Crítica de ‘Into the night’

Para los amantes de la noche pero no de los vuelos

Un vuelo que va a salir desde Bruselas es secuestrado, así comienza ‘Into the night’. El único y armado secuestrador apremia a despegar al piloto y a la poca gente que había embarcado en el avión ya que asegura que si les coge el amanecer todos morirán. Comienza ahí una auténtica carrera para mantenerse siempre en la cara sombría de la tierra. Así es la primera serie belga original de Netflix creada por Jason George, productor de ‘El vicio del poder’ o ‘Narcos’.

Antes de hablar de otros pormenores de la serie debéis saber que ‘Into the night’ no termina, se queda abierta. Sí que es verdad que llega a un punto final, a una meta, pero no se soluciona el problema de los protagonistas quedándose pendiente para una posible segunda temporada.

Pero ‘Into the night’ con sus seis episodios es más que satisfactoria. Consigue intrigar desde sus primeros instantes y engancha con los problemas/soluciones que va planteando. Hace por ejemplo lo que ‘The Walking Dead’ no se ha atrevido a hacer nunca, ni en la serie ni en los cómics. Da explicación al incidente que está acabando con la gente y más allá de eso explora sus consecuencias en diferentes ámbitos de nuestras vidas, formando parte de la aventura en la que se ven sumergidos los pasajeros.

Esta es una serie que va a contrareloj, que a veces consigue ser trepidante o agobiar por la falta de recursos o conflictos surgidos. No tiene prisa en mostrar todas sus cartas y se agradece su tensión y su ritmo. Tenemos algún personaje estereotipado pero gran parte de las veces consigue romper moldes para nuestra sorpresa y para así además conseguir ser más creíble. Está por ejemplo el italiano y el alemán que tiene prejuicios contra los polacos y los árabes, pero que luego demuestran ser más humanos de lo que parece. Por cierto que todo esto sale de una novela procedente de Polonia.

‘Into the night’ es coral pero cada episodio nos muestra en su inicio el pasado de alguno de los personajes, justificando casi siempre su presencia en el avión y olvidándose de ese precedente a veces. Nos puede recordar así muchas veces a ‘Perdidos (Lost)’. Tal vez en ese sentido si peca de catastrofista la serie sembrando en todos los protagonistas demasiados claroscuros. Al fin y al cabo todos somos humanos y la serie maneja sus situaciones de una manera totalmente natural, con reacciones y efectos muy humanos muy espontáneas. Tanto por su tratamiento como por alguno de sus personajes me ha recordado a ‘La niebla’ de Frank Darabont. Podemos decir que este es un buen thriller con unos límites muy bien estudiados.

Si os cuesta saber qué elegir ante la avalancha de estrenos en la infinidad de plataformas digitales que tenemos hoy en día sabed que esta es una miniserie que pasa literalmente volando y os dejará para bien enganchados a la expectativa de que salga una segunda parte.

Crítica de ‘Space Force’, la serie de Greg Daniels y Steve Carell para Netflix

Entre ‘The office’ y ‘Hot shots!’, una Space Force falta de de combustible

Si no me equivoco Estados Unidos tiene siete u ocho ramas militares. Una de ellas es la Space Force o Fuerza Espacial. Esta unidad está en marcha desde el pasado 2019 dentro de las iniciativas de Trump pero ya se llevaba barruntando la necesidad de este cuerpo de defensa desde hace unos veinte años.  Greg Daniels (‘The office’, ‘Upload’) que siempre es capaz de mostrar una gran y peculiar visión de la actualidad ha sido el primero en atreverse a contar los orígenes de este organismo tan singular del ejército. Podréis ver su nueva serie en Netflix el próximo 29 de mayo.

Y para hacer los diez episodios de ‘Space Force’ ha contado con su gran amigo Steve Carell quien como todos sabemos entre otras cosas protagonizó la versión norteamericana de ‘The office’. Comparar esta serie con ‘The office’ es inevitable. Pero hay que tener claro que Carell solo interpreta un papel con ciertas similitudes, que el humor está mucho más americanizado y que su absurdez se sale de lo cotidiano, no llegamos a reírnos por la remota posibilidad que pueda pasar lo mostrado en la serie en nuestras vidas, que es lo que muchos monólogos o series como ‘The office’ conseguían. Aunque Daniels fue showrunner de la versión británica de ‘The office’ hay que atribuir su éxito a Ricky GervaisStephen Merchant. La versión de USA siguió su ejemplo y estela. A ‘Space Force’ no le habría venido mal la mano de estos dos humoristas pues parece que quiere hacer algo muy similar pero se va por las ramas y no llega a sus niveles de acidez e inconsciencia voluntaria.

Con ‘Space Force’ te ríes bastante. Pero su humor va más por los derroteros de la parodia y no se va tanto a lo ridículo o patético. La serie es una pantomima del ejército estadounidense y llega a tener momentos surrealista al más puro estilo ‘Los Simpsons’ (serie en la que trabajó Daniels) o a ser una especie de nueva versión de ‘Armageddon’. Ojalá hubiese sido un nuevo ‘Hot Shots!’ pero tanto su ritmo como los papeles de Lisa Kudrow (la actriz de ‘Friends’ hace de la esposa de Carell) y Diana Silvers (hija de Carell en la ficción) reducen mucho la cadencia de los gags o los hacen desaparecer. A la serie le falta tener más mordiente o aumentar su número de chistes. Me atrevería a decir que a lo que más se parece es a ‘Miracle Workers’ donde además se intenta hilar una historia a través de la ruptura de algo infalible, en este caso la preponderancia de USA, en el caso de la serie con Buscemi y Radcliffe la infalibilidad de Dios.

Haciendo uso de mucho más presupuesto Daniels y Carell han introducido un esquema similar al de ‘The office’. Tenemos a un jefe, no tan estúpido, pero con sus torpezas y carencias. De él depende no el destino de una empresa de papelería si no el de un país que está descubriendo que ha perdido su supremacía por culpa de los Chinos. Junto a él está el fiel asistente que está un poco ido de la olla (el que sería Dwight Schrute aquí es el general Brad Gregory). En las versiones de ‘The office’ siempre había un contrapeso cuerdo y sensato como el que fueron Martin Freeman y John Krasinski que aquí está representado por John Malkovich. Y los empleados o soldados de la Space Force parecen gente sensata pero también tienen sus taras, como los empleados de Dunder Mifflin.

No le faltan elementos actuales. Community managers que están a muerte por el postureo, nuevos multimillonarios que llevan la tecnología por delante de lo que la lleva su nación, proyectos de hábitats lunares… Todo eso va apareciendo en una base que también busca sacarnos la sonrisa con referencias visuales y burlas como la que vemos en su comedor representando el alzamiento de la bandera en Iwo Jima con astronautas. Seguro que a más de uno le va a gustar o a hacer gracia el uniforme de camuflaje repleto de cráteres lunares o va a querer un helado de Meal Armstrong.

Yo diría que por encima de todo ‘Space Force’ nos retrata de un modo irrisorio a un país que derrocha recursos, sobredimensiona presupuestos y tiene al volante a auténticos ineptos. Los episodios están hilados entre sí con el fin de plantearnos si este proyecto de soldados es capaz de llegar a la Luna en 2024. Pero más que mantener expectación por esa meta tenemos intriga por la situación del personaje de Lisa Kudrow.

