Crítica: ‘Pizza movies’

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Aprovecha bien el gancho del costumbrismo incómodo y neurótico para abordar la épica de lo precario

Hablar de ‘Pizza Movies’ implica sumar un título más a lo que se está convirtiendo ya en una marca generacional dentro de la comedia española. Carlo Padial se alinea, de forma consciente, con ese humor de la incomodidad que han explorado series como ‘Vergüenza’ y ‘Poquita fe’. Aquí también encontramos personajes que no aspiran a ser admirados, sino diseccionados: individuos atrapados en su propia neurosis, incapaces de articular una épica personal y condenados a una rutina emocionalmente erosionada.

La protagonista de ‘Pizza Movies’ (Judit Martín) encarna ese tipo de figura tan reconocible como incómoda: alguien que quiere pertenecer al mundo cultural, pero que vive permanentemente al borde de la irrelevancia. Padial construye su filme desde esa fragilidad, con una mirada que oscila entre la compasión y la ironía, verbalizada muchas veces por quien hace de su esposo, Berto Romero. Como ocurría en las series mencionadas, el humor no surge del gag clásico, sino de la acumulación de pequeñas miserias cotidianas: conversaciones que no llevan a ningún sitio, ideas disparatadas, reacciones fuera de lugar o momentos de vergüenza ajena.

El resultado es un retrato bastante certero de cierta clase creativa urbana, atrapada entre la vocación y la precariedad. No es casual que el filme insista en mostrar entornos laborales difusos, proyectos a medio hacer y colaboraciones mal pagadas (o directamente inexistentes). En ese sentido, ‘Pizza Movies’ no solo busca la risa, sino también una cierta identificación incómoda por parte del espectador.

Humor, improvisación y los límites de la repetición

El humor está presente y, en líneas generales, funciona. Padial demuestra buen oído para el diálogo absurdo y para detectar esas microdinámicas sociales que generan incomodidad. Sin embargo, hay momentos en los que el propio mecanismo cómico se resiente. Algunas escenas, probablemente abiertas a la improvisación, caen en una repetición excesiva de una misma frase o idea (un recurso que, bien dosificado, puede ser efectivo, pero que aquí termina por diluir el chiste).

Esa insistencia acaba alargando innecesariamente ciertas secuencias, rompiendo el ritmo del filme y generando una sensación de desgaste. Es como si la película se recreara demasiado en su propio hallazgo cómico, perdiendo de vista la progresión narrativa. Este problema no invalida el conjunto, pero sí introduce altibajos que resultan evidentes.

A ello se suma una cierta irregularidad en los personajes secundarios. Mientras que la protagonista sostiene con solvencia el peso emocional del relato, algunos secundarios parecen menos definidos, casi esbozos de ideas más que personajes plenamente desarrollados, como si no tuviesen vida más allá del único gag que tienen. Esto afecta especialmente en las escenas corales, donde el contraste entre interpretaciones resta fuerza al conjunto.

Pizzas, cine y resistencia cultural

Donde ‘Pizza Movies’ encuentra su verdadero pulso es en su dimensión metacinematográfica. Cuando las pizzas entran en juego (con ese diseño deliberadamente infantiloide), la película activa un registro distinto, más lúdico y cómplice. No se trata solo de un recurso visual llamativo, sino de una declaración de intenciones: reivindicar el cine como experiencia compartida, como espacio de juego y de memoria colectiva.

En esos momentos, el filme parece dialogar directamente con películas como ‘Rebobine, por favor’, recuperando ese espíritu de “hazlo tú mismo” y de amor por la cultura popular. Las pizzas funcionan como catalizador, como un revulsivo frente a la apatía generalizada que domina el resto del relato. Es ahí donde Padial logra conectar de forma más directa con el espectador, apelando a una complicidad que trasciende la ironía inicial.

Este elemento entronca, además, con uno de los temas más interesantes del filme: el paralelismo entre la crisis personal de la protagonista y la crisis estructural de las salas de cine. Ambas comparten un mismo diagnóstico: la desidia, la falta de rumbo, la sensación de estar perdiendo relevancia. Pero también una posible salida: la reinvención, incluso a través de ideas aparentemente absurdas.

