Crítica: ‘Dulce sabor a muerte’

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Eli Roth y su versión gore de ‘Quién puede matar a un niño’

Eli Roth nunca ha sido precisamente un cineasta interesado en pedir permiso. Desde ‘Cabin Fever’ hasta ‘Hostel’ o ‘Black Friday’, su cine ha entendido el terror como un parque de atracciones particularmente desagradable, donde la sangre, los cuerpos mutilados y el humor macabro forman parte del mismo juego. ‘Dulce sabor a muerte’ continúa exactamente por ese camino, aunque llega acompañada de una polémica que resulta imposible separar completamente de la película.

Roth se ha ganado enemigos por sus posicionamientos públicos sobre Palestina y, ahora, también puede recibir críticas desde otro frente: el uso de inteligencia artificial. El problema no es únicamente utilizar esta herramienta, una cuestión ya suficientemente controvertida en la industria, sino la manera en que se comunicó inicialmente. El director explicó que las animaciones con estética de los años veinte procedían de un trabajo artesanal que él mismo había dibujado y desarrollado junto a animadores. Posteriormente tuvo que recular en sus declaraciones y admitir que la IA había intervenido en una pequeña parte de algunas escenas animadas. También se percibe en la escena de la avalancha desde el columpio. La presencia de Dark Half en los créditos, compañía especializada en efectos visuales con IA, en los créditos alimentó todavía más la controversia.

La cuestión resulta especialmente llamativa y contradictoria porque ‘Dulce sabor a muerte’ presume de una filosofía muy física. Hay prótesis, cabezas y manos de plástico, litros de líquido rojo (más que en la Tomatina) y unas tripas cuyo sonido parece directamente el de unos macarrones con bechamel. Roth vuelve a reivindicar el gore artesanal, genera suspicacias entre los más recatados y mantiene una filosofía que hoy en día parece regresar gracias a sagas como ‘Terrifier’.

Un festival de barbaridades con aroma a serie B

Al margen de la polémica, ¿qué tal funciona ‘Dulce sabor a muerte’ como producto de entretenimiento macabro? Pues bastante mejor cuando se abandona cualquier pretensión de solemnidad. La película es una broma de muy mal gusto convertida en festival de barbaridades. Hay momentos en los que Roth parece estar rodando un sketch de ‘Scary Movie’ y otros en los que parece rendir homenaje a las películas de serie B más desquiciadas, con ‘Troll 2’, ‘The dentist’ o ‘The Stuff’ como espíritu perfectamente reconocible.

El heladero macabro tampoco es una invención de Roth. El terror estadounidense ya había explotado anteriormente esa figura aparentemente inocente, incluso en ‘Masters of Horror’, donde Tom Holland dirigió el episodio ‘We All Scream for Ice Cream’. Por tanto, el vendedor de helados siniestro forma parte de un imaginario bastante más amplio.

También resulta inevitable pensar en ‘¿Quién puede matar a un niño?’, una referencia que Roth ha reconocido como fundamental. El director ha explicado en numerosas ocasiones hasta qué punto le fascina la película de Chicho Ibáñez Serrador, hasta el punto de que durante años consideró que acercarse al tema de los niños asesinos después de aquel clásico era casi imposible.

De ahí que las comparaciones con ‘Weapons’ sean comprensibles, aunque yo situaría ‘Dulce sabor a muerte’ más cerca del espíritu de ‘Terrifier’. No porque Roth pretenda subirse ahora al carro del éxito del gore slasher, sino porque lleva décadas jugando en ese terreno. De hecho, ha reconocido que el impacto de ‘Terrifier 3’ ayudó a demostrar que existía público para películas extremas proyectadas en salas comerciales.

Cuando el tercer acto derrite la película

El problema llega cuando Roth intenta convertir esta orgía de asesinatos en algo más parecido a una historia convencional. Mientras ‘Dulce sabor a muerte’ funciona como sucesión de atrocidades, humor negro y criaturas infantiles convertidas en pequeñas máquinas de matar, mantiene una identidad muy clara. Cuando llega el momento de frenar el caos y explicar qué está ocurriendo y por qué, todo se vuelve bastante más ridículo de lo que probablemente pretendía.

Ahí la película se desinfla considerablemente. Lo que parecía una decisión consciente de abrazar el absurdo termina pareciendo una explicación demasiado vaga para justificar todo el caos anterior. El tercer acto no está a la altura de la carnicería que lo precede y deja un sabor de boca bastante peor del que debería tener una película que, en esencia, prometía poco más que una masacre sin complejos. Incluso existe una escena tras los créditos que podría interpretarse como una puerta abierta a futuras historias (aunque también funciona perfectamente como último gag). La película queda como una gamberrada irregular pero coherente con el cine de Eli Roth. Su falta de sutileza es deliberada y sus excesos constituyen buena parte de su encanto. Lástima que, cuando decide explicar demasiado, termine descubriendo que detrás de tanta sangre no había una idea tan jugosa como el propio helado.

Ficha de ‘Dulce sabor a muerte’

Estreno en España: 4 de septiembre de 2026. Título original: Ice Cream Man. Duración: 86 min. País: EE.UU. Dirección: Eli Roth. Guion: Noah Nelson, Eli Roth, Noah Belson. Música: Brandon Roberts. Fotografía: Simon Shohet. Reparto principal: Ari Millen, Benjamin Byron Davis, Eli Roth, Karen Cliche, Dylan Hawco, Sarah Abbott, Shiloh O’Reilly, Kiori Mirza Waldman, Charlie Zeltzer, Charlie Storey. Producción: The Horror Section, MCT Studios, Head Gear Films, Sixth Dimension, Metrol Technology, Mass Appeal, Dentsu. Distribución: Diamond Films. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall’

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Una adaptación que mantiene intacto el clásico pero que no teme romper al héroe

Hay historias de Batman que forman parte del imaginario colectivo incluso para quienes jamás han abierto un cómic del personaje. ‘Batman: Knightfall’ es una de ellas. Publicada por DC Comics entre 1993 y 1994, la saga se articuló en tres grandes arcos (Knightfall, Knightquest y KnightsEnd) y ahora recibe una adaptación animada dividida también en tres entregas. La segunda llegará en 2026 y la tercera está prevista para 2027, por lo que, si no hay cambios, tendremos la trilogía completa antes de terminar el año que viene.

Jeff Wamester, responsable de buena parte de la animación superheroica reciente de DC y director de ‘Justice League: Crisis on Infinite Earths’, ‘Justice League: Warworld’ o ‘Green Lantern: Beware My Power’, se enfrenta aquí a uno de esos relatos que exigen conocer bien las posibilidades del personaje. También tiene experiencia en Marvel, donde trabajó en producciones como ‘Guardians of the Galaxy’, mientras que en ‘The Legend of Vox Machina’ participó como diseñador de personajes.

El resultado es una adaptación extraordinariamente fiel al espíritu del cómic, hasta el punto de que resulta inevitable encontrar paralelismos con ‘The Dark Knight Rises’. Hay un Batman agotado, una amenaza física aparentemente imposible de detener, un enemigo que conoce cómo llevarlo hasta el límite y una ciudad convertida en campo de batalla. Sobre todo se acerca a la película de Nolan a la hora de centrarse en el villano, Bane. Pero aquí está la diferencia fundamental: ‘Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall’ no tiene que contenerse dentro de las reglas del cine de acción real ni de las exigencias de un actor o un estudio que puede querer continuar con la franquicia. Puede llegar hasta donde el cómic quería llegar y, sobre todo, puede ser mucho más cruel con Bruce Wayne.

Bane, Robin y el legado del murciélago

Porque esta no es solamente una historia sobre cómo derrotar a Batman. Es, en buena medida, una historia sobre qué queda de Batman cuando Batman ya no puede ejercer como Batman.

La cuestión de si el héroe debe matar vuelve a aparecer, como es habitual, pero el verdadero corazón de la película está en el legado. ¿Qué ocurre cuando una persona ha construido toda su identidad alrededor de una misión y esa misión deja de estar en sus manos? ¿Quién puede ocupar su lugar? ¿Y qué precio tiene convertir a un símbolo en una responsabilidad que otros deben cargar?

El filme es toda una antesala para algo que a muchos les cuesta asimilar, que Batman envejece y antes o después ha de ceder el testigo. Y para dar voz a todo ese discurso crepuscular se ha contado con una nueva voz. Si con la serie de Batman de Prime Video hablábamos del buen trabajo de Hamish Linklater en lugar del fallecido Kevin Conroy, en este caso toca hablar de Anson Mount ejerciendo de Batman. ¿Qué tal lo hace? No está mal, va por los derroteros del Batman de Affleck, de hecho hasta Bruce Wayne se le parece, pero no nos encontramos con la mejor voz de Batman. El actor retoma la tarea que ejerció en 2021 con ‘Injustice: Dioses entre nosotros’ y cumple el encargo.

Y es que este filme no trata únicamente del hombre murciélago. Ahí entra una de las grandes virtudes de esta adaptación: además de funcionar como una historia de caída, funciona como una historia de orígenes. Bane adquiere una dimensión mucho mayor que la de simple monstruo físico. El filme se detiene en su pasado y permite comprender cómo se ha construido el hombre que finalmente llega a Gotham para quebrar al Caballero Oscuro. Michael Mando encuentra una voz grave y algo enlatada, amenazante y con una presencia formidable. También destaca David Dastmalchian como Nygma, mientras Jack Giffin consigue que Tim Drake sea uno de los Robin más agradecidos de ver en una adaptación animada.