Otra cosa que no hacía ‘The office’ es dejarnos en stand by hasta una siguiente temporada, no de un modo tan mayúsculo. ‘Space Force’ no tiene confirmada una segunda tanda de episodios pero nos deja asumiendo con bastante obviedad que quieren hacer más. Hay varias respuestas por responder y me gustaría ver como las desarrollan, sobre todo si es con aún más comedia.

Crítica: ‘Deep water’

No esperéis una serie de investigación, ‘Deep water’ navega más profundo

El 26 de mayo llega a Filmin ‘Deep water’, una serie donde los secretos y las mentiras están a la orden del día en la vida de tres amigas. Madres desesperadas, con deudas, rupturas, con deseos de otra vida totalmente diferente a la suya. Una serie con muchos giros de guión y grandes actuaciones y unos bellos parajes gracias a estar rodada en Lake District.

Creada por Anna SymonMrs. Wilson’, es una adaptación de la saga de novelas de Paula Daly, ‘Windermere’. Tenemos a tres protagonistas Roz, Kate y Lisa. Roz una mujer muy trabajadora y enamorada del padre de su hija, hace todo lo posible para salir adelante siendo su pareja un ludópata. Kate, la más acomodada de las tres, vive una vida donde no le falta nada pero no es feliz. Y para terminar Lisa, quizás el personaje más natural de todos que simplemente quiere llevar una vida distinta a la que tiene.

La trama de ‘Deep water’ se centra en el error de Lisa al no recoger a la hija de su amiga Kate de una fiesta. La chica desaparece sin dejar rastro y a es a partir de aquí cuando comienzan las rencillas y mentiras.

Sin duda la actriz que más me ha gustado ha sido Anne Friel, le da al personaje de Lisa ese tono de tristeza y a la vez ensoñación que necesita. Es una mujer sencilla que está aburrida y desolada.

Rosalind Eleazar da vida a Kate, este personaje esconde demasiadas cosas y sin duda es que la más sorpresa os va a dar. Sinead Keenan, da vida a Roz, que tiene una dura situación en su casa y un dilema bastante gordo en el trabajo.

Pero no quiero olvidar a Faye Marsay, que representa a la ley en toda esta historia, pero también la amistad y la lucha por hacer las cosas bien.

En el resto de reparto encontramos a Alastair Mackenzie, Indeyarna Donaldson-Holness, Steven Cree, Nell Williams, Charlie Carrick, entre otros.

La historia está muy bien llevada, poco a poco vamos conociendo a estas tres mujeres, sus vidas, dudas, tristezas, también conoceremos las consecuencias de todos sus actos y el por qué los cometieron.

‘Deep water’, como he dicho al comienzo, tiene muchos giros de guión, en mi opinión quizás demasiados. Hay situaciones que ya me parecen demasiado locas para que le ocurran a una misma persona y con demasiado dramatismo. Esto es una apreciación mía, no significa que esto haga que la serie pierda interés. Todo lo contrario, pero quizás algún giro que otro me lleva la serie casi a una telenovela.

Como directores encontramos a Jim Loach (‘Victoria’), Al Mackay (‘Humans’) y Harry Wootliff (‘Only you’). Entre los tres han creado una atmósfera sombría que nos adentra mucho mas en las personalidades de nuestros protagonistas. Así que os animo a entrar a estos seis episodios, luego querréis más.

Crítica de los primeros episodios de ‘Control Z’

‘Control Z’  nos trae una investigación y un hacker en el mejor espacio posible, el Colegio Nacional

Hemos tenido acceso a los primeros episodios de ‘Control Z‘ la nueva serie de Netflix llegada desde México. El 22 de mayo conoceremos a Sofía, una chica un tanto asocial que gracias a su gran curiosidad y sus dotes de observación, puede llegar a conocer bastante bien a todos sus compañeros de instituto. Estas características harán que se vea envuelta en una pequeña investigación y es que un hacker está desvelando todas las vergüenzas de los alumnos del Colegio Nacional.

La serie comienza muy bien es interesante, poco a poco vamos conociendo a los protagonistas de esta historia mediante la visión que le va dando Sofía al nuevo del instituto.

La están comparando con ‘Élite‘ y sí, es cierto que estamos en un instituto en que  podemos ver el tema de rango de clases. Los niños pijos y ricos y los menos favorecidos. Aunque por lo que hemos podido ver, tiene pinta de que las tornas van a cambiar.

Pero más que a ‘Elite’ se me acerca a la película ‘Nación Salvaje‘ tienen la misma premisa. Contando lo peligroso de tener tanta intimidad dentro de nuestros dispositivos móviles. Eso sí, dudo que se termine saliendo tanto de madre como la película de la que os hablo, pero sí que recuerda bastante.

Como en todas las series de Netflix se vuelve al tema LGTBI con un personaje bastante importante en la trama. Aparte de los abusos que uno de los alumnos sufre de manera bastante cruel, llegando a ser humillado sin ningún por qué. Hay escenas en las que lo he pasado verdaderamente mal.

El personaje de Sofía (Ana Valeria Becerril) nos presenta a una especie de Sherlock Holmes. Eso sí, bastante asocial y por supuesto con sus propios secretos escondidos.

El reparto es bastante joven y aunque alguno de sus protagonistas tengan ya tablas en la televisión, seguramente esta serie les logre terminar de lanzar. Ana Valeria Becerril (‘Las hijas de abril’), Michael Ronda (‘Soy Luna’), Yankel Stevan (‘Como dice el dicho’), Zion Moreno (nueva adaptación de ‘Gossip girl’), Patricio Gallardo (‘Silvana sin lana’), Andrés Baida (‘Los elegidos’) y Fiona Palomo (‘La negociadora’) son parte de estos actores qeu van a dar mucho que hablar.

También tenemos una cara bastante conocida y es que Lidia San José (‘Paquita Salas) hace de profesora del Colegio Nacional.

Creada y escrita por Carlos Quintanilla Sakar (‘La Bandida’), Adriana Pelusi (‘La boda de la abuela) y Miguel García Moreno (‘Plan V’), el 22 de mayo ‘Contro Z‘ llega a nuestras pantallas con sus 8 episodios. Así que cuidado con los hackers y a disfrutar de esta nueva aventura en Netflix.

‘Stargirl’ nueva serie del universo de DC Comics

La tía de la vara cósmica

‘Stargirl’ está creada por el archiconocido escritor de cómics Geoff Johns, quien tras hacernos disfrutar en el papel con sus historias sobre Linterna Verde, Superman y compañía dio el salto a la televisión. Su mano ya ha hecho lo suyo en series como ‘Titanes’, ‘The Flash’, ‘Arrow’, ‘Doom Patrol’… Ahora nos trae el personaje que creó junto a Lee Morder en el 99. Courtney Whitmore es la protagonista de la nueva serie que HBO España ha estrenado este 19 de mayo de 2020.

Courtney Whitmore es una adolescente que se muda a una nueva ciudad con su madre, padrastro y hermanastro. Allí da con «El bastón cósmico», el cual pertenecía al desaparecido Starman. Es entonces cuando descubre que su padrastro se dedicaba a eso de vestir las mallas y comienza a entrenarse como superheroína, además de ir topándose con más secretos y sorpresas.

