Crítica: ‘La bola negra’

En qué plataforma ver La bola negra

Los Javis convierten cuatro páginas en dos horas y media de pura reflexión y conmemoración

Había algo casi inevitable en que ‘La bola negra’ acabara siendo la película escogida por España para los Oscar: ganadora del premio a la Mejor Dirección en Cannes y ahora del Premio del Público en Toronto, temática LGBT, una guerra de la que parece que no hemos pasado página y por supuesto el ser la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, dos de los mayores exponentes y talentos jóvenes de nuestro país.

El punto de partida ya resulta fascinante. Lorca dejó apenas cuatro páginas de una obra inacabada titulada ‘La bola negra’. En ellas aparecía un joven rechazado de un selecto casino de Granada después de recibir la bola negra en una votación de sus socios. El motivo de la exclusión era su homosexualidad. Lorca murió antes de poder continuar aquella historia y Los Javis convierten precisamente esa interrupción en materia narrativa.

El reto era descomunal: transformar cuatro páginas en una película de dos horas y media sin que el invento pareciese una apropiación oportunista del nombre de Lorca. Y ahí aparece una de las mayores virtudes de la película: Los Javis no intentan completar simplemente lo que Lorca escribió, sino imaginar todo aquello que podría haber quedado suspendido en esas páginas relacionándolo con varios momentos posteriores a él, incluyendo la actualidad.

Para hacerlo se apoyan también en ‘La piedra oscura’, la obra teatral de Alberto Conejero que recupera la figura real de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y compañero sentimental de Lorca. Conejero participa además en el guion. De este modo, una pieza aporta el rechazo y la estigmatización homosexual y la otra introduce a Rapún como amante, conservación de la memoria y presencia ausente de Federico. El resultado es un puzle narrativo que solo funciona porque Los Javis saben encontrar humanidad allí donde otros se quedarían en el personaje histórico o la burda polémica.

Tres tiempos para hablar del mismo dolor

‘La bola negra’ se articula en tres épocas: 1932, 1937 y 2017. Tres momentos que no funcionan como compartimentos estancos, sino como vasos comunicantes. El presente busca las huellas de un pasado que la Guerra Civil quiso borrar, el pasado real se encuentra con la tragedia de Rodríguez Rapún, y el tercer nivel imagina las páginas que Lorca nunca pudo escribir.

Es una estructura arriesgada y, por momentos, excesivamente ambiciosa, pero también una de las razones por las que la película consigue trascender el biopic convencional. Los Javis llevan años demostrando que saben mirar debajo de la caricatura cuando abordan personajes que han sido objeto de burla, escarnio o prejuicio social. Aquí la dificultad era todavía mayor: acercarse a Lorca exige cierta solemnidad, porque estamos ante una figura cuya dimensión cultural y política puede convertir cualquier exceso en una frivolización. Por fortuna, ‘La bola negra’ entiende que homenaje no significa estatua de mármol.

La película está salpicada de homoerotismo, aunque Los Javis renuncian buena parte del tiempo a la provocación explícita. Hay cuerpos, deseo y tensión sexual, pero predominan la mirada sentimental y la poesía. Es una decisión inteligente. No estamos ante una película concebida para escandalizar, sino ante una obra mucho más reflexiva y conmemorativa sobre lo que significa haber tenido que ocultar quién eras.

Y precisamente por eso resulta inquietante comprobar cuánto dialoga con el presente. Los jóvenes exaltados por el discurso sublevado que aparecen en la película pueden producir una sensación incómodamente contemporánea. Cambian los uniformes, los contextos y las consignas, pero determinados mecanismos de exclusión siguen reconocibles. La película no necesita subrayarlo demasiado para que la comparación aparezca sola. Pensadlo cada vez que veáis a un grupo de cayetanos gritar eso de “España despierta”.

También hay una clara voluntad antibelicista. En una de sus ideas centrales, Lorca plantea que su obra puede servir para otros, especialmente para los más jóvenes. ‘La bola negra’ recupera esa posibilidad de recordar y conciliar para no repetir la violencia de un país que tantas veces ha contado su Guerra Civil desde el enfrentamiento entre hermanos.

Cuando Los Javis encuentran a Lorca

Visualmente, la película mezcla melodrama, reconstrucción histórica, musicalidad y una puesta en escena muy ambiciosa. En algunos momentos recuerda al Berlanga más esperpéntico o al Almodóvar de pueblerinos sencillos y composiciones populares. La secuencia de Penélope Cruz es precisamente donde esa herencia resulta más evidente. Y, personalmente, me sobra. No porque Cruz esté mal, sino porque la escena me aporta poco al conjunto y parece pertenecer a otra película. Incluso evoca por momentos el espíritu de ‘¡Ay, Carmela!’, algo que refuerza todavía más esa sensación.

Mucho más lograda me parece la escena de Glenn Close. Su diálogo concentra buena parte de las preocupaciones de la película y adquiere además una dimensión especial por estar rodada en el Ateneo de Madrid, espacio cargado de memoria republicana y un club exclusivo de distinta índole pero con la misma exclusividad que aquel al que quiere acceder el protagonista de ‘La bola negra’. El detalle funciona como síntoma de una película obsesionada con documentarse y llenar cada rincón de significado.

Los Javis no han querido hacer simplemente una película sobre Lorca. Han querido hacer una película desde Lorca. Y esa diferencia es fundamental. ‘La bola negra’ no es perfecta. Algún compás narrativo parece innecesario, determinadas subrayados ideológicos son demasiado evidentes y la duración termina pasando factura. Pero cuando funciona, funciona con una contundencia extraordinaria. Es una película sobre homosexualidad, memoria histórica, guerra y deseo, pero sobre todo es una película sobre aquello que ocurre cuando una sociedad decide convertir al diferente en enemigo, algo que se observa con mucho subtexto en la historia de 2017.

El que quiera entender que entienda

Habrá quien rechace la película precisamente por su mirada sobre el fascismo o por su defensa explícita de la memoria LGTBIQ+. Pero reducirla a eso sería perderse lo verdaderamente interesante. Los Javis han construido una obra que intenta comprender antes que condenar, aunque tenga muy claro qué lado de la historia está contando.

Y quizá ahí resida su mayor triunfo. Partiendo de cuatro páginas inconclusas, ‘La bola negra’ consigue imaginar una historia que habla de los muertos, pero también de quienes todavía están vivos. De los que pudieron amar y de los que no pudieron hacerlo. De lo que se destruyó en una guerra y de aquello que, noventa años después, todavía estamos intentando reconstruir.

Una bola negra como símbolo de rechazo. Una piedra oscura como memoria. Y Lorca como una presencia que, paradójicamente, sigue hablando porque alguien intentó entenderle y decidió continuar aquello que él no pudo terminar.

Ficha de ‘La bola negra’

Estreno en España: 25 de septiembre de 2026. Título original: La bola negra. Duración: 155 min. País: España. Dirección: Javier Calvo, Javier Ambrossi. Guion: Javier Calvo, Javier Ambrossi, Alberto Conejero. Música: Raül Refree. Fotografía: Gris Jordana. Reparto principal: Guitarricadelafuente, Carlos González, Milo Quifes, Miguel Bernardeau, Lola Dueñas, Penélope Cruz, Glenn Close. Producción: Atresmedia Cine, Crea SGR, El Deseo, Le Pacte, Los Esquiadores, Movistar Plus+, Suma Content. Distribución: Elástica Films, Movistar Plus+. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Resident Evil’ (2026)

En qué plataforma ver Resident Evil

El Resident Evil de Zach Cregger es un pasaje del terror del tamaño de una ciudad

Las adaptaciones de ‘Resident Evil’ han tenido una relación bastante complicada con el material original. Curiosamente, la mayoría de las versiones animadas han sabido entender mejor el espíritu de los videojuegos que sus hermanas de acción real. En imagen real todo empezó con las películas de Paul W. S. Anderson y Milla Jovovich, que inicialmente entusiasmaron a buena parte del público, pero cuya deriva rápidamente se fue desfigurando hasta alcanzar seis entregas. Johannes Roberts rozó el palo con ‘Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City’, especialmente por su ambientación y escenografía, aunque tampoco consiguió redondear la adaptación.

Todas aquellas versiones tenían algo en común: intentaban llevar al cine personajes, acontecimientos o escenarios reconocibles de los videojuegos. La película de Zach Cregger toma otro camino. ‘Resident Evil’ transcurre paralelamente al universo de los juegos y nos introduce en el estallido zombi provocado por Umbrella Corporation, pero sin llevarnos literalmente por ninguno de los recorridos que conocemos. Es una estrategia parecida, en espíritu, a la que intentó la serie de Netflix, aunque aquí el resultado tiene bastante más sentido.

Y la pregunta inevitable, tratándose de Cregger, es: ¿estamos ante algo más cercano a ‘Barbarian’ o a ‘Weapons’? Definitivamente, a ‘Barbarian’. Hay violencia, terror grotesco y una voluntad muy clara de incomodar al espectador. Puede haber algún parentesco con ‘Weapons’ en determinados juegos con la infancia y, especialmente, en la utilización de la sangre, pero esto es fundamentalmente un gigantesco pasaje del terror.

Una sucesión de ideas para los próximos videojuegos.

La sensación de estar jugando se encuentra precisamente en esa sucesión de amenazas. Bichos verrugosos, criaturas amorfas, mutaciones y enemigos explosivos convierten prácticamente cada desplazamiento en una huida. Los puristas de las primeras entregas probablemente encontrarán motivos para protestar, pero Cregger demuestra conocer muy bien el lenguaje del videojuego y, sobre todo, su sensación de vulnerabilidad. No es necesario copiar una localización concreta para reproducir esa experiencia.

La película parece situarse en los primeros momentos del brote de Raccoon City. Bryan, interpretado por Austin Abrams, funciona como nuestros ojos. Es un protagonista deliberadamente desorientado, alguien que contempla lo que sucede con la misma perplejidad que nosotros. Su existencia consiste básicamente en correr, disparar de manera más o menos afortunada y preguntarse qué demonios está pasando. Dice tantas palabrotas que por momentos parece una versión involuntaria de Samuel L. Jackson o de El Nota de Jeff Bridges. A ver si alguien hace el recuento, porque esta película se puede meter en el podio de las películas con más palabrotas de la historia.

Además, ‘Resident Evil’ evita una estructura excesivamente fragmentada. No está planteada como un gigantesco plano secuencia, pero sí produce la impresión de que estamos ante una única carrera hacia adelante, con muy pocos descansos narrativos. Apenas hay elipsis que permitan respirar. Cregger convierte el montaje en una herramienta para mantenernos dentro de la cabeza del protagonista: sorpresa, miedo y, sobre todo, desconcierto.

Eso también permite que la película funcione como una historia paralela. Raccoon City siempre ha sido un lugar poblado y, si aceptamos que detrás de cada superviviente puede existir otra historia, resulta lógico que Cregger quiera explorar una de ellas. El director ha defendido precisamente esa idea: los grandes protagonistas de la saga ya tienen sus historias contadas en los videojuegos. Estoy seguro que si se está desarrollando ya un nuevo Resident Evil aquí van a coger muchas ideas.

Terror, humor y una lluvia de referencias

Aquí aparece otra diferencia importante: el humor. Aunque sus últimas películas son bastante terroríficas, Cregger procede de la comedia y su cine de terror nunca ha renunciado a ella. ‘Resident Evil’ tiene bastante más humor del que algunos seguidores podrían esperar, aunque el propio director confirmó que eliminó numerosos chistes después de las proyecciones de prueba porque consideró que estaban perjudicando el equilibrio del conjunto.

Personalmente, cuesta imaginar qué habría sido de ese montaje más cómico, porque los cambios de tono funcionan precisamente como una montaña rusa. Una situación puede arrancar casi como una broma y terminar convertida en una carnicería. Para quienes busquen terror puro y duro puede ser un inconveniente, pero en mi caso contribuye a transmitir mejor el nerviosismo Y me gustaría ver un montaje del director con esas escenas eliminadas.

