Crítica: ‘Spider-Noir’

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Recupera el alma pulp del que bebieron Stan Lee, Jack Kirby o Steve Ditko

Nicolas Cage dijo que su personaje en esta serie es una mezcla entre Bogart y Bugs Bunny. Estoy en gran parte de acuerdo con él, pero he de añadir que hay parecido también con ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’. De hecho, hay una escena que parece prácticamente calcada del clásico de Robert Zemeckis, tanto en composición de escena como en contexto. Por supuesto, el personaje detectivesco que interpreta Cage remite constantemente al cine negro de los años 40 y 50, a esos investigadores agotados moralmente que desconfiaban de todos y caminaban por ciudades donde cada callejón escondía una traición.

Con ‘Spider-Noir’, que llega a Prime Video el próximo 27 de mayo, se apuesta por algo mucho más extraño y estilizado de lo habitual dentro del panorama superheroico televisivo. Y eso, en una industria cada vez más agotada por fórmulas repetidas, ya es una virtud enorme. El primer episodio y muchísimas de sus escenas funcionan como una carta de amor al noir clásico, pero también como un experimento visual que mezcla pulp, cómic y expresionismo criminal.

Lo primero que conviene aclarar si eres lector de cómics es que este no es exactamente Spider-Man Noir. El personaje se llama Ben Reilly y no Peter Parker (una consecuencia evidente de los derechos compartidos del personaje). Sin embargo, la serie juega constantemente a bordear los límites legales y creativos para construir algo inequívocamente arácnido. Ahí están Silvermane como gran amenaza mafiosa, Cat Hardy conocida por los lectores como Black Cat, la aparición de Sandman desde los tráilers y ya os adelanto que otros tantos villanos. Toda una galería de secundarios que parecen extraídos de una versión deformada y melancólica del universo Marvel. Y con derechos o sin ellos vais a ver unos cuantos guiños a las películas que Sony ha ido haciendo estos años.

La propia serie deja caer desde sus primeros minutos su conexión espiritual con el Spider-Verso. El protagonista abre la historia recordando que una vez le preguntaron de qué universo provenía. No es una referencia gratuita. Cage vuelve aquí al personaje que ya interpretó vocalmente en las películas animadas de Miles Morales, pero trasladando ahora aquella estética caricaturesca a un entorno live action mucho más violento y crepuscular.

Entre el blanco y negro y el color: una Nueva york pulp atrapada en la Gran Depresión

Uno de los grandes aciertos de ‘Spider-Noir’ es su tratamiento visual. La serie se puede escoger ver con sus secuencias en color o en blanco y negro. Aunque personalmente considero que funciona muchísimo mejor cuando abraza completamente la monocromía. Hay algo profundamente hipnótico en ver a Cage desplazarse entre sombras durísimas, humo, luces vintage y callejones mojados mientras la fotografía parece querer invocar simultáneamente a ‘El halcón maltés’, ‘Sin City’ y/o ‘Dick Tracy’.

El primer episodio, especialmente, es puro cine negro. No como simple disfraz estético, sino como construcción narrativa. La investigación criminal, las conspiraciones mafiosas y la sensación de derrota permanente convierten la serie en algo mucho más cercano a una reinterpretación superheroica de Raymond Chandler que a una producción convencional de Marvel. Así es que al menos esta introducción os recomiendo verla en escala de grises.

También, cuando la vemos a color, sobrevuelan influencias de filmes como ‘Darkman’ o ‘La sombra’, obras que entendían el pulp como un espacio donde lo grotesco y lo trágico podían convivir sin pedir permiso. En ese sentido, ‘Spider-Noir’ parece disfrutar especialmente de su condición de realidad alternativa. Al no tener que responder directamente al canon tradicional del trepamuros, la serie posee carta blanca para reinventar personajes, mezclar géneros y deformar conceptos conocidos.

No resulta casual que el personaje original naciera en los cómics ambientados en la América de la Gran Depresión, dentro de la línea Noir de Marvel iniciada en 2009. Aquellas historias ya trasladaban el mito superheroico a un contexto de corrupción, desempleo y violencia callejera. La serie recoge esa herencia y la transforma en algo todavía más melancólico. Aquí Ben Reilly parece un hombre cansado, casi derrotado por el propio peso de la ciudad que intenta proteger. Todo esto no impide que el personaje tenga astucia, picardía y gracia, algo que tienen todos los Spider-Man independientemente de qué versión tratemos.

Y Cage entiende perfectamente el tono. Su interpretación evita caer en la autoparodia desatada que muchas veces acompaña su carrera reciente. Hay exageración y algún “momento Cage”, sí, pero también una vulnerabilidad extraña que convierte al personaje en un héroe casi fantasmal. Como si fuese consciente de pertenecer a un universo condenado a desaparecer.

Una serie fascinante… pero con el riesgo de abandonar aquello que la hace especial

Uno de los aspectos más interesantes es la enorme cantidad de villanos y referencias que la serie introduce desde el comienzo. Y, en realidad, tiene sentido. Las historias de Spider-Man siempre han destacado precisamente por la riqueza de su galería de enemigos. El problema es que ‘Spider-Noir’ corre un riesgo evidente: perder fuerza conforme abandone su naturaleza noir para expandirse hacia un modelo más convencional de universo compartido. Como le pasó a ‘Gotham’, por ejemplo.

Porque el verdadero gancho de la serie no está necesariamente en descubrir qué versión alternativa aparecerá después ni en el festival de cameos potenciales. Su gran atractivo reside en esa atmósfera de detective agotado, en esa mezcla entre serial pulp y tragedia urbana que reprime sus superpoderes para guardar las apariencias. Por suerte, en mi opinión, Prime Video ha entendido que ahí está el corazón de la propuesta y no nos falla la respecto. Para muchos esta podría estar entre las producciones superheroicas más singulares de los últimos años.

Crítica: ‘The Boys’ temporada 5

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El superhéroe como dictador pop: Patriota ya no es una sátira, es una advertencia

Hay algo profundamente incómodo en esta quinta temporada de ‘The Boys’. No tanto por sus mutilaciones imposibles, sus estallidos de vísceras o sus muertes grotescas (que las hay, y en abundancia), sino porque el universo creado por Eric Kripke ha dejado de parecer una caricatura exagerada para convertirse en una réplica deformada (pero reconocible) de la realidad política y mediática estadounidense actual. Y ahí reside el auténtico horror.

Resulta inquietante comprobar cómo una temporada rodada hace tiempo parece sincronizada con la deriva política de la Norteamérica contemporánea. El paralelismo entre Patriota y Donald Trump ya no se limita a la obviedad del líder populista amado por las masas. Esta vez la serie entra de lleno en el delirio mesiánico, en la construcción de una figura pseudo-divina alimentada por propaganda, manipulación mediática y una masa social intoxicada por la posverdad. Las referencias al MAGA, la demonización de inmigrantes, los ecos del ICE y la intoxicación informativa son tan explícitos que provocan escalofríos. Incluso el propio Kripke terminó reaccionando en redes sociales con un resignado “WTF”, como si él mismo se hubiese sorprendido de hasta qué punto la realidad decidió copiar a su ficción.

Patriota se convierte aquí en el auténtico centro gravitacional de la temporada. Antony Starr ofrece probablemente la interpretación más enfermiza y aterradora del personaje desde el inicio de la serie. Ya no necesita explotar cabezas cada cinco minutos para generar miedo. Le basta con sonreír. Su ego mesiánico recuerda inevitablemente a ciertos montajes creados con IA que han circulado por internet representando a Trump como una especie de Jesucristo moderno. Y lo perturbador es que ‘The Boys’ parece haberlo anticipado antes de que esas imágenes se popularizasen.