Studio Mir lo cruje con el murciélago

Visualmente, ‘Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall’ es un auténtico festín. La animación corre a cargo del estudio surcoreano Studio Mir, responsable de trabajos como ‘The Legend of Korra’, ‘The Witcher: La pesadilla del lobo’, las primeras temporadas de ‘My Adventures with Superman’ y ‘X-Men ’97’. Fundado por Yoo Jae-myung, antiguo director de animación de ‘Avatar: La leyenda de Aang’, el estudio se ha convertido en uno de los grandes nombres de la animación occidental realizada en Corea del Sur.

Aquí su trabajo es especialmente notable en la iluminación, el color y el diseño de personajes. Los rostros tienen dureza, los cuerpos transmiten desgaste y el trazo consigue que Gotham parezca un lugar hostil incluso cuando no está ocurriendo una pelea o luce el sol. Personalmente nunca he sido demasiado fan del Batman de las hombreras puntiagudas, pero aquí funcionan porque forman parte de una estética deliberadamente heredada de los cómics de los noventa.

La suma de animación, montaje, diseño sonoro y una música nada baladí convierte el conjunto en una adaptación potentísima. Además, no estamos ante una producción infantil suavizada: es animación adulta, compleja y bastante salvaje, con violencia sangrienta y escenas especialmente brutales. El giro final, el cliffhanger de esta película así lo demanda.

‘Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall’ demuestra una vez más que, cuando DC quiere explorar de verdad a sus personajes, la animación sigue siendo uno de sus territorios más fértiles. Esta primera parte no se limita a romperle los huesos a Batman. Lo más interesante es que empieza a preguntarse qué queda del mito cuando el hombre que lo sostiene ya no puede sostenerlo. Si eres de los que no soportan ver a los héroes recibir palizas o de los que apuntillaste eso con el ‘Superman’ de Jame Gunn, realmente vas a sufrir con este filme.

Ficha de ‘Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall’

Estreno en España: 25 de agosto de 2026. Título original: Batman: Knightfall Part 1 – Knightfall. Duración: 78 min. País: EE.UU., Corea del Sur. Dirección: Jeff Wamester. Guion: Jeremy Adams. Música: John Jennings Boyd, Eric V. Hachikian. Reparto principal (doblaje original): Anson Mount, Jack Giffin, Michael Mando, Max Mittelman, David Dastmalchian, Simon Templeman, Mick Wingert, Bruce Boxleitner. Producción: DC Entertaiment, Warner Bros. Animation. Distribución: Pime Video. Género: ciencia ficción, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Black Box: vuelo 298’

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Steven Quale firma un eficaz ejercicio de suspense cósmico

Hay algo casi circular en la carrera de Steven Quale. El realizador dirigió ‘Destino final 5’, una de las entregas de la popular saga iniciada con aquella inolvidable visión premonitoria de un accidente aéreo que marcó a toda una generación de aficionados al fantástico. Entonces el avión era el detonante del relato, pero no fue el escenario principal de su versión. Ahora, con ‘Black Box: vuelo 298’, Quale sitúa prácticamente toda la acción a bordo de un aeroplano que a veces parece que está sobrevolando la colorida y saturadamente iluminada ciudad de Vigo en Navidad. Y demuestra que, incluso con un presupuesto contenido, todavía es posible construir una propuesta entretenida a base de suspense, incertidumbre y una acertada administración del misterio.

El planteamiento puede hacer pensar en una película de terror sobrenatural al uso, pero la realidad es algo distinta. El filme se mueve con mayor comodidad dentro del terreno del terror cósmico, donde la amenaza resulta mucho más inquietante precisamente porque escapa a la comprensión humana. Esa sensación de enfrentarse a algo imposible de racionalizar o a algo tan recientemente cercano como un virus, es la que sostiene buena parte de una historia que, pese a no reinventar el género, sabe dosificar la información para mantener el interés constante.

Quale posee una amplia experiencia como miembro de segundos equipos en grandes producciones, aprovecha las limitaciones espaciales del avión para convertirlas en una virtud narrativa. El resultado recuerda inevitablemente a esos relatos de confinamiento donde el verdadero enemigo es en buena parte la desconfianza. La premisa y solución de la película comparten además un elemento original que lastimosamente no se aprovecha pues de haber presentado todo el filme como metraje encontrado habría resultado más eficiente.

Un misterio que crece gracias a sus personajes

En muchos aspectos, ‘Black Box: vuelo 298’ comparte ADN con ‘La niebla’, de Frank Darabont. Ambas construyen su tensión menos desde el sobresalto inmediato que desde la acumulación progresiva de miedo, paranoia y conflictos entre personas obligadas a convivir en un espacio del que no pueden escapar. Cada nuevo acontecimiento añade una capa de incertidumbre y obliga a replantearse continuamente qué está ocurriendo realmente.

También resulta inevitable pensar en ‘La cosa en la niebla’, de Chedey Reyes, una película reseñada recientemente en este mismo medio. Más allá del evidente elemento fantástico y la ubicación aérea, ambas comparten esa sensación de aislamiento absoluto, donde la amenaza exterior termina contaminando las relaciones internas del grupo. En los dos casos el espectador avanza casi al mismo ritmo que los protagonistas, descubriendo pequeñas piezas de un puzle que nunca termina de mostrar todas sus cartas hasta el desenlace. Incluso la gestión del espacio cerrado y el creciente deterioro psicológico de los personajes generan sensaciones muy similares, pese a sus diferencias de tono.

Tom Brittney sostiene gran parte del peso dramático. Su personaje funciona como punto de referencia para el espectador y, al mismo tiempo, dispone de un pequeño arco emocional que aporta algo más que simples mecanismos de supervivencia. Esa dimensión personal evita que todo quede reducido a una sucesión de situaciones fantásticas y permite que el protagonista evolucione conforme aumenta la amenaza.

El actor británico demuestra suficiente carisma para liderar la función y deja la impresión de estar reclamando oportunidades más allá del circuito televisivo que le ha dado notoriedad con series como ‘Grantchester’ o ‘Los Westies’, conocidas principalmente en sus respectivos mercados. Aquí encuentra un escaparate interesante para demostrar que puede asumir un protagonismo cinematográfico con solvencia.

Una resolución conocida, pero eficaz

Uno de los mayores aciertos de ‘Black Box: vuelo 298’ reside en saber jugar sus cartas. La película nunca acelera innecesariamente y permite que el misterio sea quien marque el ritmo. Más que provocar miedo desde el primer minuto, opta por alimentar preguntas constantes. Esa estrategia consigue que el espectador vaya enlazando hipótesis mientras la tensión aumenta de forma orgánica.

Cuando finalmente llega el tercer acto, el terror estalla con mayor contundencia. La resolución probablemente no sorprenderá a quienes consumen habitualmente este tipo de propuestas, ya que no plantea una idea especialmente novedosa dentro del fantástico contemporáneo. Sin embargo, funciona porque todo el recorrido previo prepara adecuadamente ese desenlace y hace que resulte satisfactorio dentro de las reglas que el propio filme establece.

Como postdata. Señalar que una actriz española, previamente vista en ‘Jurassic World: dominion’, aparece en este filme con un papel muy presente en el tramo final. ¡Enhorabuena a Teresa Cendon-García por este nuevo trabajo!

Ficha de ‘Black Box: vuelo 298’

Estreno en España: 4 de septiembre de 2026. Título original: Black Box. Duración: 85 min. País: EE.UU. Dirección: Steven Quale. Guion: Steven Quale. Música: Raffertie. Fotografía: Steven Quale. Reparto principal: Tom Brittney, Holly White, Betsy-Blue English, Asa Ali. Producción: Capstone Pictures, Hammerstone Stuios, Inzide Media. Distribución: Vértice Cine. Género: suspense, terror. Web oficial.

Detrás de las cámaras de ‘Godzilla Minus Zero’

Godzilla regresa de una manera más espectacular

En 2023 ya nos dejaron con la boca abierta y tiene pinta que tres años después van a volver ha hacerlo. El equipo de ‘Godzilla Minus Zero’ nos regala un detrás de las cámaras increíble, con imágenes de la nueva película incluida.

Takashi Yamazaki, director, guionista y director de efectos especiales, vuelve a deleitarnos con el regreso de Godzilla. Combinando las técnicas tokusatsu con efectos visuales, la película se ha convertido en la primera película japonesa filmada íntegramente en las proporciones de imagen IMAX 1:1.43 y 1:1.90.

Las imágenes de Ryunosuke Kamiki y Minami Hamabe capturan expresiones auténticas que insinúan una sensación aún mayor de desesperación inminente, mientras que la producción también incluye un extenso rodaje en locaciones por todo Japón.

Equipo de Godzilla Minus Zero

Ganador del Premio Óscar a los Mejores Efectos Visuales, Takashi Yamazaki se une junto a 35 artesanos de efectos visuales para dar vida a este monstruo que tanto adoramos y que hace temblar todo Japón.

Está claro que después de ver este detrás de las cámaras, podemos decir que en los próximos Premios Óscar vamos a volverles a tener en las nominaciones a Efectos Visuales, porque las pocas imágenes que nos muestran son espectaculares.

No os hacemos esperar más y aquí tenéis esta maravilla que nos han ofrecido, disfrutadlo.

Crítica: ‘Una noche al año’

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Divertida manera de termina el verano

La vuelta al cole está cerca y siempre podemos refugiarnos en una buena comedia romántica en el cine. Will Gluck nos trae la estupenda ‘Una noche al año’ con Callum Turner y Monica Barbaro como protagonistas.

