Crítica: ‘Dulce sabor a muerte’

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Eli Roth y su versión gore de ‘Quién puede matar a un niño’

Eli Roth nunca ha sido precisamente un cineasta interesado en pedir permiso. Desde ‘Cabin Fever’ hasta ‘Hostel’ o ‘Black Friday’, su cine ha entendido el terror como un parque de atracciones particularmente desagradable, donde la sangre, los cuerpos mutilados y el humor macabro forman parte del mismo juego. ‘Dulce sabor a muerte’ continúa exactamente por ese camino, aunque llega acompañada de una polémica que resulta imposible separar completamente de la película.

Roth se ha ganado enemigos por sus posicionamientos públicos sobre Palestina y, ahora, también puede recibir críticas desde otro frente: el uso de inteligencia artificial. El problema no es únicamente utilizar esta herramienta, una cuestión ya suficientemente controvertida en la industria, sino la manera en que se comunicó inicialmente. El director explicó que las animaciones con estética de los años veinte procedían de un trabajo artesanal que él mismo había dibujado y desarrollado junto a animadores. Posteriormente tuvo que recular en sus declaraciones y admitir que la IA había intervenido en una pequeña parte de algunas escenas animadas. También se percibe en la escena de la avalancha desde el columpio. La presencia de Dark Half en los créditos, compañía especializada en efectos visuales con IA, en los créditos alimentó todavía más la controversia.

La cuestión resulta especialmente llamativa y contradictoria porque ‘Dulce sabor a muerte’ presume de una filosofía muy física. Hay prótesis, cabezas y manos de plástico, litros de líquido rojo (más que en la Tomatina) y unas tripas cuyo sonido parece directamente el de unos macarrones con bechamel. Roth vuelve a reivindicar el gore artesanal, genera suspicacias entre los más recatados y mantiene una filosofía que hoy en día parece regresar gracias a sagas como ‘Terrifier’.

Un festival de barbaridades con aroma a serie B

Al margen de la polémica, ¿qué tal funciona ‘Dulce sabor a muerte’ como producto de entretenimiento macabro? Pues bastante mejor cuando se abandona cualquier pretensión de solemnidad. La película es una broma de muy mal gusto convertida en festival de barbaridades. Hay momentos en los que Roth parece estar rodando un sketch de ‘Scary Movie’ y otros en los que parece rendir homenaje a las películas de serie B más desquiciadas, con ‘Troll 2’, ‘The dentist’ o ‘The Stuff’ como espíritu perfectamente reconocible.

El heladero macabro tampoco es una invención de Roth. El terror estadounidense ya había explotado anteriormente esa figura aparentemente inocente, incluso en ‘Masters of Horror’, donde Tom Holland dirigió el episodio ‘We All Scream for Ice Cream’. Por tanto, el vendedor de helados siniestro forma parte de un imaginario bastante más amplio.

También resulta inevitable pensar en ‘¿Quién puede matar a un niño?’, una referencia que Roth ha reconocido como fundamental. El director ha explicado en numerosas ocasiones hasta qué punto le fascina la película de Chicho Ibáñez Serrador, hasta el punto de que durante años consideró que acercarse al tema de los niños asesinos después de aquel clásico era casi imposible.

De ahí que las comparaciones con ‘Weapons’ sean comprensibles, aunque yo situaría ‘Dulce sabor a muerte’ más cerca del espíritu de ‘Terrifier’. No porque Roth pretenda subirse ahora al carro del éxito del gore slasher, sino porque lleva décadas jugando en ese terreno. De hecho, ha reconocido que el impacto de ‘Terrifier 3’ ayudó a demostrar que existía público para películas extremas proyectadas en salas comerciales.

Cuando el tercer acto derrite la película

El problema llega cuando Roth intenta convertir esta orgía de asesinatos en algo más parecido a una historia convencional. Mientras ‘Dulce sabor a muerte’ funciona como sucesión de atrocidades, humor negro y criaturas infantiles convertidas en pequeñas máquinas de matar, mantiene una identidad muy clara. Cuando llega el momento de frenar el caos y explicar qué está ocurriendo y por qué, todo se vuelve bastante más ridículo de lo que probablemente pretendía.

Ahí la película se desinfla considerablemente. Lo que parecía una decisión consciente de abrazar el absurdo termina pareciendo una explicación demasiado vaga para justificar todo el caos anterior. El tercer acto no está a la altura de la carnicería que lo precede y deja un sabor de boca bastante peor del que debería tener una película que, en esencia, prometía poco más que una masacre sin complejos. Incluso existe una escena tras los créditos que podría interpretarse como una puerta abierta a futuras historias (aunque también funciona perfectamente como último gag). La película queda como una gamberrada irregular pero coherente con el cine de Eli Roth. Su falta de sutileza es deliberada y sus excesos constituyen buena parte de su encanto. Lástima que, cuando decide explicar demasiado, termine descubriendo que detrás de tanta sangre no había una idea tan jugosa como el propio helado.

Ficha de ‘Dulce sabor a muerte’

Estreno en España: 4 de septiembre de 2026. Título original: Ice Cream Man. Duración: 86 min. País: EE.UU. Dirección: Eli Roth. Guion: Noah Nelson, Eli Roth, Noah Belson. Música: Brandon Roberts. Fotografía: Simon Shohet. Reparto principal: Ari Millen, Benjamin Byron Davis, Eli Roth, Karen Cliche, Dylan Hawco, Sarah Abbott, Shiloh O’Reilly, Kiori Mirza Waldman, Charlie Zeltzer, Charlie Storey. Producción: The Horror Section, MCT Studios, Head Gear Films, Sixth Dimension, Metrol Technology, Mass Appeal, Dentsu. Distribución: Diamond Films. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Black Box: vuelo 298’

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Steven Quale firma un eficaz ejercicio de suspense cósmico

Hay algo casi circular en la carrera de Steven Quale. El realizador dirigió ‘Destino final 5’, una de las entregas de la popular saga iniciada con aquella inolvidable visión premonitoria de un accidente aéreo que marcó a toda una generación de aficionados al fantástico. Entonces el avión era el detonante del relato, pero no fue el escenario principal de su versión. Ahora, con ‘Black Box: vuelo 298’, Quale sitúa prácticamente toda la acción a bordo de un aeroplano que a veces parece que está sobrevolando la colorida y saturadamente iluminada ciudad de Vigo en Navidad. Y demuestra que, incluso con un presupuesto contenido, todavía es posible construir una propuesta entretenida a base de suspense, incertidumbre y una acertada administración del misterio.

El planteamiento puede hacer pensar en una película de terror sobrenatural al uso, pero la realidad es algo distinta. El filme se mueve con mayor comodidad dentro del terreno del terror cósmico, donde la amenaza resulta mucho más inquietante precisamente porque escapa a la comprensión humana. Esa sensación de enfrentarse a algo imposible de racionalizar o a algo tan recientemente cercano como un virus, es la que sostiene buena parte de una historia que, pese a no reinventar el género, sabe dosificar la información para mantener el interés constante.

Quale posee una amplia experiencia como miembro de segundos equipos en grandes producciones, aprovecha las limitaciones espaciales del avión para convertirlas en una virtud narrativa. El resultado recuerda inevitablemente a esos relatos de confinamiento donde el verdadero enemigo es en buena parte la desconfianza. La premisa y solución de la película comparten además un elemento original que lastimosamente no se aprovecha pues de haber presentado todo el filme como metraje encontrado habría resultado más eficiente.

Un misterio que crece gracias a sus personajes

En muchos aspectos, ‘Black Box: vuelo 298’ comparte ADN con ‘La niebla’, de Frank Darabont. Ambas construyen su tensión menos desde el sobresalto inmediato que desde la acumulación progresiva de miedo, paranoia y conflictos entre personas obligadas a convivir en un espacio del que no pueden escapar. Cada nuevo acontecimiento añade una capa de incertidumbre y obliga a replantearse continuamente qué está ocurriendo realmente.

También resulta inevitable pensar en ‘La cosa en la niebla’, de Chedey Reyes, una película reseñada recientemente en este mismo medio. Más allá del evidente elemento fantástico y la ubicación aérea, ambas comparten esa sensación de aislamiento absoluto, donde la amenaza exterior termina contaminando las relaciones internas del grupo. En los dos casos el espectador avanza casi al mismo ritmo que los protagonistas, descubriendo pequeñas piezas de un puzle que nunca termina de mostrar todas sus cartas hasta el desenlace. Incluso la gestión del espacio cerrado y el creciente deterioro psicológico de los personajes generan sensaciones muy similares, pese a sus diferencias de tono.

Tom Brittney sostiene gran parte del peso dramático. Su personaje funciona como punto de referencia para el espectador y, al mismo tiempo, dispone de un pequeño arco emocional que aporta algo más que simples mecanismos de supervivencia. Esa dimensión personal evita que todo quede reducido a una sucesión de situaciones fantásticas y permite que el protagonista evolucione conforme aumenta la amenaza.

El actor británico demuestra suficiente carisma para liderar la función y deja la impresión de estar reclamando oportunidades más allá del circuito televisivo que le ha dado notoriedad con series como ‘Grantchester’ o ‘Los Westies’, conocidas principalmente en sus respectivos mercados. Aquí encuentra un escaparate interesante para demostrar que puede asumir un protagonismo cinematográfico con solvencia.

Una resolución conocida, pero eficaz

Uno de los mayores aciertos de ‘Black Box: vuelo 298’ reside en saber jugar sus cartas. La película nunca acelera innecesariamente y permite que el misterio sea quien marque el ritmo. Más que provocar miedo desde el primer minuto, opta por alimentar preguntas constantes. Esa estrategia consigue que el espectador vaya enlazando hipótesis mientras la tensión aumenta de forma orgánica.

