Crítica: ‘Corporate retreat’

Un retiro del que el propio espectador se quiere retirar

Hay ocasiones en las que una película genera unas expectativas que después no sabe cumplir. ‘Corporate Retreat’ es un buen ejemplo. Aaron Fisher se rodea en su segundo largometraje de un reparto que, sobre el papel, debería proporcionar unas garantías muy superiores a las de su debut, ‘Inside the Rain’, estrenado en 2019. Alan Ruck, Rosanna Arquette, Odeya Rush, Sasha Lane, Benjamin Norris, Ashton Sanders y Kirby Johnson son algunos de los nombres que forman el elenco, al que se suma además Omar Sharif Jr., nieto del mítico Omar Sharif. El reparto reúne intérpretes con experiencia en producciones tan conocidas como ‘Speed’, ‘Twister’, ‘Twisters’, ‘Pulp Fiction’, ‘Lady Bird’, ‘Moonlight’, ‘Andor’ o ‘The Possession of Hannah Grace’…

Sobre el papel, por tanto, Fisher da un salto considerable respecto a su primera película. El problema es que ese salto parece haberse producido fundamentalmente para los créditos. ‘Corporate Retreat’ demuestra unas carencias que terminan siendo demasiado evidentes. Y es una lástima, porque la premisa tenía posibilidades: un retiro corporativo para estrechar lazos entre empleados que acaba transformándose en una especie de escape room mortal en el que los participantes deben luchar por sobrevivir. Es lógico que se haya proyectado en el Festival de Sitges dentro de Midnight X-Treme ya que como el propio festival dice, promete comedia negra y torture porn.

La película arranca, además, con una declaración de intenciones musical bastante atractiva. El surf rock y el soul jazz aportan personalidad desde los primeros compases y dejan claro que Aaron Fisher y su hermano Josh Fisher, responsable también de la fotografía, tienen bastante buen gusto musical. Es probablemente uno de los aspectos en los que la película consigue llamar la atención. El problema es que ese criterio parece inversamente proporcional al que encontramos en el montaje y en la elección de planos.

Cuando el montaje convierte un encierro en una condena

El ritmo debería ser fundamental en una película que basa buena parte de su propuesta en encerrar a un grupo de personas y someterlas progresivamente a situaciones cada vez más violentas. Sin embargo, ‘Corporate Retreat’ tiene fallos de ritmo desde prácticamente el comienzo. Hay una extraña desconexión entre la energía que aporta su música y la manera en que Fisher construye las escenas.

El problema no está únicamente en que sepamos hacia dónde va la historia. Es que el guion apenas hace demasiado por ocultarlo. El retiro corporativo se convierte en una trampa, los ejercicios de trabajo en equipo adquieren una dimensión siniestra y los personajes quedan atrapados en una dinámica de supervivencia en la que las reglas resultan bastante evidentes. La película se acerca así a ese territorio del escape room cinematográfico donde el espectador puede anticipar con demasiada facilidad cuál será el siguiente paso.

Y cuando una película de este tipo no consigue sorprender, necesita al menos compensarlo con tensión, humor negro, personajes interesantes o una puesta en escena particularmente imaginativa. ‘Corporate Retreat’ tampoco termina de encontrar ahí su salvación.

Actuaciones que no están a la altura

Pero donde más sorprende ‘Corporate Retreat’ es en sus interpretaciones. No porque el reparto carezca de experiencia, sino precisamente porque algunos momentos parecen exigir más intensidad o un compromiso con el tono del filme que los actores no terminan de encontrar. Hay actuaciones excesivamente carentes de sentimiento, hasta el punto de rozar en determinados instantes lo amateur.

El ejemplo más evidente es el momento de la jeringa. La idea y la interpretación resultan tan impostadas que parecen sacadas de una actuación de colegio de primaria. Es difícil tomarse en serio una situación que necesita que el espectador crea en el miedo de sus protagonistas cuando la emoción parece estar ausente. Si por lo menos hubiese intención de hacernos reír, pero es que parce que el filme ni siquiera se esfuerza en ello.

No saber qué hacer con lo que tienes entre manos

‘Corporate Retreat’ acaba siendo una oportunidad desaprovechada. Tiene un concepto sencillo pero potencialmente efectivo, un reparto con nombres conocidos y un escenario que ya lo querría yo para mi próxima escapada romántica o con amigos. Sin embargo, quizás al intentar alinearse con ciertos subgéneros, el libreto es demasiado pueril, descuidando el tono exigiendo muy poco a sus intérpretes.

Me parece increíble que la productora de esta película haya estado inmiscuida en filmes como ‘Ruido de fondo’. ‘Corporate Retreat’ termina demostrando que reunir buenos ingredientes no sirve de mucho cuando la receta falla. Y en un retiro del que se supone que nadie debería salir con vida, lo verdaderamente preocupante es que el espectador sea quien esté deseando escapar.

Ficha de ‘Corporate retreat’

Estreno en España: por determinar. Título original: Corporate retreat.  Duración: 90 min. País: EE.UU. Dirección: Aaron Fisher. Guion: Aaron Fisher, Kerri Sohn. Música: Anna Drubich. Fotografía: Josh Fisher. Reparto principal: Alan Ruck, Odeya Rush, Sasha Lane, Benjamin Norris, Kirby Johnson, Omar Sharif Jr. Producción: Passage Pictures. Distribución: por determinar. Género: comedia, terror. Web oficial.

Crítica: ‘Furia desatada (Ikatan darah)’

Un filme en el que tanto personas como muebles son víctimas de las artes marciales

A veces basta con que los protagonistas de una película sepan repartir golpes, que los enemigos estén dispuestos a recibirlos y que el mobiliario del escenario no sobreviva a la pelea. ‘Furia desatada’, título con el que llegará a España ‘Ikatan Darah’ de la mano de A Contracorriente Films, reúne todos esos ingredientes. Producida por Iko Uwais, es una historia de criminales, personajes humildes acorralados por las circunstancias y artes marciales capaces de convertir cualquier espacio en un campo de batalla.

La injusticia como combustible

La película de Sidharta Tata nos presenta a Mega, una antigua practicante de pencak silat que dejó atrás su carrera deportiva debido a una lesión. Su hermano se mete en un problema con una banda criminal y queda atrapado en una espiral de deudas y violencia. Mega tendrá que volver a poner a prueba sus habilidades para intentar salvarlo.

No estamos ante una premisa especialmente original, pero sí ante una que encaja perfectamente con la tradición del cine de acción indonesio. Los protagonistas suelen ser personas con pocos recursos, empujadas a situaciones extremas por organizaciones criminales que se aprovechan de su vulnerabilidad. Cuando la injusticia se convierte en el detonante de la historia, la violencia aparece como una respuesta desesperada, aunque eso no significa que sus consecuencias sean pequeñas.

La película tarda un poco en desplegar todo su arsenal. Su primera mitad no está tan cargada de acción como otras producciones asociadas a Iko Uwais ni alcanza desde el principio la intensidad de títulos recientes como ‘The Furious’, aunque no su calidad y constancia. Cuando llegan los enfrentamientos, queda claro dónde están sus prioridades. El argumento funciona como una excusa para llevar a los personajes de una situación límite a otra, mientras la protagonista se abre paso entre quienes pretenden impedirle que proteja a su familia.

Una barriada convertida en ring

Uno de los grandes aciertos está en el escenario. Buena parte de la acción transcurre en una barriada pobre, superpoblada y construida sin demasiado orden, con callejones estrechos, viviendas amontonadas y espacios en los que apenas parece haber sitio para moverse. La imagen recuerda a las favelas de Río de Janeiro, aunque aquí el entorno tiene una identidad propia. No es simplemente un decorado: sus pasajes, habitaciones y rincones ofrecen obstáculos y oportunidades para que cada pelea encuentre una nueva forma de complicarse.

Y vaya si se complican. Hay muebles que se hacen añicos con cualquier golpe, machetazos en la cabeza y patadas de todo tipo. Los cuerpos salen despedidos, los objetos cotidianos se convierten en armas improvisadas y los enfrentamientos se desarrollan con una contundencia física que hace que cada choque parezca capaz de dejar el escenario irreconocible. Es ese tipo de acción oriental que entiende que una buena pelea no consiste únicamente en lanzar golpes, sino en aprovechar el espacio y encadenar movimientos que mantengan al espectador pendiente de lo que ocurrirá a continuación.

Además, buena parte del atractivo recae en sus dos protagonistas femeninas. Livi Ciananta e Ismi Melinda aportan energía a una película que encuentra en sus enfrentamientos uno de sus mayores reclamos. Cuando las coreografías se ponen en marcha, la historia deja de necesitar demasiadas explicaciones: lo importante es seguir el movimiento, anticipar el siguiente golpe y comprobar cuánto más puede aguantar cada adversario.

La acción por encima de todo

‘Furia desatada’ también intenta introducir humor entre tanta violencia. Algunas situaciones funcionan como alivio cómico, aunque otras provocan más una sonrisa involuntaria que una carcajada buscada. No diría que la comedia sea su principal virtud, ni tampoco que necesite serlo. La película encuentra su identidad cuando se concentra en la acción y deja que los personajes se expresen mediante patadas, puñetazos y destrozos.

La producción de Iko Uwais se nota en esa prioridad excesiva por el combate físico y en la importancia de las coreografías. Si buscas una historia compleja, no será la opción más adecuada. Si lo que quieres es ver cómo una barriada entera se convierte en un ring y cómo los muebles pagan las consecuencias de cada combate, aquí tienes material de sobra.