Una noche para el exceso

En una Nueva York ficticia, donde se ha prohibido el sexo extramatrimonial, el gobierno les da una noche al día para poder mantener relaciones entre solteros. Esa noche todos los solteros de la ciudad salen a la caza. Aquí es donde Owen y Allie se conocen, pero no empiezan las cosas con buen pie. Uno abandonado por su futura prometida, la otra, deseando encontrar al hombre de sus sueños en una noche donde nadie piensa en el amor. Miles de desventuras en una noche que sin duda no van a olvidar en la vida.

La película es divertida, muy entretenida y con bastantes locuras. Vemos a la fauna que aparece buscando una noche desesperada de placer, una noche que llevan esperando un año. Personajes de todo tipo mostrando sus mejores galas para conseguir una presa. Sexo por todos lados de la ciudad, donde se pierde el pudor después de tanto tiempo esperando el momento.

El romance en un marco poco romántico

Will Gluck regresa con una comedia romántica, sencilla y divertida. Con dos protagonistas que ahora mismo están en auge. El guion ha estado en la Hollywood Blacklist desde hace años, que es una lista donde se encuentran los mejores guiones que aún no han conseguido producción. Este fue escrito por Travis Braun y reescrito por Wil Gluck.

Callum Turner y Monica Barbaro, están estupendos y sin duda logran una gran una gran química en pantalla. Ella que ya nos sorprendió en FUBAR y además ha demostrado su buen trabajo en ‘A Complete Unknown’ con la que se ganó la nominación al Oscar. Y él, nominado al Emmy por ‘Masters of the Air’ y conocido por ‘Animales Fantásticos’, logran crear muy buen royo en pantalla con dos personajes bastante tiernos.

Tenemos dos pequeños cameos en forma de fotografías de Glen Powell y Sydney Sweeney, los dos protagonistas de ‘Cualquiera menos tu’, película dirigida por Will Gluck.

El final del verano con una estupenda comedia

‘Una noche al año’ me parece una estupenda manera de terminar el verano en una buena sala de cine. Es muy entretenida, logra hacer reír con esta idea tan majara y también pensar en que pasaría si tuviésemos un decreto así en la actualidad, donde las prohibiciones pueden llegar a ser tan locas.

Ficha de ‘Una noche al año’

Estreno en España: 26 de agosto de 2026. Título original: One Night Only. Duración: 102 min. País: EE.UU. Dirección: Will Gluck. Guion: Travis Braun, Will Gluck. Música: Este Haim, Christopher Stracey. Fotografía: Yaron Orbach. Reparto principal: Callum Turner, Monica Barbaro, Maya Hawke, Julia Fox, King Princess, Ziwe, Ben Marshall, Molly Ringwald, Levar Burton. Producción: Universal Pictures, Olive Bridge Entertainment. Distribución: Universal Pictures. Género: comedia, romance. Web oficial.

Crítica: ‘El ser querido’

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Bardem y Luengo: un duelo a pecho descubierto entre dos monstruos de la interpretación

Rodrigo Sorogoyen vuelve a demostrar en ‘El ser querido’ que pocos directores españoles contemporáneos poseen su capacidad para convertir una conversación aparentemente cotidiana en un campo de minas emocional y de continuo debate. La película reúne a un director de cine y a su hija actriz después de trece años de distancia, y hace del rodaje de una película en Fuerteventura el territorio donde ambos mezclan lo profesional, lo familiar y aquello que llevan demasiado tiempo sin decirse.

La primera secuencia ya funciona como declaración de intenciones. Ese encuentro en un restaurante, prolongado durante yo diría que más de diez minutos, demuestra que Sorogoyen sigue siendo un As cuando se trata de incomodar al espectador y rascar las capas de sus personajes hasta conseguir que terminen hablando a pecho descubierto. La cámara se aproxima constantemente, el espacio parece encogerse y la tensión nace tanto de lo que se dice como de lo que permanece suspendido entre ambos.

El problema es que, a diferencia de ‘As Bestas’, donde prácticamente cada escena añadía una nueva capa de violencia, amenaza o significado, aquí existe una sobrecarga de secuencias que no siempre parecen justificar su existencia narrativa. Hay momentos en los que da la impresión de que Sorogoyen se está dando un gustazo como director. Son escenas poderosas, tensas y magníficamente interpretadas, pero no necesariamente necesarias.

Cuando el cine se convierte en espejo

Da la sensación de que ‘El ser querido’ está construida alrededor de cuatro o cinco grandes secuencias extraordinariamente alargadas. Y casi todas funcionan porque Bardem y Luengo consiguen convertir cada conversación en una batalla. Sin embargo, la reiteración termina pasando factura: la conclusión a la que llegamos en los últimos compases no difiere demasiado de aquello que ya habíamos comprendido al comienzo. Sí existe una evolución en la relación entre ambos, pero no siempre una evolución equivalente en lo que la película nos cuenta sobre ellos.

Aquí adquiere especial interés una de las ideas que atraviesan el filme: que todo director introduce algo personal en sus obras. Sorogoyen parece tomarse esa premisa al pie de la letra y exteriorizar, sin casi esterilización, algunas de sus inquietudes sobre el cine, la creación, la familia, la culpa y el modo en que construimos el relato de las personas públicas.

La comparación con ‘Valor sentimental’ resulta inevitable por la figura del padre ausente, el intento de redención, el aprovechamiento de una situación profesional para recomponer una relación, la presión de los rodajes, la necesidad de sentirse realizado, los valores vitales y hasta el nepotismo… Pero la película de Joachim Trier aprovecha mejor sus minutos y desarrolla de un modo más claro toda la evolución de su discurso. Aún así hay algo especialmente interesante en que una película sobre la legitimidad de las herencias familiares esté dirigida por Sorogoyen, nieto del cineasta Antonio del Amo, y protagonizada por Javier Bardem, heredero de una de las grandes dinastías interpretativas españolas. Del Amo dirigió, entre otras películas, varias protagonizadas por Joselito; Bardem, por su parte, pertenece a una saga que arranca con Rafael Bardem y Matilde Muñoz Sampedro y continúa con Pilar Bardem.

Bardem y Luengo contra las zonas grises

Las interpretaciones son, sin duda, la principal razón para permanecer dentro de ‘El ser querido’. Javier Bardem está imponente, capaz de pasar de la arrogancia al desamparo y de la calidez a lo iracundo sin que ninguna de sus caras contradiga a las demás. Esa versatilidad permite que nuestra relación de amor y odio con su personaje vaya mudando de posición junto con la protagonista interpretada por Victoria Luengo.

Luengo no se queda atrás. Su personaje es como un gato que, llevado por la curiosidad, acerca la mano a un fuego que añora y siente cálido, aunque sabe que ese mismo fuego puede volver a quemarla. Sorogoyen la coloca en situaciones de reacción casi instintiva, como si jugara por momentos a un De Niro de ‘Taxi Driver’ y Luengo responde con una mezcla extraordinaria de visceralidad contenida y vulnerabilidad.

También resulta significativo el acercamiento lateral al conflicto saharaui a través de la película que están rodando, lo cual supongo que habrá sido aliciente para ambos actores pues siempre se han mostrado comprometidos con diversas causas de esta índole. La película no trata sobre el tema pero colocarlo en segundo plano es otra manera de mantenerlo vivo.

La herencia europea de un cine incómodo

Formalmente, además, vuelve a sentirse la influencia francesa y del cine europeo contemporáneo. Las zonas grises de la moral, tan presentes en Haneke o Dominik Moll, interesan a un Sorogoyen que convierte la película en un pulso constante de moralismos. La ausencia de música extradiegética en determinados pasajes, los planos largos y nerviosos y esa cámara que parece buscar siempre el lugar más incómodo recuerdan incluso al nervio físico de los hermanos Dardenne.

Sin duda el mercado al que va dirigido ‘El ser querido’ es el europeo. Aunque no alcanza la precisión o el impacto de ‘As Bestas’, porque a veces confunde intensidad con acumulación, Sorogoyen exhibe músculo y permite que Bardem y Luengo se miren, se hieran y se necesiten. Sin duda, en la actualidad de nuestro cine, es el cineasta que mejor sabe convertir una conversación en una herida abierta.

Ficha de ‘El ser querido’

Estreno en España: 26 de agosto de 2026. Título original: El ser querido. Duración: 135 min. País: España. Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Guion: Isabel Peña, Rodrigo Sorogoyen. Música: Olivier Arson. Fotografía: Álex de Pablo. Reparto principal: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Mourad Ouani, Raúl Prieto, Melina Matthews, Laura Birn, Nuria Prims, Pablo Gómez-Pando, Pepa Gracia, Malena Villa. Producción: Caballo Films, Movistar Plus+, El ser querido, La Pacte, Canal+, Comunidad de Madrid, Crea SGR, ICEC, ICAA, Triodos Bank. Distribución: A Contracorriente Films, Movistar Plus+. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’

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Tadeo Jones sigue siendo una aventura que nunca agota sus deseos

Hay sagas de animación que, llegada una determinada entrega, parecen limitarse a repetir la fórmula que les dio éxito. No es el caso de ‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’, cuarta aventura cinematográfica del arqueólogo más despistado del cine y, una vez más, dirigida por Enrique Gato. Lejos de conformarse con el terreno conocido, la película vuelve a ampliar su universo y demuestra que todavía es posible encontrar nuevas rutas para un personaje que lleva más de una década conquistando al público familiar. Y eso que rompe su cadencia de estreno y en vez de llegarnos cinco años más tarde nos llega solo cuatro años después del estreno de ‘Tadeo Jones: La tabla esmeralda’.

