Crítica: ‘Lanterns’

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Dos formas de entender el heroísmo que conviven perfectamente con la esencia de los Green Lanterns

Conviene dejar claro desde el principio que esta es una reseña del primer capítulo de ‘Lanterns’, no una valoración de la temporada completa ya que no he podido acceder a ella. Pero las ganas que tenía de abordar a estos personajes me supera.

La expectación por ‘Lanterns’ no nace con el actual DCU de James Gunn, sino que es el último capítulo de una larga historia de intentos de devolver a Green Lantern a la primera línea audiovisual. Tras el fracaso de ‘Green Lantern’ (2011), Warner anunció en 2014 ‘Green Lantern Corps’, una nueva película que llegó a plantearse alrededor de Hal Jordan y John Stewart y que estaba vinculada a la etapa del DCEU de Zack Snyder. El propio Snyder quiso introducir a John Stewart en ‘Justice League’, llegando a rodar una escena con Wayne T. Carr que finalmente fue descartada por Warner y sustituida por la aparición de Martian Manhunter en ‘Zack Snyder’s Justice League’. Poco después, en 2019, Greg Berlanti anunció una serie de ‘Green Lantern’ para HBO Max que también sufrió una larga evolución hasta terminar siendo replanteada.

Con la creación de DC Studios, James Gunn y Peter Safran recuperaron el proyecto desde una nueva perspectiva, convirtiéndolo en ‘Lanterns’, con Chris Mundy, Tom King y Damon Lindelof al frente. Por eso la serie ha tardado tantos años en llegar: no estamos ante un proyecto que haya tardado en producirse desde su anuncio actual, sino ante más de una década de intentos, reinicios y cambios de enfoque para encontrar la manera adecuada de adaptar de nuevo a Green Lantern.

La historia arranca jugando con tres momentos temporales. En 1996 conocemos al joven John Stewart, todavía creciendo bajo la influencia de un padre estricto mientras observa a Hal Jordan como la encarnación de aquello que aspira a ser. En 2016, Hal ya es su mentor y ambos investigan una inquietante presencia extraterrestre en un pequeño pueblo de Nebraska. Finalmente, en 2026, un año después de lo sucedido en ‘Superman’, encontramos a John convertido en Green Lantern de pleno derecho y actuando por su cuenta. Es una estructura que funciona porque cada salto temporal aporta información sobre la relación entre ambos. Lo lógico es pensar que los siguientes episodios se moverán fundamentalmente entre 2016 y 2026, dejando la infancia de John como una pieza puntual para comprender su personalidad.

El resultado tiene una evidente naturaleza superheroica, pero también abraza el suspense policial. De ahí las inevitables comparaciones con ‘True Detective’, una influencia que, además, no es casual: James Gunn ya había definido el proyecto como un misterio terrestre con protagonistas que funcionan prácticamente como policías intergalácticos.

Hal Jordan y John Stewart: dos maneras de entender el heroísmo

Una de las mejores decisiones de ‘Lanterns’ es presentar a sus protagonistas sin necesidad de ocultar quiénes son. Hal Jordan no no es un eascarado: es un héroe conocido, cercano a la población y con libertad para intervenir cuando existe una amenaza extraterrestre. Es una representación muy cercana a la tradición de los cómics, donde la identidad de Green Lantern no siempre necesita funcionar como un secreto.

La relación entre Hal y John es todavía más interesante. Los dos son hombres honorables y quieren hacer lo correcto, pero entienden el deber de maneras muy diferentes. Ahí aparece el eco de aquel cómic ‘Green Lantern/Green Arrow’ de Dennis O’Neil, Elliot Maggin y Neal Adams en el que el personaje podía servir para confrontar distintas formas de interpretar la justicia, la responsabilidad y el poder.

Kyle Chandler da la talla como un Hal Jordan crepuscular, veterano y algo irreverente. Su actitud transmite el cansancio de alguien que lleva décadas desempeñando un trabajo extraordinario prácticamente en solitario. Vemos básicamente el desgaste de un héroe que ha vivido demasiado tiempo dentro de su propia leyenda.

Aaron Pierre encaja magníficamente con la rigidez de John Stewart. Tiene el porte, la mirada y esa sensación de disciplina contenida que asociamos al personaje en las viñetas. Y hay un concepto fundamental que atraviesa el episodio: el miedo. Para un Green Lantern, vencerlo no es una simple cuestión de valentía, sino parte de la esencia misma del personaje. La serie acierta en tratar esto constantemente y los actores han sabido incorporarlo a sus interpretaciones.

De momento las pistas van solo para los más cafeteros

Por el momento nos dan alguna pista de qué tipo de problemas van a encontrarse estos héroes en su aventura por la América cerrada. Pero solo aquellos que estén bien empapados de las historias de Green Lantern sabrán ver bien quién es el auténtico enemigo a batir en esta primera temporada. De hecho, los tráilers ya nos daban buenas pistas.

Por lo que deja entrever este primer capítulo, entre Jordan y Stewart también habrá espacio para una relación de rivalidad, admiración y cierto amor-odio que conecta directamente con la tradición de los cómics. Cuando John Stewart apareció por primera vez en ‘Green Lantern’ #87, en 1971, fue elegido como sustituto de Hal y el propio Jordan recibió el encargo de entrenarlo, aunque desde el principio desconfió de sus métodos y de su actitud frente a la autoridad. Con el tiempo, aquella relación pasó de la desconfianza inicial a convertirse en una auténtica camaradería, hasta el punto de que ambos han llegado a compartir el peso del legado de Green Lantern en diferentes etapas.

‘Lanterns’ parece recuperar esa dinámica, pero introduciendo una diferencia fundamental: todo apunta a que el gran protagonista de este nuevo DCU será John Stewart. Eso no significa, sin embargo, que vayamos a despedirnos de Hal Jordan. Al contrario, el primer capítulo deja claro que su presencia seguirá siendo determinante y que, incluso después de su muerte, podría continuar guiando a John a través de un peculiar “halograma”, una suerte de holograma que recuerda inevitablemente al papel que desempeñaba Jor-El con Superman. De esta manera, Hal puede convertirse en algo más que el mentor del nuevo Lantern: en la figura que representa el pasado del Cuerpo mientras John encarna su futuro. Una relación que, si la serie sabe desarrollarla, puede ser uno de sus grandes atractivos.

El peso de su historia y un futuro prometedor

No es casualidad que detrás de ‘Lanterns’ estén Tom King, Chris Mundy y Damon Lindelof. King aporta su experiencia como uno de los grandes guionistas contemporáneos de DC y autor de obras magnas, acostumbrado a utilizar los superhéroes para hablar de identidad, trauma y humanidad.  Mundy, responsable de ‘Ozark’, sabe construir tensión criminal y personajes sometidos a una presión constante.  Y Lindelof, creador de ‘Lost’, ‘The Leftovers’ y ‘Watchmen’, conoce perfectamente el misterio serializado y la capacidad de convertir una historia fantástica en un relato sobre personas.

El primer capítulo demuestra que la mezcla puede funcionar. Incluso cuando abraza el misterio, nunca pierde completamente la identidad superheroica. Y el destino de Hal Jordan deja claro que la serie no piensa limitarse a recuperar una franquicia: quiere utilizarla para construir un misterio con consecuencias.

Un último detalle especialmente interesante para el público español aparece al final de los créditos: el sello del Ministerio de Cultura. La explicación está en la participación de empresas españolas en la producción de efectos visuales, entre ellas El Ranchito, que figura entre las compañías encargadas de los VFX de la serie y que ha promocionado expresamente su trabajo en ‘Lanterns’.

Crítica: ‘X-Men 97’ Temporada 2

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Cuando el homenaje mutante se convierte en un puzle incompleto

Hay algo especialmente valioso en esta segunda temporada de ‘X-Men ’97’: su voluntad de recordar que los X-Men nunca fueron simplemente un grupo de superhéroes. Son una familia, una comunidad, un conflicto ideológico y, sobre todo, uno de los universos de ciencia ficción más desbordantes que ha dado el cómic. La temporada abraza esa naturaleza poliédrica hasta sus últimas consecuencias, recuperando personajes, conceptos y sensibilidades procedentes de distintas etapas de Marvel.

El tributo a guionistas como Chris Claremont resulta evidente. La serie mezcla ecos de ‘La era de Apocalipsis’ con ‘Días del futuro pasado’, juega con diferentes líneas temporales y vuelve a demostrar que adaptar los cómics no significa reproducirlos literalmente. Hay modificaciones importantes respecto a las historias originales, pero lo verdaderamente destacable es que se conserva su espíritu y, al mismo tiempo, el ADN de la serie animada de los noventa.

No es casualidad que el primer episodio lleve por título ‘Days of Past Future’: la temporada convierte el tiempo en otro personaje y utiliza las diferentes épocas para explorar las consecuencias de las decisiones de los mutantes. Además, la primera entrega está dedicada a Karen Hathaway, montadora y profesional de postproducción fallecida en 2025 que trabajó también en esta temporada. El problema aparece cuando todas esas piezas tienen que encajar.

Una temporada construida a golpe de piezas

‘X-Men ’97’ temporada 2 es, en buena medida, una serie hecha por parches. Y esto no tiene por qué ser necesariamente negativo. La narración fragmentada puede ser una herramienta magnífica cuando el espectador termina comprendiendo que cada pieza estaba colocada para conducir hacia un mismo punto. El problema es que aquí el ensamblaje no alcanza la contundencia esperada.

La temporada gira alrededor de Apocalipsis y de la profecía que condena a Cable a dedicar prácticamente toda su existencia a acabar con él. De ese conflicto nacen algunos de los mejores momentos de la temporada, pero también se abren demasiadas puertas. La relación entre Pícara y Gambito adquiere una nueva dimensión, mientras que, de forma más secundaria, se profundiza en Cíclope y Jean Grey o en la compleja amistad entre Magneto y Xavier.

Y después están X-Factor y X-Force, cuya presencia constituye una nueva demostración de la riqueza del material original. Para quienes conozcan menos los cómics, la experiencia puede recordar a lo que supuso ‘Deadpool 2’: descubrir que el universo mutante es muchísimo más grande que los protagonistas habituales.

