Crítica: ‘Hamnet’

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La escena final es una de las más bellas, emotivas y cuidadosamente elaboradas del cine reciente

Chloé Zhao afronta en ‘Hamnet’ uno de esos proyectos que parecen condenados al escrutinio constante: acercarse a William Shakespeare (Paul Mescal) desde el ángulo más íntimo posible, el de la pérdida de su hijo y el de una esposa históricamente relegada a los márgenes del mito. El resultado es una película moderadamente notable, profundamente sensible y ambiciosa en su planteamiento, aunque también excesivamente dilatada. Aun así, lo que propone y, sobre todo, cómo culmina su relato, la convierten en una obra valiosa y digna de análisis.

 

Basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, la película se apoya en una base histórica real, pero asume con naturalidad las licencias propias de la ficción. Zhao no pretende reconstruir hechos documentados, sino explorar un vacío emocional, ese territorio donde la Historia calla y el arte se interpreta.

Shakespeare, Hamnet y la sombra de la tragedia

El eje emocional de ‘Hamnet’ es, como no podía ser de otra forma, la muerte del hijo menor de Shakespeare. La película recoge una de las teorías más persistentes en el ámbito académico y cultural: que la pérdida de Hamnet, fallecido a los once años, supuso un punto de inflexión en la obra del dramaturgo y alimentó la oscuridad de sus tragedias posteriores.

Zhao aborda esta idea con un tono contenido, casi ascético. No hay subrayados ni grandes discursos sobre el dolor, lo que hay es ausencia, silencio y tiempo, mucho tiempo. Aquí aparece uno de los principales problemas del filme: su tendencia a alargar escenas más allá de lo estrictamente necesario, confiando en que la repetición de gestos o el drama intenso sustituya a la progresión dramática. En algunos tramos, esta estrategia roza el agotamiento del espectador.

Sin embargo, cuando la película funciona, lo hace de manera notable. La relación simbólica entre Hamnet y ‘Hamlet’ se insinúa sin verbalizarse, dejando que el espectador complete el puente entre vida y obra. Zhao sugiere que la tragedia no nace del intelecto, sino del trauma, y que la obsesión shakespeariana por la muerte, los fantasmas y los vínculos rotos puede entenderse mejor a la luz de esta pérdida. ‘Hamnet’ no intenta explicar ‘Hamlet’, pero sí humanizar al hombre que pudo escribirla, alejándolo del pedestal académico y devolviéndolo a la tierra, al barro, al dolor cotidiano.

Anne Hathaway: el corazón invisible del relato

Uno de los mayores aciertos de la película es su tratamiento de Anne Hathaway, renombrada con su otro nombre aceptado, Agnes, e interpretada por Jessie Buckley. Tradicionalmente reducida a notas a pie de página, Zhao la sitúa en el centro del relato emocional. No como musa idealizada ni como esposa resentida, sino como una mujer compleja, práctica, profundamente conectada con la naturaleza y con una forma de duelo distinta a la de su marido.

La película dialoga abiertamente con la controversia histórica sobre su carácter y su influencia en Shakespeare. Lejos de la caricatura de esposa abandonada, ‘Hamnet’ presenta a Anne como ancla emocional y fuerza silenciosa, alguien que sufre la pérdida de su hijo de manera más física, más inmediata, mientras Shakespeare canaliza el dolor a través de la distancia y la creación.

Esta visión no contradice los pocos datos históricos disponibles, sino que los expande con sensibilidad. Zhao parece especialmente interesada en reparar una injusticia histórica, otorgando a Anne una voz que nunca tuvo en los documentos, pero que resulta perfectamente coherente con el contexto social y familiar de la época.

Aquí, el tempo pausado juega más a favor que en otros tramos. La cotidianeidad, el trabajo doméstico, la gestión del hogar y el contacto con la tierra refuerzan la idea de que la tragedia no pertenece solo al genio creador, sino también a quienes sostienen la vida mientras otros escriben la Historia.

Un final que justifica el viaje

Si ‘Hamnet’ se resiente por su metraje y su tendencia a la tragedia redundante, todo queda prácticamente redimido por su escena final. Es, sin exagerar, una de las secuencias más bellas, emotivas y cuidadosamente elaboradas del cine reciente.

Zhao consigue condensar en pocos minutos todo lo que antes parecía disperso: el duelo, la memoria, la creación artística y la permanencia del amor más allá de la muerte. El cierre no solo borra la sensación de agotamiento previa, sino que recontextualiza el conjunto, invitando a una relectura emocional de lo visto.

Es también una forma magistral de aproximarse a Shakespeare como figura histórica. No como mito intocable, sino como ser humano atravesado por una pérdida irreparable. En ese sentido, ‘Hamnet’ propone una clave interpretativa poderosa para comprender al que probablemente sea el escritor más estudiado de la historia, junto a Miguel de Cervantes: la idea de que su genialidad no nace solo del talento, sino del dolor transformado en lenguaje.

Ficha de ‘Hamnet’

Estreno en España: 23 de enero de 2026. Título original: Hamnet. Duración: 125 min. País: Reino Unido. Dirección: Chloé Zhao. Guion: Maggie O’Farrell, Chloé Zhao. Música: Max Richter. Fotografía: Max Richter. Reparto principal: Jessie Buckley, Paul Mescal, Jacobi Jupe, Joe Alwyn, Emily Watson, David Wilmot. Producción: Focus Features, Hera Pictures, Neal Street Productions, Amblin Entertainment, Book of Shadows. Distribución: Universal Pictures. Género: adaptación, drama, romance. Web oficial.

Crítica: ‘El caballero de los Siete Reinos’

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Poniente cambia los dragones por la comedia y la justa

Es difícil regresar a Poniente sin esperar el sonido de alas dracónicas o el choque de ejércitos masivos. Sin embargo, lo primero que hay que advertir al espectador desprevenido es que ‘El caballero de los Siete Reinos’, aunque firmemente ambientada en el mundo de R.R. Martin, cambia radicalmente de tono. Para algunos fans puristas, curtidos en la solemnidad política de ‘Juego de Tronos’ o la tragedia shakesperiana de ‘La casa del dragón’, este giro podrá resultar desconcertante, quizás incluso malo. Pero para otros, será una bocanada de aire fresco absolutamente necesaria.

