Crítica: ‘Clayface’

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Una pesadilla plástica sobre la pérdida de identidad pero con identidad propia

A ‘Clayface’ llego con unas expectativas considerables, tanto por la naturaleza de la historia que adapta como por los nombres que hay detrás del proyecto. James Gunn y Matt Reeves producen esta nueva incursión de DC en el cine de acción real, Mike Flanagan firma el guion y Tom Rhys Harries suma en su haber una lista de filmes cada vez mejores. A la dirección está James Watkins, un cineasta al que le he cogido especial respeto tras su notable remake de ‘Speak No Evil’.

La propuesta tiene una ventaja evidente: no necesita convertir a su protagonista en un héroe ni justificar sus tragedias mediante una sucesión de batallas digitales. Aquí el espectáculo consiste en observar cómo alguien pierde aquello que lo define, tanto física como emocionalmente. Y pocas cosas resultan más inquietantes que contemplar cómo un rostro deja de pertenecerte.

El legado de Batman y las cicatrices del body horror

Las comparaciones con ‘La mosca’ y ‘La sustancia’ son inevitables. El body horror encuentra aquí un terreno especialmente fértil, con una transformación corporal que promete provocar más de una mueca de asco. No hablamos únicamente de maquillaje, prótesis o efectos visuales concebidos para impresionar, sino de convertir la carne en el escenario de una tragedia mutante. James Gunn ha señalado precisamente la conexión con esa tradición del horror corporal, aunque conviene recordar que la principal referencia del personaje no nace en el cine, sino en la animación.

Mike Flanagan ha reconocido que el guion toma como base ‘Feat of Clay’, el díptico de ‘Batman: The Animated Series’ que desarrolló una de las historias más recordadas de Matt Hagen, la identidad de Clayface en aquella versión. Kevin Altieri dirigió el cierre de esos episodios y quienes seguimos su trabajo tuvimos la oportunidad de entrevistarlo en nuestro programa ‘El Simbionte’. No es un detalle menor: hablamos de una historia que contribuyó a fijar una interpretación del personaje que después ha dejado huella en los cómics y en otras adaptaciones. Para los que hablan en otro idioma: fijó el canon del personaje.

La película, además, no se entretiene demasiado en presentar a sus protagonistas. Los coloca rápidamente en situación y deja que la tragedia haga su trabajo. Es una decisión narrativa acertada para una historia de terror que necesita que el espectador comprenda pronto qué está en juego y lo rápido que se pierde todo actualmente. Es un arranque que no se hace derogar con artificios ni florituras narrativas.

Y vaya si arranca. Las alteraciones físicas del protagonista son desagradables, explícitas y capaces de revolver el estómago. Hay imágenes que parecen diseñadas para que apartemos la mirada durante un segundo, aunque nuestra curiosidad termine obligándonos a volver a la pantalla. El eco de Frankenstein o Hulk también está ahí para brindar una pizca de romanticismo: el cuerpo convertido en problema, la monstruosidad impuesta y la capacidad del corazón para domar a la bestia.

Un monstruo que busca algo auténtico

Sin embargo, reducir ‘Clayface’ a sus mutaciones y referencias sería quedarse en la superficie. Sería algo tan vacío como quedarse únicamente con el chiste de Sutherland y la ‘Invasion of the Body Snatchers’. Lo interesante es que el horror físico acompaña a una historia sobre la identidad, el fracaso profesional y la necesidad de recibir afecto. El protagonista puede alterar su apariencia, pero esa capacidad no resuelve su mayor carencia: encontrar algo verdadero en un mundo que juzga a las personas por lo que ve u oye en las pantallas.

Aquí aparece una conexión especialmente interesante con Rita Farr, el personaje de April Bowlby en ‘Doom Patrol’. La antigua estrella de Hollywood también ve convertido su cuerpo en una prisión amorfa y cómo su pasado como actriz queda eclipsado por una condición que la aleja de los focos. La comparación no es gratuita: detrás de ambos personajes hay una identidad artística amenazada por una transformación física que les arrebata el control sobre su propia imagen. Clayface podría haberla fichado en algún momento para aquel Mud Pack de 1989 que juntaba a fangosos personajes. Por eso, esta película funciona también como detector de fans de DC. Si alguien presume de conocer a fondo sus personajes, pero no encuentra conexiones entre Clayface y Rita Farr, quizá le convenga ampliar sus conocimientos más allá de Batman, Superman y los nombres más populares. El universo de DC lleva décadas explorando la monstruosidad como metáfora de la exclusión, la vergüenza y el deseo de pertenecer.

Y hay una ironía estupenda en todo ello: un personaje capaz de falsificar su cara busca desesperadamente algo auténtico. Puede adoptar otros rostros, pero no fabricar por sí mismo el reconocimiento que necesita. Esa contradicción es la que lo convierte en algo más que un villano con poderes grotescos. Es lo mismo que le pasó a Moe en ‘Los Simpson’ cuando se operaba la cara y se metía a actor.

Una Gotham compatible con el universo de DC

La presencia de James Gunn y Matt Reeves como productores invita a preguntarse dónde encaja ‘Clayface’. La aproximación recuerda a la apuesta de ‘Joker’: una historia concebida con personalidad propia, más interesada en el retrato psicológico y el género que en alimentar una continuidad compartida a golpe de cameos. La diferencia es que aquí se mantiene una puerta abierta a una eventual integración, al no depender necesariamente de elementos que contradigan otras versiones de Gotham.

De hecho, la ciudad que sugiere la película encaja especialmente bien con la visión de Matt Reeves: una Gotham sombría, desigual y poblada por personajes que parecen condenados a sobrevivir en sus márgenes. El terror no necesita un desfile de figuras conocidas para respirar el mismo aire que ‘The Batman’. Al igual que Joker, Catwoman o El Pingüino, su historia puede sostenerse sin que Batman tenga que ocupar el centro de la pantalla.

Como última curiosidad. Tom Rhys Harries y Eddie Marsan, coincidieron en la película ‘The Gentlemen’, mientras que Ruby Sear participó en la serie que continuó aquella historia de Guy Ritchie. La conexión resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta que ‘Clayface’ se rodó en Londres.

Posdata: Me ha parecido ver a Aaron Paul poniendo rostro al padre del protagonista. Reto a mis lectores a intentar detectar este supuesto cameo y a aclarar si realmente se trata del actor o si simplemente he encontrado un parecido razonable.

Ficha de ‘Clayface’

Estreno en España: 23 de octubre de 2026. Título original: Clayface. Duración: 108 min. País: EE.UU. Dirección: James Watkins. Guion: Mike Flanagan, Hossein Amini. Música: Volker Bertelmann. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, Ruby Sear, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Nancy Carroll, Joshua James. Producción: 6th & Idaho Productions, British Film Commission, DC Studios, Domain Entertainment (II), The Safran Company, Warner Bros. Studios. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: terror, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Street Fighter’

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Un casting… ¡PERFECT!

La nueva adaptación de ‘Street Fighter’, dirigida por Kitao Sakurai, entiende que trasladar un videojuego de lucha a la gran pantalla no consiste únicamente en encadenar golpes especiales y reunir personajes reconocibles. También hay que encontrar el tono adecuado para que semejante desfile de luchadores tenga sentido cinematográfico. Y aquí, entre patadas voladoras, colores imposibles y una buena dosis de humor, la película consigue algo fundamental: pasárselo en grande sin pedir perdón por su naturaleza de disparate.

Un reparto de luchadores que parece imposible reunir

Street fighter poster 2026

Resulta curioso que Sakurai haya dirigido episodios de ‘Bronca’, la serie de Netflix en la que los conflictos y los enfrentamientos personales también constituyen el motor de la historia, aunque allí las hostilidades se desarrollen de una forma bastante distinta. En ‘Street Fighter’ cambia las broncas cotidianas por una sucesión de mamporros, pero conserva el interés por los personajes enfrentados y sus particulares maneras de relacionarse.

El reparto es una auténtica locura y precisamente por eso funciona. Andrew Koji, curtido en ‘Warrior’, encarna a un Ryu más arquetípico, el luchador atormentado que busca su lugar en el mundo. Sin embargo, los arcos más interesantes recaen en Ken y Chun-Li. Noah Centineo, convertido aquí en un Ken Masters bastante bobalicón, aporta una vis cómica estupenda, mientras Callina Liang (‘Presence’) compone una Chun-Li enfurecida, carismática y con personalidad suficiente para reclamar el protagonismo. Sus interpretaciones están entre las más fieles, divertidas y agradecidas para quienes conocen los videojuegos.

También destaca Vidyut Jammwal, de la saga ‘Commando’, cuyos movimientos para recrear a Dhalsim son brillantes. Su dominio físico ayuda a que el personaje resulte convincente sin depender exclusivamente de los efectos digitales.

Y todavía hay mucho más: Joe Anoa’i, conocido como Roman Reigns en la WWE, es Akuma; David Dastmalchian se mete en la piel de M. Bison; Cody Rhodes es Guile; Andrew Schulz interpreta a Dan Hibiki; Eric André da vida al estrafalario Don Sauvage; Orville Peck se convierte en Vega; Olivier Richters es Zangief; Hirooki Goto encarna a E. Honda; Mel Jarnson interpreta a Cammy; Rayna Vallandingham es Juli; Curtis «50 Cent» Jackson se transforma en Balrog y Jason Momoa hace lo propio con Blanka reafirmando la broma de la película. A ellos se suma Don Lee como Gouken, aunque únicamente presta su voz al personaje.

La elección de perfiles tan distintos, desde luchadores profesionales hasta músicos, cómicos y especialistas en artes marciales, responde a una necesidad evidente: encontrar rostros, físicos y personalidades capaces de reproducir el extravagante universo del videojuego. La película no disimula el circo, sino que lo explota para generar interacciones, contrastes y situaciones cómicas.

Combates integrados en una fantasía de neones

Ambientada en 1993, el mismo año en que llegó a los recreativos ‘Super Street Fighter II: The New Challengers’, la película juega con la nostalgia sin limitarse a colocar referencias para coleccionistas. Su historia recupera elementos reconocibles del canon y los articula alrededor del torneo World Warrior y de las cuentas pendientes entre sus protagonistas.