También hay guiños para los jugadores, aunque Cregger no convierte la película en un catálogo de referencias. Son pequeños detalles que permiten disfrutarla como un juego paralelo de reconocimiento. Y eso termina siendo una de sus mejores decisiones: ‘Resident Evil’ no necesita reproducir los videojuegos para parecerse a ellos. Quizá ahí esté la clave de esta nueva adaptación. No pretende ser ‘Resident Evil 2’, ‘Resident Evil 3’ o ninguna otra entrega trasladada literalmente al cine. Quiere reproducir la sensación de avanzar por un mundo hostil sin saber qué monstruo aparecerá tras la siguiente esquina.  Personalmente creo que el director es de esas personas que ha entendido bien aquello que adapta.

Ficha de ‘Resident Evil’

Estreno en España: 18 de septiembre de 2026. Título original: Resident Evil. Duración: 95 min. País: EE.UU. Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger, Shay Hatten. Música: Hays Holladay, Ryan Holladay. Fotografía: Dariusz Wolski. Reparto principal: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser. Producción: Capsom Entertainment, Columbia Pictues, Constantin Film, Davis Films, PlayStation Productions, Robert Kulzer Productions, Stillking Films, TriStar Pictures, Vertigo Entertainment. Distribución: Sony Pictures. Género: terror, acción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Cotoye vs. ACME’

En qué plataforma ver Cotoye vs. ACME

Una película que no merece el habitual fracaso de su protagonista

Hay películas que nacen para triunfar, otras que sobreviven a varios accidentes durante su producción y luego está ‘Coyote vs. Acme’, una película que estuvo a punto de convertirse en material de archivo antes incluso de que el público pudiera verla. Warner Bros. decidió enterrarla cuando ya estaba terminada y llegó a plantearse como una pérdida fiscal, hasta que el proyecto consiguió escapar de ese destino y encontrar una nueva oportunidad. En España, Beta Fiction Spain es la encargada de llevarla a los cines el 18 de septiembre.

El Coyote contra el mundo empresarial

La premisa resulta tan sencilla como perfecta. Después de décadas sufriendo accidentes provocados por productos ACME, el Coyote decide que ya está bien de recibir explosiones, golpes, caídas y toda clase de desgracias. Esta vez no pretende atrapar al Correcaminos: pretende demandar a la compañía que fabrica todo aquello que sistemáticamente sale mal.

Y aquí aparece Kevin Avery (Will Forte), un abogado de poca monta que se convierte en su improbable aliado. La película encuentra así una manera muy inteligente de trasladar a imagen real la eterna persecución de los Looney Tunes. El Coyote sigue siendo el Coyote, pero ahora sus desgracias tienen consecuencias legales.

Hay algo particularmente reconocible en esta premisa. Vivimos en una época en la que parece que cualquier accidente puede terminar convertido en una reclamación y cualquier consumidor se siente con cierto poder solo por poder pedir una hoja de reclamaciones por aquello que considera un perjuicio. La película juega con esa mentalidad, pero también concede al Coyote una razón legítima para protestar. Después de todo, ACME le ha vendido durante décadas productos que, como mínimo, funcionan de una manera bastante cuestionable.

La paradoja es que el pobre Coyote tampoco puede considerarse un consumidor inocente. Sigue comprando. Sigue confiando en ACME. Sigue utilizando cohetes, explosivos, catapultas y artilugios absurdos para intentar alcanzar al Correcaminos. Su fidelidad a la marca roza lo irracional.

El guion aprovecha esa relación para introducir un discurso sobre el corporativismo y el desequilibrio entre el individuo y las grandes empresas. ACME es una entidad gigantesca, impersonal y prácticamente inalcanzable. El Coyote, en cambio, es un individuo que lleva décadas recibiendo las consecuencias de sus decisiones.

Una comedia con bastante más debajo de la superficie

Dave Green, responsable de ‘Ninja Turtles: Fuera de las sombras’, mantiene aquí su gusto por el espectáculo gamberro y por una puesta en escena que no teme abrazar el absurdo. La película entiende que no tiene sentido convertir al Coyote en un personaje realista. Su mundo debe seguir funcionando con la lógica de los dibujos animados, aunque alrededor de él existan abogados, tribunales y personas de carne y hueso.

Ahí está buena parte de su encanto. ‘Coyote vs. Acme’ pertenece a esa tradición de híbridos entre acción real y animación que inevitablemente hace pensar en ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’, ‘Space Jam’ o ‘Chip y Chop: los guardianes rescatadores’. Sin embargo, su diferencia está en que no utiliza a los personajes animados únicamente como reclamo nostálgico. Los integra dentro de una historia que tiene algo que decir sobre el mundo real. Y lo hace sin ponerse trascendente.

El Coyote se sacude el polvo y mantiene su esencia

El filme es, ante todo, una sucesión de gags físicos, accidentes imposibles, persecuciones y situaciones disparatadas. El humor visual sigue siendo fundamental. El Coyote continúa siendo un personaje condenado al fracaso y precisamente por eso resulta tan fácil empatizar con él. Su existencia es una versión animada del mito de Sísifo: empujar eternamente la piedra montaña arriba para verla caer una y otra vez. Lo interesante es que aquí esa piedra adquiere forma de pleito judicial.

El guion recupera además el espíritu del artículo ‘Coyote V. Acme’, escrito por Ian Frazier para The New Yorker en 1990. Frazier imaginaba un documento jurídico en el que el Coyote demandaba a ACME por los daños provocados por sus productos, convirtiendo los habituales gags de los dibujos en pruebas de un caso de responsabilidad civil. La película toma aquella idea y la amplía hasta convertirla en una historia de superación, desigualdad y resistencia. (The New Yorker), es decir materializar el tesón y insistencia del personaje.

John Cena no se come la película

Aunque James Gunn participa como productor y en la historia y John Cena interpreta al abogado de ACME, ‘Coyote vs. Acme’ no se convierte en una película diseñada alrededor de la estrella. Aunque está el nuevo ojito derecho de Warner, el verdadero protagonismo corresponde a Will Forte, al Coyote y a la relación que ambos construyen.

Forte funciona especialmente bien como ese abogado desencantado que encuentra una causa por la que merece la pena volver a creer en su profesión. Su personaje aporta el contrapunto humano al silencio expresivo del Coyote y permite que el filme conserve su estructura de comedia judicial.

Nostalgia víctima de su propia historia

También hay espacio para la nostalgia. La película recupera numerosos elementos de la mitología Warner y hasta introduce al doctor Lorre, personaje inspirado en el actor Peter Lorre, otro de esos guiños que pueden pasar desapercibidos para los espectadores más jóvenes pero que funcionan como recompensa para quienes conocen la historia de la compañía y sus dibujos.

Lo más curioso de todo es que el discurso de la película terminó chocando contra su propia realidad. Una historia sobre un individuo que se enfrenta a una corporación gigantesca estuvo a punto de desaparecer precisamente por una decisión corporativa. Esa coincidencia convierte a ‘Coyote vs. Acme’ en algo más que una comedia simpática: su propia existencia parece el último gag de una historia escrita por los Looney Tunes.

No es perfecta. Puede alargar algunos de sus conflictos y en determinados momentos su mezcla de géneros resulta irregular. Pero funciona porque comprende algo esencial: el Coyote no necesita ganar para que queramos verle intentarlo. Después de tantas décadas cayendo por barrancos, explotando por los aires y estampándose contra las paredes, quizá ya le tocaba ganar una batalla.

Y, sobre todo, esta película no se merece el fracaso que estuvo a punto de sufrir. Al contrario que tantos planes del Coyote, este es probablemente el mayor que ha elaborado jamás y, por una vez, merece llegar hasta el final.

Ficha de ‘Cotoye vs. ACME’

Estreno en España: 18 de septiembre de 2026. Título original: Cotoye vs. ACME. Duración: 103 min. País: EE.UU. Dirección: Dave Green. Guion: Samy Burch, Ian Frazier, James Gunn, Jeremy Slater, Samy Burch. Música: Steven Price. Fotografía: Brandon Trost. Reparto principal: Will Forte, Lana Condor, P.J. Byrne, John Cena Producción: Distribución: Beta Fictions. Género: Keylight Pictures, Troll Court Entertainment, Two Monkeys, A Goat and Another, Dead, Monkey, Warner Bros. Web oficial.

Crítica: ‘El ser querido’

En qué plataforma ver El ser querido

Bardem y Luengo: un duelo a pecho descubierto entre dos monstruos de la interpretación

Rodrigo Sorogoyen vuelve a demostrar en ‘El ser querido’ que pocos directores españoles contemporáneos poseen su capacidad para convertir una conversación aparentemente cotidiana en un campo de minas emocional y de continuo debate. La película reúne a un director de cine y a su hija actriz después de trece años de distancia, y hace del rodaje de una película en Fuerteventura el territorio donde ambos mezclan lo profesional, lo familiar y aquello que llevan demasiado tiempo sin decirse.

La primera secuencia ya funciona como declaración de intenciones. Ese encuentro en un restaurante, prolongado durante yo diría que más de diez minutos, demuestra que Sorogoyen sigue siendo un As cuando se trata de incomodar al espectador y rascar las capas de sus personajes hasta conseguir que terminen hablando a pecho descubierto. La cámara se aproxima constantemente, el espacio parece encogerse y la tensión nace tanto de lo que se dice como de lo que permanece suspendido entre ambos.

El problema es que, a diferencia de ‘As Bestas’, donde prácticamente cada escena añadía una nueva capa de violencia, amenaza o significado, aquí existe una sobrecarga de secuencias que no siempre parecen justificar su existencia narrativa. Hay momentos en los que da la impresión de que Sorogoyen se está dando un gustazo como director. Son escenas poderosas, tensas y magníficamente interpretadas, pero no necesariamente necesarias.

Cuando el cine se convierte en espejo

Da la sensación de que ‘El ser querido’ está construida alrededor de cuatro o cinco grandes secuencias extraordinariamente alargadas. Y casi todas funcionan porque Bardem y Luengo consiguen convertir cada conversación en una batalla. Sin embargo, la reiteración termina pasando factura: la conclusión a la que llegamos en los últimos compases no difiere demasiado de aquello que ya habíamos comprendido al comienzo. Sí existe una evolución en la relación entre ambos, pero no siempre una evolución equivalente en lo que la película nos cuenta sobre ellos.

Aquí adquiere especial interés una de las ideas que atraviesan el filme: que todo director introduce algo personal en sus obras. Sorogoyen parece tomarse esa premisa al pie de la letra y exteriorizar, sin casi esterilización, algunas de sus inquietudes sobre el cine, la creación, la familia, la culpa y el modo en que construimos el relato de las personas públicas.

La comparación con ‘Valor sentimental’ resulta inevitable por la figura del padre ausente, el intento de redención, el aprovechamiento de una situación profesional para recomponer una relación, la presión de los rodajes, la necesidad de sentirse realizado, los valores vitales y hasta el nepotismo… Pero la película de Joachim Trier aprovecha mejor sus minutos y desarrolla de un modo más claro toda la evolución de su discurso. Aún así hay algo especialmente interesante en que una película sobre la legitimidad de las herencias familiares esté dirigida por Sorogoyen, nieto del cineasta Antonio del Amo, y protagonizada por Javier Bardem, heredero de una de las grandes dinastías interpretativas españolas. Del Amo dirigió, entre otras películas, varias protagonizadas por Joselito; Bardem, por su parte, pertenece a una saga que arranca con Rafael Bardem y Matilde Muñoz Sampedro y continúa con Pilar Bardem.

Bardem y Luengo contra las zonas grises

Las interpretaciones son, sin duda, la principal razón para permanecer dentro de ‘El ser querido’. Javier Bardem está imponente, capaz de pasar de la arrogancia al desamparo y de la calidez a lo iracundo sin que ninguna de sus caras contradiga a las demás. Esa versatilidad permite que nuestra relación de amor y odio con su personaje vaya mudando de posición junto con la protagonista interpretada por Victoria Luengo.