HBO parece haber entendido que la única forma de evitar el hastío del espectador ante tantas conspiraciones palaciegas era apostar por algo diametralmente opuesto: la sencillez y sorprendentemente, el humor. Si las anteriores entregas eran óperas wagnerianas, ‘El caballero de los Siete Reinos’ se acerca más a una balada folk tocada en una taberna ruidosa. Es una manera inteligente de conseguir esquivar las comparaciones directas que habrían hundido a cualquier otro spin-off que intentara imitar la escala de sus predecesoras.

Un tono radicalmente distinto: entre Lanthimos y el cine medieval

En los libros originales ya se ve que este es un texto mucho más ligero, casi una novela picaresca medieval, y la serie abraza esta naturaleza sin complejos. Es abiertamente más cómica, apoyándose en la química de una extraña pareja. Por momentos, la dirección y los diálogos afilados hacen que parezca más ‘La favorita’ de Yorgos Lanthimos que ‘Juego de Tronos’. Hay un absurdo delicioso en la burocracia de los torneos y en la pomposidad de los caballeros que la serie explota con maestría.

Incluso si la serie fuese un poco más allá con el espectáculo de la comedia y la anacronía musical, estaríamos hablando de la nueva versión de ‘Destino de caballero’, aquella película de culto protagonizada por Heath Ledger. La comparación no es gratuita, puesto que la trama se ambienta completamente en una justa, con todo el color, el polvo y el bullicio que ello conlleva. Sin embargo, descuidad que este tono lúdico se mantiene sobretodo durante los tres primeros capítulos. Es ahí cuando la cosa cambia. Tras los episodios dirigidos por Owen Harris (conocido por ‘Black Mirror’), tiene lugar un giro que cambia la dinámica de la serie, recordándonos que, a fin de cuenta, en Poniente nadie está completamente a salvo. Y es por todo esto que el episodio 5 regresa a la brutalidad de los campos de batalla de Westeros, con toda la violencia e impredecibilidad que ello conlleva.

El caballero de los Siete Reinos como serie pequeña en una historia inmensa

George R. R. Martin figura como co-creador y productor ejecutivo, con Ira Parker ejerciendo de showrunner, y se nota el cariño por el material original. Estamos ante una precuela con un formato inusual: seis episodios de poco más de 30 minutos. Esta duración, más propia de una sitcom que de un drama de prestigio, juega a su favor, evitando el relleno innecesario.

Cronológicamente, la acción ocurre aproximadamente 90–100 años antes de ‘Juego de Tronos’ y se sitúa también unos 70 años después de los eventos más tempranos narrados en ‘La casa del dragón’. Es una época fascinante por lo que no tiene: es un mundo donde los dragones son solo recuerdos y cráneos polvorientos. El linaje Targaryen ostenta el Trono de Hierro, sí, pero su poder ya genera cuestionamientos. Sin la amenaza nuclear de los dragones, la autoridad se mantiene mediante la política y la percepción, algo que vemos a través de los ojos del caballero errante Dunk (interpretado por un inmenso Peter Claffey) y su escudero Egg (el joven Dexter Sol Ansell).

La serie se desarrolla durante la era de la Primera Rebelión Fuegoscuro, aunque el foco está en las interacciones personales. La participación de personajes como Aerion Targaryen (Finn Bennett), Lyonel Baratheon (Daniel Ings) y Baelor Targaryen (Bertie Carvel) aporta ese toque de realeza divina y peligrosa, pero vista desde abajo. Muy bien cogido el reparto, especialmente la dinámica entre Claffey y Ansell, que sostienen el peso emocional de la trama con una naturalidad pasmosa y llana.

La sombra de los Targaryen y el giro que lo cambia todo

Para quienes vengan de la literatura, sabrán que en su historia editorial en España, ‘El caballero de los Siete Reinos’ es una compilación de tres relatos: ‘The Hedge Knight’ (El caballero errante), ‘The Sworn Sword’ (La espada leal) y ‘The Mystery Knight’ (El caballero misterioso). La serie narra las aventuras de este caballero, que no es otro que el antepasado de Brienne de Tarth, un dato que explica mucho sobre el tamaño del personaje y el código de honor que veremos en pantalla.

Lo brillante de esta propuesta es que aporta una perspectiva más «a ras de tierra». Ofrece una profundización cultural y social sobre cómo vivían distintas capas de la sociedad en esa época, lejos de la Fortaleza Roja. Es por ello una historia mucho más pequeña y mucho más sencilla que todo lo que hemos visto hasta ahora. Pero no os dejéis engañar por la escala: en buena parte sienta las bases de lo que transcurre durante ‘Juego de Tronos’.

La serie es diferente incluso en su tratamiento de la acción: evita mostrar muertes violentas gratuitas, buscando más el impacto narrativo que el visual. Pero eso no quita que no haya violencia; cuando el acero choca, se siente pesado y peligroso. Constantemente sentimos que esto es el mundo de R.R. Martin y puede morir un personaje repentinamente.

Si no quieres destriparte el primer giro interesante que llega en el tercer capítulo, no mires exactamente de qué va esta historia en internet. Solo diré que la inocencia del torneo da paso a una realidad política mucho más oscura. ‘El caballero de los Siete Reinos’ demuestra que no hacen falta dragones para contar una gran historia de Poniente. Solo hacen falta un buen caballero, un escudero sabiondo e insolente y un guion que sepa reírse de sí mismo antes de sacar la espada.

La serie se estrena el 18 de enero y tiene anunciada segunda temporada para 2027.

Crítica: ’28 años después: el templo de los huesos’

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Cuando la ira ya no necesita excusas pero aún así te las da

Hablar de ‘28 años después. El templo de los huesos’ implica aceptar, desde el primer minuto, que la saga ha dejado de buscar respetabilidad para abrazar el exceso como forma de discurso. Si ‘28 años después’ fue un capricho lúcido de Danny Boyle y Alex Garland, una secuela que utilizaba el apocalipsis para disparar contra el aislamiento británico, el nacionalismo rancio y la obediencia militar ciega, esta nueva entrega dirigida por Nia DaCosta opta por regresar a los orígenes salvajes del relato. No es una marcha atrás, sino una mutación: menos alegoría ordenada y más demencia consciente.