Cuando finalmente llega el tercer acto, el terror estalla con mayor contundencia. La resolución probablemente no sorprenderá a quienes consumen habitualmente este tipo de propuestas, ya que no plantea una idea especialmente novedosa dentro del fantástico contemporáneo. Sin embargo, funciona porque todo el recorrido previo prepara adecuadamente ese desenlace y hace que resulte satisfactorio dentro de las reglas que el propio filme establece.

Como postdata. Señalar que una actriz española, previamente vista en ‘Jurassic World: dominion’, aparece en este filme con un papel muy presente en el tramo final. ¡Enhorabuena a Teresa Cendon-García por este nuevo trabajo!

Ficha de ‘Black Box: vuelo 298’

Estreno en España: 4 de septiembre de 2026. Título original: Black Box. Duración: 85 min. País: EE.UU. Dirección: Steven Quale. Guion: Steven Quale. Música: Raffertie. Fotografía: Steven Quale. Reparto principal: Tom Brittney, Holly White, Betsy-Blue English, Asa Ali. Producción: Capstone Pictures, Hammerstone Stuios, Inzide Media. Distribución: Vértice Cine. Género: suspense, terror. Web oficial.

Crítica: ‘El final de Oak Street’

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Mitchell se pasa el cine de aventuras con una anomalía repleta de personalidad y sabor clásico

¿Recordáis aquella película de animación en la que una familia debía huir en su coche desde su cómodo barrio de casas y jardines porque eran atacados por seres implacables? Trataba de cómo familias acomodadas veían rota su rutina y tenían que ponerse en pie de guerra o atrincherarse en sus hogares. Se llamaba ‘Los Mitchell contra las máquinas’. Todo eso lo tenemos en esta nueva película que además está dirigida por alguien que se apellida Mitchell. David Robert Mitchell, director de ‘It Follows’ y ‘Lo que esconde Silver Lake’, es uno de esos cineastas que dificultan cualquier intento de anticipar su siguiente película. Entre ambas obras ya existía una distancia considerable y ‘El final de Oak Street’ confirma que su filmografía no parece dispuesta a acomodarse en una fórmula. El volantazo respecto a sus anteriores propuestas de terror psicológico y suspense es considerable: aquí Mitchell se adentra de lleno en el cine de criaturas, la ciencia ficción y la aventura familiar.

La película, protagonizada por Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella y Christian Convery, parte de una premisa tan sencilla, de esas que te sumergen en una cotidianidad de la que no quieres salir. Un barrio residencial de los años ochenta es arrancado de su realidad y transportado a un entorno prehistórico. La comparación inmediata con ‘Jurassic Park’ resulta inevitable, aunque Mitchell utiliza el concepto para construir algo diferente. Podría parecer un ‘Jurassic Park’ sangriento trasladado a la estética de ‘Cadillacs and Dinosaurs’, pero debajo de los dinosaurios hay una historia familiar que intenta sostenerse por sí misma.

Un Spielberg con la mirada puesta en lo desconocido… y en lo conocido

La música, la ambientación ochentera y el tono familiar remiten inevitablemente al cine de Steven Spielberg. Durante buena parte del metraje tenemos esa sensación de aventura al son de la música de John Williams, de hecho, la banda sonora la pone quien es considerado su heredero natural, Michael Giacchino. La familia se enfrenta a algo extraordinario, que conecta con el imaginario de los grandes clásicos de aquella época. Sin embargo, Mitchell introduce elementos que no encajarían tranquilamente en una película amigable al estilo Spielberg. Hay momentos de auténtico horror y violencia que alteran esa sensación de seguridad.

También aparece una dimensión casi verniana. Como en Julio Verne, el ser humano vuelve a sentirse diminuto ante la magnitud de un mundo que no comprende. Oak Street deja de ser un barrio conocido para convertirse en una isla diminuta frente a secretos que pertenecen a un pasado remoto. La serie ‘The Outer Limits’ ya había jugado con una idea semejante en ‘A Feasibility Study’, episodio en el que un vecindario entero era capturado misteriosamente. La coincidencia resulta especialmente curiosa porque la película parece tomar aquella premisa y convertirla en una aventura prehistórica a más escala.

Los dinosaurios son además uno de los grandes atractivos. La película se distancia de cierta imagen tradicional del cine Cretácico (a menudo confundido con el Jurásico) y apuesta por criaturas más próximas a la reconstrucción paleontológica contemporánea, con Sarcosuchus y Spinosaurus e incluyendo animales con plumas como el Gallimimus o el T-Rex. No se trata simplemente de recuperar dinosaurios reconocibles, sino de utilizarlos para convertir un barrio residencial en un territorio hostil y fascinante.

Mucho más que dinosaurios en un barrio

La principal virtud de ‘El final de Oak Street’ aparece cuando Mitchell entiende que las criaturas no pueden ser el único motor. El verdadero conflicto está también en la familia protagonista, en una pareja que arrastra problemas propios y en la manera en que ambos utilizan diferentes vías de escape para evitar afrontar una realidad que les resulta incómoda.

Por eso la película funciona mejor cuando alterna aventura y drama. El barrio convertido en escenario prehistórico podría haber sido únicamente un ejercicio de imaginación, una excusa para enfrentar a ciudadanos estadounidenses contra criaturas del Cretácico. Mitchell intenta darle una dimensión emocional que justifique que permanezcamos junto a estos personajes incluso cuando los dinosaurios no están en pantalla.

También resulta inevitable hablar de las expectativas generadas alrededor de J.J. Abrams y Bad Robot. El proyecto llegó a despertar teorías sobre una posible conexión con el universo ‘Cloverfield’, especialmente con su última entrega, ‘Paradox’ por los saltos espacio temporales y porque inicialmente se presentó también bajo otro nombre (‘Flowervale Street’). Sin embargo, aunque pudiese serlo y no esté realizada junto a Paramount Pictures, ‘El final de Oak Street’ no pertenece al universo ‘Cloverfield’. Las especulaciones fueron comprensibles (incluso yo hice mis hipótesis al respecto), pero conviene juzgar la película por lo que realmente es y no por la película que algunos espectadores imaginaron que podía ser. Y todo esto a pesar de la curiosa conexión extracinematográfica: Ewan McGregor es pareja de Mary Elizabeth Winstead, protagonista de ‘10 Cloverfield Lane’. McGregor llegó al proyecto después de que Oscar Isaac abandonara el reparto.

El único gran talón de Aquiles, de tamaño de una pata de Triceratops

La película concluye pero lo hace no solo con algo de fan service, sino también dejándonos un tanto descolgados. Porque Mitchell no es un director de franquicias, sino diría que esto podría ser un inicio de saga. La conclusión del filme tiene algo de ‘Tiempo’ de Shyamalan y de ‘The Cabin in the Woods’ de Drew Goddard. Nos dejan con la sensación de que lo ocurrido puede modificar un paradigma mucho mayor que el de los protagonistas, que tiene impacto mucho más allá de su círculo íntimo pero que en escala es mucho más difícil de desarrollar, como ya comprobamos con ‘Jurassic World: Dominion‘. Mitchell no se moja con explicaciones ni soluciones específicas, ni da pistas para que podamos desarrollar interpretaciones. ‘El final de oak street’ queda colgado como tantos misterios de la ya citada ‘The Outer Limits’ o de la mítica ‘The twilight zone’. Y como en esas series, se conforma con dejarnos una pequeña ligera moraleja y un final reconciliador.

Ficha de ‘El final de Oak Street’

Estreno en España: 14 de agosto de 2026. Título original: The End of Oak Street. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: David Robert Mitchell. Guion: David Robert Mitchell. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Mike Gioulakis. Reparto principal: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery. Producción: Bad Robot, Good Fear Content, Jackson Pictures, Tommy Harper Productions, Warner Bros. Discovery. Distribución: Warner Bros. Género: ciencia ficción, suspense. Web oficial.

David Dastmalchian y Leah Kilpatrick presentan Kingdom of Earth en Akira Comics

David Dastmalchian: “Los verdaderos monstruos son las personas con poder que usan ese poder para oprimir”

David Dastmalchian y Leah Kilpatrick visitaron Akira Comics para presentar ‘Kingdom of Earth’, la nueva serie publicada por Dark Horse Comics, una obra de terror, fantasía y crítica social que imagina un futuro en el que todos los monstruos de la mitología mundial han conquistado la Tierra y los seres humanos han pasado a ser ganado.

David Dastmalchian es conocido por el gran público por sus papeles en películas como ‘The Suicide Squad’, ‘Dune’ o ‘Late Night with the Devil’, pero en los últimos años también se ha consolidado como guionista de cómics. Es el creador de series como ‘Count Crowley’ y ha escrito historias para Marvel y DC, llevando su pasión por el terror y los monstruos al noveno arte. Junto a él trabaja Leah Kilpatrick, guionista, actriz y diseñadora de criaturas, que ha participado en títulos como ‘DC Horror Presents’, ‘Headless Horseman’ y ‘Minor Threats’, especializándose en historias de horror con un marcado componente humano. Juntos forman una de las parejas creativas más interesantes del cómic de terror actual. 

Durante el encuentro, ambos autores explicaron las influencias de la obra, hablaron de su proceso creativo y reflexionaron sobre el estado actual del mundo, dejando claro que ‘Kingdom of Earth’ es mucho más que una historia de monstruos. Por otro lado, manifestaron su asombro ante la calidad y la cantidad de tiendas de cómics en Madrid pues él lo primero que hace al llegar a una ciudad es buscar en mapas tiendas de cómics.