Ficha de ‘Furia desatada’

Estreno en España: por determinar. Título original: Ikatan Darah. Duración: 119 min. País: Indonesia. Dirección: Tata Sidharta. Guion: Rifki Ardisha, Tata Sidharta. Música: Fajar Ahadi. Fotografía: Ferry Rusli. Reparto principal: Livi Ciananta, Derby Romero, Ismi Melinda, Teuku Rifnu, Lydia Kandou, Abdurrahman, Rama Ramdhan, Agra Piliang, Dimas Anggara. Producción: Uwais Pictures, Legacy Pictures, KG Pictures, Kebon Studio. Distribución: A Contracorriente Films. Género: acción, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘V/H/S/Mixtape’

Cuando el sonido se convierte en una pesadilla

La saga ‘V/H/S’ llega a su novena entrega con una propuesta que convierte la música y el sonido en el hilo conductor de sus pesadillas. Por supuesto, seguimos ante una antología de found footage, aunque esta vez la conexión entre los segmentos no depende únicamente de unas cintas encontradas: todo queda envuelto por las apariciones de GWAR, la banda de shock metal que ejerce de anfitriona de este particular espectáculo. El problema es que, como suele ocurrir en estas recopilaciones, hay ideas mucho más interesantes que otras y no todas consiguen convertir sus experimentos sonoros en auténtico terror.

‘Dance, Dance, Dance, Dance’: la infancia ha dejado de ser inocente

Renee Zhan abre la antología con una historia protagonizada por marionetas creadas por Jim Henson’s Creature Shop y una ejecutiva interpretada por la mítica Barbara Crampton. La intención de recuperar un antiguo programa infantil acaba convirtiéndose en una pesadilla de canciones retorcidas, muñecos asesinos y violencia desatada. Lo que empieza con una apariencia casi entrañable termina convirtiéndose en una de esas historias que parecen querer profanar nuestros recuerdos de infancia. La canción se te queda en la cabeza, pero todavía más las cosas que suceden mientras suena. Es una propuesta grotesca que juega a convertir lo infantil en algo repulsivo, hasta alcanzar un nivel de humor que recuerda a esos personajes de canadienses ‘South Park’. No es precisamente sutil, pero sabe dónde quiere golpear.

‘Another Cabin’: una pesadilla demasiado pequeña

Flying Lotus firma este brevísimo segmento en stop motion, una especie de pesadilla macabra y grosera que rompe con la estética del resto de la película. Su apariencia artesanal tiene cierto encanto, pero el resultado me parece bastante pobre en ideas.

‘Heartbeat’: el terror de escuchar demasiado

David Moreau, director de ‘MadS’, propone una de las ideas más interesantes de la película. Dos youtubers se cuelan en una instalación militar rusa abandonada, relacionada con experimentos acústicos, y terminan atrapados en un lugar donde el sonido se convierte en una amenaza. Lo más llamativo es que el episodio no necesita apoyarse en la música: trabaja con el sonido y, sobre todo, con su ausencia. Las cámaras anecoicas, diseñadas para absorber los ecos y reducir las reflexiones acústicas, ofrecen una vía de terror que el cine ha explorado mucho menos de lo que cabría esperar. Cuando desaparece el ruido exterior, el propio cuerpo puede convertirse en una fuente de sonidos inquietantes. El concepto me parece muy potente y demuestra que no hace falta recurrir a una melodía maldita para jugar con nuestros oidos. Es una de las aportaciones más interesantes de esta entrega, aunque su premisa podría haberse desarrollado todavía más.

‘The Music of Mr. Sze’: una rallada cósmica

Ernest Dickerson nos introduce en la vida de un violinista peculiar a través de un joven que documenta lo que sucede a su alrededor. La música abre la puerta a una experiencia cada vez más extraña, con imágenes y situaciones que terminan derivando hacia lo cósmico. Es una auténtica rallada. La película también juega aquí con la tecnología de las gafas que incorporan cámaras, un dispositivo cada vez más reconocible en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, ese elemento no me parece especialmente aprovechado, porque buena parte de lo que vemos podría haberse grabado igualmente con una GoPro o una cámara similar.

‘Premature Burial’: un videoclip sangriento

El segmento dirigido por Tobias Forge, líder de Ghost, es prácticamente un videoclip de metal extremo presentado en formato 4:3. Quiere recuperar la suciedad visual de ciertos vídeos musicales de otras décadas. Tiene su gracia como interludio musical y cuenta con la curiosidad de estar ligado a Forge, una figura muy reconocida dentro del metal contemporáneo. Pero, como episodio de terror, me ofrece poco más.

‘Death Tone’: la música necesita sangre

RZA cierra la tanda con uno de los episodios que más me interesan. Una joven quiere honrar el legado de su difunto padre, un productor musical, creando una pista que esté a la altura de su trabajo. Para lograrlo, acaba recurriendo a métodos cada vez más extremos y convierte la búsqueda del sonido perfecto en una espiral criminal. La idea tiene mucho gancho porque transforma el proceso creativo en una obsesión que va borrando cualquier límite moral. La violencia no aparece como un simple adorno, sino como parte del material que la protagonista pretende utilizar para componer. Puede que el desarrollo sea algo reiterativo, pero la premisa tiene personalidad y lleva hasta sus últimas consecuencias la relación entre sonido, creación y horror. Para mí, es uno de los segmentos más originales de esta entrega.

Ficha de ‘V/H/S/Mixtape’

Estreno en España: por determinar. Título original: V/H/S/Mixtape. Duración: 94 min. País: EE.UU. Dirección: Ernest R. Dickerson, Flying Lotus, Tobias Forge, David Moreau, RZA, Renee Zhan. Guion: Zoe Cooper, Ernest R. Dickerson, Matt Landsman, David Moreau, RZA. Música: GWAR, Flying Lotus, Tobias Forge (Ghost), RZA, Renee Zhan, md3beats. Reparto principal: Producción: Be Afraid Media, Bloody Disgusting, Cinepocalypse Productions, Image Nation Films, Shudder, Speed Demon, Spooky Pictures. Distribución: por determinar. Género: terror, antología. Web oficial.

Crítica: ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’

Reivindicación justa y necesaria para que el arte fantástico y actual tenga su lugar en los museos

La obra de los Royo lleva décadas hablando por sí misma demostrando una grandiosidad que en otras épocas habría sido tratada con mucha más importancia a nivel popular. Luis Royo y Rómulo Royo pertenecen a esa categoría a la que pertenecieron muchos maestros pictóricos, aunque ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’ de Mirella R. Abrisqueta parte precisamente de una reivindicación que todavía parece necesaria: ¿por qué una ilustración fantástica debería conformarse con ocupar una estantería de coleccionista cuando podría estar colgada en una galería o un museo?

El documental se acerca a dos creadores cuya influencia ha traspasado ampliamente las fronteras españolas y que han marcado a generaciones de ilustradores, lectores, publicistas y aficionados a la cultura visual. Y lo hace desde un lugar especialmente cercano: entrando en su estudio, observando cómo trabajan, descubriendo sus referencias y siguiendo el proceso mediante el que una idea termina convirtiéndose en una imagen. No se limita, por tanto, a enseñar el resultado final, sino que permite comprender el modus operandi de quienes llevan décadas haciendo de la fantasía una forma de expresión artística.

Goya como espejo

Todo el documental está vertebrado por un proyecto común: Luis Royo y Rómulo Royo viajan hasta Italia mientras desarrollan una aproximación propia al universo de Francisco de Goya. No se trata de copiar a su paisano aragonés, sino de jugar con sus obsesiones, sus monstruos, sus pesadillas y esa capacidad para encontrar lo grotesco y lo fantástico dentro de la realidad.

Ahí aparece una relación especialmente estimulante entre padre e hijo. Dos generaciones, dos sensibilidades y dos maneras de entender la creación que dialogan entre sí mientras buscan un punto de encuentro con un artista separado de ellos por más de dos siglos. El proyecto permite además comprender hasta qué punto las influencias artísticas no funcionan como compartimentos estancos: el cine, el cómic, la pintura, la literatura y la ilustración terminan alimentándose mutuamente.

Y es precisamente aquí donde el documental podría haber ido todavía más lejos. La conexión entre los Royo y Goya resulta fascinante, pero el llamado Goya fantástico merecía una investigación más profunda. Los Caprichos, Los Disparates o las Pinturas Negras ofrecen material suficiente para construir una auténtica genealogía que conecta con el fantástico español de entonces y de ahora. La película deja la sensación de que apenas estamos entrando en una habitación que podría ser muchísimo más grande, en ese sentido. Recordamos que ese proyecto es solo usado como una excusa para plasmar una vez más, y de ese modo rompiendo el desconocimiento de el público general, que estamos entre dos artistas de talla mayúscula.

Del coleccionismo al museo

Porque la verdadera reivindicación de ‘Fantasy Art’ está en otro lugar: en cuestionar la frontera entre arte considerado culto y arte considerado popular. Durante demasiado tiempo, la ilustración fantástica ha sido contemplada como un producto ligado al cómic, las portadas, los libros roleros o el heavy metal. Sin embargo, basta mirar algunas de las obras que han surgido de este ámbito para comprobar que existen imágenes con una potencia visual y técnica que no desmerecerían en una institución dedicada a las bellas artes. Hay ilustraciones que uno podría imaginar perfectamente colgadas en el Prado.

Y el reconocimiento internacional demuestra que esa frontera empieza a quedarse antigua. El universo de los Royo ha circulado mucho más allá de España y el documental recuerda también la presencia de este tipo de creación en instituciones y espacios vinculados al arte narrativo contemporáneo. La reciente apertura del Lucas Museum of Narrative Art en Los Ángeles, por ejemplo, representa precisamente esa ampliación del concepto de qué puede formar parte de un museo. Obras de artistas españoles vinculados a este ámbito han llegado ya a su colección.

