Crítica: ‘Peleliu: Guernica of paradise’

El horror de capítulos como el de Cartas desde Iwo Jima con un filtro chibi

Hay algo especialmente cruel en representar una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial con personajes que parecen salidos de una serie infantil. ‘Peleliu: Guernica of Paradise’, dirigida por Goro Kuji y basada en el manga de Kazuyoshi Takeda, juega precisamente con ese contraste: un dibujo sencillo, casi adorable, para contar una historia de muerte, sufrimiento y resistencia militar absurda. La isla tropical que da nombre al filme parece un paraíso, pero termina convertida en una auténtica pesadilla.

Un paraíso convertido en infierno

El título alude directamente al ‘Guernica’ de Pablo Picasso, uno de los grandes símbolos artísticos del horror bélico. Sin embargo, aquí no estamos en la Guerra Civil española, sino en la batalla de Peleliu, librada en 1944 en una pequeña isla del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. El manga original nació precisamente de la voluntad de Kazuyoshi Takeda de recuperar un episodio histórico poco recordado y transmitir de inmediato, mediante esa referencia a Picasso, el carácter devastador y antibélico de su relato.

La película sigue a jóvenes soldados japoneses atrapados en una batalla que transforma un entorno paradisíaco en un escenario infernal. Entre ellos está Tamaru, que sueña con convertirse en dibujante de manga. Ese deseo de dedicarse al arte, a crear historias y personajes, contrasta con una realidad en la que la única historia que importa parece ser la de quién consigue sobrevivir un día más.

El relato recuerda inevitablemente a ‘Cartas desde Iwo Jima’, por su aproximación a la experiencia de los soldados japoneses y su voluntad de mirar la guerra desde quienes quedaron atrapados en ella. También hay algo de la resistencia de los últimos de Filipinas en esa obstinación por continuar luchando cuando la situación resulta desesperada y la supervivencia parece cada vez menos probable. La película no presenta el combate como una aventura heroica, sino como una espiral de sufrimiento alimentada por órdenes, orgullo y una concepción de la guerra que convierte la supervivencia en una obligación casi absurda.

Dibujo adorable, violencia sin concesiones

Visualmente, ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ puede despistar a quien espere una representación convencional del cine bélico. Los personajes tienen proporciones reducidas y rasgos simplificados, casi chibi, mientras que los escenarios mantienen una estructura sencilla y una puesta en escena que aprovecha el espacio bidimensional. La producción de Shin-Ei Animation, estudio conocido por franquicias como ‘Shin-chan’ y ‘Doraemon’, deja notar una tradición de animación de trazos claros y movimientos orgánicos que aquí se pone al servicio de un material mucho más sombrío.

Pero que nadie se deje engañar por las apariencias. Estamos ante un relato seinen, dirigido a un público adulto, en el que hay muerte, violencia y drama. La estética amable no elimina la brutalidad, sino que la hace todavía más incómoda. Esa distancia entre la forma y el contenido puede recordar al cine de Alberto Vázquez, especialmente a ‘Unicorn Wars’, donde unos personajes de aspecto entrañable protagonizan atrocidades que desmontan cualquier sensación de inocencia.

La diferencia es que ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ no necesita recurrir a una fantasía grotesca para construir su horror. La historia procede de un episodio real y el diseño respeta el estilo del manga original. La sencillez de las figuras no pretende embellecer la guerra, sino evitar que la espectacularidad visual distraiga de lo que está ocurriendo. Cada pérdida pesa más porque los personajes parecen demasiado pequeños e indefensos para soportar semejante violencia.

Recordar para no glorificar

Goro Kuji construye así una película bélica que encuentra su fuerza en la contradicción entre lo que vemos y lo que estamos contemplando. El paisaje invita a la calma, los personajes podrían protagonizar una comedia ligera y la animación parece, a primera vista, inofensiva. Sin embargo, todo conduce a una reflexión sobre la deshumanización que provoca la guerra y sobre los jóvenes a los que se exige sacrificarlo todo por una causa que difícilmente pueden comprender.

Puede que el filme no sorprenda a quienes conocen otras historias belicas, pero su elección estética y la recuperación de una batalla poco presente en el imaginario popular justifican su existencia. Como el cuadro de Picasso que inspira su título, ‘Peleliu: Guernica of Paradise’ busca dejar una imagen difícil de reconciliar con cualquier discurso glorificador del combate.

Ficha de ‘Peleliu: Guernica of paradise’

Estreno en España: por determinar. Título original: Peleliu: Rakuen no Guernica. Duración: 104 min. País: Japón. Dirección: Gorō Kuji. Guion: Junji Nishimura, Kazuyoshi Takeda. Música: Kenji Kawai. Reparto principal (doblaje original): Rihito Itagaki, Tomoya Nakamura, Hirosato Amano, Yuta Fujii, Alexander Kita. Producción: Shin-Ei Animation, Fugaku. Distribución: por determinar. Género: bélico, drama, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Boorman and the Devil’

La autopsia de una secuela que se buscó sus propios demonios

Este documental parte de una idea irresistible: regresar al rodaje de la secuela de una de las mayores películas de terror de la historia y dejar que sus propios protagonistas expliquen cómo pudo acabar tan lejos de las expectativas. David Kittredge no se ceba con John Boorman ni intenta esconderlo. Al contrario. El propio director aparece como guía de su propia catástrofe, algo especialmente interesante porque hablamos del responsable de magníficas obras tales como ‘Excalibur’ o ‘El sastre de Panamá’, dos títulos posteriores que demuestran que ‘Exorcist II: The Heretic’ no define su carrera. Evidentemente esta es una película que ahonda en la figura de Boorman, pero tranquilos, a los quince minutos ya entra en materia de posesiones.

El making of de un desastre

La mayor parte de ‘Boorman and the Devil’ podría pasar por uno de aquellos extras que acompañaban a los DVD: un making of, un cómo se hizo construido con entrevistas a responsables del proyecto. La diferencia es que no se habla siempre a buenas sobre el filme. Kittredge aprovecha material existente para estudiar el fracaso y seguir cómo una secuela de ‘El exorcista’ fue perdiendo el rumbo.

El documental reconstruye el proyecto desde sus decisiones iniciales hasta su descalabro y funciona porque Boorman no intenta reescribir la historia. Habla de ambición, problemas de producción, enfermedades, retrasos y conflictos creativos. Así entendemos que aquella película no fue fruto de un único error, sino de una cadena de circunstancias y decisiones que terminaron por descontrolarla.

Si ‘El exorcista’ arrastra fama de película maldita por su accidentado rodaje, aquí la maldición parece tener nombres y apellidos. Richard Burton ocupa un lugar central: sus problemas con el alcohol y una interpretación poco comprometida complicaron una producción ya difícil. El documental convierte su presencia en una de las piezas fundamentales para entender o incluso justificar el desastre. Rospo Pallenberg es el otro gran foco de conflicto. Guionista también de ‘Excalibur’, intervino en sucesivas reescrituras y el relato terminó modificándose incluso durante el propio rodaje, contribuyendo a una película cada vez más confusa incluso para los actores que no sabían cada día a qué versión del libreto se iban a enfrentar.

Cuando el caos explica la película

Kittredge reúne a Louise Fletcher, Karyn Kusama, Mike Flanagan, Joe Dante, Linda Blair, Simon Abrams, Joseph McBride, Jim Hemphill, Garrett Brown y Victor Hsu, entre otros. Sus testimonios amplían la mirada y convierten el documental en una conversación sobre dirección, producción, crítica y riesgo artístico.

También desfilan nombres famosos que pudieron participar en la película y numerosos proyectos que se plantearon, se descartaron o cambiaron de rumbo alrededor de la secuela. El desfile de posibilidades ayuda a comprender que ‘El exorcista II’ fue acumulando problemas hasta convertirse en una producción difícil de controlar. Kittredge consigue que las diferentes versiones del proyecto y las decisiones tomadas durante el proceso tengan casi tanta importancia como el resultado final.

Hay algo particularmente agradecido en que el documental deje espacio a quienes trabajaron alrededor de Boorman y no convierta todo en una sucesión de cabezas parlantes defendiendo una tesis. La abundancia de testimonios y materiales permite reconstruir la sensación de una película que se estaba transformando mientras se hacía. Y ese proceso resulta más fascinante que cualquier intento de absolver o condenar al director.

Lo mejor es que ‘Boorman and the Devil’ no necesita reivindicar ‘Exorcist II: The Heretic’ para que resulte interesante. Puede mostrar sus ambiciones, explicar sus errores y dejar que Boorman contemple el resultado con una franqueza poco habitual y con la sabiduría de la distancia además de la oportunidad de poder excusarse. El propio documental está interesado en esa contradicción: cómo una producción puede estar llena de talento, dinero, nombres importantes y grandes intenciones y terminar convertida en algo que nadie parece capaz de controlar.

El verdadero demonio no fue sobrenatural, sino un proceso cinematográfico con demasiadas piezas que no terminaron de encajar. Y por eso ‘Boorman and the Devil’ funciona tan bien como autopsia de un fracaso. No intenta borrar la catástrofe, sino explicar por qué sucedió. Al final, después de tanta posesión, tantos accidentes, tantos cambios y tanta confusión, lo verdaderamente aterrador no es el demonio de la película, sino descubrir todo lo que puede salir mal cuando una producción está descalabrada desde la preproducción.