Un mundo inspirado por la realidad

Dastmalchian confesó que siempre ha sentido fascinación por las historias de monstruos y por el planteamiento de ‘El planeta de los simios’, pero explicó que la idea de ‘Kingdom of Earth’ nació al observar los cambios políticos y sociales que ha vivido Estados Unidos durante la última década: “Sentía que mi país estaba siendo tomado por otra especie. Todo estaba cambiando: la cultura, la política… Veía crecer el nacionalismo, el racismo, la intolerancia y la violencia.”

Junto a Leah Kilpatrick comenzaron a preguntarse qué ocurriría si invirtieran completamente la situación habitual de las historias de monstruos. “Pensamos en una historia donde los humanos fueran esclavos, ganado y comida para los monstruos. Hay monstruos buenos y monstruos malos luchando por controlar el mundo, pero el verdadero tema es la supervivencia, la identidad, la humanidad y la empatía.”

Aunque la historia nace desde una perspectiva norteamericana, el actor insistió en que el mensaje es universal. “Estados Unidos no es el único país que tiene problemas. Hay muchos lugares viviendo situaciones similares. Por eso ‘Kingdom of Earth’ no habla solo de Estados Unidos, sino del mundo entero.”

Una pasión compartida por los monstruos

Leah Kilpatrick explicó que ambos comparten una auténtica obsesión por las criaturas fantásticas: “Nos encantan todos los monstruos: hombres lobo, fantasmas, demonios, criaturas marinas… Nos inspira la mitología japonesa, latinoamericana, europea… Todo eso termina formando parte de este universo.”

Esa mezcla de folclore de diferentes culturas convierte ‘Kingdom of Earth’ en un escenario donde conviven criaturas procedentes de prácticamente todas las mitologías imaginables.

Los cómics como puerta de entrada a la imaginación

Kilpatrick también habló de su infancia y de cómo los cómics fueron fundamentales para despertar su creatividad: “De pequeña tenía muchas dificultades para leer. Los libros me intimidaban, pero los cómics no. Las imágenes me permitían construir la historia en mi cabeza.” Con el tiempo empezó a rellenar mentalmente los espacios que las historias dejaban abiertos, desarrollando así su propia imaginación como narradora.

Actualmente compagina la escritura con la interpretación y la improvisación, una disciplina que considera fundamental para trabajar junto a Dastmalchian: “Tenemos una especie de mente colmena. Pensamos de forma muy parecida y eso hace que construir mundos juntos sea muy natural.” Recordemos que ambos trabajan en la serie ‘Murderbot’.

Crear personajes frente a interpretarlos

Como actor, Dastmalchian ha pasado gran parte de su carrera interpretando personajes creados por otros, desde Shakespeare hasta franquicias contemporáneas. Por ello, explicó la diferencia que supone escribir sus propios cómics: “Cuando interpretas a un personaje creado por otra persona debes encontrar qué puedes aportar tú. Si me eligieran para interpretar al Joker, no tendría sentido intentar copiar a Jack Nicholson. Si me han elegido es porque esperan que aporte algo propio.”

Puso como ejemplo su incorporación al universo de ‘One Piece’ interpretando a Mr. 3. “Existe toda una tradición de actores que ya han dado vida al personaje. Mi trabajo consiste en encontrar al Mr. 3 que solo yo puedo interpretar.” Sin embargo, escribir resulta un reto completamente distinto. “Crear el personaje, el mundo y la historia da mucho más miedo. Nunca voy a escribir mejor que Julio Verne, Mary Shelley o Bram Stoker. Lo único que puedo aportar son las preguntas que me sigo haciendo con 50 años.”

Entre esas preguntas citó una especialmente importante. “Todavía intento entender por qué las personas se tratan tan mal unas a otras.”

Frankie, una esperanza para la humanidad

Uno de los personajes centrales de ‘Kingdom of Earth’ es Frankie, una niña de doce años que representa la esperanza en un mundo dominado por los monstruos.  Kilpatrick explicó que desde el principio querían que fuera un personaje con el que cualquiera pudiera identificarse. “Frankie representa la esperanza. Queríamos que fuera alguien capaz de representar a toda la humanidad.”

Además, decidieron que el personaje fuera no binario para facilitar esa identificación universal. “Queríamos que cualquier lector pudiera verse reflejado en Frankie, independientemente de su género.” También defendió que la infancia simboliza la parte más auténtica del ser humano. “Nuestro verdadero yo es el niño que fuimos. Cuando crecemos vamos perdiendo parte de esa autenticidad.”

Un futuro donde los monstruos dominan la Tierra

Durante la presentación, Dastmalchian resumió el punto de partida de la serie. “Estamos en un futuro no muy lejano donde todos los monstruos imaginados por la humanidad han surgido de la tierra y de los océanos. Los monstruos españoles, japoneses, norteamericanos… todos luchan por controlar el planeta.”

Pero insistió en que la historia no gira únicamente alrededor de los combates. “Es una historia sobre supervivencia, amistad y sobre encontrar esperanza donde menos lo esperas.” El autor también quiso destacar el trabajo artístico de la dibujante. “Aunque nuestra historia no os interese, comprad el cómic por el arte. Es absolutamente maravilloso.”

Drácula, el Hombre Lobo… y las adicciones

Preguntado por su monstruo favorito, Dastmalchian confesó sentir una conexión especial con Drácula. “Puedo entender a Drácula de muchas maneras porque durante mi vida he luchado contra las adicciones.” El actor explicó que la adicción deja una huella profunda. “Es una enfermedad que vive en tu ADN, en tu sangre y en tu espíritu.” Sin embargo, reconoció que el Hombre Lobo siempre ha sido su criatura favorita. “Desde pequeño estuve obsesionado con el Hombre Lobo. Me fascina esa lucha entre aceptar el monstruo que llevas dentro o dejar que te destruya.”

Su relación con Dark Horse Comics

El actor recordó que comenzó leyendo Marvel y DC, aunque pronto descubrió el cómic independiente. Especialmente quedó fascinado por el trabajo de Mike Mignola y el universo de ‘Hellboy’, además de autores como Steve Niles.

Su relación con Dark Horse Comics comenzó tras presentarles uno de sus primeros proyectos durante la San Diego Comic-Con. “Tuve la suerte de que dijeran que sí. Me dieron un editor extraordinario y los artistas con los que siempre había querido trabajar.” Desde entonces ha seguido colaborando con la editorial y aseguró que lo importante no es tanto dónde publica como encontrar editoriales que crean en sus ideas. “Los monstruos reales son mucho más aterradores”

La intervención terminó con una reflexión que resumió perfectamente el espíritu de ‘Kingdom of Earth’. Al ser preguntado por si teme más a los monstruos ficticios o a los reales, Dastmalchian no dudó. “Los monstruos reales, sin ninguna duda.” Y desarrolló una respuesta que fue uno de los momentos más aplaudidos del encuentro. “Nada me da más miedo que las personas con poder que utilizan ese poder para oprimir, asustar y marginar a otros para conseguir todavía más poder.”

El actor lamentó que la historia de la humanidad repita constantemente los mismos patrones. “Siempre encontramos un grupo diferente al que señalar: mujeres, personas homosexuales, inmigrantes, pobres… No entiendo por qué seguimos haciendo eso.” Pero concluyó con una reflexión todavía más personal. “Lo que más miedo me da es mirarme al espejo y reconocer que yo también tengo capacidad para convertirme en un monstruo.” Con esa idea quedó claro que, aunque ‘Kingdom of Earth’ esté poblado por vampiros, hombres lobo y criaturas mitológicas, los autores consideran que los verdaderos monstruos siguen siendo, demasiadas veces, los propios seres humanos.

‘Crystal Lake’ (la precuela de ‘Viernes 13’) llegará a HBO Max

Warner Bros. Discovery ha adquirido los derechos de la esperada serie de A24

Los seguidores de ‘Viernes 13’ ya tienen una de las series más esperadas del género en el horizonte. Warner Bros. Discovery ha anunciado la adquisición de ‘Crystal Lake’, la nueva producción de A24, que se estrenará en HBO Max en toda la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África), con la excepción del Reino Unido e Irlanda.

La ficción constará de ocho episodios y servirá como precuela oficial del universo de ‘Viernes 13’, profundizando en los orígenes de Pamela Voorhees y del pequeño Jason mucho antes de los acontecimientos que dieron origen a una de las franquicias más icónicas del cine de terror.

Una historia centrada en Pamela Voorhees

La serie estará protagonizada por la nominada al Emmy Linda Cardellini (‘Dead to Me’, ‘DTF St. Louis’), que dará vida a Pamela Voorhees, mientras que William Catlett interpretará al jefe de policía local Levon Brooks.

El reparto también contará con:

  • Devin Kessler como Brianna Brooks.
  • Cameron Scoggins como el agente Dorf.
  • Gwendolyn Sundstrom como Grace.
  • Callum Vinson como el joven Jason Voorhees.

La historia se sitúa casi un año después de la muerte por ahogamiento del pequeño Jason en el lago de Crystal Lake. Pamela, incapaz de superar la tragedia, verá cómo la llegada de dos misteriosos desconocidos desencadena una serie de acontecimientos que pondrán patas arriba a toda la comunidad.

Una nueva mirada al universo de ‘Viernes 13’

Más allá del terror, ‘Crystal Lake’ apostará por una combinación de drama psicológico, misterio y suspense ambientado en un pequeño pueblo. La serie ampliará la mitología creada alrededor de Pamela y Jason Voorhees, explorando el dolor, el aislamiento y las oscuras fuerzas que rodean el lago antes de convertirse en el escenario de la célebre saga cinematográfica.

Un equipo creativo con experiencia en el género

La producción corre a cargo de A24, mientras que Brad Caleb Kane (‘It: Bienvenidos a Derry’, ‘Tokio Vice’, ‘Warrior’) ejerce como creador, guionista, showrunner y productor ejecutivo.

