Llega a España Diamond Films+

Diamond Films abre canal en Prime Video

La oferta de plataformas de streaming en España suma un nuevo protagonista. Diamond Films+, el canal de suscripción impulsado por la distribuidora Diamond Films, ya está disponible para los usuarios españoles a través de Prime Video, ofreciendo un catálogo centrado en algunas de las películas más destacadas que la compañía ha distribuido en cines durante los últimos años.

Después de consolidar su presencia en países como México, Brasil, Chile y Colombia, el servicio aterriza ahora en España con una propuesta pensada para los aficionados al cine que buscan tanto grandes producciones comerciales como títulos independientes reconocidos por la crítica.

En lugar de apostar por un único género, Diamond Films+ reúne películas de acción, suspense, terror, drama, romance, comedia y cine de autor, configurando una biblioteca que pretende satisfacer tanto al espectador ocasional como al cinéfilo más exigente.

Un catálogo que combina grandes éxitos recientes y películas premiadas

Entre las primeras incorporaciones destacan algunos de los títulos más populares distribuidos por la compañía en los últimos años. Los aficionados al cine de acción encontrarán películas como ‘John Wick 4’, ‘Beekeeper: El Protector’, ‘Greenland: El Último Refugio’ o ‘Juego de Ladrones. El Atraco Perfecto’, mientras que quienes prefieran propuestas más premiadas podrán acceder a obras como ‘Moonlight’, ganadora del Oscar a la Mejor Película, o ‘Ferrari’, dirigida por Michael Mann.

El catálogo también reserva un espacio importante para el terror contemporáneo con producciones como ‘Háblame’, convertida en uno de los grandes fenómenos del género en los últimos años, e ‘Immaculate’, protagonizada por Sydney Sweeney, además de La Huérfana: Primer Asesinato.

Por otro lado, el público más joven podrá encontrar reunidas las cinco entregas de la saga ‘After’, uno de los mayores fenómenos románticos de la última década.

Nuevos estrenos todas las semanas

Uno de los aspectos en los que Diamond Films quiere diferenciarse es en la actualización constante de su catálogo. La plataforma ha confirmado que incorporará nuevos títulos semanalmente, ampliando progresivamente una biblioteca que irá creciendo con producciones internacionales de distintos géneros.

Este modelo busca convertir el canal en una opción recurrente para los suscriptores de Prime Video que desean descubrir nuevas películas sin limitarse exclusivamente a los grandes estrenos de las plataformas tradicionales.

Una apuesta por el cine de calidad en streaming

Con Diamond Films+, la distribuidora da un paso más en su estrategia internacional, trasladando al entorno digital buena parte del material que ha agrupado bajo su paraguas. La llegada del canal supone además una oportunidad para recuperar películas que tuvieron trayectoria en salas y reunir en un mismo espacio tanto éxitos comerciales como producciones independientes que, en muchos casos, encontraron una gran acogida entre la crítica y/o el público.

Con un catálogo que seguirá creciendo durante los próximos meses y una programación pensada para todos los gustos, Diamond Films+ se incorpora al ecosistema de Prime Video como una nueva alternativa para quienes buscan descubrir cine de calidad sin salir de la plataforma.

Crítica: ‘La muerte de Robin Hood’

En qué plataforma ver La muerte de Robin Hood

Una contextualización del mito que no lo mata, sino que lo revisa desde una incomodidad realista

La coincidencia resulta casi macabra. Justo cuando llega a los cines ‘La muerte de Robin Hood’, una película que reflexiona sobre el ocaso de uno de los personajes más importantes de la tradición popular anglosajona, hemos conocido la muerte del Major Oak, el legendario árbol de Sherwood asociado durante siglos a las historias del arquero forajido. Más de mil años de historia convertidos en madera muerta. No deja de parecer una retorcida campaña promocional diseñada por algún departamento de marketing especialmente inspirado, aunque la realidad, por desgracia, sea mucho más triste. El símbolo muere mientras el cine se dispone a narrar el final del hombre que inspiró todo.

Dada la tonalidad de la cinta creo que tendrá muchos detractores. Y sin ánimo de hacer de abogado del diablo he de decir que me ha engatusado su visión. Además, acudí con ganas a verla y me esperaba ya algo así de lúgubre pues todo parte de la idea del director Michael Sarnoski. El director ya había demostrado en ‘Pig’ una sensibilidad extraordinaria para explorar al ser humano, además de conseguir algo que no siempre resulta sencillo: extraer una de las mejores interpretaciones de la carrera reciente de Nicolas Cage. Más tarde confirmó su talento para el cine de gran presupuesto con ‘Un lugar tranquilo: Día 1’. Ahora utiliza ambas experiencias para construir una obra que se mueve entre el drama existencial, el relato medieval y la revisión de un estándar del heroísmo.

El Robin Hood que podría haber existido

Quien espere una nueva aventura heroica protagonizada por el arquero de Sherwood probablemente salga desconcertado. ‘La muerte de Robin Hood’ pertenece a esa corriente de películas empeñadas en desmontar mitos para encontrar la humanidad que se esconde detrás de ellos. En ese sentido conecta con propuestas como ‘El regreso de Ulises’, ‘El hombre del norte’ o ‘Beowulf & Grendel’. Resulta curioso que las dos últimas estén vinculadas también a la familia Skarsgård, cuya presencia vuelve a aparecer aquí mediante Bill Skarsgård interpretando a Edward, una reinterpretación de Little John.

La intención de Sarnoski no es narrar la leyenda, sino preguntarse cómo pudo surgir. ¿Qué clase de hombre real habría inspirado siglos de canciones, cuentos y exageraciones? La respuesta es profundamente incómoda. Su Robin Hood está lejos de ser un héroe romántico. Es un hombre envejecido, marcado física y moralmente por una vida de violencia, robos y muertes. Un personaje que contempla el peso de sus actos mientras busca irse con las botas puestas.

Lo interesante es que la película nunca abandona esa perspectiva realista. Cada enfrentamiento, cada decisión y cada conflicto parecen diseñados para alejarse de la fantasía aventurera tradicional. No hay espacio para hazañas imposibles ni para discursos idealizados. Lo que encontramos es barro, sangre y supervivencia. Una Edad Media hostil donde la violencia tiene consecuencias físicas y emocionales.

La película no cae en el cinismo absoluto. Existe una cierta nobleza trágica en este Robin Hood que se niega a rendirse a la figura que han creado sus propias mentiras. Y aunque la película imagina libremente numerosos aspectos de la leyenda, mantiene una ligera fidelidad al espíritu del desenlace tradicional asociado al personaje.

Hugh Jackman lidera un reparto excepcional

Uno de los grandes aciertos del filme es su reparto. Hugh Jackman encuentra aquí uno de esos personajes que parecen escritos específicamente para un actor que ha alcanzado cierta madurez artística. Por otro lado si lo pensamos bien esta película habría encajado perfectamente con su adorado personaje de Marvel. Su Robin Hood combina dureza, cansancio, culpa y determinación. El actor desaparece prácticamente tras una barba y unas cicatrices que propiciaron que la propia Jodie Comer reconociese que apenas lo identificó durante los primeros días de rodaje.

A su lado encontramos a una magnífica Jodie Comer como Brigid, probablemente el personaje más importante para comprender la dimensión humana del protagonista. La actriz vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más sólidas de su generación, aportando sensibilidad y fuerza a un papel que evita cualquier simplificación.

Bill Skarsgård también aporta presencia y carisma en esta reinterpretación de Little John. Su personaje funciona como recordatorio constante del pasado compartido y de las consecuencias de una vida construida alrededor de la violencia. Pero sobretodo para dar pie a un personaje infantil que se acaba convirtiendo en crucial.

Una elegía medieval acompañada por una música extraordinaria

Si visualmente la película apuesta por la crudeza, su apartado musical opta por la melancolía. La banda sonora compuesta por el músico Jim Ghedi se convierte en uno de los elementos más destacados del conjunto. Sus composiciones acústicas, oscuras y profundamente folk acompañan la narrativa como si fueran antiguas baladas transmitidas de generación en generación.

Las melodías evocan ocasionalmente ecos medievales, especialmente gracias al uso de instrumentos y texturas sonoras cercanas a gaitas, violines y arreglos tradicionales. Sin embargo, Ghedi evita cualquier tentación épica. Su música habla constantemente de pérdida, de memoria y de la inevitabilidad del paso del tiempo.

Y quizás ahí reside la verdadera esencia de ‘La muerte de Robin Hood’. No es una película sobre un héroe legendario. Es una película sobre lo que ocurre cuando la leyenda desaparece y sólo queda el hombre. Sobre cómo los relatos transforman a las personas en símbolos y cómo esos símbolos terminan sobreviviendo a quienes los inspiraron.

Sin rigor mitológico, pero quizás si histórico

Michael Sarnoski entrega una obra sombría, violenta y profundamente reflexiva que probablemente dividirá a quienes busquen una aventura tradicional o sean mitómanos. Sin embargo, para quienes disfrutan de las reinterpretaciones terrenales del mito y de los relatos crepusculares sobre héroes envejecidos, estamos ante una propuesta fascinante aunque con algunos momentos de deriva y de prolongación innecesaria.

Quizá Robin Hood nunca fue exactamente como nos lo contaron. Pero si alguna vez existió alguien capaz de inspirar esta figura heróica, seguramente se parecería bastante al hombre que Hugh Jackman interpreta aquí. Sarnoski entiende que un hombre criado en la crudeza medieval difícilmente podía responder a los conflictos con el idealismo romántico que le atribuyen las leyendas posteriores. Su temperamento frío y agresivo es, en gran medida, el reflejo de una época donde la fuerza y la violencia marcaban el rumbo de la historia y los cuentos.

Ficha de ‘La muerte de Robin Hood’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: The Death of Robin Hood. Duración: 123 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Sarnoski. Guion: Michael Sarnoski. Música: Jim Ghedi. Fotografía: Patrick Scola. Reparto principal: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Fatih Delaney. Producción: Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Lady Nazca’

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Las líneas de Nazca son un tesoro y una herencia cultural, pero Dorsaz consigue convertirlas en un viaje hacia la identidad

Hay películas que buscan resolver misterios y otras que entienden que el verdadero interés está en quienes los contemplan. ‘Lady Nazca’, dirigida por Damien Dorsaz, pertenece claramente al segundo grupo. Aunque parte de uno de los grandes enigmas arqueológicos del planeta, las célebres líneas de Nazca, el filme evita caer en la obsesión por las teorías y las respuestas para centrarse en algo mucho más humano: la búsqueda de identidad, de propósito y de un lugar propio en el mundo.

