Crítica: ‘Spider-Man: Brand New Day’

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Una fresca y nueva perspectiva a través del Spider-Man más solitario, pero a la vez el más multitudinario

Tras el terremoto emocional de ‘Spider-Man: No Way Home’, parecía evidente que el siguiente paso del Peter Parker de Tom Holland debía ser mirar hacia dentro antes que hacia el multiverso. ‘Spider-Man: Brand New Day’, dirigida por Destin Daniel Cretton, entiende perfectamente esa necesidad y construye un relato donde la melancolía pesa tanto como la acción. No llega a convertirse en una película oscura, pero sí adopta un tono más tenebroso y adulto que el de entregas anteriores, explorando la soledad del héroe derivada del conjuro que hizo que el mundo olvidara quién es realmente Peter Parker. Y ese enfoque, para mí es de las mejores bazas de este filme.

Nada más comenzar, el largometraje rompe una de las principales expectativas que había generado su campaña promocional. Como muchos sospechábamos, prácticamente todo el material más espectacular del tráiler pertenece a la secuencia de apertura. Las imágenes que recreaban viñetas míticas del cómic y ese desfile de villanos que prometía una amenaza coral se concentran en esos primeros minutos. Es una decisión inteligente porque prepara al espectador para descubrir que, en realidad, esta vez no existe un gran supervillano central que monopolice el conflicto.

De paso, la película desmonta buena parte de las teorías conspirativas que inundaron las redes sociales durante meses. Aquellos autoproclamados «expertos» que aseguraban que Sony había eliminado personajes del tráiler o escondía medio reparto han visto cómo todas sus predicciones se desmoronan. Quizá sirva para que muchos aficionados aprendan a distinguir entre quienes analizan el cine por amor al arte y quienes simplemente alimentan el algoritmo con especulaciones sin fundamento en busca de notoriedad y autobombo.

Un puente emocionante hacia el futuro… que a veces frena demasiado

Uno de los grandes aciertos del libreto consiste en recuperar la esencia científica de Spider-Man. Peter va enlazando encuentros, experimentos y situaciones donde la pseudociencia vuelve a desempeñar un papel fundamental, recuperando una tradición muy arraigada en los cómics del personaje. A ello se suma un equilibrio bastante conseguido entre la tristeza que provoca el recuerdo de MJ (Zendaya) y el humor característico del protagonista. Peter ha madurado, pero sigue echando de menos su etapa estudiantil, sus amigos y ese punto friki que siempre ha definido al personaje y que más aflora cuando está con Ned (Jacob Batalon).

Las escenas de acción también merecen una mención especial. Los balanceos por Nueva York y varias coreografías parecen diseñadas pensando directamente en quienes han disfrutado de los videojuegos recientes del personaje. Hay movimientos, encuadres y persecuciones que recuerdan claramente a esa forma tan dinámica de entender al trepamuros.

Sin embargo, donde la película deja una sensación más agridulce es en su incapacidad para culminar dos ideas realmente prometedoras. No porque vayan demasiado lejos, sino precisamente porque se quedan a medio camino.

La primera tiene que ver con los mutantes. Marvel y Sony rozan un terreno apasionante, pero pisan el freno justo cuando parecía que iban a cruzar una línea importante. Jean Grey aparece (el secreto que hace tiempo que dejó de serlo) y su reinterpretación resulta muy distinta tanto para ella como para otro personaje relacionado con esa trama. Da la impresión de que Marvel Studios y los acuerdos entre compañías han preferido reservar determinadas sorpresas para producciones completamente controladas por el estudio marvelita.

La segunda oportunidad desaprovechada afecta al propio Spider-Man. Se insinúa una evolución física del héroe que podría haber acercado la historia a terrenos próximos al body horror que en su día tampoco culminó Sam Raimi, pero nuevamente la película opta por detenerse antes de cruzar ese umbral. Es fácil imaginar que Sony haya considerado que ese camino podría resultar demasiado extremo para una versión cinematográfica tan popular del personaje, pero habría estado bien aproximarse a cómics como ‘The Spectacular Spider-Man’, ‘The Other: Evolve or Die’ o ‘Mutant Agenda’.

Una película de transición marvelita pero con personalidad propia

Aunque funciona claramente como puente hacia acontecimientos futuros del Universo Cinematográfico Marvel, ‘Spider-Man: Brand New Day’ consigue evitar convertirse únicamente en un episodio de transición. Incluso encuentra tiempo para desarrollar una idea sorprendentemente original alrededor de una palabra recurrente durante el relato, construyendo una especie de pequeño ‘Ciudadano Kane’ que aporta un giro diferente dentro del cine superheróico.

No todo funciona con la misma precisión. Hay varias secuencias cuya resolución transmite cierta sensación de improvisación, especialmente una situada inmediatamente después del clímax principal, donde parece que el montaje no encuentra la mejor forma de cerrar lo que acaba de ocurrir.

Destin Daniel Cretton vuelve a demostrar la sensibilidad narrativa que ya había exhibido en ‘Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos’ o en ‘Wonder Man’. El director mantiene además un perfil especialmente interesante dentro de Marvel. Conviene mantenerle en nuestro punto de mira por eso y por ser el encargado del esperado live action de ‘Naruto’.

Entre los numerosos guiños para los aficionados destaca también la dedicatoria final a Gerry Conway, creador de The Punisher aquí interpretado nueva mente por Jon Bernthal. El homenaje resulta especialmente apropiado si recordamos que El Castigador debutó precisamente en las páginas de un cómic de Spider-Man.

Puede que ‘Spider-Man: Brand New Day’ no alcance el impacto emocional que tuvieron en su día algunas películas de Tobey MaGuire o Andrew Garfield, ni se atreva a desarrollar todas las ideas que plantea, pero sí ofrece una evolución coherente del personaje. Combina entretenimiento con melancolía y deja preparado un tablero que promete movimientos muy interesantes en el futuro del MCU.

Como añadido final y avisando de spoilers he de mencionar la escena post-créditos. Se nos avisa de la presencia de Spider-Man en el espacio exterior. Por supuesto, correrán, ríos de tinta y ahora serán todo teorías. Así es que podemos imaginar que este Spider-Man que hemos visto pertenece a otro universo, que va a recibir la visita de un equivalente de un universo paralelo o incluso podría tratarse de 2099, el Spider-Man, que veremos en la nueva película animada que cerrará la trilogía de Miles Morales, aunque este realmente de lo que viene es del futuro. Lo más probable es que tenga que ver con lo que va a pasar en ‘Secret Wars’. Pero ya sabéis que con una semillita como esta muchos sacarán oro.

Ficha de ‘Spider-Man: Brand New Day’

Estreno en España: 29 de julio de 2026. Título original: Spider-Man: Brand New Day. Duración: 144 min. País: EE.UU. Dirección: Destin Cretton. Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Justin Kuritzkes. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Brett Pawlak. Reparto principal: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal, Mark Ruffalo. Producción: Columbia Pictures, Marvel Studios, Pascal Pictures, Sony Pictures. Distribución: Sony Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Juggernaut’

Una narración consistente y poderosa que no necesita palabras

Hay ocasiones en las que un cortometraje demuestra que el cine sigue siendo, ante todo, un arte visual y narrativo que no entiende de tiempos. ‘Juggernaut’, dirigido por los hermanos Daniele Ricci y Emanuele Ricci, pertenece a esa categoría de obras que prescinden deliberadamente del diálogo para confiar toda su expresividad a la imagen, el sonido y la interpretación física. Es un cortometraje italiano, sí, pero también una propuesta profundamente universal, porque su historia podría comprenderse en cualquier rincón del mundo sin necesidad de traducción.

Lejos de convertirse en un mero ejercicio de estilo, el silencio es aquí una herramienta narrativa. No hay una sola línea de diálogo ni un solo texto explicativo, pero tampoco hacen falta. La historia es sencilla y está construida desde la acción, permitiendo que el espectador descubra poco a poco un universo mucho mayor del que realmente aparece en pantalla. Esa capacidad para sugerir un imaginario completo sin verbalizarlo es uno de los mayores logros del trabajo de los Ricci.

El protagonista transmite una resistencia casi sobrehumana sustentada en el estoicismo, como hacía el protagonista de ‘Sisu’, por ejemplo. Del mismo modo que el personaje creado por Jalmari Helander avanzaba soportando todo tipo de adversidades con una determinación inquebrantable, el héroe de ‘Juggernaut’ interpretado por Eugenio Krilov encuentra en la perseverancia su principal arma. Son personajes definidos mucho más por sus acciones que por sus palabras, auténticos supervivientes cuya personalidad se construye golpe tras golpe.

Una fantasía medieval de enorme riqueza visual

Si algo destaca desde el primer plano es el extraordinario trabajo fotográfico. La imagen posee un color muy trabajado, con un etalonaje que dota de personalidad propia a cada escenario. La fotografía juega constantemente con los contrastes entre espacios dominados por la oscuridad y pequeños estallidos cromáticos que enriquecen la composición sin romper la coherencia estética. Una prenda, una llama, un cielo, el color aparece para destacar entre lo tenebroso del ambiente.

La propuesta visual remite a esa fantasía medieval europea de tono oscuro que en los últimos años ha encontrado excelentes representantes. Es fácil pensar en el imaginario desarrollado por Paul Urkijo o recordar atmósferas cercanas a ‘Black Death’ y ‘El caballero verde’. No se trata de una imitación, sino de compartir una sensibilidad estética donde los bosques, las ruinas, la piedra y la naturaleza adquieren un peso dramático tan importante como los propios personajes.

Sorprende también el diseño de producción. A pesar de tratarse de una producción modesta, el cortometraje presenta un notable cuidado en la construcción de su universo. El vestuario, el atrezo y los diferentes elementos escénicos (props) poseen una credibilidad que ayuda enormemente a la inmersión. En ningún momento da la impresión de que el presupuesto limite la ambición artística, al contrario, la imaginación compensa cualquier restricción material.