Pero esa misma abundancia juega en contra de la temporada. Hay tantos personajes, tantas líneas argumentales y tantos conceptos que algunos quedan necesariamente relegados. Los X-Men son así en los cómics, sí, pero la televisión exige administrar el tiempo de otra manera.

Apocalipsis merecía mucho más

El gran problema llega con el clímax. Después de convertir a Apocalipsis en el eje de la temporada, su derrota resulta demasiado sencilla. El villano, cuya presencia debería justificar una auténtica culminación épica, termina siendo menos formidable de lo que la construcción previa hacía esperar. Es una sensación similar a la que produjo el tratamiento de Galactus en la reciente ‘Los 4 Fantásticos’: un personaje gigantesco sobre el papel al que la narración no termina de sacar todo el partido.

Y quizá haya que mirar también al número de episodios. La segunda temporada tiene nueve capítulos, uno menos que la primera. Beau DeMayo, creador y showrunner original despedido por Marvel, afirmó que la compañía había descartado el décimo episodio que había preparado. Según su versión, aquel capítulo resolvía la trama con Onslaught y terminaba con Gambito liberando a Bishop de una prisión situada en la realidad de ‘La era de Apocalipsis’, mientras ambos huían de un Cíclope malvado. Además, DeMayo aseguró que su plan era dedicar toda la tercera temporada a esa realidad alternativa. Todo bastante diferente a cómo ha sido.

No podemos saber si aquella versión habría sido mejor, pero sí resulta tentador pensar que un episodio adicional habría permitido que el enorme puzle de esta temporada respirase antes de llegar al desenlace. La escena postcréditos, además, deja claro que el objetivo es seguir ampliando el tablero. Es una declaración de intenciones tan evidente que resta algo de contundencia al cierre.

Y, pese a todo, ‘X-Men ’97’ sigue siendo una serie extraordinariamente disfrutable. Su capacidad para defender la diversidad de los personajes, su naturaleza de ciencia ficción sin límites, su respeto por el material original y su voluntad de explorar todas las caras del universo mutante compensan buena parte de sus desequilibrios. Puede que el puzle no encaje perfectamente, pero las piezas siguen siendo demasiado buenas como para dejar de jugar con ellas.

Crítica: ‘Ghost in the Shell’ (2026)

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‘Ghost in the Shell’: volver al manga ochentero para encontrar el futuro

Desde que Shirow Masamune publicara el manga en 1989, ‘Ghost in the Shell’ ha vivido múltiples vidas audiovisuales: la película de Mamoru Oshii de 1995, su continuación ‘Ghost in the Shell 2: Innocence’, las series ‘Ghost in the Shell: Stand Alone Complex’ y ‘2nd GIG’, ‘Solid State Society’, la etapa ‘Arise’, la película de 2015, la adaptación estadounidense de imagen real de 2017 y ‘SAC_2045’. Ahora Prime Video recupera el material original con una nueva serie producida por Science SARU que, paradójicamente, parece entender mejor que ninguna otra adaptación de dónde procedía realmente la singularidad de Shirow.

El ‘Ghost in the Shell’ más cercano a Shirow Masamune

Dirigen Touma Kimura y Tooru Hasutani (acostumbrados a series rápidas y ágiles como ‘Dan Da Dan’ o ‘Scott Pilgrim da el salto’) junto a Jun’ya Iwake (más vinculado a animes juveniles y preciosistas como ‘La princesa Kaguya del cosmos’) con el guión de Tô Enjo (que nos sorprendió en 2021 con ‘Godzilla Singular Point’) fuertemente inspirado en el manga de Shirow Masamune. 10 episodios de emisión semanal que escogen muy bien qué adaptar del manga original.

Y aquí está la principal virtud de la serie: es mucho más parecida al manga original, de hecho casi un calco en cuanto a estilo, personalidad de personajes y tramas. La animación puede parecer que da un paso atrás cuando vemos que los personajes adoptan en ocasiones un aspecto casi chibi (una representación deliberadamente deformada, con cabezas grandes, cuerpos simplificados y proporciones casi infantiles que Shirow utilizaba para introducir humor y ligereza), pero basta con detenerse en los fondos, la cantidad de elementos animados, los movimientos, los detalles mecánicos o las transiciones al mundo virtual para comprobar el extraordinario trabajo de Science SARU. De hecho el estilo puede recordar a series actuales como ‘Dorohedoro’. Y por otro lado es la primera adaptación que adopta deliberadamente el estilo visual del manga y que se atreve con la sexualidad del mismo. Si siempre se ha dicho que las adaptaciones cosificaban al personaje de Motoko Kusanagi, esta puede escandalizar a puritanos.

Cyberpunk sucio, humor y mucha más Motoko

Este ‘Ghost in the Shell’ es mucho más cyberpunk sucio que sus anteriores adaptaciones. Hay más calle, más mugre, más máquinas imperfectas y una sensación de futuro vivido que contrasta con la elegancia casi metafísica de Oshii. En algunos momentos se percibe compleja por su geopolítica y sus conceptos transhumanistas, pero resulta menos enrevesada o filosófica que las películas.

También hay más acción y, sobre todo, una Kusanagi más abierta y habladora, sin ese halo de misterio permanente que la acompañaba en otras versiones. Es más cómica, pero nunca deja de ser la tipa dura y eficiente que triunfa tanto en el mundo real como en el virtual. Es una recuperación muy inteligente de la Motoko de Shirow, capaz de pasar de una conversación técnica a una situación absurda sin perder autoridad.

El resultado tiene además un delicioso aroma a los años noventa: los títulos de crédito, el dibujo, las inquietudes científicas y hasta la manera de presentar la tecnología remiten a una época en la que el manga se adelantó muchísimo a su tiempo. Shirow bebía de ideas que iban desde ‘Neuromante’ hasta el transhumanismo y conceptos filosóficos como la paradoja de la nave de Teseo, pero lo hacía mezclándolos con una fascinación casi obsesiva por las máquinas y la ingeniería. Y todo esto sin perder de vista personajes tan bobalicones como Chicho Terremoto.

Hay un detalle para cafeteros que me encanta. Como en el manga, aparecen anotaciones del autor explicando tecnología, geopolítica y pormenores sociales. También se dibujan onomatopeyas. Lejos de infantilizar el relato, estos recursos devuelven la obra a la tradición del manga clásico y recuerdan que su complejidad nunca estuvo reñida con el humor. La serie comprende algo fundamental: ‘Ghost in the Shell’ no nació siendo solemne.

Una adaptación que mira hacia atrás para avanzar

Quizá lo más estimulante de esta nueva versión sea precisamente su aparente contradicción. Mientras buena parte de la ciencia ficción contemporánea intenta modernizar ‘Ghost in the Shell’, esta serie decide volver a 1989 para descubrir que allí ya estaba buena parte del futuro que seguimos intentando imaginar.

No pretende competir con la profundidad filosófica de Oshii ni con la complejidad política de ‘Stand Alone Complex’. Su apuesta es distinta: recuperar el manga, su humor, su ritmo, su suciedad y su imaginación tecnológica. Y funciona especialmente bien porque no se limita a copiar su estética, sino que entiende qué había detrás de ella.

Cuida todos los detalles. Incluso los títulos finales hacen un breve repaso a la historia de la robótica, como una última declaración de intenciones. ‘Ghost in the Shell’ vuelve así a demostrar que quizá la mejor manera de actualizar un clásico no consiste en cambiarlo, sino en recordar por qué fue revolucionario.

HBO Max lleva ‘La Casa del Dragón’ al País Vasco con una experiencia inmersiva a bordo de un barco Targaryen

Los fans podrán visitar gratuitamente un espectacular navío inspirado en la Casa Targaryen

Tras el estreno de la tercera temporada de ‘La Casa del Dragón’, HBO Max ha puesto en marcha una espectacular experiencia inmersiva en el País Vasco que permitirá a los seguidores de la serie adentrarse en el universo de Poniente a bordo de un impresionante barco inspirado en la Casa Targaryen.

La iniciativa recorrerá distintos puntos de la costa vasca y ofrecerá visitas gratuitas al navío, además de una travesía exclusiva por la ría de Bilbao para que los asistentes vivan de primera mano una experiencia inspirada en uno de los momentos más impactantes de la nueva temporada.

Una experiencia inspirada en la Batalla del Gaznate

La activación toma como referencia la Batalla del Gaznate, uno de los grandes acontecimientos de la tercera temporada de ‘La Casa del Dragón’ y uno de los episodios más comentados por los seguidores de la serie.

Para trasladar esa atmósfera al mundo real, HBO Max ha recreado un espectacular barco Targaryen que permitirá recorrer diferentes espacios inspirados en el imaginario de la poderosa casa de dragones.

Bermeo inauguró la travesía del navío

La experiencia arrancó el pasado 5 de agosto en el puerto de Bermeo con una presentación especial organizada por HBO Max.

Como parte del acto inaugural se celebró un espectáculo de fuego en el que ardieron el logotipo de ‘La Casa del Dragón’ y el emblema de la Casa Targaryen, dando el pistoletazo de salida a esta gira promocional.

San Sebastián acogerá las primeras visitas abiertas al público

La siguiente parada será San Sebastián, donde el barco permanecerá atracado en el puerto entre los días 7 y 9 de agosto.

Durante esas jornadas, los visitantes podrán recorrer gratuitamente el interior del navío y descubrir los diferentes espacios ambientados en el universo de la serie. El acceso se realizará en grupos de 25 personas hasta completar aforo.

El horario de visitas será de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas los días 7 y 8 de agosto, mientras que el 9 de agosto únicamente abrirá en horario de mañana.

Bilbao permitirá incluso navegar en el barco Targaryen

Tras su paso por San Sebastián, la embarcación llegará al Museo Marítimo de Bilbao. El barco abrirá sus puertas al público el 10 de agosto entre las 17:00 y las 21:00 horas, mientras que los días 11, 12 y 13 de agosto podrá visitarse de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas.