Ficha de ‘Boorman and the Devil’

Estreno en España: por determinar. Título original: Boorman and the Devil. Duración: 112 min. País: EE.UU. Dirección: David Kittredge. Guion: David Kittredge. Música: Eduardo Daniel Victoria. Fotografía: Seamus Deasy, Ed Herrera, Alan Jacobsen, Elle Schneider. Reparto principal: John Boorman, Louise Fletcher, Karyn Kusama, Mike Flanagan, Joe Dante, Linda Blair, Simon Abrams, Joseph McBride, Jim Hemphill, Garret Brown, Victor Hsu. Producción: Triple Fire Productions, Milton Ventures Media, Snowfort Pictures. Distribución: por determinar. Género: documental. Web oficial.

Crítica: ‘Full Phil’

Una pesadilla familiar a base de comida y vigilancia moral

Quentin Dupieux ha vuelto a demostrar que su cabeza funciona con unas reglas muy distintas a las del resto de los mortales. En ‘Full Phil’, un reparto de estrellas de Hollywood se entrega a su peculiar manera de contar historias, en una comedia absurda que comienza como una disputa familiar y termina convertida en una pesadilla donde todo parece responder a una lógica propia. Hay que tener paciencia para entrar en su juego, pero cuando la película empieza a desplegar sus disparates, queda claro que estamos ante otra de esas propuestas que solo podrían salir de la imaginación del director francés.

Una reunión familiar que se tuerce

Philip Doom (Woody Harrelson), un acaudalado empresario estadounidense, viaja a París con su hija Madeleine (Kristen Stewart) con la intención de recuperar una relación deteriorada. El plan, que ya de entrada parece condenado al fracaso, transcurre en una lujosa suite de hotel donde las pequeñas molestias se convierten en grandes conflictos. Las manías de Phil, la actitud distante de Madeleine y la incapacidad de ambos para entenderse van alimentando una situación cada vez más incómoda.

La llegada de Lucie (Charlotte Le Bon), una empleada del hotel que empieza a preocuparse por la seguridad de Madeleine, introduce un elemento todavía más absurdo. Lo que inicialmente parece una disputa privada adquiere otra dimensión cuando alguien ajeno decide vigilar lo que sucede en la habitación. De repente, cada gesto, cada palabra y cada reacción pueden ser interpretados como una señal de alarma. El padre queda bajo sospecha y la hija se convierte en el centro de una situación que nadie parece capaz de controlar.

Dupieux utiliza este planteamiento para jugar con la violencia dentro de la familia, especialmente con la que se ejerce sobre mujeres e hijos, y con la necesidad contemporánea de medir cada comportamiento. La película se pregunta hasta qué punto una sociedad preocupada por detectar abusos puede terminar convirtiendo cualquier interacción en un expediente de sospechas. No es una cuestión que el director aborde con solemnidad, sino mediante una situación ridícula que va creciendo hasta resultar casi insostenible.

La crítica no consiste necesariamente en cuestionar que se intervenga ante una posible agresión, sino en observar cómo los personajes quedan atrapados en una maquinaria de interpretaciones, temores y reacciones desproporcionadas. Dupieux convierte la vigilancia moral en otro elemento a cuestionar dentro de la sociedad.

Kristen Stewart no deja de comer

Uno de los grandes motores cómicos de ‘Full Phil’ es Madeleine, que parece incapaz de dejar de comer durante toda la película. Kristen Stewart pasa buena parte del metraje devorando platos, encargando comida y aprovechando cualquier oportunidad para seguir llenándose la boca. Es un comportamiento tan insistente que termina adquiriendo una dimensión grotescamente graciosa y que nos lleva a un clímax que recuerda a ‘El sentido de la vida’ de los Monty Python.

La interpretación de Stewart abraza el disparate con una seriedad que lo hace todavía más gracioso. Su personaje parece desconectado del conflicto que se desarrolla a su alrededor, concentrado en satisfacer un apetito que nunca se termina. Resulta difícil no sentir hambre al verla comer semejantes cantidades, aunque también cabe esperar que buena parte de esos platos sean trampantojos, especialmente teniendo en cuenta que la actriz es vegana.

Frente a ella, Harrelson interpreta a un padre cada vez más irritable, incapaz de controlar sus impulsos y de aceptar que su hija tenga una voluntad propia. Su personaje parece una versión del ‘Papá Rabioso’ de ‘Los Simpson’, solo que aquí el cuerpo se hincha de manera que la metáfora termina siendo otra.

La película lleva el conflicto hacia terrenos cercanos al terror corporal. El cuerpo de Phil empieza a convertirse en una extensión física de su estado emocional, mientras la relación con Madeleine se deforma de una manera que parece imposible de explicar mediante una lógica convencional. En manos de Dupieux, la angustia familiar puede traducirse en una transformación física grotesca sin necesidad de justificar demasiado el mecanismo. Lo importante no es que todo encaje racionalmente, sino que la pesadilla siga avanzando.

París y la ciencia ficción también forman parte del disparate

En paralelo a la disputa de la suite, Dupieux introduce una película de ciencia ficción de los años cincuenta, protagonizada por científicos que se enfrentan a una criatura monstruosa. La historia funciona como una película dentro de la película y parece pertenecer a otro universo narrativo. ¿Por qué está ahí? Porque es Quentin Dupieux. El director no tiene especial interés en explicar cada decisión ni en justificar por qué una trama familiar necesita interrumpirse para contemplar una aventura de serie B con monstruos de aspecto deliberadamente anticuado.

Esa historia paralela contribuye a la sensación de estar atrapados en un sueño extraño, donde las imágenes y las situaciones se suceden sin que exista una transición convencional entre ellas. La película de monstruos no es únicamente un guiño cinéfilo, sino otra pieza del mecanismo absurdo que Dupieux pone en marcha. Lo que parece un desvío inexplicable termina formando parte de la experiencia, aunque no todos los espectadores tengan paciencia para aceptar semejante capricho narrativo.

También París se aleja de la postal turística habitual. Los disturbios, las calles convulsas y la violencia que aparece en las noticias forman parte del paisaje de la película. La ciudad no es un decorado romántico para una reconciliación familiar, sino un espacio donde el caos exterior parece reflejar el que se desarrolla dentro de la habitación. El contraste entre el lujo del hotel y el desorden de las calles añade otra capa de ironía a una historia que no deja de enfrentar realidades incompatibles.

‘Full Phil’ tarda en encontrar su tono y no todos sus disparates funcionan con la misma eficacia, pero termina construyendo una pesadilla cómica muy reconocible dentro del universo de Dupieux. Harrelson y Stewart se entregan sin reservas a unos personajes extremos, mientras el director mezcla violencia familiar, vigilancia moral, monstruos de serie B y atracones interminables. Una película tan ridícula como incómoda, que convierte una simple escapada a París en una experiencia grotesca y demuestra que, cuando Dupieux decide retorcer la realidad, hasta una discusión entre padre e hija puede acabar pareciendo el fin del mundo.

Ficha de ‘Full Phil’

Estreno en España: por determinar. Título original: Full Phil. Duración: 78 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Siriusmo, Moritz Friedrich. Fotografía: Quentin Dupieux. Reparto principal: Woody Harrelson, Kirsten Stewart, Charlotte Le Bon, Tim Heidecker, Eric Wareheim, Emma Mackey. Producción: Artémis Productions, Chi-Fou-Mi Productions, Samsa Films, StudioCanal, Vixens. Distribución: por determinar. Género: comedia, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Vertiginous (Le vertige)’

Una fumada metafísica con gráficos de videojuego noventero

Quentin Dupieux ha decidido que, si la realidad es una simulación, tampoco hace falta que tenga buenos gráficos. ‘Vertiginous’ es su primera incursión en la animación y una declaración de intenciones desde el primer minuto: personajes que parecen sacados de un videojuego de finales de los noventa, movimientos robóticos, rostros extrañamente inexpresivos y un universo digital que recuerda a ‘Grand Theft Auto: Vice City’. Una elección estética que no busca disimular sus limitaciones, sino convertirlas en parte fundamental del chiste. Porque si algo tiene claro Dupieux es que, cuando se trata de hacer el cafre, cualquier tecnología sirve.

¿Y si viviéramos dentro de un videojuego?

La historia arranca cuando Jacques, interpretado por Alain Chabat, se presenta de madrugada en casa de su amigo Bruno (Jonathan Cohen) para comunicarle un descubrimiento que considera fundamental: el mundo en el que viven es una simulación. No estamos hablando de una revelación que vaya a cambiar la historia de la humanidad, sino de una de esas teorías que pueden convertir una conversación de madrugada en una espiral interminable de preguntas. Bruno, para sorpresa de su amigo, se toma la idea bastante en serio y comienza a buscar errores en la realidad que lo rodea.

La premisa remite inevitablemente a ‘Matrix’, con sus dudas sobre la naturaleza de lo real y la posibilidad de que nuestra existencia esté programada por una inteligencia externa. Dupieux no necesita inventar una nueva teoría filosófica para divertirse con ella. De hecho, buena parte de la gracia consiste en reconocer que estamos ante una idea que ya hemos visto en numerosas ocasiones y que mucha gente considera real, el chiste se cuenta solo.