Un ejercicio de cine puro que trasciende su condición de cortometraje

Quizá el mayor mérito de ‘Juggernaut’ sea precisamente su capacidad para sugerir mucho más de lo que enseña. En apenas unos minutos logra que el espectador intuya una mitología previa, un contexto histórico y unas reglas internas que nunca necesitan ser explicadas. Ese respeto por la inteligencia del público conecta con el mejor cine fantástico contemporáneo, donde la exposición deja paso a la observación.

También resulta llamativo el equilibrio entre espectáculo y sobriedad. La acción nunca cae en el exceso, sino que sirve para desarrollar al personaje y mantener un ritmo constante. No busca impresionar mediante la acumulación de secuencias grandilocuentes, sino construir una aventura de apariencia sencilla cuya verdadera riqueza reside en todo aquello que permanece implícito.

‘Juggernaut’ demuestra que el formato corto sigue siendo un extraordinario laboratorio creativo para el cine fantástico. Con una identidad visual muy marcada, una dirección artística sorprendentemente sólida y una narración completamente muda que jamás pierde claridad, Daniele Ricci y Emanuele Ricci firman una obra pequeña en duración pero grande en personalidad. Un recordatorio de que el cine puede seguir emocionando únicamente con imágenes cuando detrás existe una mirada cinematográfica auténtica.

Ficha de ‘Juggernaut’

Estreno en España: 2024. Título original: Juggernaut. Duración: 20 min. País: Italia. Dirección: Daniele Ricci, Emanuele Ricci. Guion: Eugenio Kirlov, Daniele Ricci, Emanuele Ricci. Música: Diego Guarnieri. Fotografía: Daniele Ricci. Reparto principal: Eugenio Krilov, Adriana Papana, Nicolò Cerreti. Producción: Mondo Rosso Productions. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Insaciable’

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Natalie Erika James vuelve a convertir el terror en un espejo incómodo

Desde su misma secuencia inicial, entre rutinas de fitness, dietas y una obsesión enfermiza por la comida, ‘Insaciable’ inevitablemente despierta el recuerdo de ‘La sustancia’. Sin embargo, sería un error considerar que el nuevo trabajo de Natalie Erika James pretende ir a rebufo del fenómeno protagonizado por Demi Moore. Ambas comparten un mismo campo de reflexión (la dictadura de la imagen, la obsesión por el cuerpo perfecto y la presión estética alimentada por las redes sociales), pero cada una desarrolla un camino muy distinto.

Si existe una producción que realmente puede entenderse como una continuación espiritual de ‘La sustancia’, esa sería ‘Thinestra’, mucho más condicionada por las inevitables comparaciones. ‘Insaciable’, en cambio, utiliza un punto de partida parecido (la aparición de un supuesto compuesto milagroso capaz de acercarte al físico que deseas), aunque pronto deriva hacia un territorio propio. La pregunta, por tanto, resulta inevitable: ¿consigue demostrar que posee una identidad diferenciada? En gran medida sí, aunque no sin ciertas contradicciones.

Natalie Erika James ya había demostrado en ‘Relic’ que el terror era únicamente el vehículo para hablar de conflictos profundamente humanos. Después llegaría su notable precuela de ‘Rosemary’s Baby’, donde volvió a exhibir una sensibilidad poco habitual para combinar el horror psicológico con dramas íntimos. En ‘Insaciable’ regresa precisamente a ese terreno donde mejor se mueve: un cine en el que el miedo nace mucho antes de que aparezca cualquier elemento sobrenatural.

El verdadero horror está en la necesidad de agradar

Lo más interesante de ‘Insaciable’ reside en que nunca limita su discurso únicamente a los trastornos alimentarios. Evidentemente estos ocupan el centro del relato, pero Natalie Erika James amplía el foco para hablar del control de las pulsiones en un sentido mucho más amplio.

La necesidad compulsiva de consultar constantemente el teléfono móvil, la facilidad con la que se ridiculiza a las personas con sobrepeso o la ansiedad por responder a unos cánones de belleza imposibles aparecen como síntomas de una misma enfermedad social. El filme plantea que la presión por agradar no solo nace del deseo de seducir a una posible pareja, sino también de la necesidad de satisfacer las expectativas familiares, especialmente las de unos padres cuya aprobación puede convertirse en una prisión invisible.

La directora construye esa angustia mediante la sugestión antes que mediante el sobresalto fácil. Su puesta en escena vuelve a apostar por imágenes desagradables, por una sensación física de incomodidad y por un ambiente malsano que consigue transmitir que algo se está pudriendo mucho antes de que el horror se haga explícito.

En ese sentido también resulta especialmente interesante la utilización de los trastornos del sueño. Aunque algunas escenas puedan parecer fantásticas, la película introduce una referencia muy real al Trastorno Alimentario Relacionado con el Sueño (TARS), una parasomnia en la que el paciente consume alimentos de forma compulsiva e incontrolada durante despertares nocturnos. Esa conexión con una condición médica existente aporta una dimensión especialmente inquietante a varias de sus secuencias.

Una parte sobrenatural menos inspirada que su discurso

El principal problema de ‘Insaciable’ aparece cuando decide explicar su componente sobrenatural. Hasta ese momento, Natalie Erika James consigue que todo funcione como una poderosa metáfora sobre la obsesión contemporánea por el aspecto físico. Sin embargo, conforme avanza el relato, esa dimensión fantástica termina desligándose del mensaje principal.

Las reglas que gobiernan esa amenaza sobrenatural responden a mecanismos mucho más convencionales, cercanos al J-Horror de principios de los años 2000 que a un terror psicológico moderno preocupado por desarrollar sus metáforas hasta las últimas consecuencias. Esa ruptura hace que el desenlace pierda parte de la fuerza acumulada durante su excelente primera mitad.

No obstante, incluso con esa irregularidad, ‘Insaciable’ continúa siendo una propuesta mucho más interesante que buena parte del terror comercial reciente. Natalie Erika James demuestra nuevamente que le interesa utilizar el género como herramienta para analizar conflictos profundamente contemporáneos tal y como hacen Alex Garland, Julia Ducournau, Damian McCarthy o Paco Plaza.

Ficha de ‘Insaciable’

Estreno en España: 24 de julio de 2026. Título original: Saccharine. Duración: 112 min. País: Australia. Dirección: Natalie Erika James. Guion: Natalie Erika James. Música: Hannah Peel. Fotografía: Charlie Sarroff. Reparto principal: Midori Francis, Danielle Macdonald, Madeleine Madden. Producción: Carver Films, IPR.VC, Thrum Films. Distribución: Diamond Films. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’

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Vistosa actualización del clásico de Tor Åge Bringsværd

La animación europea continúa demostrando que posee personalidad propia a la hora de abordar el cine familiar. Rufus. La serpiente que no sabía nadar, dirigida por Endre Skandfer y basada en la popular obra del escritor noruego Tor Åge Bringsværd, recupera uno de los personajes más queridos de la literatura infantil nórdica para construir una historia sencilla, pero eficaz, sobre la importancia de aceptar aquello que nos hace diferentes. Aunque el punto de partida se apoya en el imaginario del monstruo del Lago Ness y las leyendas escocesas, la película pronto deja claro que su auténtico interés reside en hablar de problemas muy actuales, utilizando la fantasía como vehículo para conectar con el público infantil.

Una historia sobre el acoso con ecos de El patito feo

Más allá de la aventura, Rufus. La serpiente que no sabía nadar construye un relato que recuerda inevitablemente a clásicos como ‘El patito feo’. Su protagonista es un joven que no encaja dentro de su propia comunidad, es señalado por ser distinto y debe aprender a convertir aquello que los demás consideran una debilidad en su mayor fortaleza.

La película aborda el rechazo, la exclusión y el acoso desde una perspectiva accesible para los más pequeños, transmitiendo un mensaje claro sobre la autoestima, la cooperación y la necesidad de aceptar las diferencias. Sin caer en discursos excesivamente moralizantes, consigue que su mensaje resulte comprensible para el público al que va dirigido.

El Lago Ness como escenario de fantasía

El universo en el que transcurre la historia aprovecha el mito del monstruo del Lago Ness para crear un mundo donde las criaturas fantásticas conviven bajo sus propias reglas. Precisamente por partir de una de las leyendas más conocidas del imaginario popular, la película puede permitirse numerosas licencias creativas sin necesidad de buscar una explicación realista.

Dentro de ese contexto fantástico resulta natural aceptar la presencia de personajes imposibles o situaciones que desafían cualquier lógica científica, reforzando el tono de cuento que acompaña toda la narración.

Una decisión estética discutible

Quizá uno de los aspectos más llamativos sea el diseño de las serpientes marinas. La decisión de dotarlas de pelo resulta, cuanto menos, cuestionable tanto desde un punto de vista científico como estético.

Sin embargo, parece evidente que no responde a una búsqueda de realismo, sino a una intención comercial y narrativa: ofrecer una mayor variedad visual entre personajes y hacerlos más atractivos para el público infantil, siguiendo una tendencia que ya han explotado con éxito producciones como ‘Trolls’. Aunque esta elección puede sorprender a los espectadores adultos, termina integrándose dentro del tono fantástico de la propuesta.

Una producción que confirma el buen momento de la animación europea

La película vuelve a poner de manifiesto la capacidad de la animación europea para desarrollar proyectos familiares alejados de los grandes estudios estadounidenses. La coproducción entre Noruega y Bélgica ofrece un acabado visual cuidado y una historia que prioriza los valores humanos por encima del espectáculo constante. ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’ encuentra su lugar gracias a un relato cercano y un protagonista con el que resulta fácil empatizar.

Es un filme que propone una aventura familiar de corte clásico que utiliza el universo del monstruo del Lago Ness para construir una historia sobre el rechazo, la aceptación y la superación personal. Mantiene vivo el espíritu de la obra original de Tor Åge Bringsværd reinventando su estética, con una aventura amable y cargada de valores que conecta con temas tan universales como el miedo, la diferencia y la importancia de encontrar nuestro propio lugar.