En este sentido, ‘Pizza Movies’ acierta al retratar el estado actual de la crítica cultural. Sin necesidad de subrayarlo en exceso, deja claro que muchos críticos se ven obligados a pluriemplearse para sobrevivir (una realidad cada vez más evidente). Esta capa añade profundidad al relato y lo ancla en un contexto reconocible, alejándolo de cualquier tentación de abstracción.

No obstante, el filme también se regodea en la crisis existencial, en la neurosis y en el patetismo de sus personajes, lo cual puede que le haga perder partidarios. Yo me quedo con que entre la incomodidad generada en algunas escenas y el amor por el cine como experiencia compartida, se construye una obra que logra capturar el desconcierto de una generación, tanto de consumidores como de profesionales.

Ficha de ‘Pizza movies’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Pizza Movies. Duración: 91 min. País: España. Dirección: Carlo Padial. Guion: Carlo Padial, Desirée de Fez, Carlos de Diego. Música: Javier Rodero. Fotografía: Patricio Vial. Reparto principal: Judit Martín, Berto Romero, Joaquín Reyes, Bruna Cusí, Raúl Arévalo, Melina Matthews, Javier Botet, Tamar Novas, Belén Barenys, Miguel Noguera. Producción: El Cansancio, Bambina, Scorpora, Pioneros-Media Offline. Distribución: A Contracorriente Films. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Machos Alfa’ T5

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El regreso con el final más agrio

El próximo 17 de abril marca el estreno de la quinta temporada de ‘Machos Alfa’, una serie de Netflix que, lejos de acomodarse en su fórmula de éxito, decide tensarla hasta un punto incómodo. Lo que en sus primeras entregas funcionaba como sátira atrevida sobre la masculinidad contemporánea, aquí se convierte en una disección más amarga de cuatro hombres que ya no creen ni en sí mismos ni en el discurso que intentaron adoptar, es decir, están más perdidos que al principio, si es que en algún momento han llegado a encontrarse.

Los protagonistas (Gorka Otxoa, Fele Martínez, Fernando Gil y Raúl Tejón) regresan “de vuelta de todo”. No solo están desengañados con la deconstrucción masculina, sino que han empezado a desconfiar profundamente de las mujeres y, sobre todo, de su propia capacidad para entenderlas. Este conflicto interno (ese constante tira y afloja entre su yo machirulo y su yo supuestamente evolucionado) se convierte en el principal motor narrativo de la temporada.

Hay un cambio de tono evidente: la comedia sigue presente, pero ahora está impregnada de una sensación de desgaste emocional. Ya no se trata solo de reírse de los errores de estos personajes, sino de observar cómo se hunden en ellos. Es una evolución lógica, pero también arriesgada, que demuestra que la serie no teme incomodar a su audiencia.

Convivencia, cameos y una comedia cada vez más coral

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es llevar al límite la convivencia entre los protagonistas. Lo que empezó como una solución práctica se transforma en un experimento social fallido: viven juntos, pero no se soportan. Cada uno ve en el otro aquello que detesta de sí mismo, generando una dinámica casi claustrofóbica que, paradójicamente, potencia los momentos cómicos.

Esta convivencia forzada permite a los creadores, Alberto y Laura Caballero, explorar nuevas situaciones sin perder el ritmo ágil característico de su estilo. La influencia de sus trabajos anteriores se hace notar, especialmente en la introducción de nuevos personajes y cameos. Actores como Juan Díaz, María Adánez, Diego Martín, Adrià Collado o Víctor Clavijo aparecen en roles que funcionan tanto como guiños para el espectador habitual como catalizadores de nuevas tramas.

Este tipo de casting no es casual: los Caballero han construido una especie de “universo compartido” de la comedia española televisiva. De hecho, se supone que varios de estos cameos fueron concebidos desde el guion como homenajes conscientes a ‘Aquí no hay quien viva’, reforzando esa sensación de continuidad creativa.

En paralelo, la serie no abandona su vocación de retrato social. La temporada introduce temas actuales con una mezcla de ironía y crítica directa: desde el feminismo de postureo hasta las fracturas internas dentro del propio movimiento, pasando por fenómenos virales como las técnicas para ligar en supermercados (sí, el famoso “método Mercadona” encuentra aquí su parodia definitiva) e incluso un suceso real que convierte a esta temporada en quizás la más crítica y ácida de todas.