Los personajes empiezan a detectar anomalías, comportamientos extraños y pequeños fallos que podrían demostrar que su mundo no es lo que parece. Sin embargo, el director no construye un thriller de ciencia ficción convencional ni pretende que el espectador se quede pegado a la butaca esperando una gran revelación. Su interés está en las consecuencias absurdas de tomarse demasiado en serio una hipótesis que, en otras manos, podría desembocar en un tratado sobre el libre albedrío.

La película juega con conceptos metafísicos, teorías de la simulación y preguntas sobre la identidad, pero lo hace desde la perspectiva de alguien que parece más interesado en ver qué disparates pueden surgir de semejante premisa que en ofrecer respuestas. No es tanto una investigación sobre la realidad como una excusa para desmontarla a martillazos.

Una estética deliberadamente anticuada

La decisión de representar este universo mediante animación tridimensional de aspecto rudimentario es uno de los mayores aciertos de ‘Vertiginous’. Sus personajes parecen modelos poligonales rescatados de la época de la primera PlayStation 2, con una apariencia que recuerda especialmente a ‘GTA: Vice City’. Sus cuerpos se mueven con rigidez, sus expresiones faciales tienen algo de muñeco defectuoso y el conjunto transmite una extraña sensación de artificialidad.

Lo interesante es que esta estética no es simplemente una forma barata de hacer una película de animación. Dupieux convierte la precariedad visual en una decisión narrativa: si los protagonistas sospechan que viven en una simulación, ¿qué mejor manera de representarlos que hacer que parezcan personajes de un videojuego? La imagen deja de ser un mero envoltorio para convertirse en una de las principales bromas del filme.

La producción se realizó utilizando Blender, un programa de creación tridimensional, y técnicas de captura de movimiento apoyadas en tecnología LiDAR de los iPhone. El trabajo de un equipo de animadores permite construir un mundo que parece deliberadamente imperfecto, muy lejos de la búsqueda de realismo y pulcritud que domina buena parte de la animación digital contemporánea. El resultado puede resultar tosco, pero esa tosquedad tiene sentido dentro de la propuesta.

Y aquí aparece una de las grandes ironías e hipocresías de la película. Dupieux se burla de la compañía de Steve Jobs y del entusiasmo casi religioso que rodea a los lanzamientos tecnológicos, mientras utiliza herramientas asociadas a esa misma industria para levantar su universo animado. La tecnología que sirve para vendernos el futuro también puede utilizarse para fabricar una realidad de aspecto anticuado y defectuoso. No deja de ser una forma muy propia del director de reírse de las contradicciones de nuestro tiempo.

Una rallada metafísica marca de la casa

Conviene advertirlo: ‘Vertiginous’ no es una película especialmente cargada de gags convencionales. No hay una sucesión constante de chistes ni necesita buscar la carcajada cada pocos segundos. Su comicidad surge, sobre todo, de los disparates que plantea, de la seriedad con la que los personajes afrontan situaciones absurdas y de la propia naturaleza artificial de las imágenes. A veces basta con contemplar a estos avatares intentando comprender la existencia para encontrar el chiste.

El problema es que la propuesta puede convertirse en una auténtica rallada. Dupieux acumula ideas, teorías y reflexiones sobre la realidad con una ligereza que no siempre facilita seguir el juego. Es una de esas películas que probablemente se disfrutarían de manera distinta bajo un estado lisérgico, aunque tampoco hace falta añadir sustancias a una experiencia que ya viene bastante fumada de fábrica.

Ficha de ‘Vertiginous (Le Vertigue)’

Estreno en España: por determinar. Título original: Le Vertige. Duración: 67 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Franck Lascombes. Reparto principal: Alain Chabat, Jonathan Cohen, Anais Demoustier, Jean-Marie Winling. Producción: Chi-Fou-Mi Productions. Distribución: por determinar. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘The End of it’

En qué plataforma ver The End of It

Íntima y con un gran debate

Una de las cosas que me maravilla de los festivales de cine, son la cantidad de óperas primas que vemos y que sin duda, parecen trabajos de artistas ya consagrados.

Este es el caso de María Martínez Bayona, que nos trae una cinta muy interesante y muy bien rodada. Además que ha logrado rodearse de un reparto impresionante al que ha sabido dirigir de maravilla.

Quien quiere vivir para siempre

Como si del Proyecto Blueprint, programa antienvejecimiento creado por Bryan Johnson se tratase, vemos como una sociedad de gente bien posicionada, viven su vida inmortal a base de regenerar sangre, colocar huesos nuevos o incluso piel. Todo ello para vivir para siempre. Pero de esto justo es de lo que se ha cansado Claire, la protagonista de nuestra película, una artista decide que ha llegado su momento y que no quiere seguir más. Decide morir y así poder descansar.

El debate de si seguir o no en este mundo cuando ya se han acabado los objetivos y has hecho todo lo posible por hacer, la verdad que se crea durante la proyección de ‘The end of it’. Además de por supuesto, que solo adquieren la inmortalidad personas adineradas y que pueden mantener ese nivel de vida.

Me gusta mucho la manera de contar esta historia, como vemos personajes en cuerpos adultos que no han evolucionado, que siguen en una edad que no les corresponde. Y también como otros, todo lo contrario, personas que ya están agotadas, no físicamente, si no mentalmente.

Reparto y dirección

Como hemos comentado, María Martínez Bayona, realiza un gran trabajo en esta cinta. Sus planos, bastante preciosistas, mostrándonos una vida idílica. Días perfectos, soleados y que dan pie a tomar el sol y descansar, esto a sido gracias a que el rodaje a sido en Tenerife.

También tenemos el arte de la protagonista, trasgresor y original, que logra sacarnos de esa monotonía tan gris que llevan. Además, rodeada de unos grandes actores, la protagonista Rebecca Hall, está como siempre estupenda, pero la vemos disfrutar en la piel de Claire, mostrando al mundo que no tiene que ser todo perfecto y que al final la vida está para vivirla.

Junto a ella tenemos a Gael García Bernal, Noomi Rapace y Beanie Feldstein, que hace un papel bastante bonito, pese a ser un robot, tiene gran importancia para Claire.

Una vida eterna o una vida de experiencias

La eternidad sería para muchos un sueño, una delicia para poder lograr hacer todas las cosas que se nos quedan pendientes con el poco tiempo que tenemos. Pero claro, si sabemos que vamos a ser inmortales, quizás todas estas experiencias no las viviríamos con el mismo entusiasmo, o simplemente, las iríamos dejando apartadas porque en cualquier momento de nuestras vidas podríamos hacerlas.

Una parte del debate también es este y es que al final en la actualidad tenemos demasiados estímulos, solo queremos experiencias que muchas veces se quedan reflejadas en una foto y nada más, apenas un mísero recuerdo, no se queda grabado porque lo hemos realizado rápido y corriendo para eso, para vivirlo. Creo que parte de todo esto también está en la película.

‘The end of it’ va a dar mucha charla después de su visionado y es algo que sabéis que me encanta, porque al final, de eso también consta el cine. 

Ficha de ‘The End of It’

Estreno en España: 19 de enero de 2027. Título original: The End of It. Duración: 102 min. País: España. Dirección: Maria Martínez Bayona. Guion: Maria Martínez Bayona. Música: Paloma Peñarrubia. Fotografía: Andrés Arochi. Reparto principal: Rebecca Hall, Gael García Bernal, Noomi Rapace, Beanie Feldstein, David Verdaguer, Susan Wokoma, Pål Sverre Hagen, Kristine Kujath Thorp. Producción: Elation Pictures, Eye Eye Pictures, Fasten Films, The Media Pro. Distribución: La Aventura. Género: drama, ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘The Fox’

Una fábula absurda que no promete ni necesita moraleja

El debut en el largometraje de Dario Russo no tiene reparos en meter a un zorro parlante en mitad de un desastre sentimental para comprobar hasta dónde puede llegar el disparate. Esta fábula australiana, salvaje, grotesca y cargada de humor negro, parece empeñada en demostrar que no hace falta que una historia signifique algo trascendental para que resulte tremendamente divertida. A veces basta con llevar una situación absurda hasta sus últimas consecuencias y disfrutar del caos.

Una zorra, una pareja, un agujero y un montón de malas decisiones

La historia sigue a Nick (Jai Courtney), un hombre que descubre que su prometida, Kori (Emily Browning), le es infiel. En lugar de afrontar el problema de una manera razonable, encuentra una solución mucho más cuestionable cuando se cruza con una zorra parlante que le ofrece convertir a su pareja en la mujer perfecta si la arroja a un hoyo. El trato parece sencillo, pero cualquiera que haya visto un cuento fantástico sabe que aceptar las condiciones de una criatura de estas características rara vez termina bien.

A partir de ahí, Dario Russo despliega una comedia de relaciones tóxicas, decisiones desastrosas y situaciones cada vez más disparatadas. La película parece escrita por alguien que ha decidido mezclar una fábula tradicional con una comedia romántica averiada y una generosa dosis de mala leche. Lo que podría haber sido una historia convencional sobre los celos y la infidelidad se convierte en una sucesión de atrocidades cómicas en la que los personajes parecen empeñados en superar continuamente sus propios límites.