Ficha de ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’

Estreno en España: 24 de julio de 2026. Título original: Rufus – The Sea Serpent Who Couldn’t Swim. Duración: 81 min. País: Noruega. Dirección: Endre Skandfer. Guion: Karsten Fullu, Johan Bogaeus, Lotte Scheutz. Música: Peder Kjellsby. Reparto principal (doblaje original): Mudit Gupta, Gisken Armand, Torstein Bae, Sigrid Bonde Tusvik, Kåre Conradi. Producción: Anima Point, Atmosphere Media, Maipo Film, NeXFrames Media. Distribución: Vercine. Género: aventura, infantil, fantasía. Web oficial

Crítica: ‘La última campanada’

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Un estupendo cuento de terror para los más pequeños de la casa

En 1817, nos encontramos en un remoto pueblo, la amenaza del Vurdalak, siembra el terror llevándose a los niños en la oscuridad. Lorenzo, sale en su búsqueda para proteger a su familia. Su mujer Margarita se queda sola con el bebé y una única advertencia, no abrir la puerta si a medianoche suena la última campanada.

Un relato de terror gótico, bastante bien realizado. Elementos de cine fantástico y con toques de terror. Realizado por estudiantes de Lightbox Academy (‘Tadeo Jones’) y dirigido por Alberto Cano.

Animación e historia

Quizás su animación no sea perfecta, sobre todo en su textura, pero los movimientos, luces y sombras están muy bien captados. Pero tiene otra parte de animación, mientras nos narran otra historia que me parece super chula, en blanco y negro con un toque a acuarela muy bien trabajado.

Una animación diferente que nos muestra un cuento de terror, donde los héroes también tienen miedo. Ya no por morir, si no también miedo por su familia, terror de perderlos y dejarlos solos. La ambientación está muy bien recreada. Ese pueblo lúgubre por el día que se convierte en terrorífico a la noche.

‘La última campanada’ es un cuento de terror gótico, con sus sombras, su misterio y por supuesto una criatura malvada que viene a destruir a estas familias que deben proteger a lo que más quieren en este mundo, su descendencia. Además, me encanta ese ser, el Vurdalak, una especie de vampiro de origen esloveno, que de normal decide llevarse a sus seres queridos y los convierten en monstruos.

El gran camino hacia la San Diego Cómic Con

Después de pasar por varios festivales, entre ellos el Sitges Festival, en su sección Sitges Family que está dedicada a los más pequeños, introduciéndoles en el mundo del terror desde chiquititos. ‘La última campanada’ aterriza en el festival de cine de la Comic-Con Inernational de San Diego. Esto se ha convertido en un gran hito, ya que es ´la única escuela audiovisual en lograr llegar a competir en la categoría de Mejor Cortometraje de Animación.

Lightbox Academy

Es la escuela de Artes Digitales de Lightbox Animation Studios, la productora de animación más premiada de España. Donde se han gestado trabajos como todas las películas de Tadeo Jones.

Pero no solo eso, también ha salido de esta academia varios cortometrajes que han conseguido Premios Goya, como ‘The Monkey’ que ganó en 2022 o Madrid 2120’ que consiguió el premio en 2020. Así que esperamos daros pronto la noticia de que ha conseguido el premio en la San Diego Comic-Con.

Ficha de la película

Estreno en España: Sin fecha de estreno. Título original: La última campanada. Duración: 12 min. País: España. Dirección: Alberto Cano. Guion: Alberto Cano y David Alonso. Música: Ezequiel Navarrete. Fotografía: Jorge Ramos. Reparto principal: Isabel Gaudí, Eduardo Gutiérrez, Pablo Ibáñez Durán. Producción: Lightbox Academy. Distribución: Lightbox Academy. Género: Terror. Web oficial.

Crítica: ‘Stuart no consigue salvar el universo’

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Todo un laboratorio de posibilidades

Cuando se anunció que Stuart Bloom sería el protagonista de un nuevo spin off de ‘The Big Bang Theory’, pocos podían imaginar que la franquicia optaría por abandonar casi todas las convenciones que la hicieron mundialmente popular. Al contrario que ‘El joven Sheldon’, ‘Stuart no consigue salvar el universo’ no intenta repetir la fórmula de la sitcom original. Al contrario. La utiliza como punto de partida para lanzarse a un experimento mucho más ambicioso, extraño y, sobre todo, imprevisible.

La premisa de esta nueva serie, que se puede ver si haber visto la original y que se estrena el 23 de julio, es tan sencilla como efectiva. Una cadena de acontecimientos provoca que Stuart deba recorrer diferentes universos alternativos tratando de reparar un desastre que amenaza la realidad. A partir de ahí, la serie se convierte en un festival de ideas donde prácticamente cualquier escenario es posible.

Cada episodio propone un nuevo mundo con reglas completamente distintas. Lo mismo visitamos una sociedad postapocalíptica propia del mejor cine de ciencia ficción que un siglo XXI gobernado por la magia, una civilización completamente vegana o una delirante distopía donde las multas por pronunciar determinadas palabras (en un evidente guiño a ‘Demolition Man’) se llevan hasta consecuencias absolutamente absurdas.

Las referencias que se me vienen a la cabeza

Lo interesante es que la serie nunca se toma demasiado en serio. Cada realidad sirve tanto para desarrollar una aventura como para satirizar aspectos de nuestra sociedad, del fandom o incluso de la propia cultura popular.

Muchos establecerán inevitablemente comparaciones con ‘Doctor Who’, especialmente por la estructura de viajes entre realidades y el tono fantástico que adopta en determinados momentos. Sin embargo, la referencia que realmente viene a la cabeza es ‘Sliders’ (‘Salto al infinito’). Igual que ocurría en aquella reivindicable producción de los años noventa, los protagonistas saltan de una realidad alternativa a otra intentando regresar a su mundo original, lo que permite reinventar completamente el escenario en cada capítulo.

La conexión resulta incluso simpática si recordamos que en ‘Sliders’ participaba Jerry O’Connell, a quien muchos recuerdan por compartir reparto con Wil Wheaton en ‘Stand by Me’. Precisamente Wil Wheaton terminó convirtiéndose en uno de los cameos más recurrentes y divertidos de ‘The Big Bang Theory’, ejerciendo casi siempre como el gran dolor de cabeza de Sheldon Cooper.

Un cambio de tono que demuestra que la franquicia todavía tenía margen para sorprender

Lo primero que llama la atención es que desaparecen las risas enlatadas. Esa simple decisión transforma completamente la experiencia. La serie deja de sentirse como una sitcom tradicional para acercarse más a una aventura de ciencia ficción con abundantes dosis de humor y por supuesto mayor número de planos.

También nos congratulan con la presencia de momentos sorprendentemente sangrientos, algo completamente impensable en la serie matriz. No llega a convertirse en una producción especialmente violenta, pero sí demuestra que sus responsables buscan explorar territorios narrativos diferentes.

Aun así, el ADN de ‘The Big Bang Theory’ continúa presente. Siguen apareciendo cameos, referencias científicas y constantes guiños al mundo del cómic, los videojuegos, el cine y la televisión. Toda la narración gira alrededor de esa mezcla entre divulgación científica y cultura popular que siempre definió a la franquicia.

Resulta especialmente simpático comprobar cómo algunos objetos del decorado esconden referencias visuales a personajes y acontecimientos de la serie original, mientras determinados episodios incluyen pequeños detalles destinados únicamente a los espectadores más observadores.

Mención aparte merece la magnífica cabecera compuesta por Danny Elfman. Quizá no sea una melodía especialmente pegadiza, pero sí transmite perfectamente esa sensación de rareza permanente que envuelve toda la serie. Además, los títulos de apertura incorporan pequeñas variaciones visuales y mensajes ocultos entre episodios, un detalle que invita a prestar atención incluso antes de comenzar cada aventura.

Una serie tremendamente entretenida… con un desenlace demasiado prudente

‘Stuart no consigue salvar el universo’ funciona porque entiende perfectamente cuál es su objetivo. No pretende revolucionar la televisión ni construir complejas reflexiones filosóficas sobre el multiverso. Quiere divertir. Y lo consigue con enorme facilidad.

Cada episodio termina despertando la curiosidad por descubrir cuál será la siguiente realidad absurda, qué nuevo cameo aparecerá o hasta dónde estarán dispuestos a llevar una idea aparentemente imposible. Esa sensación convierte la serie en un producto francamente adictivo que invita a encadenar capítulos casi sin darse cuenta.

Precisamente esa capacidad para reinventarse constantemente es su mayor virtud. Nunca sabemos qué clase de universo visitaremos a continuación ni qué referencias cinematográficas, científicas o comiqueras aparecerán escondidas entre los diálogos.

Por desgracia, esa valentía desaparece parcialmente en el desenlace. El final resulta bastante flojo y transmite la sensación de que sus responsables prefieren dejar múltiples puertas abiertas antes que ofrecer una conclusión realmente satisfactoria. Se percibe claramente como un intento de mantener viva la posibilidad de futuras temporadas si la recepción del público acompaña.

No arruina el viaje, porque el recorrido continúa siendo enormemente divertido, pero sí deja un pequeño sabor a oportunidad desaprovechada. Quizá sea el único momento donde la serie parece contenerse cuando durante el resto del trayecto había demostrado no tener miedo a abrazar el disparate más absoluto.

En cualquier caso, este spin off confirma que el universo de ‘The Big Bang Theory’ todavía podía ofrecer propuestas inesperadas. No busca sustituir a la serie original, sino demostrar que sus personajes todavía pueden protagonizar historias completamente diferentes sin perder su esencia. Y eso, en una franquicia tan conocida, ya es un mérito considerable.

Crítica: ‘La Odisea’

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A pesar de los años que tiene La Odisea, Nolan consigue extraerle una nueva interpretación

Han pasado unos 28 siglos desde que Homero escribió ‘La Odisea’. Desde entonces es una obra que sirve de molde, patrón o inspiración para gran parte de las historias que conocemos en lo que respecta al viaje y retorno del héroe. Si nos ceñimos al cine ha pasado más de un siglo desde que se publicó la primera película inspirada en tan magna obra. Fue F. Bertolini en 1911 quien en clave de cine mudo nos contaba la historia. Tiempo después vimos la película que protagonizó Armand Assante en dos partes, la recientemente protagonizada por Ralph Fiennes… Es difícil enumerar todas las que han precedido a esta película que prácticamente es un evento.