La serie tiene mucho sabor a todas las que está realizando The CW, del tipo ‘Arrow’, ‘Leyendas del mañana’, ‘The Flash’… Muy juvenil, con efectos especiales decentes y algo de humor (sobre todo por parte del hermanastro de la protagonista). También se acerca al tono de la película ‘¡Shazam!’, curiosamente este personaje en las viñetas tiene sus romances con Shazam o Robin.

Esta serie podría iniciar un nuevo «elseworld» que se topase en el futuro con otras adaptaciones comiqueras que hemos visto. Es decir, un mundo alternativo a cualquier línea temporal de los superhéroes de DC Cómics, de hecho ya ha habido cruce con ella en el arco pre-crisis. Incluso podría ser un punto de partida para un ‘Kingdom Come’, historieta en la que los héroes tradicionales están al margen y comienzan a surgir o enfrentarse otros nuevos superhéroes. Más razón me da el multitudinario arranque de la serie, al que no le faltan personajes bizarros. Tenemos un buen puñado de héroes y villanos como Solomon Grundy, Dr. Medianoche, The wizard, Wildcat, Tigresa, Brainwave, Icicle,  Hourman o Sportsmaster. En el inicio ellos han acabado con la JSA y parece que nos adelantan que los villanos van a ser los miembros de la Sociedad de la Injusticia.

Courtney Whitmore/Stargirl está interpretada por Brec Bassinger. Y no es la primera en ser este joven personaje de cómic. Ya apareció en ‘Smallville’ encarnada por Britt Irvin y en la «pre-crisis» de ‘Leyendas del mañana’ con el rostro de Sarah Grey. Las anteriores referencias que tenía de esta actriz eran la película ‘A 47 metros 2’ o episodios de ‘Los Goldbergs’, dos trabajos donde tengo que decir que me pasó totalmente desapercibida. Aquí hace de una joven malhumorada por su cambio de ciudad y de momento, al menos en el primer episodio no lo hace mal. Tampoco me parece mal la elección de Luke Wilson como Stripe, el padrastro de nuestra nueva heroína televisiva. Además de usar su peculiar humor va a bordo de un mecha haciendo las veces de lo que sería el «Robin» de Stargirl.

A muchos, entre ellos yo, les puede parecer que esta serie cumple unos topicazos como una casa. Tenemos al personaje marginado en su nuevo instituto, a la animadora ennoviada con el deportista de moda, al padrastro enrolladlo, al villano de clase alta que casualmente vive en el mismo pueblo… Si pasamos por alto esos clichés que los norteamericanos se empeñan en perpetuar podemos pasarlo bien con la serie ya que busca construir la historia de una protagonista bastante irreverente y atrevida, además de desbordarnos con muchísima ciencia ficción de cómic.

También puede parecer que en una serie de DC tenemos un guiño al Capitán América con el traje de Stargirl. Pero cabe señalar que la verdadera inspiración para Johns a la hora de idearlo fue Yankee Poodle de ‘Capitán Zanahoria’ (no confundir con el de Terry Pratchett). Además tanto Starman como Capitán américa nacieron en 1941. Lo que sí que son cameos o más bien huevos de pascua son el casco de Flash o la foto con tintes de Alex Ross que sostiene la protagonista y en la que vemos a los miembros de la JSA. Al igual que el camión de mudanzas que lleva a Courtney a su nuevo hogar, el cual se llama Action Movers, con la tipografía de Action Comics. Curiosamente existe una compañía de mudanzas en California (donde vivía Stargirl) con ese mismo nombre.

Me ha gustado el juego que da la vara con poderes gravitatorios y destructivos, muy pícara a lo capa de Doctor Strange repartiendo leña contra los abusones y malvados, a veces en contra de la voluntad de su nueva dueña. También el como con algunos temas musicales, cartelería, coches, autocine con los Goonies… nos imbuyen un toque vintage. Lo cierto es que me ha picado su piloto y voy a seguir viéndola.

Crítica de ‘Momma named me Sheriff’ el spin-off de ‘Mr. Pickles’

En el pueblo de este sheriff se impone la ley del todo vale

Desde el 8 de mayo podemos en HBO España ver junto al contenido de Adult Swim ‘Momma named me Sheriff’. A todos los que somos fans de Mr. Pickles nos ha dolido ese episodio único de la temporada cuatro en el que nos toca despedirnos de nuestro perro endemoniado preferido. Pero esto no ha supuesto el final de las historias de los habitantes de Old Town. Con la esperanza de que Mr. Pickles vuelva algún día Adult Swim ha sacado un spin-off protagonizado por el sheriff de la ciudad, quien ya había sido el eje de alguna de sus demenciales tramas.

Creada por Will Carsola y Dave Stewart, al igual que la serie matriz, ‘Momma named me Sheriff’ nos cuenta las aventuras de un peculiar sheriff bastante idiota, que va siempre sobre patines, habla con una muñeca Annabelle y está enmadrado. La jugada es la misma que hemos visto con Cleveland en ‘Padre de Familia’ o Joey en ‘Friends’. Se coge a uno de los personajes más ridículos de la serie y se pone todo el foco en él. Normalmente esta estrategia no suele salir bien pues la audiencia busca las mismas sensaciones que tenía con el producto original y los responsables de la nueva serie suelen querer marcarse un punto diferente. No es el caso de ‘Momma named me Sheriff’.

Todos los episodios, de unos diez minutos de duración cada uno, son exactamente lo mismo que ha sido siempre ‘Mr. Pickles’, aunque el opening de la serie del perrete diabólico molaba más. Aunque el protagonista sea el Sheriff (que por cierto está doblado por Carsola) seguimos con los mismos habitantes y por ahí pulula  una perrilla llamada Mrs. Pickles que seguro nos reserva una buena sorpresa para la próxima temporada.

El único y genial episodio de la temporada cuatro de ‘Mr. Pickles’ sirve como piloto para ‘Momma named me Sheriff’. Ahora tenemos al padre de Tommy ejerciendo de ayudante del sheriff, fuera de su trabajo como tele-vendedor. El universo de obscenidades y eventos macabros de Carsola y Stewart sigue creciendo. Esta es una serie en la que cualquier cosa vale. Por eso vemos locuras como un robot cortocircuito con bigote, cavernícolas fabricando chili, un hombre que sirve de sombrero a una montaña, una masturbación con un sandwich, un profesor con cabeza de microondas o un libro para devolver a perros infernales a la muerte, el cual le habría venido muy bien al abuelo. Si uno busca algo macabro, sangriento, impúdico y retorcido tiene que ver esto.

Esta es una serie para mentes que pueden reírse de las ideas más locas, groseras y perturbadas. Viene dada en su justa medida, en cápsulas pequeñas. Igual de acelerada que algunos capítulos de ‘Rick y Morty’ o ‘Midnight Gospel’ y su frenesí es digno de una pesadilla de Ruggero Deodato.

Crítica de la serie ‘Snowpiercer. Rompenieves’

Asesinato en el Snowpiercer exprés

El cómic de ‘Snowpiercer’ vuelve a ser objeto de una adaptación (podéis leer nuestra reseña aquí). Tras la versión cinematográfica de Bong Joon Ho (‘Parásitos’) el día 25 de mayo Netflix publicará su serie, de la cual nos ha permitido ver ya tres episodios. Se irán publicando semanalmente, algo que no es habitual en Netflix, pero vivimos una época poco común. Quizá la razón es que esta serie en USA la controla TNT.