El espíritu de Quentin Dupieux está muy presente en esa manera de abrazar lo absurdo con marionetas incluidas sin necesidad de justificarlo. También hay algo del humor incómodo de Bruno Dumont y de la fantasía visual de Jean-Pierre Jeunet, aunque no deja de ser curioso que, al intentar encontrar referentes para una película australiana, la cabeza se llene de nombres franceses. Quizá sea porque Russo comparte con ellos esa inclinación por lo grotesco, por los personajes excéntricos y por un universo en el que lo insólito se presenta con la naturalidad de cualquier acontecimiento cotidiano.

Humor negro, animales parlantes y mala leche

‘The Fox’ brilla por su capacidad para provocar la risa sin detenerse a explicar el chiste. Russo no parece especialmente interesado en construir una moraleja clara ni en convertir cada elemento fantástico en una metáfora que debamos descifrar. El absurdo es el motor de la película y también su destino. Las situaciones funcionan porque son inesperadas, incómodas o directamente ridículas, no porque detrás de ellas haya necesariamente una lección sobre la humanidad.

Eso no impide que puedan encontrarse lecturas más incisivas. La película roza cuestiones como el deseo masculino de moldear a la pareja, la necesidad de control y la incapacidad de asumir los propios defectos. Pero estas posibles interpretaciones no anulan su naturaleza de comedia salvaje. El filme prefiere retorcer las relaciones sentimentales hasta convertirlas en una pesadilla ridícula antes que impartir una lección de comportamiento.

El reparto se entrega al disparate con entusiasmo. Jai Courtney encarna a un protagonista cuya aparente normalidad contrasta con las decisiones que toma, mientras Emily Browning participa en una dinámica sentimental que se va volviendo cada vez más perturbadora. Y las voces de Olivia Colman, como el zorro, y Sam Neill, como una urraca, añaden personalidad a una fauna que parece salida de un cuento popular después de una noche especialmente mala. En la película no paramos de reírnos pero uno no puede dejar de sentir una punzada de dolor al escuchar a Neill.

Una comedia que pierde algo de fuelle

Aunque destaca el trabajo con las criaturas, que apuesta por recursos físicos y efectos prácticos para dar vida a sus animales antropomórficos de un modo simpaticón no mantiene siempre la misma intensidad. Hay tramos en los que la sucesión de situaciones grotescas pierde algo de fuelle y el mecanismo del absurdo empieza a resultar menos sorprendente. Cuando una comedia apuesta por llevarlo todo al extremo, corre el riesgo de que el espectador se acostumbre a sus excesos y espere simplemente la siguiente barbaridad.

Aun así, Russo consigue que el conjunto conserve una personalidad bastante marcada. Incluso cuando el ritmo decae, la película mantiene esa mezcla de cuento perverso, comedia romántica descompuesta y humor grotesco que la distingue de propuestas más convencionales.

Ficha de ‘The Fox’

Estreno en España: por determinar. Título original: The Fox. Duración: 90 min. País: Australia. Dirección: Dario Russo. Guion: Dario Russo. Música: Dario Russo. Fotografía: Matthew Chuang. Reparto principal: Jai Courtney, Emily Browning, Damon Herriman, Claudia Doumit, Frankie J. Holden, Heather Mitchell, Peter O’Brien, Kim Gyngell, Sam Neill, Miranda Otto, Olivia Colman. Producción: Causeway Films. Distribución: por determinar. Género: comedia, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Nobody’

Tradición china y códigos modernos en una divertida aventura

La animación china vuelve a dejarnos anonadados. ‘Nobody’, dirigida por Yu Shui, demuestra una vez más la capacidad de esta industria para construir universos visuales propios, reivindicar su patrimonio cultural y convertirlo en una experiencia cinematográfica de enorme personalidad. El problema es que, entre tanta belleza, aventura y sucesión de peripecias, la película termina acusando una saturación que amenaza con desgastar sus virtudes. Hay mucho que admirar en ella, pero también demasiado metraje para una historia que parece empeñada en no dejar de contar cosas.

Un viaje por el imaginario tradicional chino

Como sucede en otras producciones recientes de animación procedentes del país asiático, ‘Nobody’ está profundamente impregnada de folclore chino. Los yāoguài, el Rey Mono y las referencias a la literatura clásica, con ‘Viaje al Oeste’ como uno de los grandes referentes culturales, forman parte de un universo en el que también tienen cabida el arte tradicional y la arquitectura histórica. No se trata únicamente de utilizar elementos exóticos como decorado: todo ese patrimonio proporciona las bases de un imaginario fantástico que la película transforma a su manera.

Resulta difícil no percibir una voluntad de acercar esta cultura al público internacional. La animación se convierte en una vía especialmente eficaz para divulgar leyendas, figuras mitológicas y tradiciones que quizá no sean tan familiares para el espectador occidental. Es una estrategia que permite exportar historias sin renunciar a su identidad, aunque también puede dar la impresión de que cada nueva producción quiere enseñarnos otro rincón de una cultura inagotable.

Pese a su ambientación de tintes medievales y fantásticos, ‘Nobody’ no permanece anclada en el pasado. Recurre a códigos narrativos contemporáneos, sobre todo en las secuencias de acción y en el humor, que ayudan a conectar ese mundo legendario con las convenciones actuales de la aventura. La fórmula se apoya en una estructura clásica: un grupo variopinto de personajes emprende una misión y, a través de sus encuentros, desencuentros y peligros, va estrechando vínculos mientras descubre nuevas facetas de sus compañeros.

Una acuarela en movimiento

Uno de los grandes atractivos de ‘Nobody’ está en su apartado visual. La animación combina un aspecto bidimensional muy colorido con paisajes que parecen pintados con acuarela. La inspiración en la tinta china se aprecia en la manera de concebir los fondos, las formas y la relación entre los personajes y el entorno. El resultado conecta el movimiento cinematográfico con una tradición artística reconocible, sin limitarse a reproducirla de forma estática.

En algunos momentos, determinados diseños pueden recordar a la estética de las animaciones realizadas durante la era de Flash, con figuras estilizadas y soluciones gráficas que parecen sencillas a primera vista. Pero esa apariencia no debe confundirse con una producción improvisada o carente de trabajo artesanal. Al contrario, la película es fruto de un esfuerzo colectivo considerable: se ha hablado de alrededor de un año y medio de trabajo, con un equipo de más de 600 animadores y creadores implicados en la elaboración de sus más de 1.800 planos.

Ese despliegue se percibe en la variedad de escenarios, en la riqueza cromática y en la voluntad de dotar al conjunto de una identidad visual reconocible. ‘Nobody’ no necesita perseguir el realismo tridimensional para resultar espectacular. Su fuerza está precisamente en la estilización, en el modo de convertir el dibujo en un espacio vivo y en la capacidad de hacer que la tradición pictórica dialogue con el ritmo de una aventura contemporánea.

Demasiadas aventuras para un solo viaje

El principal problema llega cuando la película confunde variedad con acumulación. La estructura de grupo itinerante ofrece muchas posibilidades: cada parada puede introducir un personaje, un conflicto, una criatura o una nueva prueba. Sin embargo, esa misma fórmula termina jugando en su contra cuando las pequeñas aventuras se suceden sin que el relato parezca dispuesto a detenerse.

Las idas y venidas, los desvíos y las sucesivas peripecias van añadiendo capas a una narración que podría beneficiarse de una mayor concentración. Hay material suficiente para imaginar una miniserie, con espacio para desarrollar cada episodio y permitir que las relaciones entre los protagonistas respiren. En su formato cinematográfico, en cambio, la abundancia acaba generando cansancio y diluye el impacto de algunos de sus mejores momentos.

No es que falten imaginación o recursos, sino que cuesta mantener el mismo nivel de interés durante todo el recorrido. La película posee un universo visual fascinante y una base mitológica de enorme riqueza, pero su generosidad narrativa termina convirtiéndose en exceso. Cuando cada aventura parece anunciar la siguiente, el viaje corre el riesgo de perder su destino de vista.

‘Nobody’ confirma de nuevo que la animación china tiene mucho que ofrecer al público internacional, tanto por su personalidad estética como por la riqueza de sus referentes culturales. Es una obra artesanal, colorida y rebosante de imaginación que demuestra que se puede construir espectáculo desde una tradición artística propia. Eso sí, han de aprender que a veces, para que un mundo fantástico nos deje con ganas de volver, también hay que saber cuándo abandonarlo.

Ficha de ‘Nobody’

Estreno en España: por determinar. Título original: Langlang Shan Xiao Yao Guai. Duración: 118 min. País: China. Dirección: Shui Yu. Guion: Jia Liu, Shui Yu. Música: Liaoyu Chen, Chong Fan. Reparto principal (doblaje original): Ziping Chen, Han Dongqing, Yang Lu, Lin Qiang, Wenliang Dong, Yu Shui, Cong Liu, Wang Shangbin, Chen Zhe. Producción: Bilibili, China Film Co., Ltd., Huaxia Film Distribution, MaoYan Movie, Shanghai Animation Film Studio, Shanghai Film Infinity. Distribución: por determinar. Género: aventura, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Company’

Un western extraño poblado por personajes fantasmagóricos

Casey Affleck construye en ‘Company’ un relato que se pliega sobre sí mismo: una historia dentro de otra historia que, a su vez, está contenida en una tercera. Una estructura de narraciones encadenadas en la que los personajes parecen existir en un territorio intermedio, casi fantasmal, como si fueran voces procedentes de un pasado que ni siquiera ellos terminan de comprender. El planteamiento tiene potencial para levantar un misterio absorbente, pero también exige que el espectador encuentre algún vínculo emocional con quienes lo habitan. Y ahí es donde la película empieza a quedarse corta.