Había una parte del público que parecía haber decidido odiar ‘La Odisea’ antes incluso de verla. El reparto, algunas decisiones de casting y la mera idea de que Christopher Nolan adaptara uno de los pilares de la literatura occidental habían generado un rechazo previo que, tras ver el resultado, resulta difícil sostener. No estamos ante una película que reinvente el relato de Homero ni que pretenda desmontar el mito para convertirlo en otra cosa. Tampoco busca una revisión posmoderna ni una actualización política evidente. Y precisamente ahí reside una de sus mayores virtudes.

Nolan opta por una estructura fragmentada, coherente con el resto de su filmografía, pero sin convertirla en un rompecabezas. El punto de partida es especialmente interesante: Odiseo permanece en la isla de Calipso afectado por una amnesia (una licencia narrativa respecto al poema original) y es a través de recuerdos, testimonios y diferentes líneas argumentales como el espectador recompone el viaje. No toda la película mantiene esa estructura retrospectiva, ya que, llegado un determinado momento, el relato se instala definitivamente en el presente y avanza hacia el desenlace, mientras otros personajes adquieren un protagonismo poco habitual en adaptaciones anteriores. Ese equilibrio entre el misterio inicial y la progresión clásica funciona con notable eficacia y evita que el montaje termine devorando la emoción.

Más allá de Troya: el verdadero peso del héroe

Lo más interesante de ‘La Odisea’ es que Nolan no parece especialmente interesado en la Guerra de Troya, lo cual también tiene su lógica. Lo que realmente le fascina es aquello que la concluyó y lo que vino después. La película convierte el célebre caballo en mucho más que una estratagema militar. Según plantea el director, aquel engaño supuso la ruptura definitiva entre hombres y dioses, el momento en que una civilización decidió traicionar unas reglas sagradas que habían sostenido su equilibrio durante siglos.

A la Odisea se le pueden extraer multitud de lecturas y siempre será retomada por uno u otro director. Está claro que la época puede marcar la adaptación y en este caso Nolan, sin dejarse influir excesivamente por tantas películas que establecen paralelismos con nuestra realidad se centra en algo que a mí por lo menos no se me había ocurrido. El caballo de Troya actúa aquí como un auténtico troyano moral que destruye desde dentro y cual efecto mariposa el sistema de valores sobre el que descansaba aquel mundo. A partir de esa decisión, todo el Mediterráneo entra en un efecto dominó del que ya no existe retorno. No es tanto una reflexión sobre nuestro presente como un recordatorio de que cualquier civilización está condenada a repetir los mismos errores cuando olvida los principios que la sostienen.

Si sumamos esto a que Odiseo sabe y comprende que, haga lo que haga, únicamente él llegará al destino final. Todos los demás quedarán atrás, víctimas de decisiones que comenzaron mucho antes de embarcarse hacia Ítaca. La película encuentra así una dimensión melancólica muy poderosa, alejándose del simple relato de aventuras.

Nolan siempre nos ofrece algo diferente y visualmente tampoco decepciona. Están los el gigantes, un cíclope, el remolino de Caribdis, secuencias de la caída de Troya… Quizás a muchos decepcione el diseño de estas escenas o personajes, pero por ejemplo no hay nada que reprochar al diseño de vestuario. Si Nolan ya nos dejó alucinados con la bomba de Oppenheimer aquí la magnitud se le ha ido de las manos al recrear al cíclope con una marioneta de seis metros de altura.

Un reparto desigual y una escena inolvidable

Mucho gigante, remolino, batalla de Troya y cíclope, pero la escena con la que me quedo es la de Circe con Samantha Morton. Nolan se pasa al body horror con este fragmento que tiene un momento plástico, agobiante e hipnótico.

La secuencia de Circe supone probablemente el momento más sorprendente de toda la película. Samantha Morton ofrece una interpretación hipnótica en una escena donde Nolan se aproxima al body horror con una elegancia visual inesperada. Es un pasaje plástico, incómodo y absorbente que rompe durante unos minutos el tono épico para introducir una pesadilla casi física. No resulta extraño que haya sido una de las interpretaciones más elogiadas desde los primeros pases del filme.

Matt Damon encuentra el equilibrio perfecto entre la astucia legendaria y el inmenso cansancio emocional de Odiseo. Anne Hathaway construye una Penélope desesperada y resistente sin caer nunca en el victimismo. Robert Pattinson compone un personaje despreciable con enorme convicción, mientras John Leguizamo sorprende muy positivamente como Eumeo, protagonizando algunos de los momentos más emotivos de toda la historia.

También conviene acallar las críticas previas hacia la presencia de Elliot Page. Quienes llevaban meses utilizando su participación como argumento contra la película sencillamente se quedan sin razones. Si hay una decisión discutible dentro del reparto, probablemente sea el tratamiento que recibe Lupita Nyong’o como Helena de Troya. No es ni de lejos por el color de su piel o por su belleza, sino por un giro argumental con licencia de regalo que sin duda generará debate entre los espectadores.

Paradójicamente, quienes salen peor parados son tres intérpretes que coinciden también en ‘Spider-Man: Brand New Day’. Zendaya nunca termina de convencer como la versión sabia e imponente de Atenea, Jon Bernthal interpreta a Menelao con unos registros demasiado cercanos a su habitual Punisher y Tom Holland, aun estando correcto, afronta un par de escenas que exigían una presencia dramática mayor de la que consigue transmitir.

¿Hay que verla en IMAX?

Nolan ha diseñado buena parte de su puesta en escena para verla en este formato y no hacerlo no debería invalidar cualquier opinión con respecto a lo técnico. Hay que reconocer que la enorme resolución del negativo de 70 mm, la profundidad del encuadre y la espectacular relación de aspecto permiten apreciar con una claridad extraordinaria tanto la inmensidad de los paisajes como el nivel de detalle de las secuencias más ambiciosas. Escenas como el encierro con el cíclope, la huida por el bosque e incluso el claustrofóbico enfrentamiento final merecen una escala grande, mientras que los momentos más íntimos también se benefician de una definición y una textura difíciles de replicar en otros formatos. En una película donde la sensación de viaje y de inmensidad forma parte esencial de la experiencia, verla en IMAX de 70 mm no es un simple lujo para cinéfilos, sino la forma más cercana de experimentar exactamente la visión que Nolan concibió para el espectador.

No hay una ocasión mejor para recomendaros ver esta película en un cine IMAX. Y es que el filme ha quedado por último dedicado a la memoria del fallecido David Keighley, que es quién asesoró y garantizó la tecnología IMAX para las películas de Nolan.

Ficha de ‘La Odisea’

Estreno en España: 17 de julio de 2026. Título original: The Oddysey. Duración: 172 min. País: Reino Unido. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Reparto principal: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, Elliot Page. Producción: Universal Pictres, Syncopy, Wildside. Distribución: Universal Pictures. Género: aventura, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Posesión infernal: en llamas’

En qué plataforma ver Posesión infernal: en llamas

Uno pide irse de spa tras este baño de tensión, sangre y dolor

La franquicia ‘Posesión Infernal’ hace tiempo que dejó de competir por quién provoca más miedo. Su verdadera batalla consiste en descubrir hasta dónde puede llevar el sufrimiento físico de sus personajes sin perder esa sonrisa macabra que acompaña al espectador. Con ‘Posesión Infernal: En llamas’, Sébastien Vanicek entiende perfectamente cuál es el juego y entrega una película que apenas concede un segundo para recuperar el aliento.

Eso sí, conviene avisarlo desde el principio. Quienes no estén familiarizados con la saga, o quienes no disfruten del terror más sangriento, probablemente encuentren esta propuesta excesiva. Aquí no hay medias tintas. Cada muerte busca superar a la anterior mediante una sucesión de mutilaciones, heridas imposibles y un gore recreado con todo lujo de detalles. Si en ‘Posesión Infernal: El despertar’ muchos todavía recuerdan la escena del rallador de queso, esta nueva entrega convierte aquella secuencia casi en una anécdota. Es una película muy burra, extremadamente física y construida para hacer que el espectador sienta dolor simplemente contemplando lo que ocurre en pantalla. Y  sé que el director no buscaba el gore por el gore, pero le ha saldo eso.

No es casualidad y el director es víctima de sus propias intenciones. El propio Vanicek explicó durante el desarrollo del proyecto que pretendía crear una experiencia tan visceral que el público saliera del cine completamente agotado. Y, desde luego, cumple su promesa. Cuando terminan los créditos, tras tanta tensión, sangre y dolor, uno siente que necesita más un spa que una secuela. Precisamente por eso merece la pena quedarse sentado en la butaca, porque hay una escena a mitad de los créditos y otra al final que conectan con el pasado y el posible futuro de la franquicia.

Aparcando ‘Vermin’ y para saciar al fan de ‘Posesión infernal’

Quien disfrutara con ‘Vermin’ quizá espere encontrar aquí aquella sensación de angustia constante que convertía las arañas en una auténtica pesadilla. Sin embargo, Vanicek no consigue transmitir el mismo nivel de terror psicológico ni de agobio o nerviosismo. También es verdad que la propia identidad de ‘Posesión Infernal’ nunca ha residido únicamente en el miedo. La saga siempre ha preferido sorprender con nuevas barbaridades antes que con simples sobresaltos.

En ese sentido, el director francés demuestra haber entendido perfectamente el legado recibido. Sam Raimi eligió personalmente a Vanicek tras quedar impresionado con su anterior trabajo, mientras Bruce Campbell continúa implicado como productor ejecutivo, una presencia que además va mucho más allá del apartado industrial gracias a varios guiños dirigidos directamente a los seguidores más veteranos.

También resulta simpático que el realizador deje pequeñas pinceladas de su procedencia, tanto mediante algunos apuntes musicales como con la elección de un actor que repite con él tras ‘Vermin’ y el fichaje de Souheila Yacoub como protagonista. La actriz suiza, muy vinculada al cine francés gracias a trabajos como ‘Climax’ o la serie ‘No Man’s Land’, aporta una intensidad física que encaja perfectamente con el tono del filme.