Ambientada en el Perú de 1936, cuando el nazismo comenzaba a proyectar su sombra sobre Europa y el mundo observaba con inquietud los cambios políticos que se avecinaban, la película sigue a María Reiche, matemática alemana que atraviesa una crisis tanto profesional como sentimental. Su encuentro con el arqueólogo francés Paul d’Harcourt la llevará hasta el desierto de Nazca, donde descubrirá unas figuras gigantescas trazadas sobre la tierra que terminarán transformando su existencia.

Resulta especialmente interesante cómo el largometraje convierte la ciencia en un lenguaje emocional. Mientras otros personajes hablan francés, alemán, inglés o español, y en determinados momentos también escuchamos lenguas indígenas como el quechua o el aimara, el verdadero idioma de María es el de las matemáticas. Son los números, las proporciones y las líneas geométricas los que le permiten interpretar el mundo y conectar con una antigüedad olvidada. La diversidad lingüística supone además un reto notable para el reparto y contribuye a transmitir la sensación de agitación internacional que rodea la historia.

El desierto como personaje y espectáculo visual

Uno de los grandes logros de ‘Lady Nazca’ reside en su apartado visual. Damien Dorsaz entiende que las líneas no pueden ser simplemente un decorado. Deben convertirse en una presencia casi espiritual que acompañe a la protagonista durante todo su recorrido vital.

Por motivos de conservación patrimonial, parte del trabajo visual se realizó mediante réplicas construidas en zonas autorizadas de Palpa, complementadas con localizaciones en Nazca, Ica y Lima. El resultado es notable porque en ningún momento se percibe artificioso.

Los grandes planos generales consiguen transmitir una sensación de asombro constante. Las líneas rompen la aparente uniformidad del paisaje y convierten el desierto en un espacio casi sobrenatural. Hay secuencias donde la inmensidad de la naturaleza parece dialogar directamente con la pequeñez del ser humano, recordándonos que algunas obras trascienden a quienes intentan comprenderlas.

La fotografía de Gilles Porte aprovecha además las tonalidades ocres y doradas del entorno para construir imágenes de enorme belleza contemplativa. A veces la película avanza con una lentitud deliberada que puede poner a prueba la paciencia de algunos espectadores, pero esa misma cadencia permite apreciar mejor la relación íntima que María desarrolla con el territorio.

Más allá del misterio arqueológico

Algo que remarca el guión es que María Reiche no fue quien descubrió las líneas de Nazca, pero sí una de las figuras fundamentales para su estudio, divulgación y protección. Durante décadas dedicó su vida a preservar aquel legado cultural hasta convertirse en una auténtica institución en Perú. No es casualidad que el museo situado junto a las líneas lleve su nombre y que allí reposen sus restos.

La María Reiche de Devrim Lingnau no es una heroína convencional ni una aventurera romántica al uso. Es una mujer inteligente y profundamente observadora que encuentra en aquellas marcas milenarias una vocación capaz de dar sentido a su vida. Lejos de presentar una visión colonial o paternalista, ‘Lady Nazca’ apuesta por mostrar a una mujer que se integra profundamente en la cultura peruana. La película subraya cómo su compromiso va más allá de la curiosidad científica y termina convirtiéndose en una auténtica misión de vida.

Por eso el misterio arqueológico acaba ocupando un lugar secundario. La pregunta principal no es quién creó las líneas ni cuál era su función, sino qué encuentra María en ellas. La respuesta tiene más que ver con la pertenencia, la vocación y la memoria que con cualquier teoría histórica.

Ficha de ‘Lady Nazca’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Lady Nazca. Duración: 99 min. País: Francia. Dirección: Damien Dorsaz. Guion: Damien Dorsaz, Fadette Drouard, Franck Ferreira Fernandes, Raphaëlle Valbrune-Desplechin, Aude Py. Música: Nascuy Linares. Fotografía: Gilles Porte. Reparto principal: Devrim Lingnau, Guillaume Gallienne, Olivia Ross, Amaranta Kun. Producción: Octopolis, 27 Films Productions, Memento Films Production, TOBIS Film, Rotor Film, Digital District, Unesco, FFA, DFFF, Rayo en la botella. Distribución: Vercine. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Día de caza’

Demuestra que es imposible escapar de nuestro pasado, personal y cinematográfico

Hay remakes que se limitan a reproducir una obra conocida con nuevos rostros y una estética actualizada. Luego están aquellos que entienden que la mejor manera de revisitar un clásico consiste en dialogar con él. ‘Día de caza’, de Pedro Aguilera, pertenece claramente a esta segunda categoría. Inspirada de forma directa en ‘La caza’, una de las películas más importantes y celebradas de la filmografía de Carlos Saura, la nueva propuesta no pretende ocultar sus referencias ni disfrazar sus intenciones. Al contrario, las exhibe con orgullo para construir una obra que, siendo prácticamente idéntica en su estructura, termina adquiriendo una personalidad propia.

La premisa sigue siendo tan sencilla como inquietante. Un grupo de viejas amistades vuelve a reunirse después de muchos años sin apenas contacto para disfrutar de una jornada de caza. Bajo esa apariencia de camaradería y reconciliación laten viejas heridas, frustraciones acumuladas y tensiones que nunca llegaron a resolverse. Lo que comienza como una reunión aparentemente cordial se transforma poco a poco en un estudio sobre el resentimiento, la decepción y los vínculos deteriorados por el paso del tiempo.

Aguilera juega de forma muy consciente con la memoria cinéfila del espectador. La película mantiene buena parte de los diálogos, las dinámicas y la progresión dramática del original de Saura. Sin embargo, no se trata de una copia vacía. El director comprende perfectamente qué elementos deben permanecer intactos y cuáles necesitan ser adaptados para dialogar con la sociedad contemporánea.

De hecho, una de las decisiones más inteligentes de la película es no convertir la actualización en un simple ejercicio de inversión de roles. La revisión no gira alrededor de cuestiones de género ni pretende demostrar que los conflictos cambian dependiendo del sexo de los personajes. Su interés es mucho más ambicioso. Lo que realmente le interesa a Aguilera es examinar cómo han cambiado las preocupaciones colectivas desde las puertas del tardofranquismo hasta la actualidad.

De la España de Saura a la crisis de representación contemporánea

La fuerza de ‘Día de caza’ no reside solo en un reparto envidiable y metidísimo en sus papeles compuesto por Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoé Arnao. Reside precisamente en la capacidad para conectar dos épocas históricas muy diferentes y demostrar que determinadas fracturas humanas siguen permaneciendo intactas. No sé si las actrices han visto o no la película original, pero desde luego calcan a sus predecesores.

Cuando Carlos Saura y Angelino Fons escribieron ‘La caza’, España vivía bajo una dictadura y las tensiones sociales, políticas y generacionales impregnaban cada rincón de la narración. Pedro Aguilera y la guionista Lola Mayo trasladan el conflicto a un presente radicalmente distinto, pero llegan a conclusiones sorprendentemente iguales. La película, por ejemplo, introduce reflexiones sobre la llamada crisis de representación, uno de los fenómenos más característicos de nuestra época.

En ese sentido, Aguilera demuestra una comprensión admirable del material original. No intenta actualizarlo mediante referencias superficiales o discursos forzados. Lo que hace es localizar cuáles son las fracturas de nuestro presente y utilizarlas para alimentar progresivamente el conflicto dramático. Por eso la película funciona tan bien como una especie de secuela espiritual. Muchas son las películas de terror que enmarcan sus canicerías en escenarios donde previamente ha sucedido lo macabro. Idéntica jugada vemos en este filme. Continúa casi la historia de Saura en términos narrativos y prolonga sus preguntas esenciales.

Una experiencia incómoda y ferozmente contemporánea

Hace seis décadas Saura incomodó al público con diálogos hostiles, largas tomas de cazas reales, ecos de la Guerra Civil y planos que recorrían sudorosos cuerpos masculinos. Hoy, más insensibilizados con la violencia pero más sensibilizados con el trato a los animales, la estrategia es otra.

La tensión está presente desde los primeros compases y va creciendo hasta desembocar en un desenlace especialmente agresivo. Aguilera entiende que el público contemporáneo posee una sensibilidad diferente y, probablemente, un mayor grado de acostumbramiento a la violencia audiovisual. Por eso decide endurecer considerablemente el clímax.

Afortunadamente, la película evita uno de los elementos más problemáticos del original. Mientras que ‘La caza’ incluía la muerte real de animales, esta nueva versión prescinde de esas imágenes. No obstante, eso no significa que sea una experiencia fácil para espectadores sensibles. Hay secuencias particularmente desagradables y el tramo final alcanza niveles de crudeza visual que pueden resultar difíciles de soportar para algunos espectadores.

‘Día de caza’ es una obra que justifica plenamente su existencia porque comprende el legado que está revisitando y sabe encontrar nuevas preguntas para un viejo conflicto. No pretende sustituir a ‘La caza’, sino dialogar con ella desde el presente. Pedro Aguilera firma así una revisión inteligente, respetuosa y feroz, capaz de convertir un clásico del cine español en un espejo donde observar las incertidumbres, frustraciones y contradicciones de nuestra propia época.

Ficha de ‘Día de caza’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Día de caza. Duración: 94 min. País: España. Dirección: Pedro Aguilera. Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera. Música: Fernando Vacas. Fotografía: Eva Díaz. Reparto principal: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoé Arnao. Producción: Gonita Filmación S.L., Día de caza AIE, Mondex ET CIE. Distribución: Sideral, Latido Films. Género: drama, comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Hermanito’

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La vieja fórmula del hermano imposible vuelve a llamar a la puerta

Hay películas cuya premisa puede resumirse en una sola frase porque ya forma parte del ADN de la comedia estadounidense. Un individuo ordenado, exitoso y obsesionado ir solo hacia arriba ve cómo su existencia se convierte en un caos por culpa de alguien imprevisible del que no puede deshacerse. ‘Hermanitos’ no intenta ocultar que pertenece a esa tradición. Al contrario, la abraza desde el primer minuto en el que vemos que esto a va a ser una cosa de chiflados.

Matt Spicer dirige una propuesta que reúne a John Cena y Eric André en una dinámica que remite inevitablemente a títulos como ‘Los gemelos golpean dos veces’, ‘Hermanos por pelotas’ o ‘Mejor solo que mal acompañado’. La diferencia es que aquí el concepto de hermanos no es exactamente el que el espectador podría esperar. No hablamos de una relación de sangre, sino de un vínculo surgido de un modo más inesperado y que prefiero no desvelar.