La estética apuesta por los colores saturados, las sombras pronunciadas, los ambientes de neón y los trajes característicos. Todo parece diseñado para que la imagen conserve algo de la exageración visual de las máquinas recreativas y del anime de aquella década. No busca realismo, sino una estilización consciente que encaje con semejante colección de personajes.

También acierta al introducir los combates sin convertir la narración en una interminable sucesión de enfrentamientos de torneo. A diferencia de la adaptación de 1994 dirigida por Steven E. de Souza, en la que Jean-Claude Van Damme interpretaba a Guile, aquí muchas peleas surgen de manera fortuita y responden a motivaciones diferentes. Esa variedad recuerda, en parte, a las adaptaciones de ‘Mortal Kombat’ y permite que la acción avance ligada a las relaciones entre los personajes, en lugar de funcionar como una mera exhibición de movimientos especiales.

Sin perder de vista la mítica película anime

Para mí la mayor sorpresa es la inclusión de flashbacks animados. El empleo del anime no solo aporta continuidad visual a los recuerdos, sino que constituye un homenaje a las adaptaciones animadas de los años noventa. Es una decisión estilística que, como me adelantó Callina Liang en una entrevista, encaja con la voluntad de conectar con el legado de la franquicia. Además, evita recurrir a soluciones más eficientes para representar a los personajes en otras etapas de sus vidas.

La lástima es que esta elección también nos priva de ver a Don Lee en acción como Gouken. Su presencia queda reducida al doblaje, una oportunidad desaprovechada teniendo en cuenta su imponente físico y su experiencia en el cine de acción.

Diversión por encima de la épica

‘Street Fighter’ es, ante todo, un jugueteo constante con sus personajes y con la memoria cinéfila de quienes crecieron entre recreativos, VHS y adaptaciones de dudosa solemnidad. Su sentido del humor, sus combates y su descaro visual forman una combinación muy disfrutable, incluso cuando la acumulación de figuras amenaza con dispersar la atención.

No todo funciona igual de bien. M. Bison carece de la presencia intimidatoria que debería tener una figura de su importancia y termina dejando la sensación de que su potencial queda reservado para una posible secuela. Juli sale todavía peor parada: el personaje resulta ridículo y está desaprovechado, especialmente si tenemos en cuenta que Rayna Vallandingham es una competidora de taekwondo con victorias en torneos y capacidad física para ofrecer mucho más.

Son debilidades que impiden que la película alcance todo su potencial, pero no destruyen su principal virtud. Sakurai comprende que ‘Street Fighter’ necesita espectáculo, personalidad y una buena dosis de locura antes que una solemnidad impostada. El resultado es una adaptación irregular, sí, pero también muy divertida, que encuentra su mejor golpe cuando deja de intentar justificar el circo y simplemente permite que los luchadores (y sus actores) se gusten.

Ficha de ‘Street Fighter’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Street Fighter. Duración: 119 min. País: EE.UU. Dirección: Kitao Sakurai. Guion: Kitao Sakurai, T.J. Fixman. Música: Leo Birenberg, Zach Robinson. Fotografía: Ken Seng. Reparto principal: Noah Centineo, Andrew Koji, Callina Liang, David Dastmalchian, Andrew Schulz, Joe Anoa’i, Cody Rhodes, Jason Momoa, Eric André, 50 Cent, Ma Dong-seok, Mel Jarnson, Orville Peck, Hirooki Goto, Vidyut Jammwal, Olivier Richters, Kyle Mooney, Rayna Vallandingham. Producción: Paramount Pictures, Legendary Pictures, Capcom Entertainment. Distribución: Paramount Pictures. Género: acción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Aniquilación (Onslaught)’

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Trama violenta y conspirativa redondeando una trilogía que ahora cobra más sentido que nunca

Adam Wingard es uno de esos directores de los que me cuesta fiarme. Películas como ‘Tú eres el siguiente’, ‘Blair Witch’ o ‘Death Note’ me han dejado más decepcionado que satisfecho, aunque tampoco podemos olvidar que detrás de su trayectoria está una saga tan interesante como ‘V/H/S’. Con ‘Onslaught (Aniquilación)’, Wingard vuelve a un terreno que conoce bien, el de la violencia desatada, los personajes peligrosos y las situaciones que convierten la seguridad del hogar en una ilusión. Y, para mi sorpresa, el resultado se encuentra entre lo mejor que le he visto y eso que ha formado parte de superproducciones como ‘Godzilla v Kong’.

El universo de ‘Tú eres el siguiente’ vuelve a la carga

A pesar de proceder de productoras diferentes (por entonces fue HanWay y Snoot y ahora es A24), ‘Onslaught’ forma parte del universo compartido con ‘Tú eres el siguiente’ (2011) y ‘The Guest’ (2014), dos propuestas que juegan con la violencia y con la amenaza que irrumpe en espacios que deberían ser seguros. El concepto de home invasion vuelve a estar presente, aunque aquí adquiere una dimensión diferente gracias a la naturaleza de los atacantes y a las conexiones temáticas que establece con otras películas de este universo.

La recuperación de Dan Stevens constituye uno de los elementos más interesantes de esta propuesta. Aunque su personaje no es el mismo que interpretó en ‘The Guest’, hay una continuidad temática que permite relacionar ambas historias. En esta ocasión, la violencia no se limita a funcionar como un espectáculo de acción o como un recurso para mantener al espectador en tensión. También sirve para explorar la manipulación de las personas y la posibilidad de convertirlas en instrumentos de destrucción.

En ese sentido, ‘Onslaught’ conecta con teorías conspirativas relacionadas con la Operación Paperclip, mediante la cual Estados Unidos incorporó a científicos alemanes, algunos vinculados al régimen nazi, después de la Segunda Guerra Mundial, y con proyectos posteriores de experimentación y control mental como MK Ultra. La película no necesita desarrollar estas conexiones como si fuera un ensayo histórico, pero su planteamiento invita a pensar en los límites a los que pueden llegar determinadas estructuras de poder cuando la violencia se convierte en una herramienta.

Adria Arjona y unos enemigos inquietantes

Uno de los principales alicientes para mí es encontrar a Adria Arjona en una película de acción de estas características. La actriz, vinculada a la futura encarnación de Wonder Woman, interpreta aquí a una soldado que sufre estrés postraumático. Su presencia aporta un punto de interés a una historia que necesita algo más que persecuciones, disparos y enfrentamientos para sostenerse. De hecho, Blake Kennedy, es un muy buen contrapunto ejerciendo como hija en apuros.

Los antagonistas también tienen personalidad propia. Su aspecto resulta bastante peculiar y puede pillar desprevenido a quien no esté familiarizado con determinados diseños militares habituales en videojuegos como ‘Call of Duty’. Es una elección visual llamativa que ayuda reforzar la normalización de la violencia en la actualidad.

Wingard apuesta por la acción directa, por el impacto visual y por una violencia que no pretende resultar especialmente amable. Sin embargo, hay decisiones que dejan la sensación de que el filme podría haber afinado algunos detalles. La protagonista dispone de un arsenal que parece olvidar en determinados momentos, mientras que aparece un contador de tiempo cuyo sentido e importancia terminan siendo bastante irrelevantes. Son pequeños detalles que restan coherencia a algunas situaciones y que podrían haberse resuelto con mayor cuidado.

Una película hija de nuestro tiempo

Más allá de sus imperfecciones, lo que hace que ‘Onslaught’ me resulte especialmente interesante es su conexión con el presente. Vivimos una época en la que la ultraderecha vuelve a ganar terreno, determinados discursos de odio se normalizan y la violencia parece cada vez menos condenada, tanto en las redes sociales como en el debate público e incluso en las calles.

La película puede entenderse desde esa perspectiva como una representación extrema de una sociedad en la que la agresividad deja de ser una anomalía para convertirse en una herramienta aceptada por quienes buscan imponer su voluntad. No hace falta que el filme formule un discurso político explícito para que sus imágenes adquieran una resonancia inquietante. Basta con observar cómo presenta a sus personajes y cómo convierte la violencia en el centro de su universo.

No esperaba demasiado de Adam Wingard y, precisamente por eso, me alegra encontrarme con una de sus películas más estimulantes. ‘Onslaught’ no es perfecta, pero tiene personalidad, sabe aprovechar su violencia y ofrece motivos para pensar más allá de sus escenas de acción. En mi opinión, se coloca entre lo mejor de la filmografía del director.

Ficha de ‘Aniquilación (Onslaught)’

Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Onslaught. Duración: 92 min. País: EE.UU. Dirección: Adam Wingard. Guion: Simon Barrett, Adam Wingard. Música: Matthew Pusti. Fotografía: Oren Soffer. Reparto principal: Adria Arjona, Dan Stevens, Eric Warenheim, Reginald Veljohnson, Rebecca Hall, Michael Biehn, Jacob Scipio, Blake Kennedy. Producción: 828 Productions, A24 Television, Breakway Civilization, Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: Diamond Films. Género: terror, acción. Web oficial.

Crítica: ‘Found alive’

Con el foco en el después de las víctimas Pereda marca la diferencia

Con ‘Found Alive’, Carlota Pereda vuelve a adentrarse en un territorio que ya exploró en ‘Cerdita’: el de las mujeres secuestradas y la violencia que las convierte en víctimas incluso mucho después de haber escapado de sus captores. Pero la directora no se limita a repetir una fórmula como la del bullying. En esta ocasión, amplía el foco y se pregunta qué ocurre cuando la supervivencia no supone el final de la pesadilla, sino el comienzo de una convivencia difícil con el trauma.

Reeve LeClaire, interpretada por Chloë Grace Moretz, lleva diez años intentando reconstruir su vida después de haber sido secuestrada durante su adolescencia. Cuando su psiquiatra le pide que ayude a otra joven recién rescatada, la protagonista se implica en un caso que podría estar conectado con otras mujeres desaparecidas. Lo que empieza como una forma de acompañar a alguien que ha pasado por una experiencia similar termina convirtiéndose en una peligrosa investigación contrarreloj.