Más sangre que mitología, pero un entretenimiento salvaje para los fans

Personalmente, sigo inclinándome hacia la segunda entrega lanzada tras el remake de 2013. Me pareció una película que encontraba un mejor equilibrio entre el espectáculo gore y una historia capaz de sostenerse por sí misma. En ‘Posesión Infernal: En llamas’ el componente familiar vuelve a ocupar buena parte del relato, aunque en esta ocasión el argumento existe principalmente para enlazar una brutalidad con la siguiente.

Quizá por eso se echa de menos una mayor expansión de algunos elementos del universo de la saga, especialmente todo lo relacionado con el círculo de hombres sabios o la mitología kandariana, aspectos que aparecen apuntados pero nunca desarrollados con la profundidad que muchos aficionados agradecerían.

También resulta curioso cómo Vanicek juega deliberadamente con las expectativas del público. En un par de ocasiones parece que va a repetir dos de los momentos más icónicos de la franquicia: la pronunciación de las palabras de invocación y el inevitable protagonismo de la motosierra durante el clímax. Sin embargo, introduce pequeñas fintas cargadas de humor autoconsciente que funcionan bastante bien precisamente porque saben que el espectador espera esos instantes. Rebeldía de autor, supongo.

Eso no impide que el filme caiga en algunos tópicos muy vistos dentro del género. La acción vuelve a desarrollarse prácticamente en una casa decrépita, reaparece el recurso del perro para generar inquietud y tampoco falta ese personaje construido con todos los clichés posibles de la depresión (uñas oscuras, pelo teñido y sudadera con capucha incluida). También repite algunos recursos que hemos visto en ‘La Momia de Lee Cronin’, que se supone que está dentro de este universo, pero aún no llega la ansiada conexión.

Pero cuando uno entra en ‘Posesión Infernal: En llamas’ sabe exactamente qué viene a buscar. Y la película cumple con creces. Es grotescamente divertida, tremendamente salvaje y probablemente una de las entregas más extremas de toda la franquicia. Puede discutirse si supera o no sus predecesoras, pero cuesta negar que Vanicek ha firmado una experiencia tan agotadora como memorable para cualquier amante del horror más descarnado.

Ficha de ‘Posesión infernal: en llamas’

Estreno en España: 17 de julio de 2026. Título original: Evil Dead Burn. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Sébastien Vanicek. Guion: Sébastien Vanicek, Florent Bernard. Música: Xavier Caux, Douglas Cavanna, Double Danger. Fotografía: Philip Lozano. Reparto principal: Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan y Luciane Buchanan. Producción: Ghost House Pictures, New Line Cinema, New Zealand Film Commission, Ontario Creates, Screen Gems, Warner Bros. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial

Crítica: ‘A 500 millas de casa’

En qué plataforma ver A 500 millas de casa

Una de las sorpresas más emotivas del año

‘A 500 millas de casa’ es una película dirigida por Morgan Matthews que se presenta inicialmente como una entrañable aventura infantil. Dos hermanos deciden escapar de una realidad que amenaza con romper definitivamente su mundo para emprender un viaje desde Inglaterra hasta Dingle en la costa oeste de Irlanda. Esa pequeña villa, además de albergar la tradición del delfín Fungie (extraída de nuestra mismísima realidad) es el lugar donde conservan el último recuerdo de una familia unida: la casa en la que pasaban las vacaciones junto a sus abuelos. Sin embargo, bajo esa apariencia de relato ligero y amable se esconde un drama sobre las cicatrices invisibles que dejan determinadas decisiones y eventos.

La separación de los padres funciona únicamente como el detonante. La verdadera distancia que separa a esta familia no es geográfica, sino emocional, y el filme va dejando pequeñas pistas de que existe un acontecimiento mucho más importante que permanece oculto hasta su demoledor desenlace.

Durante buena parte del metraje, Matthews convierte la película en una deliciosa road movie infantil llena de trastadas, pequeños engaños y situaciones disparatadas que recuerdan a esas aventuras familiares donde la imaginación de los niños siempre encuentra una salida antes que la lógica de los adultos. Ese equilibrio entre humor y melancolía es uno de los grandes aciertos del filme, porque nunca pierde de vista que toda esa rebeldía nace del miedo a perder el único lugar donde ambos hermanos todavía se sienten seguros.

Un reparto que sostiene la emoción incluso cuando el guion fuerza la maquinaria

El mayor descubrimiento de la película vuelve a ser Dexter Sol Ansell. Muchos espectadores lo reconocerán por interpretar a Egg en ‘El caballero de los siete reinos’, pero aquí demuestra un registro completamente distinto. Su Charlie rebosa energía, descaro y una vitalidad contagiosa. Su personaje, nacido cuatro meses antes de lo previsto, transmite una sensación casi instintiva de niño que celebra cada minuto vivido como una pequeña victoria.

Roman Griffin Davis vuelve a demostrar el enorme talento que ya dejó entrever años atrás. Su interpretación aporta pequeños pasos hacia la madurez ejerciendo ya de hermano mayor y alejándose de la ternura de papeles anteriores, igual que ha hecho en ‘La larga marcha’ o en ‘Greenland’. La diferencia aquí es que consigue desarrollar una trama psicológica sin caer en el sentimentalismo fácil.

Y cuando la historia necesita veteranía y un ancla emocional aparece Bill Nighy. El mítico actor apenas necesita elevar la voz para llenar la pantalla de humanidad. Su presencia transmite ese tipo de afecto contenido que solo algunos intérpretes consiguen expresar con una simple mirada.

También participa en el filme Maisie Williams, inolvidable Arya Stark en ‘Juego de Tronos’. Su intervención es breve y funciona principalmente como el mecanismo que impulsa la aventura hacia delante. No pretende robar protagonismo, sino servir de catalizador para que el viaje comience.

Un desenlace imperfecto pero profundamente conmovedor

Aunque la sensación que deja es tan preciosa como abrumadora, la película hace alguna pequeña trampa narrativa. Revisada una vez conocido el desenlace, existen determinadas escenas cuya construcción resulta difícil de reconciliar con la revelación final. Son licencias que el guion utiliza para proteger el misterio.

Sin embargo, el impacto emocional del giro termina imponiéndose sobre esas pequeñas incoherencias. Matthews entiende que la sorpresa únicamente tiene valor si transforma retrospectivamente todo lo visto hasta ese momento, y aquí lo consigue con bastante eficacia. El último tramo obliga a reinterpretar muchas conversaciones y silencios, convirtiendo lo que parecía una sencilla aventura infantil en un relato mucho más doloroso sobre una familia incapaz de afrontar ciertas cosas.

Visualmente, Irlanda adquiere un papel casi terapéutico. Sus paisajes abiertos contrastan con los hogares rotos de los personajes y simbolizan ese lugar donde los recuerdos todavía permanecen intactos. No es casual que los niños persigan una casa antes que una persona: buscan regresar a un tiempo en el que todavía existía la felicidad. Y de camino les acompañan acordes del folk irlandés, de ese que aúna espíritus y voces en tabernas y caminos.

‘A 500 millas de casa’ emociona porque comprende perfectamente cómo piensan los niños cuando el mundo adulto se rompe delante de ellos. Y también cómo los adultos a veces olvidan que eran niños y permanecen inaccesibles a esas situaciones. La película hace uso de una enorme sensibilidad y la capacidad de plasmar la mirada infantil. Es tierna, conmovedora y sincera hallando en el viaje físico una metáfora ideal.

Ficha de ‘A 500 millas de casa’

Estreno en España: 10 de julio de 2026. Título original: 500 miles. Duración: 102 min. País: Reino Unido. Dirección: Morgan Matthews. Guion: Malcolm Campbell. Música: Jamie Duffy, Atli Örvarsson. Fotografía: Tom Comerford. Reparto principal: Bill Nighy, Roman Griffin Davis, Dexter Sol Ansell, Maisie Williams. Producción: New Origin, Head Gear Films, Metrol Technology, Minnow Films, Origin Pictures, Post Pictures, Sampsonic Media. Distribución: Divisa Films. Género: drama, aventura. Web oficial.

Crítica: ‘La muerte de Robin Hood’

En qué plataforma ver La muerte de Robin Hood

Una contextualización del mito que no lo mata, sino que lo revisa desde una incomodidad realista

La coincidencia resulta casi macabra. Justo cuando llega a los cines ‘La muerte de Robin Hood’, una película que reflexiona sobre el ocaso de uno de los personajes más importantes de la tradición popular anglosajona, hemos conocido la muerte del Major Oak, el legendario árbol de Sherwood asociado durante siglos a las historias del arquero forajido. Más de mil años de historia convertidos en madera muerta. No deja de parecer una retorcida campaña promocional diseñada por algún departamento de marketing especialmente inspirado, aunque la realidad, por desgracia, sea mucho más triste. El símbolo muere mientras el cine se dispone a narrar el final del hombre que inspiró todo.

Dada la tonalidad de la cinta creo que tendrá muchos detractores. Y sin ánimo de hacer de abogado del diablo he de decir que me ha engatusado su visión. Además, acudí con ganas a verla y me esperaba ya algo así de lúgubre pues todo parte de la idea del director Michael Sarnoski. El director ya había demostrado en ‘Pig’ una sensibilidad extraordinaria para explorar al ser humano, además de conseguir algo que no siempre resulta sencillo: extraer una de las mejores interpretaciones de la carrera reciente de Nicolas Cage. Más tarde confirmó su talento para el cine de gran presupuesto con ‘Un lugar tranquilo: Día 1’. Ahora utiliza ambas experiencias para construir una obra que se mueve entre el drama existencial, el relato medieval y la revisión de un estándar del heroísmo.

El Robin Hood que podría haber existido

Quien espere una nueva aventura heroica protagonizada por el arquero de Sherwood probablemente salga desconcertado. ‘La muerte de Robin Hood’ pertenece a esa corriente de películas empeñadas en desmontar mitos para encontrar la humanidad que se esconde detrás de ellos. En ese sentido conecta con propuestas como ‘El regreso de Ulises’, ‘El hombre del norte’ o ‘Beowulf & Grendel’. Resulta curioso que las dos últimas estén vinculadas también a la familia Skarsgård, cuya presencia vuelve a aparecer aquí mediante Bill Skarsgård interpretando a Edward, una reinterpretación de Little John.