El resultado es una de esas comedias pasajeras que cumplen con lo prometido, arrancan algunas carcajadas y desaparecen de la memoria con la misma rapidez con la que aparecen en el catálogo de una plataforma.

Una fórmula tan gastada que la propia película la reconoce

Lo más curioso de ‘Hermanitos’ es que parece plenamente consciente de estar reciclando una estructura narrativa que Hollywood lleva décadas utilizando. De hecho, algunos personajes vinculados a la industria televisiva verbalizan de manera indirecta lo evidente: la historia funciona porque enfrenta a dos polos opuestos condenados a compartir espacio ofreciendo una catástrofe tras otra.

John Cena interpreta al clásico hombre que ha construido una vida perfecta a base de tesón y presión así mismo. Frente a él aparece Eric André encarnando a una fuerza de la naturaleza incapaz de respetar normas, límites o convenciones sociales. La vida cuidadosamente diseñada del primero empieza a derrumbarse cuando el segundo reaparece de forma inesperada.

La película encuentra además un filón cómico en la sátira del propio negocio del entretenimiento. Como sucede cada vez con más frecuencia en la comedia contemporánea, los villanos no son mafiosos ni políticos corruptos, sino ejecutivos, productores y creadores de contenido desesperados por encontrar el siguiente fenómeno viral. O incluso podríamos decir que el villano es la propia sociedad que impone en las redes sociales la imagen del éxito. No es una crítica especialmente afilada, pero sí retrata nuestra actualidad más allá de plantear únicamente una sucesión de situaciones embarazosas.

Eric André y John Cena juegan exactamente el partido que esperas

El principal atractivo del filme reside en sus protagonistas. La elección de John Cena y Eric André resulta tan lógica que sorprende que hayan tardado tanto en coincidir en una producción de este tipo.

Cena lleva años demostrando una inesperada capacidad para funcionar como contrapunto cómico. Aquí asume precisamente ese papel, alejándose del personaje extravagante para convertirse en el hombre razonable atrapado en una pesadilla cotidiana. El propio actor ha señalado que esta era una oportunidad para mostrar una faceta más vulnerable y menos explosiva de lo habitual.

Por su parte, Eric André hace exactamente aquello que el público espera de él. Su personaje está construido alrededor del anti-humor, la incomodidad y el absurdo. No alcanza las cotas de anarquía de ‘The Eric Andre Show’, pero conserva suficientes elementos de ese estilo para que el espectador reconozca inmediatamente su sello. Estamos ante una interpretación basada en la ausencia total de sentido del ridículo, algo que encaja perfectamente con un actor que ha hecho carrera convirtiendo el caos en una forma de expresión cómica. Aunque la película nunca llega a descontrolarse por completo, sí transmite la impresión de que cualquier escena puede derivar en algo inesperado. Se masca constantemente la catástrofe.

Una comedia para una tarde, no para el recuerdo

‘Hermanitos’ pertenece a una categoría cada vez más habitual: la de las producciones diseñadas para consumir rápidamente en streaming. No aspira a convertirse en una referencia generacional. Su objetivo es mucho más modesto. Es una comedia verde, soez en varios momentos y claramente orientada a un público adulto. No debe confundirse con una película familiar pese a que la palabra “hermanitos” pueda sugerir lo contrario.

Todo esto no significa que carezca de encanto. Cuando Cena y André comparten pantalla, la maquinaria funciona. El problema es que la película sigue un manual tan reconocible que rara vez consigue sorprender. Todo ocurre exactamente como uno imagina salvo por el personaje de Chrisopher Meloni que pega un timonazo con respecto a lo que nos hacen pensar al comienzo que sería su línea argumental.

Ficha de ‘Hermanito’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Little brother. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: Matt Spicer. Guion: Andrew Mogel, Jarrad Paul. Música: Dan Deacon. Fotografía: Brandon Trost. Reparto principal: John Cena, Eric André, Michelle Monaghan, Chrisopher Meloni. Producción: Middle Child Pictures, Netflix Studios, The District. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Nino’

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La fragilidad de una juventud que se cree inmortal

La ópera prima de Pauline Loquès parte de una premisa sencilla y devastadora. Nino acaba de cumplir 29 años cuando recibe una noticia que altera por completo el mapa de su existencia: padece un cáncer de garganta derivado de una infección por virus del papiloma humano que nunca fue tratada. A partir de ese momento, el protagonista dispone de apenas unos días antes de iniciar el tratamiento médico, una semana suspendida en el tiempo durante la que intenta reconectar con las personas importantes de su vida.

Loquès construye la película como una deriva emocional por las calles de París, siguiendo a un personaje incapaz de asimilar completamente lo que le está ocurriendo. La película está llena de una angustia existencial tratada con sensibilidad contemporánea. Aquí no encontramos grandes discursos sobre la muerte, sino conversaciones aparentemente cotidianas que terminan derivando hacia cuestiones metafísicas: qué hemos hecho con nuestra vida, qué quedará de quienes fuimos y qué sentido tiene proyectar un futuro cuando este acaba de volverse incierto.

La elección de la enfermedad no es aleatoria. Que el detonante sea un cáncer relacionado con el virus del papiloma humano no resulta gratuito. En una época en la que buena parte de la juventud parece escasamente concienciada sobre las enfermedades de transmisión sexual y donde la pornografía de Internet condiciona cada vez más la percepción de la sexualidad, resulta pertinente que una película recuerde que determinadas consecuencias siguen existiendo. Sin caer en el discurso moralizante, ‘Nino’ introduce una reflexión necesaria sobre la vulnerabilidad del cuerpo y sobre la falsa sensación de invulnerabilidad que acompaña a muchos jóvenes adultos.

Entre el realismo emocional y el exceso dramático

La interpretación de Théodore Pellerin sostiene prácticamente todo el recorrido narrativo. Su Nino es un hombre paralizado por el impacto de la noticia, incapaz de comunicarla con claridad a quienes le rodean. El actor trabaja desde los gestos mínimos y las vacilaciones, componiendo un personaje que parece vivir permanentemente unos segundos por detrás de la realidad.

Sin embargo, la película no siempre encuentra el equilibrio adecuado entre contención y acumulación dramática. En medio de ese recorrido de reencuentros y confesiones, uno de los conocidos de Nino atraviesa también un problema médico importante. Es aquí donde el relato empieza a mostrar ciertas costuras. Lo que hasta entonces funcionaba como una observación sensible de la fragilidad humana adquiere por momentos un tono excesivo. Como suele decirse, parece que alguien pone un circo y le crecen los enanos. La película resulta más poderosa cuando se limita a observar que cuando intenta subrayar el sufrimiento.

Un retrato generacional cercano a Zerocalcare, pero sin humor

Más allá del cáncer o de la cercanía de la muerte, ‘Nino’ acaba siendo un retrato bastante preciso de la juventud contemporánea. Los personajes viven rodeados de amigos, mensajes y conexiones permanentes, pero les cuesta enormemente comunicarse de verdad. Hablan mucho y expresan poco. Están presentes físicamente, aunque emocionalmente parezcan ausentes.

En ese sentido, el filme recuerda bastante a los trabajos de Zerocalcare, aunque desprovistos de sus mecanismos humorísticos. Existe la misma mirada sobre una generación marcada por la incertidumbre, la precariedad emocional y la dificultad para construir vínculos sólidos. La diferencia es que Loquès elimina casi cualquier válvula de escape cómica y apuesta por una sensibilidad más melancólica.

La directora demuestra además una notable capacidad para capturar la ciudad como estado mental. París aparece como un espacio de tránsito donde cada encuentro casual puede convertirse en una pequeña revelación. La cámara acompaña a Nino en su búsqueda de respuestas sabiendo que probablemente no las encontrará.

Ficha de ‘Nino’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Nino. Duración: 96 min. País: Francia. Dirección: Pauline Loquès. Guion: Pauline Loquès, Maude Ameline. Fotografía: Lucie Baudinaud. Reparto principal: Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels, Jeanne Balibar. Producción: Blue Monday, France 2 Cinéma, Ciné+OCS, Disney+, France Télévisions, CNC, La Région Île-de-France, Distribución: Surtsey Films. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Supergirl’

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Adapta con acierto el cómic de Tom King, aunque pierde parte de su magia

Después del nuevo Superman, el universo DC vuelve a apostar por una adaptación sorprendentemente fiel a las viñetas. ‘Supergirl’, dirigida por Craig Gillespie, toma como base el extraordinario cómic ‘Supergirl: Woman of Tomorrow’ de Tom King y Bilquis Evely y, aunque introduce modificaciones importantes, mantiene intacto aquello que convertía a aquella obra en algo especial: una mezcla de space ópera, relato de iniciación, tragedia y western de venganza con ecos de ‘Valor de ley’.

Lo primero que llama la atención es que la película no pierde tiempo. Apenas cinco minutos bastan para poner en marcha la historia antes de lanzarnos de lleno a la aventura. Los flashbacks llegarán después para completar el retrato emocional de Kara Zor-El, pero la narración tiene una vocación claramente directa y eficaz.

Además, esta no es la Supergirl que muchos espectadores recuerdan de la versión de 1984 protagonizada por Helen Slater. Aquí nos encontramos con una kryptoniana mucho más cercana al espíritu del Hancock de Will Smith. La veréis orinando, sufriendo resacas, sangrando y repitiendo errores. Es una heroína que conserva una sólida brújula moral, pero que está lejos de la imagen tradicionalmente angelical e inocente. La explicación tiene sentido dentro del propio universo DC. Kara vivió experiencias traumáticas que Superman jamás tuvo que soportar, observando la destrucción de todo lo que conocía antes de llegar a la Tierra. Esa carga emocional impregna las decisiones del filme y ayuda a justificar un carácter áspero, irreverente y profundamente cansado del mundo.

Entre la fidelidad al cómic y unas concesiones discutibles

La mayor satisfacción para cualquier lector de la obra original es comprobar que la trama principal sigue siendo esencialmente la misma. Ruthye continúa siendo el corazón emocional del relato y la persecución de Krem mantiene esa estructura itinerante que convierte la historia en un viaje físico y moral.