Pereda demuestra que su interés por la violencia va más allá del impacto inmediato. Le importa lo que deja detrás, cómo condiciona las relaciones, altera la percepción del peligro y obliga a quienes la han sufrido a buscar herramientas para seguir adelante. Las protagonistas no son únicamente cuerpos que rescatar ni personajes definidos por el daño recibido. Son mujeres que intentan recuperar el control de sus vidas, aunque el pasado siga acechándolas.

Carlota Pereda habla el idioma de Hollywood

Uno de los grandes atractivos de ‘Found Alive’ es su condición de producción internacional. Desde Extremadura hasta Estados Unidos, el recorrido de Pereda desemboca en una película rodada en inglés, con Chloë Grace Moretz y Rupert Friend al frente del reparto y el respaldo de compañías como XYZ Films, una firma muy ligada al cine de género. El salto de escala es evidente, pero también lo es la capacidad de la directora para desenvolverse dentro de un modelo de producción distinto al de sus anteriores obras.

‘Found Alive’ incorpora las piezas de un thriller criminal clásico: una investigación, varias desapariciones, un agresor que parece ir siempre un paso por delante y una protagonista obligada a actuar cuando las vías convencionales no ofrecen suficientes respuestas. La narración avanza con ritmo, administra la información y mueve la cámara con una soltura que encaja perfectamente en el lenguaje del suspense estadounidense. Por momentos, cuesta distinguirla de una producción de Hollywood, no porque Pereda se limite a imitarlo, sino porque demuestra que domina sus códigos.

La película no renuncia por ello a su propósito de concienciación. La intriga funciona como vehículo para hablar de las secuelas del secuestro y de la dificultad de encontrar seguridad después de una experiencia traumática. Y el género permite que ese discurso no se convierta en una exposición didáctica: la tensión de la trama mantiene al espectador dentro de la historia mientras los personajes intentan recomponer sus vidas.

Una nueva película de Pereda, con ecos de ‘Cerdita’

El cambio de escala no borra por completo la personalidad de la cineasta. En algunos momentos se intuyen guiños a ‘Cerdita’, como si Pereda quisiera recordarnos que detrás de esta producción internacional sigue estando la autora que convirtió una situación cotidiana de crueldad y humillación en una historia de terror incómoda y con sangre. No se trata de trasladar literalmente aquella película a Estados Unidos, sino de conservar cierta sensibilidad ante la violencia y sus consecuencias.

‘Found Alive’ es, por tanto, un paso adelante en la trayectoria de Pereda: una película que abraza las convenciones del thriller comercial y sabe utilizarlas sin dejar de mirar a las personas atrapadas en su centro. Puede que el envoltorio resulte familiar para quienes conocen bien el cine criminal estadounidense, pero su interés reside en dónde decide colocar la cámara y a quién concede el protagonismo. Aquí no se trata solamente de descubrir quién secuestra a las mujeres, sino de entender qué queda de ellas cuando logran salir con vida.

Ficha de ‘Found alive’

Estreno en España: por determinar. Título original: Found alive. Duración: 96 min. País: EE.UU. Dirección: Carlota pereda. Guion: Matt Venne, Lori Evans Taylor. Música: Yair Elazar Glotman. Fotografía: Rita Noriega. Reparto principal: Chloë Grace Moretz, Rupert Friend, Scott Haze. Producción: XYZ Films, Bondt Media Capital, Eighteen88, IPR.VC, Industry Entertainment, Nostromo Pictures, Vanishing Angle. Distribución: DeAPlaneta. Género: suspense, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Forbidden fruits’

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Una provocación que se queda en la superficie

Hay películas que aunque parezcan banales consiguen que uno salga de la sala pensando en ellas durante horas. Y luego está ‘Forbidden Fruits’, que en mi caso consigue algo bastante más sencillo: preguntarme cuándo va a empezar aquello que promete ser. La película de Meredith Alloway, adaptación de la obra teatral ‘Of the Woman Came the Beginning of Sin and Through Her We All Die’, escrita por Lily Houghton, se presenta como una comedia de terror alrededor de un grupo de trabajadoras de una boutique que, cuando el centro comercial cierra, se transforma en el escenario de un aquelarre.

¿Comedia teenager subida de tono? ¿Folkhorror de centro comercial? No es nada de eso. El problema es que la propuesta tarda demasiado en encontrar su razón de ser. Durante buena parte del metraje asistimos a una sucesión de conversaciones, rituales y conflictos de grupo que pretenden construir una sátira sobre la feminidad, la pertenencia y determinadas dinámicas sociales, pero que a mí me resultan bastante más irritantes que mordaces. La estética de Free Eden, con su mezcla de bohemia prefabricada, ropa de princesita moderna y esa imagen de feminidad cuidadosamente empaquetada, pretende ser parte de la crítica. La boutique es ficticia, pero está directamente basada en Free People, algo que la propia película convierte prácticamente en una broma privada para quien conozca la referencia.

Y ahí es donde encuentro una de las mayores dificultades de ‘Forbidden Fruits’: parece confiar demasiado en que la identificación de sus referentes convierta automáticamente su sátira en algo inteligente. Su retrato de esa feminidad de escaparate, de los cuerpos imposiblemente estilizados y de la estética de jóvenes que quieren parecer modernas mientras reproducen códigos perfectamente reconocibles, podría haber sido un material estupendo para una comedia negra mucho más incisiva.

Mucha pose y poco mordiente

La película tiene además una curiosa relación con el espacio. Todo sucede principalmente en un centro comercial. El escenario resulta apropiado: pasillos, escaparates y tiendas convertidos en una especie de templo capitalista donde las protagonistas construyen su pequeña religión.

La idea funciona sobre el papel. El problema es que ‘Forbidden Fruits’ parece más interesada en anunciar constantemente lo que quiere decir que en encontrar una forma cinematográfica de decirlo. La sátira feminista, el culto, la brujería, la crítica al consumo y las relaciones de poder se acumulan, pero rara vez terminan de adquirir la contundencia necesaria para que el conjunto resulte verdaderamente divertido o perturbador.

Y eso es especialmente problemático en una película de terror. Porque el terror llega, sí, pero llega tarde. Muy tarde. Cuando finalmente se inaugura el kill count, apenas quedan unos trece minutos para terminar. Es entonces cuando aparece, por fin, una energía que hasta ese momento había echado muchísimo de menos. La sangre, la violencia y la sensación de peligro consiguen despertar una película que hasta entonces se me había hecho extraordinariamente larga.

Un fruto que llega demasiado tarde

Hay elementos interesantes en ‘Forbidden Fruits’. La procedencia teatral explica en parte su dependencia del diálogo y de los personajes, mientras que el hecho de que esta sea la primera película de Meredith Alloway como directora de largometrajes convierte el proyecto en una carta de presentación ambiciosa. También resulta significativo que sea su primer guion de largometraje producido junto a Houghton, responsable de la obra original.

Pero una buena idea no siempre se convierte en una buena película. Y aquí encuentro una distancia demasiado grande entre lo que ‘Forbidden Fruits’ parece querer ser y lo que finalmente consigue. La película tiene conceptos potencialmente muy aprovechables: un aquelarre instalado en una tienda de ropa, una jerarquía femenina construida alrededor de la exclusión, la religión convertida en ritual de grupo y un centro comercial como representación de una sociedad basada en el consumo y la apariencia. Y con algún gag te ríes, pero en general no termina de funcionar, ni siquiera con su escena post-créditos.

Sin embargo, todo eso me parece más interesante como planteamiento que como resultado. La película necesita demasiado tiempo para llegar al terreno del terror y, cuando por fin lo hace, ya está prácticamente terminando. ‘Forbidden Fruits’ quiere ser provocadora, divertida, feminista, sangrienta y satírica al mismo tiempo. En mi caso, no consigue ninguna de esas cosas con suficiente fuerza como para compensar el tedio de buena parte del metraje. Una fruta prohibida que, al menos para mí, resulta mucho menos sabrosa de lo que promete su envoltorio.

Ficha de ‘Forbidden fruits’

Estreno en España: por determinar. Título original: Forbidden fruits. Duración: 103 min. País: EE.UU. Dirección: Meredith Alloway. Guion: Meredith Alloway, Lily Houghton. Música: Anna Drubich. Fotografía: Karim Hussain. Reparto principal: Lili Reinhart, Lola Tung, Victoria Pedretti, Alexandra Shipp, Emma Chamberlain. Producción: MXN Entertainment, 100 ZEROS, Bright Panic Pictures, Lollipop Woods, Madhouse Films, Quadrant Motion Pictures. Distribución: por determinar. Género: comedia, terror. Web oficial.

Crítica: ‘Corporate retreat’

Un retiro del que el propio espectador se quiere retirar

Hay ocasiones en las que una película genera unas expectativas que después no sabe cumplir. ‘Corporate Retreat’ es un buen ejemplo. Aaron Fisher se rodea en su segundo largometraje de un reparto que, sobre el papel, debería proporcionar unas garantías muy superiores a las de su debut, ‘Inside the Rain’, estrenado en 2019. Alan Ruck, Rosanna Arquette, Odeya Rush, Sasha Lane, Benjamin Norris, Ashton Sanders y Kirby Johnson son algunos de los nombres que forman el elenco, al que se suma además Omar Sharif Jr., nieto del mítico Omar Sharif. El reparto reúne intérpretes con experiencia en producciones tan conocidas como ‘Speed’, ‘Twister’, ‘Twisters’, ‘Pulp Fiction’, ‘Lady Bird’, ‘Moonlight’, ‘Andor’ o ‘The Possession of Hannah Grace’…

Sobre el papel, por tanto, Fisher da un salto considerable respecto a su primera película. El problema es que ese salto parece haberse producido fundamentalmente para los créditos. ‘Corporate Retreat’ demuestra unas carencias que terminan siendo demasiado evidentes. Y es una lástima, porque la premisa tenía posibilidades: un retiro corporativo para estrechar lazos entre empleados que acaba transformándose en una especie de escape room mortal en el que los participantes deben luchar por sobrevivir. Es lógico que se haya proyectado en el Festival de Sitges dentro de Midnight X-Treme ya que como el propio festival dice, promete comedia negra y torture porn.