La sensación desde los primeros minutos es clara: estamos ante la producción más ambiciosa de la serie. La animación alcanza un nivel superior al de sus predecesoras, tanto por la riqueza de escenarios como por el tratamiento de la iluminación y la expresividad de los personajes. También se percibe un esfuerzo evidente por incrementar la escala del relato. Nunca antes (creo) la franquicia había reunido semejante cantidad de personajes, secundarios y cameos vocales, hasta el punto de dar la impresión de que es la entrega que más actores de doblaje ha necesitado.

Como es habitual, el viaje vuelve a ser uno de los grandes motores narrativos. La aventura conduce al espectador desde Londres hasta Perú (con la siempre sugerente referencia a Paititi), pasando por Atenas, la Capadocia y otros enclaves que mantienen intacto ese espíritu de exploración heredero del cine clásico de aventuras.

Un cóctel de leyendas que funciona gracias a su espíritu lúdico

El gran acierto del guion reside en mezclar referentes que pertenecen al imaginario oriental. Conviven ‘Las mil y una noches’, Solimán el Magnífico, la lámpara maravillosa, Alí Babá y los cuarenta ladrones o Simbad en una misma narración. Es cierto que muchos de estos personajes y relatos nunca coexistieron realmente y que algunas conexiones nacen más de la tradición literaria que de la Historia. Sin embargo (y aquí está precisamente la clave), la película nunca pretende convertirse en una lección académica.

Al contrario, juega con esa mezcla de culturas y épocas para construir una fantasía accesible al público infantil. Incluso resulta curioso comprobar cómo determinadas referencias temporales permiten enlazar el relato con la leyenda de Paititi y con las expediciones de Cristóbal Colón, una coincidencia histórica que aporta una capa adicional de interés para los espectadores adultos sin romper el tono desenfadado de la propuesta.

Más personajes, más voces, más estilos

La familia de personajes sigue creciendo. La incorporación de una hija llamada Olimpia introduce nuevas dinámicas dentro del grupo, mientras que los villanos, aliados circunstanciales y nuevos compañeros de viaje enriquecen una aventura que no concede pausas. También resulta simpática la decisión de dar voz a los habituales compañeros animales de Tadeo, sustituyendo el viejo recurso del pájaro que mostraba carteles (tan cercano al humor del Coyote de los Looney Tunes) por un trabajo vocal de Carlos Latre que, precisamente por su naturalidad, termina siendo prácticamente invisible y conste que no soy nada fan de sus doblajes teniendo clavada en el alma su versión de Gardfield. Petra Martínez también se suma y aporta además una enorme personalidad a la genia de la lámpara.

Especialmente llamativo resulta uno de los flashbacks, resuelto mediante un segmento de animación con claras reminiscencias del Disney clásico, un cambio estético que aporta variedad visual sin romper la coherencia del conjunto.

Referencias cinéfilas, humor muy español y una moraleja que nunca pasa de moda

Si algo caracteriza desde hace años a la saga de Enrique Gato es su capacidad para jugar con la cultura popular. ‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’ evidentemente mantiene esa costumbre. La película abre con una introducción que recuerda al suspense de Alfred Hitchcock, convierte la inolvidable melodía de ‘Jurassic Park’ en una desafinada interpretación a flauta, homenajea la espectacularidad de ‘Mad Max’ y sus persecuciones, recrea la icónica escena de ‘Titanic’, juega con secuencias muy reconocibles de ‘Aladdin’ (1992) e incluso reproduce el famoso momento del monopatín y la desaparición progresiva de la fotografía de ‘Regreso al futuro’. Sobre todo, continúa siendo evidente la influencia del cine de Steven Spielberg y, muy especialmente, de ‘Indiana Jones y el dial del destino’, cuya huella se deja sentir en buena parte del guión.

Todo ello convive con un humor muy reconocible para el espectador español, capaz de ridiculizar grandes mitos universales mezclando la lámpara maravillosa con unos callos o unos churros, o presentando una inesperada versión gallega de Cristóbal Colón, también interpretada por Carlos Latre.

Entre tanta comedia también aparece una pequeña reflexión sobre la creciente presencia de inteligencias artificiales y robots capaces de sustituir a las personas, una inquietud que se introduce sin excesiva solemnidad pero que conecta con preocupaciones muy actuales.

Y, como no podía ser de otra manera tratándose de una historia alrededor de una lámpara mágica, la película recupera la moraleja clásica de que no todos los deseos conducen necesariamente a la felicidad. Un mensaje sencillo, perfectamente integrado en una aventura que confirma que la saga continúa creciendo sin perder su identidad y que además da paso a un final bastante emotivo.

Ficha de ‘Tadeo Jones y la lámpara maravillosa’

Estreno en España: 26 de agosto de 2026. Título original: Tadeo Jones y la lámpara maravillosa. Duración: 90 min. País: España. Dirección: Enrique Gato. Guion: Manuel Burque, Josep Gatell. Música: Zacarías M. de la Riva. Reparto principal (doblaje original): Óscar Barberán, Michelle Jenner, Luis Posada, Ana Esther Alborg, Petra Martínez, Carlos Latre. Producción: Films AIE, Mediaset España, Movistar Plus+, Mediterráneo Mediaset España Group. Distribución: Paramount Pictures. Género: aventuras. Web oficial.

Tráiler de la serie ‘Golden Axe’

Paramount+ trae Golden Axe el próximo mes

Mike McMahan (‘Solar Opposites’) y Joe Chandler (‘Padre Made in USA’) son los encargados de adaptar este videojuego que tantas horas nos ha dado desde 1989. Paramount+ es el encargado de traer la adaptación en forma de serie a su plataforma. Y tenemos el primer tráiler de la cinta que podéis ver a continuación.

¿De dónde sale esta serie?

En 1989 SEGA lanzó ‘Golden Axe’. Videojuego de fantasía, con algún que otro elemento que recuerdan al rol. En el podemos elegir a tres personajes distintos para embarcarnos en una gran aventura de rescate. Ax Battler, un bárbaro enorme, Tyris, una amazona y Gilius Thunderhead, un enano que lleva un hacha gigante. Cada uno de ellos tiene un plan de venganza contra el sanguinario Death Adder.

Reencuentros y nuevos personajes

La serie que se va a estrenar en Paramount+, nos trae el reencuentro de Gilius, Ax y Tyris. Y es que Darth Adder ha regresado entre los muertos y deben darle caza. Además como vemos en el tráier tenemos nuevos personajes que se unirán a nuestros protagonistas. Escucharemos las voces de Liam McIntyre, Lisa Gilroy, Matthew Rhys, Danny Pudi y Carl Tart como los personajes principales de la serie.

¿Donde lo podremos ver?

De momento no hay estreno oficial en España. A la espera de que SkyShowtime nos de buenas noticias, el 16 de septiembre, estará disponible en la plataforma de Paramount+.

Crítica: ‘Insidious: Fuera del más allá’

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Jacob Chase entra en ‘Insidious’ con oficio, pero sin una identidad demasiado marcada y poco margen para la sorpresa

Con ‘Insidious: Fuera del Más Allá’, Jacob Chase se estrena en la saga creada por Leigh Whannell, aunque no precisamente en el género de terror. El director ya había demostrado su afinidad por lo sobrenatural con ‘Ven a jugar’, y aquí confirma que sabe manejar los mecanismos clásicos del género. Chase tiene pulso para mover la cámara, construir espacios inquietantes y, sobre todo, decidir cuándo conviene enseñar a los demonios y cuándo es preferible hacerlos desfilar fugazmente por el encuadre para generar incomodidad. 

El problema es que ese oficio no termina de traducirse en una personalidad visual propia. Es comprensible: estamos ante la sexta entrega de una franquicia que ya ha establecido una iconografía muy reconocible. El diseño de producción, la iluminación, los colores y la concepción de ‘El Más Allá’ llevan cinco películas funcionando como una especie de manual estilístico. Chase lo utiliza con solvencia, pero precisamente por eso cuesta encontrar aquí una auténtica huella autoral.

Donde sí hay un acierto considerable es en el reparto. La elección de Amelia Eve, Maisie Richardson-Sellers y el resto del elenco funciona especialmente bien dentro de la relación maternofilial que vertebra la historia. Hay además un trabajo de casting que consigue que las diferentes generaciones resulten visualmente creíbles, algo que ayuda a que el conflicto familiar no parezca un simple instrumento narrativo.

Amelia Eve y el regreso imprescindible de Elise Rainier

Me ha sorprendido gratamente Amelia Eve. En una saga donde las situaciones extremas pueden empujar fácilmente a las interpretaciones hacia el histrionismo, su personaje transmite una desesperación mucho más reconocible. Gemma no parece reaccionar a los fenómenos sobrenaturales como alguien que simplemente necesita gritar para que sepamos que tiene miedo, sino como una persona desorientada que intenta comprender qué demonios está sucediendo. Y esa contención beneficia considerablemente al filme. 

Y, por supuesto, está Lin Shaye. Elise Rainier se ha convertido en una figura inseparable de ‘Insidious’ y su presencia vuelve a demostrar que aun hay franquicias que pueden fabricar sus propios iconos. Shaye es la única intérprete que, de una forma u otra, ha estado presente en todas las entregas, y me parece estupendo que Elise pueda entrar por derecho propio en ese particular olimpo del terror donde conviven las scream queens, los monstruos y los asesinos que han terminado formando parte del imaginario colectivo. 