Sin embargo, lo más interesante es cómo estos elementos no se sienten forzados. Se integran orgánicamente en las tramas, funcionando como espejo deformado de una realidad que el espectador reconoce fácilmente. Y estaría pecando de no tomar ejemplo con la historia de estos personajes si omitiese las líneas argumentales de los personajes de Kira Miró, Raquel Guerrero, María Hervás, Kira Miró y Cayetana Cabezas. Siendo la de Hervás la más delicada de tratar y la de Guerrero la más divertida.

Entre la risa y el golpe final: una temporada que deja cicatriz

Si algo distingue a esta quinta temporada de ‘Machos Alfa’ es su capacidad para equilibrar el humor con un trasfondo dramático cada vez más evidente. La serie sigue siendo divertida, incluso hilarante en muchos momentos, pero hay una sombra constante que anticipa que algo no va a acabar bien.

Sin entrar en spoilers concretos, el tramo final de la temporada abandona parcialmente el tono de comedia para sumergirse en un drama inesperadamente contundente para un par de personajes. Las decisiones tienen consecuencias reales, y no todos salen indemnes. Este giro puede resultar chocante para quienes esperaban una resolución más ligera. Sin ser algo definitivo, la serie parece que nos reserva más temporadas, pero si puede marcar mucho cierto drama en su sexta entrega.

En este sentido, ‘Machos Alfa’ temporada 5 no es solo una comedia: es un retrato generacional disfrazado de sitcom. Una obra que utiliza el humor como vehículo para hablar de identidad, inseguridad y contradicción. Por supuesto también como disparador de discusiones y debates entre parejas y amigos. Puede que no todos los espectadores conecten con su tono más paródico, pero quienes lo hagan encontrarán una de las propuestas más interesantes de la comedia española reciente.

‘Aída y vuelta’: el tráiler de la esperada película ya está disponible

El fenómeno televisivo ‘Aída’ da el salto al cine con ‘Aída y vuelta’, dirigida por Paco León y con el regreso de su reparto original

La nostalgia vuelve a la gran pantalla. ‘Aída y vuelta’, la esperada película inspirada en una de las series más queridas de la televisión española, ya tiene tráiler oficial. Dirigida por Paco León y escrita junto a Fer Pérez, la cinta se estrenará en cines el próximo 30 de enero de 2026, prometiendo una dosis de humor, emoción y reencuentro con los personajes que marcaron a toda una generación.

La película, distribuida por Sony Pictures Entertainment Iberia, es una producción de Globomedia (THE MEDIAPRO STUDIO) y Telecinco Cinema, con la participación de Mediaset España, Mediterráneo Mediaset España Group y Prime Video, donde se podrá ver tras su paso por los cines. El proyecto cuenta con Laura Fernández Espeso y Javier Méndez como productores por parte de Globomedia, y con Ghislain Barrois y Álvaro Augustin en representación de Telecinco Cinema.

Según su director, Paco León, el filme “mostrará la intimidad del rodaje, la parte de atrás, que es un poco la de dentro. Una parte compleja, pero también divertida”. Y es que ‘Aída y vuelta’ no solo recupera el espíritu original de la serie, sino que propone una mirada meta-cinematográfica en la que el rodaje de un nuevo capítulo sirve como excusa para explorar las relaciones entre actores, personajes y el propio fenómeno televisivo que fue ‘Aída’.

El reparto principal está integrado por Carmen Machi, Miren Ibarguren, Mariano Peña, Eduardo Casanova, Pepe Viyuela, Melani Olivares, Canco Rodríguez, Secun de la Rosa, David Castillo, Marisol Ayuso, Pepa Rus, Óscar Reyes y Adrián Gordillo, junto a casi un centenar de intérpretes adicionales seleccionados en un casting online que superó los 100.000 seguidores en Instagram (@Aidalapeli).

Convertida en un fenómeno televisivo durante años, ‘Aída’ rompió récords de audiencia y dejó frases icónicas en la cultura popular española. Ahora, ‘Aída y vuelta’ recupera ese espíritu entre la ficción y la realidad, reflexionando sobre el humor, la fama y el paso del tiempo.

Los derechos internacionales de distribución de la película están gestionados por THE MEDIAPRO STUDIO DISTRIBUTION, asegurando que el regreso de Esperanza Sur traspase fronteras.