Sin embargo, también es donde aparecen las principales diferencias. La primera tiene que ver con los planetas que visitan las protagonistas. En el cómic, cada parada aportaba personalidad propia, imaginación visual y un nuevo matiz a la relación entre ambas. Era un despliegue constante de creatividad que por otro lado hacía crecer la tensión dramática. La película conserva parte de esa esencia, pero reduce considerablemente la riqueza y variedad de aquellos escenarios. Por otro lado el tratamiento estético ha cambiado notablemente y donde antes había tintes medievales e incluso un caballo ahora hay naves espaciales por doquier y una gran cantidad de extraterrestres feos.

La segunda modificación afecta al desenlace. Sin entrar en spoilers, funcionaba mejor el golpe final del cómic. Allí resultaba perfectamente calculado, mucho más emotivo y en la línea de la personalidad de las protagonistas. El largometraje mantiene de soslayo la intención pero al disponer de un epílogo tan corto como su prólogo se ha suprimido aquello que Tom King ideó para la conclusión.

También encontramos como novedad la incorporación de Lobo, una presencia inexistente en la obra de King y Evely. Sobre el papel podría parecer una concesión comercial y así es, pero además su integración resulta razonablemente natural siendo como es un cazarrecompensas y además sirve para aportar energía en momentos concretos.

Las peleas que son más palizas que peleas

Otro aspecto que seguramente volverá a dividir al público es algo que ya ocurrió con ‘Superman’: Kara recibe una cantidad considerable de palizas. Hay espectadores que siguen esperando personajes prácticamente invulnerables y eso lo tendrán en ‘Supergirl’. Pero va precedido de derrotas que lejos de estar injustificadas tienen una razón narrativa. Ningún golpe es gratuito. Cada vez que Kara muerde el polvo existe una justificación dramática o estratégica detrás. La película entiende perfectamente que la invencibilidad es una herramienta narrativa mucho menos interesante que la vulnerabilidad y que además, como habéis visto en el tráiler, esta puede ser voluntaria.

Milly Alcock sostiene una película disfrutable

Aunque a que a muchos les pese Milly Alcock encarna bien la Supergirl en la que se basa. La actriz ha captado la esencia del personaje creado por King y Evely, pero además incorpora elementos que parecen heredados directamente de ‘Yo, Tonya’, probablemente la obra más conocida de Craig Gillespie. Su Kara es descarada, grosera, impulsiva y sarcástica, pero también profundamente empática cuando la situación lo requiere. Sin llegar a serlo del todo hay momentos en el que roza la esencia del antihéroe.

Ese equilibrio entre drama y acción sostiene buena parte del metraje, sin abusar de la comedia y sin hacer colindar el filme con ‘Guardianes de la Galaxia’. Alcock funciona especialmente bien cuando la película explora el peso del legado kryptoniano y las heridas emocionales que arrastra la protagonista. Alcock consigue que la dureza exterior nunca oculte completamente la fragilidad interior.

Sin olvidar a James Gunn

Ya no es que David Corenswet esté presente, es que también lo están los momentos musicales tan característicos del universo de Gunn. Esta película es un híbrido de directores como ya se auguraba. Pero esos instantes de acción y música popular no siempre terminan de encajar. De hecho, curiosamente, es cuando aparece Jason Momoa como Lobo cuando mejor funcionan. Y no es casualidad.

Momoa expresó durante años públicamente su deseo de encarnarlo y resulta inevitable pensar que quizá este era el papel que debía haber interpretado desde el principio en DC, incluso con Zack Snyder. Su participación es más extensa de lo que muchos lectores del cómic podían esperar y aunque su función dentro de la trama principal es anecdótica, cada aparición aporta carisma, humor y una inyección de energía muy necesaria. En más de una ocasión consigue levantar secuencias enteras simplemente con su presencia.

Ficha de ‘Supergirl’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Supergirl. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Craig Gillespie. Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira. Música: Claudia Sarne. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Milly Alcock, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, David Corenswet. Producción: DC Studios, The Safran Company, Troll Court Entertainment. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Los hombres de musgo’

La leyenda que sigue respirando bajo el asfalto de Béjar

Hay tradiciones que sobreviven porque la historia las sostiene. Otras permanecen porque la comunidad decide seguir creyendo en ellas, independientemente de que existan documentos capaces de demostrar cada detalle de su origen. ‘Los hombres de musgo’, el documental dirigido por Juan Carlos Verona, se sitúa precisamente en ese territorio donde la historia, la memoria colectiva y la identidad cultural se entrelazan hasta resultar inseparables.

El cortometraje de Verona aborda una de las tradiciones más singulares de la ciudad salmantina de Béjar: la de los Hombres de Musgo, figuras cubiertas completamente por vegetación que cada año desfilan por la ciudad coincidiendo con las celebraciones del Corpus Christi y que, según la leyenda popular, remiten a la recuperación de la ciudad por parte de los bejaranos en el siglo XII.

Lo interesante es que el documental no adopta una postura dogmática. No pretende demostrar la veracidad absoluta de la leyenda ni desmontarla. Al contrario, abre un espacio para el diálogo entre distintas voces. Historiadores, investigadores y vecinos participan en una reflexión colectiva que va mucho más allá de la mera reconstrucción del pasado. La pregunta que plantea la película no es únicamente qué ocurrió, sino qué significa hoy seguir contando esta historia.

Como espectador criado en Béjar, y habiendo participado como el resto de mi familia en esta tradición vistiendo el característico traje de musgo, resulta imposible contemplar el documental desde una posición completamente distante. Sin embargo, precisamente esa cercanía permite apreciar uno de los mayores logros de Verona: su capacidad para capturar aquello que los bejaranos reconocen inmediatamente cuando observan a los Hombres de Musgo. No se trata únicamente de una representación festiva. Es una expresión de pertenencia.

La frontera entre la leyenda y la historia

Uno de los aspectos más inteligentes del documental es la forma en que aborda las incertidumbres históricas. La versión resumida de la leyenda sería que un grupo de guerreros cristianos se cubrió de musgo para infiltrarse en una Béjar bajo dominio musulmán y facilitar su conquista. La historia ha sido repetida durante generaciones y forma parte inseparable del imaginario local.

Sin embargo, el propio documental recoge las dudas existentes. En Béjar no todos aceptan la leyenda como un hecho histórico demostrado. Algunos de los participantes recuerdan la ausencia de fuentes contemporáneas que permitan verificar los acontecimientos tal y como se narran tradicionalmente. Es algo que el tiempo ha ido moldeando como parte del ADN bejarano a la vez que se ha ido diluyendo su posible vertiente real. Igual que se ha perdido la conexón de Béjar con la misión de El Álamo en Texas, en una zona conocida entonces como San Antonio de Béxar, poblada por bejaranos y migrantes de Salamanca, pero esa es otra historia.

Si nos ceñimos a lo histórico tampoco hay documentos (que yo sepa) que detallen la salida de los musulmanes de Béjar. Esa incertidumbre acaba convirtiéndose en una de las mayores bazas, no solo para el documental, también para toda una comarca. Lejos de presentar respuestas cerradas, Verona comprende que las leyendas cumplen una función cultural que trasciende su exactitud factual. Son relatos que ayudan a las comunidades a explicarse a sí mismas. El cortometraje habla tanto del presente como del pasado. El documental hace dialogar constantemente ambos tiempos. De las murallas medievales y las mentalidades del siglo XII saltamos a la Béjar contemporánea, una ciudad marcada por la desaparición de buena parte de su tejido industrial, atravesada por automóviles, comercios y nuevas realidades sociales.

Una fotografía que roza lo fantástico sin abandonar la realidad

Si hay un apartado donde el documental destaca especialmente es en su propuesta visual, con bastante carga emocional y materializando ese cruce de tiempos que mencionaba antes. Se maneja una sensibilidad notable para encontrar imágenes que transforman los paisajes conocidos de Béjar en escenarios cargados de misterio. Los bosques, las piedras, la humedad de la vegetación y los propios trajes cubiertos de musgo generan una atmósfera que por momentos parece acercarse a las corrientes contemporáneas del fantástico rural.

Entiéndase, no me refiero al resucitado concepto del folk horror. El documental nunca busca provocar inquietud ni construir una amenaza asociada a la tradición. Tampoco existe esa confrontación entre modernidad y paganismo tan habitual en el género. Sin embargo, sí comparte con determinadas obras del fantástico actual una fascinación por la relación entre el ser humano y la naturaleza.

Los Hombres de Musgo aparecen como figuras casi espectrales surgidas del paisaje. Durante algunos planos, la frontera entre persona y entorno desaparece por completo. La tradición deja entonces de percibirse como una simple recreación histórica para convertirse en una manifestación visual de la conexión entre comunidad, territorio y memoria. El resultado es un documental que consigue algo poco habitual: convertir una celebración profundamente local en una reflexión universal sobre la construcción de la identidad colectiva.

Ficha de ‘Los hombres de musgo’

Estreno en España: 2026. Título original: Los hombres de musgo. Duración: 14 min. País: Dirección: Juan Carlos Verona. Guion: Juan Carlos Verona. Música: Daniel Vildósola. Fotografía: Juan Carlos Verona. Reparto principal: Jose Muñoz, Alejandro Romero, Gel Borrajo, Manuel Gallego. Producción: Los Verona. Distribución: Selected Films Distribution. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Maridos en acción’

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Catástrofe criminal en una buddy movie a tres bandas

Netflix estrena una nueva película coreana, en esta ocasión dirigida por Gyu-tae Park, un desconocido en nuestras fronteras. Esta película arranca de una forma bastante engañosa. La primera imagen nos presenta de un modo un tanto terrorífico a un preso cubierto de tatuajes con fórmulas matemáticas y extrañas ecuaciones que parecen prometer una conspiración compleja, secretos ocultos o algún tipo de rompecabezas criminal digno de ‘Prison Break’. Sin embargo, a medida que la historia avanza descubrimos que esas expectativas estaban destinadas a estrellarse contra una realidad muy distinta. Los misteriosos tatuajes apenas tienen relevancia narrativa. Y eso no es un defecto ni un engaño deliberado, sino una declaración de intenciones. ‘Maridos en acción’ no es un thriller. Tampoco pretende ser un drama criminal sofisticado. Es una comedia de acción desenfadada, bobalicona y consciente de su propia ligereza.

La propuesta de Gyu-tae Park se sitúa claramente dentro de la tradición de las buddy movies norteamericanas. Es fácil encontrar ecos de producciones en las que personajes incompatibles se ven obligados a colaborar mientras sobreviven a persecuciones, criminales y situaciones ridículas. En el contexto del cine surcoreano contemporáneo, probablemente se acerque más al tipo de entretenimiento popular asociado a los filmes protagonizados por Ma Dong-seok, aunque aquí la balanza se inclina mucho más hacia la comedia que hacia la acción.