Entre los productores ejecutivos también figuran nombres como:

  • Marc Toberoff
  • Victor Miller
  • Roy Lee
  • Stuart Manashil
  • Tyson Bidner
  • Robert M. Barsamian
  • Robert P. Barsamian

La dirección de los episodios se repartirá entre Michael Lennox, Celine Held, Logan George y Quyen Tran.

Estreno en HBO Max en 2026

Rodada en Nueva Jersey, ‘Crystal Lake’ llegará a HBO Max durante 2026 en toda la región EMEA, salvo Reino Unido e Irlanda.

Con esta producción, Warner Bros. Discovery y A24 recuperan uno de los universos más influyentes del cine de terror para ofrecer una nueva perspectiva sobre los orígenes de Pamela y Jason Voorhees, dos personajes fundamentales de la historia del género.

Crítica: ‘Juggernaut’

Una narración consistente y poderosa que no necesita palabras

Hay ocasiones en las que un cortometraje demuestra que el cine sigue siendo, ante todo, un arte visual y narrativo que no entiende de tiempos. ‘Juggernaut’, dirigido por los hermanos Daniele Ricci y Emanuele Ricci, pertenece a esa categoría de obras que prescinden deliberadamente del diálogo para confiar toda su expresividad a la imagen, el sonido y la interpretación física. Es un cortometraje italiano, sí, pero también una propuesta profundamente universal, porque su historia podría comprenderse en cualquier rincón del mundo sin necesidad de traducción.

Lejos de convertirse en un mero ejercicio de estilo, el silencio es aquí una herramienta narrativa. No hay una sola línea de diálogo ni un solo texto explicativo, pero tampoco hacen falta. La historia es sencilla y está construida desde la acción, permitiendo que el espectador descubra poco a poco un universo mucho mayor del que realmente aparece en pantalla. Esa capacidad para sugerir un imaginario completo sin verbalizarlo es uno de los mayores logros del trabajo de los Ricci.

El protagonista transmite una resistencia casi sobrehumana sustentada en el estoicismo, como hacía el protagonista de ‘Sisu’, por ejemplo. Del mismo modo que el personaje creado por Jalmari Helander avanzaba soportando todo tipo de adversidades con una determinación inquebrantable, el héroe de ‘Juggernaut’ interpretado por Eugenio Krilov encuentra en la perseverancia su principal arma. Son personajes definidos mucho más por sus acciones que por sus palabras, auténticos supervivientes cuya personalidad se construye golpe tras golpe.

Una fantasía medieval de enorme riqueza visual

Si algo destaca desde el primer plano es el extraordinario trabajo fotográfico. La imagen posee un color muy trabajado, con un etalonaje que dota de personalidad propia a cada escenario. La fotografía juega constantemente con los contrastes entre espacios dominados por la oscuridad y pequeños estallidos cromáticos que enriquecen la composición sin romper la coherencia estética. Una prenda, una llama, un cielo, el color aparece para destacar entre lo tenebroso del ambiente.

La propuesta visual remite a esa fantasía medieval europea de tono oscuro que en los últimos años ha encontrado excelentes representantes. Es fácil pensar en el imaginario desarrollado por Paul Urkijo o recordar atmósferas cercanas a ‘Black Death’ y ‘El caballero verde’. No se trata de una imitación, sino de compartir una sensibilidad estética donde los bosques, las ruinas, la piedra y la naturaleza adquieren un peso dramático tan importante como los propios personajes.

Sorprende también el diseño de producción. A pesar de tratarse de una producción modesta, el cortometraje presenta un notable cuidado en la construcción de su universo. El vestuario, el atrezo y los diferentes elementos escénicos (props) poseen una credibilidad que ayuda enormemente a la inmersión. En ningún momento da la impresión de que el presupuesto limite la ambición artística, al contrario, la imaginación compensa cualquier restricción material.

Un ejercicio de cine puro que trasciende su condición de cortometraje

Quizá el mayor mérito de ‘Juggernaut’ sea precisamente su capacidad para sugerir mucho más de lo que enseña. En apenas unos minutos logra que el espectador intuya una mitología previa, un contexto histórico y unas reglas internas que nunca necesitan ser explicadas. Ese respeto por la inteligencia del público conecta con el mejor cine fantástico contemporáneo, donde la exposición deja paso a la observación.

También resulta llamativo el equilibrio entre espectáculo y sobriedad. La acción nunca cae en el exceso, sino que sirve para desarrollar al personaje y mantener un ritmo constante. No busca impresionar mediante la acumulación de secuencias grandilocuentes, sino construir una aventura de apariencia sencilla cuya verdadera riqueza reside en todo aquello que permanece implícito.

‘Juggernaut’ demuestra que el formato corto sigue siendo un extraordinario laboratorio creativo para el cine fantástico. Con una identidad visual muy marcada, una dirección artística sorprendentemente sólida y una narración completamente muda que jamás pierde claridad, Daniele Ricci y Emanuele Ricci firman una obra pequeña en duración pero grande en personalidad. Un recordatorio de que el cine puede seguir emocionando únicamente con imágenes cuando detrás existe una mirada cinematográfica auténtica.

Ficha de ‘Juggernaut’

Estreno en España: 2024. Título original: Juggernaut. Duración: 20 min. País: Italia. Dirección: Daniele Ricci, Emanuele Ricci. Guion: Eugenio Kirlov, Daniele Ricci, Emanuele Ricci. Música: Diego Guarnieri. Fotografía: Daniele Ricci. Reparto principal: Eugenio Krilov, Adriana Papana, Nicolò Cerreti. Producción: Mondo Rosso Productions. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Hokum’

En qué plataforma ver Hokum

Con ‘Hokum’ los mitos y fantasmas irlandeses encuentran la forma de instalarse dentro del espectador

Esta película viene para reafirmar el gran potencial de un autor, porque de momento es eso, autor pues no responde a exigencias comerciales pese a contar con el estudio de ‘Longlegs’ y los productores de ‘Weapons’. Él es Damian McCarthy. En su día os avisamos con ‘Caveat’ y convencimos a otros muchos con ‘Oddity’ de que este director es un gran generador de historias y atmósferas tensas y terroríficas. Ahora con ‘Hokum’ reincidimos con energía, ved las películas de este irlandés.

La premisa puede ser arquetípica, un escritor busca apartarse del mundanal ruido y las distracciones para escribir su nueva novela. Esta es la excusa perfecta para desplazarse al lugar donde sus padres pasaron su luna de miel. Con esto llega un gran acierto de la película, parece que todo es más superficial o casual, pero responde a inquietudes más profundas. El hecho de que la acción suceda en las apartadas tierras irlandesas rememora inevitablemente a la figura de Bram Stoker (archiconocido autor de ‘Drácula’ nacido en Irlanda que dio a luz a su obra maestra en pequeños pueblos de la costa británica).

El protagonista interpretado por Adam Scott es irascible, borde y amargado. Eso responde a algo muy importante, que no voy a desvelar. Pero ese carácter sombrío aporta para desarrollar el terror de manera eficiente y no solo con sustos, sino con un desarrollo emocional. Todo responde a una historia de perdón personal y evolución, lo cual, se traduce en última instancia en un desbloqueo artístico y creativo.

El terror como reflejo de la culpa y la identidad

Lo verdaderamente interesante de ‘Hokum’ no es que Damian McCarthy vuelva a demostrar que domina el sobresalto o la atmósfera malsana (que lo hace), sino cómo consigue que todos los elementos sobrenaturales tengan un eco psicológico. El director irlandés entiende que el horror funciona mejor cuando las entidades, leyendas o apariciones no son únicamente amenazas externas, sino materializaciones de heridas internas.

La película juega continuamente con la frontera entre lo tangible y lo emocional. El hotel aislado, los pasillos húmedos, las habitaciones selladas y la sensación constante de podredumbre moral no solo sirven para construir tensión, sino para reflejar el estado mental del protagonista. Ohm Bauman (el personaje de Adam Scott) es alguien incapaz de escapar de sí mismo. Aunque viaja buscando silencio y concentración creativa, lo que realmente encuentra es una confrontación inevitable con aquello que ha reprimido durante años.

Aquí es donde McCarthy demuestra una inteligencia narrativa muy superior a la media del terror contemporáneo. Otros directores habrían convertido la película en una sucesión de sustos y criaturas extrañas. Él utiliza esos recursos para hablar de culpa, bloqueo emocional y trauma. El horror en ‘Hokum’ no nace exclusivamente de la amenaza física, sino de la incapacidad del personaje para procesar el dolor y aceptar responsabilidades.

En ese sentido, el filme conecta de manera brillante con la tradición del folk horror europeo. Hay algo profundamente ancestral en cómo la película plantea el choque entre el racionalismo moderno y el peso de las supersticiones locales. El protagonista llega a Irlanda con cinismo estadounidense, con una mirada descreída y práctica. Pero el entorno parece rechazar esa actitud. Los lugareños, las historias transmitidas oralmente y la propia geografía convierten el paisaje en una entidad hostil y antiquísima.

McCarthy vuelve a demostrar además su obsesión por los espacios cerrados y opresivos. Igual que ocurría en ‘Caveat’ o ‘Oddity’, aquí los pasillos estrechos, los sótanos y las habitaciones clausuradas generan una sensación enfermiza de encierro. Incluso cuando el personaje está al aire libre, Irlanda parece tragárselo. Hay barro, niebla, lluvia y vegetación húmeda por todas partes. La naturaleza nunca transmite paz, sino decadencia.

Conejos, folklore gaélico y el regreso de los fantasmas de McCarthy

A parte de la constante referencia a los conejos espeluznantes hay otras pautas que se repiten en la obra de McCarthy. Hay una mezcla de racionalidad moderna con superstición local y folklore antiguo, muy propia tanto de Stoker como de sus películas. En este caso lo que se maneja en ‘Hokum’ es el Cailleach, la figura de la mitología gaélica asociada al invierno, la vejez y encargada de traer el frío y las tormentas desde el Samhain, de ahí que la película se ambiente en Halloween.