La intención de Sarnoski no es narrar la leyenda, sino preguntarse cómo pudo surgir. ¿Qué clase de hombre real habría inspirado siglos de canciones, cuentos y exageraciones? La respuesta es profundamente incómoda. Su Robin Hood está lejos de ser un héroe romántico. Es un hombre envejecido, marcado física y moralmente por una vida de violencia, robos y muertes. Un personaje que contempla el peso de sus actos mientras busca irse con las botas puestas.

Lo interesante es que la película nunca abandona esa perspectiva realista. Cada enfrentamiento, cada decisión y cada conflicto parecen diseñados para alejarse de la fantasía aventurera tradicional. No hay espacio para hazañas imposibles ni para discursos idealizados. Lo que encontramos es barro, sangre y supervivencia. Una Edad Media hostil donde la violencia tiene consecuencias físicas y emocionales.

La película no cae en el cinismo absoluto. Existe una cierta nobleza trágica en este Robin Hood que se niega a rendirse a la figura que han creado sus propias mentiras. Y aunque la película imagina libremente numerosos aspectos de la leyenda, mantiene una ligera fidelidad al espíritu del desenlace tradicional asociado al personaje.

Hugh Jackman lidera un reparto excepcional

Uno de los grandes aciertos del filme es su reparto. Hugh Jackman encuentra aquí uno de esos personajes que parecen escritos específicamente para un actor que ha alcanzado cierta madurez artística. Por otro lado si lo pensamos bien esta película habría encajado perfectamente con su adorado personaje de Marvel. Su Robin Hood combina dureza, cansancio, culpa y determinación. El actor desaparece prácticamente tras una barba y unas cicatrices que propiciaron que la propia Jodie Comer reconociese que apenas lo identificó durante los primeros días de rodaje.

A su lado encontramos a una magnífica Jodie Comer como Brigid, probablemente el personaje más importante para comprender la dimensión humana del protagonista. La actriz vuelve a demostrar por qué es una de las intérpretes más sólidas de su generación, aportando sensibilidad y fuerza a un papel que evita cualquier simplificación.

Bill Skarsgård también aporta presencia y carisma en esta reinterpretación de Little John. Su personaje funciona como recordatorio constante del pasado compartido y de las consecuencias de una vida construida alrededor de la violencia. Pero sobretodo para dar pie a un personaje infantil que se acaba convirtiendo en crucial.

Una elegía medieval acompañada por una música extraordinaria

Si visualmente la película apuesta por la crudeza, su apartado musical opta por la melancolía. La banda sonora compuesta por el músico Jim Ghedi se convierte en uno de los elementos más destacados del conjunto. Sus composiciones acústicas, oscuras y profundamente folk acompañan la narrativa como si fueran antiguas baladas transmitidas de generación en generación.

Las melodías evocan ocasionalmente ecos medievales, especialmente gracias al uso de instrumentos y texturas sonoras cercanas a gaitas, violines y arreglos tradicionales. Sin embargo, Ghedi evita cualquier tentación épica. Su música habla constantemente de pérdida, de memoria y de la inevitabilidad del paso del tiempo.

Y quizás ahí reside la verdadera esencia de ‘La muerte de Robin Hood’. No es una película sobre un héroe legendario. Es una película sobre lo que ocurre cuando la leyenda desaparece y sólo queda el hombre. Sobre cómo los relatos transforman a las personas en símbolos y cómo esos símbolos terminan sobreviviendo a quienes los inspiraron.

Sin rigor mitológico, pero quizás si histórico

Michael Sarnoski entrega una obra sombría, violenta y profundamente reflexiva que probablemente dividirá a quienes busquen una aventura tradicional o sean mitómanos. Sin embargo, para quienes disfrutan de las reinterpretaciones terrenales del mito y de los relatos crepusculares sobre héroes envejecidos, estamos ante una propuesta fascinante aunque con algunos momentos de deriva y de prolongación innecesaria.

Quizá Robin Hood nunca fue exactamente como nos lo contaron. Pero si alguna vez existió alguien capaz de inspirar esta figura heróica, seguramente se parecería bastante al hombre que Hugh Jackman interpreta aquí. Sarnoski entiende que un hombre criado en la crudeza medieval difícilmente podía responder a los conflictos con el idealismo romántico que le atribuyen las leyendas posteriores. Su temperamento frío y agresivo es, en gran medida, el reflejo de una época donde la fuerza y la violencia marcaban el rumbo de la historia y los cuentos.

Ficha de ‘La muerte de Robin Hood’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: The Death of Robin Hood. Duración: 123 min. País: EE.UU. Dirección: Michael Sarnoski. Guion: Michael Sarnoski. Música: Jim Ghedi. Fotografía: Patrick Scola. Reparto principal: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Noah Jupe, Fatih Delaney. Producción: Lyrical Media, Ryder Picture Company. Distribución: DeAPlaneta. Género: acción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Lady Nazca’

En qué plataforma ver Lady Nazca

Las líneas de Nazca son un tesoro y una herencia cultural, pero Dorsaz consigue convertirlas en un viaje hacia la identidad

Hay películas que buscan resolver misterios y otras que entienden que el verdadero interés está en quienes los contemplan. ‘Lady Nazca’, dirigida por Damien Dorsaz, pertenece claramente al segundo grupo. Aunque parte de uno de los grandes enigmas arqueológicos del planeta, las célebres líneas de Nazca, el filme evita caer en la obsesión por las teorías y las respuestas para centrarse en algo mucho más humano: la búsqueda de identidad, de propósito y de un lugar propio en el mundo.

Ambientada en el Perú de 1936, cuando el nazismo comenzaba a proyectar su sombra sobre Europa y el mundo observaba con inquietud los cambios políticos que se avecinaban, la película sigue a María Reiche, matemática alemana que atraviesa una crisis tanto profesional como sentimental. Su encuentro con el arqueólogo francés Paul d’Harcourt la llevará hasta el desierto de Nazca, donde descubrirá unas figuras gigantescas trazadas sobre la tierra que terminarán transformando su existencia.

Resulta especialmente interesante cómo el largometraje convierte la ciencia en un lenguaje emocional. Mientras otros personajes hablan francés, alemán, inglés o español, y en determinados momentos también escuchamos lenguas indígenas como el quechua o el aimara, el verdadero idioma de María es el de las matemáticas. Son los números, las proporciones y las líneas geométricas los que le permiten interpretar el mundo y conectar con una antigüedad olvidada. La diversidad lingüística supone además un reto notable para el reparto y contribuye a transmitir la sensación de agitación internacional que rodea la historia.

El desierto como personaje y espectáculo visual

Uno de los grandes logros de ‘Lady Nazca’ reside en su apartado visual. Damien Dorsaz entiende que las líneas no pueden ser simplemente un decorado. Deben convertirse en una presencia casi espiritual que acompañe a la protagonista durante todo su recorrido vital.

Por motivos de conservación patrimonial, parte del trabajo visual se realizó mediante réplicas construidas en zonas autorizadas de Palpa, complementadas con localizaciones en Nazca, Ica y Lima. El resultado es notable porque en ningún momento se percibe artificioso.

Los grandes planos generales consiguen transmitir una sensación de asombro constante. Las líneas rompen la aparente uniformidad del paisaje y convierten el desierto en un espacio casi sobrenatural. Hay secuencias donde la inmensidad de la naturaleza parece dialogar directamente con la pequeñez del ser humano, recordándonos que algunas obras trascienden a quienes intentan comprenderlas.

La fotografía de Gilles Porte aprovecha además las tonalidades ocres y doradas del entorno para construir imágenes de enorme belleza contemplativa. A veces la película avanza con una lentitud deliberada que puede poner a prueba la paciencia de algunos espectadores, pero esa misma cadencia permite apreciar mejor la relación íntima que María desarrolla con el territorio.

Más allá del misterio arqueológico

Algo que remarca el guión es que María Reiche no fue quien descubrió las líneas de Nazca, pero sí una de las figuras fundamentales para su estudio, divulgación y protección. Durante décadas dedicó su vida a preservar aquel legado cultural hasta convertirse en una auténtica institución en Perú. No es casualidad que el museo situado junto a las líneas lleve su nombre y que allí reposen sus restos.

La María Reiche de Devrim Lingnau no es una heroína convencional ni una aventurera romántica al uso. Es una mujer inteligente y profundamente observadora que encuentra en aquellas marcas milenarias una vocación capaz de dar sentido a su vida. Lejos de presentar una visión colonial o paternalista, ‘Lady Nazca’ apuesta por mostrar a una mujer que se integra profundamente en la cultura peruana. La película subraya cómo su compromiso va más allá de la curiosidad científica y termina convirtiéndose en una auténtica misión de vida.

Por eso el misterio arqueológico acaba ocupando un lugar secundario. La pregunta principal no es quién creó las líneas ni cuál era su función, sino qué encuentra María en ellas. La respuesta tiene más que ver con la pertenencia, la vocación y la memoria que con cualquier teoría histórica.

Ficha de ‘Lady Nazca’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Lady Nazca. Duración: 99 min. País: Francia. Dirección: Damien Dorsaz. Guion: Damien Dorsaz, Fadette Drouard, Franck Ferreira Fernandes, Raphaëlle Valbrune-Desplechin, Aude Py. Música: Nascuy Linares. Fotografía: Gilles Porte. Reparto principal: Devrim Lingnau, Guillaume Gallienne, Olivia Ross, Amaranta Kun. Producción: Octopolis, 27 Films Productions, Memento Films Production, TOBIS Film, Rotor Film, Digital District, Unesco, FFA, DFFF, Rayo en la botella. Distribución: Vercine. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Día de caza’

Demuestra que es imposible escapar de nuestro pasado, personal y cinematográfico

Hay remakes que se limitan a reproducir una obra conocida con nuevos rostros y una estética actualizada. Luego están aquellos que entienden que la mejor manera de revisitar un clásico consiste en dialogar con él. ‘Día de caza’, de Pedro Aguilera, pertenece claramente a esta segunda categoría. Inspirada de forma directa en ‘La caza’, una de las películas más importantes y celebradas de la filmografía de Carlos Saura, la nueva propuesta no pretende ocultar sus referencias ni disfrazar sus intenciones. Al contrario, las exhibe con orgullo para construir una obra que, siendo prácticamente idéntica en su estructura, termina adquiriendo una personalidad propia.

