que ocupa esta narración. Una zona que fue creada de la nada hace poco más de cincuenta años y que hoy en día alberga a casi tres mil habitantes. ‘El 47’ nos recuerda que en el siglo pasado tuvimos nómadas en España, que ellos son los que transformaron realmente nuestras capitales. A penas quedan gatos en Madrid, ¿verdad? Para encarrilar esta historia de evidente carácter social, algo nada raro en la filmografía de Marcel Barrena (‘Mediterráneo’), nos presentan a Manuel Vital, del cual vemos imágenes de archivo al final del filme. Él era un conductor de autobús que tenía que darse buenas palizas para llegar hasta su trabajo en el centro de Barna, al igual que todos sus vecinos. Si queréis marcaros una maratón de cine comprometido y de concienciación podéis ver esta película y la recientemente estrenada, ‘Los indeseables’. Ambas tienen valores y carácter suficiente como para hacer que mires de otra manera a aquellos con los que coincides en el metro, pero que seguramente vienen de mucho más lejos.

Aún hoy en día existen en España barrios con carencias, casi tercermundistas, repletos de jóvenes que sienten vergüenza de sus orígenes y poblados por vecinos impotentes y anulados. No hablo de absolutamente todas las barriadas de España, es cosa de excepciones. Lo mejor que hace ‘El 47’ es recalcar que en esos lugares a los que a priori se achaca un carácter delincuente o cuanto menos peligroso, hay personas de bien consideradas o tratadas como insignificantes a pesar de ser parte de esa base social que cimenta nuestra sociedad. Barrena atina también a mostrar, como en tanas películas de David contra Goliat, que curiosamente el sistema que sustentan les machaca con la burocracia y el ostracismo. Aunque la narración es eficiente y se ve claramente su intencionalidad, hay que reconocer que ‘El 47’ redunda mucho en la miseria de sus personajes, enarbolando reiterativamente un discurso sobre la decencia de aquellos que quieren echar raíces y prosperar, retardando hasta casi una hora la aparición del vehículo que da título al filme.

Si hay que ponerle una pega al filme es el excesivo tiempo que emplea en ponernos en situación. Y hablando de enmarcar la historia, en un par de ocasiones se lleva a cabo una fusión entre imagen de archivo y el metraje rodado, al estilo ‘Cuéntame cómo pasó’. Ese carácter familiar y nostálgico de la serie de TVE está presente también en ‘El 47’. Curiosamente un actor recurrente de esa serie como es Carlos Cuevas está en el reparto y aparece de vez en cuando. Lástima que, aunque como siempre consigue una gran verosimilitud en su personaje, Eduard Fernández tenga también tenga algo intermitente en su personaje, un acento extremeño que pierde en muchas escenas.

Resulta entrañable y es digno de dedicarle una pequeña reflexión esas escenas en las que el conductor habla con sus pasajeros habituales. Hoy en día no dedicamos espacio casi ni a saludar a quien nos lleva a nuestro destino, quizá amparados en el cartel de “Se prohíbe hablar con el conductor”, quizá porque anteponemos nuestros problemas a los suyos considerándole una parte de la máquina motorizada que nos transporta. Es una reflexión casi desesperanzadora, que puede hacer que en cierto sentido te derrumbes, como lo hace la última escena, interpretada por un personaje que parece que tiene una trama un tanto descolgada y resurge al final para brindarnos un momento la mar de emotivo, quizá un tanto alargado.

Ficha de la película

Estreno en España: 6 de septiembre de 2024. Título original: El 47. Duración: 110 min. País: España. Dirección: Marcel Barrena. Guion: Marcel Barrena, Alberto Marini. Música: Arnau Bataller. Fotografía: Isaac Vila. Reparto principal: Eduard Fernández, Clara Segura, Zoe Bonafonte, Carlos Cuevas, Salva Reina, Oscar de la Fuente, Vicente Romero, Betsy Túrnez, David Verdaguer. Producción: The Mediapro Studio, RTVE, 3Cat, Triodos Bank, ICO. Distribución: The Mediapro Studio. Género: drama.

Crítica: ‘Longlegs’

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Sinopsis

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Mientras el FBI intenta atrapar a un retorcido asesino en serie, una agente descubre una serie de pistas que podrían llevarla hasta el criminal y poner fin a su terrorífica ola de asesinatos.