La película arranca, además, con una declaración de intenciones musical bastante atractiva. El surf rock y el soul jazz aportan personalidad desde los primeros compases y dejan claro que Aaron Fisher y su hermano Josh Fisher, responsable también de la fotografía, tienen bastante buen gusto musical. Es probablemente uno de los aspectos en los que la película consigue llamar la atención. El problema es que ese criterio parece inversamente proporcional al que encontramos en el montaje y en la elección de planos.

Cuando el montaje convierte un encierro en una condena

El ritmo debería ser fundamental en una película que basa buena parte de su propuesta en encerrar a un grupo de personas y someterlas progresivamente a situaciones cada vez más violentas. Sin embargo, ‘Corporate Retreat’ tiene fallos de ritmo desde prácticamente el comienzo. Hay una extraña desconexión entre la energía que aporta su música y la manera en que Fisher construye las escenas.

El problema no está únicamente en que sepamos hacia dónde va la historia. Es que el guion apenas hace demasiado por ocultarlo. El retiro corporativo se convierte en una trampa, los ejercicios de trabajo en equipo adquieren una dimensión siniestra y los personajes quedan atrapados en una dinámica de supervivencia en la que las reglas resultan bastante evidentes. La película se acerca así a ese territorio del escape room cinematográfico donde el espectador puede anticipar con demasiada facilidad cuál será el siguiente paso.

Y cuando una película de este tipo no consigue sorprender, necesita al menos compensarlo con tensión, humor negro, personajes interesantes o una puesta en escena particularmente imaginativa. ‘Corporate Retreat’ tampoco termina de encontrar ahí su salvación.

Actuaciones que no están a la altura

Pero donde más sorprende ‘Corporate Retreat’ es en sus interpretaciones. No porque el reparto carezca de experiencia, sino precisamente porque algunos momentos parecen exigir más intensidad o un compromiso con el tono del filme que los actores no terminan de encontrar. Hay actuaciones excesivamente carentes de sentimiento, hasta el punto de rozar en determinados instantes lo amateur.

El ejemplo más evidente es el momento de la jeringa. La idea y la interpretación resultan tan impostadas que parecen sacadas de una actuación de colegio de primaria. Es difícil tomarse en serio una situación que necesita que el espectador crea en el miedo de sus protagonistas cuando la emoción parece estar ausente. Si por lo menos hubiese intención de hacernos reír, pero es que parce que el filme ni siquiera se esfuerza en ello.

No saber qué hacer con lo que tienes entre manos

‘Corporate Retreat’ acaba siendo una oportunidad desaprovechada. Tiene un concepto sencillo pero potencialmente efectivo, un reparto con nombres conocidos y un escenario que ya lo querría yo para mi próxima escapada romántica o con amigos. Sin embargo, quizás al intentar alinearse con ciertos subgéneros, el libreto es demasiado pueril, descuidando el tono exigiendo muy poco a sus intérpretes.

Me parece increíble que la productora de esta película haya estado inmiscuida en filmes como ‘Ruido de fondo’. ‘Corporate Retreat’ termina demostrando que reunir buenos ingredientes no sirve de mucho cuando la receta falla. Y en un retiro del que se supone que nadie debería salir con vida, lo verdaderamente preocupante es que el espectador sea quien esté deseando escapar.

Ficha de ‘Corporate retreat’

Estreno en España: por determinar. Título original: Corporate retreat.  Duración: 90 min. País: EE.UU. Dirección: Aaron Fisher. Guion: Aaron Fisher, Kerri Sohn. Música: Anna Drubich. Fotografía: Josh Fisher. Reparto principal: Alan Ruck, Odeya Rush, Sasha Lane, Benjamin Norris, Kirby Johnson, Omar Sharif Jr. Producción: Passage Pictures. Distribución: por determinar. Género: comedia, terror. Web oficial.

Crítica: ‘Furia desatada (Ikatan darah)’

Un filme en el que tanto personas como muebles son víctimas de las artes marciales

A veces basta con que los protagonistas de una película sepan repartir golpes, que los enemigos estén dispuestos a recibirlos y que el mobiliario del escenario no sobreviva a la pelea. ‘Furia desatada’, título con el que llegará a España ‘Ikatan Darah’ de la mano de A Contracorriente Films, reúne todos esos ingredientes. Producida por Iko Uwais, es una historia de criminales, personajes humildes acorralados por las circunstancias y artes marciales capaces de convertir cualquier espacio en un campo de batalla.

La injusticia como combustible

La película de Sidharta Tata nos presenta a Mega, una antigua practicante de pencak silat que dejó atrás su carrera deportiva debido a una lesión. Su hermano se mete en un problema con una banda criminal y queda atrapado en una espiral de deudas y violencia. Mega tendrá que volver a poner a prueba sus habilidades para intentar salvarlo.

No estamos ante una premisa especialmente original, pero sí ante una que encaja perfectamente con la tradición del cine de acción indonesio. Los protagonistas suelen ser personas con pocos recursos, empujadas a situaciones extremas por organizaciones criminales que se aprovechan de su vulnerabilidad. Cuando la injusticia se convierte en el detonante de la historia, la violencia aparece como una respuesta desesperada, aunque eso no significa que sus consecuencias sean pequeñas.

La película tarda un poco en desplegar todo su arsenal. Su primera mitad no está tan cargada de acción como otras producciones asociadas a Iko Uwais ni alcanza desde el principio la intensidad de títulos recientes como ‘The Furious’, aunque no su calidad y constancia. Cuando llegan los enfrentamientos, queda claro dónde están sus prioridades. El argumento funciona como una excusa para llevar a los personajes de una situación límite a otra, mientras la protagonista se abre paso entre quienes pretenden impedirle que proteja a su familia.

Una barriada convertida en ring

Uno de los grandes aciertos está en el escenario. Buena parte de la acción transcurre en una barriada pobre, superpoblada y construida sin demasiado orden, con callejones estrechos, viviendas amontonadas y espacios en los que apenas parece haber sitio para moverse. La imagen recuerda a las favelas de Río de Janeiro, aunque aquí el entorno tiene una identidad propia. No es simplemente un decorado: sus pasajes, habitaciones y rincones ofrecen obstáculos y oportunidades para que cada pelea encuentre una nueva forma de complicarse.

Y vaya si se complican. Hay muebles que se hacen añicos con cualquier golpe, machetazos en la cabeza y patadas de todo tipo. Los cuerpos salen despedidos, los objetos cotidianos se convierten en armas improvisadas y los enfrentamientos se desarrollan con una contundencia física que hace que cada choque parezca capaz de dejar el escenario irreconocible. Es ese tipo de acción oriental que entiende que una buena pelea no consiste únicamente en lanzar golpes, sino en aprovechar el espacio y encadenar movimientos que mantengan al espectador pendiente de lo que ocurrirá a continuación.

Además, buena parte del atractivo recae en sus dos protagonistas femeninas. Livi Ciananta e Ismi Melinda aportan energía a una película que encuentra en sus enfrentamientos uno de sus mayores reclamos. Cuando las coreografías se ponen en marcha, la historia deja de necesitar demasiadas explicaciones: lo importante es seguir el movimiento, anticipar el siguiente golpe y comprobar cuánto más puede aguantar cada adversario.

La acción por encima de todo

‘Furia desatada’ también intenta introducir humor entre tanta violencia. Algunas situaciones funcionan como alivio cómico, aunque otras provocan más una sonrisa involuntaria que una carcajada buscada. No diría que la comedia sea su principal virtud, ni tampoco que necesite serlo. La película encuentra su identidad cuando se concentra en la acción y deja que los personajes se expresen mediante patadas, puñetazos y destrozos.

La producción de Iko Uwais se nota en esa prioridad excesiva por el combate físico y en la importancia de las coreografías. Si buscas una historia compleja, no será la opción más adecuada. Si lo que quieres es ver cómo una barriada entera se convierte en un ring y cómo los muebles pagan las consecuencias de cada combate, aquí tienes material de sobra.

Ficha de ‘Furia desatada’

Estreno en España: por determinar. Título original: Ikatan Darah. Duración: 119 min. País: Indonesia. Dirección: Tata Sidharta. Guion: Rifki Ardisha, Tata Sidharta. Música: Fajar Ahadi. Fotografía: Ferry Rusli. Reparto principal: Livi Ciananta, Derby Romero, Ismi Melinda, Teuku Rifnu, Lydia Kandou, Abdurrahman, Rama Ramdhan, Agra Piliang, Dimas Anggara. Producción: Uwais Pictures, Legacy Pictures, KG Pictures, Kebon Studio. Distribución: A Contracorriente Films. Género: acción, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘V/H/S/Mixtape’

Cuando el sonido se convierte en una pesadilla

La saga ‘V/H/S’ llega a su novena entrega con una propuesta que convierte la música y el sonido en el hilo conductor de sus pesadillas. Por supuesto, seguimos ante una antología de found footage, aunque esta vez la conexión entre los segmentos no depende únicamente de unas cintas encontradas: todo queda envuelto por las apariciones de GWAR, la banda de shock metal que ejerce de anfitriona de este particular espectáculo. El problema es que, como suele ocurrir en estas recopilaciones, hay ideas mucho más interesantes que otras y no todas consiguen convertir sus experimentos sonoros en auténtico terror.

‘Dance, Dance, Dance, Dance’: la infancia ha dejado de ser inocente

Renee Zhan abre la antología con una historia protagonizada por marionetas creadas por Jim Henson’s Creature Shop y una ejecutiva interpretada por la mítica Barbara Crampton. La intención de recuperar un antiguo programa infantil acaba convirtiéndose en una pesadilla de canciones retorcidas, muñecos asesinos y violencia desatada. Lo que empieza con una apariencia casi entrañable termina convirtiéndose en una de esas historias que parecen querer profanar nuestros recuerdos de infancia. La canción se te queda en la cabeza, pero todavía más las cosas que suceden mientras suena. Es una propuesta grotesca que juega a convertir lo infantil en algo repulsivo, hasta alcanzar un nivel de humor que recuerda a esos personajes de canadienses ‘South Park’. No es precisamente sutil, pero sabe dónde quiere golpear.