Además de recorrer el navío, algunos aficionados tendrán la oportunidad de disfrutar de una experiencia aún más exclusiva navegando por la ría bilbaína a bordo del barco Targaryen.

Una nueva experiencia para acercar Poniente a los fans

Con esta iniciativa, HBO Max continúa apostando por experiencias inmersivas que trasladan el universo de sus grandes producciones fuera de la pantalla. Los seguidores de ‘La Casa del Dragón’ podrán así vivir una propuesta que recrea algunos de los escenarios y elementos más reconocibles de la serie en un entorno real y de acceso gratuito hasta completar aforo.

SYFY confirma la presencia de Dean Devlin en San Diego Comic-Con Málaga

Presentará las nuevas temporadas de ‘The Ark’ y ‘The Librarians: el próximo capítulo’

SYFY ha anunciado la participación de Dean Devlin en San Diego Comic-Con Málaga 2026, donde el reconocido guionista, productor y director será uno de los grandes protagonistas de la programación del canal. El creador presentará en primicia las nuevas temporadas de ‘The Ark’ y ‘The Librarians: el próximo capítulo’, dos de los estrenos más esperados que llegarán a SYFY este otoño.

La presencia de Dean Devlin refuerza la apuesta de SYFY por la primera edición europea oficial de San Diego Comic-Con en Málaga, un evento que reunirá a miles de aficionados, profesionales y compañías de la industria del entretenimiento en torno a algunas de las franquicias más populares del panorama audiovisual.

Durante su visita, Devlin participará en un panel exclusivo, una sesión de preguntas y respuestas con los asistentes y diferentes actividades promocionales dedicadas a las dos series. El cineasta, considerado una de las figuras más influyentes de la ciencia ficción contemporánea, ha dejado su huella en producciones como ‘Independence Day’, ‘Stargate’, ‘Godzilla’, ‘Leverage’, ‘The Librarians’ y ‘The Ark’.

El propio Devlin ha mostrado su entusiasmo por visitar España y encontrarse con los seguidores de sus obras, destacando el cariño recibido por parte del público internacional a lo largo de su carrera y asegurando que poder presentar ambas series en SYFY España y participar en San Diego Comic-Con Málaga supone una ocasión muy especial.

Desde NBCUniversal International Networks también han celebrado su incorporación al evento. Gorka Villar, vicepresidente de Marketing para EMEA y Country Lead de Iberia, ha señalado que será la primera participación de Dean Devlin en la edición malagueña de Comic-Con y que su presencia permitirá acercar a los aficionados españoles a uno de los grandes referentes del género fantástico y de ciencia ficción.

Dos grandes estrenos para el otoño de SYFY

Uno de los títulos que protagonizarán la presentación será la tercera temporada de ‘The Ark’. La nueva entrega retomará la historia tras el establecimiento de Homebase 1 como nueva colonia de la humanidad. Mientras parte de la tripulación del Ark One regresa al espacio en busca de más supervivientes de la Tierra, quienes permanecen en el planeta descubrirán que su aparente refugio podría esconder peligros mucho mayores de los imaginados.

La otra gran protagonista será la segunda temporada de ‘The Librarians: el próximo capítulo’. Los nuevos episodios profundizarán en la evolución de sus protagonistas mientras afrontan las responsabilidades de convertirse en los nuevos Bibliotecarios. La llegada de Merlín pondrá a prueba las normas que rigen la Biblioteca y obligará al grupo a enfrentarse tanto a amenazas sobrenaturales como a sus propios miedos.

Un referente de la ciencia ficción y la televisión fantástica

Además de dirigir y producir numerosas películas de éxito internacional, Dean Devlin continúa ampliando su legado televisivo como CEO de Electric Entertainment. Actualmente ejerce como creador y productor ejecutivo de ‘The Ark’, además de showrunner de ‘The Librarians: el próximo capítulo’, consolidando una trayectoria que lo mantiene como una de las voces más importantes del género.

Su participación en San Diego Comic-Con Málaga se perfila como uno de los grandes reclamos para los seguidores de la ciencia ficción y la fantasía, que podrán conocer de primera mano las novedades de ambas series antes de su estreno en SYFY durante el próximo otoño.

Crítica: ‘Stuart no consigue salvar el universo’

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Todo un laboratorio de posibilidades

Cuando se anunció que Stuart Bloom sería el protagonista de un nuevo spin off de ‘The Big Bang Theory’, pocos podían imaginar que la franquicia optaría por abandonar casi todas las convenciones que la hicieron mundialmente popular. Al contrario que ‘El joven Sheldon’, ‘Stuart no consigue salvar el universo’ no intenta repetir la fórmula de la sitcom original. Al contrario. La utiliza como punto de partida para lanzarse a un experimento mucho más ambicioso, extraño y, sobre todo, imprevisible.

La premisa de esta nueva serie, que se puede ver si haber visto la original y que se estrena el 23 de julio, es tan sencilla como efectiva. Una cadena de acontecimientos provoca que Stuart deba recorrer diferentes universos alternativos tratando de reparar un desastre que amenaza la realidad. A partir de ahí, la serie se convierte en un festival de ideas donde prácticamente cualquier escenario es posible.

Cada episodio propone un nuevo mundo con reglas completamente distintas. Lo mismo visitamos una sociedad postapocalíptica propia del mejor cine de ciencia ficción que un siglo XXI gobernado por la magia, una civilización completamente vegana o una delirante distopía donde las multas por pronunciar determinadas palabras (en un evidente guiño a ‘Demolition Man’) se llevan hasta consecuencias absolutamente absurdas.

Las referencias que se me vienen a la cabeza

Lo interesante es que la serie nunca se toma demasiado en serio. Cada realidad sirve tanto para desarrollar una aventura como para satirizar aspectos de nuestra sociedad, del fandom o incluso de la propia cultura popular.

Muchos establecerán inevitablemente comparaciones con ‘Doctor Who’, especialmente por la estructura de viajes entre realidades y el tono fantástico que adopta en determinados momentos. Sin embargo, la referencia que realmente viene a la cabeza es ‘Sliders’ (‘Salto al infinito’). Igual que ocurría en aquella reivindicable producción de los años noventa, los protagonistas saltan de una realidad alternativa a otra intentando regresar a su mundo original, lo que permite reinventar completamente el escenario en cada capítulo.

La conexión resulta incluso simpática si recordamos que en ‘Sliders’ participaba Jerry O’Connell, a quien muchos recuerdan por compartir reparto con Wil Wheaton en ‘Stand by Me’. Precisamente Wil Wheaton terminó convirtiéndose en uno de los cameos más recurrentes y divertidos de ‘The Big Bang Theory’, ejerciendo casi siempre como el gran dolor de cabeza de Sheldon Cooper.

Un cambio de tono que demuestra que la franquicia todavía tenía margen para sorprender

Lo primero que llama la atención es que desaparecen las risas enlatadas. Esa simple decisión transforma completamente la experiencia. La serie deja de sentirse como una sitcom tradicional para acercarse más a una aventura de ciencia ficción con abundantes dosis de humor y por supuesto mayor número de planos.

También nos congratulan con la presencia de momentos sorprendentemente sangrientos, algo completamente impensable en la serie matriz. No llega a convertirse en una producción especialmente violenta, pero sí demuestra que sus responsables buscan explorar territorios narrativos diferentes.

Aun así, el ADN de ‘The Big Bang Theory’ continúa presente. Siguen apareciendo cameos, referencias científicas y constantes guiños al mundo del cómic, los videojuegos, el cine y la televisión. Toda la narración gira alrededor de esa mezcla entre divulgación científica y cultura popular que siempre definió a la franquicia.

Resulta especialmente simpático comprobar cómo algunos objetos del decorado esconden referencias visuales a personajes y acontecimientos de la serie original, mientras determinados episodios incluyen pequeños detalles destinados únicamente a los espectadores más observadores.

Mención aparte merece la magnífica cabecera compuesta por Danny Elfman. Quizá no sea una melodía especialmente pegadiza, pero sí transmite perfectamente esa sensación de rareza permanente que envuelve toda la serie. Además, los títulos de apertura incorporan pequeñas variaciones visuales y mensajes ocultos entre episodios, un detalle que invita a prestar atención incluso antes de comenzar cada aventura.

Una serie tremendamente entretenida… con un desenlace demasiado prudente

‘Stuart no consigue salvar el universo’ funciona porque entiende perfectamente cuál es su objetivo. No pretende revolucionar la televisión ni construir complejas reflexiones filosóficas sobre el multiverso. Quiere divertir. Y lo consigue con enorme facilidad.

Cada episodio termina despertando la curiosidad por descubrir cuál será la siguiente realidad absurda, qué nuevo cameo aparecerá o hasta dónde estarán dispuestos a llevar una idea aparentemente imposible. Esa sensación convierte la serie en un producto francamente adictivo que invita a encadenar capítulos casi sin darse cuenta.

Precisamente esa capacidad para reinventarse constantemente es su mayor virtud. Nunca sabemos qué clase de universo visitaremos a continuación ni qué referencias cinematográficas, científicas o comiqueras aparecerán escondidas entre los diálogos.

Por desgracia, esa valentía desaparece parcialmente en el desenlace. El final resulta bastante flojo y transmite la sensación de que sus responsables prefieren dejar múltiples puertas abiertas antes que ofrecer una conclusión realmente satisfactoria. Se percibe claramente como un intento de mantener viva la posibilidad de futuras temporadas si la recepción del público acompaña.

No arruina el viaje, porque el recorrido continúa siendo enormemente divertido, pero sí deja un pequeño sabor a oportunidad desaprovechada. Quizá sea el único momento donde la serie parece contenerse cuando durante el resto del trayecto había demostrado no tener miedo a abrazar el disparate más absoluto.

En cualquier caso, este spin off confirma que el universo de ‘The Big Bang Theory’ todavía podía ofrecer propuestas inesperadas. No busca sustituir a la serie original, sino demostrar que sus personajes todavía pueden protagonizar historias completamente diferentes sin perder su esencia. Y eso, en una franquicia tan conocida, ya es un mérito considerable.