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Crítica

La tensión de ‘Longlegs’ me genera mono por el cine de Oz Perkins

Nicolas Cage levanta pasiones hoy en día, prueba de ello es que está viviendo una segunda o tercera juventud artística. Su último estreno, ‘Longlegs’, ha sido todo un taquillazo en USA, superado solo por la última película del universo ‘Gru’. Costó unos 10 millones, dejándose la mitad del coste del rodaje en el caché del actor y gastando casi lo mismo en publicidad. Se rentabilizó solo con la taquilla norteamericana en su primer fin de semana de estreno.

‘Longlegs’ ha llegado a cines anunciando que co-protagoniza Nicolas Cage, pero no se ha querido mostrar ni una sola imagen de él, ni en vídeos, ni en fotos, ni en carteles. ¿Justificado? Resulta que sí. Ese secretismo es parte del marketing que atraerá a sus fans con el dial de curiosidad al máximo y cuando empieza la película se prolonga como herramienta para fomentar el suspense, pero he de decir que a mi se me ha roto el efecto muy tempranamente.

Oz Perkins, hijo de Anthony Perkins (‘Psicosis’) y director de la versión oscura del cuento de Hansel y Gretel, es el director de este nuevo thriller policíaco. Tanto él como Cage han declarado que ‘Longlegs’ es un homenaje a sus madres. Mi impresión es que vista bajo ese prisma esta película es un tributo un tanto cuestionable y retorcido, no quiero saber cómo eran sus madres pues la película llega a ser por momentos turbia, inquietante y oscura, pero como decía antes, hay algo que destroza por completo la atmósfera conseguida.

Con imágenes y un devenir similares a ‘Zodiac’, ‘S7ven’, ‘El silencio de los corderos’ o ‘El coleccionista de huesos’ se consigue una película la mar de eficiente en la mayoría de sus secuencias. La película está compuesta por planos tranquilos rotos a veces por momentos o sonidos impactantes con un rojo setentero que siempre nos imbuye un horror sangriento. Es de admirar el cuidado que ha puesto Perkins en la imagen, llena de grandes y estudiadas composiciones, con zooms y algún paneo, sin travellings o steadicams que alteren el ritmo. En ese modus operandi de contar historias seguimos a una agente especial del FBI que tiene eso, bastante de especial. Se intuye que la protagonista reprime algo gracias a la gran interpretación de Maika Monroe y ello se suma al misterio del asesino al que persigue con una capacidad casi clarividente. Su papel me recuera un poco al Patricia T. Arquette en ‘Medium’. Teniendo en cuenta que dos de las películas más exitosas de Monroe, ‘It follows’ y ‘El extraño’, tratan sobre mujeres que son acosadas, pensaba que este filme iba a tratar una vez más de lo mismo. En parte sigue ese leitmotiv, pero se sale por la tangente. El problema no es ella ni esa especie de cruzada de concienciación que está haciendo con su carrera, sobra decir que argumentos y razones no le faltan.

Tanto el casting como el tratamiento de los personajes de Maika Monroe y Alicia Witt me parecen un acierto. Muchos le tienen estigmatizado pues lo suyo ha hecho para ganarse esa fama, pero Nicolas Cage tiene muy buenas películas sin necesidad de ser comedidas o chifladuras palomiteras. ‘Longlegs’ se suma a ese saco de buenos largometrajes en los que está participando Nicolas Cage últimamente, tales como ‘Pig’ (de la misma productora) o ‘Dream Scenario’. Pero no precisamente gracias a él, que una vez más demuestra que interpretar personajes extremos o lunáticos sacan su lado más histriónico. Hay que reconocer que el maquillaje, casi a lo Eric Stoltz en ‘Mask’ no ayuda y parece más un Celebrities de Joaquín Reyes. Esto y la manera de gritar y reír del descendiente de los Coppola desmontan la peli. Cage ha declarado que debido a su violencia no quiere volver a interpretar un papel como este, yo desde luego se lo agradecería pues no exhibe aquello que le hace divertido, ni en el buen ni en el mal sentido.

Aunque como fan de Cage estoy decepcionado y como amante del terror me esperaba una resolución más aterradora he de decir que ‘Longlegs’ es una gran experiencia. De hecho ahora tengo más ganas de ver ‘El mono’, el próximo proyecto de Oz Perkins que adaptará un relato de Stephen King contando con Theo James y Elijah Wood.