Lo fascinante es que McCarthy jamás utiliza estos elementos mitológicos como simple decoración estética. El Cailleach funciona como símbolo de deterioro, culpa y muerte emocional. La película nunca necesita verbalizar demasiado sus metáforas porque todo está integrado en la puesta en escena. El clima, el deterioro del hotel y las propias criaturas parecen responder al estado psicológico del protagonista.

También resulta muy interesante cómo el director continúa desarrollando obsesiones visuales y temáticas que ya estaban presentes en sus trabajos anteriores. Los fans del cineasta encontrarán nuevamente figuras inquietantes inmóviles durante demasiado tiempo, objetos aparentemente inocentes convertidos en focos de tensión insoportable y salas que están pidiendo a gritos sal de aquí.

Los conejos, por supuesto, merecen mención aparte. Ya se habían convertido en una imagen recurrente dentro de su imaginario, especialmente tras ‘Caveat’, y aquí vuelven transformados en símbolos perturbadores que mezclan ternura deformada y amenaza subconsciente. Es uno de esos detalles que podrían parecer arbitrarios en otro director, pero que en McCarthy forman parte de una iconografía propia debido a un trauma de su propia infancia.

Además, ‘Hokum’ posee algo que el terror moderno suele olvidar: personalidad. Incluso cuando recurre a estructuras conocidas (la posada maldita, el huésped atormentado, la habitación prohibida), la ejecución tiene una sensibilidad muy concreta. La fotografía húmeda y sombría, el diseño sonoro agresivo y la forma de administrar el silencio convierten muchas escenas en ejercicios de pura tensión atmosférica. Y sí, hay jump scares. Pero están construidos con paciencia y precisión. McCarthy comprende que el susto funciona mejor cuando primero ha conseguido que el espectador se sienta incómodo. El sonido juega un papel esencial en ello, igual que la composición visual y la utilización enfermiza de la profundidad de campo.

‘Hokum’ no inventa el folk horror ni redefine el cine de fantasmas, pero sí confirma algo mucho más importante: Damian McCarthy empieza a poseer una voz completamente identificable dentro del terror contemporáneo. En una industria obsesionada con franquicias y fórmulas repetidas, eso vale muchísimo más que cualquier giro sorprendente. Porque al final, cuando termina la película, lo que permanece no son únicamente las imágenes terroríficas o los sobresaltos. Lo que se queda contigo es esa tristeza húmeda y enfermiza que recorre toda la obra. Como si Irlanda, sus mitos y sus fantasmas hubiesen encontrado una forma de instalarse dentro del espectador.

Ficha de ‘Hokum’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Hokum. Duración: 101 min. País: Irlanda. Dirección: Damian McCarthy. Guion: Damian McCarthy. Música: Joseph Bishara. Fotografía: Colm Hogan. Reparto principal: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot, Florence Ordesh, Will O’Connell, Michael Patric. Producción: Imagenation Abu Dhabi FZ, Tailored Films. Distribución: Beta Fiction Spain, Madfer Films. Género: terror. Web oficial.

Análisis del magnífico pack de ‘Gaua’ en Blu-ray

Un lanzamiento imprescindible para amantes del cine fantástico y las obras tratadas con mimo

Es una suerte compartir generación y momento cinematográfico actual con un cineasta como Paul Urkijo Alijo. Es de esos artistas que dentro de una década a o dos estará solicitado y encumbrado a más no poder y ver como paso a paso materializa su sueño es todo un privilegio para los que somos cinéfilo. Pero es que además se ha convertido en uno de los estandartes de la recuperación del folclore haciéndolo formar parte imprescindible del cine fantástico, el cual, vive un momento especialmente interesante en España

Pocas propuestas lo representan con tanta personalidad como ‘Gaua’, la obra dirigida por Paul Urkijo Alijo. Con una marcada identidad visual y un profundo respeto por la mitología vasca, la película se ha consolidado como una pieza de culto dentro del género. Ahora, de la mano de Divisa Films, llega una edición física que no solo hace justicia a la película, sino que eleva la experiencia a un nivel claramente pensado para coleccionistas.

Una edición física que apuesta por el formato premium

En un contexto dominado por el consumo digital, esta edición de ‘Gaua’ reivindica el valor del formato físico como objeto cultural y medio para expandir el conocimiento cinematográfico. No estamos ante un lanzamiento convencional, sino ante un producto cuidadosamente diseñado para quienes valoran tanto la obra como su presentación.

El conjunto viene presentado en un estuche exterior que protege y realza el contenido, dando paso a una edición interna igualmente elaborada. Este tipo de planteamiento convierte la compra en algo más que adquirir una película: es incorporar una pieza de colección a la estantería.

En el interior encontramos un segundo estuche en formato tríptico, que actúa como núcleo de la edición. Este diseño no solo resulta visualmente atractivo, sino también funcional, organizando de forma clara todos los elementos incluidos. El contenido se distribuye de la siguiente manera: un disco con la película, un disco adicional dedicado exclusivamente a los extras, un libro con abundante información y fotografías del proceso de creación a todo color y una tarjeta que sirve de tarjeta de presentación para la versión en blanco y negro. Por supuesto todo con textos en español y en euskera.

El libro merece una mención especial, ya que aporta contexto, detalles de producción y material gráfico que enriquecen enormemente la experiencia. No es un simple añadido, sino un complemento que amplía el universo de ‘Gaua’ y permite al espectador profundizar en su propuesta artística sin ni siquiera haber pulsado aún el play.

El cuidado de Paul Urkijo Alijo: una garantía de calidad

Uno de los aspectos más destacables de esta edición es el evidente mimo puesto en su desarrollo. Se percibe claramente la implicación de Paul Urkijo Alijo, quien ha demostrado estar muy encima del producto final, asegurando que cada elemento esté a la altura de la obra original.

Este nivel de implicación no es habitual en la industria y se traduce en un resultado que transmite pasión por el cine y respeto por el espectador. El conjunto es, sencillamente, una gozada para cualquier aficionado que valore el formato físico y las ediciones cuidadas.

Aunque recomendamos ver la película en su versión original podéis disponer de los siguientess idiomas: Castellano y Euskera 5.1 DTS-HD MA y 2.0 Estéreo; Audiocomentarios director Castellano y Euskera; Audiodescripción Castellano Discapacidad Visual con mezcla película Castellano y Euskera; Lenguaje Signos Discapacidad Auditiva.

Extras en disco de la película

Edición en blanco y negro de la película

El cuidado estético del director en cada una de sus películas es digno de elogio. En concreto con ‘Gaua’ es la dificultad de rodar tanto de noche lo que ha hecho que este título sea aún más meritorio. A menudo Paul Urkijo recibe el elogio de ser comparado con Robert Eggers en su fotografía. Ahora más que nunca, nos deja pasmados con una versión en blanco y negro que lleva más allá la experiencia de este filme.

Extras en disco de extras

Making of

Clásico reportaje o documental en el que vais a apreciar la pasión con la que el equipo se enfrenta a las dificultades de la noche y podréis apreciar aún más el arte de producir una película como esta, descubriendo capa a capa su concepción.

Breakdowns de VFX

El despliegue de efectos especiales de ‘Gaua’ no tiene nada que envidiar a una superproducción. Cromas y animatróncos conviven en esta obra haciendo gala de una buena simbiosis entre artesanía y últimas tecnologías.

Cómo se hizo: Los grabados de Gaua

Como siempre, Paulo Urquijo al hijo introduce su película con una secuencia que sirve a modo prólogo en el cual, como siempre, nos deja boquiabiertos. En este caso, ha realizado a mano un retablo que nos sirve de minicuento y que aquí podemos ver cómo se elaboró completamente a mano.

Construcción del bosque

Storyboard, platós, localizaciones. El bosque juega un papel vital en esta historia. A Urkijjo le encantan los entornos vivos y en ellos intenta siempre emplazar sus historias. Pero en ‘Gaua’ ha jugado de tal manera que ha hecho falta hacer uso de algún que otro artificio más.

Galerías

Fotografías, arte conceptual previo al rodaje, instantáneas durante la filmación o storyboards que sirven de pequeña masterclass sobre cómo concebir una obra como esta.

Timelapses de maquillaje

Como decíamos, Urkijo Alijo gusta siempre de recurrir a lo tangible. Por desgracia para sus actores y para gusto de los espectadores esto conlleva maquillar y recubrir de prostéticos a aquellos que interpretan sus criaturas. El trabajo es laborioso y a modo de timelapse vemos como se hicieron seres como Inguma, Akerbeltz, Kattalin o Maritxu.

Tráiler y teaser

En sus versiones en V.O., V.E. y V.O.S.E. podéis ver estos tráilers que a diferencia de otros, no destripan la historia en dos minutos y son buen gancho para la fantasía que os espera.

Crítica: ‘Noise’

Hacía mucho que una película de terror no me recordaba al clásico j-horror

‘Noise’, de Kim Soo-jin, irrumpe como una obra que, con menos brillanteces técnicas de las que esperaba, apuesta por el sonido como eje narrativo. La película se sitúa en esa tradición del terror asiático que entendía el miedo como una grieta emocional antes que como un espectáculo, la misma que encumbró títulos como ‘The Eye’, y que aquí encuentra una inesperada reactivación.

La premisa es aparentemente sencilla: una mujer con problemas de audición se traslada al apartamento de su desaparecida hermana y comienza a percibir sonidos inexplicables que parecen conectar con una presencia maligna. Kim Soo-jin, en su debut en el largometraje, demuestra una comprensión de las obsesiones y la locura. Esto se nota sobre todo cuando consigue incomodar desde lo invisible. Y es que el uso del sonido está ahí no como simple recurso de susto, sino como elemento narrativo central, capaz de sostener la atmósfera de principio a fin.