También es poco frecuente el plantel que vive la humanidad en ‘Snowpiercer’. La idea de Jacques Lob, Jean-Marc Rochette y Benjamin Legrand permanece intacta en esta serie que ha producido el equipo de la película: Bong Joon Ho (Parásitos), Miky Lee, Tae-sung Jeong, Park Chan-wook, Lee Tae-hun y Dooho Choi. La poca población humana que queda sobre la faz de la Tierra está confinada en un tren de mil y un vagones. Se ha añadido una pequeña variación. La razón es como siempre que el mundo está congelado, pero esta vez se debe a un error humano al intentar corregir el cambio climático.

Graeme Manson (‘Orphan Black’) es quien ha orquestado esta serie que en sus primeros episodios está dirigida por James Hawes (‘Black Mirror’) y Sam Miller (‘Luther). Y si querían ser fieles a los cómics la serie se tenía que parecer a la película. Así es en algunas escenas de su inicio, el cual fue modificado tras un piloto fallido. Pero también hay cambios, algunos muy interesantes, que hacen que la serie tenga un aliciente y unas soluciones por las que merezca la pena ser vista. De hecho podría funcionar como algún episodio previo a lo sucedido en las otras versiones que hemos visto, aunque realmente esta es una variable distinta de la premisa.

Todo empieza un poco al estilo ‘Altered Carbon’. Los ricos de arriba (en este caso de la parte delantera del Snowpiercer) rescatan a un hombre (interpretado por Daveed Diggs) de la miseria para que resuelva un extraño crimen. Siendo más sangrienta que la película e incluso que el propio cómic la situación se convierte en una especie de ‘Asesinato en el Orient Express’ pero post-apocalíptico. Cual Poirot tenemos al protagonista, esta vez llamado Layton, investigando por el tren mientras se mueve entre prejuicios, secretos, rencillas, odio y las propias sorpresas que le da el descubrir lo que hay en los vagones que ha tenido durante más de siete años al otro lado de la puerta. Vagones que por cierto algunas veces tienen interiores sobredimensionados. Si esta trama hubiese servido como herramienta para elevar el mensaje de la idea original estaría aplaudiéndola, pero me temo que solo funciona para poder justificar el formato de serie.

Sin lugar a dudas se conserva el mensaje de diferencia entre estratos sociales y la vaga resistencia de los ricos a adaptarse a un nuevo orden mundial. En este rompehielos motorizado hay muchos más pobres que ricos y sin embargo los privilegiados tocan a más trozo del pastel. Los de primera clase viven en su mundo particular y los de tercera aunque inferiores están en todas partes gracias a que viven, sirven y trabajan en todas partes del tren. Dudoso equilibrio piramidal en un mundo lineal que hoy en día vemos en muchos países, empresas o sociedades, como por ejemplo España, donde unos cuantos viven en su propia burbuja y llegan a tal punto de ignorancia que se olvidan del bien común. La lucha de clases sigue siendo uno de los argumentos principales y las cuestiones revolucionarias siguen estando muy presentes en esta historia que transcurre a mil revoluciones. No me refiero a una sensación de frenesí en la serie, si no al avance implacable del tren. Porque el ritmo, aunque no es pausado, tampoco se puede decir que nos haga segregar adrenalina. No arriesga en ninguno de esos aspectos, ni es una aventura comprometida ni se moja a la hora de abordar un estilo más rápido y directo que podría estar acotado a un público más reducido.

‘Snowpiercer’  lastra las carencias de un actor algo falto de carisma que interpreta a un personaje que se tiene sobrestimado y que además ha de liderar a los parias de la humanidad. También le quita encanto la mala gestión de los momentos musicales. Sin embargo hay brotes verdes en la heladora corteza terrestre. Está mucho mejor Jennifer Connely, no solo por su actuación si no por ese halo de misterio de su personaje y por el giro tan sugerente que tiene. Su secreto es mucho más atractivo que el que pueden revelar todos los demás pasajeros del tren.

Obviamente no hace falta haberse visto ni la película ni haber leído el cómic para captar todo lo que nos cuenta. Uno puede entretenerse con ‘Snowpiercer’ sembrándose la expectativa por cómo va a acabar este o aquel personaje, pero tampoco hay que ponérsela muy alta pues no hay giros excesivamente inteligentes. A mí, tras cinco episodios e indagar algo en la serie lo que más me ha seducido no es que ya tenga una segunda temporada planificada, sino que en ella estará Sean Bean.

Crítica: ‘Valeria’

Descarada, sexual y divertida así es la nueva serie de Netflix, ‘Valeria’

He estado a punto de hacer dos críticas acerca de esta serie, una como lectora y otra olvidando el libro, pero, aquí estoy, con una sola crítica para que no os aburráis e intentaré centrarme en la serie, pero al final os daré mi opinión personal como lectora, no puedo evitarlo.  Me gustó mucho En los zapatos de Valeria y ‘Valeria’ es bastante diferente a éste, pero no significa que sea malo, así que comenzamos.

‘Valeria’, la próxima serie de Netflix que se estrena el día 8 de mayo. Basada en la novela de ‘En los zapatos de Valeria’, de Elisabet Benavent, la serie  tiene 8 episodios de unos 45 min aproximadamente cada uno. Valeria es una joven que está preparando su primera novela. Casada con Adrián, el cual está bastante preocupado por su trabajo dejando bastante abandonada a su mujer. Eso sí, cuando se da cuenta, intenta remediar esta situación. Pero en el mundo de Valeria entra Víctor, un hombre misterioso que va a poner todo patas arriba.

Pero no solo tenemos a Valeria como protagonistas, también encontramos a sus amigas, Lola, una mujer liberal pero que no lo es tanto como parece. Carmen, adorable y torpe, enamorada de Borja, un compañero de trabajo al que adora y con el que quiere todo y Nerea, una mujer que está intentando encontrar su lugar en el mundo intentando dejar atrás todos los prejuicios de la sociedad hacia el mundo LGTBI.

Me encanta toda la ambientación de la serie desde las grandes panorámicas y recorridos por Madrid, hasta todos los interiores. Una serie muy malasañera o latinera, que nos lleva a la gran ciudad de una manera bastante actual. La lucha de los taxistas contra los VTC. El alto precio de los pisos, la falta de trabajo, de la que Adrián y Valeria sufren. Es bastante crítica en ese sentido, llevándonos a que nos sintamos aun más identificadas con las protagonistas.

Los dramas familiares, aunque pocos, también se van introduciendo poco a poco en la serie, esto hace que también conozcamos a las protagonistas más a fondo con sus pequeños defectos y también pequeñas tristezas.

Las protagonistas me encantan, Diana Gómez, a la que hemos podido ver hacer poco en un pequeño papel en ‘La casa de papel‘, creo que es una Valeria perfecta, muy mona, muy nerviosa y llena de dudas. Además siempre liándola. Lola interpretado por Silma López,  como he dicho, una mujer muy fuerte, pero que tiene mucho drama dentro. Tenemos a Teresa Riott como Nerea su interpretación me gusta mucho, bastante lógica, aunque hayan cambiado parcialmente su personaje, está claro que se lo van a poner más difícil con la familia y Carmen, interpretada por Paula Malia, quizás es la que menos me guste por estar un poco sobreactuada.

Los cuatro primeros episodios están dirigidos por Inma Torrente y Nely Reguera y en ellos vemos una paleta de colores muy evidente. Cada personaje tiene su gama y en sus respectivas casas podemos verlos de manera más directa. Muy bien trabajado desde este punto, muy cuidada.