Ficha de la película

Estreno en España: 2 de agosto de 2024. Título original: Longlegs. Duración: 101 min. País: EE.UU. Dirección: Oz Perkins. Guion: Oz Perkins. Fotografía: Andrés Arochi. Reparto principal: Nicolas Cage, Maika Monroe, Alicia Witt. Producción: C2 Motion Pictures Group, Oddfellows Entertainment, Range Media Partners, Saturn Films, Traffic. Distribución: DeAPlaneta. Género: terror, suspense. Web oficial: https://c2motionpictures.com/project/longlegs/

Crítica: ‘Twisters’


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Sinopsis

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Edgar-Jones interpreta a Kate Cooper, una ex cazadora de tormentas perseguida por un devastador encuentro con un tornado durante sus años universitarios que ahora estudia los patrones de tormentas en pantallas en la ciudad de Nueva York. Su amigo Javi la lleva de regreso a las llanuras para probar un nuevo e innovador sistema de seguimiento. Allí, se cruza con Tyler Owens (Powell), la encantadora e imprudente superestrella de las redes sociales que disfruta publicando sus aventuras persiguiendo tormentas con su estridente equipo, cuanto más peligroso, mejor.

A medida que la temporada de tormentas se intensifica, se desatan fenómenos terroríficos nunca vistos, y Kate, Tyler y sus equipos competidores se encuentran directamente en el camino de múltiples sistemas de tormentas que convergen sobre Oklahoma en lo que será una lucha por sobrevivir.

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Crítica

Una vuelta al espíritu trepidante y divertido del 96

1996 fue uno de los mejores años cinematográficos de la era moderna. No es solo una apreciación personal, la taquilla y el número de clásicos instantáneos que se estrenaron ese año hablan por sí solos. Pudimos ver en pantalla grande ‘Independence Day’, ‘Scream’, ‘Abierto hasta el amanecer’, ‘Misión: imposible’, ‘Fargo’, ‘Trainspotting’, ‘La Roca’… una larga lista de títulos que prácticamente no bajan su medida del siete, algo muy difícil de encontrar hoy en día. Atreverse a hacer secuelas o remakes de estos blockbusters se antoja por lo tanto como un ejercicio arriesgado. Warner Bros. rescata de esa época ‘Twister’, un título que siempre nos ha gustado a los amantes del género de catástrofes. Aunque no tiene grandes estrellas el resultado de ‘Twisters’ es mucho mejor que el de otra película extraída de nuestra nostalgia, ‘Space Jam’.

Estrenar ‘Twisters’ significa también atreverse a ponerse a la altura de Jan de Bont. El director de otra trepidante película como ‘Speed’, encargado de la fotografía de películas como ‘Instinto básico’ o ‘La caza del octubre rojo’, tiene en su galería momentos míticos del cine. Nadie podrá negar que la caída de Hans Gruber del Nakatomi Plaza es un momento inmortal. En ‘Twister’ suplió magistralmente las carencias de los efectos digitales de la época, creando una obra que ha envejecido estupendamente. Esta nueva versión de Lee Isaac Chung cuenta con mayor potencial tecnológico (en varios sentidos) pero lo más importante es que consigue rememorar el espíritu de De Bont siendo trepidante y divertida.

Muchos no saben que el germen de estas películas es un guión de Michael Crichton (‘Jurassic Park’, ‘Congo’, ‘Esfera’). Si analizáis esos títulos comprobaréis que mezcla géneros como la aventura y el terror con elementos gigantescos o catastróficos para el ser humano. Probablemente esos elementos habrían estado magnificados en la segunda parte, nunca sabremos como habría sido la secuela en 3D que estaba preparando Bill Paxton, pero al menos con esta nueva película regresamos a la tónica de por entonces, una que con las nuevas técnicas de CGI y sonido nos sumerge en un torbellino de emociones, tenía que hacer el chiste antes o después.

Glen Powell ya tuvo la presión de aparecer en otra película que trababa de revivir, y revivió, un clásico como ‘Top Gun’ y ahora le toca intentar lo mismo con ‘Twisters’. El reto es más difícil, el fandom es más reducido y no cuenta con una gallina de los huevos de oro como Tom Cruise. Él es de los más mayores y tendría solo unos ocho años cuando se estrenó ‘Twister’. La labor de imbuir el alma del filme recae por lo tanto en el director y en la capacidad de todo el equipo de imitar lo rodado por aquel entonces. He de decir que reto superado, me he divertido de una manera ininterrumpida. ‘Twisters’ ya no puede impresionarme por toda la inmensa cantidad de films que he visto en mi vida, pero confío en que podrá causar el mismo efecto que viví yo en el 96 en los nuevos espectadores.