Luengo no se queda atrás. Su personaje es como un gato que, llevado por la curiosidad, acerca la mano a un fuego que añora y siente cálido, aunque sabe que ese mismo fuego puede volver a quemarla. Sorogoyen la coloca en situaciones de reacción casi instintiva, como si jugara por momentos a un De Niro de ‘Taxi Driver’ y Luengo responde con una mezcla extraordinaria de visceralidad contenida y vulnerabilidad.

También resulta significativo el acercamiento lateral al conflicto saharaui a través de la película que están rodando, lo cual supongo que habrá sido aliciente para ambos actores pues siempre se han mostrado comprometidos con diversas causas de esta índole. La película no trata sobre el tema pero colocarlo en segundo plano es otra manera de mantenerlo vivo.

La herencia europea de un cine incómodo

Formalmente, además, vuelve a sentirse la influencia francesa y del cine europeo contemporáneo. Las zonas grises de la moral, tan presentes en Haneke o Dominik Moll, interesan a un Sorogoyen que convierte la película en un pulso constante de moralismos. La ausencia de música extradiegética en determinados pasajes, los planos largos y nerviosos y esa cámara que parece buscar siempre el lugar más incómodo recuerdan incluso al nervio físico de los hermanos Dardenne.

Sin duda el mercado al que va dirigido ‘El ser querido’ es el europeo. Aunque no alcanza la precisión o el impacto de ‘As Bestas’, porque a veces confunde intensidad con acumulación, Sorogoyen exhibe músculo y permite que Bardem y Luengo se miren, se hieran y se necesiten. Sin duda, en la actualidad de nuestro cine, es el cineasta que mejor sabe convertir una conversación en una herida abierta.

Ficha de ‘El ser querido’

Estreno en España: 26 de agosto de 2026. Título original: El ser querido. Duración: 135 min. País: España. Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen. Música: Olivier Arson. Fotografía: Álex de Pablo. Reparto principal: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Mourad Ouani, Raúl Prieto, Melina Matthews, Laura Birn, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Pepa Gracia, Malena Villa. Producción: Caballo Films, Movistar Plus+, El ser querido, La Pacte, Canal+, Comunidad de Madrid, Crea SGR, ICEC, ICAA, Triodos Bank. Distribución: A Contracorriente Films, Movistar Plus+. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Lanterns’

En qué plataforma ver Lanterns

Dos formas de entender el heroísmo que conviven perfectamente con la esencia de los Green Lanterns

Conviene dejar claro desde el principio que esta es una reseña del primer capítulo de ‘Lanterns’, no una valoración de la temporada completa ya que no he podido acceder a ella. Pero las ganas que tenía de abordar a estos personajes me supera.

La expectación por ‘Lanterns’ no nace con el actual DCU de James Gunn, sino que es el último capítulo de una larga historia de intentos de devolver a Green Lantern a la primera línea audiovisual. Tras el fracaso de ‘Green Lantern’ (2011), Warner anunció en 2014 ‘Green Lantern Corps’, una nueva película que llegó a plantearse alrededor de Hal Jordan y John Stewart y que estaba vinculada a la etapa del DCEU de Zack Snyder. El propio Snyder quiso introducir a John Stewart en ‘Justice League’, llegando a rodar una escena con Wayne T. Carr que finalmente fue descartada por Warner y sustituida por la aparición de Martian Manhunter en ‘Zack Snyder’s Justice League’. Poco después, en 2019, Greg Berlanti anunció una serie de ‘Green Lantern’ para HBO Max que también sufrió una larga evolución hasta terminar siendo replanteada.

Con la creación de DC Studios, James Gunn y Peter Safran recuperaron el proyecto desde una nueva perspectiva, convirtiéndolo en ‘Lanterns’, con Chris Mundy, Tom King y Damon Lindelof al frente. Por eso la serie ha tardado tantos años en llegar: no estamos ante un proyecto que haya tardado en producirse desde su anuncio actual, sino ante más de una década de intentos, reinicios y cambios de enfoque para encontrar la manera adecuada de adaptar de nuevo a Green Lantern.

La historia arranca jugando con tres momentos temporales. En 1996 conocemos al joven John Stewart, todavía creciendo bajo la influencia de un padre estricto mientras observa a Hal Jordan como la encarnación de aquello que aspira a ser. En 2016, Hal ya es su mentor y ambos investigan una inquietante presencia extraterrestre en un pequeño pueblo de Nebraska. Finalmente, en 2026, un año después de lo sucedido en ‘Superman’, encontramos a John convertido en Green Lantern de pleno derecho y actuando por su cuenta. Es una estructura que funciona porque cada salto temporal aporta información sobre la relación entre ambos. Lo lógico es pensar que los siguientes episodios se moverán fundamentalmente entre 2016 y 2026, dejando la infancia de John como una pieza puntual para comprender su personalidad.

El resultado tiene una evidente naturaleza superheroica, pero también abraza el suspense policial. De ahí las inevitables comparaciones con ‘True Detective’, una influencia que, además, no es casual: James Gunn ya había definido el proyecto como un misterio terrestre con protagonistas que funcionan prácticamente como policías intergalácticos.

Hal Jordan y John Stewart: dos maneras de entender el heroísmo

Una de las mejores decisiones de ‘Lanterns’ es presentar a sus protagonistas sin necesidad de ocultar quiénes son. Hal Jordan no no es un eascarado: es un héroe conocido, cercano a la población y con libertad para intervenir cuando existe una amenaza extraterrestre. Es una representación muy cercana a la tradición de los cómics, donde la identidad de Green Lantern no siempre necesita funcionar como un secreto.

La relación entre Hal y John es todavía más interesante. Los dos son hombres honorables y quieren hacer lo correcto, pero entienden el deber de maneras muy diferentes. Ahí aparece el eco de aquel cómic ‘Green Lantern/Green Arrow’ de Dennis O’Neil, Elliot Maggin y Neal Adams en el que el personaje podía servir para confrontar distintas formas de interpretar la justicia, la responsabilidad y el poder.

Kyle Chandler da la talla como un Hal Jordan crepuscular, veterano y algo irreverente. Su actitud transmite el cansancio de alguien que lleva décadas desempeñando un trabajo extraordinario prácticamente en solitario. Vemos básicamente el desgaste de un héroe que ha vivido demasiado tiempo dentro de su propia leyenda.

Aaron Pierre encaja magníficamente con la rigidez de John Stewart. Tiene el porte, la mirada y esa sensación de disciplina contenida que asociamos al personaje en las viñetas. Y hay un concepto fundamental que atraviesa el episodio: el miedo. Para un Green Lantern, vencerlo no es una simple cuestión de valentía, sino parte de la esencia misma del personaje. La serie acierta en tratar esto constantemente y los actores han sabido incorporarlo a sus interpretaciones.

De momento las pistas van solo para los más cafeteros

Por el momento nos dan alguna pista de qué tipo de problemas van a encontrarse estos héroes en su aventura por la América cerrada. Pero solo aquellos que estén bien empapados de las historias de Green Lantern sabrán ver bien quién es el auténtico enemigo a batir en esta primera temporada. De hecho, los tráilers ya nos daban buenas pistas.

Por lo que deja entrever este primer capítulo, entre Jordan y Stewart también habrá espacio para una relación de rivalidad, admiración y cierto amor-odio que conecta directamente con la tradición de los cómics. Cuando John Stewart apareció por primera vez en ‘Green Lantern’ #87, en 1971, fue elegido como sustituto de Hal y el propio Jordan recibió el encargo de entrenarlo, aunque desde el principio desconfió de sus métodos y de su actitud frente a la autoridad. Con el tiempo, aquella relación pasó de la desconfianza inicial a convertirse en una auténtica camaradería, hasta el punto de que ambos han llegado a compartir el peso del legado de Green Lantern en diferentes etapas.

‘Lanterns’ parece recuperar esa dinámica, pero introduciendo una diferencia fundamental: todo apunta a que el gran protagonista de este nuevo DCU será John Stewart. Eso no significa, sin embargo, que vayamos a despedirnos de Hal Jordan. Al contrario, el primer capítulo deja claro que su presencia seguirá siendo determinante y que, incluso después de su muerte, podría continuar guiando a John a través de un peculiar “halograma”, una suerte de holograma que recuerda inevitablemente al papel que desempeñaba Jor-El con Superman. De esta manera, Hal puede convertirse en algo más que el mentor del nuevo Lantern: en la figura que representa el pasado del Cuerpo mientras John encarna su futuro. Una relación que, si la serie sabe desarrollarla, puede ser uno de sus grandes atractivos.

El peso de su historia y un futuro prometedor

No es casualidad que detrás de ‘Lanterns’ estén Tom King, Chris Mundy y Damon Lindelof. King aporta su experiencia como uno de los grandes guionistas contemporáneos de DC y autor de obras magnas, acostumbrado a utilizar los superhéroes para hablar de identidad, trauma y humanidad.  Mundy, responsable de ‘Ozark’, sabe construir tensión criminal y personajes sometidos a una presión constante.  Y Lindelof, creador de ‘Lost’, ‘The Leftovers’ y ‘Watchmen’, conoce perfectamente el misterio serializado y la capacidad de convertir una historia fantástica en un relato sobre personas.

El primer capítulo demuestra que la mezcla puede funcionar. Incluso cuando abraza el misterio, nunca pierde completamente la identidad superheroica. Y el destino de Hal Jordan deja claro que la serie no piensa limitarse a recuperar una franquicia: quiere utilizarla para construir un misterio con consecuencias.

Un último detalle especialmente interesante para el público español aparece al final de los créditos: el sello del Ministerio de Cultura. La explicación está en la participación de empresas españolas en la producción de efectos visuales, entre ellas El Ranchito, que figura entre las compañías encargadas de los VFX de la serie y que ha promocionado expresamente su trabajo en ‘Lanterns’.

Crítica: ‘Spider-Man: Brand New Day’

En qué plataforma ver Spider-Man: Brand New Day

Una fresca y nueva perspectiva a través del Spider-Man más solitario, pero a la vez el más multitudinario

Tras el terremoto emocional de ‘Spider-Man: No Way Home’, parecía evidente que el siguiente paso del Peter Parker de Tom Holland debía ser mirar hacia dentro antes que hacia el multiverso. ‘Spider-Man: Brand New Day’, dirigida por Destin Daniel Cretton, entiende perfectamente esa necesidad y construye un relato donde la melancolía pesa tanto como la acción. No llega a convertirse en una película oscura, pero sí adopta un tono más tenebroso y adulto que el de entregas anteriores, explorando la soledad del héroe derivada del conjuro que hizo que el mundo olvidara quién es realmente Peter Parker. Y ese enfoque, para mí es de las mejores bazas de este filme.

Nada más comenzar, el largometraje rompe una de las principales expectativas que había generado su campaña promocional. Como muchos sospechábamos, prácticamente todo el material más espectacular del tráiler pertenece a la secuencia de apertura. Las imágenes que recreaban viñetas míticas del cómic y ese desfile de villanos que prometía una amenaza coral se concentran en esos primeros minutos. Es una decisión inteligente porque prepara al espectador para descubrir que, en realidad, esta vez no existe un gran supervillano central que monopolice el conflicto.

De paso, la película desmonta buena parte de las teorías conspirativas que inundaron las redes sociales durante meses. Aquellos autoproclamados «expertos» que aseguraban que Sony había eliminado personajes del tráiler o escondía medio reparto han visto cómo todas sus predicciones se desmoronan. Quizá sirva para que muchos aficionados aprendan a distinguir entre quienes analizan el cine por amor al arte y quienes simplemente alimentan el algoritmo con especulaciones sin fundamento en busca de notoriedad y autobombo.

