las de la última fila

Crítica: ‘Las de la última fila’


Un ahora o nunca catártico que a muchos les gustaría tener la excusa de poder vivir

El próximo 23 de septiembre en Netflix podréis darles un volteo a vuestras cabezas para ver la serie española, ‘Las de la última fila’. Una serie que reconozco que no es exactamente el entretenimiento que me gusta consumir, pero que está muy en la línea de algunas modas ofreciendo además ideas muy locas pero sobre que todo nos invitan a desafiarnos a nosotros mismos.

las de la última fila Amigas desde su época de estudiantes, las cinco protagonistas de ‘Las de la última fila’, interpretadas por Itsaso Arana, Mónica Miranda, María Rodríguez Soto, Mariona Terés y Godeliv Van den Brandt, coincidieron en los últimos pupitres de la clase y desde entonces son besties. Una amistad prolongada hasta la adultez y mantenida a base de escapadas de vacaciones. Pero este año el viaje estival se adelanta y lleva un motivo especial, evadirse de la dura noticia que han recibido, una de ellas tiene cáncer.

Verano, cáncer, amistad, vitalismo… esta parece una historia más de Albert Espinosa. Aunque va en la línea de series como ‘Vida perfecta’ o ‘Los zapatos de Valeria’, está también cargada de un optimismo que bucea en un mar de tragedia. En ‘Las de la última fila’ tenemos escenas vitalistas que se asemejan uno de esos anuncios de televisión que parece que te quieren dar la lección de tu vida cuando lo que intentan es venderte cerveza, unas compresas o una nueva cuenta bancaria.

Pienso que aunque no me gusten las conversaciones empalagosas, intensitas, hiperexistencialistas, mezcladas con expresiones millennials y metidas con calzador de esta serie va a gustar a mucha gente. Estas cinco amigas están de calavera, para ellas casi todo vale. Este es un carpe diem, un ancha es Castilla con normas improvisadas. ¿A quién no le gustaría poder esparcirse de ese modo tan gamberro e incluso conflictivo sin pensar en los daños colaterales? A veces estas protagonistas van de víctimas y son culpables de crear otras víctimas y otras se merecen esa liberación que van buscando. Es un entretenimiento ideal para empatizar si te encuentras en plena crisis de los 40, un ahora o nunca catártico que a muchos les gustaría tener la excusa de poder vivir. Esta historia transformadora, a veces tramposa, se justifica buscando soluciones a veces hipócritas, casi siempre poco realistas.

‘Las de la última fila’ es divertida, sensible y tiene visión. Pero juguetea a placer y de manera conveniente con la doble moral. Es capaz de pasar del desfase tipo ‘Resacón en las vegas’ o ‘Primos’ (obra también de Daniel Sánchez Arévalo) a la sensiblería a modo de ‘Bajo la misma estrella’. Eso sí, entre tantas idas de olla hay muchos símiles emotivos muy bien trabajados, acompañados además de caras conocidas en todos los episodios.

las de la última filaEsta es una serie que realiza un retrato generacional. Si pensáis que la expresión “salir de la zona de confort” está manida… esta serie la desgasta del todo. De hecho el propio Daniel Sánchez Arévalo está un poco fuera de los géneros habituales en su cinematografía, no olvidemos de todos modos su trabajo para Campofrío (¿recordáis lo que he dicho en el tercer párrafo?). Para esbozar los síntomas de nuestra generación no se queda solo en un sinfín de canciones indie o pop cantadas casi en su totalidad por intérpretes femeninas, sobre todo se centra en cómo somos una quinta que intenta huir y no afrontar los problemas, ahí veo yo su mayor acierto.

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Acerca de Furanu

De origen irlandés y criado en tierras vetonas, este ingeniero curiosamente nació en Bloomsday. Pegado desde pequeño a una televisión y a cientos de páginas, ahora gasta su tiempo montándose películas y disfrutando las de otros.

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