En la serie vemos detalles también que nos acercan a los libros, como un pequeño cameo de la escritora o una mujer con una agenda roja llena de estrés que podemos ver como un guiño a la Lola del libro.

Como serie es bastante entretenida y se nota el cariño hacia la novela, eso sí, si lo que esperáis es una buena adaptación, me refiero, a que todo sea y ocurra como en el libro, no va a ocurrir. No se pierde la esencia de los personajes, pero sí que es cierto que, aquí llega mi opinión como lectora, cambian demasiadas cosas y quizás metan dramas innecesarios.

Pero bueno, siempre hay que ir con la mente abierta cuando vamos a ver cualquier adaptación de un libro. Además así te dan sorpresas y no te esperas todo lo que va a pasar.

Crítica del 4×01 de ‘El Ministerio del Tiempo’

Una serie que no se ha quedado perdida en el tiempo

Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) nos recuerda en el primer episodio de esta cuarta temporada que llevamos desde el 1 de noviembre de 2017 sin reunirnos con la patrulla de ‘El Ministerio del Tiempo’. Ha pasado un año y medio y tenemos la ocasión de volver a entremezclarnos con la historia de España y con unos personajes que en su día nos regalaron muy buenos momentos, en televisión y hasta en viñetas. Nos esperan diez episodios que desde este 5 de mayo serán emitidos en TVE y al día siguiente subidos a HBO España.

Hay cambios en esta nueva etapa. Cambios en lo que se refiere al opening que ya no presenta su habitual tema musical aunque si su estética y modificaciones como el emplazamiento de la sede. Los amantes de ‘El Ministerio del Tiempo’ no podrán acudir a su clásico punto de encuentro en la calle Duques de Alba de Madrid para acercarse al cuartel de la patrulla ya que este se ha mudado. Compro la explicación del cambio de ubicación pero no me ha conquistado el nuevo tema de los créditos.

Tras un repasazo de unos nueve minutos se confirma que todos los protagonistas de las tres temporadas anteriores estarán presentes. Ya sabéis: Julián (Rodolfo Sancho), Amelia (Aura Garrido), Pacino (Hugo Silva), Alonso (Nacho Fresneda), Lola (Macarena García), Irene (Cayetana Guillén Cuervo), Salvador (Jaime Blanch), Ernesto (Juan Gea), Angustias (Francesca Piñón), Velázquez (Julián Villagrán) o Elena (Susana Córdoba).

Y el tono es el mismo que en anteriores episodios. Drama y comedia mezclados. Seguimos teniendo a un Alonso estandarte del romanticismo, a Lola de la lucha contra la injusticia y a Irene del empoderamiento femenino. El personaje de Pacino se mantiene como ese policía quinqui que nos aporta la mayor parte cómica y en el otro extremo nos encontramos a Julián, que no os voy a desvelar de qué manera continúa con sus desventuras. Lo que sí que puedo decir es que como siempre nos sumerge en nuestro pasado con una gran ambientación, no tan buena fotografía. En este caso no retrocedemos de lleno a un episodio en concreto de los anales de España pero si nos topamos con personajes harto conocidos como Franco o Berlanga, con grandes parecidos gracias a Pep Miràs y Koldo Olabarri.

El capítulo me ha recordado algo a ‘Malditos Bastardos’. Sobre todo con el caso de Daniel Brühl. Va de fachas y de fachadas. Tenemos cine de propaganda y otros intríngulis que no os voy a desvelar. El caso es que estamos en la España de 1943 con todo lo que supone estar en un régimen dictatorial y es en esa época donde arrancamos y comenzamos a retomar el contacto con personajes de las tres anteriores temporadas.

A parte de que el episodio 35 de ‘El Ministerio del Tiempo’ se llama «Perdido en el tiempo» digo que esta es una serie que no se ha quedado perdida en el tiempo porque vuelve a ponerse en marcha y porque sigue metiendo sus puyas y pequeñas críticas a lo que sucede hoy en día. Los personajes provenientes del pasado y los funcionarios del ministerio se amoldan a la actualidad y no dejan de gruñir e ironizar con cosas como la gentrificación, los sueldos bajos, las operadoras con sus insistentes llamadas e incluso que ya hay demasiadas películas sobre la Guerra Civil.

El pistoletazo de salida lo ha dado el director Chiqui Carabante (’12+1: Una comedia metafísica’). La serie que llevan Javier Olivares y Marc Vigil mantiene sus dramas románticos y su manera «peculiar» de manejar u olvidarse de las paradojas. También aumenta su juego con el fantástico incluyendo más ideas no tan disparatadas que siempre han pululado entre los chismorreos de nuestra sociedad. Veremos qué nos aguarda en el futuro de esta serie sobre el pasado que nos promete capitulazos sobre Almodóvar, Felipe II y IV, Dora Maar, María Tudor, Picasso, Einstein, Clara Campoamor…

Crítica del 4×06 de ‘Rick y Morty’

‘Rick y Morty’ vuelve para arrollarnos con un tren de historias

Que ‘Rick y Morty’ no es tan popular por sus gotitas de humor inteligente está claro, sobre todo abundan los fans que buscan sus idas de olla, su ritmo arrollador y su desmadrada creatividad. Pero no se puede negar que está realizada por unos buenos y maquiavélicos estrategas. Dan Harmon y Justin Roiland saben que el público adulto demanda este desborde de imaginación, que puede guardar mensajes implícitos en sus tramas, pero que también da rienda suelta a una explosión de sandeces tan bien hiladas que nos encantan.

Me encanta como se estrujan el seso para retorcer cada vez más las cosas. En este episodio 4×06 se nota que hay detrás un guión muy imaginativo que trata una vez más de plasmar la nefasta imaginación de Morty. Para hacer personajes tan tontos y dementes hacen falta mentes perspicaces. Y Rick y Morty intentan esta vez escapar de los lápices y las ocurrencias que les imponen sus creadores.

Sonaría a risa si pareciese que intento hacer un estudio pormenorizado o cerebral de un episodio de ‘Rick y Morty’. Eso de hecho sería más digno de un gag de alguno de los capítulos de esta serie que hoy 4 de mayo ha vuelto a España en TNT para seguir con su cuarta temporada, la cual nos dejó con un coitus interruptus allá por diciembre, dándonos un corto entre medias. Ha regresado en el día de Star Wars (May the 4th) y no le falta ni Yoda ni espadas láser (no os preocupéis esto no es parte de la trama, contenerse los radicales de los spoilers con sus comentarios).

La realidad virtual, las simulaciones y sobre todo los narradores de historias son el eje central de este episodio que se ambienta en un tren al más puro estilo ‘Polar Express’ o ‘Snowpiercer’ y acaba tirando de giros nolanianos. Ahí nos topamos con grifos de cerveza con forma de cobra, culos pedorros de tres nalgas, tripas desperdigándose en el vacío del espacio… Para llegar hasta niveles sacrílegos, ya sabéis que ‘Rick y Morty’ no se corta ni un pelo.

También llega un punto en el que este episodio puede parecer hasta de recopilación. Reúne a muchos personajes surgidos en otras entregas, hasta el punto de que si me juráis que estos veinte minutos cierran la de temporada me lo habría creído. Con esto ya estaréis predispuestos a un capítulo lleno de auto-referencias, guiños y apariciones que os van a dar risas y sonrisas momentáneas pues su ritmo se hace cada vez más saltimbanqui. Por supuesto no están todos ni los más famosos, ya son muchas las criaturas descacharrantes las que han acumulado en estas treinta y seis cápsulas de multiversos e inventos.

