En qué plataforma ver Cyberpunk: Edgerunners
Night City todavía tiene historias que contar
Volver a Night City después de la primera temporada de ‘Cyberpunk: Edgerunners’ no era una tarea sencilla. El impacto de David Martinez y Lucy dejó el listón muy alto, pero la segunda entrega demuestra que el universo de CD Projekt Red tiene suficiente personalidad como para seguir generando historias sin necesidad de depender de las anteriores. Bajo la dirección de Kai Ikarashi, colaborador de la anterior temporada, esta nueva incursión en el anime de Studio Trigger apuesta por personajes diferentes, una violencia desatada y una ciencia ficción que resulta tan espectacular como inquietante.
La temporada entrelaza varias historias, con dos grandes ejes especialmente interesantes. Por un lado, tenemos una trama que recupera la ciberpsicosis, uno de los conceptos más sugerentes del videojuego, para plantear un juego del gato y el ratón que también recuerda a ‘León, el profesional’. La relación entre sus personajes, marcada por la violencia y la fragilidad emocional, introduce una dimensión humana que impide que todo se reduzca a una sucesión de tiroteos y modificaciones corporales.
Por otro lado, un protagonista procedente de las Badlands nos devuelve a una de las grandes preocupaciones de ‘Cyberpunk 2077’: el miedo a perder nuestra identidad. Lo que experimentábamos con V y Johnny Silverhand, interpretado por Keanu Reeves, adquiere aquí nuevas ramificaciones mediante el Almicida (Soulkiller), la tecnología capaz de convertir una conciencia humana en información digital. La posibilidad de que otra identidad termine apropiándose de nuestro cuerpo abre un terreno fascinante para la ciencia ficción, donde la frontera entre la vida, la memoria y la individualidad se vuelve cada vez más difusa.
A estas líneas narrativas se suma Roman, un joven cinéfilo que introduce una inesperada nostalgia por el cine en un futuro que parece haberlo sustituido por otras formas de entretenimiento. Su presencia plantea una reflexión sobre el valor de las imágenes y la necesidad de contar historias en una sociedad saturada de estímulos. En una ciudad donde la violencia se convierte en espectáculo, filmar la realidad también puede ser una forma de enfrentarse a ella.
Studio Trigger convierte de nuevo Night City en un espectáculo visual
La animación vuelve a ser uno de los grandes argumentos de la serie. Conviene precisar que Hiroyuki Imaishi, responsable de la primera temporada, no dirige esta continuación, aunque su influencia estética sigue siendo reconocible. Su trabajo en ‘Promare’, que recomiendo encarecidamente, ya exploraba la relación entre tecnología, fuerzas metafísicas y acción desbordante mediante una identidad visual exuberante. La nueva entrega recoge parte de esa energía, pero Kai Ikarashi imprime su propia personalidad al conjunto.
El trabajo de Trigger resulta especialmente juguetón. Los diseños de personajes, los efectos y los escenarios abrazan una estética poligonal y saturada de color que encaja con la representación de los espacios virtuales. La puesta en escena cambia de registro cuando la narración lo necesita, y los recuerdos de uno de los protagonistas adquieren una apariencia bidimensional, muy colorida, con composiciones que pueden recordar al trazo sintético y expresivo de Mike Mignola. No se trata únicamente de embellecer la imagen: las variaciones gráficas contribuyen a distinguir estados mentales, recuerdos y realidades.
La acción, por su parte, mezcla elementos tecnológicos y físicos a una velocidad vertiginosa. Cuerpos modificados, armas, interfaces y capacidades sobrehumanas forman parte de unas coreografías que aprovechan el montaje, los cambios de escala y la deformación expresiva del movimiento. Todo ello convive con una banda sonora que recupera la identidad musical asociada a la franquicia, especialmente eficaz cuando abandona el estruendo para construir atmósferas tranquilas, tensas y amenazadoras. Es en esos silencios donde Night City demuestra que puede resultar mucho más inquietante que durante sus mayores explosiones.
Un regreso al universo de ‘Cyberpunk 2077’
La terminología del universo creado por Mike Pondsmith vuelve a funcionar como una segunda lengua. Chooms, edgerunners, netrunners, corpos y modificaciones cibernéticas construyen un mundo reconocible, con una herencia que también remite a ‘Ghost in the Shell’. No olvidemos que todo parte del juego de rol de los años ochenta, concebido para que cada jugador pudiera construir su propia identidad, elegir habilidades y afrontar un futuro lleno de posibilidades. La serie y el videojuego comparten precisamente esa capacidad para presentar Night City como un entorno en el que cada decisión tiene consecuencias.
Además, las referencias al Almicida y a los acontecimientos relacionados con Johnny Silverhand permiten situar esta historia después de ‘Cyberpunk 2077’, concretamente en 2078, según la cronología confirmada por CD Projekt Red. La serie no necesita convertir sus conexiones con el videojuego en un catálogo de guiños para justificar su existencia: las utiliza para ampliar sus implicaciones tecnológicas, políticas y morales.
Quizá no alcance la misma contundencia emocional que la primera temporada, pero tampoco necesita vivir permanentemente a su sombra. ‘Cyberpunk: Edgerunners 2’ demuestra que el futuro de esta franquicia no depende de resucitar a sus antiguos protagonistas, sino de encontrar nuevas perspectivas desde las que explorar un mundo donde la humanidad se ha convertido en otra mercancía. Night City sigue siendo una pesadilla, sí, pero también un extraordinario laboratorio narrativo.