Nominados a los Emmy 2026

‘The Pitt’ parte como gran favorita y dominan HBO Max, Apple TV+ y Netflix

La Academia de Televisión de Estados Unidos ha dado a conocer las nominaciones de la 78.ª edición de los Premios Primetime Emmy, una lista que confirma cuáles han sido las producciones televisivas más destacadas del último año y que anticipa una de las galas más competidas de los últimos tiempos.

La gran vencedora de las nominaciones ha sido ‘The Pitt’, que encabeza la clasificación con 25 candidaturas, convirtiéndose en la serie más nominada de esta edición. En el apartado de comedia, la última temporada de ‘Hacks’ suma 24 nominaciones, estableciendo además un nuevo récord para una comedia al conseguir el mayor número de candidaturas obtenidas por una única temporada del género.

Tras ellas aparece ‘Widow’s Bay’, de Apple TV+, con 19 nominaciones, seguida también por la producción de la plataforma ‘Pluribus’, que alcanza 18 menciones, mientras que ‘Beef (Bronca)’, de Netflix, completa el grupo de favoritas con 16 nominaciones.

Las plataformas vuelven a repartirse el protagonismo

Las nominaciones de este año reflejan la intensa competencia entre las principales plataformas de streaming. HBO Max vuelve a situarse entre los grandes referentes gracias al excelente rendimiento de ‘The Pitt’ y ‘Hacks’, mientras que Apple TV+ firma una de sus mejores cosechas hasta la fecha gracias a producciones como ‘Widow’s Bay’ y ‘Pluribus’. Netflix, por su parte, mantiene una fuerte presencia con ‘Beef’ entre las series más reconocidas por los académicos.

Primeros premios anunciados durante la mañana

Como ya es tradición, parte de las nominaciones fueron desveladas horas antes durante el programa estadounidense Today. Entre ellas figuraban dos categorías muy esperadas: Mejor Serie de Variedades y Mejor Reality de Competición.

Una de las notas más llamativas fue el regreso de ‘Dancing with the Stars’, que consigue su primera nominación en una década dentro de la categoría de programas de competición.

La ceremonia cambia de día por la NFL

Los ganadores de los Premios Emmy 2026 se conocerán el próximo 14 de septiembre durante una ceremonia que tendrá lugar en el Peacock Theater de Los Ángeles. La gala abandona excepcionalmente su tradicional celebración en domingo para trasladarse al lunes, evitando coincidir con una retransmisión de la NFL en la cadena NBC.

La presentación correrá a cargo de Mariska Hargitay, una de las grandes figuras de la televisión estadounidense, que precisamente afrontará este otoño su 28.ª temporada al frente de ‘Ley y Orden: Unidad de Víctimas Especiales’.

A continuación, la Academia de Televisión ha publicado la lista completa de nominados en todas las categorías, incluyendo también las correspondientes a los Creative Arts Emmy Awards, cuyos galardones se entregarán en una ceremonia independiente antes de la gala principal.

Mejor serie DRAMA

  • ‘La diplomática’ [Netflix]
  • ​’La edad dorada’ [HBO Max]
  • ‘El caballero de los Siete Reinos’ [HBO Max]
  • ‘Paradise’ [Hulu]
  • ‘The Pitt’ [HBO Max]
  • ‘Pluribus’ [Apple TV]
  • ‘Slow Horses’​ [Apple TV]
  • ‘Vicios ocultos’ [Apple TV]

Mejor actriz principal DRAMA

  • Carrie Coon por ‘La edad dorada’ ​
  • Chase Infiniti por ‘Los testamentos’
  • Keri Russell por ‘La diplomática’
  • Rhea Seehorn por ‘Pluribus’
  • Zendaya por ‘Euphoria’

Mejor actor principal DRAMA

  • Sterling K. Brown por ‘Paradise’ ​
  • Gary Oldman por ‘Slow Horses’ ​
  • Mark Ruffalo por ‘Task’ ​
  • Rufus Sewell por ‘La diplomática’ ​
  • Noah Wyle por ‘The Pitt’

Mejor actriz de reparto DRAMA

  • Taylor Deardon por ‘The Pitt’
  • Fiona Dourif por ‘The Pitt’
  • Allison Janney por ‘La diplomática’
  • Katherine LaNasa por ‘The Pitt’
  • Sepideh Moafi por ‘The Pitt’
  • Julianne Nicholson por ‘Paradise’
  • Karolina Wydra por ‘Pluribus’

Mejor actor de reparto DRAMA

  • Patrick Ball por ‘The Pitt’
  • Billy Crudup por ‘The Morning Show’
  • Shawn Hatosy por ‘The Pitt’
  • Gerran Howell por ‘The Pitt’
  • Jack Lowden por ‘Slow Horses’
  • Tom Pelphrey por ‘Task’
  • Carlos-Manuel Vesga por ‘Pluribus’

Mejor serie COMEDIA

  • ‘Colegio Abbot’ ​[ABC]
  • ‘The Bear’ [FX]
  • ‘Hacks’ [HBO Max]
  • ‘Margo tiene problemas de dinero’ [Apple TV]
  • ‘Nadie quiere esto’ [Netflix]
  • ‘Solo asesinatos en el edificio’ [Hulu]
  • ‘Terapia sin filtro’ [Apple TV]
  • ‘La maldición de Widow’s Bay’ [Apple TV]

Mejor actriz principal COMEDIA

  • Quinta Brunson por ‘Colegio Abbott’
  • ​Ayo Edeberi por ‘The Bear’ ​
  • Elle Fanning por ‘Margo tiene problemas de dinero’ ​
  • Lisa Kudrow por ‘The Comeback’ ​
  • Jean Smart por ‘Hacks’

Mejor actor principal COMEDIA

  • Yahya Abdul-Mateen II por ‘Wonder Man’ ​
  • Steve Carell por ‘Rooster’ ​
  • Matthew Rhys por ‘La maldición de Widow’s Bay’ ​
  • Jason Segel por ‘Terapia sin filtro’ ​
  • Martin Short por ‘Solo asesinatos en el edificio’

Mejor actriz de reparto COMEDIA

  • Dale Dickey por ‘La maldición de Widow’s Bay’
  • Hannah Einbinder por ‘Hacks’
  • Janelle James por ‘Colegio Abbott’
  • Kate O’Flynn por ‘La maldición de Widow’s Bay’
  • Michelle Pfeiffer por ‘Margo tiene problemas de dinero’
  • Megan Stalter por ‘Hacks’
  • Jessica Williams por ‘Terapia sin filtro’

Mejor actor de reparto COMEDIA

  • Colman Domingo por ‘Las cuatro estaciones’
  • Paul W. Downs por ‘Hacks’
  • Harrison Ford por ‘Terapia sin filtro’
  • Nick Offerman por ‘Margo tiene problemas de dinero’
  • Stephen Root por ‘La maldición de Widow’s Bay’
  • Michael Urie por ‘Terapia sin filtro’
  • Tayler James Williams por ‘Colegio Abbott’

Mejor serie antología o MINISERIE

  • »Su peor pesadilla’ [Peacock]
  • ​’La bestia en mí’ [Netflix]
  • ​’Bronca’ ​[Netflix]
  • ‘DTF St. Louis’ [HBO Max]
  • ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette’ [Hulu]

Mejor actriz principal MINISERIE

  • Claire Danes por ‘La bestia en mí’ ​
  • Sally Field por ‘Criaturas luminosas’ ​
  • Carey Mulligan por ‘Bronca’ ​
  • Sarah Pidgeon por ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette’ ​
  • Sarah Snook por ‘Su peor pesadilla’

Mejor actor principal MINISERIE

  • Riz Ahmed por ‘Bait’ ​
  • Jason Bateman por ‘Black Rabbit’ ​
  • Charlie Hunnam por ‘Monstruo: La historia de Ed Gein’
  • Oscar Isaac por ‘Bronca’ ​
  • Matthew Rhys por ‘La bestia en mí’

Mejor actriz de reparto MINISERIE

  • Linda Cardellini por ‘DTF St. Louis’
  • Dakota Fanning por ‘Su peor pesadilla’
  • Laurie Metcalf por ‘Monstruo: La historia de Ed Gein’
  • Joy Sunday por ‘DTF St. Louis’
  • Constance Zimmer por ‘Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette’ ​

Mejor actor de reparto MINISERIE

  • Jason Bateman por ‘DTF St. Louis’
  • Richard Gadd por ‘Half Man’
  • David Harbour por ‘DTF St. Louis’
  • Richard Jenkins por ‘DTF St. Louis’
  • Charles Melton por ‘Bronca’
  • Nick Offerman por ‘Muerte por un rayo’

San Diego Comic-Con Málaga 2026 anuncia a Karl Urban, Deborah Ann Woll y más invitados

También detalles sobre el recinto, actividades y la presencia de Disney

San Diego Comic-Con Málaga ha celebrado su esperado Panel Cero, una presentación en directo en la que la organización ha desvelado algunas de las principales novedades de la edición de 2026. El evento, conducido por la creadora de contenido Cristinini junto al director general Fernando Piquer, sirvió para mostrar la evolución de la convención apenas unos meses después del éxito de su estreno en España.

Durante la retransmisión también participó el dibujante Jorge Jiménez, uno de los grandes nombres del cómic internacional, mientras se confirmaban nuevas incorporaciones al cartel, un recinto completamente reorganizado, el primer póster oficial y nuevas pistas sobre la programación que convertirá Málaga, una vez más, en el gran punto de encuentro europeo de la cultura pop.

Un recinto más grande y pensado para mejorar la experiencia

Uno de los anuncios más importantes fue la presentación del nuevo plano del recinto, que mantendrá un aforo total de 90.000 asistentes (22.500 personas por jornada), pero con una distribución mucho más ambiciosa.

La principal novedad será la creación de un segundo gran espacio expositivo. Al tradicional Exhibitor Hall Town, situado dentro del Palacio de Ferias y Congresos de Málaga (FYCMA), se sumará el nuevo Exhibitor Hall Garden, una gran carpa cubierta de más de 8.800 metros cuadrados ubicada en la zona exterior Village.