Menciono a Powell pero la protagonista es realmente Daisy Edgar-Jones. Su papel es muy similar al de Helen Hunt. Ambas tienen un origen en una tierra asiduamente visitada por tornados y ambas pierden a alguien a cuenta de ello. La diferencia está en cómo gestionan ese trauma. Lejos de ser una kamikaze que se lanza casi a ciegas hacia los tornados el personaje de Edgar-Jones los respeta y teme. La actriz coge así el testigo sin necesidad de calcar al personaje pero manteniendo su vertiente científico-romántica.

Desde luego que la nostalgia está presente, a poco que hayas visto la película original verás que hay un halo de reverencia. El poster evoca al de la película original, se ha rodado con cámaras similares y volvemos a tener los dispositivos Dorothy. Pero tengo que avisaros que no hay cameos sorpresa. Eso sí, tenemos muchos guiños y para aquellos que como yo siempre miren el lado científico de la historia os adelanto que hay homenaje para los cazatornados del equipo real de TWISTEX, algunos de los cuales fallecieron en 2013 estudiando un tornado categoría F3 en la escala de Fujita. Y ahí es donde tenemos que comprender que esta película no es un calco, en mi opinión intentar copiar al pie de la letra el largometraje de De Bont habría sido un error. Es una actualización que respeta a la original manteniendo elementos a modo de lo que ahora se llama “recuela” pero saliéndose por otros derroteros. De entrada los pijos esponsorizados son “los bueno” y los salvajes rudimentarios “los malos”. También juegan a favor de ello los avances de la tecnología, los cuales, permiten estudiar estos destructivos fenómenos de otra manera y ‘Twisters’ se hace eco de ello empleándolos para modificar la trama y darle un nuevo giro fantasioso.

Como en muchas secuelas o re-interpretaciones, que es lo que realmente es ‘Twisters’, se confunde lo más grande, lo más catastrófico, con mayor espectáculo. A veces más es menos y este nuevo filme solo peca de ello en un par de ocasiones. Merece la pena verla pues consigue ser emocionante aunque no tiene el mismo nivel de secundarios. El pago por el visionado lo vale pues sus protagonistas están en estado de gracia. Aunque sea hay que acercarse al cine por ver como actúa rodeado de tornados el nuevo Superman, David Corenswet, sin tener a Kevin Costner muriendo de manera lastimosa.

Ficha de la película

Estreno en España: 17 de julio de 2024. Título original: Twisters. Duración: 122 min. País: EE.UU. Dirección: Lee Isaac Chung. Guion: Mark L. Smith. Música: Benjamin Wallfisch. Fotografía: Daniel Mindel. Reparto principal: Daisy Edgar-Jones, Glen Powell, Anthony Ramos, David Corenswet, Brandon Perea, Sasha Lane, Daryl McCormack, Kiernan Shipka, Nik Dodani, Maura Tierney. Producción: Warner Bros. Pictures, Universal Pictures, Amblin Entertainment, The Kennedy/Marshall Company, Lightnin’ Production Rentals. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: aventuras. Web oficial: https://www.instagram.com/twistersmovie/

Crítica: ‘El bus de la vida’

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Sinopsis

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Andrés (Dani Rovira) viaja a un pueblo del País Vasco para trabajar como profesor de música. El primer día de clase sufre un fuerte pitido en el oído: es cáncer. Para recibir tratamiento debe desplazarse al hospital de Bilbao en El bus de la vida, un viejo autocar conducido por Mai (Susana Abaitua), que traslada gratuitamente a todos los pacientes de la zona.

Gracias a las risas, confidencias y experiencias musicales compartidas con sus compañeros de viaje, Andrés irá obteniendo la fuerza necesaria para enfrentarse a sus miedos y llegar a cumplir el sueño de subirse a un escenario.

El bus de la vida está inspirada en una historia real.