La serie lleva años ridiculizando el concepto del superhéroe corporativo, pero en esta última etapa el discurso se vuelve mucho más agresivo. Ya no se trata únicamente de reírse de Justice League o de las poses grandilocuentes del cine superheroico contemporáneo. Aquí directamente se destripa la idea de que una sociedad necesite ídolos salvadores. Y lo hace con una mala leche admirable.

Violencia grotesca, sátira salvaje y un arranque absolutamente demencial

Si alguien pensaba que la televisión moderna ya había alcanzado su techo en materia de violencia absurda, esta quinta temporada llega para demostrar lo contrario. El primer episodio empieza de forma tan salvaje que parece diseñado específicamente para poner a prueba el estómago del espectador. Y sí, si durante años la muerte de David Carradine fue utilizada como referencia morbosa dentro de la cultura popular, ‘The Boys’ consigue aquí superarla con algunas de las muertes más soeces, desagradables y directamente enfermizas vistas en televisión reciente.

Pero lo fascinante es que la serie continúa encontrando formas nuevas de burlarse del cine de superhéroes. Hay una secuencia concreta a cámara lenta que funciona como una sátira descarada de los momentos “cool” asociados a personajes velocistas como Flash o Quicksilver. La escena juega precisamente con esa estética de videoclip heroico que tantas veces hemos visto en filmes de Marvel Studios o DC Studios, solo que aquí el resultado termina siendo grotesco, incómodo y ridículamente divertido.

Ese equilibrio entre humor negro, crítica política y violencia enfermiza sigue siendo la gran virtud de la serie. Lo que en otras manos sería puro nihilismo adolescente, en ‘The Boys’ encuentra una extraña coherencia interna. La sensación constante es que todo puede empeorar todavía más. Y normalmente empeora.

Un final precipitado, personajes desaprovechados y un universo que quizá ya ha dicho demasiado

Eso sí, esta última etapa no sale completamente indemne. El principal problema aparece en su tramo final. Da la impresión de que la serie tenía demasiadas piezas sobre el tablero y necesitaba moverlas a toda velocidad para alcanzar la conclusión definitiva. Hay decisiones importantes que suceden demasiado deprisa, personajes que aparecen y desaparecen casi teletransportándose y conflictos que pedían más respiración dramática.

El desenlace, aun siendo coherente con la deriva nihilista de la serie, transmite cierta sensación de precipitación. Pero también era inevitable. Algunos personajes llevaban tanto tiempo cruzando líneas morales irreversibles que cualquier final relativamente contenido habría resultado falso. ‘The Boys’ jamás pudo terminar de forma realista porque nunca fue una serie realista. Era una pesadilla hiperbólica construida sobre los excesos del capitalismo mediático y del culto al poder.

Quizá el mayor problema sea la gestión de ciertas subtramas. La de Soldier Boy queda extrañamente colgada pese a que su presencia se siente constantemente sobrevolando la historia. Peor aún resulta el tratamiento de los personajes de Gen V. Llegan tarde, aparecen poco y apenas tienen impacto real. Se percibe claramente la intención de seguir alimentando el universo expandido de la franquicia, pero el problema es que ‘Gen V’ terminó cancelándose, dejando esas conexiones narrativas en una especie de limbo frustrante.

Ahora solo queda esperar a la futura precuela centrada en Soldier Boy y sus antiguos compañeros, porque este universo todavía parece resistirse a morir. Aunque quizá la gran pregunta sea otra: después de haber reflejado de forma tan inquietante el deterioro político y social contemporáneo, ¿qué puede hacer ahora ‘The Boys’ para sorprendernos más que la propia realidad?

Crítica de ‘The Boroughs: Jubilación Rebelde’

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Poca novedad en esta serie de ciencia ficción 

De los creadores de ‘El Señor de los Anillos: La guerra de los Rohirrim‘ o la maravillosa ‘El Cristal Oscuro: La era de la resistencia’, llega a Netflix ‘The Boroughs: Jubilación Rebelde’. Jeffrey Addiss y Will Matthews nos traen una historia de ciencia ficción en pleno desierto en una comunidad de jubilados. Todo ello respaldado por Los Hermanos Duffer, creadores de la famosa ‘Stranger Things’.

Unos ancianos rebeldes

Acompañamos a Sam, un hombre que acaba de perder a su mujer y es llevado a una residencia exclusiva, The Boroughs, una gran comunidad de jubilados en la que poder vivir la vida al máximo. Pero no todo parece bonito, pues para el parece todo una cárcel.

Una de sus primeras noches tiene un encuentro terrible que le hace quedarse e intentar desentrañar el secreto que hay en The Boroughs.

La serie es entretenida, pero admito que no me ha terminado de encandilar en exceso. Con ocho episodios de unos 40 min cada uno, vamos poco a poco conociendo a todos los personajes de esta curiosa comunidad. La serie me ha recordado a tantas cosas, no es que esté mal realizada, pero si que quizás si hubiese tenido algún que otro episodio menos, creo que sería suficiente. No me cuenta nada nuevo. De echo este año en el Festival De Sitges tuve la ocasión de ver ‘The Home’ y la sinopsis se parece un poco, si que es verdad que da un giro más fantástico que me ha gustado, pero mas o menos ha sido muy parecido.

Reparto y equipo

Pero no todo ha sido malo, la verdad que los actores han logrado mantener la serie al completo. Y es que estamos hablando de un repartazo. Alfred Molina encabeza esta historia de género fantástico, junto a Bill Pullman, Geena Davis, Clarke Peters, Denis O’Hare, Jena Malone, o Alfre Woodard entre otros.

Se nota mucho el cariño puesto en cada uno de los personajes. Me gusta mucho la química que hay entre todos y la camaradería. Y otro punto a su favor sin duda la producción de la serie. Está super bien cuidada, los efectos digitales me han parecido super buenos para una serie, que al final no suelen tener tanto presupuesto como las películas. Y el diseño de la criatura (si, hay bicho) me ha gustado mucho.

Conclusiones

‘The Boroughs: Jubilación Rebelde’ no es perfecta, pero es una serie que puede ser interesante para la gente que no ha visto demasiado cine fantástico. Al final es una historia curiosa y bien llevada. En mi caso, no me ha contado nada nuevo y quizás mis expectativas eran demasiado altas. Recordad, nunca hay que ir con grandes expectativas, porque no significa que un producto sea malo, si no que quizás nos habíamos hecho otra película en la cabeza y tampoco es justo. Como siempre digo, vedla, disfrutadla y comentadme que os a parecido a vosotros.

Crítica: ‘Se tiene que morir mucha gente’

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Divertida, tierna y llena de realidad

El 21 de mayo llega a nuestras pantallas ‘Se tiene que morir mucha gente’, una serie de 6 episodios de unos 30 minutos cada uno, que ya hemos podido ver y que nos ha gustado mucho. Bajo la dirección de Victoria Martín, Movistar Plus+ nos trae esta serie protagonizada por Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr.

Las buenas amistades están en las malas y en las malas

Tres amigas se reencuentran en la Fiesta de Revelación de Género de una de ellas. Bárbara y Elena han seguido en contacto, Elena es la que ha tardado en volver a verlas y está a punto de estallar. Literalmente, pues está casi de 9 meses de embarazo y también porqué le ha entrado pánico a esa vida de casada con un hombre de 60 años millonario y un bebé en camino. Bárbara es otra bomba de relojería que vive a base de benzodiacepinas y se ve a si misma de niña y lo lleva con demasiada normalidad. Mientras que Maca es una enamorada de la vida y a la que le cuesta estar sola.

Todas ellas tienen que lidiar con la vida, con las decisiones tomadas, con sus sentimientos y sus pensamientos pesimistas. La serie tiene un humor bastante crítico y me encanta que realmente parecen amigas. La química que tienen todas ellas, la manera de echarse pullas, de quererse y de odiarse a la vez es fantástica y me parece un acierto y un gran trabajo por parte de todas.