Este es el episodio en el que ponía voz Paul Giamatti, el actor de ‘Billions’ o ’12 años de exclavitud’. Y su intervención es prolongada, no tiene un cameo como Elon Musk. Su personaje acaba conversando con otro que también ha sido doblado por un famoso, Chris Meloni (‘Happy!’, Comisario Gordon en la serie de Harley Quinn). No es la primera vez que hacen esto en un solo episodio los directores de casting que trabajan para la serie de Adult Swim.

Lo que sí que no han hecho es como ‘Los Simpson’ que ponían en marcha todas las webs que sacaban en sus episodios. Aunque el dominio al que nos invita a acudir su escena post-créditos si pertenece a Turner (podéis comprobarlo aquí) la dueña de Adult Swim. No os esforcéis http://www.story-train.com/ no funciona y muchos fans que vieron este 4×06 en Estados Unidos mostraron su frustración en las redes. ¡En fin! Picando en la ironía y la trampa consumista, lo que os decía de sus pequeñas gotas de humor inteligente. Bravo ‘Rick y Morty’.

Crítica de ‘La unidad’

‘La unidad’ no está falta ni de medios ni de miedos

Hoy tengo el placer de hablaros de ‘La unidad’. El próximo 15 de mayo Movistar+ estrenará otra de sus series originales (realizada junto a Vaca Films), de esas en las que está demostrando la gran salud de las series en España, como hizo hace poco con ‘La línea invisible’ hablándonos de los momentos en los que ETA comenzó a asesinar. Y vuelve a la carga con el tema del terrorismo solo que esta vez es el yihadista el que centra toda la atención.

Es un placer hablar de esta serie porque me ha gustado de cabo a rabo. La he seguido con mucho interés gracias a su ritmo, su buen tratamiento de la historia y sus múltiples localizaciones. Os recomiendo esta serie de Dani de la Torre que retorna a la actualidad con otra historia policíaca tras ‘La sombra de la ley’. Y lo hace además junto a Alberto Marini (‘Summer Camp’, ‘Feedback’), quien suele engancharme con sus giros de guión, nunca le faltan.

‘La unidad’ no está falta ni de medios ni de miedos. Maneja muy bien el temor al terrorismo y a facciones como el Daesh que en su momento debió ser mayor al que se tenía. Todo desde una ficción que muestra nexos con la realidad histórica de España y que tiene como precedente lo sucedido en el 11M. Pisando con pies de plomo pero sin recelos a la hora de tocar ciertos temas. Y también sin complejos a la hora de tener comparaciones con producciones de cualquier rincón del mundo. Aborda correcta y valientemente muchos aspectos que en producciones muy potentes no se atreven y su calidad es innegable.

Podréis ver algunas cosas en común con ‘The unit’, la serie de David Mamet. Seguimos a los protagonistas que tienen que coordinarse de manera simultánea en diferentes partes del mundo y sus parejas a penas pueden saber a qué se dedican.  Son personas secuestradas por su trabajo e implicadas de un modo muy cercano. Suena a secta eso de ‘La unidad’. Pero no va por ahí el título. Hace referencia al grupo de agentes que se encarga de intentar anticiparse a los pasos de los terroristas mientras lidia con sus problemas personales. En esa lucha sí que se encuentran cosas de secta tales como lavados de cerebro o radicalismos, lo cual se aborda también desde una perspectiva completa.

Obviamente ‘La unidad’ trata acerca de muchos personajes, un equipo no lo forma un solo individuo. Pero es cierto afirmar que su principal protagonista es Nathalie Poza, quien ejerce de madre de todos los policías que integran este cuerpo especial y de una niña que le echa de menos, al igual que añora a su padre. Poza hizo un papelón en ’70 binladens’, donde compartía reparto con Emma Suárez. Ahora ambas comparten el haber hecho de jefas en una comisaría pues Emma Suárez hizo lo mismo en ‘Criminal’. En mi opinión y para mi gusto el trabajo de Poza ha sido mucho más creíble y natural. Todos los actores se han esforzado en representar el papel de alguien profesional y analítico. Compro con gusto el rol de Marian Álvarez como Miriam «pepinillo», me gusta verla fuera de un papel en la que no sea una cascada de lágrimas y además haga de una policía de las que da dolores de cabeza. Se nota la colaboración con policías reales y se percibe una extensa preparación en el texto de estos personajes y de otros. Sobre todo en lo procedimental, se ve considerablemente en las palabras de Luis Zahera, a veces trabalenguas llenos de formulismos.

Las secuencias se componen muchas veces de planos que parecen captados por un espía, siempre grabando como a escondidas. Y esas secuencias a veces muestran momentos escalofriantes y otros sumamente tensos. Instantes que revelan que esta serie habla de lo que ha pasado y también de lo que podría pasar. Es una persecución llena de emoción y estrategia en la que no hay faceta que se quede sin explorar, uno de esos casos en los que viene como anillo al dedo el dicho «el que la sigue la consigue».

Crítica de ‘Ghost in the Shell SAC_2045’

Por dentro no tiene el mismo alma y por fuera no es eficiente

Es curioso que el último episodio, el doce, de esta nueva serie sobre ‘Ghost in the Shell’ se llame ‘Nostalgia’. Ya podían aplicarse el ejemplo de su trama, pasar página y dejar el pasado atrás. Porque uno ya no sabe como tomarse el que se retome una y otra vez una historia tan mítica, clásica y referente de la ciencia ficción cyberpunkarra como esta. Todo partió del manga de Masamune Shirow y desde entonces hemos tenido serie de anime, varias películas de animación, videojuegos, el live action con Scarlett Johansson y Takeshi Kitano (crítica aquí)… Ahora Netflix mete mano a este producto y publica ‘Ghost in the Shell SAC_2045’.

Con el tiempo se ha ido perdiendo el toque original de ‘Ghost in the Shell’ y esta ya es una versión desdibujada de lo que debería ser, ya os diré más abajo porqué además esto tiene un sentido literal. Lo que más se nota tras acabar la serie es que no hay una meditación cavilada y desarrollada en esta serie. No es capaz de generar reflexiones como anteriormente. Y aburre. No por sus superficiales divagaciones si no porque se evade mucho de la trama principal o la aborda demasiado desde la diplomacia. Se va a temas como la economía global, el acoso infantil, la crueldad de la gente en la red… pero en momentos puntuales, sin profundizar.

Esta es una nueva historia muy política, algo detectivesca y militar que sucede unos catorce años después de que se disolviese la Sección 9. Por supuesto tiene acción pero es más escasa y vibrante que de a menudo. Al menos la tecnología está constantemente presente y la serie vuelve a sorprendernos con algunos diseños de artefactos muy originales.