El sonido como amenaza: cuando el silencio deja de ser refugio

Uno de los grandes aciertos de ‘Noise’ es su capacidad para convertir un problema cotidiano como es el ruido de los vecinos en un dispositivo de terror. El fenómeno del “ruido entre pisos”, una cuestión social real en Corea del Sur, sirve como base para una historia que explora la ansiedad urbana y la alienación contemporánea. Este detalle, lejos de ser anecdótico, dota a la película de una textura casi documental que refuerza su credibilidad.

La protagonista (interpretada por Lee Sun-bin) no solo lucha contra una amenaza externa, sino contra sus propias limitaciones sensoriales. Aquí es donde la comparación con ‘The Eye’ resulta inevitable: ambas comparten esa idea de un cuerpo “defectuoso” que, paradójicamente, abre la puerta a lo sobrenatural. Pero mientras aquella jugaba con la visión, ‘Noise’ apuesta por el oído… o por su ausencia.

El film utiliza el silencio y los ruidos molestos como arma. En un género saturado de estridencias, aquí los momentos más inquietantes son aquellos en los que no ocurre nada audible. O, mejor dicho, en los que el espectador duda si ha escuchado algo. Esa ambigüedad genera una tensión sostenida que se apoya en una puesta en escena minimalista: pasillos estrechos, paredes que parecen respirar, apartamentos que se convierten en cajas de resonancia emocional.

Luces y sombras de un debut prometedor

No obstante, ‘Noise’ no es una obra exenta de fisuras. Su tramo final explota de manera un tanto predecible y ofrece pocas respuestas. Esto sucede mucho en el terror cuando se juguetea con lo sobrenatural y se quiere dejar puertas abiertas a una secuela o hay miedo a ofrecer soluciones concretas.

Aun así, estos tropiezos no empañan el conjunto. Si algo logra ‘Noise’ es reconectar con una forma de entender el terror que parecía olvidada: aquella que no busca el sobresalto inmediato, sino la inquietud persistente. La película se inscribe así en una tradición que va desde el J-horror más atmosférico hasta el thriller psicológico contemporáneo, pero lo hace con identidad propia.

Visualmente sobria, yendo del pastel a lo mugriento, ‘Noise’ es, en última instancia, una buena experiencia. Una película que obliga al espectador a escuchar, de verdad, y a enfrentarse a la incomodidad de no poder confiar en sus propios sentidos.

Ficha de ‘Noise’

Estreno en España: 1 de abril de 2026. Título original: Noijeu. Duración: 95 min. País: Corea del Sur. Dirección: Kim Soo-jin. Guion: Lee Je-hui. Fotografía: Hong-Gyu Jeon. Reparto principal: Lee Sum-bin, Kim Min-seok, Han Su-a, Ryu Kyung-soo, Jeon Ik-ryung. Producción: Finecut, KC Ventures. Distribución: Marmitako Films. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘La cosa en la niebla’

Un viaje con gracia y misterio pero sin cinturón de seguridad a través de la ciencia ficción

Cuando nos sentamos en la butaca del cine para enfrentarnos a una ópera prima de un director, a menudo esperamos encontrarnos con un ejercicio de contención, un drama intimista o una historia que no arriesgue demasiado. Sin embargo, el director Chedey Reyes ha decidido que su carta de presentación en el largometraje sea exactamente lo opuesto. Con ‘La cosa en la niebla’, Reyes nos invita a abrocharnos los cinturones en un vuelo turbulento que esquiva a volantazos la prudencia narrativa. Encerrados en la cabina de un avión de pasajeros, nos sumergimos en una aventura que abraza el caos cósmico, el humor absurdo y el terror con una pasión desbordante que contagia desde el primer fotograma hasta los créditos finales donde han introducido unas siempre divertidas secuencias de tomas falasas.

Un despegue entre el homenaje pulp y el neón retro

Para entender la propuesta visual de esta cinta, hay que dejar los prejuicios estéticos del cine contemporáneo en la puerta de embarque. La película es una mezcla con sabor pulp y color retro lisérgico de las producciones fosforitas de ciencia ficción de los 60 y 70. Lejos de las paletas desaturadas y grises que inundan las superproducciones de hoy en día, aquí los colores estallan en la pantalla, creando una atmósfera alienígena, extraña e irreal.

Resulta interesante descubrir, buceando entre las curiosidades de su rodaje, que para lograr este entorno inmersivo sin caer en el aspecto plano del croma tradicional, el equipo rodó en Gran Canaria utilizando pantallas de tecnología LED, imitando el estilo Stagecraft tan popularizado por ‘The Mandalorian’. Al proyectar los fondos nubosos o interdimensionales en tiempo real, los rostros de Ismael, un piloto veterano interpretado con una vis cómica impecable por Martín Garabal, y Daniela, su atípica y novata copiloto a la que da vida Elena de Lara, se tiñen orgánicamente con esas luces vibrantes. A través de los cristales surge una amenaza que evoca directamente a los cómics clásicos sesenteros como ‘Mars Attacks’ o ‘Strange Tales’.

Más allá de John Carpenter: ecos de la ciencia ficción de culto

El título de la cinta es toda una declaración de intenciones. Cualquiera que ame el terror clásico sabe a qué maestro del terror se está invocando. Sin embargo, limitar la película a un simple tributo sería injusto. Aunque el propio título y muchos otros guiños recuerdan a películas de Carpenter como ‘They live’, a nuestra cabeza también vienen referentes más cercanos como ‘Perdidos’, ‘Fringe’, clásicos de la ciencia ficción cómica como ‘Men in Black’ o la actual ‘Pluribus’, rodada en buena parte también en Canarias. No quiero entrar en más detalles al respecto por no destriparos nada, pero espero que esos referentes susciten tanto vuestra imaginación como para comprar una entrada si os llegáis a cruzar con esta película.

El guion, firmado por Juan José Ramírez Mascaró, es un artefacto que asimila todas estas influencias y las destila en un formato claustrofóbico. Nos encontramos ante una narrativa que sabe combinar la tensión de la supervivencia a miles de pies de altura con las anomalías del estratosféricas. Los diálogos tienen una chispa y un carisma que lo protagonistas han sabido materializar, de tal modo que rápidamente nos enganchamos a su aventura.

La imaginación desatada como única regla de vuelo

Lo que verdaderamente convierte a ‘La cosa en la niebla’ en una experiencia divertida es su absoluta falta de complejos. Llega un momento en el que parece que puede salirte por donde sea, pero por donde sea en plan de términos fantásticos con cualquier tipo de giro o solución. Chedey Reyes y su equipo no tienen reparos en dar rienda suelta a la imaginación puramente de ciencia ficción, abandonando las pesadas ataduras del realismo para abrazar lo inverosímil.

Eso está divertido porque tanto guionista como espectador juegan con la trama según se va sucediendo. La película juega constantemente con la imaginación y con el conocimiento de fantástico del espectador. Cuando crees que la historia tomará la ruta predecible de un thriller de la aviación, te lanza a la cara una paradoja loca. Es evidente que no busca la verosimilitud científica, busca el impacto, la sorpresa y la pura diversión. En definitiva, ‘La cosa en la niebla’ es un billete de ida a otra dimensión que demuestra que, con atrevimiento, el cine de género puede volar por encima de cualquier expectativa.

PD: que los protagonistas vistan el mismo traje de tripulación que Robert Hays y Julie Hagerty en ‘Aterriza como puedas’ para mí ya es señal de que, a los autores no les importa el qué dirán y además tienen buen gusto.

Ficha de ‘La cosa en la niebla’

Estreno en España: 17 de septiembre de 2026. Título original: La cosa en la niebla. Duración: 85 min. País: España. Dirección: Chedey Reyes. Guion: Juanjo Ramírez. Fotografía: Teresa Ruano Santana. Reparto principal: Elena de Lara, Martín Garabal, Carla Miranda, Pablo Padrón, Paco Show. Producción: Barrios Producciones, Instituto del Cine Canarias, Jugoplástika. Género: comedia, ciencia ficción, terror. Web oficial.

Crítica: ‘Línea de extinción’

En qué plataforma ver Línea de extinción

Una monster movie a rebufo de ‘Un lugar tranquilo’

‘Línea de extinción’ parte de una premisa que busca la originalidad dentro del marco de la ciencia ficción postapocalíptica. Sobre el papel resulta sugerente: la humanidad ha sido empujada a sobrevivir únicamente por encima de los 2400 metros sobre el nivel del mar. Esa cota marca el límite infranqueable para unas criaturas surgidas del subsuelo que han arrasado la civilización tal y como la conocíamos. El dato altimétrico no es una mera cifra decorativa, sino la regla fundacional de este nuevo orden mundial: por debajo, la muerte; por encima, una frágil supervivencia.

El proyecto viene avalado por los productores de ‘La purga’ y, sobre todo, de ‘Un lugar tranquilo’, referencia ineludible por su planteamiento: criaturas que emergen y fuerzan a los supervivientes a vivir bajo estrictas normas de comportamiento. De hecho, ‘Línea de extinción’ podría encajar sin demasiada fricción dentro del universo de ‘Un lugar tranquilo’, del mismo modo que en su día se especuló con la posible conexión entre ‘Un lugar tranquilo’ y ‘Cloverfield’. Sin embargo, donde aquellas destacaban por su tensión y su originalidad conceptual, aquí encontramos una propuesta más funcional que inspirada.