De la novela a la televisión

Todos tenemos la típica lista de libros pendientes y ‘Se tiene que morir mucha gente’ es uno de los míos. Me encantó la portada y no dude en acercarme a él. Después de ver la serie, tengo unas ganas de cogerlo y disfrutarlo como he disfrutado con esta historia.

Victoria Martín es la encargada de escribir la novela y de dirigir ‘Se tiene que morir mucha gente’, esto se nota ya que ha tratado a la historia con un gran amor y con un gran detalle en todo lo que vemos. Junto a ella dirige Sandra Romero y Nacho Pardo y por supuesto la adaptación del guion es de ella también.

Como he comentado, ha reunido un reparto muy natural, Anna Castillo y Macarena García, además de ser amigas, en pantalla logran una química increíble. Pero también ha sido un gran acierto contar con Laura Weissmahr. Actriz que tiene un papel muy dulce frente a los dos terremotos que tiene al lado.

Pero sin duda, aunque ellas están perfectas, tengo que hablar de Sofía Otero. Actriz en 2023 ganó el Oso de Plata a la Mejor Interpretación Protagónica por ‘20000 especies de abejas’. Convirtiéndose en la actriz más joven en conseguir este galardón y que aquí me ha parecido tremenda. Tiene un papel muy visceral, es el personaje de Bárbara en su niñez, pero realmente es la mala conciencia que la está incitando una y otra vez a seguir medicándose y a odiar a todo el mundo. Me ha encantado, me he reído muchísimo con ella y la verdad que está fabulosa.

Lo difícil que nos ponemos muchas veces la vida

Y es que al final, ‘Se tiene que morir mucha gente’ es no procesar lo que se nos viene encima. No lograr digerir que la vida no es lo que uno quiere, si no que tiene baches y que esos baches te ayudan a crecer y convertirte en la persona que eres. Una serie que sin duda recomiendo, he disfrutado, me he reído y sufrido con estas tres amigas a las que les da un vuelco loco la vida y tienen que soportarse de golpe y porrazo.

Nuevos invitados en San Diego Comic-Con Málaga

La San Diego Comic-Con Málaga comienza a ponernos los dientes largos

Del 3 al 4 de octubre tenemos una de las grandes sorpresas de la San Diego Comic-Con Málaga, ya que Sean Astin y Elijah Wood, se unen a la lista de invitados que ofrecerán en el evento charlas, firmas y fotos con los fans asistentes.

Coincidiendo con el 25º aniversario del estreno de ‘El Señor de los Anillos’, una de las trilogías más influyentes de la historia del cine, la San Diego Comic-Con Málaga, reunirá por primera vez en España al binomio principal, Sam Sagaz y Bilbo Bolsón.

De La Comarca a la Comic-Con de Málaga

Sin duda, su papel más memorable fue Frodo Bolsón, pero no olvidemos que Elijah Wood lleva trabajando desde bien niño, su pequeño papel en ‘Regreso al Futuro II’, o su actuación en ‘Un chico llamado Norte’, le ha llevado a pasar por películas como la estupenda ‘The Faculty’, ‘Olvídate de mí’, también a representar uno de los villanos más turbios en ‘Sin City’ o también pasar por series como la loca ‘Dirk Gently’s Holistic Detective Agency’.

Pero Sean Astin no se queda para nada atrás, y es que ¿cómo olvidar al gran protagonista de ‘Los Goonies’? Ha pasado por infinidad de proyectos, series como ‘Me llamo Earl’, la fantástica ‘The Strain’, ‘The librarians’ o la estupenda ‘Strangers Things’. Pero muchas veces, aunque no veamos a los actores, les escuchamos, y Sean Astin ha puesto voces a personajes como Shazam o la tortuga ninja Raphael. Además estuvo nominado al Oscar por su cortometraje ‘Kangaroo Court’.

Más invitados del 1 al 4 de octubre

Para esta nueva edición de 2026, que se celebrará en FYCMA (Palacio de Ferias y Congresos de Málaga) del 1 al 4 de octubre, llegarán muchos más invitados. Entre ellos, las ya confirmados, tenemos a Richard Dean Anderson (‘Macgyver’), Kristian Nairn (‘Juego de Tronos’), Iñaki Godoy (‘One Piece’), Michael Rooker (‘Guardianes de la Galaxia’), John Romita Jr. (Spiderman) y Kevin Smith (‘Clerks’).

Una edición que viene un poco manchada por algún error de la edición anterior, pero que ya nos contaron en la presentación de este año, que han aprendido y van a intentar que este año “sea algo a la altura de la ilusión de la entrega que los fans han demostrado’. (Vídeo aquí)

Crítica: ‘Berlín y La Dama del Armiño’

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Final aceptable para Berlín y su banda

Llega a nuestra pequeña pantalla la segunda temporada de Berlín. Con 8 nuevos episodios, ‘Berlín y la Dama del Armiño’ se torna un tanto más oscura, en algunos momentos, echando fuera todo el buen rollo que tenía la primera temporada. Además de tener bastantes escenas de relleno que no llegan a ningún lado. Pero bueno, no significa que sea un mal producto, pero para mí, algo más simple que su primera.

¿Dónde nos vamos esta vez con Berlín?

Si la primera temporada nos llevaba hasta París, esta vez nos quedamos en la Península Ibérica y vamos a Sevilla. Allí Berlín será contratado para un robo que le apasiona, y es que como buen amante de arte, va a disfrutar mucho dándole vueltas para llegar a la mejor solución con su banda.

Como he comentado, no tiene tan buenos momentos como la primera temporada que vimos ya en 2023. Pero aun así, sigue siendo más amable que La Casa de Papel. Como en la anterior los exteriores son muy importantes y Sevilla, Peñíscola son parte de del escenario que vamos viendo.

Además también tendremos buenas escenas de acción y tensión, como trampas en el camino de nuestros protagonistas que les pondrán en el filo de la muerte.

Además, aunque en los episodios anteriores vimos diferentes relaciones, aquí se vuelve un poco traumáticas sin necesidad y cuentan demasiado para la trama, algo que en mi caso no me ha terminado de cuajar.

Nuevas caras en el horizonte

Volvemos a juntarnos con la banda, y estos son ni mas ni menos que a Pedro Alonso como Berlín, Michelle Jenner como Keila, Tristán Ulloa como Damián, Begoña Vargas como Cameron, Julio Peña como Roi y Joel Sánchez como Bruce. Sin duda, em sigue encantando el tándem de Michelle Jenner y Joel Sánchez, pese a que todo se complica.

En esta temporada también se unen, Imna Cuesta, con un personaje lleno de vida y muy salvaje algo que hará que Berlín se vuelva loco por ella. También encontramos a José Luis GarcíaPérez, Marta Nieto, Jasón Fernández, Luis Callejo y Jorge Rapela.

¿Cómo se plantea el futuro de ‘La Casa de Papel’?

Parece que Pedro Alonso ya ha decidido poner fin a su papel de Berlín, un personaje que le ha dado fama y fortuna y que sin duda fue de los más queridos y odiados de esta saga.

Pero también durante estas semanas Netflix ha comentado que tiene muchas más historias que contar sobre ‘La Casa de Papel’, pero tampoco ha dado mucha más información, no sabemos si será, secuela, precuela o nuevas historias de los integrantes de la banda principal. Esta claro que tendremos que esperar, solo espero que sea algo distinto y puedan regalarnos buenos momentos.