Un puente emocionante hacia el futuro… que a veces frena demasiado

Uno de los grandes aciertos del libreto consiste en recuperar la esencia científica de Spider-Man. Peter va enlazando encuentros, experimentos y situaciones donde la pseudociencia vuelve a desempeñar un papel fundamental, recuperando una tradición muy arraigada en los cómics del personaje. A ello se suma un equilibrio bastante conseguido entre la tristeza que provoca el recuerdo de MJ (Zendaya) y el humor característico del protagonista. Peter ha madurado, pero sigue echando de menos su etapa estudiantil, sus amigos y ese punto friki que siempre ha definido al personaje y que más aflora cuando está con Ned (Jacob Batalon).

Las escenas de acción también merecen una mención especial. Los balanceos por Nueva York y varias coreografías parecen diseñadas pensando directamente en quienes han disfrutado de los videojuegos recientes del personaje. Hay movimientos, encuadres y persecuciones que recuerdan claramente a esa forma tan dinámica de entender al trepamuros.

Sin embargo, donde la película deja una sensación más agridulce es en su incapacidad para culminar dos ideas realmente prometedoras. No porque vayan demasiado lejos, sino precisamente porque se quedan a medio camino.

La primera tiene que ver con los mutantes. Marvel y Sony rozan un terreno apasionante (además de recordarnos a la película ‘Fallen’), pero pisan el freno justo cuando parecía que iban a cruzar una línea importante. Jean Grey aparece (el secreto que hace tiempo que dejó de serlo) y su reinterpretación resulta muy distinta tanto para ella como para otro personaje relacionado con esa trama. Da la impresión de que Marvel Studios y los acuerdos entre compañías han preferido reservar determinadas sorpresas para producciones completamente controladas por el estudio marvelita.

La segunda oportunidad desaprovechada afecta al propio Spider-Man. Se insinúa una evolución física del héroe que podría haber acercado la historia a terrenos próximos al body horror que en su día tampoco culminó Sam Raimi, pero nuevamente la película opta por detenerse antes de cruzar ese umbral. Es fácil imaginar que Sony haya considerado que ese camino podría resultar demasiado extremo para una versión cinematográfica tan popular del personaje, pero habría estado bien aproximarse a cómics como ‘The Spectacular Spider-Man’, ‘The Other: Evolve or Die’ o ‘Mutant Agenda’.

Una película de transición marvelita pero con personalidad propia

Aunque funciona claramente como puente hacia acontecimientos futuros del Universo Cinematográfico Marvel, ‘Spider-Man: Brand New Day’ consigue evitar convertirse únicamente en un episodio de transición. Incluso encuentra tiempo para desarrollar una idea sorprendentemente original alrededor de una palabra recurrente durante el relato, construyendo una especie de pequeño ‘Ciudadano Kane’ que aporta un giro diferente dentro del cine superheróico.

No todo funciona con la misma precisión. Hay varias secuencias cuya resolución transmite cierta sensación de improvisación, especialmente una situada inmediatamente después del clímax principal, donde parece que el montaje no encuentra la mejor forma de cerrar lo que acaba de ocurrir.

Destin Daniel Cretton vuelve a demostrar la sensibilidad narrativa que ya había exhibido en ‘Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos’ o en ‘Wonder Man’. El director mantiene además un perfil especialmente interesante dentro de Marvel. Conviene mantenerle en nuestro punto de mira por eso y por ser el encargado del esperado live action de ‘Naruto’.

Entre los numerosos guiños para los aficionados destaca también la dedicatoria final a Gerry Conway, creador de The Punisher aquí interpretado nueva mente por Jon Bernthal. El homenaje resulta especialmente apropiado si recordamos que El Castigador debutó precisamente en las páginas de un cómic de Spider-Man.

Puede que ‘Spider-Man: Brand New Day’ no alcance el impacto emocional que tuvieron en su día algunas películas de Tobey MaGuire o Andrew Garfield, ni se atreva a desarrollar todas las ideas que plantea, pero sí ofrece una evolución coherente del personaje. Combina entretenimiento con melancolía y deja preparado un tablero que promete movimientos muy interesantes en el futuro del MCU.

Como añadido final y avisando de spoilers he de mencionar la escena post-créditos. Se nos avisa de la presencia de Spider-Man en el espacio exterior. Por supuesto, correrán, ríos de tinta y ahora serán todo teorías. Así es que podemos imaginar que este Spider-Man que hemos visto pertenece a otro universo, que va a recibir la visita de un equivalente de un universo paralelo o incluso podría tratarse de 2099, el Spider-Man, que veremos en la nueva película animada que cerrará la trilogía de Miles Morales, aunque este realmente de lo que viene es del futuro. Lo más probable es que tenga que ver con lo que va a pasar en ‘Secret Wars’. Pero ya sabéis que con una semillita como esta muchos sacarán oro.

Ficha de ‘Spider-Man: Brand New Day’

Estreno en España: 29 de julio de 2026. Título original: Spider-Man: Brand New Day. Duración: 144 min. País: EE.UU. Dirección: Destin Cretton. Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Justin Kuritzkes. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Brett Pawlak. Reparto principal: Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Sadie Sink, Jon Bernthal, Mark Ruffalo. Producción: Columbia Pictures, Marvel Studios, Pascal Pictures, Sony Pictures. Distribución: Sony Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Stuart no consigue salvar el universo’

En qué plataforma ver Stuart no consigue salvar el universo

Todo un laboratorio de posibilidades

Cuando se anunció que Stuart Bloom sería el protagonista de un nuevo spin off de ‘The Big Bang Theory’, pocos podían imaginar que la franquicia optaría por abandonar casi todas las convenciones que la hicieron mundialmente popular. Al contrario que ‘El joven Sheldon’, ‘Stuart no consigue salvar el universo’ no intenta repetir la fórmula de la sitcom original. Al contrario. La utiliza como punto de partida para lanzarse a un experimento mucho más ambicioso, extraño y, sobre todo, imprevisible.

La premisa de esta nueva serie, que se puede ver si haber visto la original y que se estrena el 23 de julio, es tan sencilla como efectiva. Una cadena de acontecimientos provoca que Stuart deba recorrer diferentes universos alternativos tratando de reparar un desastre que amenaza la realidad. A partir de ahí, la serie se convierte en un festival de ideas donde prácticamente cualquier escenario es posible.

Cada episodio propone un nuevo mundo con reglas completamente distintas. Lo mismo visitamos una sociedad postapocalíptica propia del mejor cine de ciencia ficción que un siglo XXI gobernado por la magia, una civilización completamente vegana o una delirante distopía donde las multas por pronunciar determinadas palabras (en un evidente guiño a ‘Demolition Man’) se llevan hasta consecuencias absolutamente absurdas.

Las referencias que se me vienen a la cabeza

Lo interesante es que la serie nunca se toma demasiado en serio. Cada realidad sirve tanto para desarrollar una aventura como para satirizar aspectos de nuestra sociedad, del fandom o incluso de la propia cultura popular.

Muchos establecerán inevitablemente comparaciones con ‘Doctor Who’, especialmente por la estructura de viajes entre realidades y el tono fantástico que adopta en determinados momentos. Sin embargo, la referencia que realmente viene a la cabeza es ‘Sliders’ (‘Salto al infinito’). Igual que ocurría en aquella reivindicable producción de los años noventa, los protagonistas saltan de una realidad alternativa a otra intentando regresar a su mundo original, lo que permite reinventar completamente el escenario en cada capítulo.

La conexión resulta incluso simpática si recordamos que en ‘Sliders’ participaba Jerry O’Connell, a quien muchos recuerdan por compartir reparto con Wil Wheaton en ‘Stand by Me’. Precisamente Wil Wheaton terminó convirtiéndose en uno de los cameos más recurrentes y divertidos de ‘The Big Bang Theory’, ejerciendo casi siempre como el gran dolor de cabeza de Sheldon Cooper.

Un cambio de tono que demuestra que la franquicia todavía tenía margen para sorprender

Lo primero que llama la atención es que desaparecen las risas enlatadas. Esa simple decisión transforma completamente la experiencia. La serie deja de sentirse como una sitcom tradicional para acercarse más a una aventura de ciencia ficción con abundantes dosis de humor y por supuesto mayor número de planos.

También nos congratulan con la presencia de momentos sorprendentemente sangrientos, algo completamente impensable en la serie matriz. No llega a convertirse en una producción especialmente violenta, pero sí demuestra que sus responsables buscan explorar territorios narrativos diferentes.

Aun así, el ADN de ‘The Big Bang Theory’ continúa presente. Siguen apareciendo cameos, referencias científicas y constantes guiños al mundo del cómic, los videojuegos, el cine y la televisión. Toda la narración gira alrededor de esa mezcla entre divulgación científica y cultura popular que siempre definió a la franquicia.

Resulta especialmente simpático comprobar cómo algunos objetos del decorado esconden referencias visuales a personajes y acontecimientos de la serie original, mientras determinados episodios incluyen pequeños detalles destinados únicamente a los espectadores más observadores.

Mención aparte merece la magnífica cabecera compuesta por Danny Elfman. Quizá no sea una melodía especialmente pegadiza, pero sí transmite perfectamente esa sensación de rareza permanente que envuelve toda la serie. Además, los títulos de apertura incorporan pequeñas variaciones visuales y mensajes ocultos entre episodios, un detalle que invita a prestar atención incluso antes de comenzar cada aventura.

Una serie tremendamente entretenida… con un desenlace demasiado prudente

‘Stuart no consigue salvar el universo’ funciona porque entiende perfectamente cuál es su objetivo. No pretende revolucionar la televisión ni construir complejas reflexiones filosóficas sobre el multiverso. Quiere divertir. Y lo consigue con enorme facilidad.

Cada episodio termina despertando la curiosidad por descubrir cuál será la siguiente realidad absurda, qué nuevo cameo aparecerá o hasta dónde estarán dispuestos a llevar una idea aparentemente imposible. Esa sensación convierte la serie en un producto francamente adictivo que invita a encadenar capítulos casi sin darse cuenta.

Precisamente esa capacidad para reinventarse constantemente es su mayor virtud. Nunca sabemos qué clase de universo visitaremos a continuación ni qué referencias cinematográficas, científicas o comiqueras aparecerán escondidas entre los diálogos.

Por desgracia, esa valentía desaparece parcialmente en el desenlace. El final resulta bastante flojo y transmite la sensación de que sus responsables prefieren dejar múltiples puertas abiertas antes que ofrecer una conclusión realmente satisfactoria. Se percibe claramente como un intento de mantener viva la posibilidad de futuras temporadas si la recepción del público acompaña.

No arruina el viaje, porque el recorrido continúa siendo enormemente divertido, pero sí deja un pequeño sabor a oportunidad desaprovechada. Quizá sea el único momento donde la serie parece contenerse cuando durante el resto del trayecto había demostrado no tener miedo a abrazar el disparate más absoluto.

En cualquier caso, este spin off confirma que el universo de ‘The Big Bang Theory’ todavía podía ofrecer propuestas inesperadas. No busca sustituir a la serie original, sino demostrar que sus personajes todavía pueden protagonizar historias completamente diferentes sin perder su esencia. Y eso, en una franquicia tan conocida, ya es un mérito considerable.

Crítica: ‘La Odisea’

En qué plataforma ver La Odisea

A pesar de los años que tiene La Odisea, Nolan consigue extraerle una nueva interpretación

Han pasado unos 28 siglos desde que Homero escribió ‘La Odisea’. Desde entonces es una obra que sirve de molde, patrón o inspiración para gran parte de las historias que conocemos en lo que respecta al viaje y retorno del héroe. Si nos ceñimos al cine ha pasado más de un siglo desde que se publicó la primera película inspirada en tan magna obra. Fue F. Bertolini en 1911 quien en clave de cine mudo nos contaba la historia. Tiempo después vimos la película que protagonizó Armand Assante en dos partes, la recientemente protagonizada por Ralph Fiennes… Es difícil enumerar todas las que han precedido a esta película que prácticamente es un evento.