La cinta arranca con uno de los tópicos más sobados del cine de catástrofes: el niño con problemas respiratorios cuya medicación se ha agotado y su padre (Anthony Mackie) en busca de una solución. Este recurso, diseñado para forzar la salida del refugio y precipitar la acción, transmite una sensación de déjà vu que juega en contra del arranque. A ello se suma otro cliché: en el mismo enclave montañoso donde resisten los protagonistas se halla, casualmente, la única persona con capacidad real para investigar a las criaturas y ofrecer una posible solución. Se trata de una científica femenina (Morena Baccarin), con cuya presencia con personaje arisco pero a la vez intelectual, al menos se subvierte parcialmente la inercia habitual del género. La actriz que reincide en el terreno postapocalíptico tras su participación en las dos entregas de ‘Greenland’.

No obstante, aunque el filme supera su arranque y consigue desarrollarse de un modo entreteniendo, comete un error estratégico: aplaza la explicación sólida de la regla de los 2400 metros para una hipotética secuela declarada a través de una escena post-créditos. La altitud como barrera biológica o física es una idea demasiado atractiva como para dejarla en el aire. Ese aplazamiento debilita el cierre y refuerza la sensación de producto concebido con calculadora comercial en mano.

Lo mejor, las criaturas y los conflictos

El diseño de las criaturas es, sin duda, uno de los aspectos más estimulantes. Estas entidades recuerdan a una mezcla entre saltamontes gigantes y escarabajos acorazados, con escamas duras que evocan a un dragón mitológico. La textura y morfología transmiten amenaza física real, y hay momentos en los que la puesta en escena consigue exprimir esa cualidad insectoide para generar inquietud. Con esta película nos sucede lo mismo que con ‘Godzilla Minus One’, hay poco presupuesto para las imágenes generadas por ordenador pero se aprovechan los recursos y se juega bien desde el guión para que la amenaza parezca constantemente presente.

Por otro lado, el conflicto central se articula en torno a dos posturas enfrentadas: huir, recolectar y perpetuar una supervivencia precaria o arriesgarlo todo para investigar y hallar una solución definitiva. Este dilema dota al relato de una dimensión ética interesante. Los protagonistas no están unidos por una tensión romántica latente (otro alivio frente al automatismo de género), sino por una relación áspera, casi hostil, que añade fricción dramática. La convivencia forzada y la desconfianza mutua aportan una capa de realismo emocional que, por momentos, eleva el conjunto.

Aun así, la película se aproxima más en tono y ambición a ‘Skyline’ que a ‘Un lugar tranquilo’. Su presupuesto más contenido y su entrega sin complejos a la ciencia ficción pura la sitúan en un terreno donde prima la premisa espectacular sobre la sofisticación narrativa. Donde ‘Un lugar tranquilo’ convertía el silencio en dispositivo dramático y terrorífico y ‘Cloverfield’ explotaba la incertidumbre del fuera de campo, ‘Línea de extinción’ se limita a ejecutar una fórmula algo más conocida.

El propio director, George Nolfi, carga con una herencia creativa que aquí pesa más por contraste que por continuidad. Fue guionista en títulos con un denominador común, Matt Damon (‘El ultimátum de Bourne’, ‘Ocean’s Twelve’ o ‘Destino oculto’). En aquellas producciones brillaban la arquitectura narrativa, el ritmo y ciertos juegos de identidad o conspiración. En ‘Línea de extinción’ no hay rastro de esa complejidad estructural ni de esa chispa de sofisticación. La puesta en escena es correcta, pero raramente sorprendente.

Marketing, títulos y sensación de oportunidad desaprovechada

Si algo resume la experiencia de ‘Línea de extinción’ es la sensación de no estar ante una obra moldeada por imperativos de mercado, el hecho de ser una producción de no muy alto presupuesto nos refuerza esa impresión. Quizá por eso ha sido víctima de otro tópico, el cambio de título según qué país. El título original, ‘Elevation’, remitía de forma directa al elemento clave y no explicado de la historia: la altitud. En España se optó por ‘Línea de extinción’ y en Latinoamérica por ‘Criaturas: línea de extinción’, una decisión que evidencia la necesidad de subrayar explícitamente el componente monstruoso. Ese añadido semántico parece diseñado por departamentos de marketing ansiosos por justificar su presupuesto más que por respetar la sutileza conceptual del original.

Es una pena porque ‘Línea de extinción’ ofrece una premisa jugosa, un diseño de criaturas convincente y un conflicto moral interesante, pero no alcanza la tensión ni la originalidad de las obras a las que inevitablemente remite. Además es fácil que el espectador fan del género se enganche pues los protagonistas son harto queridos por la audiencia. Es un entretenimiento competente dentro del cine postapocalíptico, con destellos de potencial que quedan parcialmente lastrados por clichés narrativos y por la voluntad de dejar puertas abiertas a futuras entregas. En un panorama saturado de distopías y monstruos, eso puede ser suficiente para pasar el rato, pero no para trascender.

Ficha de ‘Línea de extinción’

Estreno en España: 6 de marzo de 2026. Título original: Elevation. Duración: 90 min. País: EE.UU. Dirección: George Nolfi. Guion: John Glenn, Jacob Roman, Kenny Ryan. Música: H. Scott Salinas. Fotografía: Shelly Johnson. Reparto principal: Anthony Mackie, Morena Baccarin, Maddie Hasson. Producción: Lyrical Media, Grinder Monkey, John Glenn Entertainment. Distribución: Tripictures. Género: ciencia ficción, terror. Web oficial.

Crítica: ‘Septeno’

Porque en el oeste de España también hay antiguas tradiciones que dan para cine

La película ‘Septeno’, dirigida por Óscar Pérez, se presenta como un proyecto profundamente ligado a su tierra. Rodada en los parajes la Sierra de Francia donde nos encontramos pueblos como La Alberca, Miranda del Castañar o Mogarraz (territorio colindante con Las Hurdes, tierra otrora documentada antropológica y terroríficamente por Buñuel), la cinta es, en esencia, una producción salmantina de principio a fin. Incluso su cartel, obra del ilustrador Tomás Hijo, refleja ese espíritu artesanal y muy arraigado en lo local.

La historia bebe del imaginario del “folkhorror castellano” y de tradiciones profundamente enraizadas en la zona. En La Alberca, por ejemplo, cada noche se mantiene la figura de la Moza de Ánimas, que recorre las calles con su comitiva en honor a las Ánimas Benditas. Ese eco de creencias antiguas sirve como punto de partida para una narración donde se habla de normas que no deben romperse y de criaturas que regresan cada cierto tiempo. La advertencia es clara: hay noches en las que no conviene salir al bosque.

Tradición frente a progreso

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Septeno’ es su planteamiento temático. La película sugiere un conflicto entre el avance del progreso representado por aquellos que viven en la gran ciudad y la supervivencia de las leyendas ancestrales, un tema que conecta con los pueblos casi abandonados hoy en día y el folk que cineastas como Paul Urkijo Alijo buscan reivindicar. Sin embargo, aquí el relato se apoya más en la invención que en una exploración profunda de las tradiciones reales.

El punto de partida resulta quizás inspirado por películas como ‘El laberinto del Fauno’: la España rural del franquismo como un escenario en el que la represión y las leyendas te siguen por igual. En ese contexto, la película deja entrever una reivindicación de la llamada España vaciada, esa geografía olvidada del oeste peninsular donde las historias sobreviven casi siempre entre líneas o en viejos escritos de paisanos con nostalgia.

Virtudes visuales y limitaciones narrativas

A nivel técnico, ‘Septeno’ deja sensaciones mixtas. La fotografía y el etalonaje funcionan correctamente, y las localizaciones, tanto naturales como rurales, aportan una atmósfera convincente. Los encuadres también demuestran cierta sensibilidad visual que ayuda a sostener el interés.

No ocurre lo mismo con otros apartados. El sonido resulta en ocasiones demasiado artificial y recurre a recursos muy explotados en el género (como los niños canturreando) que terminan restando fuerza al conjunto. Además, el desarrollo narrativo se queda corto: la idea inicial prometía más profundidad de la que finalmente se explora.

En conjunto, la película transmite un espíritu claramente amateur. Su tono recuerda por momentos a un reportaje alargado del programa ‘Cuarto Milenio’, con misterio rural y leyendas locales como eje central. Aun así, se percibe una intención sincera de poner en valor un territorio y un imaginario cultural que rara vez encuentran espacio en el cine.

Ficha de ‘Septeno’

Estreno en España: 2026. Título original: Septeno. Duración: 29 min. País: España. Dirección: Óscar Pérez. Guion: Óscar Pérez. Música: Aleix Losa. Fotografía: Luis Bascuñana. Reparto principal: Jordan Blasco, Agus de Cabo, Fernando Saldaña, Carolina Morocho, Alejandra Pérez, Ana del Pozo, Mario del Pozo. Producción: Reto Films. Distribución: Reto Films. Género: terror. Web oficial.

Este ha sido para nosotros el mejor cine de 2025

Cine 2025: Películas imprescindibles que han marcado el año

El año 2025 nos ha dejado una cosecha cinematográfica excepcional, demostrando que el séptimo arte sigue teniendo una capacidad inagotable para sorprendernos, ya sea a través de grandes producciones en salas o joyas ocultas en plataformas. Como es tradición en nuestra casa, hemos querido recopilar aquellos títulos que más nos han marcado durante estos meses para que no se pierdan en el ruido de los estrenos.

Fieles a nuestra filosofía, no nos gusta hacer rankings ni asignar puntuaciones numéricas, pues creemos que el cine es una experiencia demasiado subjetiva para reducirla a una cifra. Por ello, cada año organizamos esta lista por categorías, funcionando más como un mapa de recomendaciones que como una competición. Nuestro objetivo es que este texto sirva como un recordatorio útil y una guía para descubrir (o revisar) historias que merecen ser recordadas. Desde el cine de autor más íntimo hasta los grandes espectáculos visuales, aquí tienes nuestra selección de lo mejor que nos ha regalado la pantalla este año.