Crítica: ‘Daredevil: born again’ T2

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Marvel afina su serie más madura

Cuando ‘Daredevil’ apareció originalmente en Netflix, buena parte de su prestigio nació de algo inmediato y visceral: la brutalidad elegante de sus escenas de acción. Aquellos planos secuencia en pasillos estrechos, los combates agotadores donde cada golpe parecía doler de verdad y la fisicidad casi enfermiza de Matt Murdock convirtieron la serie en una rara avis dentro del universo superheroico televisivo. Era violencia coreografiada con inteligencia narrativa. Acción que no solo impresionaba, sino que contaba algo sobre el sufrimiento de sus personajes.

Sin embargo, estas dos temporadas de ‘Daredevil: Born Again’ han terminado encontrando otro camino. Uno más pausado, más psicológico y, probablemente, más cercano al espíritu de muchos de los mejores cómics del personaje. La acción sigue ahí (y cuando aparece continúa siendo magnífica), pero ya no es el principal reclamo. Lo verdaderamente fascinante es observar cómo la serie se obsesiona con desmontar emocionalmente a sus protagonistas.

Y ahí emerge el verdadero centro gravitacional de esta segunda temporada: Wilson Fisk.

Vincent D’Onofrio vuelve a demostrar que Kingpin no es únicamente uno de los grandes villanos de Marvel, sino posiblemente el antagonista más complejo que ha construido el género superheroico televisivo moderno. La serie dedica muchísimo tiempo a explorar su psique, sus inseguridades, sus impulsos violentos y su enfermiza necesidad de control. Fisk ya no es solo un mafioso gigantesco capaz de aplastar cráneos con una puerta de coche. Es un hombre atrapado entre la monstruosidad y el deseo imposible de legitimidad.

La temporada entiende perfectamente que a menudo los mejores villanos son aquellos que se consideran héroes de su propia historia. Y Fisk vive constantemente intentando convencerse de que todo lo que hace tiene una lógica moral superior. La grandeza de ‘Born Again’ aparece precisamente en esos silencios incómodos, en las conversaciones tensas y en la forma en la que el personaje parece debatirse entre la furia animal y una humanidad residual que jamás termina de desaparecer. Es ahí donde la serie se destaca del resto de producciones de Marvel Studios (exceptuando ‘Caballero Luna’), encontrando un tono más adulto y melancólico.

Matt Murdock continúa funcionando mejor cuando está roto

Una de las grandes virtudes de esta segunda temporada es cómo consigue acercarse a la esencia de ciertas etapas fundamentales del personaje en viñetas. No porque adapte literalmente arcos concretos, sino porque entiende qué hacía especiales aquellos relatos escritos por autores como Frank Miller, Brian Michael Bendis o Ed Brubaker: la idea de que Daredevil siempre fue un superhéroe profundamente humano.

Charlie Cox vuelve a demostrar por qué el personaje le pertenece por completo. Su interpretación mantiene esa mezcla entre agotamiento físico, culpa católica y obstinación moral que convierte a Matt en un héroe distinto al resto de figuras de Marvel. La temporada insiste constantemente en destruir emocionalmente al personaje, enfrentándolo a decisiones donde la línea entre justicia y venganza se vuelve cada vez más difusa.

Y es precisamente esa construcción (o destrucción) de los protagonistas lo que convierte la serie en algo mucho más interesante que un simple producto de acción superheroica. ‘Daredevil: Born Again’ entiende que las máscaras solo funcionan cuando debajo existe un individuo complejo, contradictorio y lleno de heridas. Por supuesto, eso no significa que la serie abandone el espectáculo. Hay secuencias de acción excelentes, varias sorpresas muy bien integradas y algunos episodios que recuperan el nervio violento de la etapa Netflix.

Aunque ya vimos una escena entre Matt Murdock y Peter Parker la serie ya no parece tan interesada en conectar constantemente con el gran tablero cinematográfico de Marvel. Prefiere encerrarse en callejones húmedos, despachos corruptos y conflictos íntimos. Por eso he de reconocer que se hecha por tierra una teoría que muchos habíamos alimentado durante meses: la posibilidad de que esta temporada funcionase como una especie de evento puente hacia la película de ‘The Punisher’ y posteriormente hacia la nueva entrega de ‘Spider-Man’. Había suficientes piezas aparentemente preparadas para ello y ciertos rumores alimentaron la idea de una gran convergencia urbana dentro del MCU. Finalmente, ‘Born Again’ opta por algo más contenido y autónomo. Y probablemente sea una decisión acertada, aunque rompa ciertas expectativas de interconectividad.

Michael Gandolfini y el inesperado eco de ‘Los Soprano’

Otro de los elementos más atractivos de la temporada aparece en un lugar inesperado: la presencia de Michael Gandolfini. Resulta curioso que en una historia donde las dinámicas mafiosas vuelven a tener tanto peso aparezca precisamente el hijo de James Gandolfini, una figura inseparable de la televisión criminal moderna gracias a ‘The Sopranos’. Y lo más llamativo es que Michael no solo recuerda físicamente a su padre en determinados gestos o miradas, sino que empieza a mostrar una presencia interpretativa realmente poderosa.

Hay momentos concretos donde resulta imposible no pensar en Tony Soprano. No como una imitación, sino como una herencia emocional involuntaria. Una manera de ocupar el espacio o de transmitir vulnerabilidad bajo una fachada criminal. La temporada utiliza muy bien esa energía. En una serie obsesionada con personajes fracturados por el poder, la violencia y la culpa, la presencia de Gandolfini añade una capa metatextual muy interesante.

En el fondo, ‘Daredevil: Born Again’ temporada 2 termina funcionando precisamente porque comprende algo que muchas adaptaciones superheroicas olvidan: los poderes nunca fueron lo importante. Lo verdaderamente relevante son las personas que intentan sobrevivir detrás del disfraz. Y pocas veces Marvel había mostrado esas cicatrices con tanta crudeza y acierto.

Crítica: ‘El fuego de la venganza’

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Un thriller de tintes clásicos que transita entre la justicia y la redención

Nueva adaptación de ‘Man on fire’, la novela de Philip Nicholson a.k.a. A. J. Quinnell. En España se conoce como ‘El fuego de la venganza’ y tuvo una versión cinematográfica en 2004 con Denzel Washington, Christopher Walken y una jovencísima Dakota Fanning. Ahora llega a Netflix en formato de serie manteniendo una propuesta que mezcla el thriller de acción con el drama moral. Esta nueva adaptación, orquestada por Steven Caple Jr. y creada para televisión por Kyle Killen, no solo respeta el núcleo temático del material original, sino que lo amplifica hacia territorios más incómodos y contemporáneos. Tanto la película como esta nueva serie protagonizada por Yahya Abdul-Mateen II siguen pautas de la novela original, pero ambas trasladan su acción a Latinoamérica en lugar de a Italia. Todas coinciden en esbozar a un agente quemado, con pasado oscuro y desarrollar una historia en la que tiene que entenderse e incluso coger cariño a la joven a la que acepta proteger.

Desde su primer episodio, la serie plantea una tensión constante entre tres fuerzas que vertebran la narrativa: la venganza, la justicia y la protección de una joven cuya presencia redefine el propósito del protagonista. Este triángulo moral no es nuevo dentro del género, pero aquí se explora con una insistencia casi obsesiva. El protagonista es una figura fracturada que utiliza la violencia no solo como herramienta narrativa, sino como mecanismo de autorreparación emocional.

Uno de los detalles más interesantes es que el proyecto estuvo durante años en desarrollo con distintos enfoques, y que Caple Jr. insistió en rodar varias escenas clave en localizaciones reales inspiradas en favelas latinoamericanas, buscando una textura visual más orgánica y menos estilizada que otras producciones del género. Sin duda eso funciona pues forma parte del nudo de la serie y son los episodios más verosímiles.