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Crítica

Ensalza el valor de ser solidario aun cuando es uno mismo el que necesita solidaridad

Juzgar una película que intenta abordar un tema tan doloroso y personal como es el cáncer es muy difícil, más aún si uno de sus intérpretes lo ha padecido hace unos pocos años. No sé si Dani Rovira aceptó trabajar en ‘El bus de la vida’ por tener tan cercano su caso o por la perspectiva que ofrece, pero creo que es una historia de superación que le viene como anillo al dedo ya que como todos sabemos, además de su enfermedad ha tenido que superar muchos tipos de retos, tanto artísticos, como deportivos, como sociales por el hate que ha recibido en algunos momentos, que hoy en día es algo que se puede considerar un deporte de riesgo. Para aquellos detractores del actor esta película puede ser un zasca que no van a querer admitir, pues muestra un cariz distinto, alejado de sus papeles más cómicos o socarrones.

‘El bus de la vida’ podría considerarse una película de autoayuda, una promotora de la terapia en grupo y del optimismo. Hablar de cáncer con una sonrisa y de las virtudes de la psicoterapia colectiva me recuerda siempre a Albert Espinosa. Y lo digo en el buen sentido pues esta historia bien podría haber estado escrita de su puño y letra. Realmente este largometraje de Ibon Cormenzana surge de la historia que le contó uno de sus familiares, del viaje que vivió a bordo de un bus lleno de anécdotas y lecciones de vida. Se conforma así este largometraje como una mirada sobre el cáncer bastante vitalista, que evidentemente cuesta aplicar a la realidad pues cada caso es un mundo diferente, pero que sirve de homenaje hacía las personas que hicieron posible El bus de la vida, así como a todos aquellos capaces de afrontar la vida con una resignación embadurnada de optimismo.

Si eres de la generación de cristal y te sientes violentado porque se intente tratar con positividad o humor el tema del cáncer es mejor que no te acerques a este tipo de películas, pues estas piden una capacidad de amplitud de miras que quizá no puedes abarcar. Si piensas que todo esto es spoiler, solo tienes que leer la sinopsis oficial, la que sus propios artífices aprueban que leas antes de ver el filme. ‘El bus de la vida’ va a rebufo de títulos como ‘Planta 4ª’, ‘Bajo la misma estrella’, ‘Quiero comerme tu páncreas’ o ‘Yo, él y Raquel’, películas que afrontan la incomodidad y la pesadumbre de un tema que a muchos les es esquivo y a otros más difícil de arrostrar que un triatlón Ironman. En una época en la que las redes sociales y el capitalismo fomentan y premian el individualismo y el egoísmo, hay que agradecer que surjan películas como esta, que ensalza el valor de ser solidario aun cuando es uno mismo el que necesita solidaridad.

Bien es cierto que aunque se percibe intención de ser una película “feel-good” y tiene personajes cómicos tales como un hombre que confunde las palabras a lo novena destilación de ‘Año Mariano’ o una mujer con intenciones incendiarias, esta es una película que deja sensaciones tristes. La música es un medio como otros muchos para vomitar lo que sentimos y sufrimos. A esa capacidad catártica apela ‘El bus de la vida’. El protagonista es víctima de una enorme ironía y el resto de personajes están sometidos a un bloqueo emocional que los acordes deshacen. Escuchamos temas de Los Chikos del Maíz, Fito y Fitipaldis o Kase.O que por lo general a mí personalmente me ponen en pie, pero me da la impresión de que el gancho es menos eficiente de lo pretendido.

Ficha de la película

Estreno en España: 3 de julio de 2024. Título original: El bus de la vida. Duración: 98 min. País: España. Dirección: Ibon Cormenzana. Guion: Ibon Cormenzana, Eduard Sola. Música: Paula Olaz, Kase.O, Los Chikos del Maíz, Fito y Fitipaldis, Chill Mafia, Rigoberta Bandini. Fotografía: Albert Pascual. Reparto principal: Dani Rovira y Susana Abaitua, Elena Irureta, Antonio Durán “Morris”, Nagore Aramburu, Amancay Gaztañaga, Andrés Gertrúdix, Pablo Scapigliati, Julen Castillo, Miriam Rubio. Producción: Arcadia Motion Pictures, Aixerrota Films, Pachacamac Films, Noodles Production, Pris&Batty, ICAA, Gobierno Vasco, Prime Video, ETB, TVC. Distribución: A Contracorriente Films. Género: drama, hechos reales. Web oficial: https://www.arcadiamotionpictures.com/en/films/el-bus-de-la-vida/

Crítica: ‘En tierra de santos y pecadores’

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Sinopsis

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Irlanda, años 70. Deseoso de dejar su oscuro pasado atrás, Finbar Murphy (Liam Neeson) lleva una vida tranquila en el pequeño pueblo costero de Glen Colm Cille, lejos de la violencia política que asola el resto del país.