DaCosta, que ya demostró en ‘Candyman’ su interés por reformular mitologías desde una mirada incómoda, recoge el testigo (con Garland firmando el guión) y lo lleva a un terreno donde la lógica se fragmenta, pero el subtexto permanece. ‘28 años después. El templo de los huesos’ no quiere ser una película elegante ni medida. Quiere ser un artefacto furioso, impregnado de rabia acumulada, tanto vírica como social.

Un mundo roto que ya no cree en la razón

La película es plenamente consciente de su escenario: una población aislada, mermada y mentalmente erosionada por décadas de abandono. Aquí los infectados no son solo cuerpos descontrolados, sino el espejo deformado de una sociedad mermada que lleva demasiado tiempo sobreviviendo sin horizonte. El virus de la ira ya no es únicamente un catalizador narrativo, es un estado emocional colectivo.

Visualmente, DaCosta conserva la columna vertebral estética de la saga, cámara nerviosa, suciedad digital, violencia abrupta, pero introduce una imaginería más cercana a lo ritual y lo sacrílego. El “templo” del título no es solo un espacio físico, sino una metáfora de cómo la desesperación acaba organizándose en torno a creencias extremas. En ese sentido, la película se permite una libertad tonal que roza lo delirante, como demuestra una de sus decisiones musicales: mezclar una canción de Duran Duran asociada al opening del anime ‘Speed Grapher’ con el icónico ‘The number of the beast’ de Iron Maiden. No es un guiño gratuito, sino una declaración de principios: lo pop, lo satánico y lo apocalíptico conviven sin jerarquías.

Este enfoque también sirve para dar sentido retrospectivo al extravagante final de la entrega anterior y a la aparición de los Jimmys, liderados por Jack O’Connell. Lo que antes podía parecer una sátira excesiva, con ecos evidentes al caso mediático de Jimmy Savile que ya explicamos en esta web, aquí adquiere una dimensión más inquietante. Los Jimmys ya no son solo una broma negra: representan cómo el vacío moral se llena con ídolos grotescos cuando las instituciones colapsan.

Ciencia, fe y el nuevo rostro del fanatismo

Uno de los grandes aciertos de ‘28 años después. El templo de los huesos’ está en el choque ideológico entre los personajes interpretados por Ralph Fiennes y Jack O’Connell. El primero encarna una visión científica, cansada pero firme, con unas maneras encantadoras. El segundo, un líder satanista que abraza el caos como respuesta al abandono. El enfrentamiento entre ambos articula el núcleo temático del filme: la guerra contemporánea entre conocimiento y creencia, entre hechos contrastados y narrativas conspiranoicas.

Resulta especialmente sugerente ver a O’Connell en este rol tan sacrílego tras su presencia destacada en ‘Sinners’, una de las películas de terror más comentadas de la temporada anterior. Aquí su personaje canaliza un carisma peligroso, muy reconocible en una época en la que el negacionismo y las teorías delirantes ganan terreno frente a verdades científicas largamente asumidas. Garland, fiel a su trayectoria en la ciencia ficción, utiliza este conflicto para insistir en que el verdadero terror no está en los infectados, sino en la facilidad con la que la razón se convierte en enemiga en aras de libertades que dan rienda suelta a nuestra naturaleza salvaje.

No es casual que el tráiler incorpore la voz de Arthur C. Clarke, recuperando una reflexión sobre un futuro impredecible y brutal. En aquella intervención para la BBC, Clarke advertía también de cómo el avance científico puede hacer que ciertas mentalidades se vuelvan conservadoras por miedo a quedarse atrás. Esa idea atraviesa la película como un nervio oculto y conecta tanto con la primera ‘28 días después’ como con esta nueva entrega.

Un cierre más sólido y un futuro inquietante

A diferencia de su predecesora, ‘28 años después. El templo de los huesos’ ofrece un final más cerrado, menos extravagante y narrativamente más satisfactorio. No renuncia al impacto ni al hype, pero evita la sensación de chiste privado que dividió a parte del público. La última escena unirá a buena parte de los desencantados con el estreno del año pasado. Aunque por otro lado se introduce un elemento clave relacionado con la evolución del virus que reconfigura el tablero y despertará una expectación genuina olvidada en otras historias de zombies como ‘The Walking Dead’.

Sabiendo que esta cuarta entrega se rodó de manera simultánea y que será Danny Boyle quien cierre esta etapa de la saga, la película funciona como un puente sólido entre el caos y la conclusión. No es una simple película de zombis, es un comentario incómodo sobre un mundo que, incluso sin virus, ya parece infectado de ira.

Ficha de ‘28 años después: el templo de los huesos

Estreno en España: 16 de enero de 2026. Título original: 28 Years Later: The Bone Temple. Duración: 109 min. País: Reino Unido. Dirección: Nia DaCosta. Guion: Alex Garland. Música: Hildur Guðnadóttir. Fotografía: Sean Bobbitt. Reparto principal: Ralph Fiennes, Jack O´Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry. Producción: Columbia Pictures, DNA Films, Decibel Films. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Nouvelle Vague’

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Un cineasta libre resucitando a otros cineastas libres

Richard Linklater, causó sensación con aquel experimento cinematográfico que fue ‘Boyhood’, y ahora vuelve a demostrar que su cine no solo observa el paso del tiempo, sino también los momentos en que el arte decide reinventarse. Con ‘Nouvelle Vague’, el director estadounidense se enfrenta a una de las mitologías más complejas y reverenciadas de la historia del cine: aquella generación de cineastas franceses que, a finales de los años cincuenta, dinamitó las convenciones narrativas, estéticas e industriales heredadas. Consciente de lo inabarcable del movimiento, Linklater opta por una decisión tan inteligente como honesta: centrar el relato en Jean-Luc Godard y en el periodo concreto del rodaje de ‘Al final de la escapada’, la película que marcó un antes y un después en la manera de filmar y mirar el cine.