‘Another Cabin’: una pesadilla demasiado pequeña

Flying Lotus firma este brevísimo segmento en stop motion, una especie de pesadilla macabra y grosera que rompe con la estética del resto de la película. Su apariencia artesanal tiene cierto encanto, pero el resultado me parece bastante pobre en ideas.

‘Heartbeat’: el terror de escuchar demasiado

David Moreau, director de ‘MadS’, propone una de las ideas más interesantes de la película. Dos youtubers se cuelan en una instalación militar rusa abandonada, relacionada con experimentos acústicos, y terminan atrapados en un lugar donde el sonido se convierte en una amenaza. Lo más llamativo es que el episodio no necesita apoyarse en la música: trabaja con el sonido y, sobre todo, con su ausencia. Las cámaras anecoicas, diseñadas para absorber los ecos y reducir las reflexiones acústicas, ofrecen una vía de terror que el cine ha explorado mucho menos de lo que cabría esperar. Cuando desaparece el ruido exterior, el propio cuerpo puede convertirse en una fuente de sonidos inquietantes. El concepto me parece muy potente y demuestra que no hace falta recurrir a una melodía maldita para jugar con nuestros oidos. Es una de las aportaciones más interesantes de esta entrega, aunque su premisa podría haberse desarrollado todavía más.

‘The Music of Mr. Sze’: una rallada cósmica

Ernest Dickerson nos introduce en la vida de un violinista peculiar a través de un joven que documenta lo que sucede a su alrededor. La música abre la puerta a una experiencia cada vez más extraña, con imágenes y situaciones que terminan derivando hacia lo cósmico. Es una auténtica rallada. La película también juega aquí con la tecnología de las gafas que incorporan cámaras, un dispositivo cada vez más reconocible en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, ese elemento no me parece especialmente aprovechado, porque buena parte de lo que vemos podría haberse grabado igualmente con una GoPro o una cámara similar.

‘Premature Burial’: un videoclip sangriento

El segmento dirigido por Tobias Forge, líder de Ghost, es prácticamente un videoclip de metal extremo presentado en formato 4:3. Quiere recuperar la suciedad visual de ciertos vídeos musicales de otras décadas. Tiene su gracia como interludio musical y cuenta con la curiosidad de estar ligado a Forge, una figura muy reconocida dentro del metal contemporáneo. Pero, como episodio de terror, me ofrece poco más.

‘Death Tone’: la música necesita sangre

RZA cierra la tanda con uno de los episodios que más me interesan. Una joven quiere honrar el legado de su difunto padre, un productor musical, creando una pista que esté a la altura de su trabajo. Para lograrlo, acaba recurriendo a métodos cada vez más extremos y convierte la búsqueda del sonido perfecto en una espiral criminal. La idea tiene mucho gancho porque transforma el proceso creativo en una obsesión que va borrando cualquier límite moral. La violencia no aparece como un simple adorno, sino como parte del material que la protagonista pretende utilizar para componer. Puede que el desarrollo sea algo reiterativo, pero la premisa tiene personalidad y lleva hasta sus últimas consecuencias la relación entre sonido, creación y horror. Para mí, es uno de los segmentos más originales de esta entrega.

Ficha de ‘V/H/S/Mixtape’

Estreno en España: por determinar. Título original: V/H/S/Mixtape. Duración: 94 min. País: EE.UU. Dirección: Ernest R. Dickerson, Flying Lotus, Tobias Forge, David Moreau, RZA, Renee Zhan. Guion: Zoe Cooper, Ernest R. Dickerson, Matt Landsman, David Moreau, RZA. Música: GWAR, Flying Lotus, Tobias Forge (Ghost), RZA, Renee Zhan, md3beats. Reparto principal: Producción: Be Afraid Media, Bloody Disgusting, Cinepocalypse Productions, Image Nation Films, Shudder, Speed Demon, Spooky Pictures. Distribución: por determinar. Género: terror, antología. Web oficial.

Crítica: ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’

Reivindicación justa y necesaria para que el arte fantástico y actual tenga su lugar en los museos

La obra de los Royo lleva décadas hablando por sí misma demostrando una grandiosidad que en otras épocas habría sido tratada con mucha más importancia a nivel popular. Luis Royo y Rómulo Royo pertenecen a esa categoría a la que pertenecieron muchos maestros pictóricos, aunque ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’ de Mirella R. Abrisqueta parte precisamente de una reivindicación que todavía parece necesaria: ¿por qué una ilustración fantástica debería conformarse con ocupar una estantería de coleccionista cuando podría estar colgada en una galería o un museo?

El documental se acerca a dos creadores cuya influencia ha traspasado ampliamente las fronteras españolas y que han marcado a generaciones de ilustradores, lectores, publicistas y aficionados a la cultura visual. Y lo hace desde un lugar especialmente cercano: entrando en su estudio, observando cómo trabajan, descubriendo sus referencias y siguiendo el proceso mediante el que una idea termina convirtiéndose en una imagen. No se limita, por tanto, a enseñar el resultado final, sino que permite comprender el modus operandi de quienes llevan décadas haciendo de la fantasía una forma de expresión artística.

Goya como espejo

Todo el documental está vertebrado por un proyecto común: Luis Royo y Rómulo Royo viajan hasta Italia mientras desarrollan una aproximación propia al universo de Francisco de Goya. No se trata de copiar a su paisano aragonés, sino de jugar con sus obsesiones, sus monstruos, sus pesadillas y esa capacidad para encontrar lo grotesco y lo fantástico dentro de la realidad.

Ahí aparece una relación especialmente estimulante entre padre e hijo. Dos generaciones, dos sensibilidades y dos maneras de entender la creación que dialogan entre sí mientras buscan un punto de encuentro con un artista separado de ellos por más de dos siglos. El proyecto permite además comprender hasta qué punto las influencias artísticas no funcionan como compartimentos estancos: el cine, el cómic, la pintura, la literatura y la ilustración terminan alimentándose mutuamente.

Y es precisamente aquí donde el documental podría haber ido todavía más lejos. La conexión entre los Royo y Goya resulta fascinante, pero el llamado Goya fantástico merecía una investigación más profunda. Los Caprichos, Los Disparates o las Pinturas Negras ofrecen material suficiente para construir una auténtica genealogía que conecta con el fantástico español de entonces y de ahora. La película deja la sensación de que apenas estamos entrando en una habitación que podría ser muchísimo más grande, en ese sentido. Recordamos que ese proyecto es solo usado como una excusa para plasmar una vez más, y de ese modo rompiendo el desconocimiento de el público general, que estamos entre dos artistas de talla mayúscula.

Del coleccionismo al museo

Porque la verdadera reivindicación de ‘Fantasy Art’ está en otro lugar: en cuestionar la frontera entre arte considerado culto y arte considerado popular. Durante demasiado tiempo, la ilustración fantástica ha sido contemplada como un producto ligado al cómic, las portadas, los libros roleros o el heavy metal. Sin embargo, basta mirar algunas de las obras que han surgido de este ámbito para comprobar que existen imágenes con una potencia visual y técnica que no desmerecerían en una institución dedicada a las bellas artes. Hay ilustraciones que uno podría imaginar perfectamente colgadas en el Prado.

Y el reconocimiento internacional demuestra que esa frontera empieza a quedarse antigua. El universo de los Royo ha circulado mucho más allá de España y el documental recuerda también la presencia de este tipo de creación en instituciones y espacios vinculados al arte narrativo contemporáneo. La reciente apertura del Lucas Museum of Narrative Art en Los Ángeles, por ejemplo, representa precisamente esa ampliación del concepto de qué puede formar parte de un museo. Obras de artistas españoles vinculados a este ámbito han llegado ya a su colección.

También resulta interesante observar cómo ha cambiado la percepción de estos artistas en España. Lo que durante determinadas épocas podía contemplarse como una manifestación menor o estrictamente vinculada a un entretenimiento casi marginal ha ido adquiriendo otra consideración. Y si algo consigue ‘Fantasy Art’ es dejar claro que detrás de una ilustración aparentemente destinada a satisfacer la imaginación de un lector existe composición, técnica, referencias, narrativa, estudio de la anatomía, tratamiento de la luz y, sobre todo, una concepción artística.

La antípoda a vanalizar el arte moderno

La película de Abrisqueta, rodada durante dos años siguiendo este proyecto, funciona así como un puente entre generaciones y disciplinas. Pero también como una reivindicación que trasciende a sus protagonistas: la ilustración o el cómic no necesita pedir permiso para ser arte, es ARTE con mayúsculas.

Su principal limitación es precisamente la amplitud de todo aquello que plantea. Habrían sido necesarias más voces de expertos, historiadores del arte o especialistas capaces de contextualizar con mayor profundidad esa relación con Goya y explicar por qué el fantasy art ha ocupado durante tanto tiempo una posición periférica dentro de determinados circuitos artísticos. El documental aporta algunas voces externas, pero uno termina deseando más.

Aun así, ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’ cumple una función importante: conseguir que miremos de otra manera imágenes que quizá llevamos décadas mirando en librerías y convenciones. Y recordar que la fantasía ha formado siempre parte de nuestro arte. Si me permitís, como fan de la fantasía y de la obra de Royo, me siento congratulado de saber de este documental y de intentar contribuir a que en España se ubique su obra en los museos y libros de historia, como ya se hace en el extranjero donde, por ejemplo, se le ha dado un lugar en la galería de los Uffizi.