Esta ampliación permitirá distribuir mejor a los visitantes y ofrecer nuevos espacios dedicados a editoriales, expositores, juegos de mesa, experiencias interactivas y zonas Sit & Play, donde será posible probar novedades antes incluso de su lanzamiento comercial.

Además, el Artists’ Alley crecerá de forma considerable, pasando a reunir más de 90 artistas nacionales e internacionales, casi el doble que en la primera edición.

Más de 300 horas de programación y un nuevo auditorio

La organización también confirmó que la edición de 2026 incrementará notablemente su programación. A los auditorios ya conocidos y al popular Hall M se añadirá un nuevo auditorio construido específicamente para el evento, lo que permitirá superar las 300 horas de actividades repartidas entre cine, televisión, cómic, manga, animación, videojuegos, juegos de rol y cultura pop.

Una de las noticias más destacadas fue la confirmación de que Disney contará con presencia propia dentro del Hall M, lo que hace pensar que volverán a celebrarse importantes presentaciones relacionadas con sus grandes franquicias cinematográficas y televisivas.

Karl Urban, Deborah Ann Woll y Christopher Lambert lideran una espectacular nueva tanda de invitados

El Panel Cero también sirvió para anunciar 25 nuevos invitados especiales, que elevan el cartel del evento por encima del medio centenar de figuras internacionales. Entre los nombres más destacados del apartado cinematográfico y televisivo sobresale Karl Urban, conocido por sus papeles en ‘The Boys’, ‘El Señor de los Anillos’, ‘Star Trek’ y ‘Dredd’. También estará presente Deborah Ann Woll, muy querida por los seguidores de ‘Daredevil’ y ‘True Blood’.

Otro de los grandes anuncios fue la presencia de Christopher Lambert, protagonista del clásico ‘Los inmortales’, además de Kevin Sussman, inolvidable Stuart en ‘The Big Bang Theory’ con una nueva serie por estrenar en HBO.

La convención también reunirá a buena parte del reparto de ‘Starship Troopers’, con la presencia de Casper Van Dien, Denise Richards, Dina Meyer, Michael Ironside y Jake Busey, además de actores como Dan Fogler, Natasha Liu Bordizzo y Denise Gough.

El cómic continúa siendo uno de los pilares del evento

El universo del cómic volverá a ocupar un lugar protagonista. Entre las nuevas confirmaciones figuran Jorge Jiménez, considerado actualmente uno de los dibujantes estrella de Batman; Carmen Carnero, responsable de algunas de las etapas recientes de Capitán América; Pepe Larraz, autor de ‘La Dinastía de X’; Álvaro Martínez Bueno, dibujante de ‘Justice League Dark’; Chris Condon, Michael Golden y Michael Walsh.

Estos nombres se unen a los anunciados durante las últimas semanas, entre ellos Juanjo Guarnido, Stefano Caselli, Rick Leonardi, Dan Mora, Pat Mills, Laia López o Phillip Kennedy Johnson, consolidando uno de los Artists’ Alley más importantes que se recuerdan en Europa.

Precisamente Jorge Jiménez aprovechó el Panel Cero para presentar un print exclusivo realizado para la convención y aseguró sentirse especialmente ilusionado por regresar a Málaga después de la experiencia vivida el año anterior.

Videojuegos, manga y juegos de rol también ganan protagonismo

La programación seguirá apostando por otras disciplinas fundamentales dentro de la cultura popular. En el ámbito de los videojuegos destaca la presencia de Dave Jones, creador de ‘Lemmings’ y uno de los padres de la saga ‘Grand Theft Auto’, así como Jeremy Crawford, una de las figuras más importantes del desarrollo actual de ‘Dragones y Mazmorras’.

El manga y la animación japonesa también estarán representados por invitados de enorme prestigio como Shin’ichirō Watanabe, creador de ‘Cowboy Bebop’ y ‘Samurai Champloo’, además del director Yoshihiro Ueda, vinculado a ‘Dragon Ball’, y el compositor Akira Yamaoka, cuya música es inseparable de la saga ‘Silent Hill’.

Helen Chen firma el primer cartel oficial

Otro de los momentos destacados de la presentación fue el descubrimiento del primer cartel oficial de San Diego Comic-Con Málaga 2026, realizado por la artista y directora de arte Helen Chen, conocida por su trabajo en películas como ‘Las guerreras K-Pop’ y ‘Raya y el último dragón’.

La ilustración gira en torno al lema «Team Up!», una invitación a celebrar la colaboración entre aficionados, creadores e industria, incorporando además numerosos elementos inspirados en la identidad visual de Málaga.

La propia organización confirmó que Chen asistirá durante los cuatro días del evento y adelantó que el segundo cartel oficial será obra del legendario dibujante John Romita Jr., cuyo diseño se revelará próximamente.

Una Comic-Con que aspira a consolidarse como referente europeo

Con este Panel Cero, San Diego Comic-Con Málaga deja claro que su segunda edición no solo busca repetir el éxito del año pasado, sino superarlo en prácticamente todos los aspectos. Más invitados internacionales, un recinto ampliado, una programación más ambiciosa y la participación de grandes compañías del entretenimiento apuntan a una convención que sigue creciendo a gran velocidad.

La organización también recordó la apertura del nuevo Portal del Fan, el cierre de la primera fase de venta de entradas y confirmó la participación del periodista y crítico cinematográfico Ali Plumb (BBC Radio 1). Todo ello refuerza la sensación de que la edición de 2026 quiere consolidar definitivamente a Málaga como una de las grandes capitales europeas de la cultura pop.

Crítica: ‘Dorohedoro’ T2

En qué plataforma ver Dorohedoro

Caos, identidad y una violencia con alma bizarra

Fue una de las series que nos dieron la vida en los últimos estertores del confinamiento por la pandemia del COVID-19 y por fin ha regresado. La segunda temporada de ‘Dorohedoro’ llega tras una espera inusualmente larga dentro del ecosistema anime contemporáneo (casi seis años), y lo hace sin renunciar a nada de lo que convirtió a la primera tanda en una obra de culto: violencia gráfica, humor negro y una narrativa deliberadamente fragmentada. Desde su estreno global el 1 de abril de 2026 (con un inusual arranque de tres episodios simultáneos), la serie producida por MAPPA no solo reafirma su identidad, sino que la radicaliza. Ya era rara dentro del género cyberpunk o el anime más extraño pero consigue ir más allá.

Lo primero que conviene señalar es que ‘Dorohedoro’ sigue siendo profundamente incómoda (y no busca lo contrario) además de quedarse abierta para una tercera entrega. Hay que tener en cuenta que el manga original consta de 23 volúmenes. La clasificación de contenido ya advertía de una violencia “severa” y escenas intensas que rozan lo grotesco, pero en esta segunda temporada esa cualidad se convierte en lenguaje propio. No hay concesiones: cuerpos mutilados, experimentos aberrantes y un universo donde la muerte es casi un trámite burocrático. Sin embargo, lejos de caer en el exceso vacío, la serie articula esta brutalidad como parte de su discurso estético (una especie de punk visual donde el caos es la norma, no la excepción).

El lema promocional de esta temporada, nos sugiere sumergirnos en el caos y no es casual. La dirección vuelve a apostar por una puesta en escena sucia, cargada de texturas digitales que simulan lo orgánico, lo viscoso, lo podrido. Y ahí reside una de sus virtudes: el mundo de Hole y el reino de los hechiceros no son solo escenarios, sino organismos en descomposición constante.

Caimán y la identidad como eje narrativo

Si la primera temporada planteaba el misterio de Caimán, esta segunda lo disecciona. El personaje deja de ser únicamente un vehículo para la acción (un antihéroe amnésico con cabeza de reptil) y se convierte en el núcleo temático de la serie. Su búsqueda de identidad ya no es solo una excusa argumental, sino una exploración casi existencial.

Recordemos que Caimán es un ser marcado por la pérdida de memoria y la deformación física, producto de la magia de los hechiceros. En esta nueva entrega, la narrativa se fragmenta aún más para ofrecer distintas capas de su pasado, jugando con la percepción del espectador (¿quién fue realmente?, ¿cuántas versiones de sí mismo existen?). Este enfoque multiplica la sensación de desconcierto, pero también enriquece el relato.

Pero aquí es donde la temporada da un paso más interesante: aunque el relato pivota claramente sobre Caimán como protagonista, la serie se permite expandirse con generosidad hacia sus secundarios. No se limita a utilizarlos como meros acompañantes o contrapuntos, sino que construye verdaderas historias paralelas que aportan profundidad al mundo. Personajes como En, Shin, Ebisu o Noi no solo ganan tiempo en pantalla, sino también capas psicológicas y contexto histórico. Sus motivaciones, relaciones y conflictos internos se desarrollan con una riqueza que equilibra el foco central de la narrativa.

Este enfoque coral refuerza la sensación de universo vivo. Cada personaje parece tener su propia historia fuera de cámara, su propio pasado y sus propias reglas. Incluso figuras que en la primera temporada podían parecer excéntricas o anecdóticas adquieren aquí un peso dramático inesperado. Es una decisión narrativa arriesgada (porque dispersa la atención), pero coherente con la naturaleza caótica de la serie.

Además, el guion se detiene más en las relaciones entre personajes, especialmente en la conexión entre Caimán y Nikaido, que gana en ambigüedad emocional. No es una relación sentimental al uso, sino una alianza forjada en la supervivencia y el trauma compartido.

Un anime más punk, más caótico y sorprendentemente más humano

Lo que diferencia a esta segunda temporada de otras secuelas es su negativa a “ordenarse”. En lugar de simplificar su narrativa o hacerla más accesible, ‘Dorohedoro’ abraza el caos como principio estructural. Las subtramas proliferan, los personajes secundarios adquieren mayor peso, y la historia se convierte en un mosaico de perspectivas que rara vez encajan de forma convencional.

Sin embargo, en ese aparente desorden emerge algo inesperado: humanidad. La serie encuentra belleza en lo grotesco y convierte a sus personajes en figuras trágicas atrapadas en un sistema violento que no controlan. Incluso los antagonistas poseen motivaciones complejas, alejadas del maniqueísmo.