También resulta interesante observar cómo ha cambiado la percepción de estos artistas en España. Lo que durante determinadas épocas podía contemplarse como una manifestación menor o estrictamente vinculada a un entretenimiento casi marginal ha ido adquiriendo otra consideración. Y si algo consigue ‘Fantasy Art’ es dejar claro que detrás de una ilustración aparentemente destinada a satisfacer la imaginación de un lector existe composición, técnica, referencias, narrativa, estudio de la anatomía, tratamiento de la luz y, sobre todo, una concepción artística.

La antípoda a vanalizar el arte moderno

La película de Abrisqueta, rodada durante dos años siguiendo este proyecto, funciona así como un puente entre generaciones y disciplinas. Pero también como una reivindicación que trasciende a sus protagonistas: la ilustración o el cómic no necesita pedir permiso para ser arte, es ARTE con mayúsculas.

Su principal limitación es precisamente la amplitud de todo aquello que plantea. Habrían sido necesarias más voces de expertos, historiadores del arte o especialistas capaces de contextualizar con mayor profundidad esa relación con Goya y explicar por qué el fantasy art ha ocupado durante tanto tiempo una posición periférica dentro de determinados circuitos artísticos. El documental aporta algunas voces externas, pero uno termina deseando más.

Aun así, ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’ cumple una función importante: conseguir que miremos de otra manera imágenes que quizá llevamos décadas mirando en librerías y convenciones. Y recordar que la fantasía ha formado siempre parte de nuestro arte. Si me permitís, como fan de la fantasía y de la obra de Royo, me siento congratulado de saber de este documental y de intentar contribuir a que en España se ubique su obra en los museos y libros de historia, como ya se hace en el extranjero donde, por ejemplo, se le ha dado un lugar en la galería de los Uffizi.

Ficha de ‘Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya’

Estreno en España: por determinar. Título original: Fantasy Art. Luis Royo, Romulo Royo, Goya. Duración: 71 min. País: España. Dirección: Mirella R. Abrisqueta. Guion: Mirella R. Abrisqueta. Música: Pablo Urcola. Fotografía: Javier Gracia. Reparto principal: Luis Royo, Rómulo Royo, Sara Frazetta, Ciruelo Cabral, Juan Royo. Producción: Sintregua Comunicación, Cosmos Fan, Aragón TV, Laberinto Gris, Gobierno de Aragón, Ayuntamiento de Zaragoza. Distribución: por determinar. Género: documental, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Rogue Trooper’

La acidez distópica y bélica de 2000 AD recibe un justo tributo de manos de Duncan Jones

Duncan Jones me ganó en su día con ‘Moon’ al igual que conquistó al público del Festival de Sitges. Siempre le he tenido como un cineasta bastante inteligente a pesar incluso del batacazo de ‘Warcraft’. Ahora se atreve con otra adaptación de un universo de nicho, aunque esta vez no se trata de trasladar un videojuego, se adentra en un clásico de la revista británica 2000 AD, la misma publicación que dio origen a ‘Juez Dredd’. El resultado es una aventura de ciencia ficción bélica visualmente espectacular, bastante gamberra y con una sátira de la guerra que funciona mejor de lo que muchos de sus de tractores estarán reacios a reconocer.

Un cómic de 1981 con conciencia propia

‘Rogue Trooper’ adapta el cómic creado por Gerry Finley-Day y Dave Gibbons en 1981. Su protagonista es un soldado genéticamente modificado que sobrevive en un planeta devastado por una guerra interminable. Tras una emboscada que acaba con su unidad, debe cumplir una misión acompañado por las conciencias de tres compañeros fallecidos, conservadas en chips que lleva consigo e instaladas en su rifle, su casco y su mochila.

La idea de poder usar recipientes como cuerpos u objetos para depósito de una conciencia recuerda a ‘Altered Carbon’. Gunnar, Bagman y Helm siguen teniendo personalidad, opiniones y capacidad para discutir con Rogue, de modo que el equipo nunca está realmente solo. La muerte se convierte así en una presencia constante, pero también en una fuente de humor y camaradería.

Adelantándome a los espectadores actuales que buscarán el chiste rápido y fácil merece la pena recordar: el cómic original ya jugaba con la idea de cuerpos azules creados para combatir en condiciones extremas mucho antes de que ‘Avatar’ popularizara sus propios habitantes azules. Y si hablamos de Dave Gibbons, resulta inevitable pensar en el Doctor Manhattan de ‘Watchmen’, otra figura de apariencia azul asociada a una transformación radical de la condición humana. Consciente o no de ello, cuando el protagonista de esta película torna blancos sus ojos es clavadito al personaje que hemos visto en los cómics y en la adaptación de Zack Snyder..

La guerra como espectáculo excesivo y absurdo

Uno de los mayores aciertos de la película es su combinación de acción militar, comedia y crítica bélica. Los soldados obedecen órdenes, sobreviven como pueden y se ven atrapados en un conflicto cuya lógica parece haberse perdido hace mucho tiempo. La guerra funciona como una maquinaria que consume vidas mientras alguien sigue encontrando motivos para mantenerla en marcha.

En ese sentido, ‘Rogue Trooper’ puede recordar a ‘Starship Troopers’, por su capacidad para convertir el espectáculo bélico en una sátira, o a ‘Borderlands’, por el tono gamberro, los personajes estrafalarios y la violencia desatada. No diría que la película tenga la misma carga política que se puede encontrar en otras obras de ciencia ficción militar. El cómic original tenía referencias a conflictos históricos, incluida la Guerra de Secesión estadounidense, pero aquí el discurso se concentra más en el absurdo de la guerra y en el coste humano de un enfrentamiento interminable que en establecer paralelismos políticos concretos.

Y eso no significa que la crítica desaparezca. La película sabe reírse de la lógica militar, de la mercantilización del conflicto y de una sociedad que convierte a sus soldados en recursos reemplazables. Lo hace sin renunciar a la diversión ni convertir cada escena en un sermón. La sátira y la comedia funcionan como parte del espectáculo, no como un añadido que interrumpe la aventura.

Una inevitable sensación de videojuego

Visualmente, ‘Rogue Trooper’ es una pasada. Los colores radiactivos, los paisajes apocalípticos y las atmósferas contaminadas construyen un mundo que parece sacado de una partida de videojuego. La animación tiene una estética digital muy marcada, con personajes y escenarios que por momentos recuerdan a una cinemática de gran presupuesto. Para las nuevas generaciones, la película puede funcionar como un episodio largo de ‘Love, Death & Robots’ o de ‘Secret level’ con su mezcla de ciencia ficción adulta, violencia y experimentación visual.

El proyecto se apoyó inicialmente en Unreal Engine 5, aunque durante la producción Jones y su equipo tuvieron que recurrir también a otras herramientas para conseguir el resultado que buscaban. Es un detalle relevante: más que una película hecha exclusivamente con un motor de videojuegos, estamos ante una producción que explora las posibilidades de esa tecnología dentro de una animación cinematográfica híbrida.

También resulta interesante el reparto. Los protagonistas no son necesariamente nombres conocidos para el gran público, pero entre las voces secundarias aparecen intérpretes tan reconocibles como Sean Bean, Hayley Atwell, Matt Berry y Diane Morgan. Sus interpretaciones ayudan a dar personalidad a un universo en el que incluso una mochila o un casco pueden convertirse en compañeros de aventuras.

‘Rogue Trooper’ no necesita ser una revolución narrativa para funcionar: tiene acción, humor, una crítica bélica efectiva y una identidad visual arrolladora. Lo mejor es que todo ese despliegue parte de un cómic de 1981 que todavía tiene ideas capaces de sorprender con potencial además de crossovers. Ojalá que como mínimo se convierta en saga.

Ficha de ‘Rogue Trooper’

Estreno en España: por determinar. Título original: Rogue Trooper. Duración: 125 min. País: Reino Unido. Dirección: Duncan Jones. Guion: Duncan Jones. Música: Bear McCreary. Fotografía: Daniel Atherton. Reparto principal (doblaje original): Aneurin Barnard, Alice Lowe, Jack Lowden, Hayley Atwell, Sean Bean,  Peter Serafinowicz, Matt Berry, Asa Butterfield, Jemaine Clement, Diane Morganv, Daryl McCormack, Reece Shearsmith, Tanya Moodie, Adrian Edmondson. Producción: Liberty Films Entertainment, Rebellion Developments Ltd., Treehouse Digital. Distribución: por determinar. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘The Spiral’

Muy bien armada, te gustará si eres fan de giros a lo Shyamalan u Oriol Paulo

En ‘The Spiral’, Paolo Strippoli construye una fábula oscura en la que los secretos, los pactos y las trampas al destino terminan convirtiendo la aparente perfección familiar en una pesadilla. Una historia con ecos bíblicos y de cuento maldito que juega con una idea tan antigua como efectiva: nada sale gratis cuando jugamos con lo sobrenatural al intentar cambiar lo que nos ha tocado vivir.

Una familia perfecta y demasiados secretos

La película consiste en la confesión de una madre a una hija ya adulta. Años atrás, tras un accidente que puso en peligro la pierna de la niña, selló un pacto con una misteriosa desconocida. Lo que parecía una solución milagrosa acabará pasando factura a toda la familia. Ya simplemente con la sinopsis tenemos un sabor a cuento. Por otro lado, aunque se sugiere constantemente el componente sobrenatural no dejo de resistirme a mantener abierta la posibilidad de que todo sea una locura de la madre para conseguir explicar todo lo que le ha sucedido a lo largo de su vida.

Teorías mías aparte. Strippoli divide el relato en cuatro capítulos que van reconstruyendo los acontecimientos desde diferentes momentos y perspectivas. La estructura retrospectiva permite que cada nueva pieza de información modifique lo que creíamos saber, mientras la imagen de esa familia aparentemente perfecta se va desmoronando, cayendo en espiral, ahí está una de las explicaciones al cambio del título original (‘L’estranea’).