Godard como símbolo de una revolución colectiva

‘Nouvelle Vague’ entiende que la Nouvelle Vague no fue un estilo homogéneo, sino una actitud. Linklater no intenta resumir a toda una generación en un discurso académico, sino capturar el nervio creativo que unía a aquellos jóvenes críticos de Cahiers du Cinéma convertidos en cineastas. Godard emerge como epicentro narrativo no por ser el único, sino porque su figura condensó como pocas el inconformismo, la provocación intelectual y la ruptura consciente con el cine de calidad francesa dominante.

La película se sitúa en los márgenes del rodaje de ‘Al final de la escapada’, pero evita el biopic convencional. No se trata de reproducir paso a paso cómo se filmó aquel clásico, sino de reimaginar lo que sucedía alrededor: discusiones estéticas, decisiones improvisadas, tensiones con la producción y una sensación constante de estar inventando algo sin manual de instrucciones. Godard aparece como un creador obsesivo, brillante y errático, capaz de convertir la limitación presupuestaria en una declaración de principios.

Reimaginar un rodaje para capturar un espíritu

Uno de los mayores aciertos de ‘Nouvelle Vague’ es cómo clava las escenas que remiten directamente a ‘Al final de la escapada’ sin caer en la mímesis vacía. Linklater reproduce encuadres, movimientos y situaciones reconocibles, pero el foco nunca está en la reconstrucción fetichista. Lo importante es el clima creativo que rodea esas imágenes: la libertad de filmar en la calle, el desprecio por las normas clásicas de continuidad y la convicción de que el cine podía dialogar con la vida real sin filtros.

El filme transmite la idea de la Nouvelle Vague como un grito artístico contra los corsés de la época, tanto estéticos como industriales. Hay en cada escena una sensación de urgencia, de estar filmando antes de que alguien diga que no se puede. Linklater adopta ese mismo espíritu en la puesta en escena, con una narrativa que fluye de forma fragmentaria, casi caprichosa, como si la película se estuviera descubriendo a sí misma mientras avanza.

Un homenaje coral que asume el riesgo de perder al espectador

‘Nouvelle Vague’ se apresura deliberadamente en presentar nombres clave del movimiento, y en ese vértigo corre el riesgo de desorientar al espectador menos familiarizado con la historia del cine. Truffaut, Chabrol, Rohmer, productores, técnicos, actores y críticos aparecen y desaparecen con rapidez, únicamente con una presentación formal. Sin embargo, esa acumulación no es un error, sino una declaración de intenciones.

Linklater no quiere simplificar una revolución que fue, por naturaleza, caótica y colectiva. El filme funciona como un homenaje a todos los artistas y mentes inspiradoras que hicieron posible aquel cambio de paradigma, incluso a costa de sacrificar cierta claridad expositiva. El resultado es una obra que no busca ser definitiva, sino contagiar una pasión: recordar que el cine avanza cuando alguien se atreve a romper las reglas y filmar como si todo estuviera por inventarse. Está llena de citas y alusiones la que mejor define el filme es la que recupera la figura de Leonardo da Vinci, «El arte nunca se termina, solo se abandona».

Ficha de Nouvelle Vague

Estreno en España: 9 de enero de 2025. Título original: Nouvelle Vague. Duración: 105 min. País: Francia. Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin. Fotografía: David Chambille. Reparto principal: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Adrien Rouyard, Antoine Besson, Jodie Ruth-Forest, Bruno Dreyfürst. Producción: ARP Sélection, Detour Filmproduction, Ciné+OCS, Centre national du cinéma et de l’image animée (CNC), Canal+, Chanel. Distribución: Elástica. Género: drama, comedia. Web oficial.

Crítica del final de ‘Stranger Things’

Stranger Things dice adiós con un final calculadamente ambiguo

El último capítulo de ‘Stranger Things’, el 5×08, clausura una de las series más influyentes del catálogo de Netflix con un episodio que aspiraba a la épica total y, al mismo tiempo, evidencia muchas de las tensiones creativas que han acompañado a la ficción desde hace años. Los hermanos Duffer se despiden con un capítulo largo, con un epílogo más largo que el de ‘El Retorno del Rey’. Su conclusión, en pretensiones, guión y marketing, ha sido ambiciosa y calculadamente abierta al debate, consciente de que el cierre debía funcionar como espectáculo pero también como detonante de conversación. El resultado es un final que no deja indiferente, pero que tampoco logra escapar del todo a los vicios que la propia serie arrastra desde hace tiempo.

El peso de la nostalgia y la repetición como estructura narrativa

A lo largo de esta quinta temporada, y especialmente en su último episodio, ‘Stranger Things’ ha vuelto a apoyarse en una estructura reconocible: el secuestro de niños, el rescate in extremis y la sensación de vuelta a empezar. Este patrón, que en sus primeras temporadas se percibía como un homenaje juguetón al cine de aventuras y de terror juvenil, aquí se siente más mecánico. Las comparaciones con entregas previas han sido inevitables, así como con series de estreno simultáneo como ‘It. Wellcome to Derry’, donde el terror infantil se articula desde un prisma más sombrío y menos complaciente. En ese duelo implícito, la serie de Netflix sale perdiendo en frescura.

La dependencia de la nostalgia vuelve a ser uno de los elementos más discutidos. En este 5×08 se detectan ecos claros de ‘Jurassic Park’ calcando una escena mítica, aromas de ‘El Señor de los Anillos’ en varias escenas y por supuesto, alusiones constantes a Stephen King o ‘Star Wars’ como marco mitológico. El universo sigue bebiendo de la imaginería de ‘Dragones y Mazmorras’, con su propio underdark y criaturas de otro plano como los illicidos. Cada referencia resta un poco de identidad propia. La sensación de déjà vu se impone, y la serie parece más interesada en reconocer sus influencias que en trascenderlas.