Cuando llega al pueblo un peligroso grupo de terroristas liderado por la despiadada Doireann (Kerry Condon), Finbar se verá inmerso en un peligroso juego que le obligará a elegir entre mantener su identidad secreta o defender a sus vecinos y amigos.

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Crítica

Las películas typycal Neeson siguen funcionando

Aquellos que han vivido una vida conflictiva y llena de muerte no pueden redimirse o por lo menos no pueden dejar atrás el pasado, este siempre reaparece. Nos han venido con ese discurso una y mil veces en películas de acción en las que el protagonista vive una vida pacífica y cordial con sus vecinos hasta que la violencia llama a su puerta. Hace poco Jason Statham tiró del mismo hilo en ‘Beekeeper’. Ahora es Liam Neeson el que por enésima vez pasa de las buenas palabras a los puños en una película ambientada en Irlanda.

‘En tierra de santos y pecadores’ es un largometraje que se adentra en la época de la turbulenta y conflictiva historia de Irlanda, destacando tanto la belleza de su paisaje como la complejidad de sus personajes. Santos y pecadores, héroes y monstruos, bienhechores y villanos… al cabo es lo mismo. ‘En tierra de santos y pecadores’ explota el tópico introduciendo algunos rasgos diferenciales. La película, dirigida por Robert Lorenz intenta explorar la moralidad y la redención en un entorno marcado por la violencia y la traición, condicionado por las distintas interpretaciones del mismo conflicto.

Uno de los puntos más fuertes de la película es la actuación de Neeson, quien ofrece una interpretación sólida y convincente, como para no, tras años haciendo papeles similares. Pero a pesar de la repetitividad en las líneas generales del personaje, su presencia en la pantalla aporta una profundidad emocional que ancla la narrativa, incluso cuando el guión se vuelve predecible. A pesar de la fuerza de su protagonista, la narrativa a veces se siente dispersa y falta de cohesión. La falta de profundidad se intenta compensar con repartidos momentos de acción.

Los personajes secundarios, aunque bien interpretados, no siempre están bien desarrollados, lo que deja algunos arcos argumentales sin resolver o insuficientemente explorados. Eso sí, es un grandísimo aliciente ver juntos a Neeson y Ciarán Hinds, quienes habían compartido créditos en ‘Excálibur’ y ‘Silencio’, pero nunca escena. Quienes si habían trabajado antes codo con codo son Neeson y el director Robert Lorenz.  Estrenaron ‘The Marksman’, un filme con tintes de neowestern. La trama de ‘En tierra de santos y pecadores’ no nos lleva a Arizona, ni a la actualidad, ni a los sombreros de cowboy, pero aún así también tiene ingredientes de western. Un far west europeo con una cinematografía preciosa, que también juega un papel crucial, añadiendo una capa de autenticidad y belleza a la historia.

Además, la película intenta abordar temas complejos como el conflicto irlandés y sus repercusiones, pero lo hace de una manera superficial, casi de respagilón. La falta de compromiso en la exploración de estos temas puede dejar insatisfechos a aquellos que buscan una representación más matizada y crítica de la historia irlandesa. Los que busquen una película tipycal Neeson encontrarán otro título que les va a funcionar.

Ficha de la película

Estreno en España: 3 de julio de 2024. Título original: In the Land of Saints and Sinners. Duración: 106 min. País: Irlanda. Dirección: Robert Lorenz. Guion: Terry Loane, Mark Michael McNally. Música: Diego Baldenweg, Lionel Vincent Baldenweg, Nora Baldenweg. Fotografía: Tom Stern. Reparto principal: Liam Neeson, Ciarán Hinds, Colm Meaney, Kerry Condon. Producción: Facing East Entertainment, Jumpy Cow Pictures, London Town Films, Saga Film, Bleiberg Entertainment, Prodigal Films. Distribución: Vértice Cine. Género: suspense, acción. Web oficial: https://www.facing-east.com/en/films/ship-breaker