Violencia, clase social y personajes que rompen prejuicios

Si algo define a ‘El fuego de la venganza’ es su representación cruda de la violencia. Es, sin exagerar, una de las series con mayor densidad de escenas de tortura por minuto que se recuerdan en el catálogo reciente de Netflix. Este exceso, lejos de reforzar siempre la narrativa, termina por jugar en su contra en determinados tramos, generando una sensación de repetición y desgaste. La serie entra en bucles donde la brutalidad deja de impactar y se convierte en un recurso predecible.

Sin embargo, sería injusto reducirla a eso. La serie introduce un interesante conflicto de clase entre sus antagonistas. Por un lado, personajes que han crecido en entornos de marginalidad extrema (favelas donde la supervivencia dicta las reglas) y que encuentran en el crimen su única salida. Por otro, figuras provenientes de entornos privilegiados que, de forma casi nihilista, deciden colaborar con lo peor de la sociedad. Esta dicotomía no solo enriquece el relato, sino que obliga al espectador a cuestionar sus propios prejuicios.

Especial mención merece el tratamiento de dos personajes secundarios surgidos de estos entornos marginales. Lo que comienza como un retrato aparentemente estereotipado evoluciona hacia una construcción compleja, con un giro narrativo que rompe expectativas y desmonta sesgos. Aquí es donde la serie demuestra una ambición narrativa que va más allá del espectáculo.

Acción eficaz, pero un desenlace que traiciona su propia premisa

En términos de ritmo, ‘El fuego de la venganza’ sabe dosificar bien sus momentos de tensión. Las escenas de acción están bien orquestadas y mantienen un nivel de intensidad notable, mientras que los segmentos dramáticos cuentan con el espacio necesario para desarrollarse de forma que los veamos tan necesarios como comprensibles.

El problema surge a partir del arco carcelario. A medida que la historia avanza hacia su tramo final, la serie abandona progresivamente su realismo. El protagonista, que hasta entonces operaba como un individuo contra el sistema, comienza a disponer de recursos prácticamente ilimitados. Este cambio de escala narrativa diluye uno de los mayores atractivos de la serie: la sensación de vulnerabilidad.

Lo que en un inicio era una historia de resistencia individual se transforma en una fantasía de poder que resta credibilidad al conjunto. El clímax, aunque efectivo en términos visuales, carece del peso emocional que prometía en sus primeros episodios.

Aun así, ‘El fuego de la venganza’ logra mantenerse como una propuesta sólida dentro del catálogo de la N roja. Ofrece suficientes matices, especialmente en su exploración de la moralidad y la desigualdad social, como para justificar su visionado.

Crítica: ‘Cochinas’

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Volvemos al videoclub con muchas risas y cine para adultos

Prime Video nos lleva a Valladolid con una comedia divertidísima y con mucha nostalgia para los que vivimos la vida en el videoclub. Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago son las encargadas de dirigir los ocho episodios de esta divertida serie, creada por Irene Bohoyo y Carlos Del Hoyo.

‘Cochinas’ en el videoclub

Nines una mujer conservadora y dueña de su casa, ve como toda su vida da un giro de 180º al quedarse su marido en coma. De repente tiene que hacerse cargo del videoclub familiar y se da cuenta de que es un negocio que se va a pique. El “Dorothy” necesita clientela y Nines sabe perfectamente que tipo de cliente necesita. Al grito de “A los guarros no hay que echarlos, hay que quererlos” el “Dorothy” se convierte en el primer videoclub porno de la ciudad.

Es divertidísimo como vemos escandalizarse a Nines con lo que ella misma está creando. Además de ver como no solo van hombres en busca de cine para adultos, sino que, para sorpresa de todos, las mujeres también. Al final, en aquella época, el sexo era bastante tabú y mucho más, el ver películas de este estilo.

Poco a poco vamos viendo, como este barrio de Valladolid va perdiendo su vergüenza y sobre todo vemos una revolución sexual en las mujeres que notamos que tanto necesitaban.

Un reparto que lo da todo

Allá por 2024 tuvimos un evento de presentación de contenido de Prime Video. Allí ya nos presentaron esta serie que sin duda me llamó muchísimo la atención. En aquel momento la protagonista y quien nos presentó la serie fue Elena Anaya, pero supongo que por temas de agenda o temas personales al final no ha sido la encargada de dar vida a Nines. Comento esto, porque admito que me hubiese encantado ver a Elana Anaya en un papel como éste.

Pero, todo hay que decirlo, no han podido coger a mejor actriz que a Malena Alterio. Nos da una Nines tan tierna. Bajo esa fachada de mujer severa, ama de casa y conservadora, tenemos a una mujer que se quiere liberar, poco a poco y que tiene una muy buena mano para los negocios. Me gusta mucho como va avanzando su personaje, volviéndose medio loca entre sus pensamientos tan puros y sus ganas de cambiar.

Pero todo esto lo consigue gracias a Celia Moran y Álvaro Mel, los dos trabajadores del videoclub. Chon y Agustín le dan la fuerza para lograr sacar adelante el negocio. Que descubrimiento el de Celia Moran, me parece que está fantástica y tiene una vis cómica muy buena.

En el resto de reparto encontramos a Esperanza de la Encarnación, Josele Román, Raquel Pérez, Aina Picarolo, Álex Barahona, Ana Mencía, Paqui Horcajo o Edgar Costas entre muchos otros. Y cuando lo digo que lo dan todo, es que hay desnudos íntegros, sin dramas, cuerpos de todo tipo que nos muestran que el sexo es para todas las edades.

¿Por qué ver ‘Cochinas’?

Son ocho episodios en los que vas a desconectar y vas a pasar unas buenas risas. Sin duda, los comienzos de los episodios son tremendos, nos muestran pequeños fragmentos de películas versionadas para el cine porno como ‘La princesa prometida’ o ‘Se lo que hicisteis el último verano’, son tremendas.

Sin duda, una serie que recomiendo y que como dije al principio, para los que vivimos horas decidiendo que película escoger en el videoclub, o la llegada de inmensos videoclubs, va a ser como un pequeño recordatorio de lo mayores que somos y lo bonito de aquella época

Crítica: ‘Invincible’ T4

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Por fin el tablero cósmico está en plena ebullición

La cuarta temporada de Invincible en Prime Video vuelve a apoyarse en una estructura coral que, en entregas anteriores, tendía a diluir la progresión dramática de Mark Grayson a.k.a. Invincible. Aquí ocurre algo distinto. El desplazamiento del foco hacia personajes secundarios y tramas paralelas no solo es funcional, sino necesario (algo que no siempre se podía afirmar antes). La serie abraza definitivamente su vocación de space opera, elevando la escala narrativa y expandiendo su universo más allá de la Tierra.

El desarrollo de Viltrum y su jerarquía interna, con especial atención a su regente, aporta una dimensión política y cultural que hasta ahora solo estaba esbozada. Este contexto no solo enriquece el lore, sino que reconfigura el conflicto central: ya no estamos ante una historia de legado familiar con tintes superheroicos, sino ante un choque de civilizaciones con implicaciones existenciales. En este sentido, la temporada encuentra un equilibrio interesante entre lo íntimo y lo cósmico (aunque no siempre perfecto).

Se refuerza sin duda esa sensación de mundo expandido. Además, el equipo creativo ha reutilizado ciertos diseños conceptuales descartados de temporadas anteriores para dar coherencia visual a Viltrum (una práctica habitual en animación, pero aquí especialmente bien integrada). Recuperamos esa faceta de parodia que siempre ha tenido también ‘Invincible’, sobre todo a Superman, con todo un trasfondo que recuerda a la antigua gloria de Krypton.

Evolución emocional frenada y violencia con propósito

Uno de los puntos más discutibles (y a la vez coherentes con la obra original de Robert Kirkman) es la relativa escasa evolución de los protagonistas. Mark, como Invincible, parece estancado en ciertos dilemas morales, pero la serie compensa este estatismo desarrollando con mayor precisión la dinámica familiar: la relación entre padre e hijos se convierte en el eje emocional más sólido de la temporada.