Además, esta entrega introduce una interesante inversión de uno de los conceptos tradicionales del género: si tantas historias de terror han presentado a personas que intentan ayudar a quienes sufren fenómenos paranormales, ¿por qué no explorar qué sucede cuando la relación funciona en sentido contrario? La idea no es revolucionaria, pero encaja sorprendentemente bien en las reglas de este universo.

‘Insidious’ necesita ir más allá, quizá demasiado

En esencia, ‘Insidious: Fuera del Más Allá’ continúa siendo otro relato de demonios, posesiones, sustos, planos espirituales y conexiones entre nuestro mundo y ese territorio de almas perdidas. El problema es que la saga empieza a acusar el peso de sus propias reglas. Después de cinco películas, necesita introducir conceptos cada vez más elaborados para ampliar su mitología y evitar la sensación de estar repitiéndose.

La franquicia comenzó jugando con los viajes astrales, las paradojas temporales y posteriormente desarrolló diferentes mecanismos para explicar cómo las entidades podían relacionarse con nuestro mundo. Ahora añade una nueva posibilidad que no voy a destripar pero que es aún más fantasiosa.

La idea funciona mientras permanece vinculada al terror, pero también revela el principal problema de esta sexta entrega: en su intento de ampliar el universo, ‘Insidious’ empieza a aproximarse peligrosamente a una fantasía sobrenatural cada vez más compleja y sin límites. Y cuanto más se multiplican las reglas, más difícil resulta que el espectador mantenga la suspensión de incredulidad.

Con todo, estamos ante una entrega que supera a algunas de sus predecesoras. Consigue despertar interés por nuevos personajes, mantiene conexiones con lo anterior y demuestra que todavía existen posibilidades dentro de este universo. Eso sí, expandir el lore también exige algo más al espectador: una considerable dosis de fe en las reglas que la propia franquicia continúa inventando sobre la marcha.

Ficha de ‘Insidious: Fuera del más allá’

Estreno en España: 21 de agosto de 2026. Título original: Insidious: Out of the Further. Duración: 1106 min. País: EE.UU. Dirección: Jacob Chase. Guion: Jacob Chase, David Leslie Johnson. Música: Joseph Bishara. Fotografía: Dave Garbett. Reparto principal: Lin Shaye, Amelia Eve, Brandon Perea. Producción: Atomic Monster, Blumhouse Productions, Screen

Crítica: ‘Lanterns’

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Dos formas de entender el heroísmo que conviven perfectamente con la esencia de los Green Lanterns

Conviene dejar claro desde el principio que esta es una reseña del primer capítulo de ‘Lanterns’, no una valoración de la temporada completa ya que no he podido acceder a ella. Pero las ganas que tenía de abordar a estos personajes me supera.

La expectación por ‘Lanterns’ no nace con el actual DCU de James Gunn, sino que es el último capítulo de una larga historia de intentos de devolver a Green Lantern a la primera línea audiovisual. Tras el fracaso de ‘Green Lantern’ (2011), Warner anunció en 2014 ‘Green Lantern Corps’, una nueva película que llegó a plantearse alrededor de Hal Jordan y John Stewart y que estaba vinculada a la etapa del DCEU de Zack Snyder. El propio Snyder quiso introducir a John Stewart en ‘Justice League’, llegando a rodar una escena con Wayne T. Carr que finalmente fue descartada por Warner y sustituida por la aparición de Martian Manhunter en ‘Zack Snyder’s Justice League’. Poco después, en 2019, Greg Berlanti anunció una serie de ‘Green Lantern’ para HBO Max que también sufrió una larga evolución hasta terminar siendo replanteada.

Con la creación de DC Studios, James Gunn y Peter Safran recuperaron el proyecto desde una nueva perspectiva, convirtiéndolo en ‘Lanterns’, con Chris Mundy, Tom King y Damon Lindelof al frente. Por eso la serie ha tardado tantos años en llegar: no estamos ante un proyecto que haya tardado en producirse desde su anuncio actual, sino ante más de una década de intentos, reinicios y cambios de enfoque para encontrar la manera adecuada de adaptar de nuevo a Green Lantern.

La historia arranca jugando con tres momentos temporales. En 1996 conocemos al joven John Stewart, todavía creciendo bajo la influencia de un padre estricto mientras observa a Hal Jordan como la encarnación de aquello que aspira a ser. En 2016, Hal ya es su mentor y ambos investigan una inquietante presencia extraterrestre en un pequeño pueblo de Nebraska. Finalmente, en 2026, un año después de lo sucedido en ‘Superman’, encontramos a John convertido en Green Lantern de pleno derecho y actuando por su cuenta. Es una estructura que funciona porque cada salto temporal aporta información sobre la relación entre ambos. Lo lógico es pensar que los siguientes episodios se moverán fundamentalmente entre 2016 y 2026, dejando la infancia de John como una pieza puntual para comprender su personalidad.

El resultado tiene una evidente naturaleza superheroica, pero también abraza el suspense policial. De ahí las inevitables comparaciones con ‘True Detective’, una influencia que, además, no es casual: James Gunn ya había definido el proyecto como un misterio terrestre con protagonistas que funcionan prácticamente como policías intergalácticos.

Hal Jordan y John Stewart: dos maneras de entender el heroísmo

Una de las mejores decisiones de ‘Lanterns’ es presentar a sus protagonistas sin necesidad de ocultar quiénes son. Hal Jordan no no es un eascarado: es un héroe conocido, cercano a la población y con libertad para intervenir cuando existe una amenaza extraterrestre. Es una representación muy cercana a la tradición de los cómics, donde la identidad de Green Lantern no siempre necesita funcionar como un secreto.

La relación entre Hal y John es todavía más interesante. Los dos son hombres honorables y quieren hacer lo correcto, pero entienden el deber de maneras muy diferentes. Ahí aparece el eco de aquel cómic ‘Green Lantern/Green Arrow’ de Dennis O’Neil, Elliot Maggin y Neal Adams en el que el personaje podía servir para confrontar distintas formas de interpretar la justicia, la responsabilidad y el poder.

Kyle Chandler da la talla como un Hal Jordan crepuscular, veterano y algo irreverente. Su actitud transmite el cansancio de alguien que lleva décadas desempeñando un trabajo extraordinario prácticamente en solitario. Vemos básicamente el desgaste de un héroe que ha vivido demasiado tiempo dentro de su propia leyenda.

Aaron Pierre encaja magníficamente con la rigidez de John Stewart. Tiene el porte, la mirada y esa sensación de disciplina contenida que asociamos al personaje en las viñetas. Y hay un concepto fundamental que atraviesa el episodio: el miedo. Para un Green Lantern, vencerlo no es una simple cuestión de valentía, sino parte de la esencia misma del personaje. La serie acierta en tratar esto constantemente y los actores han sabido incorporarlo a sus interpretaciones.

De momento las pistas van solo para los más cafeteros

Por el momento nos dan alguna pista de qué tipo de problemas van a encontrarse estos héroes en su aventura por la América cerrada. Pero solo aquellos que estén bien empapados de las historias de Green Lantern sabrán ver bien quién es el auténtico enemigo a batir en esta primera temporada. De hecho, los tráilers ya nos daban buenas pistas.

Por lo que deja entrever este primer capítulo, entre Jordan y Stewart también habrá espacio para una relación de rivalidad, admiración y cierto amor-odio que conecta directamente con la tradición de los cómics. Cuando John Stewart apareció por primera vez en ‘Green Lantern’ #87, en 1971, fue elegido como sustituto de Hal y el propio Jordan recibió el encargo de entrenarlo, aunque desde el principio desconfió de sus métodos y de su actitud frente a la autoridad. Con el tiempo, aquella relación pasó de la desconfianza inicial a convertirse en una auténtica camaradería, hasta el punto de que ambos han llegado a compartir el peso del legado de Green Lantern en diferentes etapas.

‘Lanterns’ parece recuperar esa dinámica, pero introduciendo una diferencia fundamental: todo apunta a que el gran protagonista de este nuevo DCU será John Stewart. Eso no significa, sin embargo, que vayamos a despedirnos de Hal Jordan. Al contrario, el primer capítulo deja claro que su presencia seguirá siendo determinante y que, incluso después de su muerte, podría continuar guiando a John a través de un peculiar “halograma”, una suerte de holograma que recuerda inevitablemente al papel que desempeñaba Jor-El con Superman. De esta manera, Hal puede convertirse en algo más que el mentor del nuevo Lantern: en la figura que representa el pasado del Cuerpo mientras John encarna su futuro. Una relación que, si la serie sabe desarrollarla, puede ser uno de sus grandes atractivos.

El peso de su historia y un futuro prometedor

No es casualidad que detrás de ‘Lanterns’ estén Tom King, Chris Mundy y Damon Lindelof. King aporta su experiencia como uno de los grandes guionistas contemporáneos de DC y autor de obras magnas, acostumbrado a utilizar los superhéroes para hablar de identidad, trauma y humanidad.  Mundy, responsable de ‘Ozark’, sabe construir tensión criminal y personajes sometidos a una presión constante.  Y Lindelof, creador de ‘Lost’, ‘The Leftovers’ y ‘Watchmen’, conoce perfectamente el misterio serializado y la capacidad de convertir una historia fantástica en un relato sobre personas.

El primer capítulo demuestra que la mezcla puede funcionar. Incluso cuando abraza el misterio, nunca pierde completamente la identidad superheroica. Y el destino de Hal Jordan deja claro que la serie no piensa limitarse a recuperar una franquicia: quiere utilizarla para construir un misterio con consecuencias.