Ficha de ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’

Estreno en España: por determinar. Título original: Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya. Duración: 71 min. País: España. Dirección: Mirella R. Abrisqueta. Guion: Mirella R. Abrisqueta. Música: Pablo Urcola. Fotografía: Javier Gracia. Reparto principal: Luis Royo, Rómulo Royo, Sara Frazetta, Ciruelo Cabral, Juan Royo. Producción: Sintregua Comunicación, Cosmos Fan, Aragón TV, Laberinto Gris, Gobierno de Aragón, Ayuntamiento de Zaragoza. Distribución: por determinar. Género: documental, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Rogue Trooper’

La acidez distópica y bélica de 2000 AD recibe un justo tributo de manos de Duncan Jones

Duncan Jones me ganó en su día con ‘Moon’ al igual que conquistó al público del Festival de Sitges. Siempre le he tenido como un cineasta bastante inteligente a pesar incluso del batacazo de ‘Warcraft’. Ahora se atreve con otra adaptación de un universo de nicho, aunque esta vez no se trata de trasladar un videojuego, se adentra en un clásico de la revista británica 2000 AD, la misma publicación que dio origen a ‘Juez Dredd’. El resultado es una aventura de ciencia ficción bélica visualmente espectacular, bastante gamberra y con una sátira de la guerra que funciona mejor de lo que muchos de sus de tractores estarán reacios a reconocer.

Un cómic de 1981 con conciencia propia

‘Rogue Trooper’ adapta el cómic creado por Gerry Finley-Day y Dave Gibbons en 1981. Su protagonista es un soldado genéticamente modificado que sobrevive en un planeta devastado por una guerra interminable. Tras una emboscada que acaba con su unidad, debe cumplir una misión acompañado por las conciencias de tres compañeros fallecidos, conservadas en chips que lleva consigo e instaladas en su rifle, su casco y su mochila.

La idea de poder usar recipientes como cuerpos u objetos para depósito de una conciencia recuerda a ‘Altered Carbon’. Gunnar, Bagman y Helm siguen teniendo personalidad, opiniones y capacidad para discutir con Rogue, de modo que el equipo nunca está realmente solo. La muerte se convierte así en una presencia constante, pero también en una fuente de humor y camaradería.

Adelantándome a los espectadores actuales que buscarán el chiste rápido y fácil merece la pena recordar: el cómic original ya jugaba con la idea de cuerpos azules creados para combatir en condiciones extremas mucho antes de que ‘Avatar’ popularizara sus propios habitantes azules. Y si hablamos de Dave Gibbons, resulta inevitable pensar en el Doctor Manhattan de ‘Watchmen’, otra figura de apariencia azul asociada a una transformación radical de la condición humana. Consciente o no de ello, cuando el protagonista de esta película torna blancos sus ojos es clavadito al personaje que hemos visto en los cómics y en la adaptación de Zack Snyder..

La guerra como espectáculo excesivo y absurdo

Uno de los mayores aciertos de la película es su combinación de acción militar, comedia y crítica bélica. Los soldados obedecen órdenes, sobreviven como pueden y se ven atrapados en un conflicto cuya lógica parece haberse perdido hace mucho tiempo. La guerra funciona como una maquinaria que consume vidas mientras alguien sigue encontrando motivos para mantenerla en marcha.

En ese sentido, ‘Rogue Trooper’ puede recordar a ‘Starship Troopers’, por su capacidad para convertir el espectáculo bélico en una sátira, o a ‘Borderlands’, por el tono gamberro, los personajes estrafalarios y la violencia desatada. No diría que la película tenga la misma carga política que se puede encontrar en otras obras de ciencia ficción militar. El cómic original tenía referencias a conflictos históricos, incluida la Guerra de Secesión estadounidense, pero aquí el discurso se concentra más en el absurdo de la guerra y en el coste humano de un enfrentamiento interminable que en establecer paralelismos políticos concretos.

Y eso no significa que la crítica desaparezca. La película sabe reírse de la lógica militar, de la mercantilización del conflicto y de una sociedad que convierte a sus soldados en recursos reemplazables. Lo hace sin renunciar a la diversión ni convertir cada escena en un sermón. La sátira y la comedia funcionan como parte del espectáculo, no como un añadido que interrumpe la aventura.

Una inevitable sensación de videojuego

Visualmente, ‘Rogue Trooper’ es una pasada. Los colores radiactivos, los paisajes apocalípticos y las atmósferas contaminadas construyen un mundo que parece sacado de una partida de videojuego. La animación tiene una estética digital muy marcada, con personajes y escenarios que por momentos recuerdan a una cinemática de gran presupuesto. Para las nuevas generaciones, la película puede funcionar como un episodio largo de ‘Love, Death & Robots’ o de ‘Secret level’ con su mezcla de ciencia ficción adulta, violencia y experimentación visual.

El proyecto se apoyó inicialmente en Unreal Engine 5, aunque durante la producción Jones y su equipo tuvieron que recurrir también a otras herramientas para conseguir el resultado que buscaban. Es un detalle relevante: más que una película hecha exclusivamente con un motor de videojuegos, estamos ante una producción que explora las posibilidades de esa tecnología dentro de una animación cinematográfica híbrida.

También resulta interesante el reparto. Los protagonistas no son necesariamente nombres conocidos para el gran público, pero entre las voces secundarias aparecen intérpretes tan reconocibles como Sean Bean, Hayley Atwell, Matt Berry y Diane Morgan. Sus interpretaciones ayudan a dar personalidad a un universo en el que incluso una mochila o un casco pueden convertirse en compañeros de aventuras.

‘Rogue Trooper’ no necesita ser una revolución narrativa para funcionar: tiene acción, humor, una crítica bélica efectiva y una identidad visual arrolladora. Lo mejor es que todo ese despliegue parte de un cómic de 1981 que todavía tiene ideas capaces de sorprender con potencial además de crossovers. Ojalá que como mínimo se convierta en saga.

Ficha de ‘Rogue Trooper’

Estreno en España: por determinar. Título original: Rogue Trooper. Duración: 125 min. País: Reino Unido. Dirección: Duncan Jones. Guion: Duncan Jones. Música: Bear McCreary. Fotografía: Daniel Atherton. Reparto principal (doblaje original): Aneurin Barnard, Alice Lowe, Jack Lowden, Hayley Atwell, Sean Bean,  Peter Serafinowicz, Matt Berry, Asa Butterfield, Jemaine Clement, Diane Morganv, Daryl McCormack, Reece Shearsmith, Tanya Moodie, Adrian Edmondson. Producción: Liberty Films Entertainment, Rebellion Developments Ltd., Treehouse Digital. Distribución: por determinar. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘The Spiral’

Muy bien armada, te gustará si eres fan de giros a lo Shyamalan u Oriol Paulo

En ‘The Spiral’, Paolo Strippoli construye una fábula oscura en la que los secretos, los pactos y las trampas al destino terminan convirtiendo la aparente perfección familiar en una pesadilla. Una historia con ecos bíblicos y de cuento maldito que juega con una idea tan antigua como efectiva: nada sale gratis cuando jugamos con lo sobrenatural al intentar cambiar lo que nos ha tocado vivir.

Una familia perfecta y demasiados secretos

La película consiste en la confesión de una madre a una hija ya adulta. Años atrás, tras un accidente que puso en peligro la pierna de la niña, selló un pacto con una misteriosa desconocida. Lo que parecía una solución milagrosa acabará pasando factura a toda la familia. Ya simplemente con la sinopsis tenemos un sabor a cuento. Por otro lado, aunque se sugiere constantemente el componente sobrenatural no dejo de resistirme a mantener abierta la posibilidad de que todo sea una locura de la madre para conseguir explicar todo lo que le ha sucedido a lo largo de su vida.

Teorías mías aparte. Strippoli divide el relato en cuatro capítulos que van reconstruyendo los acontecimientos desde diferentes momentos y perspectivas. La estructura retrospectiva permite que cada nueva pieza de información modifique lo que creíamos saber, mientras la imagen de esa familia aparentemente perfecta se va desmoronando, cayendo en espiral, ahí está una de las explicaciones al cambio del título original (‘L’estranea’).

El planteamiento tiene algo de fábula bíblica, con su combinación de culpa, tentación y castigo, pero también remite a una tradición muy reconocible del terror. El mecanismo recuerda a ‘La pata de mono’, ‘Cementerio de animales’ o ‘Wishmaster’: alguien intenta esquivar una desgracia, obtener algo que parece imposible o corregir un error, pero las condiciones del trato terminan revelándose mucho más perversas de lo esperado.

El misterio no siempre basta

La estructura en capítulos es uno de los elementos más interesantes de ‘The Spiral’, porque dosifica la información y convierte la historia familiar en un puzle. Sin embargo, ese mismo recurso también puede dar la sensación de que la película depende demasiado de sus revelaciones hasta hacerse limítrofe con el cine de Shyamalan o de Oriol Paulo, dos yonkis de los plot tuist en la prórroga.

Uno de los puntos que más me alejan de la película por mucho que el armazón sea bueno es el personaje interpretado por Valeria Bruni Tedeschi. Se supone que debe conservar un halo de misterio, y revelar demasiado pronto su naturaleza sería perjudicar el desarrollo de la historia. El problema es que, en mi caso, esa indefinición no termina de traducirse en una presencia verdaderamente inquietante. Me cuesta creerme al personaje y echo en falta una fuerza, una extrañeza o una amenaza que justifique mejor el peso que tiene dentro del relato. Quizá influya que hablamos de una actriz reconocida, de la que esperaba una interpretación mayor. Por el contrario, Jasmine Trinca, me parece soberbia asimilando todo el protagonismo que le da el libreto.

Una espiral que no termina de atraparme

Cada intento de corregir lo sucedido abre nuevas grietas y empuja a los personajes hacia consecuencias cada vez más difíciles de controlar. La película tiene ingredientes para construir un relato de terror adulto, con resonancias de las viejas fábulas morales y una historia que utiliza el misterio para hablar de la culpa, las decisiones y el precio de intentar controlar el destino. Pero una buena premisa no garantiza una experiencia redonda. Incluso su gancho nostálgico con la historia reciente se me queda corto, excesivamente local.

Que Italia haya escogido ‘The Spiral’ para representarla en los Oscar es un dato llamativo, pero no hace que la película me convenza más. Personalmente, no la veo a la altura de otras candidatas como ‘La bola negra’. Strippoli propone un juego de pactos y consecuencias con posibilidades, pero la espiral en la que nos introduce no termina de atraparme.

