Sinopsis
En Gotham City, donde la comedia ha sido prohibida, una aspirante a payasa sin gracia llamada «Joker the Harlequin» lucha por encontrar su identidad de género mientras intenta formar parte del único programa humorístico que queda en la ciudad. Pero su camino la llevará a enfrentarse a un oscuro y trastornado vigilante encapotado que mantiene el control sobre Gotham.
Crítica
La película que desafió a Warner y salió airosa (al menos en lo legal)
Antes de entrar en la anatomía misma de ‘The People’s Joker’, es imprescindible hablar del derecho a la parodia. La parodia, consagrada por la doctrina legal en numerosas jurisdicciones, protege la sátira, la crítica, la exageración humorística. Es precisamente este derecho el que autoriza a Vera Drew a jugar con personajes icónicos de DC Comics, a invertir arquetipos y a remecer expectativas. Si algo queda claro, es que, sin ese paraguas legal, el filme no existiría (o se habría enfrentado a demandas inabarcables). Así que, queda establecida esa premisa esencial: la parodia es legítima y necesaria.
‘The People’s Joker’ abre con dedicatorias: a Joel Schumacher, a quien Drew dedica esta obra por su despertar trans durante el visionado de su película ‘Batman Forever’, durante la cual sentía más afinidad con Nicole Kidman que con Val Kilmer. Y el filme también está dirigido a la madre de la directora y protagonista, la cual, aparece retratada con ironía. Figura como madre conservadora y cerrada se convierte en imagen cómica y cristal de contraste, muy al estilo de la madre de Sheldon Cooper. El doble sentido funciona: por un lado, homenaje, por otro, denuncia de lo retrógrado, como si Drew jugara al equilibrista entre reverencia y humor ácido.
Desde el primer fotograma, la película se define como trans y queer. No hay preludios: se declara identitaria, política y personal. Mezcla una realidad autobiográfica con elementos de ficción del universo DC, en un tono de “chifladura sentimental” que recuerda a algunos episodios de ‘Doom Patrol’: delirantes, emotivos, coloristas y totalmente fuera de lo convencional. Todo esto se debe a que el filme pretende ser un zasca. Surge del intento de responder a Todd Phillips (director de ‘Joker’), el cual comentó que la cultura woke limitaba actualmente a la comedia. Ese pulso cultural es valiente y necesario, pero al enfocarse tanto en lo autobiográfico, Vera Drew descuida la narrativa cómica, pierde perspectiva de su cometido principal. El desnudo frente a cámara es valiente, sí, pero el objetivo, la vuelta de tortilla que anuncia desde su germen… no termina de cuajar. Existen ejemplos recientes y exitosos: ‘Tomboy’ (Céline Sciamma) y ‘Feel Good’ (Mae Martin), que sí logran ese equilibrio entre lo íntimo, lo queer y lo universal. Aquí, en cambio, muchas buenas ideas quedarán en esbozo.
Algunas ideas paródicas funcionan: chispazos visuales, referencias meta, insinuaciones audaces. Incluso, en tono friki, diría que a Drew le vendría bien pasar por el universo Cálico Electrónico para asimilar timing y gags. Pero el gancho falla: los chistes no rematan, muchas ocurrencias mueren al instante. Y ahí reside la tragedia: la apuesta era fuerte, merecida, valiente… pero el resultado es plano. Sorprende hasta cierto punto que Warner no haya interpuesto demandas: la película no hace gracia, prácticamente refuerza el argumento de Phillips. Una auténtica pena. Además Drew no usa imágenes originales, no por lo menos un tiempo suficiente como para tener que pagar derechos.
Entre los momentos más bizarros, la película extrae riffs y citas de ‘El regreso del caballero oscuro’ o el ‘Escuadrón Suicida’ de David Ayer. El Robin de Frank Miller se transforma, en un giro delirante, en el Joker de Jared Leto: un galimatías mental que podría ser fascinante… si tuviera coherencia. Pero termina siendo una breve chispa de locura sin desarrollo. Se queda en la anécdota. El estilo es una mezcla de técnicas, animación e imagen montada que coquetea con el horterismo kitsch, rayando lo extremadamente amateur. Se siente como un collage de bancos de imágenes superpuestas (recuerdos de ‘The Amazing Bulk’ han aparecido en mi mente), con estética mal pulida que distrae más que aporta. Podría ser un recurso expresivo, pero chirría. Tampoco es de extrañar pues de presupuesto han contado con apenas 100.000 dólares, de los cuales 19.000 se consiguieron por crowdfunding durante la pandemia, algo bastante poco significativo.
Fondos de matte painting, miniaturas, animación 2D y 3D, secuencias de stop-motion, collages digitales y hasta números musicales con marionetas interdimensionales. ‘The People’s Joker’ es un experimento personal y político: una provocación queer, un arrebato autobiográfico, una chifladura visual. Es legítima por derecho a la parodia, y valiente por desnudarse ante la cámara. Pero en su ímpetu autorreferencial, falla como comedia. Filmin suele ser buena apuesta para obtener combinaciones transgresoras, valiosas, independientes y diferenciadas. Por desgracia este es un punto negro en su catálogo que si acaso cumple los dos últimos adjetivos y quizá se convierta en placer culpable para alguien.
Ficha de la película
Estreno en España: 15 de agosto de 2025. Título original: The people’s Joker. Duración: 92 min. País: EE.UU. Dirección: Vera Drew. Guion: Bri LeRose, Vera Drew. Música: Justin Krol, Quinn Scharber, Danni Rowan. Fotografía: Nate Cornett. Reparto principal: Vera Drew, Lynn Downey, Kane Distler, Nathan Faustyn, David Liebe Hart, Phil Braun, Griffin Kramer, Christian Calloway, Trevor Drinkwater, Ruin Carroll, Tim Heidecker, Bob Odenkirk. Producción: Open Road Films. Distribución: Filmin. Género: comedia. Web oficial: https://www.filmin.es/pelicula/the-peoples-joker