Había una parte del público que parecía haber decidido odiar ‘La Odisea’ antes incluso de verla. El reparto, algunas decisiones de casting y la mera idea de que Christopher Nolan adaptara uno de los pilares de la literatura occidental habían generado un rechazo previo que, tras ver el resultado, resulta difícil sostener. No estamos ante una película que reinvente el relato de Homero ni que pretenda desmontar el mito para convertirlo en otra cosa. Tampoco busca una revisión posmoderna ni una actualización política evidente. Y precisamente ahí reside una de sus mayores virtudes.

Nolan opta por una estructura fragmentada, coherente con el resto de su filmografía, pero sin convertirla en un rompecabezas. El punto de partida es especialmente interesante: Odiseo permanece en la isla de Calipso afectado por una amnesia (una licencia narrativa respecto al poema original) y es a través de recuerdos, testimonios y diferentes líneas argumentales como el espectador recompone el viaje. No toda la película mantiene esa estructura retrospectiva, ya que, llegado un determinado momento, el relato se instala definitivamente en el presente y avanza hacia el desenlace, mientras otros personajes adquieren un protagonismo poco habitual en adaptaciones anteriores. Ese equilibrio entre el misterio inicial y la progresión clásica funciona con notable eficacia y evita que el montaje termine devorando la emoción.

Más allá de Troya: el verdadero peso del héroe

Lo más interesante de ‘La Odisea’ es que Nolan no parece especialmente interesado en la Guerra de Troya, lo cual también tiene su lógica. Lo que realmente le fascina es aquello que la concluyó y lo que vino después. La película convierte el célebre caballo en mucho más que una estratagema militar. Según plantea el director, aquel engaño supuso la ruptura definitiva entre hombres y dioses, el momento en que una civilización decidió traicionar unas reglas sagradas que habían sostenido su equilibrio durante siglos.

A la Odisea se le pueden extraer multitud de lecturas y siempre será retomada por uno u otro director. Está claro que la época puede marcar la adaptación y en este caso Nolan, sin dejarse influir excesivamente por tantas películas que establecen paralelismos con nuestra realidad se centra en algo que a mí por lo menos no se me había ocurrido. El caballo de Troya actúa aquí como un auténtico troyano moral que destruye desde dentro y cual efecto mariposa el sistema de valores sobre el que descansaba aquel mundo. A partir de esa decisión, todo el Mediterráneo entra en un efecto dominó del que ya no existe retorno. No es tanto una reflexión sobre nuestro presente como un recordatorio de que cualquier civilización está condenada a repetir los mismos errores cuando olvida los principios que la sostienen.

Si sumamos esto a que Odiseo sabe y comprende que, haga lo que haga, únicamente él llegará al destino final. Todos los demás quedarán atrás, víctimas de decisiones que comenzaron mucho antes de embarcarse hacia Ítaca. La película encuentra así una dimensión melancólica muy poderosa, alejándose del simple relato de aventuras.

Nolan siempre nos ofrece algo diferente y visualmente tampoco decepciona. Están los el gigantes, un cíclope, el remolino de Caribdis, secuencias de la caída de Troya… Quizás a muchos decepcione el diseño de estas escenas o personajes, pero por ejemplo no hay nada que reprochar al diseño de vestuario. Si Nolan ya nos dejó alucinados con la bomba de Oppenheimer aquí la magnitud se le ha ido de las manos al recrear al cíclope con una marioneta de seis metros de altura.

Un reparto desigual y una escena inolvidable

Mucho gigante, remolino, batalla de Troya y cíclope, pero la escena con la que me quedo es la de Circe con Samantha Morton. Nolan se pasa al body horror con este fragmento que tiene un momento plástico, agobiante e hipnótico.

La secuencia de Circe supone probablemente el momento más sorprendente de toda la película. Samantha Morton ofrece una interpretación hipnótica en una escena donde Nolan se aproxima al body horror con una elegancia visual inesperada. Es un pasaje plástico, incómodo y absorbente que rompe durante unos minutos el tono épico para introducir una pesadilla casi física. No resulta extraño que haya sido una de las interpretaciones más elogiadas desde los primeros pases del filme.

Matt Damon encuentra el equilibrio perfecto entre la astucia legendaria y el inmenso cansancio emocional de Odiseo. Anne Hathaway construye una Penélope desesperada y resistente sin caer nunca en el victimismo. Robert Pattinson compone un personaje despreciable con enorme convicción, mientras John Leguizamo sorprende muy positivamente como Eumeo, protagonizando algunos de los momentos más emotivos de toda la historia.

También conviene acallar las críticas previas hacia la presencia de Elliot Page. Quienes llevaban meses utilizando su participación como argumento contra la película sencillamente se quedan sin razones. Si hay una decisión discutible dentro del reparto, probablemente sea el tratamiento que recibe Lupita Nyong’o como Helena de Troya. No es ni de lejos por el color de su piel o por su belleza, sino por un giro argumental con licencia de regalo que sin duda generará debate entre los espectadores.

Paradójicamente, quienes salen peor parados son tres intérpretes que coinciden también en ‘Spider-Man: Brand New Day’. Zendaya nunca termina de convencer como la versión sabia e imponente de Atenea, Jon Bernthal interpreta a Menelao con unos registros demasiado cercanos a su habitual Punisher y Tom Holland, aun estando correcto, afronta un par de escenas que exigían una presencia dramática mayor de la que consigue transmitir.

¿Hay que verla en IMAX?

Nolan ha diseñado buena parte de su puesta en escena para verla en este formato y no hacerlo no debería invalidar cualquier opinión con respecto a lo técnico. Hay que reconocer que la enorme resolución del negativo de 70 mm, la profundidad del encuadre y la espectacular relación de aspecto permiten apreciar con una claridad extraordinaria tanto la inmensidad de los paisajes como el nivel de detalle de las secuencias más ambiciosas. Escenas como el encierro con el cíclope, la huida por el bosque e incluso el claustrofóbico enfrentamiento final merecen una escala grande, mientras que los momentos más íntimos también se benefician de una definición y una textura difíciles de replicar en otros formatos. En una película donde la sensación de viaje y de inmensidad forma parte esencial de la experiencia, verla en IMAX de 70 mm no es un simple lujo para cinéfilos, sino la forma más cercana de experimentar exactamente la visión que Nolan concibió para el espectador.

No hay una ocasión mejor para recomendaros ver esta película en un cine IMAX. Y es que el filme ha quedado por último dedicado a la memoria del fallecido David Keighley, que es quién asesoró y garantizó la tecnología IMAX para las películas de Nolan.

Ficha de ‘La Odisea’

Estreno en España: 17 de julio de 2026. Título original: The Oddysey. Duración: 172 min. País: Reino Unido. Dirección: Christopher Nolan. Guion: Christopher Nolan. Música: Ludwig Göransson. Fotografía: Hoyte van Hoytema. Reparto principal: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya, Charlize Theron, Elliot Page. Producción: Universal Pictres, Syncopy, Wildside. Distribución: Universal Pictures. Género: aventura, adaptación. Web oficial.

Crítica de la segunda temporada de ‘Avatar. La leyenda de Aang’

En qué plataforma ver Avatar La Leyenda de Aang T2

La fuerza de la amistad lograra encaminar a Aang

Qué ganas tenía de poder hablaros de la segunda temporada de ‘Avatar: La leyenda de Aang’. Y es que como fan de la serie de animación, admito que estoy disfrutando como una enana este nuevo live action que llega a Netflix este 25 de junio de 2026.

Ya os comenté en su día que la primera temporada era una maravilla para los fans y sin duda un gran descubrimiento para los nuevos espectadores. Y sigo con la misma opinión y es que sin duda se nota mucho el cariño con el que tratan esta historia.

Nuevos compañeros de viaje y mucha más acción

Después de una pequeña batalla ganada, seguimos a Aang, Katara y Sokka camino hacia Ba Sing Se, hogar del Rey de la Tierra. En su viaje se encuentran a Toph, una joven invidente maestra de Tierra que se va a convertir en la maestra de nuestro héroe. Juntos tendrán que lidiar para que la Nación del Fuego no llegue a las imponentes murallas de la Ba Sing Se.

Admito que toda esta parte en la serie de animación me encanta y han logrado condensarla muy bien y contar todo con bastante detalle. Como siempre, está adaptado y hay algún detalle que se escapa, pero para puristas de la serie de animación. Me ha parecido una temporada bastante buena, llena de acción, con muchos conflictos entre los personajes que solo la amistad logrará calma.

Al final, ‘Avatar: La leyenda de Aang’, trata también el tema de la amistad, de como el Avatar, además de intentar salvar el mundo, debe darse cuenta de lo importante que no es hacerlo solo. De que los compañeros que le acompañan son de gran importancia y que todas las personas que aparecen durante este viaje son importantes para aprender. Ya sean cosas buenas o malas, pero el aprendizaje es importantísimo para lograr su objetivo.

Un casting perfecto para una adaptación impecable

Sin duda, el casting es tremendamente bueno. Gordon Cormier, el encargado de dar vida a Aang, ha crecido, pero esto podría ser un error en otro tipo de historias, pero aquí sabemos que está pasando el tiempo. Los viajes no se hacen en 4 días, pese a que vayan montados en Appa.

Kiawenttio, Ian Ousley, Dallas Liu y Paul Sun-Hyung Lee, Katara, Sokka, Zuko y El tío Iroh, respectivamente, van evolucionando, también crecen, pero no de manera física, sino psíquica. Cada uno va viendo que camino escoger y como quiere seguirlo.

Miyako, es la encargada de dar vida a Toph Beifong, un personaje que me encanta. Sin duda es de mis favoritas. Y la actriz logra adentrarse en el alma del personaje y hacerlo suyo. Me gusta mucho, además es de los mejores caracterizados, con ese peinado tan complejo que tiene el personaje. Y su personalidad arrolladora, la clava desde el minuto uno.

Quizás, al menos en mi opinión, el fallo de casting o más bien, a la hora de darle vida, es el casting de Azula. No creo que la actriz (Elizabeth Yu) sea mala, si no más bien, creo que es la dirección de este personaje. Lo dicho, siendo fan de la serie, creo que Azula debería estar un poco más loca, aquí la veo menos perturbada de lo habitual. Se que es en la siguiente temporada donde ya todo se magnifíca, pero aun así, creo que la evolución debería de comenzarse a ver en esta. Pero, quizás haya que esperar un poquito más para verla en todo su esplendor.

Un conjunto de buen trabajo en todos los ámbitos

Y con esto me refiero a que la producción de la serie es fascinante. Uno de sus puntos fuertes es el CGI que me parece algo digno de mencionar. La escena de la serpiente marina es increíble y por supuesto las luchas entre todos ellos, con los diferentes elementos están muy bien trabajadas.

Y ya no solo a este nivel técnico, sino también todo el conjunto de maquillaje, vestuario, localizaciones, están tan estudiadas y nos lleva directamente a los escenarios de la serie de animación.

Conclusiones

Estoy deseando que llegue el desenlace de la serie, no porque quiero que termine, todo lo contrario, pero si que me encantaría que después de esto, se metan en la serie de ‘La leyenda de Korra’ y poder seguir con este mundo que tanto me gusta. ‘Avatar. La leyenda de Aang’ me parece una gran adaptación, una gran nueva serie para quien no conoce la serie de animación y todo su conjunto me parece perfecto. La tercera temporada sin duda va a ser apoteósica y solo puedo recomendaros la serie de animación y por supuesto ‘La leyenda de Korra’.

Crítica: ‘Supergirl’

En qué plataforma ver Supergirl

Adapta con acierto el cómic de Tom King, aunque pierde parte de su magia

Después del nuevo Superman, el universo DC vuelve a apostar por una adaptación sorprendentemente fiel a las viñetas. ‘Supergirl’, dirigida por Craig Gillespie, toma como base el extraordinario cómic ‘Supergirl: Woman of Tomorrow’ de Tom King y Bilquis Evely y, aunque introduce modificaciones importantes, mantiene intacto aquello que convertía a aquella obra en algo especial: una mezcla de space ópera, relato de iniciación, tragedia y western de venganza con ecos de ‘Valor de ley’.