Un western en los márgenes de la vida

La ambientación remite a ese Oeste que tantas veces nos ha vendido el cine, aunque aquí nos encontramos en una etapa tardía, cuando el imaginario clásico del western parece estar dando sus últimos coletazos. Hay lugares fronterizos, espacios apartados de la civilización y personajes que se mueven en los límites. Pero esas fronteras no son únicamente geográficas: también afectan a la propia existencia, a la identidad y a la posibilidad de distinguir entre lo real y aquello que parece pertenecer a otro plano.

‘Company’ no es exactamente una película de vaqueros. Utiliza el paisaje y los códigos de ese universo para situarnos en un mundo que parece suspendido en el tiempo, poblado por figuras difíciles de descifrar. Sus narradores tienen algo de apariciones, de testigos que cuentan una historia desde un lugar incierto. Cada relato abre una nueva perspectiva, pero también añade otra capa de distancia entre el espectador y los acontecimientos.

La estructura resulta sugerente sobre el papel. El juego de relatos encajados permite reservar información, modificar nuestra percepción de lo que estamos viendo y preparar el terreno para una revelación final. Sin embargo, acumular misterios no garantiza que una película resulte intrigante. Para que las distintas capas narrativas funcionen, necesitamos sentir curiosidad por las personas que las sostienen. Aquí, en cambio, el hermetismo termina convirtiéndose en una barrera.

Atticus Affleck, el rostro del misterio

El centro de la película recae en Atticus Affleck, hijo del director, que interpreta a un personaje fundamental para el enigma que articula el relato. No es uno de esos narradores casi espectrales que nos conducen de una historia a otra, pero su presencia concentra buena parte de las preguntas que la película va dejando en el camino.

Su interpretación es contenida, parsimoniosa y deliberadamente difícil de leer. Tiene un rostro infantil, una apariencia de inocencia que puede resultar tranquilizadora a primera vista, pero ominoso, también permite intuir algo inquietante bajo la superficie. Es una combinación que recuerda al tipo de presencia que podría ofrecer Timothée Chalamet en un papel semejante: alguien cuya fragilidad aparente no termina de inspirar confianza.

La elección de Atticus ( y su hermano Indiana que también hace acto de presencia) adquiere una dimensión particular por su parentesco con el director. Es inevitable preguntarse si una productora habría apostado por un intérprete con un perfil parecido de no existir esa relación familiar. En cualquier caso, el personaje exige precisamente esa mezcla de vulnerabilidad y amenaza, y el actor mantiene una interpretación coherente con el tono general del filme.

El inconveniente es que esa contención se extiende prácticamente a todo el reparto. Los personajes parecen vivir anestesiados, incapaces de exteriorizar sentimientos o de reaccionar con una intensidad que nos permita acercarnos a ellos. La parsimonia puede ser una herramienta expresiva, especialmente en una historia de atmósfera espectral, pero cuando se convierte en la norma absoluta acaba apagando cualquier posibilidad de conexión.

Un misterio sin pulso emocional

Lo más llamativo de ‘Company’ es que, pese a contener varias historias y reservarse un giro importante, transmite una sensación de frialdad persistente. La película parece diseñada para que cada pieza encuentre su lugar cuando llegue el momento de reinterpretar lo anterior. El mecanismo narrativo puede despertar interés, pero cuesta mantener la implicación cuando quienes protagonizan los acontecimientos parecen no sentir prácticamente nada.

El misterio necesita algo más que información dosificada. También requiere personajes capaces de despertar inquietud, compasión, rechazo o, sencillamente, curiosidad. Sin ese componente humano, las revelaciones corren el riesgo de quedarse en un ejercicio de construcción narrativa: comprendemos cómo encajan las piezas, pero no necesariamente sentimos que su encaje importe.

Ficha de ‘Company’

Estreno en España: por determinar. Título original: Company. Duración: 92 min. País: Canadá. Dirección: Casey Affleck. Guion: Casey Affleck, Ron Hansen. Música: Daniel Hart. Fotografía: Lachlan Milne. Reparto principal: Nick Nolte, Ben Mendelsohn, Adelaide Clemens, Scoot McNairy, Emily Alyn Lind, Caylee Cowan, Atticus Affleck, Indiana Affleck. Producción: Image Nation Studios, Spooky Pictures, Rabbits Black, Artists Equity. Distribución: por determinar. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘5 minutos más’

En qué plataforma ver 5 minutos más

No nos trae nada nuevo pero si algo divertido y muy bien hecho.

Otra cosa no, pero en esta web nos encantan los bucles en el tiempo, desde la estupenda y extraña ‘Resolution’ que no tiene ningún sentido sin ‘El infinito’ hasta ‘Éxit 8’ o la aclamada ‘Más allá de los dos minutos infinitos’. Si, se que hay muchas más, pero eso daría para un super artículo y estamos aquí para hablar de ‘5 minutos más’, la nueva película dirigida por Javier Ruiz Caldera y con guion de Berto Romero, nos ha dado muchas risas en la sala de cine.

Cinco minutos que dan para mucho

Nos vamos con Antonio y Bárbara de casa rural. Una casa rural que han cogido para salvar su matrimonio. Lo que no saben es que se les va a complicar ese fin de semana en cuento Carlos (el dueño de la casa) les comienza ha hacer el tour de ésta. Y es que cuando ya se van a despedir tienen la mala suerte de terminar dentro de un bucle temporal que dura 5 minutos.

Tenemos ante nosotros un drama bastante fuerte, un matrimonio que no se soporta, frente a todo lo que les sucede durante todos los saltos que van dando. Pero juega muy bien su lado cómico, y es que Berto, guionista de la cinta, logra crear situaciones divertidas de verdaderos dramas.

En cinco minutos nos han dejado claro que pueden ocurrir un montón de cosas. El ser humano es un ser impredecible y siempre va a estar a la defensiva en los momentos tensos y esto hace que al final todo se vaya de las manos.

Tres grandes del cine repitiendo su papel una y otra vez

Berto Romero, Belén Cuesta y Javier Cámara son los tres protagonistas de la película. Los tres se aúnan de una manera increíble, tres personajes tan diferentes y que demuestran una y otra vez los defectos de las personas.

Para mí, mi favorito ha sido el personaje de Carlos, interpretado por Javier Cámara, un trepa de mucho cuidado y que da bastante mal rollo, siendo en momento hasta encantador. Marc Soler, Carlos Bernardino, Claudia Melo, Nia Toas, Tian Tosas y Puchi Lagarde son el resto del reparto que aparecen de vez en cuando en pantalla.

Localización sencilla y trama

Creo que uno de los aciertos es que son solo cinco minutos de bucle, el tener una localización sencilla y que tienen reglas simples y sencillas. Porque digo esto, no hay fallos en la trama, ni problemas de racord. Y eso le da un punto muy a favor, ya que no es tan fácil lograr esto. Sin mucho más que añadir, solo que la veáis y la disfrutéis. El 22 de enero llega a . salas de cine y poco después la podréis ver en Movistar+. 

Ficha de ‘5 minutos más’

Estreno en España: 22 de enero de 2027. Título original: 5 minutos más. Duración: 92 min. País: España. Dirección: Javier Ruiz Caldera. Guion: Berto Romero. Música: Clara Aguilar. Fotografía: Sergi Vilanova. Reparto principal: Berto Romero, Belén Cuesta, Javier Cámara. Producción: El Terrat, Ikiru Films, Movistar Plus+. Distribución: Filmax, Movistar Plus+. Género: comedia, ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Hope’

En qué plataforma ver Hope

No adapta un manhwa, podría ser un manhwa, ojalá se convierta en manhwa

‘Hope’ es una de esas películas que parecen comenzar con el clímax de otra mucho más convencional. Na Hong-jin, director de ‘The Chaser’, ‘The Yellow Sea’ y ‘El extraño’, nos arroja a una persecución frenética en una remota localidad surcoreana, cerca de la frontera con Corea del Norte. Estamos en una época anterior a la hiperconectividad actual, y esa circunstancia convierte la invasión en una catástrofe local: no hay redes sociales capaces de retransmitir cada incidente al instante ni una comunidad global siguiendo en directo el apocalipsis. Solo un pueblo aislado, policías desbordados y habitantes que intentan comprender qué demonios está ocurriendo.

Durante casi una hora, el director juega con el misterio y con nuestra incapacidad para identificar a los responsables de la masacre. Aparecen cuerpos mutilados, edificios destrozados y señales de una violencia descomunal, pero las criaturas permanecen ocultas. La película nos obliga a reconstruir el desastre a partir de sus consecuencias, mientras los personajes corren, disparan y tratan de sobrevivir. El resultado es una persecución de adrenalina casi ininterrumpida, que recuerda por su urgencia a ‘Ataque a los titanes’, aunque el espectáculo de la destrucción también tenga algo de la brutalidad de ‘Distrito 9’.

Una hora de clímax antes de empezar de verdad

Cuando por fin vemos a las criaturas, ‘Hope’ alcanza uno de sus grandes momentos de impacto. Sus diseños tienen algo de pesadilla anatómica, con una agresividad física que las convierte en amenazas formidables. La violencia es grotesca, explícita y en ocasiones cómica. Hay incluso una escena escatológica que se cuenta entre las más divertidas que hemos visto últimamente en una película de este tipo. Na Hong-jin entiende que el horror y la risa pueden convivir cuando la situación resulta tan desproporcionada que termina rozando lo absurdo. En ese sentido y en otros que no voy a desvelar estamos ante unas escenas de acción similares a las de ‘Transformers’ de Michael Bay.