Técnicamente, la animación mantiene el híbrido entre CGI y dibujo tradicional que tanto dividió al público en su momento. Aquí se percibe más pulido, más integrado en la estética general, aunque sigue siendo una apuesta arriesgada. Esa textura visual, casi sucia, sigue siendo clave para transmitir la identidad de la obra. Desde luego, en mi opinión, la calidad de la animación de esta serie no tiene pega alguna.

En última instancia, esta temporada 2 de ‘Dorohedoro’ es una intensificación de todo lo que la define: violencia, humor absurdo, caos narrativo, una obsesión casi filosófica por la identidad y un descomunal trabajo de animación. Pero además, añade una dimensión coral que enriquece el conjunto, demostrando que el mundo de la serie es mucho más amplio que su protagonista. No es una serie para todos, pero precisamente ahí radica su valor. Es una anomalía fascinante.

Crítica: ‘Spider-Noir’

En qué plataforma ver Spider-Noir

Recupera el alma pulp del que bebieron Stan Lee, Jack Kirby o Steve Ditko

Nicolas Cage dijo que su personaje en esta serie es una mezcla entre Bogart y Bugs Bunny. Estoy en gran parte de acuerdo con él, pero he de añadir que hay parecido también con ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’. De hecho, hay una escena que parece prácticamente calcada del clásico de Robert Zemeckis, tanto en composición de escena como en contexto. Por supuesto, el personaje detectivesco que interpreta Cage remite constantemente al cine negro de los años 40 y 50, a esos investigadores agotados moralmente que desconfiaban de todos y caminaban por ciudades donde cada callejón escondía una traición.

Con ‘Spider-Noir’, que llega a Prime Video el próximo 27 de mayo, se apuesta por algo mucho más extraño y estilizado de lo habitual dentro del panorama superheroico televisivo. Y eso, en una industria cada vez más agotada por fórmulas repetidas, ya es una virtud enorme. El primer episodio y muchísimas de sus escenas funcionan como una carta de amor al noir clásico, pero también como un experimento visual que mezcla pulp, cómic y expresionismo criminal.

Lo primero que conviene aclarar si eres lector de cómics es que este no es exactamente Spider-Man Noir. El personaje se llama Ben Reilly y no Peter Parker (una consecuencia evidente de los derechos compartidos del personaje). Sin embargo, la serie juega constantemente a bordear los límites legales y creativos para construir algo inequívocamente arácnido. Ahí están Silvermane como gran amenaza mafiosa, Cat Hardy conocida por los lectores como Black Cat, la aparición de Sandman desde los tráilers y ya os adelanto que otros tantos villanos. Toda una galería de secundarios que parecen extraídos de una versión deformada y melancólica del universo Marvel. Y con derechos o sin ellos vais a ver unos cuantos guiños a las películas que Sony ha ido haciendo estos años.

La propia serie deja caer desde sus primeros minutos su conexión espiritual con el Spider-Verso. El protagonista abre la historia recordando que una vez le preguntaron de qué universo provenía. No es una referencia gratuita. Cage vuelve aquí al personaje que ya interpretó vocalmente en las películas animadas de Miles Morales, pero trasladando ahora aquella estética caricaturesca a un entorno live action mucho más violento y crepuscular.

Entre el blanco y negro y el color: una Nueva york pulp atrapada en la Gran Depresión

Uno de los grandes aciertos de ‘Spider-Noir’ es su tratamiento visual. La serie se puede escoger ver con sus secuencias en color o en blanco y negro. Aunque personalmente considero que funciona muchísimo mejor cuando abraza completamente la monocromía. Hay algo profundamente hipnótico en ver a Cage desplazarse entre sombras durísimas, humo, luces vintage y callejones mojados mientras la fotografía parece querer invocar simultáneamente a ‘El halcón maltés’, ‘Sin City’ y/o ‘Dick Tracy’.

El primer episodio, especialmente, es puro cine negro. No como simple disfraz estético, sino como construcción narrativa. La investigación criminal, las conspiraciones mafiosas y la sensación de derrota permanente convierten la serie en algo mucho más cercano a una reinterpretación superheroica de Raymond Chandler que a una producción convencional de Marvel. Así es que al menos esta introducción os recomiendo verla en escala de grises.

También, cuando la vemos a color, sobrevuelan influencias de filmes como ‘Darkman’ o ‘La sombra’, obras que entendían el pulp como un espacio donde lo grotesco y lo trágico podían convivir sin pedir permiso. En ese sentido, ‘Spider-Noir’ parece disfrutar especialmente de su condición de realidad alternativa. Al no tener que responder directamente al canon tradicional del trepamuros, la serie posee carta blanca para reinventar personajes, mezclar géneros y deformar conceptos conocidos.

No resulta casual que el personaje original naciera en los cómics ambientados en la América de la Gran Depresión, dentro de la línea Noir de Marvel iniciada en 2009. Aquellas historias ya trasladaban el mito superheroico a un contexto de corrupción, desempleo y violencia callejera. La serie recoge esa herencia y la transforma en algo todavía más melancólico. Aquí Ben Reilly parece un hombre cansado, casi derrotado por el propio peso de la ciudad que intenta proteger. Todo esto no impide que el personaje tenga astucia, picardía y gracia, algo que tienen todos los Spider-Man independientemente de qué versión tratemos.

Y Cage entiende perfectamente el tono. Su interpretación evita caer en la autoparodia desatada que muchas veces acompaña su carrera reciente. Hay exageración y algún “momento Cage”, sí, pero también una vulnerabilidad extraña que convierte al personaje en un héroe casi fantasmal. Como si fuese consciente de pertenecer a un universo condenado a desaparecer.

Una serie fascinante… pero con el riesgo de abandonar aquello que la hace especial

Uno de los aspectos más interesantes es la enorme cantidad de villanos y referencias que la serie introduce desde el comienzo. Y, en realidad, tiene sentido. Las historias de Spider-Man siempre han destacado precisamente por la riqueza de su galería de enemigos. El problema es que ‘Spider-Noir’ corre un riesgo evidente: perder fuerza conforme abandone su naturaleza noir para expandirse hacia un modelo más convencional de universo compartido. Como le pasó a ‘Gotham’, por ejemplo.

Porque el verdadero gancho de la serie no está necesariamente en descubrir qué versión alternativa aparecerá después ni en el festival de cameos potenciales. Su gran atractivo reside en esa atmósfera de detective agotado, en esa mezcla entre serial pulp y tragedia urbana que reprime sus superpoderes para guardar las apariencias. Por suerte, en mi opinión, Prime Video ha entendido que ahí está el corazón de la propuesta y no nos falla la respecto. Para muchos esta podría estar entre las producciones superheroicas más singulares de los últimos años.

Crítica: ‘The Boys’ temporada 5

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El superhéroe como dictador pop: Patriota ya no es una sátira, es una advertencia

Hay algo profundamente incómodo en esta quinta temporada de ‘The Boys’. No tanto por sus mutilaciones imposibles, sus estallidos de vísceras o sus muertes grotescas (que las hay, y en abundancia), sino porque el universo creado por Eric Kripke ha dejado de parecer una caricatura exagerada para convertirse en una réplica deformada (pero reconocible) de la realidad política y mediática estadounidense actual. Y ahí reside el auténtico horror.

Resulta inquietante comprobar cómo una temporada rodada hace tiempo parece sincronizada con la deriva política de la Norteamérica contemporánea. El paralelismo entre Patriota y Donald Trump ya no se limita a la obviedad del líder populista amado por las masas. Esta vez la serie entra de lleno en el delirio mesiánico, en la construcción de una figura pseudo-divina alimentada por propaganda, manipulación mediática y una masa social intoxicada por la posverdad. Las referencias al MAGA, la demonización de inmigrantes, los ecos del ICE y la intoxicación informativa son tan explícitos que provocan escalofríos. Incluso el propio Kripke terminó reaccionando en redes sociales con un resignado “WTF”, como si él mismo se hubiese sorprendido de hasta qué punto la realidad decidió copiar a su ficción.

Patriota se convierte aquí en el auténtico centro gravitacional de la temporada. Antony Starr ofrece probablemente la interpretación más enfermiza y aterradora del personaje desde el inicio de la serie. Ya no necesita explotar cabezas cada cinco minutos para generar miedo. Le basta con sonreír. Su ego mesiánico recuerda inevitablemente a ciertos montajes creados con IA que han circulado por internet representando a Trump como una especie de Jesucristo moderno. Y lo perturbador es que ‘The Boys’ parece haberlo anticipado antes de que esas imágenes se popularizasen.

La serie lleva años ridiculizando el concepto del superhéroe corporativo, pero en esta última etapa el discurso se vuelve mucho más agresivo. Ya no se trata únicamente de reírse de Justice League o de las poses grandilocuentes del cine superheroico contemporáneo. Aquí directamente se destripa la idea de que una sociedad necesite ídolos salvadores. Y lo hace con una mala leche admirable.

Violencia grotesca, sátira salvaje y un arranque absolutamente demencial

Si alguien pensaba que la televisión moderna ya había alcanzado su techo en materia de violencia absurda, esta quinta temporada llega para demostrar lo contrario. El primer episodio empieza de forma tan salvaje que parece diseñado específicamente para poner a prueba el estómago del espectador. Y sí, si durante años la muerte de David Carradine fue utilizada como referencia morbosa dentro de la cultura popular, ‘The Boys’ consigue aquí superarla con algunas de las muertes más soeces, desagradables y directamente enfermizas vistas en televisión reciente.

Pero lo fascinante es que la serie continúa encontrando formas nuevas de burlarse del cine de superhéroes. Hay una secuencia concreta a cámara lenta que funciona como una sátira descarada de los momentos “cool” asociados a personajes velocistas como Flash o Quicksilver. La escena juega precisamente con esa estética de videoclip heroico que tantas veces hemos visto en filmes de Marvel Studios o DC Studios, solo que aquí el resultado termina siendo grotesco, incómodo y ridículamente divertido.