Lo primero que llama la atención es que la película no pierde tiempo. Apenas cinco minutos bastan para poner en marcha la historia antes de lanzarnos de lleno a la aventura. Los flashbacks llegarán después para completar el retrato emocional de Kara Zor-El, pero la narración tiene una vocación claramente directa y eficaz.

Además, esta no es la Supergirl que muchos espectadores recuerdan de la versión de 1984 protagonizada por Helen Slater. Aquí nos encontramos con una kryptoniana mucho más cercana al espíritu del Hancock de Will Smith. La veréis orinando, sufriendo resacas, sangrando y repitiendo errores. Es una heroína que conserva una sólida brújula moral, pero que está lejos de la imagen tradicionalmente angelical e inocente. La explicación tiene sentido dentro del propio universo DC. Kara vivió experiencias traumáticas que Superman jamás tuvo que soportar, observando la destrucción de todo lo que conocía antes de llegar a la Tierra. Esa carga emocional impregna las decisiones del filme y ayuda a justificar un carácter áspero, irreverente y profundamente cansado del mundo.

Entre la fidelidad al cómic y unas concesiones discutibles

La mayor satisfacción para cualquier lector de la obra original es comprobar que la trama principal sigue siendo esencialmente la misma. Ruthye continúa siendo el corazón emocional del relato y la persecución de Krem mantiene esa estructura itinerante que convierte la historia en un viaje físico y moral.

Sin embargo, también es donde aparecen las principales diferencias. La primera tiene que ver con los planetas que visitan las protagonistas. En el cómic, cada parada aportaba personalidad propia, imaginación visual y un nuevo matiz a la relación entre ambas. Era un despliegue constante de creatividad que por otro lado hacía crecer la tensión dramática. La película conserva parte de esa esencia, pero reduce considerablemente la riqueza y variedad de aquellos escenarios. Por otro lado el tratamiento estético ha cambiado notablemente y donde antes había tintes medievales e incluso un caballo ahora hay naves espaciales por doquier y una gran cantidad de extraterrestres feos.

La segunda modificación afecta al desenlace. Sin entrar en spoilers, funcionaba mejor el golpe final del cómic. Allí resultaba perfectamente calculado, mucho más emotivo y en la línea de la personalidad de las protagonistas. El largometraje mantiene de soslayo la intención pero al disponer de un epílogo tan corto como su prólogo se ha suprimido aquello que Tom King ideó para la conclusión.

También encontramos como novedad la incorporación de Lobo, una presencia inexistente en la obra de King y Evely. Sobre el papel podría parecer una concesión comercial y así es, pero además su integración resulta razonablemente natural siendo como es un cazarrecompensas y además sirve para aportar energía en momentos concretos.

Las peleas que son más palizas que peleas

Otro aspecto que seguramente volverá a dividir al público es algo que ya ocurrió con ‘Superman’: Kara recibe una cantidad considerable de palizas. Hay espectadores que siguen esperando personajes prácticamente invulnerables y eso lo tendrán en ‘Supergirl’. Pero va precedido de derrotas que lejos de estar injustificadas tienen una razón narrativa. Ningún golpe es gratuito. Cada vez que Kara muerde el polvo existe una justificación dramática o estratégica detrás. La película entiende perfectamente que la invencibilidad es una herramienta narrativa mucho menos interesante que la vulnerabilidad y que además, como habéis visto en el tráiler, esta puede ser voluntaria.

Milly Alcock sostiene una película disfrutable

Aunque a que a muchos les pese Milly Alcock encarna bien la Supergirl en la que se basa. La actriz ha captado la esencia del personaje creado por King y Evely, pero además incorpora elementos que parecen heredados directamente de ‘Yo, Tonya’, probablemente la obra más conocida de Craig Gillespie. Su Kara es descarada, grosera, impulsiva y sarcástica, pero también profundamente empática cuando la situación lo requiere. Sin llegar a serlo del todo hay momentos en el que roza la esencia del antihéroe.

Ese equilibrio entre drama y acción sostiene buena parte del metraje, sin abusar de la comedia y sin hacer colindar el filme con ‘Guardianes de la Galaxia’. Alcock funciona especialmente bien cuando la película explora el peso del legado kryptoniano y las heridas emocionales que arrastra la protagonista. Alcock consigue que la dureza exterior nunca oculte completamente la fragilidad interior.

Sin olvidar a James Gunn

Ya no es que David Corenswet esté presente, es que también lo están los momentos musicales tan característicos del universo de Gunn. Esta película es un híbrido de directores como ya se auguraba. Pero esos instantes de acción y música popular no siempre terminan de encajar. De hecho, curiosamente, es cuando aparece Jason Momoa como Lobo cuando mejor funcionan. Y no es casualidad.

Momoa expresó durante años públicamente su deseo de encarnarlo y resulta inevitable pensar que quizá este era el papel que debía haber interpretado desde el principio en DC, incluso con Zack Snyder. Su participación es más extensa de lo que muchos lectores del cómic podían esperar y aunque su función dentro de la trama principal es anecdótica, cada aparición aporta carisma, humor y una inyección de energía muy necesaria. En más de una ocasión consigue levantar secuencias enteras simplemente con su presencia.

Ficha de ‘Supergirl’

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Supergirl. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Craig Gillespie. Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira. Música: Claudia Sarne. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Milly Alcock, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts, David Corenswet. Producción: DC Studios, The Safran Company, Troll Court Entertainment. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Obsession’

En qué plataforma ver Obsession

Terror y comedia se unen para darnos una de las mejores películas del año

Los Simpson siempre han logrado grandes cosas y sin duda lograr influir en la cultura actual es una de ellas. Y os cuento todo esto, porque ‘Obsesión’ viene de una de las historias de ‘La casa-arbol del terror II’, capítulo en el que Homer consigue una mano de mono que cumple deseos.

Aquí no tenemos mano de mono, tenemos otro objeto que hará que el deseo de nuestro protagonista se haga real y consiga sus sueños, o no.

Una premisa ya muy machacada y aun así logra sorprender

Sin duda es lo bueno de ‘Obsession’, que, aunque sepamos de sobra que los deseos nunca hay que pedirlos a la ligera, se sigue haciendo. Y aun así sabemos que no va a salir bien. Bear desencadena un hechizo hacia Nikki, su amor platónico y esta se convertirá en su sombra.

Una historia contada mil veces, una historia donde el amor puede llegar a ser terrorífico si no se controla y sobre todo si llega a convertirse en algo demasiado controlador.

Me gusta como Curry Barker cuenta esta historia, una historia en la que los humanos hacen cosas de humanos sin mirar las consecuencias. Pero no juzga, deja al espectador que juzgue y tenga su propio debate al salir de la sala de cine. Aunque sepamos de sobra quien es el verdadero villano de la película, aun así, nos planta cuatro personajes nada agradables para que tampoco les cojas demasiado cariño a ninguno.

De Youtube a las grandes salas

Curry Barker, es un comediante famoso por sus sketches en su canal de youtube (That’s a bad idea) que ha pasado a convertirse en una de las revelaciones del cine de terror con ‘Obsesión’. Aunque ya antes había creado ‘Milk & Serial’ que lanzó gratuitamente en Youtube. Con ‘Obsession’ logra crear una atmósfera terrorífica pero no se olvida del humor que le caracteriza. Y eso es muy difícil de mantener y lo consigue de manera fluida y sin llegar al ridículo.

Todo ello es gracias al buen guion, que también llega de su mano y por supuesto a los actores que logran mantener la entereza desde el minuto uno. Michael Johnston, es Bear un chico débil, bastante sentimental y también retraído, el cual va evolucionando y desquiciándose según avanza la cinta.

Inde Navarrete, es la encargada de dar vida a Nikky, nos muestra una chica con bastante carácter que en segundos cambia y crea una verdadera pesadilla para todos los que están cerca. Sin duda, estamos ante uno de los grandes papeles del año y es que la actriz está increíble.

Cooper Tomlinson y Megan Lawless, son los otros dos miembros de la pandilla y consiguen mantener esa realidad viendo todo lo que está ocurriéndoles a sus amigos.

Diseño y fotografía vintage

Taylor Clemons es el encargado de la fotografía y es magnífico el trabajo que realiza. Trabajar con tantas sombras, los contraluces que hace dan bastante mal royo y los utilizan bastante bien. Es una película que no utiliza grandes sustos y logra crear malas sensaciones muchas veces gracias a las sombras creadas por Taylor Clemons.

Otro de los puntos fuertes de la película es el diseño de producción, lleno de detalles. La película está ambientada en la actualidad, pero todo lo que tenemos alrededor es bastante vintage, desde la casa donde vive Bear. La antigua casa de su abuela que ni siquiera ha perdido el tiempo en vaciarla o ponerla a su gusto. Algo que nos demuestra la dejadez de este chico hacia la vida. Todo está cuidado hasta el mínimo detalle para que veamos como son nuestros protagonistas y como parecen anclados a un lugar en el que no quieren estar.

Conclusiones

‘Obsesión’ es de estas películas que hay que ver en el cine con gente, disfrutarla, reírte, asustarte y luego debatirla. Porque como he comentado, Curry Barker quiere crear debate y que se hable de la película. Y de momento, solo puedo decir que lo ha conseguido, viendo el gran éxito que ha tenido ‘Obsession’.

Ficha de la película

Estreno en España: 26 de junio de 2026. Título original: Obsession. Duración: 100 min. País: Estados Unidos. Dirección: Curry Barker. Guion: Curry Barker. Música: Rock Burwell. Fotografía: Taylor Clemons. Reparto principal: Michael Johnston, Inde Navarrete, Cooper Tomlinson, Megan Lawless, Andy Richter, Darin Toonder, Chloe Breen. Producción: Capstone Studios, Tea Shop & Film Company, Under the Shell. Distribución: Universal Pictures. Género: Terror, romance. Web oficial.

Crítica: ‘Backrooms’

En qué plataforma ver Backrooms

Backrooms es el triunfo de una generación colectivamente creativa

Durante años, Hollywood ha intentado capturar fenómenos nacidos en internet con resultados desiguales. Algunos se quedaron en curiosidades pasajeras y otros demostraron que detrás de ciertos fenómenos virales existía un imaginario colectivo capaz de trascender la pantalla del ordenador. Con ‘Backrooms’, el joven director Kane Parsons logra sacarle un partido de récord a lo que nació como un simple creepypastas que ni siquiera él comenzó.

El origen de los Backrooms es tan sencillo como fascinante. Todo comenzó con una fotografía publicada en 4Chan. Una imagen anodina de una tienda de muebles abandonada con paredes amarillentas y vacías. A esto le acompañó un usuario anónimo con una breve explicación inventada sobre un espacio infinito oculto tras la realidad. Aquellas reglas improvisadas hablaban de habitaciones interminables, luces fluorescentes y una sensación permanente de estar atrapado en un lugar que no debería existir. Las aportaciones de la comunidad de usuarios hicieron el resto, el lore creció y las Backrooms cobraron vida en el imaginario coelctivo.

Buena parte de la culpa de esa expansión la tuvo precisamente Kane Parsons. Mucho antes de que A24 apostara por él, sus vídeos de metraje encontrado inspirados en los Backrooms se habían convertido en un fenómeno viral. Ahora, con apenas veinte años, Parsons se convierte en el director más joven en estrenar una película bajo el sello de A24, un logro extraordinario que merece reconocimiento independientemente del resultado final de la obra.