El tono dramático sigue apoyándose de forma reiterativa en la figura materna (en un bucle que ya es extenuante), pero no pierde efectividad. Hay una insistencia temática que roza la redundancia, sí, pero también una coherencia emocional que mantiene el peso de las decisiones de los personajes para mantenerles pegados a la tierra entre tanto viaje intergaláctico y hazañas titánicas.

En cuanto a la violencia, ‘Invincible’ vuelve a cruzar límites. Y lo hace con convicción. Las secuencias más explícitas no se perciben como gratuitas, sino como extensiones directas del estado psicológico de los personajes (especialmente en momentos de desesperación o furia). El enfrentamiento con Conquest destaca como uno de los picos de acción de toda la serie: impacto visual sin concesiones y una tensión dramática sostenida.

El episodio centrado en el virus (uno de los más comentados en redes) representa un giro hacia la ciencia ficción más dura. Aquí la serie demuestra que puede jugar en registros más conceptuales sin perder accesibilidad. De hecho, este capítulo incorpora elementos clásicos del género (aislamiento, dilemas éticos, conciencia de especie) con una ejecución sorprendentemente madura.

Un cierre estratégico que abre interrogantes de cara a la temporada 5

El desenlace de la temporada plantea un movimiento estratégico interesante, casi como una jugada de ajedrez a escala galáctica. Sin embargo, también deja la sensación de ser menos complejo de lo que aparenta (una resolución potencialmente más sencilla de lo sugerido). Esto no es necesariamente un defecto: forma parte del ADN narrativo de Kirkman, quien ha demostrado en repetidas ocasiones su habilidad para introducir giros inesperados incluso cuando el camino parece evidente.

De cara a la quinta temporada esperamos que no se convierta en un trasunto de los ‘Ultracuerpos’ o un ‘Secret invasion’. Las expectativas giran en torno a varios ejes claros: la consolidación del conflicto con Viltrum, el posible desarrollo de una guerra abierta y la evolución definitiva de Mark hacia una figura más cercana a su herencia viltrumita. También se esperamos que progresen con la tarma que narra la guerra contra lo seres de otra dimensión que ha quedado colgada en exceso. Si se mantiene el equilibrio entre espectáculo, drama y ciencia ficción, ‘Invincible’ tiene margen para convertirse en una de las grandes epopeyas animadas contemporáneas.

Crítica: ‘Stranger Things: Relatos del 85’

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Una aventura llena de acción y nostalgia

Regresa a nuestras pantallas nuestros protagonistas favoritos de Netflix. Y es que después de dar por terminada la serie de ‘Stranger Things’ este pasado 1 de enero de 2026, volvemos a Hawkins, para vivir una pequeña aventura entre la segunda y tercera temporada.

Eric Robles es el showrunner de esta nueva serie animada junto con la producción de los hermanos Duffer. Dirigida por Phil Allora, quien trabajó en el departamento de animación de las estupenda ‘Lilo & Stitch’, ‘Hermano Oso’ o ‘Tarzan’.

¿Qué está pasando en Hawkins?

Estamos en 1985, con un Hawkins nevado y con nuestros protagonistas, Eleven, Mike, Will, Lucas, Dustin y Max intentan buscarse la vida aprovechando las nevadas y los poderes de Eleven para poder invertir en su campaña de Dragones y Mazmorras.

Pero no todo va a ser tranquilidad y felicidad y es que vuelven los monstruos. Pero esta vez no van a estar solos, ya que aparece en la ecuación Nikki Baxter, una joven algo mayor que ellos, pero que encuentra su lugar junto a estos extraños chavales.

Aunque sencillita, ‘Stranger Things: Relatos del 85’, me ha gustado bastante. Una aventurilla de 10 episodios cortitos que entretienen desde el primer momento. Y es que la ventaja de ser una simple aventura, hace que nos centremos en estos amigos y sus pequeñas locuras. Como pasaba un poco en la primera temporada. Además de que vemos nuevos monstruos y tienen que ver como acabar con ellos y sobre todo, averiguar como han aparecido de nuevo. Un nuevo misterio que tendrán que investigar y llegar al fondo del asunto.

Nuevo formato y nuevas voces

Los fans van a echar de menos escuchar las voces originales de sus actores favoritos. No se si ha sido por decisión de producción o de los artistas. Al final, están en una edad bastante diferente a la actual y pueden ser ambas razones.

Brett Gipson, Luca Díaz, Brooklyn Davey Norstedt, Braxton Quinney, Elisha Williams, Ben Plessala y Jolie Hoang-Rappaport, son los encargados de dar vida a los protagonistas de este ‘Stranger Things. Relatos del 85’.

También encontramos la inconfundible voz de Odessa A’zion (‘Marty Supreme’) como Nikki Baxter.

El que hayan realizado la serie en animación, también me parece un acierto. Al final es como os dije, una aventura aparte, en la que meter muchos más bichos y por supuesto, mucha más batalla. Una manera de no gastar tanto dinero en efectos especiales y además con la animación puedes jugar mucho con la imagen y el color. Pues esta serie, aunque sea bastante tenebrosa, en el sentido de que estamos mucho tiempo de noche o en espacios cerrados, tiene mucho color.

¿Era necesaria esta serie?

Creo que no, pero no significa que una vez hecha, la serie merezca mucho la pena. En mi caso, me ha entretenido mucho, la animación me ha parecido muy chula y bien realizada. Además, me he quedado con ganas de más, así que ojalá, hagan alguna que otra historia más entre temporadas y poder disfrutar de otra manera de los protagonistas de ‘Stranger Things’.

Crítica: ‘Yo siempre a veces’

Un retrato tan incómodo como honesto de una juventud entre la libertad y la deriva emocional

El estreno el 23 de abril en Movistar Plus+ de ‘Yo siempre a veces’, creada por Marta Loza y Marta Bassols, se sitúa dentro de esa corriente reciente del audiovisual español que busca capturar el pulso de una generación sin filtros ni paternalismos. En este sentido, no es casual que la serie se perciba como un nuevo hallazgo generacional impulsado directamente por la estela creativa de Los Javis, cuyo sello ha redefinido la forma de narrar la juventud contemporánea.

‘Yo siempre a veces’ funciona, ante todo, como un espejo. No idealiza ni demoniza, sino que pretende observar, o al menos así he percibido. La serie retrata a una juventud profundamente conectada con el mundo, cosmopolita, con referentes internacionales y una relación fluida con la cultura digital. Sin embargo, esa apertura convive con una cierta desorientación vital: los personajes se mueven en un terreno donde las responsabilidades tradicionales parecen diluidas, casi opcionales.

Uno de los aspectos más llamativos, y tratados con una naturalidad que puede incomodar a ciertos sectores, es la normalización del consumo de drogas. Lejos de moralismos, la serie lo integra como parte del ecosistema social de sus protagonistas, evidenciando hasta qué punto estos comportamientos forman parte de su día a día. No hay épica ni tragedia exagerada, solo rutina.

Este retrato se completa con una visión renovada y a menudo fragmentada de la familia. Las estructuras clásicas se diluyen en favor de modelos más líquidos, donde los vínculos afectivos se redefinen constantemente. La serie no juzga este cambio, pero sí deja entrever sus consecuencias emocionales: una sensación persistente de inestabilidad.

Personajes que incomodan porque resultan reconocibles

El mayor acierto de ‘Yo siempre a veces’ reside en su guion, que construye personajes complejos, contradictorios y profundamente humanos. La protagonista, interpretada por la debutante Ana Boga, es un ejemplo paradigmático de esta ambivalencia.