Tres maridos, un enredo criminal y mucho humor absurdo

La principal diferencia respecto a la fórmula clásica reside en que no tenemos una pareja protagonista enfrentada a sus diferencias, sino un trío de personajes obligados a colaborar. La película construye su motor narrativo alrededor de tres maridos atrapados en una trama criminal que amenaza no solo su tranquilidad personal y legal, sino también la seguridad de sus respectivas esposas.

Lo interesante es que, pese a que el argumento podría sugerir una historia dominada por la testosterona, el filme evita glorificar a sus protagonistas. Todo lo contrario. Los tres están retratados desde la torpeza, la fragilidad y el ridículo constante. Son hombres que intentan parecer competentes mientras la realidad se empeña en demostrar exactamente lo contrario.

El personaje que mejor funciona es el interpretado por Jin Seon-kyu. Su presencia resulta decisiva para mantener el interés incluso cuando la historia cae en excesos humorísticos discutibles. Su personaje vive instalado en una especie de optimismo permanente, un auténtico chorro de serotonina ambulante que afronta con una sonrisa situaciones que harían perder la paciencia a cualquiera. Está separado de su esposa, mantiene una relación sin custodia con su hija y debe enfrentarse a criminales peligrosos. Pero, curiosamente, su principal fuente de frustración parece ser la existencia del nuevo marido de su exmujer.

Ese nuevo esposo, interpretado por Gong Myoung, aporta una energía completamente distinta. Veterinario de profesión y aficionado a los deportes de riesgo, representa una juventud impulsiva que choca continuamente con la experiencia del protagonista. A ellos se suma el personaje interpretado por Kim Ji-suk, un delincuente cibernético con una actitud burlona que termina convirtiéndose en una pieza fundamental dentro del grupo.

Una comedia entre el crimen digital y los delincuentes de la vieja escuela

Aunque la película jamás abandona su tono ligero, introduce de forma interesante un contraste entre distintas formas de criminalidad. Por un lado aparecen delincuentes modernos que operan a distancia, aprovechan la tecnología y carecen de cualquier escrúpulo. Por otro encontramos criminales de la vieja escuela, vinculados a códigos de honor bastante discutibles, extorsiones tradicionales y métodos más directos.

No es una reflexión profunda sobre la evolución del crimen organizado, pero sí un elemento que aporta algo de personalidad a una trama que, por momentos, podría haberse limitado a encadenar persecuciones y gags. Mezclando esto la película consigue tener ritmo y rara vez se detiene demasiado tiempo en una misma situación. Cuando un chiste deja de funcionar, llega una nueva secuencia de acción. Cuando la acción amenaza con repetirse, aparece otra situación cómica. Esta estructura evita que el metraje se vuelva pesado, aunque también provoca que algunos momentos carezcan de verdadero peso dramático.

Entre los doramas cómicos y el espíritu de ‘Taxi’

El mayor problema de ‘Maridos en acción’ reside en la naturaleza de su humor. Muchas escenas abrazan una comicidad extremadamente infantil. Gestos exagerados, reacciones sobreactuadas y situaciones cercanas al slapstick dominan buena parte de la experiencia. Habrá espectadores que conecten inmediatamente con este tono, mientras que otros probablemente encuentren algunas secuencias demasiado estridentes.

Sin embargo, sería injusto criticarla por algo que forma parte esencial de su identidad. El humor que despliega conecta directamente con ciertas comedias televisivas surcoreanas y con el espíritu desenfadado de numerosos doramas. También recuerda notablemente a producciones francesas como ‘Taxi’ o a las comedias de Philippe Lacheau, donde la sofisticación narrativa importa mucho menos que la capacidad para encadenar situaciones absurdas y personajes entrañablemente incompetentes.

Ficha de ‘Maridos en acción’

Estreno en España: 19 de junio de 2026. Título original: Nampyeondeul. Duración: 107 min. País: Corea del Sur. Dirección: Gyu-tae Park. Guion: Gyu-tae Park, Kim Jong-hyeon. Reparto principal: Jin Seon-kyu, Gong Myoung, Kim Ji Suk, Yoon Kyung-ho, Kang Han-na, Lee Da-hee, Jeon So Min. Producción: TPS Company. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Un talento único’

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Entre pianos y delitos: la inesperada armonía de ‘Un talento único’

Daniel Roher se ganó un nombre dentro del documental gracias a trabajos incómodos, tensos y profundamente ligados a la realidad. Por eso resulta especialmente interesante verlo dar el salto a la ficción con ‘Un talento único’, una propuesta que mezcla thriller criminal, romance urbano, comedia ligera y una pizca de drama humano sin pretender revolucionar ni brillar especialmente en ninguno de esos géneros.

Su título original, ‘Tuner’, resulta mucho más revelador que la traducción española. No solo hace referencia al oficio del protagonista, afinador de pianos, sino también a esa capacidad extraordinaria que posee para identificar sonidos con una precisión casi sobrenatural. La película vincula esa habilidad con la hiperacusia, una sensibilidad auditiva extrema que convierte el ruido cotidiano en una experiencia agotadora y que aquí termina funcionando como el motor de toda la trama.

La premisa tiene algo de cuento moderno. Un joven atrapado en una existencia rutinaria descubre que aquello que parecía una maldición puede convertirse en un talento excepcionalmente lucrativo. Y como ocurre en tantas historias de ascenso y caída, el verdadero problema no es el don, sino el camino que decide tomar para aprovecharlo.

Un reparto intergeneracional que sostiene toda la película

Hay algo que Hollywood lleva haciendo décadas porque funciona: mezclar veteranos con intérpretes jóvenes en ascenso. No es únicamente una cuestión económica. También aporta una credibilidad inmediata a las relaciones de maestro y aprendiz que aparecen en pantalla.

‘Un talento único’ explota precisamente esa dinámica. Leo Woodall confirma que atraviesa uno de los momentos más interesantes de su carrera. Su Niki es un personaje introvertido, talentoso y permanentemente incómodo con el mundo que le rodea. La hiperacusia no se presenta como un superpoder cinematográfico al uso (aléjense los fans de Daredevil) sino como una condición que condiciona cada aspecto de su existencia.

Junto a él aparece Dustin Hoffman, cuya mera presencia aporta humanidad y experiencia. La relación entre ambos constituye el corazón emocional de la película. Más allá de los robos, los secretos o los giros argumentales, Roher entiende que el verdadero interés está en observar cómo estos dos personajes se construyen mutuamente.

El reparto secundario también suma valor. Havana Rose Liu tiene mucho más peso narrativo del que podría sugerir la promoción. Su personaje aporta la dimensión romántica de una historia que, por momentos, recuerda a esos relatos neoyorquinos donde las conexiones personales son tan importantes como la trama principal.

Más llamativo resulta el caso de Jean Reno. Su nombre aparece destacado en algunos carteles y, sin embargo, su participación es bastante limitada. No es una mala interpretación ni mucho menos, su presencia siempre se agradece, pero el marketing me había creado otras expectativas.

Un thriller construido alrededor del sonido

Si hay un apartado donde Daniel Roher demuestra personalidad es en el tratamiento del sonido. No resulta extraño que un director acostumbrado a observar la realidad con detalle encuentre aquí una herramienta narrativa tan poderosa.

No es una película con una edición de sonido especialmente brillante ni hace que el espectador escuche el mundo de un modo especial. Pero bien avanzada la cinta te das cuenta de que oyes el entorno de la misma manera que lo hace Niki. Con ello tenemos determinadas secuencias capaces de generar incomodidad deliberada. No se trata de un recurso efectista, sino de una forma de introducirnos dentro de la percepción del protagonista.

La idea central posee además una elegancia conceptual muy atractiva. Un afinador de pianos descubre que la misma sensibilidad auditiva que utiliza para trabajar puede servirle para abrir cajas fuertes. Por momentos, la película recuerda a esas historias sobre individuos brillantes atrapados en vidas aparentemente corrientes. Personas que esconden una capacidad extraordinaria bajo una rutina gris hasta que una decisión equivocada altera por completo su trayectoria.

Ligera, entretenida y más emotiva de lo que aparenta

‘Un talento único’ no pretende convertirse en el gran thriller criminal del año. Tampoco aspira a revolucionar el cine romántico ni a ofrecer una reflexión profunda sobre la condición humana. Su ambición es más modesta y, precisamente por eso, funciona.

Estamos ante una película ligera, agradable y muy consciente de sus fortalezas. Combina romance neoyorquino, suspense policial y una pizca de comedia blanca con bastante naturalidad. Cuando la trama criminal se vuelve previsible, los personajes mantienen vivo el interés. Cuando el romance amenaza con caer en lugares comunes, la buena dinámica entre los actores lo rescata.

‘Un talento único’ termina siendo exactamente lo que promete: una historia sobre una vida aparentemente ordinaria que esconde algo brillante y que acaba torciéndose cuando su protagonista decide caminar por el sendero equivocado. Haciendo el símil pianístico sabe tocar las teclas adecuadas para dejar una impresión agradable y, en ocasiones, sorprendentemente emotiva.

Ficha de ‘Un talento único’

Estreno en España: 12 de junio de 2026. Título original: Tuner. Duración: 109 min. País: Canadá. Dirección: Daniel Roher. Guion: Robert Ramsey, Daniel Roher. Música: Marius De Vries, Will Bates. Fotografía: Lowell A. Meyer. Reparto principal: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Lior Raz, Jean Reno, Dustin Hoffman. Producción: Black Bear, Elevation Pictures, English Breakfast Productions. Distribución: Diamond Films. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘El día de la revelación’

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Un thriller ufológico que conecta con la paranoia contemporánea y el Spielberg más aventurero

Si nos fijamos en la escala original de J. Allen Hynek, Steven Spielberg nos hizo pasar por la tercera fase con ‘Encuentros en la tercera fase’ y pasamos por la cuarta con ‘E.T. El extraterrestre’ o ‘La guerra de los mundos’. Han pasado más de dos décadas desde aquella adaptación de la novela de H. G. Wells y ahora con ‘El día de la revelación’ nos mete de lleno en lo que se considera quinta fase. El cineasta demuestra que su fascinación por la vida más allá de nuestro planeta sigue intacta. Sin embargo, esta vez el interés no está tanto en los visitantes como en nosotros mismos y en nuestra relación con la verdad.