Anticlímax, desarrollo acelerado y el problema del ritmo

Uno de los reproches más reiterados hacia esta temporada ha sido su acumulación de anticlímax. El episodio final no es una excepción. Grandes momentos de acción se ven interrumpidos por pausas prolongadas, conversaciones explicativas y revelaciones estiradas en exceso. Estas decisiones narrativas cortan el pulso dramático y bajan las pulsaciones justo cuando la serie debería abrazar sin complejos su vertiente más adrenalínica.

Paradójicamente, ‘Stranger Things’ siempre fue acusada de hacer progresar poco a sus personajes, atrapados en el bucle del homenaje ochentero. En esta quinta temporada, los Duffer parecen haber intentado corregir esa crítica a pasos acelerados. En el 5×08 se concentran cierres emocionales, redenciones y traumas resueltos con cierta prisa, como si la serie quisiera justificar retrospectivamente años de estancamiento. El resultado es irregular: hay arcos que funcionan y otros que se sienten forzados, más pendientes de cumplir expediente que de surgir de forma orgánica.

Vecna, el desenlace y la huella cultural de Stranger Things

Si hay un elemento que sostiene con solvencia el tramo final, ese es el villano. Vecna, interpretado por Jamie Campbell Bower y reforzado por su alter ego, a veces maquillado y a veces digital, se consolida como uno de los antagonistas más memorables del terror televisivo reciente. Con referencias claras a ‘Pesadilla en Elm Street’, recordemos que su padre estaba interpretado por Robert Englund, los Duffer aciertan donde muchas franquicias fallan: dar a su enemigo una presencia icónica y perturbadora, además de un trasfondo sólido. No obstante, el enfrentamiento final, con su despliegue visual y dimensiones exageradas, recuerda más a una película de Paul W. S. Anderson que a la intimidad terrorífica que definió los mejores momentos de la serie.

El cierre ofrece, eso sí, una solución elegante y de doble interpretación. Una decisión claramente pensada para alimentar el debate en redes sociales y dividir de forma sana a los fans. A muchos espectadores les ha venido a la cabeza la resolución de ‘El hombre de acero’ con Kevin Costner, un sacrificio que busca edulcorar la despedida y dejar una puerta entreabierta. No es descabellado pensar que Netflix, consciente del valor de la marca, pueda utilizar esta ambigüedad en el futuro para recuperar el universo.

Más allá de sus aciertos y tropiezos, ‘Stranger Things’ cierra su recorrido como uno de los mayores fenómenos culturales de la era del streaming. Ha redefinido el consumo seriado, impulsado carreras, revitalizado recuerdos olvidados y convertido la nostalgia en una herramienta comercial de primer orden dentro del catálogo de Netflix. El 5×08 no es el final perfecto, pero sí uno coherente con lo que la serie siempre ha sido: un gran espectáculo popular, profundamente consciente de su legado y de sus límites.

Este ha sido para nosotros el mejor cine de 2025

Cine 2025: Películas imprescindibles que han marcado el año

El año 2025 nos ha dejado una cosecha cinematográfica excepcional, demostrando que el séptimo arte sigue teniendo una capacidad inagotable para sorprendernos, ya sea a través de grandes producciones en salas o joyas ocultas en plataformas. Como es tradición en nuestra casa, hemos querido recopilar aquellos títulos que más nos han marcado durante estos meses para que no se pierdan en el ruido de los estrenos.

Fieles a nuestra filosofía, no nos gusta hacer rankings ni asignar puntuaciones numéricas, pues creemos que el cine es una experiencia demasiado subjetiva para reducirla a una cifra. Por ello, cada año organizamos esta lista por categorías, funcionando más como un mapa de recomendaciones que como una competición. Nuestro objetivo es que este texto sirva como un recordatorio útil y una guía para descubrir (o revisar) historias que merecen ser recordadas. Desde el cine de autor más íntimo hasta los grandes espectáculos visuales, aquí tienes nuestra selección de lo mejor que nos ha regalado la pantalla este año.

Listado de lo mejor de 2025 por categorías

Españolas

Terror

Comedia

Acción

Suspense

Ciencia Ficción

Drama

Animación

Documental

Decepciones

Crítica: ‘Fallout’ 2×01

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Mientras el yermo de Fallout se expande, la moral de los protagonistas se agrieta

La segunda temporada de ‘Fallout’ arranca con una decisión clara y, en términos dramáticos, acertada: mirar atrás para entender por qué el presente es tan cruel. El primer episodio dedica buena parte de su metraje a profundizar en el pasado del Ghoul (Walton Goggins), un personaje que ya en la anterior entrega funcionaba como conciencia torcida de la serie. Lejos de convertirlo en un simple icono violento, la temporada opta por humanizarlo aún más, explorando su origen y el proceso que lo llevó a convertirse en esa figura cínica, pragmática y letal que deambula por el yermo. Este viaje al pasado por parte de la serie de Prime Video no es un simple ejercicio de “lore” para fans del videojuego, sino una herramienta narrativa que refuerza el tono trágico de la serie y la aleja de la fantasía ligera.

En paralelo, la persecución junto a Lucy (Ella Purnell) del padre interpretado por Kyle MacLachlan se erige como motor narrativo central. La serie entiende que no hay nada más poderoso que un objetivo emocionalmente cargado, y aquí lo explota con eficacia: no se trata solo de encontrar a alguien, sino de ajustar cuentas con un pasado que nunca terminó de cerrarse. Esta línea argumental aporta gravedad y estructura a una temporada que, de otro modo, podría perderse en episodios autoconclusivos sin verdadero peso dramático.

Humor negro y violencia: el ADN intacto del yermo

Uno de los mayores aciertos de la primera temporada fue su capacidad para equilibrar drama y humor negro, y la segunda entrega no traiciona esa identidad. La violencia sigue siendo explícita, incómoda y, en muchos casos, grotescamente cómica. ‘Fallout’ continúa jugando con la idea de que el horror y la risa pueden convivir en un mismo plano, y lo hace con una puesta en escena que no teme recrearse en lo absurdo ni en lo cruel.