El planteamiento tiene algo de fábula bíblica, con su combinación de culpa, tentación y castigo, pero también remite a una tradición muy reconocible del terror. El mecanismo recuerda a ‘La pata de mono’, ‘Cementerio de animales’ o ‘Wishmaster’: alguien intenta esquivar una desgracia, obtener algo que parece imposible o corregir un error, pero las condiciones del trato terminan revelándose mucho más perversas de lo esperado.

El misterio no siempre basta

La estructura en capítulos es uno de los elementos más interesantes de ‘The Spiral’, porque dosifica la información y convierte la historia familiar en un puzle. Sin embargo, ese mismo recurso también puede dar la sensación de que la película depende demasiado de sus revelaciones hasta hacerse limítrofe con el cine de Shyamalan o de Oriol Paulo, dos yonkis de los plot tuist en la prórroga.

Uno de los puntos que más me alejan de la película por mucho que el armazón sea bueno es el personaje interpretado por Valeria Bruni Tedeschi. Se supone que debe conservar un halo de misterio, y revelar demasiado pronto su naturaleza sería perjudicar el desarrollo de la historia. El problema es que, en mi caso, esa indefinición no termina de traducirse en una presencia verdaderamente inquietante. Me cuesta creerme al personaje y echo en falta una fuerza, una extrañeza o una amenaza que justifique mejor el peso que tiene dentro del relato. Quizá influya que hablamos de una actriz reconocida, de la que esperaba una interpretación mayor. Por el contrario, Jasmine Trinca, me parece soberbia asimilando todo el protagonismo que le da el libreto.

Una espiral que no termina de atraparme

Cada intento de corregir lo sucedido abre nuevas grietas y empuja a los personajes hacia consecuencias cada vez más difíciles de controlar. La película tiene ingredientes para construir un relato de terror adulto, con resonancias de las viejas fábulas morales y una historia que utiliza el misterio para hablar de la culpa, las decisiones y el precio de intentar controlar el destino. Pero una buena premisa no garantiza una experiencia redonda. Incluso su gancho nostálgico con la historia reciente se me queda corto, excesivamente local.

Que Italia haya escogido ‘The Spiral’ para representarla en los Oscar es un dato llamativo, pero no hace que la película me convenza más. Personalmente, no la veo a la altura de otras candidatas como ‘La bola negra’. Strippoli propone un juego de pactos y consecuencias con posibilidades, pero la espiral en la que nos introduce no termina de atraparme.

Ficha de ‘The Spiral’

Estreno en España: por determinar. Título original: L’estranea. Duración: 115 min. País: Italia. Dirección: . Guion: Paolo Strippoli, Salvatore de Chirico. Música: Robin Coudert. Fotografía: Cristiano Di Nicola. Reparto principal: Jasmine Trinca, Romana Maggiora Vergano, Adriano Giannini, Valeria Bruni Tedeschi. Producción: Propaganda Italia, Dinamo Film, Rai Cinema, Kazak Productions, Tarantula, Shelter Prod, BeTV, Orange, Proximus, MiC, Natixis Coficiné. Distribución: La Aventura. Género: drama, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Salmokji Whispering Water’

Otro fantasma más bajo el agua

El terror asiático lleva décadas demostrando que un fantasma de pelo largo, una cara blanca emergiendo de la oscuridad y una cámara que registra aquello que el ojo humano no percibe pueden seguir funcionando. El problema es que también llevamos décadas viendo exactamente lo mismo. ‘Salmokji: Whispering Water’, de Lee Sang-min, parece llegar al cine desde una máquina del tiempo que se hubiese quedado detenida a principios de los años 2000. Metraje encontrado, apariciones espectrales, doppelgängers, lugares encantados y una fotografía tan oscura que en ocasiones cuesta distinguir qué está ocurriendo. Todo ello con la peculiaridad de incorporar cámaras 360, GoPros y otras herramientas contemporáneas que no consiguen evitar la sensación de estar ante una producción bastante low cost.

El título hace referencia al embalse real de Salmokji, situado en el condado de Yesan, en la provincia de Chungcheong del Sur, Corea del Sur. Un escenario que podría haber servido para construir una atmósfera verdaderamente inquietante, pero que termina siendo prácticamente otro decorado para una colección de recursos que el cine de terror oriental lleva explotando durante demasiado tiempo. Dado el resultado dudo que haya una peregrinación como la que hubo en su día a Aokigahara.

Tecnología moderna para un terror de segunda mano

La película intenta enfrentar lo rural con lo urbano, el escepticismo con la superstición y la tecnología moderna con las creencias ancestrales, pero ninguna de estas ideas alcanza suficiente profundidad como para sacar a ‘Salmokji: Whispering Water’ de la mediocridad.

Resulta curioso que una película que pretende servirse de tecnología actual tenga una factura tan modesta. Las cámaras 360 y las GoPros ofrecen posibilidades interesantes para introducir al espectador dentro del espacio y convertirlo en testigo directo de los acontecimientos, pero el recurso termina siendo más llamativo por su presencia que por el uso intermitente que se hace de él.

‘Salmokji: Whispering Water’ recurre a prácticamente todo el catálogo del terror asiático contemporáneo: oscuridad, silencios, apariciones repentinas, grabaciones inquietantes, cuerpos que aparecen donde no deberían y, cómo no, fantasmas con el cabello cubriendo parcialmente el rostro. El problema no es utilizar estos recursos, sino que apenas existe una personalidad detrás de ellos. Son herramientas que hemos visto tantas veces que necesitan una puesta en escena especialmente inspirada para volver a provocar miedo.

La excepción se encuentra prácticamente al final, con una secuencia subacuática que consigue elevar momentáneamente el nivel de la propuesta. El agua proporciona una sensación de amenaza mucho más efectiva y permite que el espacio se convierta realmente en algo opresivo. Es probablemente el momento en el que ‘Salmokji: Whispering Water’ demuestra lo que podría haber hecho con mayor imaginación durante el resto del metraje.

Entre la superstición y el escepticismo

Uno de los elementos que más posibilidades ofrecía era el enfrentamiento entre dos mundos. Por un lado, tenemos a personajes procedentes de un entorno urbano y acostumbrados a confiar en cámaras, dispositivos y explicaciones racionales. Por otro, el embalse pertenece a un espacio rural en el que las leyendas y las creencias ancestrales tienen todavía un peso considerable.

La película juega también con el contraste entre lo actual y lo arcaico. La tecnología sirve para registrar aquello que sucede, pero no necesariamente para comprenderlo. Es una idea apropiada para una historia de metraje encontrado: podemos grabar un fantasma, pero eso no significa que sepamos qué es ni por qué está allí.

Pero tampoco esta dimensión termina de salvar la película. La oposición entre lo rural y lo urbano, entre creyentes y escépticos, podría haber servido para construir una reflexión más interesante sobre la desaparición de las tradiciones o sobre nuestra obsesión contemporánea por registrar absolutamente todo. En cambio, queda principalmente como un recurso argumental más.

Ficha de ‘Salmokji Whispering Water’

Estreno en España: por determinar. Título original: Salmokji. Duración: 135 min. País: Corea del Sur. Dirección: Lee Sang-min. Guion: Lee Sang-min. Reparto principal: Kim Hye Yoon, Lee Jong Won, Kim Joon Han, Kim Young Sung, Oh Dong Min, Yoon Jae Chan, Jang Da Ah. Producción: The Lamp. Distribución: por determinar. Género: terror.

Crítica: ‘Future tense’

Plantea con acierto como la nostalgia climática está cada vez más cerca

Ha llegado la nostalgia climática. En un futuro cercano en el que el planeta se encuentra al borde del colapso medioambiental, los más privilegiados pueden permitirse viajar en el tiempo para escapar de un mundo que se desmorona. Ya no basta con añorar la infancia, idealizar otras épocas o fantasear con una vida más sencilla: ahora el pasado se convierte en un destino turístico y la naturaleza intacta, en un lujo reservado para quienes pueden pagarlo. ‘Future Tense’, de Jenna Cato Bass, parte de esta idea de ciencia ficción para construir una reflexión ecologista que señala directamente a las raíces coloniales de nuestra sociedad.

Un viaje al pasado para escapar del futuro

Lwando y Tara son una pareja interracial que vive en una Sudáfrica amenazada por la catástrofe climática. Ambos consiguen una estancia temporal en 1647, cuando el territorio todavía no ha sufrido la colonización europea que marcaría su historia. Lo que parece una escapada romántica a un mundo natural sin contaminar esconde, sin embargo, intenciones muy diferentes.

La premisa resulta especialmente sugerente porque convierte el viaje temporal en una especie de turismo de lujo. Quienes pueden permitírselo escapan de las consecuencias de un modelo de vida insostenible, mientras el resto permanece atrapado en un presente cada vez más inhabitable. La desigualdad no desaparece con la tecnología, sino que encuentra nuevas formas de manifestarse. Incluso la posibilidad de visitar un pasado sin devastación ambiental se transforma en otro privilegio económico.

Bass no necesita grandes exhibiciones de tecnología futurista para desarrollar esta idea. La ciencia ficción funciona como marco para una historia mucho más íntima, en la que las diferencias entre los protagonistas terminan siendo tan importantes como el conflicto histórico que los rodea. ¿Es posible salvar el mundo sin destruir aquello que uno tiene más cerca? ¿Hasta qué punto podemos imponer nuestra visión del futuro a los demás?

El colonialismo también tiene consecuencias climáticas

El corazón político de ‘Future Tense’ está en su revisión del colonialismo europeo y de sus consecuencias, es decir, esta película es de corte determinista. La película relaciona la devastación medioambiental con un proceso histórico en el que territorios, personas y recursos naturales fueron sometidos a los intereses de quienes llegaban con la intención de apropiárselos.