La premisa resulta especialmente pertinente en una época marcada por las teorías de la conspiración, las campañas de desinformación, las llamadas cortinas de humo y una creciente desconfianza hacia las instituciones, compuestas por personas falibles y/o megalómanas. ‘El día de la revelación’ es una película diseñada para alimentar la imaginación de cualquier aficionado a la ufología. Expedientes ocultos, agencias secretas, intereses corporativos y secretos guardados durante décadas forman parte de una historia que parece dialogar constantemente con los debates que han rodeado en los últimos años la desclasificación de documentos sobre fenómenos aéreos no identificados en Estados Unidos.

Es inevitable pensar en la actualidad política norteamericana. La sombra de Donald Trump sobrevuela la película de forma indirecta, no por referencias concretas sino porque el debate sobre los archivos ufológicos y la transparencia gubernamental ha terminado formando parte de la conversación pública estadounidense. Spielberg y David Koepp construyen un relato que se pregunta quién controla la información y quién decide cuándo una sociedad está preparada para conocerla. Recordemos que Koepp ha tocado ligeramente el tema en la comedia recientemente estrenada ‘Turno de noche’.

En su primer acto. Spielberg adopta una narrativa fragmentada que distribuye las piezas del puzle poco a poco. El misterio funciona, la intriga crece y el espectador siente que se encuentra ante una revelación de proporciones históricas. Además, la película recupera algunos de los elementos visuales y temáticos que han definido la ciencia ficción del director durante décadas. La película podría funcionar como culminación con el género mucho mejor que ‘Super 8’, la cual produjo para J.J. Abrams, desde luego es más digna de considerarse secuela de ‘E.T.’. Esta referencia la traigo muy a propósito ya que este nuevo filme tiene sobredosis de destellos, algo mucho más característico de la filmografía de J.J. Abrams.

Entre ‘Minority Report’, ‘Indiana Jones’ y los ecos de una filmografía legendaria

Aunque la película gira alrededor de los extraterrestres, en muchos momentos recuerda más a ‘Minority Report’ que a ‘Encuentros en la tercera fase’. Hay persecuciones, organismos con poderes casi ilimitados, protagonistas que perciben una amenaza invisible y una sensación constante de vigilancia.

Spielberg introduce además pequeños guiños a su propio legado cinematográfico. La aventura está presente en cada secuencia. Hay guiño a ‘Indiana Jones’ e incluso a ‘Los Goonies’ (película que produjo y que estuvo muy cerca de dirigir). Curiosamente, pese a tratarse de una obra tan identificable dentro de su universo creativo, aquí no encontramos ni niños protagonistas ni bicicletas BMX.

El principal problema aparece en el tramo central. Con una duración considerable, la historia entra en una fase donde la investigación inicial deja paso a una larga persecución. Es cierto que el guion necesita administrar información y resolver múltiples interrogantes, pero el interés se va perdiendo en cuanto nos olemos el misterio. Algunas secuencias transmiten una extraña sensación de parsimonia, como si los personajes dispusieran de más tiempo del que realmente deberían tener o como si los perseguidores no quisiesen culminar su captura. No llega a romper la implicación emocional del espectador, pero sí reduce parte del impulso conseguido durante el arranque.

También resulta algo decepcionante la aproximación a la dimensión espiritual del relato. Durante varios momentos parece que Spielberg pretende establecer un diálogo entre religión, fe y vida extraterrestre. La idea está ahí, verbalizada en varias escenas, pero nunca termina de desarrollarse con profundidad. El resultado es una reflexión interesante aunque superficial, especialmente para una película que podría aspirar a explorar cuestiones mayores viniendo de quien viene. Quizás el éxito y la perdurabilidad de Spielberg en la industria se debe en parte a no mojarse nunca del todo con cuestiones que no son populares o son delicadas.

Un desenlace emotivo que encuentra humanidad en medio de la revelación

Donde Spielberg vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes narradores del cine contemporáneo es en el desenlace. El último tramo resulta profundamente emotivo y sorprendentemente plausible. Sin entrar en spoilers, el director opta por una resolución que busca menos el espectáculo y más la reacción humana ante un acontecimiento imposible.

Sin desmerecer a los protagonistas, Emily Blunt, Josh O’Connor, Colman Domingo y Colin Firth, en este sentido destaca especialmente el trabajo de Courtney Grace. Aunque sobre el papel tiene un personaje de reparto, termina convirtiéndose en una de las presencias más verosímiles del conjunto. No puedo explicar exactamente por qué sin revelar el final, pero el guion le permite representar algo muy reconocible para cualquier espectador actual: la forma en que vivimos los acontecimientos colectivos a través de los medios de comunicación y de las figuras que los narran.

Hay además un detalle especialmente interesante. Mientras gran parte del cine comercial contemporáneo se obsesiona con preparar secuelas o expandir universos, ‘El día de la revelación’ parece más interesada en el impacto inmediato de su premisa. Paradójicamente, la película más arriesgada habría sido aquella que explorase las consecuencias del escenario planteado en sus últimos minutos. Ahí se encuentra una historia fascinante que Spielberg decide dejar fuera de campo.

Pese a algunos problemas de duración y a ciertas oportunidades desaprovechadas, el resultado final funciona. Porque cuando todo parece reducirse a conspiraciones, expedientes secretos y persecuciones gubernamentales, emerge la cualidad que siempre ha distinguido al director: su capacidad para provocar emociones genuinas. Puede que ‘El día de la revelación’ no alcance las cotas de sus clásicos inmortales, pero sí demuestra que Steven Spielberg sigue siendo capaz de mirar al cielo para hablarnos, en realidad, de nosotros mismos.

Ficha de ‘El día de la revelación’

Estreno en España: 12 de junio de 2026. Título original: Disclosure Day. Duración: 145 min. País: EE.UU. Dirección: Steven Spielberg. Guion: David Koepp, Steven Spielberg. Idea: Steven Spielberg. Música: John Williams. Fotografía: Janusz Kaminski. Reparto principal: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colman Domingo, Colin Firth, Eve Hewson, Wyatt Russell. Producción: Universal Pictures, Amblin Entertainment. Distribución: Universal Pictures. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Backrooms’

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Backrooms es el triunfo de una generación colectivamente creativa

Durante años, Hollywood ha intentado capturar fenómenos nacidos en internet con resultados desiguales. Algunos se quedaron en curiosidades pasajeras y otros demostraron que detrás de ciertos fenómenos virales existía un imaginario colectivo capaz de trascender la pantalla del ordenador. Con ‘Backrooms’, el joven director Kane Parsons logra sacarle un partido de récord a lo que nació como un simple creepypastas que ni siquiera él comenzó.

El origen de los Backrooms es tan sencillo como fascinante. Todo comenzó con una fotografía publicada en 4Chan. Una imagen anodina de una tienda de muebles abandonada con paredes amarillentas y vacías. A esto le acompañó un usuario anónimo con una breve explicación inventada sobre un espacio infinito oculto tras la realidad. Aquellas reglas improvisadas hablaban de habitaciones interminables, luces fluorescentes y una sensación permanente de estar atrapado en un lugar que no debería existir. Las aportaciones de la comunidad de usuarios hicieron el resto, el lore creció y las Backrooms cobraron vida en el imaginario coelctivo.

Buena parte de la culpa de esa expansión la tuvo precisamente Kane Parsons. Mucho antes de que A24 apostara por él, sus vídeos de metraje encontrado inspirados en los Backrooms se habían convertido en un fenómeno viral. Ahora, con apenas veinte años, Parsons se convierte en el director más joven en estrenar una película bajo el sello de A24, un logro extraordinario que merece reconocimiento independientemente del resultado final de la obra.

Un laberinto entre ‘Exit 8’ y ‘La celda’

Lo de ‘Backrooms’ (como película) realmente no es algo nuevo. Su virtud radica en su capacidad para transmitir incomodidad. Parsons comprende qué funcionó en sus vídeos y aprovecha al máximo la sensación de aislamiento. Los personajes vagan por espacios interminables que parecen existir fuera del tiempo y de la lógica.

Resulta inevitable acordarse de ‘Exit 8’ teniendo tan cerca ese estreno. Ambas obras comparten personajes atrapados en lugares aparentemente infinitos, escenarios minimalistas, una sensación constante de repetición y la idea de un espacio que parece burlarse de las leyes de la realidad.

Sin embargo, la película también encuentra inesperados puntos de contacto con ‘La celda’, la obra de Tarsem Singh. No tanto por su estética, que es mucho más austera, sino por la dirección que toma su planteamiento psicológico. Lo que empieza como una exploración de un misterio abstracto termina convirtiéndose en una incursión por territorios mentales mucho más concretos. Y ahí aparece el principal problema del filme.

El gancho de los Backrooms residía en la ambigüedad. En el miedo a un lugar imposible que existía sin explicación. Parsons decide romper esa regla y ofrece una interpretación inédita del fenómeno. La película dedica una parte considerable de su metraje a desarrollar esa explicación, la intención es legítima, pero el resultado es discutible. Cuanto más explica la película, menos inquietante resulta.

Kane Parsons y el triunfo de una generación colectivamente creativa

Más allá de sus defectos, ‘Backrooms’ representa algo especialmente interesante dentro del panorama actual. Estamos ante una obra creada por alguien que pertenece exactamente al público al que se dirige. Kane Parsons no es un ejecutivo intentando interpretar tendencias juveniles. Es uno de los responsables directos de haberlas creado y consumido.

Por eso resulta tan significativo su éxito. Durante años se buscó repetir el impacto comercial que tuvo otro famoso creepypasta como Slenderman, pero los resultados nunca estuvieron a la altura del fenómeno original. En cambio, sí hemos visto cómo propuestas nacidas en internet o en las consolas lograban conectar con el público masivo, como ocurrió con ‘Five Nights at Freddy’s’ (recordemos que a día de hoy es la película de terror más taquillera de la historia en España).

‘Backrooms’ se suma a esa corriente. Y aunque algunos observadores tienden a asociar automáticamente juventud con superficialidad, la película demuestra que ambas cosas no tienen por qué ir unidas. Su rareza, su voluntad de incomodar y sus reflexiones están muy lejos de cualquier propuesta complaciente.