La combinación de géneros invita a pensar en el manga de Hiroya Oku, autor de ‘Gantz’ e ‘Inuyashiki’, o en el de Yū Sasuga y Kenichi Tachibana, responsables de ‘Terra Formars’. Hay persecuciones, diseños monstruosos, violencia extrema, humor negro y una mitología de ciencia ficción que va ampliándose a medida que avanza el metraje. Todo ello podría haber salido de un manhwa particularmente desatado, de esos que no tienen miedo de saltar de un género a otro sin pedir permiso.

Sin embargo, después de semejante arranque, la película frena. El misterio deja paso a una fase de desarrollo en la que ya conocemos el potencial destructivo de los invasores y sabemos que la tensión acumulada terminará explotando de nuevo. El problema es que Na Hong-jin parece haber gastado buena parte de su munición espectacular antes de desarrollar con suficiente agilidad lo que viene después. La persecución inicial es tan intensa que el resto del relato debe esforzarse por recuperar ese nivel de energía.

El filme supera las dos horas y media, y la duración se hace notar. El director tiene ideas para llenar ese tiempo, pero no todas mantienen el mismo interés ni el mismo ritmo. La película sigue siendo imprevisible, aunque sus constantes cambios de dirección pueden acabar produciendo una sensación de dispersión.

Monstruos digitales y una promesa demasiado grande

Los efectos especiales son otro de los aspectos más discutibles. Algunas criaturas tienen diseños imaginativos y una presencia amenazadora, pero su representación digital resulta irregular. Por momentos parecen modelos de videojuego, con colores, texturas e iluminación que no terminan de integrarlos en el entorno. Hay algo de la apariencia de los monstruos de ‘Rumbo al infierno’, la serie surcoreana de Netflix, en esa sensación de criaturas que parecen inacabadas o insuficientemente iluminadas. El problema no es que sean fantásticas, sino que a veces cuesta creer que estén compartiendo espacio con los actores.

La comparación con ‘Distrito 9’ resulta pertinente también por el contraste entre la violencia física de los enfrentamientos y las posibilidades de una ciencia ficción con trasfondo social de bajos fondos. Na Hong-jin, sin embargo, acaba conduciendo su relato hacia un misterio más amplio, que deja de limitarse a la supervivencia de una comunidad y empieza a dibujar una mitología de dimensiones cósmicas. Ahí aparece otro tipo de intriga, más acotada a la ciencia ficción, que abre interrogantes sobre la naturaleza de los invasores y sus motivaciones.

Es en este punto cuando cobran sentido las apariciones de Alicia Vikander y Michael Fassbender. Ambos participan mediante interpretación de voz y captura de movimiento, pero su presencia resulta anecdótica en comparación con el peso que adquieren los personajes y las criaturas locales. Su intervención parece formar parte de una historia mayor que apenas estamos empezando a conocer. Más que dos estrellas invitadas para dar lustre internacional al reparto, parecen piezas de un universo que Na Hong-jin quiere seguir explorando.

Y ahí está quizá lo más desolador de ‘Hope’: no tanto que sus efectos digitales no siempre estén a la altura de su ambición ni que su metraje termine alargándose, sino la impresión de que estamos ante el prólogo de algo que quizá nunca llegue a desarrollarse por completo. El desenlace abre tantas puertas que resulta difícil no imaginar una segunda parte, posiblemente más centrada en los extraterrestres y en su mundo. Pero una secuela necesita financiación, estamos hablando de la que ha sido la película más cara de la historia de Corea. En términos de ciencia ficción y conclusión esto me recuerda a la saga ‘Skyline’ y ahí se demostró que las continuaciones no siempre mantienen el mismo músculo económico pero si pueden mejorar a sus predecesoras.

Ficha de ‘Hope’

Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Hopeu. Duración: 160 min. País: Corea del Sur. Dirección: Na Hong-jin. Guion: Na Hong-jin. Música: Michael Abels. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Reparto principal: Hwang Jung-min, Jo In-sung, Jung Ho-yeon, Taylor Russell, Michael Fassbender, Alicia Vikander. Producción: Forged Films, Plus M Entertainment, Westworld. Distribución: BTeam Pictures, MUBI. Género: Acción, Thriller, Ciencia Ficción. Web oficial.

Crítica: ‘What happened to Doris?’

El terror de siempre vuelve a llamar a la puerta con la misma matraca

El caso de Doris Bither vuelve a la pantalla, pero ¿queda algo nuevo que contar? Uno de los episodios más conocidos y estudiados de la historia paranormal regresa al cine con un problema difícil de esquivar: su historia ya ha sido explotada en numerosas ocasiones y los códigos del terror sobrenatural están tan asentados que resulta complicado encontrar una forma distinta de abordarlos. Cuando una película se adentra en el terreno de las posesiones, los poltergeists y las presencias invisibles, es inevitable que aparezcan en la memoria demasiados referentes. Y ‘What Happened to Doris?’ no consigue escapar de esa sombra.

Un caso paranormal con demasiados precedentes

El caso de Doris Bither ya inspiró ‘The Entity’, por lo que esta nueva aproximación parte con una desventaja considerable. No solo tiene que enfrentarse a la historia real que pretende recrear, sino también a todas las películas que han convertido sus elementos más reconocibles en recursos habituales del género. Es difícil no pensar en ‘El exorcista’, ‘Expediente Warren’ (‘The Conjuring’) o ‘Paranormal Activity’ cuando comienzan a desplegarse los sustos, las manifestaciones inexplicables y los intentos de dar una explicación científica a lo que está ocurriendo.

El problema no es que estas escenas estén necesariamente mal resueltas, sino que cuesta encontrar algo que no hayamos visto antes. Los mecanismos para generar sobresaltos, la representación de las fuerzas invisibles y el enfrentamiento entre la experiencia paranormal y su posible explicación racional resultan excesivamente familiares. La película parece confiar en que el caso de partida tenga suficiente fuerza por sí mismo, pero su notoriedad histórica no basta para que esta adaptación encuentre una identidad propia.

Correcta en lo formal, rutinaria en lo creativo

Eso no significa que estemos ante una producción desastrosa. La ambientación funciona, se aprecia una voluntad de documentarse sobre los acontecimientos y las interpretaciones cumplen con lo que exige el relato. Las escenas están razonablemente construidas y, en líneas generales, el conjunto demuestra un mínimo de oficio. Incluso la recreación de la época y de las circunstancias que rodean a Doris permite seguir la historia sin grandes tropiezos.

Uno de los detalles más llamativos es el parecido físico, o más bien la ausencia de él, entre Heather Graham y la verdadera Doris Bither. Es una cuestión que puede distraer a quienes conozcan el caso, aunque tampoco constituye el principal problema de la película. La dificultad fundamental está en que sus aciertos formales no se traducen en una experiencia especialmente estimulante. Todo parece estar en su sitio, pero falta una idea capaz de justificar por qué necesitamos volver a esta historia una vez más.

El filme podría haber aprovechado la dimensión inquietante del caso para explorar de otra manera la credibilidad de los testimonios, el miedo a lo desconocido o la tensión entre la investigación y la creencia. Sin embargo, su aproximación termina resultando demasiado convencional. La familiaridad no siempre es un defecto en el cine de terror, pero necesita compensarse con una atmósfera poderosa, una perspectiva singular o escenas capaces de quedarse grabadas. Aquí cuesta encontrar ese elemento diferenciador.

Ni siquiera las coincidencias despiertan demasiado interés

La presencia de Mimi Rogers podría servir como curiosidad para quienes recuerden su participación en la saga ‘Austin Powers’, pero se queda precisamente en eso: una coincidencia anecdótica que no aporta demasiado al conjunto. Ni el reparto ni la historia detrás de la historia consiguen disimular la sensación de estar recorriendo un camino conocido.

‘What Happened to Doris?’ no es necesariamente una película mal hecha, y esa es también parte de su limitación. No hay un desastre evidente al que agarrarse, sino una sucesión de decisiones convencionales que impiden que el resultado destaque. En un género que vive de sorprender, incomodar y llevar al espectador a lugares que no esperaba visitar, limitarse a reproducir fórmulas conocidas acaba siendo una condena.

Ficha de ‘What happened to Doris?’

Estreno en España: por determinar. Título original: What happened to Doris? Duración: 92 min. País: EE.UU. Dirección: Nick Simon. Guion: Thomas Fenton. Música: Nima Fakhrara. Fotografía: Lucia Zavarcikova. Reparto principal: Heather Graham, Mimi Rogers Producción: GVN Releasing, GMT Films, Imagenation Abu Dhabi FZ, Spooky Pictures. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Impostores’

Una trama de ciencia ficción con varios giros familiares para los amantes del fantástico

Jessica Rothe, a quien todo el mundo recuerda por ‘Feliz día de tu muerte’, se mete de lleno en uno de esos relatos en los que la realidad cambia a medida que avanza el filme. ‘Impostores’, escrita y dirigida por Caleb Phillips, arranca con una escena inquietante y parece querer continuar hablando de algo tan cotidiano como las vidas impostadas que llevan personas que, por ejemplo, son infieles a su pareja. Personas que representan un papel, matrimonios que esconden secretos o individuos que viven fingiendo ser quienes realmente no son. Pero pronto esa idea abstracta encuentra una forma mucho más terrorífica.