Ese equilibrio entre humor negro, crítica política y violencia enfermiza sigue siendo la gran virtud de la serie. Lo que en otras manos sería puro nihilismo adolescente, en ‘The Boys’ encuentra una extraña coherencia interna. La sensación constante es que todo puede empeorar todavía más. Y normalmente empeora.

Un final precipitado, personajes desaprovechados y un universo que quizá ya ha dicho demasiado

Eso sí, esta última etapa no sale completamente indemne. El principal problema aparece en su tramo final. Da la impresión de que la serie tenía demasiadas piezas sobre el tablero y necesitaba moverlas a toda velocidad para alcanzar la conclusión definitiva. Hay decisiones importantes que suceden demasiado deprisa, personajes que aparecen y desaparecen casi teletransportándose y conflictos que pedían más respiración dramática.

El desenlace, aun siendo coherente con la deriva nihilista de la serie, transmite cierta sensación de precipitación. Pero también era inevitable. Algunos personajes llevaban tanto tiempo cruzando líneas morales irreversibles que cualquier final relativamente contenido habría resultado falso. ‘The Boys’ jamás pudo terminar de forma realista porque nunca fue una serie realista. Era una pesadilla hiperbólica construida sobre los excesos del capitalismo mediático y del culto al poder.

Quizá el mayor problema sea la gestión de ciertas subtramas. La de Soldier Boy queda extrañamente colgada pese a que su presencia se siente constantemente sobrevolando la historia. Peor aún resulta el tratamiento de los personajes de Gen V. Llegan tarde, aparecen poco y apenas tienen impacto real. Se percibe claramente la intención de seguir alimentando el universo expandido de la franquicia, pero el problema es que ‘Gen V’ terminó cancelándose, dejando esas conexiones narrativas en una especie de limbo frustrante.

Ahora solo queda esperar a la futura precuela centrada en Soldier Boy y sus antiguos compañeros, porque este universo todavía parece resistirse a morir. Aunque quizá la gran pregunta sea otra: después de haber reflejado de forma tan inquietante el deterioro político y social contemporáneo, ¿qué puede hacer ahora ‘The Boys’ para sorprendernos más que la propia realidad?

Crítica: ‘Daredevil: born again’ T2

En qué plataforma ver Daredevil: born again

Marvel afina su serie más madura

Cuando ‘Daredevil’ apareció originalmente en Netflix, buena parte de su prestigio nació de algo inmediato y visceral: la brutalidad elegante de sus escenas de acción. Aquellos planos secuencia en pasillos estrechos, los combates agotadores donde cada golpe parecía doler de verdad y la fisicidad casi enfermiza de Matt Murdock convirtieron la serie en una rara avis dentro del universo superheroico televisivo. Era violencia coreografiada con inteligencia narrativa. Acción que no solo impresionaba, sino que contaba algo sobre el sufrimiento de sus personajes.

Sin embargo, estas dos temporadas de ‘Daredevil: Born Again’ han terminado encontrando otro camino. Uno más pausado, más psicológico y, probablemente, más cercano al espíritu de muchos de los mejores cómics del personaje. La acción sigue ahí (y cuando aparece continúa siendo magnífica), pero ya no es el principal reclamo. Lo verdaderamente fascinante es observar cómo la serie se obsesiona con desmontar emocionalmente a sus protagonistas.

Y ahí emerge el verdadero centro gravitacional de esta segunda temporada: Wilson Fisk.

Vincent D’Onofrio vuelve a demostrar que Kingpin no es únicamente uno de los grandes villanos de Marvel, sino posiblemente el antagonista más complejo que ha construido el género superheroico televisivo moderno. La serie dedica muchísimo tiempo a explorar su psique, sus inseguridades, sus impulsos violentos y su enfermiza necesidad de control. Fisk ya no es solo un mafioso gigantesco capaz de aplastar cráneos con una puerta de coche. Es un hombre atrapado entre la monstruosidad y el deseo imposible de legitimidad.

La temporada entiende perfectamente que a menudo los mejores villanos son aquellos que se consideran héroes de su propia historia. Y Fisk vive constantemente intentando convencerse de que todo lo que hace tiene una lógica moral superior. La grandeza de ‘Born Again’ aparece precisamente en esos silencios incómodos, en las conversaciones tensas y en la forma en la que el personaje parece debatirse entre la furia animal y una humanidad residual que jamás termina de desaparecer. Es ahí donde la serie se destaca del resto de producciones de Marvel Studios (exceptuando ‘Caballero Luna’), encontrando un tono más adulto y melancólico.

Matt Murdock continúa funcionando mejor cuando está roto

Una de las grandes virtudes de esta segunda temporada es cómo consigue acercarse a la esencia de ciertas etapas fundamentales del personaje en viñetas. No porque adapte literalmente arcos concretos, sino porque entiende qué hacía especiales aquellos relatos escritos por autores como Frank Miller, Brian Michael Bendis o Ed Brubaker: la idea de que Daredevil siempre fue un superhéroe profundamente humano.

Charlie Cox vuelve a demostrar por qué el personaje le pertenece por completo. Su interpretación mantiene esa mezcla entre agotamiento físico, culpa católica y obstinación moral que convierte a Matt en un héroe distinto al resto de figuras de Marvel. La temporada insiste constantemente en destruir emocionalmente al personaje, enfrentándolo a decisiones donde la línea entre justicia y venganza se vuelve cada vez más difusa.

Y es precisamente esa construcción (o destrucción) de los protagonistas lo que convierte la serie en algo mucho más interesante que un simple producto de acción superheroica. ‘Daredevil: Born Again’ entiende que las máscaras solo funcionan cuando debajo existe un individuo complejo, contradictorio y lleno de heridas. Por supuesto, eso no significa que la serie abandone el espectáculo. Hay secuencias de acción excelentes, varias sorpresas muy bien integradas y algunos episodios que recuperan el nervio violento de la etapa Netflix.

Aunque ya vimos una escena entre Matt Murdock y Peter Parker la serie ya no parece tan interesada en conectar constantemente con el gran tablero cinematográfico de Marvel. Prefiere encerrarse en callejones húmedos, despachos corruptos y conflictos íntimos. Por eso he de reconocer que se hecha por tierra una teoría que muchos habíamos alimentado durante meses: la posibilidad de que esta temporada funcionase como una especie de evento puente hacia la película de ‘The Punisher’ y posteriormente hacia la nueva entrega de ‘Spider-Man’. Había suficientes piezas aparentemente preparadas para ello y ciertos rumores alimentaron la idea de una gran convergencia urbana dentro del MCU. Finalmente, ‘Born Again’ opta por algo más contenido y autónomo. Y probablemente sea una decisión acertada, aunque rompa ciertas expectativas de interconectividad.

Michael Gandolfini y el inesperado eco de ‘Los Soprano’

Otro de los elementos más atractivos de la temporada aparece en un lugar inesperado: la presencia de Michael Gandolfini. Resulta curioso que en una historia donde las dinámicas mafiosas vuelven a tener tanto peso aparezca precisamente el hijo de James Gandolfini, una figura inseparable de la televisión criminal moderna gracias a ‘The Sopranos’. Y lo más llamativo es que Michael no solo recuerda físicamente a su padre en determinados gestos o miradas, sino que empieza a mostrar una presencia interpretativa realmente poderosa.

Hay momentos concretos donde resulta imposible no pensar en Tony Soprano. No como una imitación, sino como una herencia emocional involuntaria. Una manera de ocupar el espacio o de transmitir vulnerabilidad bajo una fachada criminal. La temporada utiliza muy bien esa energía. En una serie obsesionada con personajes fracturados por el poder, la violencia y la culpa, la presencia de Gandolfini añade una capa metatextual muy interesante.

En el fondo, ‘Daredevil: Born Again’ temporada 2 termina funcionando precisamente porque comprende algo que muchas adaptaciones superheroicas olvidan: los poderes nunca fueron lo importante. Lo verdaderamente relevante son las personas que intentan sobrevivir detrás del disfraz. Y pocas veces Marvel había mostrado esas cicatrices con tanta crudeza y acierto.

Crítica: ‘El fuego de la venganza’

En qué plataforma ver El fuego de la venganza

Un thriller de tintes clásicos que transita entre la justicia y la redención

Nueva adaptación de ‘Man on fire’, la novela de Philip Nicholson a.k.a. A. J. Quinnell. En España se conoce como ‘El fuego de la venganza’ y tuvo una versión cinematográfica en 2004 con Denzel Washington, Christopher Walken y una jovencísima Dakota Fanning. Ahora llega a Netflix en formato de serie manteniendo una propuesta que mezcla el thriller de acción con el drama moral. Esta nueva adaptación, orquestada por Steven Caple Jr. y creada para televisión por Kyle Killen, no solo respeta el núcleo temático del material original, sino que lo amplifica hacia territorios más incómodos y contemporáneos. Tanto la película como esta nueva serie protagonizada por Yahya Abdul-Mateen II siguen pautas de la novela original, pero ambas trasladan su acción a Latinoamérica en lugar de a Italia. Todas coinciden en esbozar a un agente quemado, con pasado oscuro y desarrollar una historia en la que tiene que entenderse e incluso coger cariño a la joven a la que acepta proteger.

Desde su primer episodio, la serie plantea una tensión constante entre tres fuerzas que vertebran la narrativa: la venganza, la justicia y la protección de una joven cuya presencia redefine el propósito del protagonista. Este triángulo moral no es nuevo dentro del género, pero aquí se explora con una insistencia casi obsesiva. El protagonista es una figura fracturada que utiliza la violencia no solo como herramienta narrativa, sino como mecanismo de autorreparación emocional.

Uno de los detalles más interesantes es que el proyecto estuvo durante años en desarrollo con distintos enfoques, y que Caple Jr. insistió en rodar varias escenas clave en localizaciones reales inspiradas en favelas latinoamericanas, buscando una textura visual más orgánica y menos estilizada que otras producciones del género. Sin duda eso funciona pues forma parte del nudo de la serie y son los episodios más verosímiles.