También resulta revelador observar quiénes han respaldado el proyecto. A24 detectó rápidamente el potencial de Parsons, pero no fue la única. Entre los productores figuran nombres tan representativos del terror contemporáneo como James Wan, Shawn Levy y Oz Perkins. La presencia de Wan resulta especialmente significativa. Al fin y al cabo, él mismo construyó buena parte de su carrera a partir de una idea modesta que terminó convirtiéndose en un fenómeno multimillonario con ‘Saw’. Es por ello que en cierto modo, hay que ver ‘Backrooms’ ya que representa una radiografía del terror contemporáneo. Puede que sus respuestas no estén a la altura de sus preguntas o que ni quiera las hayamos pedido, pero incluso cuando se equivoca demuestra una personalidad poco común.

Ficha de ‘Backrooms’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Backrooms. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Kane Parsons. Guion: Will Soodik, Kane Parsons, William Bromell. Música: Kane Parsons, Edo Van Breemen. Fotografía: Jeremy Cox. Reparto principal: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell. Producción: A24, 21 Laps Entertainment, Atomic Monster. Distribución: Elástica Films. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Scary Movie’ (2026)

En qué plataforma ver Scary Movie

Una fumada tras otra

Más de una veintena de años después de que la franquicia comenzara a perder parte de su identidad, los hermanos Wayans regresan a ‘Scary Movie’ para demostrar que todavía saben cómo convertir el mal gusto en un arte caótico. Y sí, también para recordar que fueron ellos quienes definieron el ADN de la saga antes de abandonar la franquicia tras ‘Scary Movie 2’, cuando las negociaciones económicas para continuar no llegaron a buen puerto.

Esta sexta entrega tiene algo de reunión familiar, de ajuste de cuentas y de celebración. Ahora que los Weinstein ya no forman parte de la ecuación, aunque la propiedad siga vinculada a Miramax, los Wayans han podido darse el gustazo de volver a un universo que ayudaron a crear. El resultado es una película que recupera la irreverencia más pueril y descarada que muchos espectadores echaban de menos y otros la esperaban como un revulsivo.

Una comedia que no pide paso ni perdón

Desde su misma secuencia inicial, protagonizada por Teyana Taylor, ‘Scary Movie 6’ deja claro que viene dispuesta a encadenar una fumada tras otra (literalmente). No hay intención alguna de sofisticar el producto ni de disfrazarlo de sátira elevada. Aquí hay humor verde, escatológico, psicotrópico y una absoluta falta de interés por las buenas maneras.

Eso hará que la película divida al público, como ya sucedió en su día, cuando surgió como una versión pasada de vueltas de la saga ‘Agárralo como puedas’. Habrá quien la considere una reliquia cómica de otra época, un ejemplo de un humor que ha envejecido mal y que se niega a adaptarse a los tiempos. Otros encontrarán precisamente en esa incorrección su principal atractivo, como una especie de resistencia cómica frente a una cultura cada vez más empeñada en poner límites a todo.

Para quien no sepa de qué trata esto, básicamente es una consecución de sketches inspirados en película de terror del momento e hilados por una historia que por lo general rememora a ‘Scram’. Los Wayans tampoco se conforman con parodiar únicamente éxitos recientes del terror. Como ya ocurría en las mejores entregas de la saga, los dardos apuntan también hacia la actualidad política y social. Entre bromas imposibles aparecen referencias a temas tan contemporáneos como los archivos de Epstein o las políticas migratorias asociadas al ICE de Trump. Sin duda han mantenido el montaje abierto hasta el último instante incluyendo algunos de los gags más efectivos e hirientes de todo el largometraje.

He citado Miramax, pero el otro gran participante en todo esto es Paramount Pictures. Viene como anillo al dedo traer esto a la palestra y no es propaganda ya que son los responsables de otro regreso. El de ‘Agárralo como puedas’. ‘Scary Movie’ es clara heredera de las películas de los ZAZ (‘Top Secret!’ o ‘Airplane’) y conviene recordar que a parte de adecuarse a los tiempos hay que mantener vivo un espíritu y una dinámica humorística. La productora ha dado carta blanca sin ningún tapujo y eso es para aplaudir en estos tiempos en los que se intenta ante todo guardar las formas y llegar a todo el mundo posible a cambio de perder autenticidad.

Terror, nostalgia y una lluvia de referencias

Por supuesto, el terror sigue siendo el combustible principal de la franquicia. Desfilan referencias a nuevas y viejas entregas de ‘Scream’, a los regresos recientes de ‘Halloween’ y a fenómenos contemporáneos como ‘Longlegs’, ‘La sustancia’ o ‘Weapons’. Pero el objetivo nunca es analizar estas películas, sino utilizarlas como excusa para lanzar chistes a una velocidad absurda. En ese sentido el filme funciona pues retar al espectador a ver si detecta todas las referencias siempre es un buen gancho. Pero aparecen a tal velocidad tiktokera que me compadezco del montador de esta película.

También hay espacio para segmentos animados a lo coreano, guiños generacionales y referencias dirigidas tanto a millennials como a zillennials. Sin embargo, quienes más disfrutarán la experiencia serán aquellos espectadores que crecieron con las dos primeras entregas. Si consiguen conectar durante hora y media con su yo adolescente, probablemente se encontrarán riendo donde otros solo verán inmadurez.

Esta sexta entrega de ‘Scary Movie’ no pretende reinventar nada. Lo que hace es recuperar una fórmula que llevaba demasiado tiempo desaparecida. Y lo hace con la misma elegancia de una cabra hambrienta entrando en un salón de té lleno de conservadores.

¿Los dealers de esta nueva entrega?

En el reparto volvemos a tener a los protagonistas originales: Marlon Wayans, Shawn Wayans, Anna Faris, Regina Hall. Pero realmente los proveedores de estas nuevas dosis humorísticas son su director y guionistas. Al mando de esta nueva flipada está Michael Tiddes, quien ya ha hecho numerosas películas del mismo corte con Marlon Wayans como ‘Paranormal Movie’. Y el libreto, esta sobredosis de chifladuras a tope de THC son los hermanos Wayans acompañados de su sobrino Craig Wayans y hermano Keenen Ivory Wayans, autor de ‘Dos rubias de pelo en pecho’, para la cual también hay un buen gag. Y el denominador común, quien ha estado en todos estos proyectos, viene con apellido diferente, Rick Alvarez. Quien sabe, quizás algún día este humor básico y tonrorrón sea visto como algo a reivindicar y todos estos nombres que quedan aquí anotados vuelven a ser aplaudidos.

Ficha de ‘Scary Movie’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Scary Movie. Duración: 95 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Tiddes. Guion: Rick Alvarez, Marlon Wayans, Shawn Wayans, Keenen Ivory Wayans, Craig Wayans. Música: Haim Mazar. Fotografía: Terry Stacey. Reparto principal: Marlon Wayans, Shawn Wayans, Anna Faris, Regina Hall. Producción: Paramount Pictures, Miramax, Original Film, Ugly Baby Productions, Wayans Brothers. Distribución: Paramount Pictures. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘He-Man y los Masters del Universo’

En qué plataforma ver He-Man y los Masters del Universo

Entre la nostalgia y la autoparodia, desde luego, con toda la épica

Durante años, ‘Masters del Universo’ ha sido uno de esos proyectos que parecía condenado a vivir en un limbo de batacazos consecutivos o cambio constante de mano. El filme actual llegó a desarrollarse bajo el título de ‘Grayskull’ con Joel Silver (‘Matrix’) como principal impulsor. Sin embargo, viendo el resultado final, cuesta imaginar una elección más acertada que la de Travis Knight para devolver la vida a Eternia.

El director ya había demostrado en ‘Bumblebee’ saber comprender los mecanismos emocionales que activan la nostalgia. Y por otro, tenemos claro que sabe cómo presentar esos mismos elementos a espectadores que jamás han tenido un muñeco de He-Man entre las manos. Aunque hay que reconocerlo, esta película está hecha principalmente para quienes conocían los muñecos de Mattel.

Su gran mérito consiste en entender que ‘Masters del Universo’, o los He-Man como siempre se ha dicho en España, nunca fue simplemente una serie de dibujos animados. Tampoco era únicamente una colección de juguetes que venían acompañados de un cómic. Era una mezcla imposible de fantasía medieval heroica, ciencia ficción espacial, portadas de discos de heavy metal, cómics de espada y brujería y musculatura hipertrofiada. Y funcionaba. La película abraza esa identidad desde el primer minuto. Es glam, es bizarra, es excesiva y, sobre todo, es consciente de ello. Lejos de intentar racionalizar el material original, lo celebra.

Un gigantesco ejercicio de fanservice que consigue funcionar

Lo más sorprendente de ‘Masters del Universo’ es que consigue algo que parecía imposible: hacer funcionales los juguetes. La reciente serie desarrollada por Kevin Smith ya había entendido que gran parte del atractivo de esta franquicia estaba en utilizar todos esos personajes imposibles que Mattel fue incorporando a la línea durante años. Travis Knight recoge esa misma filosofía y la lleva al terreno cinematográfico. E incluso copia algún que otro giro de guión de ‘Master del Universo: revelation’.

El resultado es una película poblada por decenas de figuras reconocibles para cualquier aficionado. Lo interesante es que no aparecen únicamente para provocar un aplauso cómplice. La enorme variedad de guerreros, criaturas y vehículos dota a la aventura de una versatilidad constante. Aquí reside una de las grandes diferencias respecto a otras adaptaciones nostálgicas recientes. La película no utiliza los personajes como decoración. Los convierte en herramientas narrativas.

Los guiños son más que continuos, una constante. Algunos resultan especialmente inspirados, como la aparición de una figura basada en el diseño primigenio de He-Man, aquel concepto visual claramente influido por Conan el Bárbaro antes de que la franquicia encontrara su identidad definitiva. También hay referencias destinadas a quienes todavía recuerdan la adaptación protagonizada por Dolph Lundgren, homenajes que aumentan la sensación de que esto no está pensado del todo para un público general, aunque si masivo pues el fandom de esta colección es grande.

Además, el filme se alimenta constantemente de la iconografía de la serie animada. Muchas secuencias aluden a la memoria colectiva de varias generaciones pues vamos rápidamente de los dibujos de Filmation a los memes más famosos. Es una estrategia arriesgada, todo un all-in por parte de Sony y Amazon, que probablemente funcione. Y esto será sobre todo porque la película parece entender algo que durante años muchos aficionados han hecho: recordar ‘Masters del Universo’ con cariño y también con cierta sorna.