Todo comienza con la desaparición de un bebé. Hasta ahí, el mayor miedo imaginable para unos padres. Lo verdaderamente extraño llega cuando el niño aparece de nuevo y empiezan las dudas sobre su autenticidad. ¿Ha regresado realmente el hijo que desapareció o lo que ha vuelto ocupa simplemente su lugar?

Una familia atrapada en una realidad imposible

A partir de ese momento, Phillips construye un thriller fantástico de desconfianzas y algo de ciencia ficción. La propiedad aislada donde vive la familia se convierte en otro elemento fundamental de la ecuación. Los sucesos extraños se acumulan y los terremotos introducen una sensación de inestabilidad que afecta tanto al escenario como a la propia percepción de los protagonistas.

La película juega así con una de las herramientas más eficaces del fantástico: conseguir que desconfiemos de aquello que normalmente consideramos incuestionable. Una casa debería ser un refugio. Un hijo debería ser reconocible. Una familia debería saber quién forma parte de ella. ‘Impostores’ coloca todas esas certezas bajo sospecha.

Y es fácil encontrar ecos de series como ‘Fringe’ o ‘Dark’. El deseo de recuperar a un ser querido se extiende hasta límites capaces de hacer que uno se hiera a sí mismo.

El terror de no reconocer a los tuyos

Lo interesante de ‘Impostores’ es que el elemento fantástico funciona principalmente como una extensión del miedo de los personajes. Phillips no necesita convertir cada acontecimiento extraño en un espectáculo. La película funciona mejor cuando deja que la duda se instale entre los miembros de la pareja.

Porque si alguien te dice que tu hijo no es tu hijo, aparece la cuestión de si necesitamos al ser querido o si nos vale con un parche, aunque este sea falso. Ese sentido enlaza en temática con otra película que también se proyecta en Sitges 2026 como es ‘Kakeru’.

Jessica Rothe encuentra en esa incertidumbre un papel muy diferente al de sus trabajos más conocidos. Aquí la maternidad no es simplemente el punto de partida del argumento, sino el mecanismo que permite que la protagonista se aferre a una realidad que cada vez se desmorona más. Charlie Barnett y Yul Vazquez completan un reparto que ayuda a mantener esa tensión familiar mientras la historia va ampliando su dimensión fantástica. Phillips demuestra además que sabe construir misterio a partir de pequeños detalles.

‘Impostores’ funciona, por tanto, como un thriller de identidad que utiliza el fantástico para hablar de la impostura, la familia y el miedo a perder aquello que creemos conocer. Quizá las comparaciones con ‘Fringe’ o ‘Dark’ sean inevitables por la motivación de la protagonista y su manera de ampliar progresivamente el misterio, pero resuelve de manera eficiente.

Ficha de ‘Impostores’

Estreno en España: por determinar. Título original: Imposters. Duración: 102 min. País: EE.UU. Dirección: Caleb Phillips. Guion: Caleb Phillips. Música: Alex Winkler. Fotografía: Allie Schultz. Reparto principal: Jessica Rothe, Charlie Barnett, Yul Vazquez. Producción: Broken Pig Productions, KT Pictures, Marylou’s Boys, Spooky Pictures. Distribución: A Contracorriente Films. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Too many beasts’

Las pulsiones con las que explotamos afloran en este cómico thriller rural

Tanto su título internacional, ‘Too Many Beasts’, como el original francés, ‘L’espèce explosive’, apuntan a una naturaleza salvaje que no tiene por qué esconderse entre los árboles. A veces, el animal más peligroso es el que llevamos dentro. Sarah Arnold parte de un conflicto rural, con agricultores, cazadores y jabalíes enfrentados por el territorio, para construir una película que empieza como un thriller criminal y acaba encontrando su verdadera personalidad en el absurdo y la comedia negra.

La historia podría trasladarse perfectamente a la España rural, donde el lobo protagoniza debates encendidos y enfrenta intereses muy distintos. Aquí, sin embargo, estamos en la campiña del noreste de Francia, donde los jabalíes arrasan los cultivos y la tensión entre quienes trabajan la tierra y quienes cazan animales termina desbordándose. Brun, un agricultor al borde de la ruina, desaparece después de un violento enfrentamiento. Un año más tarde, Fulda, un gendarme corso destinado a la región, se hace cargo de la investigación. Lo que parece un caso criminal relativamente convencional empieza a tomar derroteros cada vez más extraños.

La guerra por el territorio

La naturaleza funciona como detonante, pero el verdadero conflicto es humano. Los animales destrozan las cosechas, los agricultores ven amenazado su sustento y los cazadores defienden sus propios intereses. A partir de ahí, la película construye una historia de territorialidad en la que cada personaje parece dispuesto a defender su parcela, ya sea física, económica o emocional. La convivencia se convierte en una batalla y las normas sociales empiezan a parecer tan arbitrarias como las fronteras que los protagonistas se empeñan en proteger.

Hay algo de ‘Solo las bestias’ y de ‘As bestas’ en ese retrato de una ruralidad donde la violencia puede brotar de conflictos aparentemente cotidianos. Las tres películas encuentran en el campo un espacio propicio para observar las miserias humanas, aunque Sarah Arnold escoge un camino distinto. En lugar de mantener el suspense y la amenaza en primer plano, introduce un humor sarcástico que va desarmando progresivamente la gravedad de la situación.

También hay espacio para cierto surrealismo campechano, para personajes que parecen actuar siguiendo una lógica propia y para situaciones que rozan lo ridículo sin abandonar del todo su conexión con una realidad reconocible. La película no necesita convertir a sus habitantes en monstruos para mostrar su lado más animal. Basta con observar cómo se comportan cuando sienten que alguien amenaza aquello que consideran suyo.

Un thriller que termina riéndose de sí mismo

Uno de los aspectos más curiosos de ‘Too Many Beasts’ es el contraste entre su apariencia y su tono. La fotografía, con colores apagados y una paleta que transmite tristeza, desgaste y cierta sensación de derrota, parece anunciar un drama rural mucho más sombrío. Sin embargo, la película es bastante más jocosa de lo que su aspecto podría sugerir. A medida que avanza, el humor gana terreno, las situaciones se vuelven más disparatadas y el suspense empieza a ceder ante la comedia.

Ese desplazamiento puede desconcertar a quien espere un thriller criminal al uso, especialmente dentro de un festival como Sitges, donde su relación con el fantástico resulta menos evidente. No estamos ante una película de género en el sentido más convencional, aunque sí ante una historia que lleva sus conflictos más allá de lo que consideraríamos cotidiano. Lo absurdo no aparece necesariamente como una ruptura con la realidad, sino como una exageración de comportamientos que ya existen fuera de la pantalla.

En ese sentido, el auge de los true crime nos recuerda constantemente que la conducta humana puede resultar mucho más incomprensible que cualquier criatura inventada. Sarah Arnold explota esa idea desde la sátira: lo inquietante no es solo que se produzca un crimen, sino comprobar la colección de pulsiones, frustraciones y delirios que pueden conducir hasta él. La naturaleza salvaje no se limita a los jabalíes que destrozan los campos. También aparece en quienes creen tener derecho a imponer su voluntad sobre los demás.

Alexis Manenti, a quien muchos recordarán por la estupenda ‘Los miserables’ (2019), encarna a un policía que dista de ser el investigador infalible que suele protagonizar este tipo de relatos. Fulda es un hombre vulnerable, caótico y propenso a equivocarse, cuya investigación avanza entre intuiciones, desastres y situaciones cada vez más insólitas. Su presencia ayuda a sostener el tono imprevisible de la película, que encuentra en sus personajes tan imperfectos como reconocibles una fuente constante de humor.

Ficha de ‘Too many beasts’

Estreno en España: por determinar. Título original: L’espèce explosive. Duración: 95 min. País: Francia. Dirección: Sarah Arnold. Guion: Sarah Arnold, Mehdi Ben Attia, Jérémie Dubois, Olivier Séror. Música: Florencia Di Concilio. Fotografía: Noé Bach. Reparto principal: Alexis Manenti, Ella Rumpf, Vincent Dedienne, Jean-Louis Coulloc’h, Pascal Rénéric, Bertrand Belin, Jade Fiess, Bernard Blancan, Thierry Godard, Mathieu Perotto. Producción: 5 à 7 Films, France 3 cinéma, Playtime. Distribución: por determinar. Género: suspense comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Gummy’

Una dulce para los amantes del suspense más turbio repleto de cambio de roles

Hay personajes que inspiran desconfianza desde el primer momento y consiguen que nos preguntemos hasta dónde puede llegar su oscuridad. En ‘Gummy’, el primer largo como director para Javi Prada, se juega con lo más turbio del ser humano para construir un thriller criminal en el que nadie parece demasiado limpio, pero en el que los giros se suceden cambiando los roles de los personajes constantemente. En medio de delincuentes, individuos de moral reprochable y ambientes donde la violencia parece formar parte del paisaje, Javier Botet se convierte en el principal foco de inquietud. Su personaje, obsesionado con los ositos de gominola, podría parecer a primera vista un asesino de esos que recorren carreteras secundarias buscando a su siguiente víctima, con el aire implacable de ‘No es país para viejos’. Sin embargo, reducirlo a esa primera impresión sería quedarse en la superficie.