No se trata únicamente de lamentar lo que sucedió siglos atrás. La película plantea que el presente no puede entenderse sin mirar esas estructuras de poder y que la crisis ecológica tampoco es un accidente aislado de la historia. La explotación de la naturaleza y la de las poblaciones colonizadas forman parte de una misma lógica: extraer todo lo posible sin asumir las consecuencias para quienes vienen después.

En ese sentido, el viaje al pasado es una fantasía cargada de contradicciones. Los turistas quieren disfrutar de paisajes vírgenes, pero esa posibilidad existe precisamente porque el pasado se ha convertido en un producto comercial. La película también introduce de soslayo la brecha entre ricos y pobres: unos tienen recursos para huir de la catástrofe, mientras otros ni siquiera pueden elegir dónde vivir.

La historia de la humanidad dentro de una pareja

Pese a sus ambiciones políticas, ‘Future Tense’ no pierde de vista a sus dos protagonistas. La relación entre la pareja sirve como reflejo emocional de los conflictos que plantea el relato. Ambos viajan juntos, pero no persiguen necesariamente el mismo destino. Sus diferencias van más allá de sus expectativas para las vacaciones y ponen en cuestión qué significa compartir un futuro con otra persona cuando ni siquiera se está de acuerdo sobre cómo debería ser ese futuro.

Jenna Cato Bass, que ya exploró las huellas del pasado sudafricano en ‘Good Madam’, vuelve a combinar elementos de género con cuestiones históricas y sociales. Aquí la ciencia ficción no se utiliza para construir un espectáculo de paradojas temporales, sino para acercarse a la culpa, la identidad y la posibilidad de reparar el daño heredado. El componente emocional es fundamental: las grandes ideas adquieren sentido cuando repercuten en las decisiones y los vínculos de personas concretas.

Ficha de ‘Future tense’

Estreno en España: por determinar. Título original: Future tense. Duración: 95 min. País: Sudáfrica. Dirección: Jenna Cato Bass. Guion: Jenna Cato Bass. Fotografía: Jared Paisley. Reparto principal: Lawrence Maleka, Kristen Raath, Qondiswa James. Producción: AmorFortuna, Causeway Films, Dancing Fox, Fox-Fire Films, The National Films and Video Foundation of SA. Distribución: por determinar. Género: ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Wildwood’

En qué plataforma ver Wildwood

Una maravilla artesanal que parece imposible

La nueva aventura de Laika dirigida por supuesto por Travis Knight, pertenece a esas obras que asombran por su potencial técnico, a niveles de maestría artesanal. El stop-motion alcanza aquí una fluidez asombrosa: los movimientos resultan tan naturales, los cambios de escenario están tan integrados y los elementos meteorológicos se comportan con tanta precisión que, por momentos, cuesta creer que estemos viendo marionetas y decorados físicos en lugar de animación generada por ordenador.

Para apreciar la verdadera dimensión del trabajo hay que fijarse en los detalles, en la cantidad de elementos que se mueven simultáneamente y en cómo cada plano parece tener vida propia. No es solo una cuestión de perfección técnica, sino de una artesanía que convierte cada escena en un pequeño milagro. La producción ha requerido años de trabajo y una complejidad extraordinaria, mientras Knight compaginaba el proyecto con ‘Masters del Universo’. El resultado es una demostración de hasta dónde puede llegar una técnica que, lejos de quedarse anticuada, sigue encontrando nuevas formas de asombrarnos.

Un bosque mágico en el corazón de Portland

A diferencia de ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’, que construía una aventura de inspiración mitológica en un mundo fantástico, ‘Wildwood’ parte de un lugar reconocible. La historia transcurre en Portland, Oregón, ciudad vinculada a la identidad del estudio Laika, y se adentra en los bosques que esconden una civilización secreta. Cuando una bandada de cuervos secuestra al hermano pequeño de Prue, la protagonista se interna en ese territorio desconocido para intentar rescatarlo, acompañada por su amigo Curtis.

El bosque no es simplemente un escenario bonito por el que avanzar de una peripecia a otra. Es un mundo con sus propias reglas, poblado por animales parlantes, criaturas peculiares y comunidades que han desarrollado una vida al margen de la sociedad moderna. Se recupera así ese concepto de bosque repleto de secretos que hemos visto en tantas y tantas historias.

La elección de Portland como punto de partida refuerza la sensación de que la magia puede encontrarse al otro lado de una frontera cotidiana. La ciudad y su entorno verde no son una postal intercambiable, sino el origen de una fantasía que parece crecer desde el propio paisaje. En ese sentido, resulta curioso que el título remita a un bosque salvaje cuando ese mismo bosque alberga una civilización organizada, con jerarquías, conflictos y tradiciones propias.

Ecos de los cuentos clásicos

El imaginario de ‘Wildwood’ mezcla animales antropomórficos y bosques de cuento con una estética que evoca la Europa de los siglos XVIII y XIX, entre vestimentas de aire antiguo, nombres, personajes excéntricos y una fantasía que parece beber de leyendas populares. Hay algo de los relatos asociados a Baba Yaga y a otras figuras del folclore eslavo, con ese equilibrio entre fascinación y amenaza que convierte el bosque en un lugar donde cualquier cosa puede suceder.

En cuanto al guion, sin embargo, la película no resulta tan revolucionaria como su despliegue visual. Su viaje iniciático, sus alianzas inesperadas y la lucha por rescatar a un ser querido recuerdan a clásicos de la aventura fantástica como ‘Dentro del laberinto’, ‘Las crónicas de Narnia’ o ‘Willow’. Laika demuestra una vez más su capacidad para construir universos envolventes, pero la estructura narrativa se apoya en caminos bastante familiares. La originalidad reside menos en el recorrido que en la forma de hacerlo tangible.

La música de Dario Marianelli contribuye a dar personalidad a este universo, mientras que The Decemberists, la banda liderada por Colin Meloy, autor de la novela original junto a la ilustradora Carson Ellis, aporta canciones que conectan la película con sus raíces literarias y musicales. Esa combinación ayuda a que el bosque tenga una identidad propia, entre la fantasía clásica y una sensibilidad contemporánea.

‘Wildwood’ puede no reinventar el cuento de aventuras, pero convierte sus referencias en una experiencia visual extraordinaria. Cada criatura, cada textura y cada cambio de luz parecen reclamar que nos detengamos a observarlos. Es una obra de arte artesanal que recuerda que la animación no necesita abandonar lo físico para alcanzar lo imposible. Al contrario: aquí son precisamente las huellas del trabajo manual, multiplicadas hasta niveles casi inconcebibles, las que hacen que la magia parezca real.

Ficha de ‘Wildwood’

Estreno en España: 23 de octubre de 2026. Título original: Wildwood. Duración: 132 min. País: EE.UU. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler. Música: Dario Marianelli. Fotografía: Caleb Deschanel. Reparto principal (doblaje original): Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Jake Johnson, Charlie Day, Jemaine Clement, Richard E. Grant. Producción: Laika Studios. Distribución: Beta Fiction Spain. Género: fantástico, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Kakeru’

En qué plataforma ver Kakeru

Un robot para reparar lo irreparable

Elon Musk quiere que los robots humanoides formen parte de nuestra vida cotidiana. Tesla presenta Optimus como una máquina capaz de ayudarnos con tareas domésticas y recados, mientras Musk ha llegado a plantear su comercialización para el público antes de finales de 2027. Es una visión tecnológica, industrial y comercial del futuro. ‘Kakeru’, de Hirokazu Koreeda, parte de una idea parecida pero se encuentra en las antípodas de ese carácter comercial y megalómano: aquí un humanoide no llega para hacer la compra ni para limpiar la casa, sino para ocupar el lugar de alguien que ya no está. Está claro que si alguien sabe dialogar con las máquinas desde los sentimientos esos son los japoneses.

Estamos en un futuro en el que se pueden hacer por encargo niños y un pareja que perdió a su vástago de 7 años ve en ello el parche perfecto. La premisa podría parecer una versión japonesa y contemporánea de ‘Inteligencia artificial’ o de ‘El hombre bicentenario’, especialmente por su exploración de los vínculos afectivos entre humanos y criaturas artificiales, pero Koreeda desplaza rápidamente el interés desde la inteligencia artificial hacia algo mucho más antiguo: el duelo.

Porque el verdadero conflicto no es si Kakeru puede comportarse como un ser humano. La cuestión es qué ocurre cuando alguien que hemos perdido vuelve a presentarse ante nosotros con el mismo rostro. Otone encuentra en él una oportunidad para recuperar la vida que le fue arrebatada, mientras Kensuke mantiene una distancia mucho mayor. El robot se convierte así en el punto de fractura de una pareja que ya estaba viviendo el duelo de maneras diferentes.

El electrodoméstico que ocupa el lugar de un hijo

Una de las mejores decisiones de Hirokazu Koreeda consiste en tratar al humanoide como un producto de consumo. Una empresa puede reconstruir la imagen y el comportamiento de un ser querido a partir de fotografías, vídeos y otros datos para entregar un sustituto artificial. Es, en cierto modo, un electrodoméstico diseñado para suplir una ausencia que a priori la humanidad nunca ha podido reparar.

Y ahí aparece el auténtico debate de ‘Kakeru’. ¿Puede la tecnología funcionar como terapia ante una pérdida que el ser humano nunca ha sabido solucionar? ¿Puede facilitar el proceso de duelo ofreciendo una presencia que permita recuperar temporalmente aquello que se ha perdido? ¿O simplemente crea una dependencia emocional que convierte el duelo en una obsesión y aplaza indefinidamente la aceptación de la muerte?