En este contexto, el personaje de Ella Purcell se consolida como uno de los contrapuntos más interesantes. Su inocencia, casi infantil, choca frontalmente con un mundo donde la supervivencia exige cinismo y brutalidad. La serie utiliza este contraste para lanzar preguntas incómodas: ¿es posible mantener una ética en un entorno diseñado para destruirla? ¿O la inocencia es solo una fase previa a la corrupción inevitable? Lejos de ser un simple recurso humorístico, Ella se convierte en un espejo que refleja la degradación moral del resto de personajes, reforzando ese tono retorcido que define a ‘Fallout’.

Personajes en pausa y un mundo que respira

No todo avanza al mismo ritmo, y la temporada es consciente de ello. El personaje de Maximus (Aaron Moten), por ejemplo, queda en un segundo plano durante este arranque, casi en estado de “stand by”, al contrario que el de Moises Arias que tiene más protagonismo. Esta decisión puede generar cierta frustración, pero también demuestra una voluntad clara de no saturar la narrativa. La serie prefiere dosificar sus piezas, dejando que el mundo respire y que cada arco tenga su momento.

A nivel de producción, la segunda temporada amplía el yermo con nuevas localizaciones y facciones, reforzando la sensación de un universo vivo, hostil y contradictorio. ‘Fallout’ no se limita a reproducir iconografía del videojuego, lo cual ya nos adelantaban los tráilers de esta segunda temporada, sino que la integra en un discurso propio sobre el poder, la memoria y la degradación. En este sentido, la serie confirma que su mayor fortaleza no está en la acción, sino en su mirada irónica y desesperanzada sobre lo que queda cuando la civilización se derrumba.

Crítica: ‘Five Nights at Freddy’s 2’

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Sinopsis

Ha transcurrido un año desde que fuimos testigo de la pesadilla sobrenatural en la pizzería de Freddy Fazbear. La historia de lo que ocurrió allí ha ido adquiriendo la talla de leyenda local, e incluso ha dado pie al primer “Faszfest”.

El exguarda de seguridad Mike (Josh Hutcherson) y la agente de policía Vanessa (Elizabeth Lail) han ocultado la verdad a Abby (Piper Rubio), la hermana de 11 años de Mike, acerca del destino de sus amigos animatrónicos.

Pero cuando Abby decide reconectar con Freddy, Bonnie, Chica y Foxy, desatará una serie de acontecimientos aterradores que revelarán oscuros secretos sobre el verdadero origen de Freddy’s, desencadenando un horror que llevaba décadas escondido y olvidado.

Crítica

La única máquina bien engrasada aquí es el departamento de merchandising

Resulta imposible acercarse a ‘Five Night at Freddy’s 2’ sin reconocer primero el peso del fenómeno que la sostiene. El videojuego original marcó a toda una generación con su fórmula de terror minimalista y altamente viral, y su salto al cine confirmó ese arrastre: la primera entrega fue un récord de taquilla inesperado, impulsado por un fandom gigantesco que acudió en masa más por lealtad que por expectativas artísticas. Ese éxito creó una presión peculiar para esta secuela, que llega con la obligación de demostrar que la saga puede ofrecer algo más que un eco diluido del juego. Lamentablemente, lo que entrega Emma Tammi es una continuación que pretende legitimarse en la magnitud del fenómeno, pero que jamás encuentra una voz cinematográfica propia.

Como película de terror, ‘Five Night at Freddy’s 2’ es un catálogo de lugares comunes del género. Blumhouse, que lleva años explotando fórmulas repetidas hasta la extenuación, parece no haber aprendido nada del desgaste del público. La cinta cae en decisiones ilógicas que rompen cualquier intento de tensión, muestra una mecánica narrativa incapaz de sostener el suspense durante más de unos segundos, y despliega una historia tan vaga que apenas hay una hebra a la que agarrarse. El sentido del terror es nulo: todo se reduce a sobresaltos puntuales, trucos visuales y una falta absoluta de creatividad que evidencia un agotamiento preocupante. Aún así, tanto su clímax (si puede llamarse así) como su escena post-créditos son una declaración de intenciones por continuar con esto.

Conviene recordar que la primera entrega batió récords de taquilla, pero lo hizo empujada por un efecto llamada generado por los fans del videojuego, que acudieron en masa más por identificación cultural que por el valor cinematográfico de la propuesta. Ese tipo de fenómenos son, por naturaleza, impredecibles. Si esta secuela logra repetir cifras, sería más una señal inquietante sobre el perfil del público (impresionable, acrítico y cada vez menos exigente) que una prueba de que la película funciona. La taquilla, esta vez, no debería confundirse con calidad, aunque el tiempo nos ha dado la razón a los que vimos cero arte o siquiera divertimento en la primera pues ha acumulado puntuaciones sobre el 5 o menos en webs como IMDB, Letterbox, Rotten Tomatoes o Filmaffinity.

En su vínculo con el videojuego, ‘Five Night at Freddy’s 2’ sigue la estrategia de ampliación del lore: nuevos personajes, nuevas criaturas y, por supuesto, un surtido de muñecos listos para inundar las tiendas en Navidad. La gran incorporación es Marionette, cuya presencia pretende elevar el componente de posesiones y expandir el misticismo del universo. Pero el guion introduce estos elementos sin la más mínima intención de construir una base sólida o un trasfondo coherente. Todo ocurre porque sí, sin lógica interna y sin profundizar en aquello que, en el juego ganó trasfondo con el tiempo. Un excesivo tiempo sin respuestas mínimamente elaboradas que el séptimo arte no suele tolerar. La película imita su fuente, pero parece no entender que ese punto ya ha sido superado y nos encontramos ante otros códigos o hábitos de consumo.

El resultado es una secuela que aspira a capitalizar la marca sin ofrecer nada memorable. Una obra que se apoya demasiado en un fandom fiel y que parece asumir que cualquier movimiento mecánico de sus animatrónicos será suficiente para generar emoción. ‘Five Night at Freddy’s 2’ no solo decepciona por comparación: decepciona porque no intenta nada más y ni siquiera sabe ubicar a sus personajes o moverles con su propia lógica.