Violencia, clase social y personajes que rompen prejuicios

Si algo define a ‘El fuego de la venganza’ es su representación cruda de la violencia. Es, sin exagerar, una de las series con mayor densidad de escenas de tortura por minuto que se recuerdan en el catálogo reciente de Netflix. Este exceso, lejos de reforzar siempre la narrativa, termina por jugar en su contra en determinados tramos, generando una sensación de repetición y desgaste. La serie entra en bucles donde la brutalidad deja de impactar y se convierte en un recurso predecible.

Sin embargo, sería injusto reducirla a eso. La serie introduce un interesante conflicto de clase entre sus antagonistas. Por un lado, personajes que han crecido en entornos de marginalidad extrema (favelas donde la supervivencia dicta las reglas) y que encuentran en el crimen su única salida. Por otro, figuras provenientes de entornos privilegiados que, de forma casi nihilista, deciden colaborar con lo peor de la sociedad. Esta dicotomía no solo enriquece el relato, sino que obliga al espectador a cuestionar sus propios prejuicios.

Especial mención merece el tratamiento de dos personajes secundarios surgidos de estos entornos marginales. Lo que comienza como un retrato aparentemente estereotipado evoluciona hacia una construcción compleja, con un giro narrativo que rompe expectativas y desmonta sesgos. Aquí es donde la serie demuestra una ambición narrativa que va más allá del espectáculo.

Acción eficaz, pero un desenlace que traiciona su propia premisa

En términos de ritmo, ‘El fuego de la venganza’ sabe dosificar bien sus momentos de tensión. Las escenas de acción están bien orquestadas y mantienen un nivel de intensidad notable, mientras que los segmentos dramáticos cuentan con el espacio necesario para desarrollarse de forma que los veamos tan necesarios como comprensibles.

El problema surge a partir del arco carcelario. A medida que la historia avanza hacia su tramo final, la serie abandona progresivamente su realismo. El protagonista, que hasta entonces operaba como un individuo contra el sistema, comienza a disponer de recursos prácticamente ilimitados. Este cambio de escala narrativa diluye uno de los mayores atractivos de la serie: la sensación de vulnerabilidad.

Lo que en un inicio era una historia de resistencia individual se transforma en una fantasía de poder que resta credibilidad al conjunto. El clímax, aunque efectivo en términos visuales, carece del peso emocional que prometía en sus primeros episodios.

Aun así, ‘El fuego de la venganza’ logra mantenerse como una propuesta sólida dentro del catálogo de la N roja. Ofrece suficientes matices, especialmente en su exploración de la moralidad y la desigualdad social, como para justificar su visionado.

Crítica: ‘Invincible’ T4

En qué plataforma ver Invincible

Por fin el tablero cósmico está en plena ebullición

La cuarta temporada de Invincible en Prime Video vuelve a apoyarse en una estructura coral que, en entregas anteriores, tendía a diluir la progresión dramática de Mark Grayson a.k.a. Invincible. Aquí ocurre algo distinto. El desplazamiento del foco hacia personajes secundarios y tramas paralelas no solo es funcional, sino necesario (algo que no siempre se podía afirmar antes). La serie abraza definitivamente su vocación de space opera, elevando la escala narrativa y expandiendo su universo más allá de la Tierra.

El desarrollo de Viltrum y su jerarquía interna, con especial atención a su regente, aporta una dimensión política y cultural que hasta ahora solo estaba esbozada. Este contexto no solo enriquece el lore, sino que reconfigura el conflicto central: ya no estamos ante una historia de legado familiar con tintes superheroicos, sino ante un choque de civilizaciones con implicaciones existenciales. En este sentido, la temporada encuentra un equilibrio interesante entre lo íntimo y lo cósmico (aunque no siempre perfecto).

Se refuerza sin duda esa sensación de mundo expandido. Además, el equipo creativo ha reutilizado ciertos diseños conceptuales descartados de temporadas anteriores para dar coherencia visual a Viltrum (una práctica habitual en animación, pero aquí especialmente bien integrada). Recuperamos esa faceta de parodia que siempre ha tenido también ‘Invincible’, sobre todo a Superman, con todo un trasfondo que recuerda a la antigua gloria de Krypton.

Evolución emocional frenada y violencia con propósito

Uno de los puntos más discutibles (y a la vez coherentes con la obra original de Robert Kirkman) es la relativa escasa evolución de los protagonistas. Mark, como Invincible, parece estancado en ciertos dilemas morales, pero la serie compensa este estatismo desarrollando con mayor precisión la dinámica familiar: la relación entre padre e hijos se convierte en el eje emocional más sólido de la temporada.

El tono dramático sigue apoyándose de forma reiterativa en la figura materna (en un bucle que ya es extenuante), pero no pierde efectividad. Hay una insistencia temática que roza la redundancia, sí, pero también una coherencia emocional que mantiene el peso de las decisiones de los personajes para mantenerles pegados a la tierra entre tanto viaje intergaláctico y hazañas titánicas.

En cuanto a la violencia, ‘Invincible’ vuelve a cruzar límites. Y lo hace con convicción. Las secuencias más explícitas no se perciben como gratuitas, sino como extensiones directas del estado psicológico de los personajes (especialmente en momentos de desesperación o furia). El enfrentamiento con Conquest destaca como uno de los picos de acción de toda la serie: impacto visual sin concesiones y una tensión dramática sostenida.

El episodio centrado en el virus (uno de los más comentados en redes) representa un giro hacia la ciencia ficción más dura. Aquí la serie demuestra que puede jugar en registros más conceptuales sin perder accesibilidad. De hecho, este capítulo incorpora elementos clásicos del género (aislamiento, dilemas éticos, conciencia de especie) con una ejecución sorprendentemente madura.

Un cierre estratégico que abre interrogantes de cara a la temporada 5

El desenlace de la temporada plantea un movimiento estratégico interesante, casi como una jugada de ajedrez a escala galáctica. Sin embargo, también deja la sensación de ser menos complejo de lo que aparenta (una resolución potencialmente más sencilla de lo sugerido). Esto no es necesariamente un defecto: forma parte del ADN narrativo de Kirkman, quien ha demostrado en repetidas ocasiones su habilidad para introducir giros inesperados incluso cuando el camino parece evidente.

De cara a la quinta temporada esperamos que no se convierta en un trasunto de los ‘Ultracuerpos’ o un ‘Secret invasion’. Las expectativas giran en torno a varios ejes claros: la consolidación del conflicto con Viltrum, el posible desarrollo de una guerra abierta y la evolución definitiva de Mark hacia una figura más cercana a su herencia viltrumita. También se esperamos que progresen con la tarma que narra la guerra contra lo seres de otra dimensión que ha quedado colgada en exceso. Si se mantiene el equilibrio entre espectáculo, drama y ciencia ficción, ‘Invincible’ tiene margen para convertirse en una de las grandes epopeyas animadas contemporáneas.

Crítica: ‘Stranger Things: Relatos del 85’

En qué plataforma ver Stranger Things: Relatos del 85

Una aventura llena de acción y nostalgia

Regresa a nuestras pantallas nuestros protagonistas favoritos de Netflix. Y es que después de dar por terminada la serie de ‘Stranger Things’ este pasado 1 de enero de 2026, volvemos a Hawkins, para vivir una pequeña aventura entre la segunda y tercera temporada.

Eric Robles es el showrunner de esta nueva serie animada junto con la producción de los hermanos Duffer. Dirigida por Phil Allora, quien trabajó en el departamento de animación de las estupenda ‘Lilo & Stitch’, ‘Hermano Oso’ o ‘Tarzan’.

¿Qué está pasando en Hawkins?

Estamos en 1985, con un Hawkins nevado y con nuestros protagonistas, Eleven, Mike, Will, Lucas, Dustin y Max intentan buscarse la vida aprovechando las nevadas y los poderes de Eleven para poder invertir en su campaña de Dragones y Mazmorras.

Pero no todo va a ser tranquilidad y felicidad y es que vuelven los monstruos. Pero esta vez no van a estar solos, ya que aparece en la ecuación Nikki Baxter, una joven algo mayor que ellos, pero que encuentra su lugar junto a estos extraños chavales.

Aunque sencillita, ‘Stranger Things: Relatos del 85’, me ha gustado bastante. Una aventurilla de 10 episodios cortitos que entretienen desde el primer momento. Y es que la ventaja de ser una simple aventura, hace que nos centremos en estos amigos y sus pequeñas locuras. Como pasaba un poco en la primera temporada. Además de que vemos nuevos monstruos y tienen que ver como acabar con ellos y sobre todo, averiguar como han aparecido de nuevo. Un nuevo misterio que tendrán que investigar y llegar al fondo del asunto.

Nuevo formato y nuevas voces

Los fans van a echar de menos escuchar las voces originales de sus actores favoritos. No se si ha sido por decisión de producción o de los artistas. Al final, están en una edad bastante diferente a la actual y pueden ser ambas razones.

Brett Gipson, Luca Díaz, Brooklyn Davey Norstedt, Braxton Quinney, Elisha Williams, Ben Plessala y Jolie Hoang-Rappaport, son los encargados de dar vida a los protagonistas de este ‘Stranger Things. Relatos del 85’.

También encontramos la inconfundible voz de Odessa A’zion (‘Marty Supreme’) como Nikki Baxter.

El que hayan realizado la serie en animación, también me parece un acierto. Al final es como os dije, una aventura aparte, en la que meter muchos más bichos y por supuesto, mucha más batalla. Una manera de no gastar tanto dinero en efectos especiales y además con la animación puedes jugar mucho con la imagen y el color. Pues esta serie, aunque sea bastante tenebrosa, en el sentido de que estamos mucho tiempo de noche o en espacios cerrados, tiene mucho color.

¿Era necesaria esta serie?

Creo que no, pero no significa que una vez hecha, la serie merezca mucho la pena. En mi caso, me ha entretenido mucho, la animación me ha parecido muy chula y bien realizada. Además, me he quedado con ganas de más, así que ojalá, hagan alguna que otra historia más entre temporadas y poder disfrutar de otra manera de los protagonistas de ‘Stranger Things’.