Koreeda no necesita convertir estas preguntas en un debate tecnológico convencional. Su interés está en observar cómo cambia la relación entre los personajes. Kakeru consigue que la madre vuelva a sonreír, pero también puede impedir que acepte que su hijo murió. El padre, en cambio, intenta recordar constantemente que aquella criatura no es su hijo. La misma máquina puede ser interpretada como una herramienta terapéutica, un milagro, una estafa emocional o un parche carísimo.

Es una cuestión especialmente coherente con la trayectoria del director de ‘Un asunto de familia’, uno de los cineastas japoneses contemporáneos con mayor reconocimiento internacional. Koreeda lleva años explorando las relaciones familiares, la ausencia, los vínculos que se construyen más allá de la sangre y aquello que convierte a un grupo de personas en una familia. En ‘Kakeru’, la inteligencia artificial simplemente proporciona una nueva herramienta para continuar preguntándose lo mismo.

La oveja que no podemos ver

El título internacional, ‘Sheep in the Box’, proporciona una de las claves más bonitas de la película. La referencia procede de ‘El principito’, concretamente del momento en que el narrador, incapaz de dibujar la oveja que le pide el pequeño príncipe, dibuja una caja y le explica que el animal está dentro. La película utiliza esa imagen como metáfora del propio Kakeru: podemos verlo por fuera, pero nunca podemos saber qué hay realmente dentro.

Kakeru es simultáneamente un robot, un recuerdo, una proyección de los deseos de sus padres y un niño que está descubriendo el mundo por primera vez. Ahí está probablemente la mayor virtud conceptual del filme: aquello que los personajes ven en él depende de aquello que necesitan encontrar.

El problema es que, precisamente por querer convertir su reflexión en una fábula humanista y universal, ‘Kakeru’ se aleja de una posible lectura más concreta sobre la sociedad japonesa. Japón tiene una población muy envejecida y lo último que necesita es cambiar a sus niños por máquimnas. En ese sentido, ‘Plan 75’, de Chie Hayakawa, resulta una aproximación más directamente vinculada a las tensiones demográficas y sociales del Japón contemporáneo. Y no es que la película no tenga un altísimo componente de cultura japonesa. Es altamente nipona tanto en su sensibilidad como en su manera de observar las relaciones familiares. pero su discurso pretende ser tan universal que en ocasiones pierde la oportunidad de profundizar en aquello que hace específicamente japonesa su premisa.

Kore-eda no está realmente hablando de robots. Está hablando de nosotros. De nuestra incapacidad para aceptar la desaparición de quienes amamos y de nuestra tendencia a construir sustitutos, recuerdos y rituales para mantenerlos presentes. Y esa puede ser la cuestión más incómoda que deja ‘Kakeru’: si pudiéramos tener delante una copia perfecta de alguien que hemos perdido, ¿estaríamos recuperando a esa persona o simplemente comprando una manera de no aceptar que se ha ido?

Ficha de ‘Kakeru’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Hako no naka no hitsuji. Duración: 126 min. País: Japón. Dirección: Hirokazu Koreeda. Guion: Hirokazu Koreeda. Música: Taku Matsushiba. Fotografía: Ryûto Kondô. Reparto principal: Daigo, Rimu Kuwaki, Haruka Ayase. Producción: Gaga Communications Inc, Toho Studios, AOI Pro. Distribución: Vértigo Films. Género: ciencia ficción, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Peleliu: Guernica of paradise’

El horror de capítulos como el de Cartas desde Iwo Jima con un filtro chibi

Hay algo especialmente cruel en representar una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial con personajes que parecen salidos de una serie infantil. ‘Peleliu: Guernica of Paradise’, dirigida por Goro Kuji y basada en el manga de Kazuyoshi Takeda, juega precisamente con ese contraste: un dibujo sencillo, casi adorable, para contar una historia de muerte, sufrimiento y resistencia militar absurda. La isla tropical que da nombre al filme parece un paraíso, pero termina convertida en una auténtica pesadilla.

Un paraíso convertido en infierno

El título alude directamente al ‘Guernica’ de Pablo Picasso, uno de los grandes símbolos artísticos del horror bélico. Sin embargo, aquí no estamos en la Guerra Civil española, sino en la batalla de Peleliu, librada en 1944 en una pequeña isla del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. El manga original nació precisamente de la voluntad de Kazuyoshi Takeda de recuperar un episodio histórico poco recordado y transmitir de inmediato, mediante esa referencia a Picasso, el carácter devastador y antibélico de su relato.

La película sigue a jóvenes soldados japoneses atrapados en una batalla que transforma un entorno paradisíaco en un escenario infernal. Entre ellos está Tamaru, que sueña con convertirse en dibujante de manga. Ese deseo de dedicarse al arte, a crear historias y personajes, contrasta con una realidad en la que la única historia que importa parece ser la de quién consigue sobrevivir un día más.

El relato recuerda inevitablemente a ‘Cartas desde Iwo Jima’, por su aproximación a la experiencia de los soldados japoneses y su voluntad de mirar la guerra desde quienes quedaron atrapados en ella. También hay algo de la resistencia de los últimos de Filipinas en esa obstinación por continuar luchando cuando la situación resulta desesperada y la supervivencia parece cada vez menos probable. La película no presenta el combate como una aventura heroica, sino como una espiral de sufrimiento alimentada por órdenes, orgullo y una concepción de la guerra que convierte la supervivencia en una obligación casi absurda.

Dibujo adorable, violencia sin concesiones

Visualmente, ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ puede despistar a quien espere una representación convencional del cine bélico. Los personajes tienen proporciones reducidas y rasgos simplificados, casi chibi, mientras que los escenarios mantienen una estructura sencilla y una puesta en escena que aprovecha el espacio bidimensional. La producción de Shin-Ei Animation, estudio conocido por franquicias como ‘Shin-chan’ y ‘Doraemon’, deja notar una tradición de animación de trazos claros y movimientos orgánicos que aquí se pone al servicio de un material mucho más sombrío.

Pero que nadie se deje engañar por las apariencias. Estamos ante un relato seinen, dirigido a un público adulto, en el que hay muerte, violencia y drama. La estética amable no elimina la brutalidad, sino que la hace todavía más incómoda. Esa distancia entre la forma y el contenido puede recordar al cine de Alberto Vázquez, especialmente a ‘Unicorn Wars’, donde unos personajes de aspecto entrañable protagonizan atrocidades que desmontan cualquier sensación de inocencia.

La diferencia es que ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ no necesita recurrir a una fantasía grotesca para construir su horror. La historia procede de un episodio real y el diseño respeta el estilo del manga original. La sencillez de las figuras no pretende embellecer la guerra, sino evitar que la espectacularidad visual distraiga de lo que está ocurriendo. Cada pérdida pesa más porque los personajes parecen demasiado pequeños e indefensos para soportar semejante violencia.

Recordar para no glorificar

Goro Kuji construye así una película bélica que encuentra su fuerza en la contradicción entre lo que vemos y lo que estamos contemplando. El paisaje invita a la calma, los personajes podrían protagonizar una comedia ligera y la animación parece, a primera vista, inofensiva. Sin embargo, todo conduce a una reflexión sobre la deshumanización que provoca la guerra y sobre los jóvenes a los que se exige sacrificarlo todo por una causa que difícilmente pueden comprender.

Puede que el filme no sorprenda a quienes conocen otras historias belicas, pero su elección estética y la recuperación de una batalla poco presente en el imaginario popular justifican su existencia. Como el cuadro de Picasso que inspira su título, ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ busca dejar una imagen difícil de reconciliar con cualquier discurso glorificador del combate.

Ficha de ‘Peleliu: Guernica of paradise’

Estreno en España: por determinar. Título original: Peleliu: Rakuen no Guernica. Duración: 104 min. País: Japón. Dirección: Gorō Kuji. Guion: Junji Nishimura, Kazuyoshi Takeda. Música: Kenji Kawai. Reparto principal (doblaje original): Rihito Itagaki, Tomoya Nakamura, Hirosato Amano, Yuta Fujii, Alexander Kita. Producción: Shin-Ei Animation, Fugaku. Distribución: por determinar. Género: bélico, drama, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Boorman and the Devil’

La autopsia de una secuela que se buscó sus propios demonios

Este documental parte de una idea irresistible: regresar al rodaje de la secuela de una de las mayores películas de terror de la historia y dejar que sus propios protagonistas expliquen cómo pudo acabar tan lejos de las expectativas. David Kittredge no se ceba con John Boorman ni intenta esconderlo. Al contrario. El propio director aparece como guía de su propia catástrofe, algo especialmente interesante porque hablamos del responsable de magníficas obras tales como ‘Excalibur’ o ‘El sastre de Panamá’, dos títulos posteriores que demuestran que ‘Exorcist II: The Heretic’ no define su carrera. Evidentemente esta es una película que ahonda en la figura de Boorman, pero tranquilos, a los quince minutos ya entra en materia de posesiones.

El making of de un desastre

La mayor parte de ‘Boorman and the Devil’ podría pasar por uno de aquellos extras que acompañaban a los DVD: un making of, un cómo se hizo construido con entrevistas a responsables del proyecto. La diferencia es que no se habla siempre a buenas sobre el filme. Kittredge aprovecha material existente para estudiar el fracaso y seguir cómo una secuela de ‘El exorcista’ fue perdiendo el rumbo.

El documental reconstruye el proyecto desde sus decisiones iniciales hasta su descalabro y funciona porque Boorman no intenta reescribir la historia. Habla de ambición, problemas de producción, enfermedades, retrasos y conflictos creativos. Así entendemos que aquella película no fue fruto de un único error, sino de una cadena de circunstancias y decisiones que terminaron por descontrolarla.