Un último detalle especialmente interesante para el público español aparece al final de los créditos: el sello del Ministerio de Cultura. La explicación está en la participación de empresas españolas en la producción de efectos visuales, entre ellas El Ranchito, que figura entre las compañías encargadas de los VFX de la serie y que ha promocionado expresamente su trabajo en ‘Lanterns’.

Crítica: ‘Palestina 36’

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La biopsia de unas heridas no cerradas que están a una década de cumplir 100 años

Hay películas que reconstruyen el pasado y otras que consiguen hacernos ver que el pasado aún se reproduce delante de nuestros ojos. ‘Palestina 36’, de Annemarie Jacir, pertenece a la segunda categoría. Su punto de partida es la Gran Revuelta Árabe de Palestina de 1936-1939, pero su verdadera ambición consiste en demostrar que aquel levantamiento no surgió de la nada, sino de una acumulación de decisiones políticas, coloniales y territoriales cuyas consecuencias todavía resuenan.

Jacir abre el filme con imágenes de archivo restauradas y coloreadas. No es un simple recurso estético: la propia directora ha explicado que quiso recuperar esas imágenes para que no parecieran un pasado muerto, sino una realidad que continúa avanzando hacia el presente. El resultado es extraordinario. El material documental y la ficción se funden hasta convertir Palestina en el auténtico protagonista. La única lástima es que ese material de archivo no consiste en pruebas concretas sobre lo que se denuncia, solo conforma imágenes cotidianas, ninguna retrata ningún hecho concreto relevante o que fuese parte real de la narración que nos transmite, solo es ambientación y nostalgia de lo que era aquella tierra.

Colonialismo, resistencia y una historia incómoda

La película construye un amplio mosaico de personajes para explicar cómo el Mandato británico fue transformando la vida cotidiana. La huelga general de 1936, las restricciones, la represión, las detenciones y el progresivo paso de la protesta a la lucha armada aparecen como respuestas a una situación que los protagonistas perciben como insoportable. No estamos ante una rebelión presentada como un estallido irracional: Jacir intenta reconstruir sus causas políticas y sociales.

Y ahí aparece uno de los mayores méritos de ‘Palestina 36’: mostrar el colonialismo no únicamente mediante soldados y armas, sino a través de sus herramientas administrativas. La prensa, la radio, la circulación, el control territorial, los permisos, las políticas de tierra y la creación de estructuras de vigilancia forman parte de un mismo mecanismo de poder.

La película sostiene además una tesis muy clara sobre el papel británico en el crecimiento del proyecto sionista. La Declaración Balfour y la posterior política del Mandato forman el telón de fondo de una transformación que los personajes palestinos viven como pérdida de control sobre su propio territorio. La Comisión Peel, presentada dentro de este proceso, adquiere una importancia especial: en 1937 recomendó la partición de Palestina, una prueba para Jacir de que el conflicto territorial ya había alcanzado un punto de ruptura.

Del pasado al presente

La producción adquiere una dimensión casi paradójica. ‘Palestina 36’ es una coproducción en la que participan Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Qatar, Arabia Saudí y Jordania, con respaldo de instituciones británicas como BBC Film y el BFI.

Y el rodaje estuvo condicionado por la guerra iniciada tras octubre de 2023: la producción tuvo que afrontar interrupciones y dificultades para trabajar en los escenarios previstos, antes de poder completar parte del rodaje en Palestina. Ese dato convierte inevitablemente la película en algo más que una reconstrucción histórica.

Hay, además, una imagen final particularmente hermosa: un palestino tocando una gaita. ¿Por qué una gaita, instrumento que asociamos inmediatamente con Escocia y el ejército británico? Jacir explicó que las gaitas llegaron a Oriente Próximo desde Europa durante las Cruzadas y que, con el tiempo, también pasaron a formar parte de la cultura musical de la región. La imagen funciona así como una apropiación simbólica: un instrumento que asociamos al poder europeo termina integrado en una identidad palestina propia.

‘Palestina 36’ no pretende ser una lección neutral. Es una película de memoria, resistencia y denuncia. Y precisamente por eso resulta más interesante discutirla desde la historia que descartarla por su posicionamiento político. Muchas de las circunstancias que utiliza como materia dramática están documentadas: la Revuelta de 1936, la huelga general, la represión británica, la política del Mandato y la propuesta de partición de Peel no son invenciones cinematográficas. Os recomiendo hacer como yo, tomar nota de ciertos eventos que relata y contrastarlos con la hemeroteca.

Puede discutirse la interpretación, el reparto de responsabilidades o aquello que Jacir decide dejar fuera de campo. Lo que resulta mucho más difícil es negar que detrás de la película existe un episodio histórico real, complejo y extraordinariamente violento que durante décadas ha ocupado un espacio sorprendentemente pequeño en el cine occidental teniendo en cuenta la de vidas que ha sesgado.

Ficha de ‘Palestina 36’

Estreno en España: 14 de agosto de 2026. Título original: Palestine ’36. Duración: 120 0min. País: Palestina, Reino Unido, Francia. Dirección: Annemarie Jacir. Guion: Annemarie Jacir. Música: Ben Frost. Fotografía: Sarah Blum, Tim Fleming, Hélène Louvart. Reparto principal: Hiam Abbass,Kamel Al Basha, Yasmine Al Massri, Jalal Altawil, Robert Aramayo, Saleh Bakri, Yafa Bakri, Karim Daoud Anaya, Wardi Eilabouni, Ward Helou, Billy Howle, Dhafer L’Abidine, Liam Cunningham, Jeremy Irons. Producción: Philistine Films, BBC film, Doha Film Institute, Katara Studios, BFI, Autonomous, Corniche Media, MK Productions, Watermelon Productions, Snowglobe Films, Roya Media Group, The Royal Film Comission, Rise Studios, Telfaz11, Cocoon Films, Metafora Productions, Lucky Number, mk2 Films, Institut Français, The Jordan Film Found, AFAC, Sørfound. Distribución: La Aventura. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘X-Men 97’ Temporada 2

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Cuando el homenaje mutante se convierte en un puzle incompleto

Hay algo especialmente valioso en esta segunda temporada de ‘X-Men ’97’: su voluntad de recordar que los X-Men nunca fueron simplemente un grupo de superhéroes. Son una familia, una comunidad, un conflicto ideológico y, sobre todo, uno de los universos de ciencia ficción más desbordantes que ha dado el cómic. La temporada abraza esa naturaleza poliédrica hasta sus últimas consecuencias, recuperando personajes, conceptos y sensibilidades procedentes de distintas etapas de Marvel.

El tributo a guionistas como Chris Claremont resulta evidente. La serie mezcla ecos de ‘La era de Apocalipsis’ con ‘Días del futuro pasado’, juega con diferentes líneas temporales y vuelve a demostrar que adaptar los cómics no significa reproducirlos literalmente. Hay modificaciones importantes respecto a las historias originales, pero lo verdaderamente destacable es que se conserva su espíritu y, al mismo tiempo, el ADN de la serie animada de los noventa.

No es casualidad que el primer episodio lleve por título ‘Days of Past Future’: la temporada convierte el tiempo en otro personaje y utiliza las diferentes épocas para explorar las consecuencias de las decisiones de los mutantes. Además, la primera entrega está dedicada a Karen Hathaway, montadora y profesional de postproducción fallecida en 2025 que trabajó también en esta temporada. El problema aparece cuando todas esas piezas tienen que encajar.

Una temporada construida a golpe de piezas

‘X-Men ’97’ temporada 2 es, en buena medida, una serie hecha por parches. Y esto no tiene por qué ser necesariamente negativo. La narración fragmentada puede ser una herramienta magnífica cuando el espectador termina comprendiendo que cada pieza estaba colocada para conducir hacia un mismo punto. El problema es que aquí el ensamblaje no alcanza la contundencia esperada.

La temporada gira alrededor de Apocalipsis y de la profecía que condena a Cable a dedicar prácticamente toda su existencia a acabar con él. De ese conflicto nacen algunos de los mejores momentos de la temporada, pero también se abren demasiadas puertas. La relación entre Pícara y Gambito adquiere una nueva dimensión, mientras que, de forma más secundaria, se profundiza en Cíclope y Jean Grey o en la compleja amistad entre Magneto y Xavier.

Y después están X-Factor y X-Force, cuya presencia constituye una nueva demostración de la riqueza del material original. Para quienes conozcan menos los cómics, la experiencia puede recordar a lo que supuso ‘Deadpool 2’: descubrir que el universo mutante es muchísimo más grande que los protagonistas habituales.

Pero esa misma abundancia juega en contra de la temporada. Hay tantos personajes, tantas líneas argumentales y tantos conceptos que algunos quedan necesariamente relegados. Los X-Men son así en los cómics, sí, pero la televisión exige administrar el tiempo de otra manera.

Apocalipsis merecía mucho más

El gran problema llega con el clímax. Después de convertir a Apocalipsis en el eje de la temporada, su derrota resulta demasiado sencilla. El villano, cuya presencia debería justificar una auténtica culminación épica, termina siendo menos formidable de lo que la construcción previa hacía esperar. Es una sensación similar a la que produjo el tratamiento de Galactus en la reciente ‘Los 4 Fantásticos’: un personaje gigantesco sobre el papel al que la narración no termina de sacar todo el partido.