Ficha de ‘The Spiral’

Estreno en España: por determinar. Título original: L’estranea. Duración: 115 min. País: Italia. Dirección: . Guion: Paolo Strippoli, Salvatore de Chirico. Música: Robin Coudert. Fotografía: Cristiano Di Nicola. Reparto principal: Jasmine Trinca, Romana Maggiora Vergano, Adriano Giannini, Valeria Bruni Tedeschi. Producción: Propaganda Italia, Dinamo Film, Rai Cinema, Kazak Productions, Tarantula, Shelter Prod, BeTV, Orange, Proximus, MiC, Natixis Coficiné. Distribución: La Aventura. Género: drama, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Salmokji Whispering Water’

Otro fantasma más bajo el agua

El terror asiático lleva décadas demostrando que un fantasma de pelo largo, una cara blanca emergiendo de la oscuridad y una cámara que registra aquello que el ojo humano no percibe pueden seguir funcionando. El problema es que también llevamos décadas viendo exactamente lo mismo. ‘Salmokji: Whispering Water’, de Lee Sang-min, parece llegar al cine desde una máquina del tiempo que se hubiese quedado detenida a principios de los años 2000. Metraje encontrado, apariciones espectrales, doppelgängers, lugares encantados y una fotografía tan oscura que en ocasiones cuesta distinguir qué está ocurriendo. Todo ello con la peculiaridad de incorporar cámaras 360, GoPros y otras herramientas contemporáneas que no consiguen evitar la sensación de estar ante una producción bastante low cost.

El título hace referencia al embalse real de Salmokji, situado en el condado de Yesan, en la provincia de Chungcheong del Sur, Corea del Sur. Un escenario que podría haber servido para construir una atmósfera verdaderamente inquietante, pero que termina siendo prácticamente otro decorado para una colección de recursos que el cine de terror oriental lleva explotando durante demasiado tiempo. Dado el resultado dudo que haya una peregrinación como la que hubo en su día a Aokigahara.

Tecnología moderna para un terror de segunda mano

La película intenta enfrentar lo rural con lo urbano, el escepticismo con la superstición y la tecnología moderna con las creencias ancestrales, pero ninguna de estas ideas alcanza suficiente profundidad como para sacar a ‘Salmokji: Whispering Water’ de la mediocridad.

Resulta curioso que una película que pretende servirse de tecnología actual tenga una factura tan modesta. Las cámaras 360 y las GoPros ofrecen posibilidades interesantes para introducir al espectador dentro del espacio y convertirlo en testigo directo de los acontecimientos, pero el recurso termina siendo más llamativo por su presencia que por el uso intermitente que se hace de él.

‘Salmokji: Whispering Water’ recurre a prácticamente todo el catálogo del terror asiático contemporáneo: oscuridad, silencios, apariciones repentinas, grabaciones inquietantes, cuerpos que aparecen donde no deberían y, cómo no, fantasmas con el cabello cubriendo parcialmente el rostro. El problema no es utilizar estos recursos, sino que apenas existe una personalidad detrás de ellos. Son herramientas que hemos visto tantas veces que necesitan una puesta en escena especialmente inspirada para volver a provocar miedo.

La excepción se encuentra prácticamente al final, con una secuencia subacuática que consigue elevar momentáneamente el nivel de la propuesta. El agua proporciona una sensación de amenaza mucho más efectiva y permite que el espacio se convierta realmente en algo opresivo. Es probablemente el momento en el que ‘Salmokji: Whispering Water’ demuestra lo que podría haber hecho con mayor imaginación durante el resto del metraje.

Entre la superstición y el escepticismo

Uno de los elementos que más posibilidades ofrecía era el enfrentamiento entre dos mundos. Por un lado, tenemos a personajes procedentes de un entorno urbano y acostumbrados a confiar en cámaras, dispositivos y explicaciones racionales. Por otro, el embalse pertenece a un espacio rural en el que las leyendas y las creencias ancestrales tienen todavía un peso considerable.

La película juega también con el contraste entre lo actual y lo arcaico. La tecnología sirve para registrar aquello que sucede, pero no necesariamente para comprenderlo. Es una idea apropiada para una historia de metraje encontrado: podemos grabar un fantasma, pero eso no significa que sepamos qué es ni por qué está allí.

Pero tampoco esta dimensión termina de salvar la película. La oposición entre lo rural y lo urbano, entre creyentes y escépticos, podría haber servido para construir una reflexión más interesante sobre la desaparición de las tradiciones o sobre nuestra obsesión contemporánea por registrar absolutamente todo. En cambio, queda principalmente como un recurso argumental más.

Ficha de ‘Salmokji Whispering Water’

Estreno en España: por determinar. Título original: Salmokji. Duración: 135 min. País: Corea del Sur. Dirección: Lee Sang-min. Guion: Lee Sang-min. Reparto principal: Kim Hye Yoon, Lee Jong Won, Kim Joon Han, Kim Young Sung, Oh Dong Min, Yoon Jae Chan, Jang Da Ah. Producción: The Lamp. Distribución: por determinar. Género: terror.

Crítica: ‘Future tense’

Plantea con acierto como la nostalgia climática está cada vez más cerca

Ha llegado la nostalgia climática. En un futuro cercano en el que el planeta se encuentra al borde del colapso medioambiental, los más privilegiados pueden permitirse viajar en el tiempo para escapar de un mundo que se desmorona. Ya no basta con añorar la infancia, idealizar otras épocas o fantasear con una vida más sencilla: ahora el pasado se convierte en un destino turístico y la naturaleza intacta, en un lujo reservado para quienes pueden pagarlo. ‘Future Tense’, de Jenna Cato Bass, parte de esta idea de ciencia ficción para construir una reflexión ecologista que señala directamente a las raíces coloniales de nuestra sociedad.

Un viaje al pasado para escapar del futuro

Lwando y Tara son una pareja interracial que vive en una Sudáfrica amenazada por la catástrofe climática. Ambos consiguen una estancia temporal en 1647, cuando el territorio todavía no ha sufrido la colonización europea que marcaría su historia. Lo que parece una escapada romántica a un mundo natural sin contaminar esconde, sin embargo, intenciones muy diferentes.

La premisa resulta especialmente sugerente porque convierte el viaje temporal en una especie de turismo de lujo. Quienes pueden permitírselo escapan de las consecuencias de un modelo de vida insostenible, mientras el resto permanece atrapado en un presente cada vez más inhabitable. La desigualdad no desaparece con la tecnología, sino que encuentra nuevas formas de manifestarse. Incluso la posibilidad de visitar un pasado sin devastación ambiental se transforma en otro privilegio económico.

Bass no necesita grandes exhibiciones de tecnología futurista para desarrollar esta idea. La ciencia ficción funciona como marco para una historia mucho más íntima, en la que las diferencias entre los protagonistas terminan siendo tan importantes como el conflicto histórico que los rodea. ¿Es posible salvar el mundo sin destruir aquello que uno tiene más cerca? ¿Hasta qué punto podemos imponer nuestra visión del futuro a los demás?

El colonialismo también tiene consecuencias climáticas

El corazón político de ‘Future Tense’ está en su revisión del colonialismo europeo y de sus consecuencias, es decir, esta película es de corte determinista. La película relaciona la devastación medioambiental con un proceso histórico en el que territorios, personas y recursos naturales fueron sometidos a los intereses de quienes llegaban con la intención de apropiárselos.

No se trata únicamente de lamentar lo que sucedió siglos atrás. La película plantea que el presente no puede entenderse sin mirar esas estructuras de poder y que la crisis ecológica tampoco es un accidente aislado de la historia. La explotación de la naturaleza y la de las poblaciones colonizadas forman parte de una misma lógica: extraer todo lo posible sin asumir las consecuencias para quienes vienen después.

En ese sentido, el viaje al pasado es una fantasía cargada de contradicciones. Los turistas quieren disfrutar de paisajes vírgenes, pero esa posibilidad existe precisamente porque el pasado se ha convertido en un producto comercial. La película también introduce de soslayo la brecha entre ricos y pobres: unos tienen recursos para huir de la catástrofe, mientras otros ni siquiera pueden elegir dónde vivir.

La historia de la humanidad dentro de una pareja

Pese a sus ambiciones políticas, ‘Future Tense’ no pierde de vista a sus dos protagonistas. La relación entre la pareja sirve como reflejo emocional de los conflictos que plantea el relato. Ambos viajan juntos, pero no persiguen necesariamente el mismo destino. Sus diferencias van más allá de sus expectativas para las vacaciones y ponen en cuestión qué significa compartir un futuro con otra persona cuando ni siquiera se está de acuerdo sobre cómo debería ser ese futuro.

Jenna Cato Bass, que ya exploró las huellas del pasado sudafricano en ‘Good Madam’, vuelve a combinar elementos de género con cuestiones históricas y sociales. Aquí la ciencia ficción no se utiliza para construir un espectáculo de paradojas temporales, sino para acercarse a la culpa, la identidad y la posibilidad de reparar el daño heredado. El componente emocional es fundamental: las grandes ideas adquieren sentido cuando repercuten en las decisiones y los vínculos de personas concretas.

Ficha de ‘Future tense’

Estreno en España: por determinar. Título original: Future tense. Duración: 95 min. País: Sudáfrica. Dirección: Jenna Cato Bass. Guion: Jenna Cato Bass. Fotografía: Jared Paisley. Reparto principal: Lawrence Maleka, Kristen Raath, Qondiswa James. Producción: AmorFortuna, Causeway Films, Dancing Fox, Fox-Fire Films, The National Films and Video Foundation of SA. Distribución: por determinar. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Wildwood’

En qué plataforma ver Wildwood

Una maravilla artesanal que parece imposible

La nueva aventura de Laika dirigida por supuesto por Travis Knight, pertenece a esas obras que asombran por su potencial técnico, a niveles de maestría artesanal. El stop-motion alcanza aquí una fluidez asombrosa: los movimientos resultan tan naturales, los cambios de escenario están tan integrados y los elementos meteorológicos se comportan con tanta precisión que, por momentos, cuesta creer que estemos viendo marionetas y decorados físicos en lugar de animación generada por ordenador.