La premisa sigue siendo tan sencilla como inquietante. Un grupo de viejas amistades vuelve a reunirse después de muchos años sin apenas contacto para disfrutar de una jornada de caza. Bajo esa apariencia de camaradería y reconciliación laten viejas heridas, frustraciones acumuladas y tensiones que nunca llegaron a resolverse. Lo que comienza como una reunión aparentemente cordial se transforma poco a poco en un estudio sobre el resentimiento, la decepción y los vínculos deteriorados por el paso del tiempo.

Aguilera juega de forma muy consciente con la memoria cinéfila del espectador. La película mantiene buena parte de los diálogos, las dinámicas y la progresión dramática del original de Saura. Sin embargo, no se trata de una copia vacía. El director comprende perfectamente qué elementos deben permanecer intactos y cuáles necesitan ser adaptados para dialogar con la sociedad contemporánea.

De hecho, una de las decisiones más inteligentes de la película es no convertir la actualización en un simple ejercicio de inversión de roles. La revisión no gira alrededor de cuestiones de género ni pretende demostrar que los conflictos cambian dependiendo del sexo de los personajes. Su interés es mucho más ambicioso. Lo que realmente le interesa a Aguilera es examinar cómo han cambiado las preocupaciones colectivas desde las puertas del tardofranquismo hasta la actualidad.

De la España de Saura a la crisis de representación contemporánea

La fuerza de ‘Día de caza’ no reside solo en un reparto envidiable y metidísimo en sus papeles compuesto por Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma y la joven Zoé Arnao. Reside precisamente en la capacidad para conectar dos épocas históricas muy diferentes y demostrar que determinadas fracturas humanas siguen permaneciendo intactas. No sé si las actrices han visto o no la película original, pero desde luego calcan a sus predecesores.

Cuando Carlos Saura y Angelino Fons escribieron ‘La caza’, España vivía bajo una dictadura y las tensiones sociales, políticas y generacionales impregnaban cada rincón de la narración. Pedro Aguilera y la guionista Lola Mayo trasladan el conflicto a un presente radicalmente distinto, pero llegan a conclusiones sorprendentemente iguales. La película, por ejemplo, introduce reflexiones sobre la llamada crisis de representación, uno de los fenómenos más característicos de nuestra época.

En ese sentido, Aguilera demuestra una comprensión admirable del material original. No intenta actualizarlo mediante referencias superficiales o discursos forzados. Lo que hace es localizar cuáles son las fracturas de nuestro presente y utilizarlas para alimentar progresivamente el conflicto dramático. Por eso la película funciona tan bien como una especie de secuela espiritual. Muchas son las películas de terror que enmarcan sus canicerías en escenarios donde previamente ha sucedido lo macabro. Idéntica jugada vemos en este filme. Continúa casi la historia de Saura en términos narrativos y prolonga sus preguntas esenciales.

Una experiencia incómoda y ferozmente contemporánea

Hace seis décadas Saura incomodó al público con diálogos hostiles, largas tomas de cazas reales, ecos de la Guerra Civil y planos que recorrían sudorosos cuerpos masculinos. Hoy, más insensibilizados con la violencia pero más sensibilizados con el trato a los animales, la estrategia es otra.

La tensión está presente desde los primeros compases y va creciendo hasta desembocar en un desenlace especialmente agresivo. Aguilera entiende que el público contemporáneo posee una sensibilidad diferente y, probablemente, un mayor grado de acostumbramiento a la violencia audiovisual. Por eso decide endurecer considerablemente el clímax.

Afortunadamente, la película evita uno de los elementos más problemáticos del original. Mientras que ‘La caza’ incluía la muerte real de animales, esta nueva versión prescinde de esas imágenes. No obstante, eso no significa que sea una experiencia fácil para espectadores sensibles. Hay secuencias particularmente desagradables y el tramo final alcanza niveles de crudeza visual que pueden resultar difíciles de soportar para algunos espectadores.

‘Día de caza’ es una obra que justifica plenamente su existencia porque comprende el legado que está revisitando y sabe encontrar nuevas preguntas para un viejo conflicto. No pretende sustituir a ‘La caza’, sino dialogar con ella desde el presente. Pedro Aguilera firma así una revisión inteligente, respetuosa y feroz, capaz de convertir un clásico del cine español en un espejo donde observar las incertidumbres, frustraciones y contradicciones de nuestra propia época.

Ficha de ‘Día de caza’

Estreno en España: 3 de julio de 2026. Título original: Día de caza. Duración: 94 min. País: España. Dirección: Pedro Aguilera. Guion: Lola Mayo, Pedro Aguilera. Música: Fernando Vacas. Fotografía: Eva Díaz. Reparto principal: Carmen Machi, Blanca Portillo, Rossy de Palma, Zoé Arnao. Producción: Gonita Filmación S.L., Día de caza AIE, Mondex ET CIE. Distribución: Sideral, Latido Films. Género: drama, comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Hermanito’

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La vieja fórmula del hermano imposible vuelve a llamar a la puerta

Hay películas cuya premisa puede resumirse en una sola frase porque ya forma parte del ADN de la comedia estadounidense. Un individuo ordenado, exitoso y obsesionado ir solo hacia arriba ve cómo su existencia se convierte en un caos por culpa de alguien imprevisible del que no puede deshacerse. ‘Hermanitos’ no intenta ocultar que pertenece a esa tradición. Al contrario, la abraza desde el primer minuto en el que vemos que esto a va a ser una cosa de chiflados.

Matt Spicer dirige una propuesta que reúne a John Cena y Eric André en una dinámica que remite inevitablemente a títulos como ‘Los gemelos golpean dos veces’, ‘Hermanos por pelotas’ o ‘Mejor solo que mal acompañado’. La diferencia es que aquí el concepto de hermanos no es exactamente el que el espectador podría esperar. No hablamos de una relación de sangre, sino de un vínculo surgido de un modo más inesperado y que prefiero no desvelar.

El resultado es una de esas comedias pasajeras que cumplen con lo prometido, arrancan algunas carcajadas y desaparecen de la memoria con la misma rapidez con la que aparecen en el catálogo de una plataforma.

Una fórmula tan gastada que la propia película la reconoce

Lo más curioso de ‘Hermanitos’ es que parece plenamente consciente de estar reciclando una estructura narrativa que Hollywood lleva décadas utilizando. De hecho, algunos personajes vinculados a la industria televisiva verbalizan de manera indirecta lo evidente: la historia funciona porque enfrenta a dos polos opuestos condenados a compartir espacio ofreciendo una catástrofe tras otra.

John Cena interpreta al clásico hombre que ha construido una vida perfecta a base de tesón y presión así mismo. Frente a él aparece Eric André encarnando a una fuerza de la naturaleza incapaz de respetar normas, límites o convenciones sociales. La vida cuidadosamente diseñada del primero empieza a derrumbarse cuando el segundo reaparece de forma inesperada.

La película encuentra además un filón cómico en la sátira del propio negocio del entretenimiento. Como sucede cada vez con más frecuencia en la comedia contemporánea, los villanos no son mafiosos ni políticos corruptos, sino ejecutivos, productores y creadores de contenido desesperados por encontrar el siguiente fenómeno viral. O incluso podríamos decir que el villano es la propia sociedad que impone en las redes sociales la imagen del éxito. No es una crítica especialmente afilada, pero sí retrata nuestra actualidad más allá de plantear únicamente una sucesión de situaciones embarazosas.

Eric André y John Cena juegan exactamente el partido que esperas

El principal atractivo del filme reside en sus protagonistas. La elección de John Cena y Eric André resulta tan lógica que sorprende que hayan tardado tanto en coincidir en una producción de este tipo.

Cena lleva años demostrando una inesperada capacidad para funcionar como contrapunto cómico. Aquí asume precisamente ese papel, alejándose del personaje extravagante para convertirse en el hombre razonable atrapado en una pesadilla cotidiana. El propio actor ha señalado que esta era una oportunidad para mostrar una faceta más vulnerable y menos explosiva de lo habitual.

Por su parte, Eric André hace exactamente aquello que el público espera de él. Su personaje está construido alrededor del anti-humor, la incomodidad y el absurdo. No alcanza las cotas de anarquía de ‘The Eric Andre Show’, pero conserva suficientes elementos de ese estilo para que el espectador reconozca inmediatamente su sello. Estamos ante una interpretación basada en la ausencia total de sentido del ridículo, algo que encaja perfectamente con un actor que ha hecho carrera convirtiendo el caos en una forma de expresión cómica. Aunque la película nunca llega a descontrolarse por completo, sí transmite la impresión de que cualquier escena puede derivar en algo inesperado. Se masca constantemente la catástrofe.

Una comedia para una tarde, no para el recuerdo

‘Hermanitos’ pertenece a una categoría cada vez más habitual: la de las producciones diseñadas para consumir rápidamente en streaming. No aspira a convertirse en una referencia generacional. Su objetivo es mucho más modesto. Es una comedia verde, soez en varios momentos y claramente orientada a un público adulto. No debe confundirse con una película familiar pese a que la palabra “hermanitos” pueda sugerir lo contrario.

Todo esto no significa que carezca de encanto. Cuando Cena y André comparten pantalla, la maquinaria funciona. El problema es que la película sigue un manual tan reconocible que rara vez consigue sorprender. Todo ocurre exactamente como uno imagina salvo por el personaje de Chrisopher Meloni que pega un timonazo con respecto a lo que nos hacen pensar al comienzo que sería su línea argumental.