Y quizá haya que mirar también al número de episodios. La segunda temporada tiene nueve capítulos, uno menos que la primera. Beau DeMayo, creador y showrunner original despedido por Marvel, afirmó que la compañía había descartado el décimo episodio que había preparado. Según su versión, aquel capítulo resolvía la trama con Onslaught y terminaba con Gambito liberando a Bishop de una prisión situada en la realidad de ‘La era de Apocalipsis’, mientras ambos huían de un Cíclope malvado. Además, DeMayo aseguró que su plan era dedicar toda la tercera temporada a esa realidad alternativa. Todo bastante diferente a cómo ha sido.

No podemos saber si aquella versión habría sido mejor, pero sí resulta tentador pensar que un episodio adicional habría permitido que el enorme puzle de esta temporada respirase antes de llegar al desenlace. La escena postcréditos, además, deja claro que el objetivo es seguir ampliando el tablero. Es una declaración de intenciones tan evidente que resta algo de contundencia al cierre.

Y, pese a todo, ‘X-Men ’97’ sigue siendo una serie extraordinariamente disfrutable. Su capacidad para defender la diversidad de los personajes, su naturaleza de ciencia ficción sin límites, su respeto por el material original y su voluntad de explorar todas las caras del universo mutante compensan buena parte de sus desequilibrios. Puede que el puzle no encaje perfectamente, pero las piezas siguen siendo demasiado buenas como para dejar de jugar con ellas.

Crítica: ‘El final de Oak Street’

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Mitchell se pasa el cine de aventuras con una anomalía repleta de personalidad y sabor clásico

¿Recordáis aquella película de animación en la que una familia debía huir en su coche desde su cómodo barrio de casas y jardines porque eran atacados por seres implacables? Trataba de cómo familias acomodadas veían rota su rutina y tenían que ponerse en pie de guerra o atrincherarse en sus hogares. Se llamaba ‘Los Mitchell contra las máquinas’. Todo eso lo tenemos en esta nueva película que además está dirigida por alguien que se apellida Mitchell. David Robert Mitchell, director de ‘It Follows’ y ‘Lo que esconde Silver Lake’, es uno de esos cineastas que dificultan cualquier intento de anticipar su siguiente película. Entre ambas obras ya existía una distancia considerable y ‘El final de Oak Street’ confirma que su filmografía no parece dispuesta a acomodarse en una fórmula. El volantazo respecto a sus anteriores propuestas de terror psicológico y suspense es considerable: aquí Mitchell se adentra de lleno en el cine de criaturas, la ciencia ficción y la aventura familiar.

La película, protagonizada por Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella y Christian Convery, parte de una premisa tan sencilla, de esas que te sumergen en una cotidianidad de la que no quieres salir. Un barrio residencial de los años ochenta es arrancado de su realidad y transportado a un entorno prehistórico. La comparación inmediata con ‘Jurassic Park’ resulta inevitable, aunque Mitchell utiliza el concepto para construir algo diferente. Podría parecer un ‘Jurassic Park’ sangriento trasladado a la estética de ‘Cadillacs and Dinosaurs’, pero debajo de los dinosaurios hay una historia familiar que intenta sostenerse por sí misma.

Un Spielberg con la mirada puesta en lo desconocido… y en lo conocido

La música, la ambientación ochentera y el tono familiar remiten inevitablemente al cine de Steven Spielberg. Durante buena parte del metraje tenemos esa sensación de aventura al son de la música de John Williams, de hecho, la banda sonora la pone quien es considerado su heredero natural, Michael Giacchino. La familia se enfrenta a algo extraordinario, que conecta con el imaginario de los grandes clásicos de aquella época. Sin embargo, Mitchell introduce elementos que no encajarían tranquilamente en una película amigable al estilo Spielberg. Hay momentos de auténtico horror y violencia que alteran esa sensación de seguridad.

También aparece una dimensión casi verniana. Como en Julio Verne, el ser humano vuelve a sentirse diminuto ante la magnitud de un mundo que no comprende. Oak Street deja de ser un barrio conocido para convertirse en una isla diminuta frente a secretos que pertenecen a un pasado remoto. La serie ‘The Outer Limits’ ya había jugado con una idea semejante en ‘A Feasibility Study’, episodio en el que un vecindario entero era capturado misteriosamente. La coincidencia resulta especialmente curiosa porque la película parece tomar aquella premisa y convertirla en una aventura prehistórica a más escala.

Los dinosaurios son además uno de los grandes atractivos. La película se distancia de cierta imagen tradicional del cine Cretácico (a menudo confundido con el Jurásico) y apuesta por criaturas más próximas a la reconstrucción paleontológica contemporánea, con Sarcosuchus y Spinosaurus e incluyendo animales con plumas como el Gallimimus o el T-Rex. No se trata simplemente de recuperar dinosaurios reconocibles, sino de utilizarlos para convertir un barrio residencial en un territorio hostil y fascinante.

Mucho más que dinosaurios en un barrio

La principal virtud de ‘El final de Oak Street’ aparece cuando Mitchell entiende que las criaturas no pueden ser el único motor. El verdadero conflicto está también en la familia protagonista, en una pareja que arrastra problemas propios y en la manera en que ambos utilizan diferentes vías de escape para evitar afrontar una realidad que les resulta incómoda.

Por eso la película funciona mejor cuando alterna aventura y drama. El barrio convertido en escenario prehistórico podría haber sido únicamente un ejercicio de imaginación, una excusa para enfrentar a ciudadanos estadounidenses contra criaturas del Cretácico. Mitchell intenta darle una dimensión emocional que justifique que permanezcamos junto a estos personajes incluso cuando los dinosaurios no están en pantalla.

También resulta inevitable hablar de las expectativas generadas alrededor de J.J. Abrams y Bad Robot. El proyecto llegó a despertar teorías sobre una posible conexión con el universo ‘Cloverfield’, especialmente con su última entrega, ‘Paradox’ por los saltos espacio temporales y porque inicialmente se presentó también bajo otro nombre (‘Flowervale Street’). Sin embargo, aunque pudiese serlo y no esté realizada junto a Paramount Pictures, ‘El final de Oak Street’ no pertenece al universo ‘Cloverfield’. Las especulaciones fueron comprensibles (incluso yo hice mis hipótesis al respecto), pero conviene juzgar la película por lo que realmente es y no por la película que algunos espectadores imaginaron que podía ser. Y todo esto a pesar de la curiosa conexión extracinematográfica: Ewan McGregor es pareja de Mary Elizabeth Winstead, protagonista de ‘10 Cloverfield Lane’. McGregor llegó al proyecto después de que Oscar Isaac abandonara el reparto.

El único gran talón de Aquiles, de tamaño de una pata de Triceratops

La película concluye pero lo hace no solo con algo de fan service, sino también dejándonos un tanto descolgados. Porque Mitchell no es un director de franquicias, sino diría que esto podría ser un inicio de saga. La conclusión del filme tiene algo de ‘Tiempo’ de Shyamalan y de ‘The Cabin in the Woods’ de Drew Goddard. Nos dejan con la sensación de que lo ocurrido puede modificar un paradigma mucho mayor que el de los protagonistas, que tiene impacto mucho más allá de su círculo íntimo pero que en escala es mucho más difícil de desarrollar, como ya comprobamos con ‘Jurassic World: Dominion‘. Mitchell no se moja con explicaciones ni soluciones específicas, ni da pistas para que podamos desarrollar interpretaciones. ‘El final de oak street’ queda colgado como tantos misterios de la ya citada ‘The Outer Limits’ o de la mítica ‘The twilight zone’. Y como en esas series, se conforma con dejarnos una pequeña ligera moraleja y un final reconciliador.

Ficha de ‘El final de Oak Street’

Estreno en España: 14 de agosto de 2026. Título original: The End of Oak Street. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: David Robert Mitchell. Guion: David Robert Mitchell. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Mike Gioulakis. Reparto principal: Anne Hathaway, Ewan McGregor, Maisy Stella, Christian Convery. Producción: Bad Robot, Good Fear Content, Jackson Pictures, Tommy Harper Productions, Warner Bros. Discovery. Distribución: Warner Bros. Género: ciencia ficción, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Marsupilami’

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Philippe Lacheau y su tropa convierten al mítico personaje en una divertidísima gamberrada

Philippe Lacheau vuelve a demostrar que posee un talento especial para la comedia física desatada, el humor de acumulación y las referencias cinematográficas. Con ‘Marsupilami’, el director francés firma una continuación espiritual (y también argumental) de ‘En busca de Marsupilami’ (2012), recuperando incluso al personaje de Pablito Camaron interpretado por Jamel Debbouze, convertido en la única persona del mundo que conoce el paradero del legendario animal creado por André Franquin. No hace falta haber visto aquella película para seguir esta aventura, aunque el enlace entre ambas recompensa a quienes sí lo hicieron.

Paradójicamente, el gran problema del filme es precisamente aquello que promete su título. Se suponía que reproducir al Marsupilami mediante una marioneta física y efectos animatrónicos permitiría una presencia más tangible y creíble del personaje. Y, cuando finalmente aparece, esa apuesta se agradece muchísimo. La criatura posee textura, peso y una naturalidad que difícilmente habría conseguido un modelo completamente digital. Sin embargo, durante buena parte del metraje da la impresión de que el presupuesto hubiese obligado a esconderlo tanto como si estuviera realizado únicamente mediante CGI. El Marsupilami tarda cerca de media hora en hacer acto de presencia, una espera excesiva para una película construida alrededor de él.