Su personaje vive atrapado entre dos mundos: el de una juventud prolongada (encarnada en una madre que se resiste a abandonar la fiesta y la despreocupación) y el de una adultez que exige responsabilidades que no está preparada para asumir. Este conflicto no se presenta de forma explícita, sino que se filtra en sus decisiones erráticas, en su incapacidad para aceptar trabajos o ayudas que le permitirían estabilizarse.

Hay algo casi desesperante en verla avanzar “como pollo sin cabeza”, consciente de sus problemas económicos pero incapaz de actuar en consecuencia. Y, sin embargo, esa frustración es precisamente lo que la hace creíble. No estamos ante una heroína ni ante un ejemplo moral, sino ante un reflejo incómodo de una generación que, en muchos casos, ha crecido con más opciones que certezas.

En este sentido, la interpretación de Ana Boga resulta especialmente destacable. Esta es su primera gran incursión en un proyecto de alcance popular, lo que añade una capa adicional de autenticidad a su interpretación: hay en su mirada una mezcla de fragilidad y atrevimiento que difícilmente podría impostarse.

Una serie sobre el error, el perdón y la reconstrucción

Más allá de su retrato generacional, ‘Yo siempre a veces’ articula un discurso más profundo sobre la gestión del error. Todos sus personajes, sin excepción, están definidos por sus fallos: decisiones equivocadas, relaciones mal gestionadas, oportunidades desperdiciadas…

Lo interesante es que la serie no busca redimirlos de forma convencional. En lugar de grandes giros dramáticos, opta por una aproximación más íntima, donde el perdón, tanto propio como ajeno, se construye de manera lenta y, a menudo, incompleta. Se nota un esfuerzo por entender y mostrar que crecer no implica necesariamente resolver todos los conflictos, sino aprender a convivir con ellos.

También resulta destacable cómo la serie plantea nuevas formas de entendimiento mutuo. Frente a modelos rígidos del pasado, los personajes exploran maneras más flexibles de relacionarse, donde la comunicación, aunque imperfecta, se convierte en una herramienta esencial. Con esto, aunque es una serie exasperante en la construcción de su protagonista, logra capturar algo difícil de definir pero fácil de reconocer: la incertidumbre de una generación que, pese a tenerlo todo al alcance, sigue buscando su lugar en el mundo.

Crítica de la segunda temporada de ‘Bronca’

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Chantajes, traiciones y mucha bronca

Tenemos una nueva temporada de ‘Bronca’ gracias a Netflix. La producción de A24 llega a nuestras pantallas con un nuevo reparto y un nuevo conflicto que hace que las cosas se les vayan de las manos a nuestros personajes.

Conflictos, chantajes y muchos personajes

En esta temporada conocemos a Austin y Ashley, dos jóvenes prometidos que trabajan en una gran mansión. Una noche tenían que llevar algo a uno de sus jefes y graban una gran discusión entre éste y su mujer. Con ello comenzarán los chantajes y un gran conflicto que les llevará a diferentes situaciones de las que les costará salir.

Esta temporada me ha parecido bastante buena, pero no mejor que su primera temporada. Y es que llega un momento que detrás de este conflicto inicial aparecen demasiadas situaciones increíbles. Todo el mundo es demasiado ruin, hay poca gente buena y satura un poco.

Pero aún así, esta segunda temporada es muy entretenida, está muy bien escrita y dirigida. Hay escenas muy bien dirigidas, como podemos ver en una de las escenas del episodio final, llena de acción y que tiene unos planos increíbles. Además la serie tiene bastante crítica y también un humor bastante turbio. ‘Bronca’ es una serie bastante incómoda y que logra crear una sensación desagradable con todo lo que vamos viviendo con los personajes.

¿A quién vemos en esta segunda temorada de ‘Bronca’?

Oscar Isaac, Carey Mulligan, Charles Melton y Cailee Spaeny, son los protagonistas de esta serie. Todos ellos ruines, intentando conseguir cada uno su propio beneficio pisando al contrario. Personajes despreciables, que según avanza la serie vemos como unos van redimiéndose, mientras otros cambian a peor.

Pero no solo son ellos las caras conocidas, la segunda temporada de ‘Bronca’, tiene un reparto espectacular. Entre ellos encontramos a William Fichtner (‘Talamasca: The Secret Order’), Seoyeon Jang (‘Snowdrop’), Song Kang-ho (‘Parásitos’) o Youn Yuh-Jung (‘Minari’) entre muchos otros.

Me parece formidable como Lee Sung Jin, creador y guionista de la serie, cuida cada una de las distintas personalidades de todos y cada uno de los personajes. Son tan diferentes y están tan bien estudiados para mostrarnos las distintas evoluciones. Además, el como refleja lo peor del ser humano, en todas sus facetas. Deja ver un estudio bastante complejo acerca de la psicología humana.

Colores y planos

Sin duda la serie está cuidada al mínimo detalle, no solo la dirección o el guion. Todo en su conjunto es importante, tenemos un vestuario increíble. Donde vemos como cada personaje está representado bien por un vestuario bastante marcado. Todo esto es gracias a Olga Mill (Hereditary’ o ‘Sangre en los labios’), que consigue darle personalidad a todos.

Me gustaría quería resaltar el trabajo de James Laxton. Con una fotografía muy luminosa, llena de colores pasteles en los lugares lujosos. Mientras que en la vida real, en esa vida sin lujos donde viven los personajes es algo más oscura y deprimente, en donde ves sus verdaderas vidas, con las que no están nada satisfechos.

Junto la fotografía, esto también se refleja en la decoración, Kelly Jo Tinney, hace un gran trabajo en este sentido. Al igual, mostrando ostentosidad, con materiales aparentemente caros y llenos de detalles en las zonas donde los millonarios se juntan. Mientras que en las zonas de las personas trabajadoras, sus casas son humildes sin apenas decoración.

Desenlace y conclusiones

Esta segunda temporada de ‘Bronca’ también es una gran crítica a los diferentes estatus sociales. Donde los más ricos tienen siempre el poder y consiguen siempre lo que quieren en cuanto sacan dinero. Mientas que la gente pobre tiene que luchar para poder lograr cualquier avance. Además que también se nos muestra que no siempre se es feliz con dinero, ya que termina corrompiendo a las personas.

Como digo, una segunda temporada diferente, en mi caso me ha parecido algo peor, pero por el simple hecho de que se enreda demasiado con muchos personajes. Pero lo dicho, no significa que sea mala serie, ya que la historia y las situaciones que nos vamos encontrando están muy bien. Y el final de la serie, además de que está muy bien rodado, está bien resuelto.

Crítica: ‘Machos Alfa’ T5

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El regreso con el final más agrio

El próximo 17 de abril marca el estreno de la quinta temporada de ‘Machos Alfa’, una serie de Netflix que, lejos de acomodarse en su fórmula de éxito, decide tensarla hasta un punto incómodo. Lo que en sus primeras entregas funcionaba como sátira atrevida sobre la masculinidad contemporánea, aquí se convierte en una disección más amarga de cuatro hombres que ya no creen ni en sí mismos ni en el discurso que intentaron adoptar, es decir, están más perdidos que al principio, si es que en algún momento han llegado a encontrarse.

Los protagonistas (Gorka Otxoa, Fele Martínez, Fernando Gil y Raúl Tejón) regresan “de vuelta de todo”. No solo están desengañados con la deconstrucción masculina, sino que han empezado a desconfiar profundamente de las mujeres y, sobre todo, de su propia capacidad para entenderlas. Este conflicto interno (ese constante tira y afloja entre su yo machirulo y su yo supuestamente evolucionado) se convierte en el principal motor narrativo de la temporada.

Hay un cambio de tono evidente: la comedia sigue presente, pero ahora está impregnada de una sensación de desgaste emocional. Ya no se trata solo de reírse de los errores de estos personajes, sino de observar cómo se hunden en ellos. Es una evolución lógica, pero también arriesgada, que demuestra que la serie no teme incomodar a su audiencia.