Listado de lo mejor de 2025 por categorías

Españolas

Terror

Comedia

Acción

Suspense

Ciencia Ficción

Drama

Animación

Documental

Decepciones

Crítica: ‘Keeper’

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¿Terror incomprendido o sustancia escasa?

Tatiana Maslany y Rossif Sutherland protagonizan lo nuevo de Osgood Perkins, ‘Keeper’. A primera vista, la cinta se presenta como un “cabin in the woods”, un clásico punto de partida para el cine de terror, pero rápidamente queda claro que su apuesta estética supera a su fuerza narrativa, la cual, busca criticar la masculinidad tóxica.

Aunque ha declarado que siempre intenta hacer películas de terror marcadamente diferentes entre sí, Perkins hace de ello una fortaleza y ha destacado como director por crear atmósferas densas e inquietantes, como se vio ‘Longlegs’ donde parecía imitar el estilo de Fincher y en ‘Gretel & Hansel’ en la que la fotografía rememoraba a la de Eggers. La fotografía, a cargo de Jeremy Cox, explora la cabaña aislada con un ojo sofisticado para la textura visual: vistas obstruidas por objetos, estancias que se estrechan y planos cerrados que funcionan más como pequeñas pinturas que como herramientas narrativas claras. Estas imágenes muchas veces recuerdan a cuidadosos posts de postureo marca Instagram, perfectamente iluminados y compuestos, pero que, en conjunto, no llevan a ningún lugar sorprendente. Además ‘Keeper’ parece obsesionada con evitar los clichés del género, especialmente el jump scare fácil y, en su lugar, apuesta por crear momentos visuales perturbadores, con sorpresas camufladas constantemente pero sin el estruendo o el sobresalto fácil.

Es aquí donde la película exhibe su principal virtud y su mayor limitación: Perkins maneja con maestría lo visual y lo sensorial, pero lo hace para insinuar más de lo que realmente define. No es que la cinta sea “lenta” en el sentido clásico o manido, sino que ofrece poco desarrollo real durante largos tramos de su metraje, ofrece muy pocas migajas que nos hagan seguir con interés su camino.

El planteamiento inicial es sencillo: Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm (Rossif Sutherland) viajan a una cabaña en el bosque para celebrar su primer aniversario, pero pronto las cosas toman un giro inquietante cuando Malcolm se ausenta inesperadamente y Liz queda sola con presencias o sensaciones extrañas que surgen, sobre todo, a través de visiones o presentimientos más que de hechos concretos.

Perkins juega con insinuaciones: sugerir que algo está mal, explorar rincones y encuadres cerrados para incomodarnos, usar sonidos y música como una presencia más. Sin embargo, esta estrategia de “mostrar sin decir” termina por dar lugar a largos lapsos donde la película se siente como un mero ejercicio de estilo. Una y otra vez confiamos en que algo significativo va a ocurrir o en que el desenlace nos recompensará por la espera… y la realidad es que el final tampoco guarda un giro lo suficientemente original como para equilibrar el trayecto.

Desafortunadamente la fuerza interpretativa de la protagonista no se ve respaldada por una construcción sólida de personaje o de relación. La dinámica entre Liz y Malcolm nunca se siente suficientemente profunda o convincente, lo cual diluye el impacto de cualquier confrontación emocional o terrorífica que el guion pretenda provocar. Esa elección es respetable y, en muchos casos, logra que escenas aisladas queden grabadas en la mente del espectador (pocas más de las que vemos en el tráiler).

Incluso la parte final, donde la película “recuerda” que es un film de terror, ofrece algo de catarsis visual, pero no presenta un giro narrativo que se sienta genuinamente sorprendente o memorable. ‘Keeper’ se queda por eso en aguas de borraja con lo sugerido, sin atreverse a entregar una revelación poderosa o una reflexión profunda sobre sus temas de relación, miedo y vulnerabilidad. Puede funcionar como una obra de arte visual pero su vacuidad narrativa la convierte en una experiencia que muchos espectadores percibirán como aburrida o excesivamente ambigua.

Ficha de ‘Keeper’

Estreno en España: 19 de diciembre de 2025. Título original: Keeper. Duración: 99 min. País: EE.UU. Dirección: Oz Perkins. Guion: Nick Lepard. Música: Edo Van Breemen. Fotografía: Jeremy Cox. Reparto principal: Tatiana Maslany, Rossif Sutherland. Producción: Oddfellows Productions, Range Media Partners, Wayward Entertainment, Wellcome Villain. Distribución: DeAPlaneta. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Five Nights at Freddy’s 2’

En qué plataforma ver Five Nights at Freddy’s 2

Sinopsis

Ha transcurrido un año desde que fuimos testigo de la pesadilla sobrenatural en la pizzería de Freddy Fazbear. La historia de lo que ocurrió allí ha ido adquiriendo la talla de leyenda local, e incluso ha dado pie al primer “Faszfest”.

El exguarda de seguridad Mike (Josh Hutcherson) y la agente de policía Vanessa (Elizabeth Lail) han ocultado la verdad a Abby (Piper Rubio), la hermana de 11 años de Mike, acerca del destino de sus amigos animatrónicos.

Pero cuando Abby decide reconectar con Freddy, Bonnie, Chica y Foxy, desatará una serie de acontecimientos aterradores que revelarán oscuros secretos sobre el verdadero origen de Freddy’s, desencadenando un horror que llevaba décadas escondido y olvidado.

Crítica

La única máquina bien engrasada aquí es el departamento de merchandising

Resulta imposible acercarse a ‘Five Night at Freddy’s 2’ sin reconocer primero el peso del fenómeno que la sostiene. El videojuego original marcó a toda una generación con su fórmula de terror minimalista y altamente viral, y su salto al cine confirmó ese arrastre: la primera entrega fue un récord de taquilla inesperado, impulsado por un fandom gigantesco que acudió en masa más por lealtad que por expectativas artísticas. Ese éxito creó una presión peculiar para esta secuela, que llega con la obligación de demostrar que la saga puede ofrecer algo más que un eco diluido del juego. Lamentablemente, lo que entrega Emma Tammi es una continuación que pretende legitimarse en la magnitud del fenómeno, pero que jamás encuentra una voz cinematográfica propia.

Como película de terror, ‘Five Night at Freddy’s 2’ es un catálogo de lugares comunes del género. Blumhouse, que lleva años explotando fórmulas repetidas hasta la extenuación, parece no haber aprendido nada del desgaste del público. La cinta cae en decisiones ilógicas que rompen cualquier intento de tensión, muestra una mecánica narrativa incapaz de sostener el suspense durante más de unos segundos, y despliega una historia tan vaga que apenas hay una hebra a la que agarrarse. El sentido del terror es nulo: todo se reduce a sobresaltos puntuales, trucos visuales y una falta absoluta de creatividad que evidencia un agotamiento preocupante. Aún así, tanto su clímax (si puede llamarse así) como su escena post-créditos son una declaración de intenciones por continuar con esto.

Conviene recordar que la primera entrega batió récords de taquilla, pero lo hizo empujada por un efecto llamada generado por los fans del videojuego, que acudieron en masa más por identificación cultural que por el valor cinematográfico de la propuesta. Ese tipo de fenómenos son, por naturaleza, impredecibles. Si esta secuela logra repetir cifras, sería más una señal inquietante sobre el perfil del público (impresionable, acrítico y cada vez menos exigente) que una prueba de que la película funciona. La taquilla, esta vez, no debería confundirse con calidad, aunque el tiempo nos ha dado la razón a los que vimos cero arte o siquiera divertimento en la primera pues ha acumulado puntuaciones sobre el 5 o menos en webs como IMDB, Letterbox, Rotten Tomatoes o Filmaffinity.

En su vínculo con el videojuego, ‘Five Night at Freddy’s 2’ sigue la estrategia de ampliación del lore: nuevos personajes, nuevas criaturas y, por supuesto, un surtido de muñecos listos para inundar las tiendas en Navidad. La gran incorporación es Marionette, cuya presencia pretende elevar el componente de posesiones y expandir el misticismo del universo. Pero el guion introduce estos elementos sin la más mínima intención de construir una base sólida o un trasfondo coherente. Todo ocurre porque sí, sin lógica interna y sin profundizar en aquello que, en el juego ganó trasfondo con el tiempo. Un excesivo tiempo sin respuestas mínimamente elaboradas que el séptimo arte no suele tolerar. La película imita su fuente, pero parece no entender que ese punto ya ha sido superado y nos encontramos ante otros códigos o hábitos de consumo.

El resultado es una secuela que aspira a capitalizar la marca sin ofrecer nada memorable. Una obra que se apoya demasiado en un fandom fiel y que parece asumir que cualquier movimiento mecánico de sus animatrónicos será suficiente para generar emoción. ‘Five Night at Freddy’s 2’ no solo decepciona por comparación: decepciona porque no intenta nada más y ni siquiera sabe ubicar a sus personajes o moverles con su propia lógica.

Ficha de la película

Estreno en España: 5 de diciembre de 2025. Título original: Five Nights at Freddy’s 2. Duración: 104 min. País: EE.UU. Dirección: Emma Tammi. Guion: Scott Cawthon, Seth Cuddeback, Emma Tammi. Música: The Newton Brothers. Fotografía: Lyn Moncrief. Reparto principal: Josh Hutcherson, Piper Rubio, Theodus Crane, Matthew Lillard, Freddy Carter, Wayne Knight, Mckenna Grace, Skeet Ulrich, Megan Fox. Producción: Scott Games, Blumhouse, Universal Pictures. Distribución: Universal Pictures. Género: adaptación, terror. Web oficial: https://www.blumhouse.com/film/five-nights-at-freddy-s-2