El meme ya se burlaba de ello, la película lo convierte en su eje

Masters del Universo parte de una época en la que se diferenciaba abiertamente entre los juguetes aleccionadores que segregaban entre niños y niñas. En el caso de Mattel los He-Man eran para los niños y las Barbies para las niñas. No vamos a decir que esta sea una película woke, no me lo parece, pero si es consciente de aquello que se hacía erradamente en el pasado en cuanto a lo educativo (está claro que no en lo comercial) y es por ello que gran parte del humor gira alrededor de la masculinidad exagerada que definía a aquellos muñecos.

Esos cuerpos imposibles, aquellas poses heroicas, esa visión de la hombría propia de los años ochenta y aquellos nombres que llevaban consigo casi siempre una connotación varonil se convierte aquí en objeto de comentario constante. La película se ríe de ello mientras irónica y simultáneamente lo celebra. La obra funciona tanto para quienes veneraban aquellos juguetes como para quienes hoy son capaces de apreciar su lado más extravagante.

Galitzine y Leto en busca del tono correcto para los iconos de Eternia

Evidentemente, aunque todo es una nube de referencias y guiños, la atención está en Nicholas Galitzine y Jared Leto. Físicamente el actor británico encaja con la imagen que muchos aficionados tienen del héroe de Eternia, pero donde realmente destaca es en aquellos momentos donde el guion le permite abrazar el lado más ingenuo y hasta ridículo del personaje. Sin embargo conviene recordar que la dinámica entre Adam y He-Man funcionaba de manera muy parecida a la existente entre Clark Kent y Superman. Aquí se cargan la transformación y la aptitud no muta tanto como el físico.

Jared Leto sorprende con un Skeletor mucho más eficaz de lo que muchos esperaban. El actor suele cargar con una fama poco agradecida dentro del cine comercial, siendo señalado con frecuencia como una especie de gafe o revienta proyectos. Sin embargo su voz dota a Skeletor de una presencia correcta. Lo más inteligente es por otro lado que la película evita convertirlo en un villano exclusivamente oscuro. Igual que sucedía en la serie animada, este Skeletor alterna momentos genuinamente intimidantes con situaciones absurdas y cómicas que respetan completamente la esencia original del personaje. Personalmente, sigo pensando que Mark Hamill habría sido de nuevo una elección ideal para interpretar al señor de la Montaña Serpiente, pero he quedado congratulado.

El problema del isekai, las prisas y qué pasa tras tantas concesiones

Si hay un elemento que me genera ciertas reservas es la decisión de apostar por una estructura claramente isekai. (término japonés define aquellas historias donde un personaje procedente de nuestro mundo termina inmerso en un universo fantástico). Es una fórmula trillada desde tiempos inmemoriales y la hemos visto en obras y películas como ‘La historia interminable’, ‘Súper Mario Bros’ o las recientes ‘Monster Hunter’ y ‘Minecraft’ e incluso la versión de ‘Masters del Universo’ que vimos en los 80. Bien es cierto que de este modo se da pie a muchos gags, pero también es cierto que esto ya lo hizo en su día Martin Lawrence con ‘El caballero negro’. Esto también me lleva a recordar otras adaptaciones como ‘Flash Gordon’ pero en ese sentido se transmite una energía positiva, puesto que también está presente el guitarrista de Queen, Brian May y la película tiene un temazo suyo, el cual, suena quizá con demasiada frecuencia.

No todo es perfecto. Existen algunos problemas de continuidad evidentes. Determinados detalles rompen el racord y ciertos personajes aparecen y desaparecen de ciertas escenas tratando de agilizar la trama. La reconexión entre Adam y sus amigos de Eternia, por ejemplo, carece de explicación alguna. El caso más evidente es probablemente el que se observa con el personaje de Beast Man, cuyo tamaño parece variar de una escena a otra sin demasiada explicación.

Las dos escenas extra (una durante los créditos y otra al finalizar completamente la proyección) no solo funcionan como recompensa para los espectadores más pacientes. También representan una declaración de intenciones bastante transparente. Una de ellas es una sorpresa de la que se ha estado hablando y la otra casi que se percibe evidente.

‘Masters del Universo’ es puro fanservice. Un fanservice ejecutado sin complejos, sin pedir disculpas y apostándolo absolutamente todo a la nostalgia. Aunque quedan muchos personajes y tramas por explotar de los cómics originales parece que se ha llegado a un punto del que es difícil partir para progresar con la franquicia manteniendo la fidelidad. No obstante, contra todo pronóstico, deja la sensación de que se ha conseguido el equilibrio entre construir una aventura entretenida, imaginativa y sorprendentemente consciente de sí misma. Travis Knight entiende que el mejor modo de adaptar He-Man no era modernizarlo ni avergonzarse de él, sino aceptar toda su extravagancia y convertirla en virtud. Y ahí reside precisamente el poder de Grayskull.

Ficha de ‘He-Man y los Masters del Universo’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Masters of the Universe. Duración: 132 min. País: EE.UU. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler. Música: Daniel Pemberton. Fotografía: Fabian Wagner. Reparto principal: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, James Purefoy, Morena Baccarin, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Charlotte Riley, Kristen Wiig, Jared Leto, Idris Elba. Producción: Amazon MGM Studios, Escape Artists, Mattel Studios, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Distribución: Sony Pictures. Género: ciencia ficción, aventura, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Dorohedoro’ T2

En qué plataforma ver Dorohedoro

Caos, identidad y una violencia con alma bizarra

Fue una de las series que nos dieron la vida en los últimos estertores del confinamiento por la pandemia del COVID-19 y por fin ha regresado. La segunda temporada de ‘Dorohedoro’ llega tras una espera inusualmente larga dentro del ecosistema anime contemporáneo (casi seis años), y lo hace sin renunciar a nada de lo que convirtió a la primera tanda en una obra de culto: violencia gráfica, humor negro y una narrativa deliberadamente fragmentada. Desde su estreno global el 1 de abril de 2026 (con un inusual arranque de tres episodios simultáneos), la serie producida por MAPPA no solo reafirma su identidad, sino que la radicaliza. Ya era rara dentro del género cyberpunk o el anime más extraño pero consigue ir más allá.

Lo primero que conviene señalar es que ‘Dorohedoro’ sigue siendo profundamente incómoda (y no busca lo contrario) además de quedarse abierta para una tercera entrega. Hay que tener en cuenta que el manga original consta de 23 volúmenes. La clasificación de contenido ya advertía de una violencia “severa” y escenas intensas que rozan lo grotesco, pero en esta segunda temporada esa cualidad se convierte en lenguaje propio. No hay concesiones: cuerpos mutilados, experimentos aberrantes y un universo donde la muerte es casi un trámite burocrático. Sin embargo, lejos de caer en el exceso vacío, la serie articula esta brutalidad como parte de su discurso estético (una especie de punk visual donde el caos es la norma, no la excepción).

El lema promocional de esta temporada, nos sugiere sumergirnos en el caos y no es casual. La dirección vuelve a apostar por una puesta en escena sucia, cargada de texturas digitales que simulan lo orgánico, lo viscoso, lo podrido. Y ahí reside una de sus virtudes: el mundo de Hole y el reino de los hechiceros no son solo escenarios, sino organismos en descomposición constante.

Caimán y la identidad como eje narrativo

Si la primera temporada planteaba el misterio de Caimán, esta segunda lo disecciona. El personaje deja de ser únicamente un vehículo para la acción (un antihéroe amnésico con cabeza de reptil) y se convierte en el núcleo temático de la serie. Su búsqueda de identidad ya no es solo una excusa argumental, sino una exploración casi existencial.

Recordemos que Caimán es un ser marcado por la pérdida de memoria y la deformación física, producto de la magia de los hechiceros. En esta nueva entrega, la narrativa se fragmenta aún más para ofrecer distintas capas de su pasado, jugando con la percepción del espectador (¿quién fue realmente?, ¿cuántas versiones de sí mismo existen?). Este enfoque multiplica la sensación de desconcierto, pero también enriquece el relato.

Pero aquí es donde la temporada da un paso más interesante: aunque el relato pivota claramente sobre Caimán como protagonista, la serie se permite expandirse con generosidad hacia sus secundarios. No se limita a utilizarlos como meros acompañantes o contrapuntos, sino que construye verdaderas historias paralelas que aportan profundidad al mundo. Personajes como En, Shin, Ebisu o Noi no solo ganan tiempo en pantalla, sino también capas psicológicas y contexto histórico. Sus motivaciones, relaciones y conflictos internos se desarrollan con una riqueza que equilibra el foco central de la narrativa.

Este enfoque coral refuerza la sensación de universo vivo. Cada personaje parece tener su propia historia fuera de cámara, su propio pasado y sus propias reglas. Incluso figuras que en la primera temporada podían parecer excéntricas o anecdóticas adquieren aquí un peso dramático inesperado. Es una decisión narrativa arriesgada (porque dispersa la atención), pero coherente con la naturaleza caótica de la serie.

Además, el guion se detiene más en las relaciones entre personajes, especialmente en la conexión entre Caimán y Nikaido, que gana en ambigüedad emocional. No es una relación sentimental al uso, sino una alianza forjada en la supervivencia y el trauma compartido.

Un anime más punk, más caótico y sorprendentemente más humano

Lo que diferencia a esta segunda temporada de otras secuelas es su negativa a “ordenarse”. En lugar de simplificar su narrativa o hacerla más accesible, ‘Dorohedoro’ abraza el caos como principio estructural. Las subtramas proliferan, los personajes secundarios adquieren mayor peso, y la historia se convierte en un mosaico de perspectivas que rara vez encajan de forma convencional.

Sin embargo, en ese aparente desorden emerge algo inesperado: humanidad. La serie encuentra belleza en lo grotesco y convierte a sus personajes en figuras trágicas atrapadas en un sistema violento que no controlan. Incluso los antagonistas poseen motivaciones complejas, alejadas del maniqueísmo.

Técnicamente, la animación mantiene el híbrido entre CGI y dibujo tradicional que tanto dividió al público en su momento. Aquí se percibe más pulido, más integrado en la estética general, aunque sigue siendo una apuesta arriesgada. Esa textura visual, casi sucia, sigue siendo clave para transmitir la identidad de la obra. Desde luego, en mi opinión, la calidad de la animación de esta serie no tiene pega alguna.

En última instancia, esta temporada 2 de ‘Dorohedoro’ es una intensificación de todo lo que la define: violencia, humor absurdo, caos narrativo, una obsesión casi filosófica por la identidad y un descomunal trabajo de animación. Pero además, añade una dimensión coral que enriquece el conjunto, demostrando que el mundo de la serie es mucho más amplio que su protagonista. No es una serie para todos, pero precisamente ahí radica su valor. Es una anomalía fascinante.