Una estructura fragmentada para una historia de depredadores

Prada organiza el relato en capítulos separados por letreros que recuerdan inevitablemente a Quentin Tarantino. La estructura fracturada permite jugar con la información o los estadios por los que pasa e protagonista y de ese modo alterar nuestras expectativas. La historia arranca dentro de unos códigos reconocibles del thriller de bajos fondos, pero poco a poco desplaza el interés hacia aquello que permanece oculto detrás de las conductas más extravagantes o ilegales.

El recurso de dividir la narración en bloques aporta personalidad y ayuda a establecer un ritmo propio, aunque también sitúa a la película ante un desafío: que cada fragmento contribuya a enriquecer el conjunto y casi se comporte como una película propia destinada a alimentar la curiosidad por lo que vendrá después. En una historia donde el engaño y la violencia son piezas fundamentales, administrar las revelaciones resulta especialmente importante. Lo que parece una cacería relativamente convencional puede transformarse en una lucha por la supervivencia cuando quienes ocupaban el lugar de las víctimas demuestran que también guardan sus propios secretos.

Entre ‘Hostel’, ‘La novia gitana’ y ‘Tesis’

Las referencias que despierta ‘Gummy’ ayudan a situar sus intenciones. Hay ecos de ‘Hostel’ en su aproximación a la violencia más desagradable y a los rincones donde la crueldad de la noche puede convertirse en espectáculo. También aparecen conexiones con ‘La novia gitana’, por esa sensación de adentrarse en un entorno criminal en el que la suciedad moral no se limita a un único individuo. Y, aunque desde una perspectiva diferente, ‘Tesis’ planea sobre la película por su relación con aquello que nos repele y al mismo tiempo despierta nuestra curiosidad y ánimo de lucro a cualquier precio.

La comparación con la película de Alejandro Amenábar resulta especialmente oportuna en un año en el que se cumplen treinta años de su estreno y el director está presente en esta edición del Festival de Sitges. No significa que ambas obras compartan necesariamente el mismo discurso, pero sí permite recordar una tradición del cine español que se ha atrevido a mirar de frente aquello que muchos preferirían mantener fuera de campo.

Un monstruo diferente para Botet

En ese terreno, Javier Botet aporta una presencia física y una rareza muy particulares. Su figura ya está asociada al cine fantástico y de terror, pero aquí el interés no reside únicamente en su aspecto o en su capacidad para resultar inquietante. Lo decisivo es la incertidumbre que rodea a Mauro: sus intenciones parecen turbias desde el principio, aunque la película se reserva cartas que modifican nuestra percepción del personaje y de quienes lo rodean.

‘Gummy’ se mueve así entre el thriller y el terror que no deja de tener una parte escalofriante de realismo. Con una galería de individuos que parecen haber dejado atrás cualquier límite moral vuelve a poner sobre la mesa cuáles son los límites del ser humano y qué monstruos moran entre nosotros. Su principal atractivo está en esa desconfianza permanente fruto de la corrupción humana. Javi Prada propone una ruta por los bajos fondos donde el asesino no tiene garantizado el control y donde los ositos de gominola, lejos de ser un detalle dulce e inocente, forman parte de la extraña identidad de un personaje que invita a mirar dos veces antes de sacar conclusiones.

Ficha de ‘Gummy’

Estreno en España: por determinar. Título original: Gummy. Duración: 82 min. País: España. Dirección: Javi Prada. Guion: Rubén Tejerina. Música: Javier Bayón. Fotografía: Daniel G. Canal, Daniel Gonzalez. Reparto principal: Javier Botet, Clara Alvarado, Jan Cornet, Macarena Gómez, Rubén Tejerina, Mario Mayo, Sara Jiménez, Fernando Soto, Ruth Armas, Carla Nieto, Kiko Prada. Producción: Sr. Mono Producciones, Gamera Studios, Canary Islands Film. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Nightborn’

Pesadilla con bebé completamente anticonceptiva

Rupert Grint, un asunto de paternidad, un bebé que da bastante cringe, un conflicto de pareja que la protagonista parece afrontar prácticamente en solitario y una película envuelta en una oscuridad creciente. No, no estamos hablando de ‘Servant’, la serie asociada a M. Night Shyamalan. Estamos ante ‘Nightborn’ (‘Yön lapsi’), el segundo largometraje de Hanna Bergholm después de ‘Ego’, una fábula de terror finlandesa que traslada los miedos de la maternidad a un terreno de folk horror y body horror. La película pasó por la competición de la Berlinale y coloca a Seidi Haarla y Rupert Grint en una casa familiar perdida en mitad del bosque.

El paralelismo con ‘Servant’ es inevitable porque Grint vuelve a estar atrapado en una historia de padres, criaturas inquietantes y una relación familiar que se descompone alrededor de un bebé y una situación confusa entre locura y lo sobrenatural. Aquí, sin embargo, el planteamiento es mucho más físico. La protagonista da a luz a un bebé que recibe el nombre de Kuura y desde el principio intuye que algo no va bien. El niño presenta características anómalas, necesita sangre y termina convirtiéndose en una presencia dañina y tóxica que consume especialmente a su madre. La directora ha explicado que la película nace de su interés por las transformaciones del cuerpo femenino y por las partes de la maternidad que normalmente quedan fuera de la imagen idealizada.

Y Kuura es cualquier cosa menos un bebé adorable. Es un pequeño monstruo que absorbe, muerde, exige y ocupa todo el espacio posible, convirtiendo la maternidad en una experiencia agotadora, dolorosa y directamente terrorífica. Es una película decididamente anticonceptiva. Quien tenga la imagen de la llegada de un hijo como un momento idílico probablemente debería ver ‘Nightborn’ como advertencia.

Kuura, el hijo de la naturaleza

El nombre del bebé tampoco es casual. Kuura significa “escarcha” en finés y Bergholm evidentemente relaciona así la película el mundo natural. Además tenemos un nexo con la mitología finlandesa de los trolls del bosque. La película combina esa tradición con una sensibilidad casi de cuento oscuro: el bosque no es simplemente un paisaje, sino un espacio con sus propias reglas, una frontera entre lo doméstico y aquello que permanece fuera del control humano.

Ahí aparece una de las ideas más interesantes de ‘Nightborn’. La pareja decide instalarse precisamente en un entorno natural, lejos de la ciudad y cerca de las raíces familiares de ella, buscando construir una vida supuestamente idílica. Pero cuanto más cerca están de la naturaleza, menos control parecen tener sobre ella. El folklore finlandés y la tradición de los cantos de raíz que terminaron alimentando el ‘Kalevala’ sirven como ecos culturales de una película en la que naturaleza, superstición y fuerzas sobrenaturales terminan entremezclándose. El propio ‘Kalevala’ conserva una visión profundamente vinculada al poder de la naturaleza, incluyendo personificaciones de la escarcha y del frío.

Cuando Kuura necesita desplazarse por sí mismo aparece además una de las imágenes más desconcertantes del filme. Su manera de moverse recuerda deliberadamente a una marioneta de las películas de criaturas de otra época. Kuura estaría a la altura de los bebés monstruosos de ‘Braindead’ o ‘It’s Alive’ y, cuando empieza a moverse como una marioneta infernal, el filme abraza definitivamente su condición de pesadilla.

Una maternidad tan dolorosa como monstruosa

‘Nightborn’ funciona especialmente bien cuando convierte las dificultades de la maternidad en algo literal. Saga (Seidi Haarla) está siendo devorada física y emocionalmente por su hijo mientras Jon (Rupert Grint) intenta entender qué está ocurriendo sin llegar a experimentar la situación de la misma manera. El conflicto de pareja se construye así desde una incomunicación constante: ella soporta el peso del problema y él intenta racionalizarlo, hasta que ambos dejan de compartir la misma percepción de la realidad.

La película juega además con una pregunta inquietante: ¿Kuura es realmente una criatura sobrenatural o estamos ante una representación extrema de los miedos, el agotamiento y la ambivalencia que pueden acompañar a la maternidad? Bergholm no elimina completamente esa segunda lectura, aunque el relato se inclina progresivamente hacia el folklore y los trolls.

Y resulta especialmente divertido descubrir que los sonidos monstruosos de Kuura proceden de Max Cavalera, fundador de Sepultura, oculto entre los créditos como responsable de los gruñidos. Es otro detalle que demuestra hasta qué punto la película quiere que el horror infantil tenga algo de criatura de pesadilla y algo de cuento fantástico pasado por el heavy metal, tan presente en la cultura Finlandesa.

Ficha de ‘Nightborn’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Yön Lapsi. Duración: 92 min. País: Finlandia. Dirección: Hanna Bergholm. Guion: Hanna Bergholm, Ilja Rautsi. Música: Eicca Toppinen. Fotografía: Pietari Peltola. Reparto principal: Seidi Haarla, Rupert Grint, Pamela Tola. Producción: BlueLight, British Film Institute, Elokuvayhtiö Komeetta, Eurimages, Filmai LT, Getaway Films, Global Screen Fund, Yleisradio (YLE). Distribución: La Aventura, Movistar Plus+. Género: terror, drama. Web oficial.