Si ‘El exorcista’ arrastra fama de película maldita por su accidentado rodaje, aquí la maldición parece tener nombres y apellidos. Richard Burton ocupa un lugar central: sus problemas con el alcohol y una interpretación poco comprometida complicaron una producción ya difícil. El documental convierte su presencia en una de las piezas fundamentales para entender o incluso justificar el desastre. Rospo Pallenberg es el otro gran foco de conflicto. Guionista también de ‘Excalibur’, intervino en sucesivas reescrituras y el relato terminó modificándose incluso durante el propio rodaje, contribuyendo a una película cada vez más confusa incluso para los actores que no sabían cada día a qué versión del libreto se iban a enfrentar.

Cuando el caos explica la película

Kittredge reúne a Louise Fletcher, Karyn Kusama, Mike Flanagan, Joe Dante, Linda Blair, Simon Abrams, Joseph McBride, Jim Hemphill, Garrett Brown y Victor Hsu, entre otros. Sus testimonios amplían la mirada y convierten el documental en una conversación sobre dirección, producción, crítica y riesgo artístico.

También desfilan nombres famosos que pudieron participar en la película y numerosos proyectos que se plantearon, se descartaron o cambiaron de rumbo alrededor de la secuela. El desfile de posibilidades ayuda a comprender que ‘El exorcista II’ fue acumulando problemas hasta convertirse en una producción difícil de controlar. Kittredge consigue que las diferentes versiones del proyecto y las decisiones tomadas durante el proceso tengan casi tanta importancia como el resultado final.

Hay algo particularmente agradecido en que el documental deje espacio a quienes trabajaron alrededor de Boorman y no convierta todo en una sucesión de cabezas parlantes defendiendo una tesis. La abundancia de testimonios y materiales permite reconstruir la sensación de una película que se estaba transformando mientras se hacía. Y ese proceso resulta más fascinante que cualquier intento de absolver o condenar al director.

Lo mejor es que ‘Boorman and the Devil’ no necesita reivindicar ‘Exorcist II: The Heretic’ para que resulte interesante. Puede mostrar sus ambiciones, explicar sus errores y dejar que Boorman contemple el resultado con una franqueza poco habitual y con la sabiduría de la distancia además de la oportunidad de poder excusarse. El propio documental está interesado en esa contradicción: cómo una producción puede estar llena de talento, dinero, nombres importantes y grandes intenciones y terminar convertida en algo que nadie parece capaz de controlar.

El verdadero demonio no fue sobrenatural, sino un proceso cinematográfico con demasiadas piezas que no terminaron de encajar. Y por eso ‘Boorman and the Devil’ funciona tan bien como autopsia de un fracaso. No intenta borrar la catástrofe, sino explicar por qué sucedió. Al final, después de tanta posesión, tantos accidentes, tantos cambios y tanta confusión, lo verdaderamente aterrador no es el demonio de la película, sino descubrir todo lo que puede salir mal cuando una producción está descalabrada desde la preproducción.

Ficha de ‘Boorman and the Devil’

Estreno en España: por determinar. Título original: Boorman and the Devil. Duración: 112 min. País: EE.UU. Dirección: David Kittredge. Guion: David Kittredge. Música: Eduardo Daniel Victoria. Fotografía: Seamus Deasy, Ed Herrera, Alan Jacobsen, Elle Schneider. Reparto principal: John Boorman, Louise Fletcher, Karyn Kusama, Mike Flanagan, Joe Dante, Linda Blair, Simon Abrams, Joseph McBride, Jim Hemphill, Garret Brown, Victor Hsu. Producción: Triple Fire Productions, Milton Ventures Media, Snowfort Pictures. Distribución: por determinar. Género: documental. Web oficial.

Crítica: ‘Full Phil’

Una pesadilla familiar a base de comida y vigilancia moral

Quentin Dupieux ha vuelto a demostrar que su cabeza funciona con unas reglas muy distintas a las del resto de los mortales. En ‘Full Phil’, un reparto de estrellas de Hollywood se entrega a su peculiar manera de contar historias, en una comedia absurda que comienza como una disputa familiar y termina convertida en una pesadilla donde todo parece responder a una lógica propia. Hay que tener paciencia para entrar en su juego, pero cuando la película empieza a desplegar sus disparates, queda claro que estamos ante otra de esas propuestas que solo podrían salir de la imaginación del director francés.

Una reunión familiar que se tuerce

Philip Doom (Woody Harrelson), un acaudalado empresario estadounidense, viaja a París con su hija Madeleine (Kristen Stewart) con la intención de recuperar una relación deteriorada. El plan, que ya de entrada parece condenado al fracaso, transcurre en una lujosa suite de hotel donde las pequeñas molestias se convierten en grandes conflictos. Las manías de Phil, la actitud distante de Madeleine y la incapacidad de ambos para entenderse van alimentando una situación cada vez más incómoda.

La llegada de Lucie (Charlotte Le Bon), una empleada del hotel que empieza a preocuparse por la seguridad de Madeleine, introduce un elemento todavía más absurdo. Lo que inicialmente parece una disputa privada adquiere otra dimensión cuando alguien ajeno decide vigilar lo que sucede en la habitación. De repente, cada gesto, cada palabra y cada reacción pueden ser interpretados como una señal de alarma. El padre queda bajo sospecha y la hija se convierte en el centro de una situación que nadie parece capaz de controlar.

Dupieux utiliza este planteamiento para jugar con la violencia dentro de la familia, especialmente con la que se ejerce sobre mujeres e hijos, y con la necesidad contemporánea de medir cada comportamiento. La película se pregunta hasta qué punto una sociedad preocupada por detectar abusos puede terminar convirtiendo cualquier interacción en un expediente de sospechas. No es una cuestión que el director aborde con solemnidad, sino mediante una situación ridícula que va creciendo hasta resultar casi insostenible.

La crítica no consiste necesariamente en cuestionar que se intervenga ante una posible agresión, sino en observar cómo los personajes quedan atrapados en una maquinaria de interpretaciones, temores y reacciones desproporcionadas. Dupieux convierte la vigilancia moral en otro elemento a cuestionar dentro de la sociedad.

Kristen Stewart no deja de comer

Uno de los grandes motores cómicos de ‘Full Phil’ es Madeleine, que parece incapaz de dejar de comer durante toda la película. Kristen Stewart pasa buena parte del metraje devorando platos, encargando comida y aprovechando cualquier oportunidad para seguir llenándose la boca. Es un comportamiento tan insistente que termina adquiriendo una dimensión grotescamente graciosa y que nos lleva a un clímax que recuerda a ‘El sentido de la vida’ de los Monty Python.

La interpretación de Stewart abraza el disparate con una seriedad que lo hace todavía más gracioso. Su personaje parece desconectado del conflicto que se desarrolla a su alrededor, concentrado en satisfacer un apetito que nunca se termina. Resulta difícil no sentir hambre al verla comer semejantes cantidades, aunque también cabe esperar que buena parte de esos platos sean trampantojos, especialmente teniendo en cuenta que la actriz es vegana.

Frente a ella, Harrelson interpreta a un padre cada vez más irritable, incapaz de controlar sus impulsos y de aceptar que su hija tenga una voluntad propia. Su personaje parece una versión del ‘Papá Rabioso’ de ‘Los Simpson’, solo que aquí el cuerpo se hincha de manera que la metáfora termina siendo otra.

La película lleva el conflicto hacia terrenos cercanos al terror corporal. El cuerpo de Phil empieza a convertirse en una extensión física de su estado emocional, mientras la relación con Madeleine se deforma de una manera que parece imposible de explicar mediante una lógica convencional. En manos de Dupieux, la angustia familiar puede traducirse en una transformación física grotesca sin necesidad de justificar demasiado el mecanismo. Lo importante no es que todo encaje racionalmente, sino que la pesadilla siga avanzando.

París y la ciencia ficción también forman parte del disparate

En paralelo a la disputa de la suite, Dupieux introduce una película de ciencia ficción de los años cincuenta, protagonizada por científicos que se enfrentan a una criatura monstruosa. La historia funciona como una película dentro de la película y parece pertenecer a otro universo narrativo. ¿Por qué está ahí? Porque es Quentin Dupieux. El director no tiene especial interés en explicar cada decisión ni en justificar por qué una trama familiar necesita interrumpirse para contemplar una aventura de serie B con monstruos de aspecto deliberadamente anticuado.

Esa historia paralela contribuye a la sensación de estar atrapados en un sueño extraño, donde las imágenes y las situaciones se suceden sin que exista una transición convencional entre ellas. La película de monstruos no es únicamente un guiño cinéfilo, sino otra pieza del mecanismo absurdo que Dupieux pone en marcha. Lo que parece un desvío inexplicable termina formando parte de la experiencia, aunque no todos los espectadores tengan paciencia para aceptar semejante capricho narrativo.

También París se aleja de la postal turística habitual. Los disturbios, las calles convulsas y la violencia que aparece en las noticias forman parte del paisaje de la película. La ciudad no es un decorado romántico para una reconciliación familiar, sino un espacio donde el caos exterior parece reflejar el que se desarrolla dentro de la habitación. El contraste entre el lujo del hotel y el desorden de las calles añade otra capa de ironía a una historia que no deja de enfrentar realidades incompatibles.

‘Full Phil’ tarda en encontrar su tono y no todos sus disparates funcionan con la misma eficacia, pero termina construyendo una pesadilla cómica muy reconocible dentro del universo de Dupieux. Harrelson y Stewart se entregan sin reservas a unos personajes extremos, mientras el director mezcla violencia familiar, vigilancia moral, monstruos de serie B y atracones interminables. Una película tan ridícula como incómoda, que convierte una simple escapada a París en una experiencia grotesca y demuestra que, cuando Dupieux decide retorcer la realidad, hasta una discusión entre padre e hija puede acabar pareciendo el fin del mundo.