Ficha de la película

Estreno en España: 5 de diciembre de 2025. Título original: Five Nights at Freddy’s 2. Duración: 104 min. País: EE.UU. Dirección: Emma Tammi. Guion: Scott Cawthon, Seth Cuddeback, Emma Tammi. Música: The Newton Brothers. Fotografía: Lyn Moncrief. Reparto principal: Josh Hutcherson, Piper Rubio, Theodus Crane, Matthew Lillard, Freddy Carter, Wayne Knight, Mckenna Grace, Skeet Ulrich, Megan Fox. Producción: Scott Games, Blumhouse, Universal Pictures. Distribución: Universal Pictures. Género: adaptación, terror. Web oficial: https://www.blumhouse.com/film/five-nights-at-freddy-s-2

Crítica: ‘Wicked: parte II’

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Sinopsis

And now whatever way our stories end, I know you have rewritten mine by being my friend …

El fenómeno cinematográfico y cultural del año pasado, que se convirtió en la adaptación a la gran pantalla más exitosa de todos los tiempos de un musical de Broadway, despliega su épico, apasionante y emotivo final en ‘Wicked: parte II’.

Crítica

Una secuela tan ambiciosa y arriesgada como el musical que cuestiona héroes y villanos

Se acabó la espera que hemos mantenido durante dos años. ‘Wicked: Parte II’ se estrena en cines y se presenta como una continuación más oscura, más madura y más emocional que su predecesora. Es un trayecto narrativo que abandona en buena parte la ligereza cómica del primer filme para adentrarse en territorios dramáticos, donde las consecuencias de las decisiones pesan con una gran intensidad.

Desde sus primeros compases, esta segunda parte marca un cambio de tono palpable. Jon M. Chu reconoce que, si la primera entrega era, en sus palabras, un “coming of age” sobre elecciones, esta segunda se adentra en un terreno de consecuencias, de preguntas más complejas sobre identidad, poder y verdad. El guion, firmado por Winnie Holzman (responsable también del libreto del musical original) y Dana Fox, conserva momentos de ligereza, sobre todo gracias a Ariana Grande como Glinda. Pero estas pinceladas de humor ya parecen menos frecuentes y más contenidas, pues la película busca avanzar sin depender tanto del respiro cómico. Eso no quita que Grande siga siendo, en muchos instantes en los que explota el carácter más bobalicón y presumido de su personaje, la que mejor actúa en este filme.

Uno de los aciertos más evidentes es cómo se profundiza en la amistad entre Elphaba (Cynthia Erivo) y Glinda. No es solo un vínculo superficial, sino una relación compleja, extremadamente cambiante, frágil y poderosa. Chu ha hablado de lo difícil que fue filmar esa conexión: a diferencia de un romance, la amistad no tiene un final previsible, sube y baja, exige presencia constante. Y eso se percibe en el filme que en varias ocasiones dispone un verdadero caos emocional que hace que nos cuestionemos cómo cambian de bando tan rápido y en una sola escena varios personajes.

Hay que reconocer que esta entrega es, también, más “ñoña” en lo romántico y lo sentimental. Pero quizá el tema más fascinante de ‘Wicked: parte II’ es ese juego de apariencias. A lo largo de la película queda claro que los héroes más luminiscentes no son necesariamente los más genuinos. Glinda, ensalzada como símbolo de bondad para todo Oz, vive cómodamente en el palacio de la Ciudad Esmeralda, disfrutando del favor popular. Mientras tanto, Elphaba, demonizada por el Mago y convertida en la Bruja Malvada del Oeste, lidera desde el exilio una lucha por la justicia. Este contraste no es casual: Chu habla de propaganda, de cómo los poderosos construyen imágenes para manipular al pueblo, insertando referencias visuales propias de iconografía bélica, llegando incluso a imitar a través de Jeff Goldblum a ‘El gran dictador’ de Chaplin. En ese sentido, la oscuridad narrativa es también una invitación a cuestionar los roles tradicionales de “bueno” y “malo”. La autenticidad, sugiere la película, reside en quienes han sido etiquetados como villanos.

Visualmente, ‘Wicked: parte II’ es deslumbrante. El CGI se emplea de forma ambiciosa, especialmente en la representación de los paisajes, animales, las masas y ciertos momentos épicos. Dicho esto, no todo funciona: algunas escenas pecan de artificio, y es difícil olvidar que estamos ante imágenes generadas por ordenador, sobre todo cuando aparecen criaturas parlantes o entornos brillantes demasiado perfectos. Uno de los momentos más logrados desde el punto de vista técnico es el plano de Ariana Grande cantando frente a una serie de espejos. No es solo la voz pues no es de los temas más exigentes: es el montaje digital y el juego de cámaras. Un ejercicio complejo que demuestra ambición y pericia. Curiosamente, no todo es digital, esto no es Marvel. Tanto el personaje de la Bruja del Oeste como el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros combinan prótesis, cabello real y un diseño artesanal que rinde homenaje a los clásicos.

A pesar de su respeto por el musical, la película no se refugia en la nostalgia de ‘El Mago de Oz’. De hecho, rompe con las expectativas tradicionales: el león es cero antropomórfico y el Hombre de Hojalata tiene matices que recuerdan a una figura más propia de un slasher barato. Esto no significa que la narrativa deje de ser emocional o íntima: ‘Wicked: parte II’ sigue siendo, en el fondo, una historia de amistad entre dos mujeres cuya relación, podría haber inspirado incluso series modernas como ‘Miércoles’, dicho sea de paso, por ese balance entre compañerismo y diferencia tonal.

Jon M. Chu ha dejado claro que este segundo filme no es solo un cierre de cuento de brujas, sino una reflexión sobre la desinformación, la propaganda y la construcción del odio. En tiempos donde la verdad se cuestiona y las identidades se politizan, su película se convierte en un espejo, partiendo de un universo fantástico para hablar de migración, miedo al diferente y discursos autoritarios. Pero hace trampa, una trampilla si nos ponemos literales. No creo que yo abra a estas alturas ningún debate que no haya surgido ya en los corrillos a la puerta del Teatro Gershwin de Nueva York. Aunque está muy bien mostrar que no todo es blanco y negro y estamos en un mundo de grises, no deja de ser injusto el trato hacia la película original. Es una historia clásica de arquetipos del bien y el mal y… ¿se suponen que ahora hemos de sentirnos mal por alegrarnos de que la villana de la historia muriese? Parece que a los autores de esta nueva versión si les ha dado cierto reparo y han parcheado el final, igual que el del musical y muy al estilo de ‘El Caballero Oscuro’.