El caso es que desde el principio a mi me ha perdido. Y es que no comparto este estilo de animación que se está usando tanto en Japón. Es una estética similar a la que se ha empleado en series como ‘Ultraman’, ‘Los Caballeros del Zodíaco’ o juegos de ‘Dragon Ball’. Y no la veo para nada eficiente salvo por el hecho de que se parece a un dibujo manga al que le han aplicado directamente volumen. Las nuevas versiones de los personajes no cuadran con el paisaje, esto se nota de una manera mayúscula en el último episodio donde tenemos una aldea y un bosque estupendamente realizados y son recorridos por vehículos e individuos hechos pobremente. Los directores de esta serie son Kenji Kamiyama y Shinji Aramaki, ambos directores de ‘Ultraman’. Parece que uno ha estado a cargo de la animación de los elementos móviles tales como vehículos, robots y humanos y otro al mando de los escenarios. Y nadie al timón del doblaje, porque (y hablo de la versión original que es la que está disponible) está fatalmente doblada, con mucho desfase con las bocas que ya de por si tienen un movimiento muy torpe. O bien ‘Ghost in the Shell SAC_2045’ es parca en detalles ahorrando en texturas o bien usa elementos casi realistas, muy contradictorio. Por lo menos las luces están bien trabajadas.

En algunos aspectos procura ser adelantada a su tiempo, como hace con el planteamiento de las llamadas «Guerras sostenibles» o con los movimientos que hace con las monedas a nivel internacional. Usa esto como herramientas junto a una nueva amenaza para volver a reunir una vez más a los miembros de la Sección 9, que acaban por hacer lo mismo de siempre a pesar de comenzar ubicados en un ambiente bien diferente.

Regresan por lo tanto la Mayor Motoko Kusanagi, como siempre algo sexualizada, Saito, Bato, Aramaki, Togusa… Por supuesto se han añadido nuevos personajes, bastante carentes de carisma y que sirven sobre todo a esa trama de politiqueo. A parte están los «posthumanos» que vienen acompañados en sus momentos clave del ridículo sonido de una tecla de piano que no es para nada eficiente.

Si el incidente de «El hombre que ríe» tenía paralelismos con ‘El guardián entre el centeno’ en esta nueva etapa se ha querido enlazar con el ‘1984’ de Orwell, como se ha hecho tropecientas veces. Pero esto sucede prácticamente solo en su tramo final y además de un modo que parece casi superfluo. Si consigues llegar hasta el último capítulo acostumbrándote a los inexpresivos rostros, la trama política presente en exceso y las poco dinámicas peleas comprobarás que encima tras doce episodios nos dejan con un final excesivamente inconcluso. Creo que se logra una cinemática más elaborada con este tipo de animación pero no es tan fluida, se pierden muchos detalles, se transmiten menos sensaciones e incluso se pierde espectacularidad, el precio no vale la pena.

Crítica de ‘The Bay’

‘The Bay’ se fundamenta en un guión plagado de mentiras bien aplicadas

El género policíaco es una clase de historias a las que no les cuesta encontrar público. Suele estar muy colindante con la realidad, aunque se adorne con algunos artificios, como sucede bastante en ‘CSI’. En el caso de ‘The Bay’ estamos hablando de una serie dramática y de investigación. Se compara esta serie con ‘Broadchurch’ pero como no la he visto os puedo decir que los tiros van por un tono muy adusto como en ‘Caso abierto’ o ‘Ley y orden’. Es decir, tenemos una historia bastante seria pero los capítulos siguen todos un mismo hilo, no hablamos de casos concluyentes. Además ‘The Bay’ mezcla bastantes personajes que confluyen en sus últimos episodios de algún modo. Personajes adultos y algunos de ellos adolescentes, es un poco la jugada de ‘The accident’ solo que con diferente discurso y con una buena fotografía  que os comentaré más adelante.

Esta serie creada por Daragh CarvilleRichard Clark trata sobre la desaparición de un chico y una chica que son gemelos. Todo sucede en una pequeña localidad costera llamada Morecambe, ubicada al norte de Mánchester. Su bahía da de comer a muchos de sus habitantes con la pesca y alguno de nuestros protagonistas navegan todos los días en busca de lo que el mar pueda ofrecerles.

En este ambiente marinero de grises paisajes moteados del color de las ropas y el césped transcurre la trama detectivesca. La protagonista es Morven Christie en el papel de la detective Lisa Armstrong. Ella tiene que ser capaz junto a su nuevo, joven y entusiasta compañero, de localizar a los dos desaparecidos.

En sus primeros compases parecía que esta sería una especie de buddy movie pero tiene muy pocos compases que nos conecten con ese tipo de desarrollos. ‘The Bay’ aborda las historias de otros personajes que rodean a la detective. Sus hijos, su madre, los padres de los desaparecidos, sus amigas, los muchachos y muchachas del instituto local… La protagonista se ve fortuitamente implicada de manera personal en el caso y se involucra muchísimo. Es por eso que esta serie conduce bastante y muy bien por el manejo de conflictos: cómo dar una mala noticia, cómo llevar a cabo métodos que pueden incomodar, cómo soportar la presión y exigencia de su puesto de trabajo.

Y es que la detective se compromete incansablemente con la investigación intentando hacer un alarde de profesionalidad, hasta llegar al punto de descuidar a sus propios hijos. ‘The Bay’ aborda muchas situaciones vividas por púberes y las relaciones con sus padres, sobre todo en el caso particular de una madre soltera y muy trabajadora. Por otro lado se fundamenta en un guión plagado de mentiras bien aplicadas y planta semillas para que desarrollemos nuestras propias conjeturas, en mi caso algunas acertadas otras desatinadas. Sabe causar confusión. Además genera un suspense que si bien no nos pone en tensión nos suscita interés. Más aún siendo una de esas series que consigue aportar un buen cliffhanger al final de cada uno de sus seis episodios. En resumen, es una serie con matices familiares y de enredos que causan expectación.

Dado su punto de partida podríamos pensar que es un dramón. Pero no se explota demasiado el dolor, como hacen otras series que hacen del sufrimiento su bandera. Aunque tenemos al personaje de Chanel Cresswell (ganadora del BAFTA por ‘This is England ’90’) que no tiene apenas una escena sin soltar lágrima y eso que tiene muchas, esta es una serie que se centra más en su goteo de pistas y a veces de insensateces.

De la ciudad inglesa en la que se ambienta no han tocado prácticamente ni gramo de arena. Está la estatua del cómico Eric Morecambe, sus pubs, su paseo marítimo… Y el interior de sus feas casas. El olor a moqueta y mueble desgastado casi atraviesa la pantalla. Y aún con toda esa fealdad extrae unas imágenes muy buenas. Sobre todo en los episodios rodados por Lee Haven Jones, director de series como ‘Dr. Who’. De ambientes que pueden ser bastante deprimentes capta imágenes muy bonitas. Mayormente lo consigue tirando de la regla de los tres tercios, de bokeh y de algunos planos simétricos. Con esto sitúa a los personajes en zonas de la imagen algo apartadas o alejadas, pero consiguiendo que nos centremos en ellos.

En Reino Unido ha sido criticada por el cerrado y variado acento de sus personajes. En España si no sois capaces de seguirla ponéis los subtítulos y a correr. Que sus pronunciaciones no sean una barrera para seguir el hilo. En 2019 tanto la actriz de la madre protagonista como uno de sus directores fueron nominados al BAFTA. No es de extrañar y acalla un poco las bocas de los que pueden criticar ‘The Bay’ por algo así.

Estrenada en Reino Unido ya en 2019 ahora Filmin nos la trae a España. Puede verse desde el martes 28 de abril. Se ha confirmado una segunda temporada para este 2020 (podéis ver el anuncio hecho por la protagonista en su Instagram), pero desconozco en qué fecha será. No os preocupéis que no vais a tener una larga espera ya que la serie es buena por todo lo que os he comentado y porque cierra totalmente el caso que plantea, sin dejar cabos sueltos para la nueva temporada.