Para apreciar la verdadera dimensión del trabajo hay que fijarse en los detalles, en la cantidad de elementos que se mueven simultáneamente y en cómo cada plano parece tener vida propia. No es solo una cuestión de perfección técnica, sino de una artesanía que convierte cada escena en un pequeño milagro. La producción ha requerido años de trabajo y una complejidad extraordinaria, mientras Knight compaginaba el proyecto con ‘Masters del Universo’. El resultado es una demostración de hasta dónde puede llegar una técnica que, lejos de quedarse anticuada, sigue encontrando nuevas formas de asombrarnos.

Un bosque mágico en el corazón de Portland

A diferencia de ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’, que construía una aventura de inspiración mitológica en un mundo fantástico, ‘Wildwood’ parte de un lugar reconocible. La historia transcurre en Portland, Oregón, ciudad vinculada a la identidad del estudio Laika, y se adentra en los bosques que esconden una civilización secreta. Cuando una bandada de cuervos secuestra al hermano pequeño de Prue, la protagonista se interna en ese territorio desconocido para intentar rescatarlo, acompañada por su amigo Curtis.

El bosque no es simplemente un escenario bonito por el que avanzar de una peripecia a otra. Es un mundo con sus propias reglas, poblado por animales parlantes, criaturas peculiares y comunidades que han desarrollado una vida al margen de la sociedad moderna. Se recupera así ese concepto de bosque repleto de secretos que hemos visto en tantas y tantas historias.

La elección de Portland como punto de partida refuerza la sensación de que la magia puede encontrarse al otro lado de una frontera cotidiana. La ciudad y su entorno verde no son una postal intercambiable, sino el origen de una fantasía que parece crecer desde el propio paisaje. En ese sentido, resulta curioso que el título remita a un bosque salvaje cuando ese mismo bosque alberga una civilización organizada, con jerarquías, conflictos y tradiciones propias.

Ecos de los cuentos clásicos

El imaginario de ‘Wildwood’ mezcla animales antropomórficos y bosques de cuento con una estética que evoca la Europa de los siglos XVIII y XIX, entre vestimentas de aire antiguo, nombres, personajes excéntricos y una fantasía que parece beber de leyendas populares. Hay algo de los relatos asociados a Baba Yaga y a otras figuras del folclore eslavo, con ese equilibrio entre fascinación y amenaza que convierte el bosque en un lugar donde cualquier cosa puede suceder.

En cuanto al guion, sin embargo, la película no resulta tan revolucionaria como su despliegue visual. Su viaje iniciático, sus alianzas inesperadas y la lucha por rescatar a un ser querido recuerdan a clásicos de la aventura fantástica como ‘Dentro del laberinto’, ‘Las crónicas de Narnia’ o ‘Willow’. Laika demuestra una vez más su capacidad para construir universos envolventes, pero la estructura narrativa se apoya en caminos bastante familiares. La originalidad reside menos en el recorrido que en la forma de hacerlo tangible.

La música de Dario Marianelli contribuye a dar personalidad a este universo, mientras que The Decemberists, la banda liderada por Colin Meloy, autor de la novela original junto a la ilustradora Carson Ellis, aporta canciones que conectan la película con sus raíces literarias y musicales. Esa combinación ayuda a que el bosque tenga una identidad propia, entre la fantasía clásica y una sensibilidad contemporánea.

‘Wildwood’ puede no reinventar el cuento de aventuras, pero convierte sus referencias en una experiencia visual extraordinaria. Cada criatura, cada textura y cada cambio de luz parecen reclamar que nos detengamos a observarlos. Es una obra de arte artesanal que recuerda que la animación no necesita abandonar lo físico para alcanzar lo imposible. Al contrario: aquí son precisamente las huellas del trabajo manual, multiplicadas hasta niveles casi inconcebibles, las que hacen que la magia parezca real.

Ficha de ‘Wildwood’

Estreno en España: 23 de octubre de 2026. Título original: Wildwood. Duración: 132 min. País: EE.UU. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler. Música: Dario Marianelli. Fotografía: Caleb Deschanel. Reparto principal (doblaje original): Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Jake Johnson, Charlie Day, Jemaine Clement, Richard E. Grant. Producción: Laika Studios. Distribución: Beta Fiction Spain. Género: fantástico, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Kakeru’

En qué plataforma ver Kakeru

Un robot para reparar lo irreparable

Elon Musk quiere que los robots humanoides formen parte de nuestra vida cotidiana. Tesla presenta Optimus como una máquina capaz de ayudarnos con tareas domésticas y recados, mientras Musk ha llegado a plantear su comercialización para el público antes de finales de 2027. Es una visión tecnológica, industrial y comercial del futuro. ‘Kakeru’, de Hirokazu Koreeda, parte de una idea parecida pero se encuentra en las antípodas de ese carácter comercial y megalómano: aquí un humanoide no llega para hacer la compra ni para limpiar la casa, sino para ocupar el lugar de alguien que ya no está. Está claro que si alguien sabe dialogar con las máquinas desde los sentimientos esos son los japoneses.

Estamos en un futuro en el que se pueden hacer por encargo niños y un pareja que perdió a su vástago de 7 años ve en ello el parche perfecto. La premisa podría parecer una versión japonesa y contemporánea de ‘Inteligencia artificial’ o de ‘El hombre bicentenario’, especialmente por su exploración de los vínculos afectivos entre humanos y criaturas artificiales, pero Koreeda desplaza rápidamente el interés desde la inteligencia artificial hacia algo mucho más antiguo: el duelo.

Porque el verdadero conflicto no es si Kakeru puede comportarse como un ser humano. La cuestión es qué ocurre cuando alguien que hemos perdido vuelve a presentarse ante nosotros con el mismo rostro. Otone encuentra en él una oportunidad para recuperar la vida que le fue arrebatada, mientras Kensuke mantiene una distancia mucho mayor. El robot se convierte así en el punto de fractura de una pareja que ya estaba viviendo el duelo de maneras diferentes.

El electrodoméstico que ocupa el lugar de un hijo

Una de las mejores decisiones de Hirokazu Koreeda consiste en tratar al humanoide como un producto de consumo. Una empresa puede reconstruir la imagen y el comportamiento de un ser querido a partir de fotografías, vídeos y otros datos para entregar un sustituto artificial. Es, en cierto modo, un electrodoméstico diseñado para suplir una ausencia que a priori la humanidad nunca ha podido reparar.

Y ahí aparece el auténtico debate de ‘Kakeru’. ¿Puede la tecnología funcionar como terapia ante una pérdida que el ser humano nunca ha sabido solucionar? ¿Puede facilitar el proceso de duelo ofreciendo una presencia que permita recuperar temporalmente aquello que se ha perdido? ¿O simplemente crea una dependencia emocional que convierte el duelo en una obsesión y aplaza indefinidamente la aceptación de la muerte?

Koreeda no necesita convertir estas preguntas en un debate tecnológico convencional. Su interés está en observar cómo cambia la relación entre los personajes. Kakeru consigue que la madre vuelva a sonreír, pero también puede impedir que acepte que su hijo murió. El padre, en cambio, intenta recordar constantemente que aquella criatura no es su hijo. La misma máquina puede ser interpretada como una herramienta terapéutica, un milagro, una estafa emocional o un parche carísimo.

Es una cuestión especialmente coherente con la trayectoria del director de ‘Un asunto de familia’, uno de los cineastas japoneses contemporáneos con mayor reconocimiento internacional. Koreeda lleva años explorando las relaciones familiares, la ausencia, los vínculos que se construyen más allá de la sangre y aquello que convierte a un grupo de personas en una familia. En ‘Kakeru’, la inteligencia artificial simplemente proporciona una nueva herramienta para continuar preguntándose lo mismo.

La oveja que no podemos ver

El título internacional, ‘Sheep in the Box’, proporciona una de las claves más bonitas de la película. La referencia procede de ‘El principito’, concretamente del momento en que el narrador, incapaz de dibujar la oveja que le pide el pequeño príncipe, dibuja una caja y le explica que el animal está dentro. La película utiliza esa imagen como metáfora del propio Kakeru: podemos verlo por fuera, pero nunca podemos saber qué hay realmente dentro.

Kakeru es simultáneamente un robot, un recuerdo, una proyección de los deseos de sus padres y un niño que está descubriendo el mundo por primera vez. Ahí está probablemente la mayor virtud conceptual del filme: aquello que los personajes ven en él depende de aquello que necesitan encontrar.

El problema es que, precisamente por querer convertir su reflexión en una fábula humanista y universal, ‘Kakeru’ se aleja de una posible lectura más concreta sobre la sociedad japonesa. Japón tiene una población muy envejecida y lo último que necesita es cambiar a sus niños por máquimnas. En ese sentido, ‘Plan 75’, de Chie Hayakawa, resulta una aproximación más directamente vinculada a las tensiones demográficas y sociales del Japón contemporáneo. Y no es que la película no tenga un altísimo componente de cultura japonesa. Es altamente nipona tanto en su sensibilidad como en su manera de observar las relaciones familiares. pero su discurso pretende ser tan universal que en ocasiones pierde la oportunidad de profundizar en aquello que hace específicamente japonesa su premisa.

Kore-eda no está realmente hablando de robots. Está hablando de nosotros. De nuestra incapacidad para aceptar la desaparición de quienes amamos y de nuestra tendencia a construir sustitutos, recuerdos y rituales para mantenerlos presentes. Y esa puede ser la cuestión más incómoda que deja ‘Kakeru’: si pudiéramos tener delante una copia perfecta de alguien que hemos perdido, ¿estaríamos recuperando a esa persona o simplemente comprando una manera de no aceptar que se ha ido?

Ficha de ‘Kakeru’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Hako no naka no hitsuji. Duración: 126 min. País: Japón. Dirección: Hirokazu Koreeda. Guion: Hirokazu Koreeda. Música: Taku Matsushiba. Fotografía: Ryûto Kondô. Reparto principal: Daigo, Rimu Kuwaki, Haruka Ayase. Producción: Gaga Communications Inc, Toho Studios, AOI Pro. Distribución: Vértigo Films. Género: ciencia ficción, drama. Web oficial.