Ficha de ‘Full Phil’

Estreno en España: por determinar. Título original: Full Phil. Duración: 78 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Siriusmo, Moritz Friedrich. Fotografía: Quentin Dupieux. Reparto principal: Woody Harrelson, Kirsten Stewart, Charlotte Le Bon, Tim Heidecker, Eric Wareheim, Emma Mackey. Producción: Artémis Productions, Chi-Fou-Mi Productions, Samsa Films, StudioCanal, Vixens. Distribución: por determinar. Género: comedia, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Vertiginous (Le vertige)’

Una fumada metafísica con gráficos de videojuego noventero

Quentin Dupieux ha decidido que, si la realidad es una simulación, tampoco hace falta que tenga buenos gráficos. ‘Vertiginous’ es su primera incursión en la animación y una declaración de intenciones desde el primer minuto: personajes que parecen sacados de un videojuego de finales de los noventa, movimientos robóticos, rostros extrañamente inexpresivos y un universo digital que recuerda a ‘Grand Theft Auto: Vice City’. Una elección estética que no busca disimular sus limitaciones, sino convertirlas en parte fundamental del chiste. Porque si algo tiene claro Dupieux es que, cuando se trata de hacer el cafre, cualquier tecnología sirve.

¿Y si viviéramos dentro de un videojuego?

La historia arranca cuando Jacques, interpretado por Alain Chabat, se presenta de madrugada en casa de su amigo Bruno (Jonathan Cohen) para comunicarle un descubrimiento que considera fundamental: el mundo en el que viven es una simulación. No estamos hablando de una revelación que vaya a cambiar la historia de la humanidad, sino de una de esas teorías que pueden convertir una conversación de madrugada en una espiral interminable de preguntas. Bruno, para sorpresa de su amigo, se toma la idea bastante en serio y comienza a buscar errores en la realidad que lo rodea.

La premisa remite inevitablemente a ‘Matrix’, con sus dudas sobre la naturaleza de lo real y la posibilidad de que nuestra existencia esté programada por una inteligencia externa. Dupieux no necesita inventar una nueva teoría filosófica para divertirse con ella. De hecho, buena parte de la gracia consiste en reconocer que estamos ante una idea que ya hemos visto en numerosas ocasiones y que mucha gente considera real, el chiste se cuenta solo.

Los personajes empiezan a detectar anomalías, comportamientos extraños y pequeños fallos que podrían demostrar que su mundo no es lo que parece. Sin embargo, el director no construye un thriller de ciencia ficción convencional ni pretende que el espectador se quede pegado a la butaca esperando una gran revelación. Su interés está en las consecuencias absurdas de tomarse demasiado en serio una hipótesis que, en otras manos, podría desembocar en un tratado sobre el libre albedrío.

La película juega con conceptos metafísicos, teorías de la simulación y preguntas sobre la identidad, pero lo hace desde la perspectiva de alguien que parece más interesado en ver qué disparates pueden surgir de semejante premisa que en ofrecer respuestas. No es tanto una investigación sobre la realidad como una excusa para desmontarla a martillazos.

Una estética deliberadamente anticuada

La decisión de representar este universo mediante animación tridimensional de aspecto rudimentario es uno de los mayores aciertos de ‘Vertiginous’. Sus personajes parecen modelos poligonales rescatados de la época de la primera PlayStation 2, con una apariencia que recuerda especialmente a ‘GTA: Vice City’. Sus cuerpos se mueven con rigidez, sus expresiones faciales tienen algo de muñeco defectuoso y el conjunto transmite una extraña sensación de artificialidad.

Lo interesante es que esta estética no es simplemente una forma barata de hacer una película de animación. Dupieux convierte la precariedad visual en una decisión narrativa: si los protagonistas sospechan que viven en una simulación, ¿qué mejor manera de representarlos que hacer que parezcan personajes de un videojuego? La imagen deja de ser un mero envoltorio para convertirse en una de las principales bromas del filme.

La producción se realizó utilizando Blender, un programa de creación tridimensional, y técnicas de captura de movimiento apoyadas en tecnología LiDAR de los iPhone. El trabajo de un equipo de animadores permite construir un mundo que parece deliberadamente imperfecto, muy lejos de la búsqueda de realismo y pulcritud que domina buena parte de la animación digital contemporánea. El resultado puede resultar tosco, pero esa tosquedad tiene sentido dentro de la propuesta.

Y aquí aparece una de las grandes ironías e hipocresías de la película. Dupieux se burla de la compañía de Steve Jobs y del entusiasmo casi religioso que rodea a los lanzamientos tecnológicos, mientras utiliza herramientas asociadas a esa misma industria para levantar su universo animado. La tecnología que sirve para vendernos el futuro también puede utilizarse para fabricar una realidad de aspecto anticuado y defectuoso. No deja de ser una forma muy propia del director de reírse de las contradicciones de nuestro tiempo.

Una rallada metafísica marca de la casa

Conviene advertirlo: ‘Vertiginous’ no es una película especialmente cargada de gags convencionales. No hay una sucesión constante de chistes ni necesita buscar la carcajada cada pocos segundos. Su comicidad surge, sobre todo, de los disparates que plantea, de la seriedad con la que los personajes afrontan situaciones absurdas y de la propia naturaleza artificial de las imágenes. A veces basta con contemplar a estos avatares intentando comprender la existencia para encontrar el chiste.

El problema es que la propuesta puede convertirse en una auténtica rallada. Dupieux acumula ideas, teorías y reflexiones sobre la realidad con una ligereza que no siempre facilita seguir el juego. Es una de esas películas que probablemente se disfrutarían de manera distinta bajo un estado lisérgico, aunque tampoco hace falta añadir sustancias a una experiencia que ya viene bastante fumada de fábrica.

Ficha de ‘Vertiginous (Le Vertigue)’

Estreno en España: por determinar. Título original: Le Vertige. Duración: 67 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Franck Lascombes. Reparto principal: Alain Chabat, Jonathan Cohen, Anais Demoustier, Jean-Marie Winling. Producción: Chi-Fou-Mi Productions. Distribución: por determinar. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘The End of it’

En qué plataforma ver The End of It

Íntima y con un gran debate

Una de las cosas que me maravilla de los festivales de cine, son la cantidad de óperas primas que vemos y que sin duda, parecen trabajos de artistas ya consagrados.

Este es el caso de María Martínez Bayona, que nos trae una cinta muy interesante y muy bien rodada. Además que ha logrado rodearse de un reparto impresionante al que ha sabido dirigir de maravilla.

Quien quiere vivir para siempre

Como si del Proyecto Blueprint, programa antienvejecimiento creado por Bryan Johnson se tratase, vemos como una sociedad de gente bien posicionada, viven su vida inmortal a base de regenerar sangre, colocar huesos nuevos o incluso piel. Todo ello para vivir para siempre. Pero de esto justo es de lo que se ha cansado Claire, la protagonista de nuestra película, una artista decide que ha llegado su momento y que no quiere seguir más. Decide morir y así poder descansar.

El debate de si seguir o no en este mundo cuando ya se han acabado los objetivos y has hecho todo lo posible por hacer, la verdad que se crea durante la proyección de ‘The end of it’. Además de por supuesto, que solo adquieren la inmortalidad personas adineradas y que pueden mantener ese nivel de vida.

Me gusta mucho la manera de contar esta historia, como vemos personajes en cuerpos adultos que no han evolucionado, que siguen en una edad que no les corresponde. Y también como otros, todo lo contrario, personas que ya están agotadas, no físicamente, si no mentalmente.

Reparto y dirección

Como hemos comentado, María Martínez Bayona, realiza un gran trabajo en esta cinta. Sus planos, bastante preciosistas, mostrándonos una vida idílica. Días perfectos, soleados y que dan pie a tomar el sol y descansar, esto a sido gracias a que el rodaje a sido en Tenerife.

También tenemos el arte de la protagonista, trasgresor y original, que logra sacarnos de esa monotonía tan gris que llevan. Además, rodeada de unos grandes actores, la protagonista Rebecca Hall, está como siempre estupenda, pero la vemos disfrutar en la piel de Claire, mostrando al mundo que no tiene que ser todo perfecto y que al final la vida está para vivirla.

Junto a ella tenemos a Gael García Bernal, Noomi Rapace y Beanie Feldstein, que hace un papel bastante bonito, pese a ser un robot, tiene gran importancia para Claire.

Una vida eterna o una vida de experiencias

La eternidad sería para muchos un sueño, una delicia para poder lograr hacer todas las cosas que se nos quedan pendientes con el poco tiempo que tenemos. Pero claro, si sabemos que vamos a ser inmortales, quizás todas estas experiencias no las viviríamos con el mismo entusiasmo, o simplemente, las iríamos dejando apartadas porque en cualquier momento de nuestras vidas podríamos hacerlas.

Una parte del debate también es este y es que al final en la actualidad tenemos demasiados estímulos, solo queremos experiencias que muchas veces se quedan reflejadas en una foto y nada más, apenas un mísero recuerdo, no se queda grabado porque lo hemos realizado rápido y corriendo para eso, para vivirlo. Creo que parte de todo esto también está en la película.

‘The end of it’ va a dar mucha charla después de su visionado y es algo que sabéis que me encanta, porque al final, de eso también consta el cine. 

Ficha de ‘The End of It’

Estreno en España: 19 de enero de 2027. Título original: The End of It. Duración: 102 min. País: España. Dirección: Maria Martínez Bayona. Guion: Maria Martínez Bayona. Música: Paloma Peñarrubia. Fotografía: Andrés Arochi. Reparto principal: Rebecca Hall, Gael García Bernal, Noomi Rapace, Beanie Feldstein, David Verdaguer, Susan Wokoma, Pål Sverre Hagen, Kristine Kujath Thorp. Producción: Elation Pictures, Eye Eye Pictures, Fasten Films, The Media Pro. Distribución: La Aventura. Género: drama, ciencia ficción. Web oficial.