Crítica de ‘The Midnight Gospel’

La sobradísima serie animada de un youtuber espacial no apta para niños

Se ha generado la moda o tendencia que hace que surjan multitud de series de dibujos animados de carácter adulto. Pero no me refiero a series tipo ‘Beabis y Butt-head’, me refiero a locuras aún más absurdas e idas de olla como ‘Rick y Morty’, ‘Tigtone’, ‘Hora de aventuras’, ‘Mr. Pickles’… Ese es el caso de ‘The Midnight Gospel’ la serie creada por Duncan Trussell, quien ha trabajado en series como ‘Hora de aventuras’ o ‘Stupidface’.

El protagonista de ‘The Midnight Gospel’ es Clancy una especie de youtuber astral (o locutor espacial como dice él) que va a diferentes mundos gracias a un simulador. Sus viajes son reales, siente lo que le pasa a su avatar, entrevista a sus habitantes, se lleva obsequios… Es como si pudiésemos meternos en los mundos del videojuego ‘Spore’ y los pervirtiésemos con palabrotas y sangre.

Clancy adopta formas diferentes para mezclarse entre las criaturas de esos planetas. Así es que cada vez le vemos como un hombre pájaro con piernas de serpiente, un pulpo sheriff, una pequeña criatura parecida a Qbert o un arcoíris musical. Todos esos mundos y personajes están realizados como para niños y desde luego esta serie no es para nada infantil. Son animaciones que parecen hechas para poder reproducir los cuelgues de un drogadicto con verborrea. El estilo es muy colorido, lleno de degradados y personajes muy redonditos. Podríamos decir que estodo una mezcla de estilo del opening de Muchachada Nui y series como ‘Steven Universe’. Si no fuese por lo macabra que es podrían sacarse de ella libros para colorear.

Aunque para un adulto podrían editarse mandalas surgidos de sus fotogramas. Y es que esta serie va mucho de buscar el nirvana o algo así. Los personajes hablan y hablan y al final ese palique ni te importa, más que nada por todo lo que pasa al rededor. Parlotean sobre magia, religión, espiritualidad… y tienen una especie de obsesión con el mindfulness. El protagonista dice en el cuarto episodio que ha perdido su capacidad de escucha. ¡Normal, si no para de hablar! Al final la serie nos parece decir que ya puedes filosofar y meditar lo que quieras que el mundo es violento. Al rededor siempre hay masacre y se acaba convirtiendo en una especie de reto de concentración, a ver si puedes enterarte de la monserga que te están soltando mientras ante tus ojos destripan adorables criaturas. Por todo esto os recomiendo no verla del tirón, puedes acabar con un buen cuelgue y el cerebro frito de tanta tabarra. Nunca ha sido tan necesario el aviso que da Netflix y dice «¿Todavía sigues viendo ‘The Midnight Gospel’?»

Si os lanzáis a verla os esperarán tripas, zombies que vomitan zombies, un perro de muchas patas con una galaxia en su interior, peces parlantes y marineros… Ya podéis ver en Netflix esta majadería de 8 episodios en los que constantemente muere algún pajarillo y Clancy siempre consigue unos zapatos nuevos.

Crítica de ‘Devs’, la serie de Alex Garland

‘Devs’ es una serie para mentes curiosas

El titular que he empleado para esta crítica estaba casi predestinado a aparecer puesto que esta serie vista en HBO España está firmada por Alex Garland. El director de ‘Aniquilación’ o ‘Ex_machina’ y escritor de ’28 días después’ o ‘Dredd’, lo ha vuelto a hacer con ‘Devs’ sorprendiéndonos con un argumento original y bastante sesudo. En esta ocasión podemos hablar de la obra en la que pone más a flor de piel las emociones, sin perder su enfoque crítico y científico ante el comportamiento humano.

También puedo decir que ese subtítulo tenía que aparecer sí o sí porque esta serie va de eventos predeterminados a suceder. Maneja corrientes de pensamiento deterministas e hipótesis cuánticas. Dicho lo cual no voy a profundizar en esos conceptos de causa/efecto y de metateoría en los que se mezclan ideas lógicas, casuales y epistémicas, que si no estaría adelantando mucho de la trama. Pero si puedo afirmar que se aplican de un modo bastante acertado y sin dar pie a agujeros de guión, dudas o confusiones.

Os puedo adelantar que ‘Devs’ es un thriller donde el poder corporativo persigue a nuestra protagonista, una ingeniera informática interpretada por Sonoya Mizuno (‘Ex_Manina’) que investiga la desaparición de su novio y recela de su empresa. Una empresa que se llama Amaya y cuyo departamento de desarrollo se llama Devs. Una corporación que está en la vanguardia tecnológica y que da a sus empleados un ambiente moderno para trabajar ofreciéndoles condiciones muy «molonas». Pero obviamente tras esta fachada tan flamante y amigable se esconde un secreto que descubrimos de sopetón en el primer episodio (no es el único giro de guión que os espera).

Es de estas series que hacen pensar y nos dejan ese «y si esto fuese de esta manera… cómo cambiaría tu concepto de ver las cosas». Además todo su discurso, tan lleno de conjeturas, está rodeado de personajes que se dejan llevar por la deducción y la analítica por encima de la impulsividad. Con esto también os tengo que decir que es una serie que va pausada y no tiene acción. Aún así visualmente es magnética. Tanto los decorados fractales y ornamentados de Devs como su entorno están diseñados para sugerir.

La protagonista sin duda es Sonoya Mizuno (actuando por tercera vez en un trabajo de Garland) que debe moverse entre tecnicismos y dramas. Por ella es muy fácil sentir empatía y encontrarse igual de perdido. Pero por los villanos cuesta más encontrar motivos para amistarse, por lo menos al principio. Por ejemplo vemos que los que trabajan en Amaya disfrutan de un jefe comprensivo, paciente, abierto o lógico. Pero los que trabajan en concreto en la división Devs saben que también aprieta, restringe y más cosas… Para este polifacético personaje ha sido todo un acierto contar con Nick Offerman (‘Fargo’). Si os digo que aparece en esta serie Alison Pill, la que fue batería en ‘Scott Pilgrim’ y os cuento además que aquí hace de una fría e impasible científica no me creeréis, pero esta serie va de eso, de abrirse a lo increíble. Y también de tener algo de miedo, más que nada por el papel de Zach Grenier que me ha recordado a algunos estadios del personaje de Jonathan Banks en ‘Breaking Bad’.

Que si, que ‘Devs’ cae en clásicos como el mostrar que los programadores solo usan el teclado y para nada el ratón, que las grandes empresas son despiadadas, que la gente aún no tiene ni idea de cómo se usa una copia de seguridad en la nube… Pero son detalles para un segundo plano, porque hasta la enorme y omnipresente figura infantil o el papel de Stephen McKinley Henderson nos hacen ver que esta es una serie sopesada y humana. Realmente este nuevo trabajo de Garland es como la caja de Schrödinger, que puede tener dos estados totalmente opuestos hasta que te decides a abrirla. En este caso no es un vivo o muerto, pero si un te atrapa o te mata de aburrimiento, según el interés o la atención de cada uno. Yo os animo a abrirla y a descubrir esa realidad.