Un laberinto entre ‘Exit 8’ y ‘La celda’

Lo de ‘Backrooms’ (como película) realmente no es algo nuevo. Su virtud radica en su capacidad para transmitir incomodidad. Parsons comprende qué funcionó en sus vídeos y aprovecha al máximo la sensación de aislamiento. Los personajes vagan por espacios interminables que parecen existir fuera del tiempo y de la lógica.

Resulta inevitable acordarse de ‘Exit 8’ teniendo tan cerca ese estreno. Ambas obras comparten personajes atrapados en lugares aparentemente infinitos, escenarios minimalistas, una sensación constante de repetición y la idea de un espacio que parece burlarse de las leyes de la realidad.

Sin embargo, la película también encuentra inesperados puntos de contacto con ‘La celda’, la obra de Tarsem Singh. No tanto por su estética, que es mucho más austera, sino por la dirección que toma su planteamiento psicológico. Lo que empieza como una exploración de un misterio abstracto termina convirtiéndose en una incursión por territorios mentales mucho más concretos. Y ahí aparece el principal problema del filme.

El gancho de los Backrooms residía en la ambigüedad. En el miedo a un lugar imposible que existía sin explicación. Parsons decide romper esa regla y ofrece una interpretación inédita del fenómeno. La película dedica una parte considerable de su metraje a desarrollar esa explicación, la intención es legítima, pero el resultado es discutible. Cuanto más explica la película, menos inquietante resulta.

Kane Parsons y el triunfo de una generación colectivamente creativa

Más allá de sus defectos, ‘Backrooms’ representa algo especialmente interesante dentro del panorama actual. Estamos ante una obra creada por alguien que pertenece exactamente al público al que se dirige. Kane Parsons no es un ejecutivo intentando interpretar tendencias juveniles. Es uno de los responsables directos de haberlas creado y consumido.

Por eso resulta tan significativo su éxito. Durante años se buscó repetir el impacto comercial que tuvo otro famoso creepypasta como Slenderman, pero los resultados nunca estuvieron a la altura del fenómeno original. En cambio, sí hemos visto cómo propuestas nacidas en internet o en las consolas lograban conectar con el público masivo, como ocurrió con ‘Five Nights at Freddy’s’ (recordemos que a día de hoy es la película de terror más taquillera de la historia en España).

‘Backrooms’ se suma a esa corriente. Y aunque algunos observadores tienden a asociar automáticamente juventud con superficialidad, la película demuestra que ambas cosas no tienen por qué ir unidas. Su rareza, su voluntad de incomodar y sus reflexiones están muy lejos de cualquier propuesta complaciente.

También resulta revelador observar quiénes han respaldado el proyecto. A24 detectó rápidamente el potencial de Parsons, pero no fue la única. Entre los productores figuran nombres tan representativos del terror contemporáneo como James Wan, Shawn Levy y Oz Perkins. La presencia de Wan resulta especialmente significativa. Al fin y al cabo, él mismo construyó buena parte de su carrera a partir de una idea modesta que terminó convirtiéndose en un fenómeno multimillonario con ‘Saw’. Es por ello que en cierto modo, hay que ver ‘Backrooms’ ya que representa una radiografía del terror contemporáneo. Puede que sus respuestas no estén a la altura de sus preguntas o que ni quiera las hayamos pedido, pero incluso cuando se equivoca demuestra una personalidad poco común.

Ficha de ‘Backrooms’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Backrooms. Duración: 110 min. País: EE.UU. Dirección: Kane Parsons. Guion: Will Soodik, Kane Parsons, William Bromell. Música: Kane Parsons, Edo Van Breemen. Fotografía: Jeremy Cox. Reparto principal: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell. Producción: A24, 21 Laps Entertainment, Atomic Monster. Distribución: Elástica Films. Género: Web oficial.

Crítica: ‘He-Man y los Masters del Universo’

En qué plataforma ver He-Man y los Masters del Universo

Entre la nostalgia y la autoparodia, desde luego, con toda la épica

Durante años, ‘Masters del Universo’ ha sido uno de esos proyectos que parecía condenado a vivir en un limbo de batacazos consecutivos o cambio constante de mano. El filme actual llegó a desarrollarse bajo el título de ‘Grayskull’ con Joel Silver (‘Matrix’) como principal impulsor. Sin embargo, viendo el resultado final, cuesta imaginar una elección más acertada que la de Travis Knight para devolver la vida a Eternia.

El director ya había demostrado en ‘Bumblebee’ saber comprender los mecanismos emocionales que activan la nostalgia. Y por otro, tenemos claro que sabe cómo presentar esos mismos elementos a espectadores que jamás han tenido un muñeco de He-Man entre las manos. Aunque hay que reconocerlo, esta película está hecha principalmente para quienes conocían los muñecos de Mattel.

Su gran mérito consiste en entender que ‘Masters del Universo’, o los He-Man como siempre se ha dicho en España, nunca fue simplemente una serie de dibujos animados. Tampoco era únicamente una colección de juguetes que venían acompañados de un cómic. Era una mezcla imposible de fantasía medieval heroica, ciencia ficción espacial, portadas de discos de heavy metal, cómics de espada y brujería y musculatura hipertrofiada. Y funcionaba. La película abraza esa identidad desde el primer minuto. Es glam, es bizarra, es excesiva y, sobre todo, es consciente de ello. Lejos de intentar racionalizar el material original, lo celebra.

Un gigantesco ejercicio de fanservice que consigue funcionar

Lo más sorprendente de ‘Masters del Universo’ es que consigue algo que parecía imposible: hacer funcionales los juguetes. La reciente serie desarrollada por Kevin Smith ya había entendido que gran parte del atractivo de esta franquicia estaba en utilizar todos esos personajes imposibles que Mattel fue incorporando a la línea durante años. Travis Knight recoge esa misma filosofía y la lleva al terreno cinematográfico. E incluso copia algún que otro giro de guión de ‘Master del Universo: revelation’.

El resultado es una película poblada por decenas de figuras reconocibles para cualquier aficionado. Lo interesante es que no aparecen únicamente para provocar un aplauso cómplice. La enorme variedad de guerreros, criaturas y vehículos dota a la aventura de una versatilidad constante. Aquí reside una de las grandes diferencias respecto a otras adaptaciones nostálgicas recientes. La película no utiliza los personajes como decoración. Los convierte en herramientas narrativas.

Los guiños son más que continuos, una constante. Algunos resultan especialmente inspirados, como la aparición de una figura basada en el diseño primigenio de He-Man, aquel concepto visual claramente influido por Conan el Bárbaro antes de que la franquicia encontrara su identidad definitiva. También hay referencias destinadas a quienes todavía recuerdan la adaptación protagonizada por Dolph Lundgren, homenajes que aumentan la sensación de que esto no está pensado del todo para un público general, aunque si masivo pues el fandom de esta colección es grande.

Además, el filme se alimenta constantemente de la iconografía de la serie animada. Muchas secuencias aluden a la memoria colectiva de varias generaciones pues vamos rápidamente de los dibujos de Filmation a los memes más famosos. Es una estrategia arriesgada, todo un all-in por parte de Sony y Amazon, que probablemente funcione. Y esto será sobre todo porque la película parece entender algo que durante años muchos aficionados han hecho: recordar ‘Masters del Universo’ con cariño y también con cierta sorna.

El meme ya se burlaba de ello, la película lo convierte en su eje

Masters del Universo parte de una época en la que se diferenciaba abiertamente entre los juguetes aleccionadores que segregaban entre niños y niñas. En el caso de Mattel los He-Man eran para los niños y las Barbies para las niñas. No vamos a decir que esta sea una película woke, no me lo parece, pero si es consciente de aquello que se hacía erradamente en el pasado en cuanto a lo educativo (está claro que no en lo comercial) y es por ello que gran parte del humor gira alrededor de la masculinidad exagerada que definía a aquellos muñecos.

Esos cuerpos imposibles, aquellas poses heroicas, esa visión de la hombría propia de los años ochenta y aquellos nombres que llevaban consigo casi siempre una connotación varonil se convierte aquí en objeto de comentario constante. La película se ríe de ello mientras irónica y simultáneamente lo celebra. La obra funciona tanto para quienes veneraban aquellos juguetes como para quienes hoy son capaces de apreciar su lado más extravagante.

Galitzine y Leto en busca del tono correcto para los iconos de Eternia

Evidentemente, aunque todo es una nube de referencias y guiños, la atención está en Nicholas Galitzine y Jared Leto. Físicamente el actor británico encaja con la imagen que muchos aficionados tienen del héroe de Eternia, pero donde realmente destaca es en aquellos momentos donde el guion le permite abrazar el lado más ingenuo y hasta ridículo del personaje. Sin embargo conviene recordar que la dinámica entre Adam y He-Man funcionaba de manera muy parecida a la existente entre Clark Kent y Superman. Aquí se cargan la transformación y la aptitud no muta tanto como el físico.

Jared Leto sorprende con un Skeletor mucho más eficaz de lo que muchos esperaban. El actor suele cargar con una fama poco agradecida dentro del cine comercial, siendo señalado con frecuencia como una especie de gafe o revienta proyectos. Sin embargo su voz dota a Skeletor de una presencia correcta. Lo más inteligente es por otro lado que la película evita convertirlo en un villano exclusivamente oscuro. Igual que sucedía en la serie animada, este Skeletor alterna momentos genuinamente intimidantes con situaciones absurdas y cómicas que respetan completamente la esencia original del personaje. Personalmente, sigo pensando que Mark Hamill habría sido de nuevo una elección ideal para interpretar al señor de la Montaña Serpiente, pero he quedado congratulado.

El problema del isekai, las prisas y qué pasa tras tantas concesiones

Si hay un elemento que me genera ciertas reservas es la decisión de apostar por una estructura claramente isekai. (término japonés define aquellas historias donde un personaje procedente de nuestro mundo termina inmerso en un universo fantástico). Es una fórmula trillada desde tiempos inmemoriales y la hemos visto en obras y películas como ‘La historia interminable’, ‘Súper Mario Bros’ o las recientes ‘Monster Hunter’ y ‘Minecraft’ e incluso la versión de ‘Masters del Universo’ que vimos en los 80. Bien es cierto que de este modo se da pie a muchos gags, pero también es cierto que esto ya lo hizo en su día Martin Lawrence con ‘El caballero negro’. Esto también me lleva a recordar otras adaptaciones como ‘Flash Gordon’ pero en ese sentido se transmite una energía positiva, puesto que también está presente el guitarrista de Queen, Brian May y la película tiene un temazo suyo, el cual, suena quizá con demasiada frecuencia.

No todo es perfecto. Existen algunos problemas de continuidad evidentes. Determinados detalles rompen el racord y ciertos personajes aparecen y desaparecen de ciertas escenas tratando de agilizar la trama. La reconexión entre Adam y sus amigos de Eternia, por ejemplo, carece de explicación alguna. El caso más evidente es probablemente el que se observa con el personaje de Beast Man, cuyo tamaño parece variar de una escena a otra sin demasiada explicación.

Las dos escenas extra (una durante los créditos y otra al finalizar completamente la proyección) no solo funcionan como recompensa para los espectadores más pacientes. También representan una declaración de intenciones bastante transparente. Una de ellas es una sorpresa de la que se ha estado hablando y la otra casi que se percibe evidente.

‘Masters del Universo’ es puro fanservice. Un fanservice ejecutado sin complejos, sin pedir disculpas y apostándolo absolutamente todo a la nostalgia. Aunque quedan muchos personajes y tramas por explotar de los cómics originales parece que se ha llegado a un punto del que es difícil partir para progresar con la franquicia manteniendo la fidelidad. No obstante, contra todo pronóstico, deja la sensación de que se ha conseguido el equilibrio entre construir una aventura entretenida, imaginativa y sorprendentemente consciente de sí misma. Travis Knight entiende que el mejor modo de adaptar He-Man no era modernizarlo ni avergonzarse de él, sino aceptar toda su extravagancia y convertirla en virtud. Y ahí reside precisamente el poder de Grayskull.