Hasta ese momento, Lacheau, convertido también en protagonista, junto al resto de su reparto habitual, mantiene el interés gracias a una sucesión constante de situaciones absurdas, caídas, persecuciones y equívocos. La película nunca deja de entretener, es divertida sin peros al respecto. Simplemente permanece la sensación de que habría sido mucho más satisfactoria con una mayor presencia del animal.

Humor desenfrenado, parodias y una criatura adorable

Cuando el pequeño Marsupilami entra realmente en escena, el filme encuentra por fin su auténtica personalidad. Aquí no pronuncia el mítico «¡Houba!», sino que emite pequeños sonidos que recuerdan inevitablemente a Gizmo, una decisión lógica si entendemos que se trata de una cría del Marsupilami clásico. Conserva, eso sí, toda esa naturaleza salvaje, imprevisible, indómita y dada al caos que convierte auténticas barbaridades en simples travesuras entrañables.

Además, Lacheau aprovecha cualquier ocasión para desplegar su pasión por la parodia. El pequeño Marsupilami puede perrear, recrear momentos de ‘Titanic’, homenajear a ‘E.T.’ o incluso evocar ‘Liberar a Willy’. No sorprende demasiado viniendo del responsable de ‘Super ¿quién?’, una película que ya demostraba su habilidad para burlarse con cariño de los grandes éxitos del cine comercial. Tampoco conviene olvidar que esta no es su primera adaptación de una obra ilustrada. En 2018 dirigió ‘City Hunter’, cuya irreverencia terminó conquistando incluso al autor del manga original. Aquellas mismas pillerías narrativas aparecen aquí una y otra vez.

Como ya es habitual, Lacheau vuelve a rodearse prácticamente de toda La bande à Fifi, ese grupo de colaboradores con los que lleva más de una década construyendo sus comedias (casi como Santiago Segura haciendo filmes con sus amiguetes). A ese equipo suma dos nombres de enorme peso dentro de la comedia francesa como Jamel Debbouze y Jean Reno, cuya sola presencia aporta un plus de carisma.

Una comedia más adulta de lo que parece, entre la nostalgia del cómic y el cine popular

Aunque visualmente resulte una película accesible para el público infantil gracias a las monerías del Marsupilami, la abundancia de humor verde y algunos chistes de doble sentido dejan claro que buena parte de sus destinatarios son quienes crecieron leyendo los álbumes del personaje. No porque adapte fielmente las viñetas y por sus subidas de tono, sino porque también conecta con la nostalgia de una generación concreta.

Curiosamente, muchos de los mejores gags ni siquiera dependen del Marsupilami. Funcionan gracias al reparto humano y a una maquinaria cómica perfectamente engrasada. Eso provoca una sensación contradictoria: durante bastantes minutos podría tratarse de cualquier otra comedia de Philippe Lacheau sin pertenecer necesariamente al universo del animal de Palombia.

El componente familiar aparece sobre todo mediante la relación entre el protagonista infantil y la criatura, una amistad que intenta llenar el vacío emocional provocado por unos padres continuamente en disputa. Esa dimensión aporta algo de corazón entre tanta locura.

Pero quizá el aspecto más interesante sea otro. Más allá de su obsesión por imitar superproducciones hollywoodienses o elevar ligeramente el rango de edad de sus películas, Lacheau reivindica aquí una tradición muy francesa: la del humor heredero del cómic franco-belga. No solo recupera a uno de sus personajes más emblemáticos, sino que salpica el relato de referencias generacionales como ‘E.T.’, ‘Liberar a Willy’ o la inolvidable serie ‘Érase una vez… la vida’, estableciendo un puente entre varias décadas de cultura popular.

Ficha de ‘Marsupilami’

Estreno en España: 12 de agosto de 2026. Título original: Marsupilami. Duración: 99 min. País: Francia. Dirección: Philippe Lacheau. Guion: Julien Arruti, Pierre Dudan, Philippe Lacheau, Pierre Lacheau. Música: Maxime Desprez, Michaël Tordjman. Fotografía: Pierric Gantelmi d’Ille. Reparto principal: Philippe Lacheau, Jamel Debbouze, Elódie Fontan, Tarek Boudali, Jean Reno. Producción: Pathé, Baf Prod, TF1 Films Production, Logical Content Ventures, Artémis Productions, Shelter Prod, Canal+. Distribución: YouPlanet. Género: comedia, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Ghost in the Shell’ (2026)

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‘Ghost in the Shell’: volver al manga ochentero para encontrar el futuro

Desde que Shirow Masamune publicara el manga en 1989, ‘Ghost in the Shell’ ha vivido múltiples vidas audiovisuales: la película de Mamoru Oshii de 1995, su continuación ‘Ghost in the Shell 2: Innocence’, las series ‘Ghost in the Shell: Stand Alone Complex’ y ‘2nd GIG’, ‘Solid State Society’, la etapa ‘Arise’, la película de 2015, la adaptación estadounidense de imagen real de 2017 y ‘SAC_2045’. Ahora Prime Video recupera el material original con una nueva serie producida por Science SARU que, paradójicamente, parece entender mejor que ninguna otra adaptación de dónde procedía realmente la singularidad de Shirow.

El ‘Ghost in the Shell’ más cercano a Shirow Masamune

Dirigen Touma Kimura y Tooru Hasutani (acostumbrados a series rápidas y ágiles como ‘Dan Da Dan’ o ‘Scott Pilgrim da el salto’) junto a Jun’ya Iwake (más vinculado a animes juveniles y preciosistas como ‘La princesa Kaguya del cosmos’) con el guión de Tô Enjo (que nos sorprendió en 2021 con ‘Godzilla Singular Point’) fuertemente inspirado en el manga de Shirow Masamune. 10 episodios de emisión semanal que escogen muy bien qué adaptar del manga original.

Y aquí está la principal virtud de la serie: es mucho más parecida al manga original, de hecho casi un calco en cuanto a estilo, personalidad de personajes y tramas. La animación puede parecer que da un paso atrás cuando vemos que los personajes adoptan en ocasiones un aspecto casi chibi (una representación deliberadamente deformada, con cabezas grandes, cuerpos simplificados y proporciones casi infantiles que Shirow utilizaba para introducir humor y ligereza), pero basta con detenerse en los fondos, la cantidad de elementos animados, los movimientos, los detalles mecánicos o las transiciones al mundo virtual para comprobar el extraordinario trabajo de Science SARU. De hecho el estilo puede recordar a series actuales como ‘Dorohedoro’. Y por otro lado es la primera adaptación que adopta deliberadamente el estilo visual del manga y que se atreve con la sexualidad del mismo. Si siempre se ha dicho que las adaptaciones cosificaban al personaje de Motoko Kusanagi, esta puede escandalizar a puritanos.

Cyberpunk sucio, humor y mucha más Motoko

Este ‘Ghost in the Shell’ es mucho más cyberpunk sucio que sus anteriores adaptaciones. Hay más calle, más mugre, más máquinas imperfectas y una sensación de futuro vivido que contrasta con la elegancia casi metafísica de Oshii. En algunos momentos se percibe compleja por su geopolítica y sus conceptos transhumanistas, pero resulta menos enrevesada o filosófica que las películas.

También hay más acción y, sobre todo, una Kusanagi más abierta y habladora, sin ese halo de misterio permanente que la acompañaba en otras versiones. Es más cómica, pero nunca deja de ser la tipa dura y eficiente que triunfa tanto en el mundo real como en el virtual. Es una recuperación muy inteligente de la Motoko de Shirow, capaz de pasar de una conversación técnica a una situación absurda sin perder autoridad.

El resultado tiene además un delicioso aroma a los años noventa: los títulos de crédito, el dibujo, las inquietudes científicas y hasta la manera de presentar la tecnología remiten a una época en la que el manga se adelantó muchísimo a su tiempo. Shirow bebía de ideas que iban desde ‘Neuromante’ hasta el transhumanismo y conceptos filosóficos como la paradoja de la nave de Teseo, pero lo hacía mezclándolos con una fascinación casi obsesiva por las máquinas y la ingeniería. Y todo esto sin perder de vista personajes tan bobalicones como Chicho Terremoto.

Hay un detalle para cafeteros que me encanta. Como en el manga, aparecen anotaciones del autor explicando tecnología, geopolítica y pormenores sociales. También se dibujan onomatopeyas. Lejos de infantilizar el relato, estos recursos devuelven la obra a la tradición del manga clásico y recuerdan que su complejidad nunca estuvo reñida con el humor. La serie comprende algo fundamental: ‘Ghost in the Shell’ no nació siendo solemne.

Una adaptación que mira hacia atrás para avanzar

Quizá lo más estimulante de esta nueva versión sea precisamente su aparente contradicción. Mientras buena parte de la ciencia ficción contemporánea intenta modernizar ‘Ghost in the Shell’, esta serie decide volver a 1989 para descubrir que allí ya estaba buena parte del futuro que seguimos intentando imaginar.

No pretende competir con la profundidad filosófica de Oshii ni con la complejidad política de ‘Stand Alone Complex’. Su apuesta es distinta: recuperar el manga, su humor, su ritmo, su suciedad y su imaginación tecnológica. Y funciona especialmente bien porque no se limita a copiar su estética, sino que entiende qué había detrás de ella.

Cuida todos los detalles. Incluso los títulos finales hacen un breve repaso a la historia de la robótica, como una última declaración de intenciones. ‘Ghost in the Shell’ vuelve así a demostrar que quizá la mejor manera de actualizar un clásico no consiste en cambiarlo, sino en recordar por qué fue revolucionario.