Ficha de ‘Hermanito’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Little brother. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: Matt Spicer. Guion: Andrew Mogel, Jarrad Paul. Música: Dan Deacon. Fotografía: Brandon Trost. Reparto principal: John Cena, Eric André, Michelle Monaghan, Chrisopher Meloni. Producción: Middle Child Pictures, Netflix Studios, The District. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Nino’

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La fragilidad de una juventud que se cree inmortal

La ópera prima de Pauline Loquès parte de una premisa sencilla y devastadora. Nino acaba de cumplir 29 años cuando recibe una noticia que altera por completo el mapa de su existencia: padece un cáncer de garganta derivado de una infección por virus del papiloma humano que nunca fue tratada. A partir de ese momento, el protagonista dispone de apenas unos días antes de iniciar el tratamiento médico, una semana suspendida en el tiempo durante la que intenta reconectar con las personas importantes de su vida.

Loquès construye la película como una deriva emocional por las calles de París, siguiendo a un personaje incapaz de asimilar completamente lo que le está ocurriendo. La película está llena de una angustia existencial tratada con sensibilidad contemporánea. Aquí no encontramos grandes discursos sobre la muerte, sino conversaciones aparentemente cotidianas que terminan derivando hacia cuestiones metafísicas: qué hemos hecho con nuestra vida, qué quedará de quienes fuimos y qué sentido tiene proyectar un futuro cuando este acaba de volverse incierto.

La elección de la enfermedad no es aleatoria. Que el detonante sea un cáncer relacionado con el virus del papiloma humano no resulta gratuito. En una época en la que buena parte de la juventud parece escasamente concienciada sobre las enfermedades de transmisión sexual y donde la pornografía de Internet condiciona cada vez más la percepción de la sexualidad, resulta pertinente que una película recuerde que determinadas consecuencias siguen existiendo. Sin caer en el discurso moralizante, ‘Nino’ introduce una reflexión necesaria sobre la vulnerabilidad del cuerpo y sobre la falsa sensación de invulnerabilidad que acompaña a muchos jóvenes adultos.

Entre el realismo emocional y el exceso dramático

La interpretación de Théodore Pellerin sostiene prácticamente todo el recorrido narrativo. Su Nino es un hombre paralizado por el impacto de la noticia, incapaz de comunicarla con claridad a quienes le rodean. El actor trabaja desde los gestos mínimos y las vacilaciones, componiendo un personaje que parece vivir permanentemente unos segundos por detrás de la realidad.

Sin embargo, la película no siempre encuentra el equilibrio adecuado entre contención y acumulación dramática. En medio de ese recorrido de reencuentros y confesiones, uno de los conocidos de Nino atraviesa también un problema médico importante. Es aquí donde el relato empieza a mostrar ciertas costuras. Lo que hasta entonces funcionaba como una observación sensible de la fragilidad humana adquiere por momentos un tono excesivo. Como suele decirse, parece que alguien pone un circo y le crecen los enanos. La película resulta más poderosa cuando se limita a observar que cuando intenta subrayar el sufrimiento.

Un retrato generacional cercano a Zerocalcare, pero sin humor

Más allá del cáncer o de la cercanía de la muerte, ‘Nino’ acaba siendo un retrato bastante preciso de la juventud contemporánea. Los personajes viven rodeados de amigos, mensajes y conexiones permanentes, pero les cuesta enormemente comunicarse de verdad. Hablan mucho y expresan poco. Están presentes físicamente, aunque emocionalmente parezcan ausentes.

En ese sentido, el filme recuerda bastante a los trabajos de Zerocalcare, aunque desprovistos de sus mecanismos humorísticos. Existe la misma mirada sobre una generación marcada por la incertidumbre, la precariedad emocional y la dificultad para construir vínculos sólidos. La diferencia es que Loquès elimina casi cualquier válvula de escape cómica y apuesta por una sensibilidad más melancólica.

La directora demuestra además una notable capacidad para capturar la ciudad como estado mental. París aparece como un espacio de tránsito donde cada encuentro casual puede convertirse en una pequeña revelación. La cámara acompaña a Nino en su búsqueda de respuestas sabiendo que probablemente no las encontrará.

Ficha de ‘Nino’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Nino. Duración: 96 min. País: Francia. Dirección: Pauline Loquès. Guion: Pauline Loquès, Maude Ameline. Fotografía: Lucie Baudinaud. Reparto principal: Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels, Jeanne Balibar. Producción: Blue Monday, France 2 Cinéma, Ciné+OCS, Disney+, France Télévisions, CNC, La Région Île-de-France, Distribución: Surtsey Films. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Supergirl’

En qué plataforma ver Supergirl

Adapta con acierto el cómic de Tom King, aunque pierde parte de su magia

Después del nuevo Superman, el universo DC vuelve a apostar por una adaptación sorprendentemente fiel a las viñetas. ‘Supergirl’, dirigida por Craig Gillespie, toma como base el extraordinario cómic ‘Supergirl: Woman of Tomorrow’ de Tom King y Bilquis Evely y, aunque introduce modificaciones importantes, mantiene intacto aquello que convertía a aquella obra en algo especial: una mezcla de space ópera, relato de iniciación, tragedia y western de venganza con ecos de ‘Valor de ley’.

Lo primero que llama la atención es que la película no pierde tiempo. Apenas cinco minutos bastan para poner en marcha la historia antes de lanzarnos de lleno a la aventura. Los flashbacks llegarán después para completar el retrato emocional de Kara Zor-El, pero la narración tiene una vocación claramente directa y eficaz.

Además, esta no es la Supergirl que muchos espectadores recuerdan de la versión de 1984 protagonizada por Helen Slater. Aquí nos encontramos con una kryptoniana mucho más cercana al espíritu del Hancock de Will Smith. La veréis orinando, sufriendo resacas, sangrando y repitiendo errores. Es una heroína que conserva una sólida brújula moral, pero que está lejos de la imagen tradicionalmente angelical e inocente. La explicación tiene sentido dentro del propio universo DC. Kara vivió experiencias traumáticas que Superman jamás tuvo que soportar, observando la destrucción de todo lo que conocía antes de llegar a la Tierra. Esa carga emocional impregna las decisiones del filme y ayuda a justificar un carácter áspero, irreverente y profundamente cansado del mundo.

Entre la fidelidad al cómic y unas concesiones discutibles

La mayor satisfacción para cualquier lector de la obra original es comprobar que la trama principal sigue siendo esencialmente la misma. Ruthye continúa siendo el corazón emocional del relato y la persecución de Krem mantiene esa estructura itinerante que convierte la historia en un viaje físico y moral.

Sin embargo, también es donde aparecen las principales diferencias. La primera tiene que ver con los planetas que visitan las protagonistas. En el cómic, cada parada aportaba personalidad propia, imaginación visual y un nuevo matiz a la relación entre ambas. Era un despliegue constante de creatividad que por otro lado hacía crecer la tensión dramática. La película conserva parte de esa esencia, pero reduce considerablemente la riqueza y variedad de aquellos escenarios. Por otro lado el tratamiento estético ha cambiado notablemente y donde antes había tintes medievales e incluso un caballo ahora hay naves espaciales por doquier y una gran cantidad de extraterrestres feos.

La segunda modificación afecta al desenlace. Sin entrar en spoilers, funcionaba mejor el golpe final del cómic. Allí resultaba perfectamente calculado, mucho más emotivo y en la línea de la personalidad de las protagonistas. El largometraje mantiene de soslayo la intención pero al disponer de un epílogo tan corto como su prólogo se ha suprimido aquello que Tom King ideó para la conclusión.

También encontramos como novedad la incorporación de Lobo, una presencia inexistente en la obra de King y Evely. Sobre el papel podría parecer una concesión comercial y así es, pero además su integración resulta razonablemente natural siendo como es un cazarrecompensas y además sirve para aportar energía en momentos concretos.

Las peleas que son más palizas que peleas

Otro aspecto que seguramente volverá a dividir al público es algo que ya ocurrió con ‘Superman’: Kara recibe una cantidad considerable de palizas. Hay espectadores que siguen esperando personajes prácticamente invulnerables y eso lo tendrán en ‘Supergirl’. Pero va precedido de derrotas que lejos de estar injustificadas tienen una razón narrativa. Ningún golpe es gratuito. Cada vez que Kara muerde el polvo existe una justificación dramática o estratégica detrás. La película entiende perfectamente que la invencibilidad es una herramienta narrativa mucho menos interesante que la vulnerabilidad y que además, como habéis visto en el tráiler, esta puede ser voluntaria.

Milly Alcock sostiene una película disfrutable

Aunque a que a muchos les pese Milly Alcock encarna bien la Supergirl en la que se basa. La actriz ha captado la esencia del personaje creado por King y Evely, pero además incorpora elementos que parecen heredados directamente de ‘Yo, Tonya’, probablemente la obra más conocida de Craig Gillespie. Su Kara es descarada, grosera, impulsiva y sarcástica, pero también profundamente empática cuando la situación lo requiere. Sin llegar a serlo del todo hay momentos en el que roza la esencia del antihéroe.

Ese equilibrio entre drama y acción sostiene buena parte del metraje, sin abusar de la comedia y sin hacer colindar el filme con ‘Guardianes de la Galaxia’. Alcock funciona especialmente bien cuando la película explora el peso del legado kryptoniano y las heridas emocionales que arrastra la protagonista. Alcock consigue que la dureza exterior nunca oculte completamente la fragilidad interior.

Sin olvidar a James Gunn

Ya no es que David Corenswet esté presente, es que también lo están los momentos musicales tan característicos del universo de Gunn. Esta película es un híbrido de directores como ya se auguraba. Pero esos instantes de acción y música popular no siempre terminan de encajar. De hecho, curiosamente, es cuando aparece Jason Momoa como Lobo cuando mejor funcionan. Y no es casualidad.

Momoa expresó durante años públicamente su deseo de encarnarlo y resulta inevitable pensar que quizá este era el papel que debía haber interpretado desde el principio en DC, incluso con Zack Snyder. Su participación es más extensa de lo que muchos lectores del cómic podían esperar y aunque su función dentro de la trama principal es anecdótica, cada aparición aporta carisma, humor y una inyección de energía muy necesaria. En más de una ocasión consigue levantar secuencias enteras simplemente con su presencia.

Ficha de ‘Supergirl’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Supergirl. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Craig Gillespie. Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira. Música: Claudia Sarne. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Milly Alcock, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, David Corenswet. Producción: DC Studios, The Safran Company, Troll Court Entertainment. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.