Ficha de ‘He-Man y los Masters del Universo’

Estreno en España: 5 de junio de 2026. Título original: Masters of the Universe. Duración: 132 min. País: EE.UU. Dirección: Travis Knight. Guion: Chris Butler. Música: Daniel Pemberton. Fotografía: Fabian Wagner. Reparto principal: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Alison Brie, James Purefoy, Morena Baccarin, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Charlotte Riley, Kristen Wiig, Jared Leto, Idris Elba. Producción: Amazon MGM Studios, Escape Artists, Mattel Studios, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). Distribución: Sony Pictures. Género: ciencia ficción, aventura, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Spider-Noir’

En qué plataforma ver Spider-Noir

Recupera el alma pulp del que bebieron Stan Lee, Jack Kirby o Steve Ditko

Nicolas Cage dijo que su personaje en esta serie es una mezcla entre Bogart y Bugs Bunny. Estoy en gran parte de acuerdo con él, pero he de añadir que hay parecido también con ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’. De hecho, hay una escena que parece prácticamente calcada del clásico de Robert Zemeckis, tanto en composición de escena como en contexto. Por supuesto, el personaje detectivesco que interpreta Cage remite constantemente al cine negro de los años 40 y 50, a esos investigadores agotados moralmente que desconfiaban de todos y caminaban por ciudades donde cada callejón escondía una traición.

Con ‘Spider-Noir’, que llega a Prime Video el próximo 27 de mayo, se apuesta por algo mucho más extraño y estilizado de lo habitual dentro del panorama superheroico televisivo. Y eso, en una industria cada vez más agotada por fórmulas repetidas, ya es una virtud enorme. El primer episodio y muchísimas de sus escenas funcionan como una carta de amor al noir clásico, pero también como un experimento visual que mezcla pulp, cómic y expresionismo criminal.

Lo primero que conviene aclarar si eres lector de cómics es que este no es exactamente Spider-Man Noir. El personaje se llama Ben Reilly y no Peter Parker (una consecuencia evidente de los derechos compartidos del personaje). Sin embargo, la serie juega constantemente a bordear los límites legales y creativos para construir algo inequívocamente arácnido. Ahí están Silvermane como gran amenaza mafiosa, Cat Hardy conocida por los lectores como Black Cat, la aparición de Sandman desde los tráilers y ya os adelanto que otros tantos villanos. Toda una galería de secundarios que parecen extraídos de una versión deformada y melancólica del universo Marvel. Y con derechos o sin ellos vais a ver unos cuantos guiños a las películas que Sony ha ido haciendo estos años.

La propia serie deja caer desde sus primeros minutos su conexión espiritual con el Spider-Verso. El protagonista abre la historia recordando que una vez le preguntaron de qué universo provenía. No es una referencia gratuita. Cage vuelve aquí al personaje que ya interpretó vocalmente en las películas animadas de Miles Morales, pero trasladando ahora aquella estética caricaturesca a un entorno live action mucho más violento y crepuscular.

Entre el blanco y negro y el color: una Nueva york pulp atrapada en la Gran Depresión

Uno de los grandes aciertos de ‘Spider-Noir’ es su tratamiento visual. La serie se puede escoger ver con sus secuencias en color o en blanco y negro. Aunque personalmente considero que funciona muchísimo mejor cuando abraza completamente la monocromía. Hay algo profundamente hipnótico en ver a Cage desplazarse entre sombras durísimas, humo, luces vintage y callejones mojados mientras la fotografía parece querer invocar simultáneamente a ‘El halcón maltés’, ‘Sin City’ y/o ‘Dick Tracy’.

El primer episodio, especialmente, es puro cine negro. No como simple disfraz estético, sino como construcción narrativa. La investigación criminal, las conspiraciones mafiosas y la sensación de derrota permanente convierten la serie en algo mucho más cercano a una reinterpretación superheroica de Raymond Chandler que a una producción convencional de Marvel. Así es que al menos esta introducción os recomiendo verla en escala de grises.

También, cuando la vemos a color, sobrevuelan influencias de filmes como ‘Darkman’ o ‘La sombra’, obras que entendían el pulp como un espacio donde lo grotesco y lo trágico podían convivir sin pedir permiso. En ese sentido, ‘Spider-Noir’ parece disfrutar especialmente de su condición de realidad alternativa. Al no tener que responder directamente al canon tradicional del trepamuros, la serie posee carta blanca para reinventar personajes, mezclar géneros y deformar conceptos conocidos.

No resulta casual que el personaje original naciera en los cómics ambientados en la América de la Gran Depresión, dentro de la línea Noir de Marvel iniciada en 2009. Aquellas historias ya trasladaban el mito superheroico a un contexto de corrupción, desempleo y violencia callejera. La serie recoge esa herencia y la transforma en algo todavía más melancólico. Aquí Ben Reilly parece un hombre cansado, casi derrotado por el propio peso de la ciudad que intenta proteger. Todo esto no impide que el personaje tenga astucia, picardía y gracia, algo que tienen todos los Spider-Man independientemente de qué versión tratemos.

Y Cage entiende perfectamente el tono. Su interpretación evita caer en la autoparodia desatada que muchas veces acompaña su carrera reciente. Hay exageración y algún “momento Cage”, sí, pero también una vulnerabilidad extraña que convierte al personaje en un héroe casi fantasmal. Como si fuese consciente de pertenecer a un universo condenado a desaparecer.

Una serie fascinante… pero con el riesgo de abandonar aquello que la hace especial

Uno de los aspectos más interesantes es la enorme cantidad de villanos y referencias que la serie introduce desde el comienzo. Y, en realidad, tiene sentido. Las historias de Spider-Man siempre han destacado precisamente por la riqueza de su galería de enemigos. El problema es que ‘Spider-Noir’ corre un riesgo evidente: perder fuerza conforme abandone su naturaleza noir para expandirse hacia un modelo más convencional de universo compartido. Como le pasó a ‘Gotham’, por ejemplo.

Porque el verdadero gancho de la serie no está necesariamente en descubrir qué versión alternativa aparecerá después ni en el festival de cameos potenciales. Su gran atractivo reside en esa atmósfera de detective agotado, en esa mezcla entre serial pulp y tragedia urbana que reprime sus superpoderes para guardar las apariencias. Por suerte, en mi opinión, Prime Video ha entendido que ahí está el corazón de la propuesta y no nos falla la respecto. Para muchos esta podría estar entre las producciones superheroicas más singulares de los últimos años.

Crítica: ‘Rick y Morty’ temporada 9

En qué plataforma ver Rick y Morty

El caos sigue teniendo alma

Hay series que sobreviven gracias a la nostalgia y otras que siguen adelante porque todavía conservan la capacidad de sorprender. ‘Rick y Morty’ pertenece claramente al segundo grupo. A punto de estrenar su novena temporada (el 25 de mayo), la serie animada de Dan Harmon y Scott Marder continúa demostrando que su mezcla de ciencia ficción salvaje, sátira nihilista y comedia absurda sigue funcionando incluso después de casi una década de emisión y sin contar con Justin Roiland. Y eso no era sencillo. Muy pocas series logran mantenerse frescas cuando su propia fórmula ya ha sido imitada hasta el agotamiento por decenas de producciones posteriores.

Hemos podido ver anticipadamente los episodios 2, 3 y 4 de esta nueva tanda y podemos decir que dejan claro que la serie todavía sabe jugar con el espectador. Más importante aún: sabe cuándo acelerar y cuándo detenerse. La temporada 9 no parece interesada en reinventar completamente el universo de los Smith, pero sí en recordar por qué ‘Rick y Morty’ llegó a convertirse en una de las ficciones animadas más influyentes de la televisión moderna.

Lo más interesante es comprobar cómo la serie sigue manteniendo ese equilibrio casi imposible entre el disparate absoluto y la reflexión existencial. Incluso cuando se entrega a sus conceptos más ridículos, hay una conciencia narrativa muy precisa detrás del caos. Y eso vuelve a sentirse aquí. Los tres episodios proyectados funcionan además como una pequeña muestra de la variedad tonal que tendrá la temporada: ciencia ficción emocional, homenaje al cine de artes marciales y paranoia tecnológica pasada por el filtro del humor más incómodo.

También se percibe una mayor confianza en el ritmo. Las temporadas recientes parecían a veces demasiado preocupadas por la metarreferencia constante o por superar su propia locura conceptual. Aquí, en cambio, los capítulos respiran mejor. Las ideas siguen acumulándose a velocidad demencial, pero los guionistas permiten que algunas escenas tengan peso emocional o incluso tensión real antes de volver a dinamitarlo todo con un chiste absurdo.

9×002: ‘Rick Days, Seven Nights’ confirma que la serie aún sabe emocionar

El episodio 2 de la temporada (estreno el 1 de junio) parte de una premisa aparentemente sencilla: Rick decide tomarse unas vacaciones. Por supuesto, tratándose de ‘Rick y Morty’, eso significa entrar en un escenario de ciencia ficción completamente impredecible donde las reglas físicas y emocionales empiezan a descomponerse casi desde el primer minuto.

Lo más llamativo del capítulo es su capacidad para combinar aventura interdimensional con una sensibilidad inesperada. Probablemente estemos ante uno de los episodios más emotivos de la temporada. No porque abandone el humor salvaje característico de la serie (ni mucho menos), sino porque encuentra una forma bastante elegante de hablar sobre agotamiento, egoísmo y la incapacidad de desconectar del propio caos interior. Además, el episodio mantiene esa tradición de referencias culturales escondidas que los seguidores llevan años rastreando.

9×03: ‘Rick Fu Hustle’ convierte las artes marciales en puro delirio animado

El tercer episodio de la temporada (8 de junio) abraza directamente el cine de artes marciales y lo hace sin ningún tipo de sutileza. El guiño a ‘Kill Bill’ está presente desde el propio giro principal del capítulo, aunque el episodio realmente funciona como una carta de amor caótica a décadas de filmes kung-fu, exploitation oriental y fantasías de venganza hiperviolenta.

Lo mejor es que los guionistas entienden perfectamente el lenguaje del género. No se limitan a copiar referencias superficiales: reproducen ritmos, encuadres y hasta ciertas lógicas narrativas absurdas propias del cine marcial clásico. Incluso hay momentos que recuerdan deliberadamente a la exageración física del wuxia contemporáneo.

La gran idea del episodio gira alrededor de una variación delirante del famoso “golpe de los cinco puntos” popularizado precisamente por ‘Kill Bill’. La pregunta que plantea el capítulo es maravillosa dentro de su absurdo: ¿qué haría Rick si existiera un ataque que provocase tu muerte tras caminar cinco pasos? La respuesta, naturalmente, deriva en una cadena de soluciones científicas grotescas cada vez más ridículas.

También resulta evidente que el equipo creativo se ha divertido muchísimo escribiéndolo. El capítulo transmite esa sensación contagiosa de estar viendo a unos guionistas jugando libremente con todos sus referentes cinematográficos favoritos.

9×03 ‘A Ricker Runs Through It’ mezcla pesca, paranoia y soporte técnico existencial

El episodio 4 (15 de junio) toma prestado su título del clásico ‘El río de la vida’, dirigido por Robert Redford, y utiliza la pesca como punto de partida para una de las historias más paranoicas y extrañamente divertidas de esta nueva temporada.

Lo fascinante aquí es cómo el episodio transforma una actividad aparentemente tranquila en una espiral de conspiraciones tecnológicas, ansiedad digital y soluciones imposibles. Hay un gag relacionado con soporte técnico que probablemente termine convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de la temporada entre los fans.

La referencia al filme de Redford no es únicamente un juego de palabras en el título. También existe cierta melancolía escondida bajo el caos narrativo. Igual que aquella película utilizaba el río como metáfora emocional, aquí la pesca funciona casi como una excusa para hablar sobre aislamiento, obsesión y control. De los tres episodios vistos, quizá sea el más extraño tonalmente. Y precisamente por eso también puede terminar siendo el más recordado.