Convivencia, cameos y una comedia cada vez más coral

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es llevar al límite la convivencia entre los protagonistas. Lo que empezó como una solución práctica se transforma en un experimento social fallido: viven juntos, pero no se soportan. Cada uno ve en el otro aquello que detesta de sí mismo, generando una dinámica casi claustrofóbica que, paradójicamente, potencia los momentos cómicos.

Esta convivencia forzada permite a los creadores, Alberto y Laura Caballero, explorar nuevas situaciones sin perder el ritmo ágil característico de su estilo. La influencia de sus trabajos anteriores se hace notar, especialmente en la introducción de nuevos personajes y cameos. Actores como Juan Díaz, María Adánez, Diego Martín, Adrià Collado o Víctor Clavijo aparecen en roles que funcionan tanto como guiños para el espectador habitual como catalizadores de nuevas tramas.

Este tipo de casting no es casual: los Caballero han construido una especie de “universo compartido” de la comedia española televisiva. De hecho, se supone que varios de estos cameos fueron concebidos desde el guion como homenajes conscientes a ‘Aquí no hay quien viva’, reforzando esa sensación de continuidad creativa.

En paralelo, la serie no abandona su vocación de retrato social. La temporada introduce temas actuales con una mezcla de ironía y crítica directa: desde el feminismo de postureo hasta las fracturas internas dentro del propio movimiento, pasando por fenómenos virales como las técnicas para ligar en supermercados (sí, el famoso “método Mercadona” encuentra aquí su parodia definitiva) e incluso un suceso real que convierte a esta temporada en quizás la más crítica y ácida de todas.

Sin embargo, lo más interesante es cómo estos elementos no se sienten forzados. Se integran orgánicamente en las tramas, funcionando como espejo deformado de una realidad que el espectador reconoce fácilmente. Y estaría pecando de no tomar ejemplo con la historia de estos personajes si omitiese las líneas argumentales de los personajes de Kira Miró, Raquel Guerrero, María Hervás, Kira Miró y Cayetana Cabezas. Siendo la de Hervás la más delicada de tratar y la de Guerrero la más divertida.

Entre la risa y el golpe final: una temporada que deja cicatriz

Si algo distingue a esta quinta temporada de ‘Machos Alfa’ es su capacidad para equilibrar el humor con un trasfondo dramático cada vez más evidente. La serie sigue siendo divertida, incluso hilarante en muchos momentos, pero hay una sombra constante que anticipa que algo no va a acabar bien.

Sin entrar en spoilers concretos, el tramo final de la temporada abandona parcialmente el tono de comedia para sumergirse en un drama inesperadamente contundente para un par de personajes. Las decisiones tienen consecuencias reales, y no todos salen indemnes. Este giro puede resultar chocante para quienes esperaban una resolución más ligera. Sin ser algo definitivo, la serie parece que nos reserva más temporadas, pero si puede marcar mucho cierto drama en su sexta entrega.

En este sentido, ‘Machos Alfa’ temporada 5 no es solo una comedia: es un retrato generacional disfrazado de sitcom. Una obra que utiliza el humor como vehículo para hablar de identidad, inseguridad y contradicción. Por supuesto también como disparador de discusiones y debates entre parejas y amigos. Puede que no todos los espectadores conecten con su tono más paródico, pero quienes lo hagan encontrarán una de las propuestas más interesantes de la comedia española reciente.

Crítica: ‘Lucky Luke’

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Un western crepuscular que olvida disparar a la comedia

La nueva adaptación de ‘Lucky Luke’ intenta (voluntariamente o no) distanciarse del imaginario clásico del personaje nacido del cómic franco-belga. Lo hace apostando por un tono más realista, incluso áspero, en el que el polvo, el sudor y la suciedad sustituyen al colorido limpio de las viñetas originales. Sin embargo, en ese giro hay también una casi renuncia arriesgada: la esencia humorística que definía al pistolero más rápido que su sombra.

Históricamente, el personaje ha tenido múltiples encarnaciones en acción real, desde el carisma y vínculo tradicional de Terence Hill con el western hasta la reinterpretación más irónica de Jean Dujardin, pasando por el enfoque más juvenil de Til Schweiger. Incluso existen versiones menos conocidas (y bastante discutibles) en producciones turcas no oficiales. Esta nueva iteración, sin embargo, opta por una aproximación que busca profundidad emocional… pero pierde por el camino la identidad del personaje.

El protagonista, interpretado por Alban Lenoir no termina de encajar en el estilismo y chulería del personajee. Su Lucky Luke es introspectivo, taciturno y, en ocasiones, excesivamente melancólico. Es una elección que podría haber funcionado en otro contexto, pero aquí entra en conflicto con el ADN del personaje. La ausencia de elementos icónicos (como el juego con su sombra, los diálogos hacia su caballo o la presencia de Rantanplan= acentúa esa desconexión. Incluso se ha eliminado el famoso cigarrillo que pende siempre de su boca, pero de ello prescindió incluso Hanna-Barbera en su versión animada.

Un western más cercano a ‘Valor de ley’ que al cómic original

Dirigida por Benjamin Rocher, conocido por su trabajo en thrillers de acción como ‘Escuadrón de élite 2’, la serie apuesta por un tono sorprendentemente sombrío. Resulta paradójico que un director habituado al ritmo y la intensidad firme aquí una obra que, en muchos momentos, carece de dinamismo. Las escenas se dilatan, los silencios pesan más de lo necesario y la narrativa avanza con cierta pesadez.

Hay momentos que rozan lo crepuscular, casi en la línea de ‘Valor de ley’, con muertes tratadas con una solemnidad que desentona con el material de origen. Esta gravedad, sumada a un tono por momentos depresivo, termina generando una sensación de extrañamiento. No estamos ante una reinterpretación adulta al estilo de un western revisionista, sino ante una obra que parece no decidir qué quiere ser.

Aun así, hay destellos de lo que podría haber sido. La subtrama de la amnesia de uno de los Dalton y su delirio de paternidad aporta un humor absurdo que conecta brevemente con el espíritu original. También resulta interesante el coqueteo con figuras históricas como Calamity Jane o Abraham Lincoln, en una tradición heredada de los cómics belgas, similar a lo que hacía Astérix con la historia clásica. Pero estos elementos son anecdóticos, insuficientes para sostener el conjunto.

Rodaje en Almería: la gran noticia

Si hay algo que realmente destaca en esta producción es su apartado visual y su apuesta por localizaciones españolas. El rodaje en Almería, especialmente en el desierto de Tabernas, devuelve al western europeo a uno de sus escenarios más emblemáticos. A esto se suman localizaciones en Castilla y León y Castilla-La Mancha, configurando un paisaje que, al menos visualmente, sí respira autenticidad.

La implicación de productores españoles como Juan Solá o Mark Albela (vinculados a títulos como ‘La piel fría’, ‘El reino de los cielos’ o ‘Godzilla vs Kong’) refuerza esa sensación de ambición internacional. En términos de producción, la serie cumple con solvencia, pero no logra que su envoltorio eleve un contenido narrativo irregular.

El problema de fondo es claro: ‘Lucky Luke’ no era solo un western, era una comedia disfrazada de western. Aquí, en cambio, el disfraz se ha quedado sin alma. Hay momentos en los que los personajes rozan el tono tontorrón, pero son excepciones en un conjunto que se toma demasiado en serio.

Para quienes crecieron con el personaje, la experiencia puede resultar decepcionante. No hay gags memorables, no hay chispa, no hay esa clase que hacía del personaje algo único. Y aunque es positivo ver el regreso del western europeo a escenarios como Almería, uno no puede evitar pensar que esta adaptación de Disney ha apuntado al corazón equivocado.