Ficha de la película

Estreno en España: 21 de noviembre de 2025. Título original: Wicked: For Good. Duración: 138 min. País: EE.UU. Dirección: Jon M. Chu. Guion: Winnie Holzman, Dana Fox. Música: Stephen Schwartz, John Powell. Fotografía: Alice Brooks. Reparto principal: Cynthia Erivo, Ariana Grande, Jonathan Bailey, Ethan Slater, Bowen Yang, Marissa Bode, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum. Producción: Universal Pictures, Marc Platt Productions. Distribución: Universal Pictures. Género: musical, drama, comedia. Web oficial: https://www.instagram.com/wickedmovie/

Crítica: ‘The Running Man’

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Sinopsis

En una sociedad de un futuro cercano, The Running Man es el programa de mayor audiencia de la televisión: una competición mortal en la que los concursantes, conocidos como runners, deben sobrevivir 30 días mientras son perseguidos por asesinos profesionales. Cada movimiento es retransmitido a un público sediento de sangre y cada día que sobreviven aumenta la recompensa económica.

Desesperado por salvar a su hija enferma, Ben Richards (Glen Powell), un hombre de clase trabajadora es convencido por el encantador, pero despiadado productor del programa, Dan Killian (Josh Brolin), para participar en el juego como último recurso. Pero la rebeldía, el instinto y la determinación de Ben lo convierten en un inesperado favorito de los fans y en una amenaza para todo el sistema. A medida que se disparan los índices de audiencia, también lo hace el peligro, y Ben debe burlar no sólo a los runners, sino a una nación adicta a verle caer.

Crítica

Tan divertida, imprevisible e incendiaria como un monólogo de Ricky Gervais

Nueva adaptación de una novela de Stepen King, este año está siendo prolífica la cosa. ‘The Running Man’ es una obra de cuando King escribía bajo el pseudónimo de Richard Bachman, al igual que el reciente y recomendable estreno ‘La larga marcha’. Además estamos hablando de un remake y seguro que todos tenemos en mente la película de Arnold Schwarzenegger, sino ya se han encargado de refrescárnosla con la promoción en la que el actor ha participado. Evidentemente esta nueva obra tiene puntos en común con la película de Paul Michael Glaser, pero la capacidad de dirigir y de mover las cámaras magistralmente hacen que el espectáculo sea mayor. ‘The Running Man’ supone otra lección de rodaje y montaje de Édgar Wright. Además el enfoque es mucho más cómico y lleno de acción sin cesar. Es tan divertida, imprevisible y explosiva como un monólogo de Ricky Gervais.

Lo primero que destaca es la distancia respecto a la cinta de 1987, que en España conocimos como ‘Perseguido’. La nueva versión se ciñe con mayor fidelidad al espíritu de la novela original, aunque por razones obvias el final ha tenido que ser modificado y aprobado por King. El tiempo se expande más allá de una única noche, la motivación del protagonista se preserva intacta y la crítica hacia los poderes fácticos adopta un peso sustancial dentro del relato. Wright no solo quiere ofrecer acción; quiere desenmascarar el entretenimiento tramposo que adormece a las masas. Quiere sacudir al espectador tanto como el propio concurso sacude a sus participantes hasta tal punto que esta e una película bastante incendiaria.

Aunque se percibe que ha habido cierta prisa a la hora de rodar la película y no se recrea en excesivas filigranas técnicas como pudimos ver en ‘Última noche en el Soho’, el cineasta convierte esta distopía en un festival visual, en otra lección de rodaje y montaje, demostrando una vez más su capacidad para mover la cámara como si formara parte del propio concurso. La película es pura energía revolucionaria, una pieza que rebosa humor negro, ritmo impecable y un sentido eleva el material original sin ridiculizarlo. Aquí la acción no es solo vertiginosa, es cómica, estratégica y coreografiada.

La ambientación cyberpunk envuelve todo con una estética que se siente sucia, saturada, hipertecnológica y al mismo tiempo plenamente reconocible. Y es que, aunque exagerado, este futuro recuerda al presente: a los concursos donde parece que “todo vale”, a las audiencias que consumen violencia emocional por inercia, a la lógica del pan y circo que ha sobrevivido desde Roma hasta nuestros televisores. Wright entiende que ‘The Running Man’ no es solo una persecución, es un espejo incómodo en el que mirarse.

En ese sentido, Glen Powell firma aquí una interpretación que lo coloca desde ya en la lista de favoritos del público. Carismático, agotado, irónico y feroz, sostiene la película incluso cuando todo alrededor se vuelve un caos calculado. Y bajo la batuta de Wright, ese caos se convierte en un placer cinematográfico.

‘The Running Man’ es un espectáculo que combina sátira, explosiones, crítica social y carcajadas, una obra que respeta la novela al tiempo que aprovecha el cine para amplificar su mensaje. Edgar Wright demuestra una vez más que sabe transformar cualquier historia en un festival de estilo.

Ficha de la película

Estreno en España: 21 de noviembre de 2025. Título original: The Running Man. Duración: 133 min. País: Reino Unido. Dirección: Edgar Wright. Guion: Michael Bacall, Edgar Wright. Música: Steven Price. Fotografía: Chung Chung-hoon. Reparto principal: Glen Powell, William H. Macy, Lee Pace, Michael Cera, Emilia Jones, Daniel Ezra, Jayme Lawson, Sean Hayes, Katy O’Brian, Colman Domingo, Josh Brolin. Producción: Complete Fiction, Genre Films, Paramount Pictures. Distribución: Paramount Pictures. Género: ciencia ficción. Web oficial: https://www.facebook.com/RunningManMovie

Crítica: ‘La larga marcha’

Sinopsis

En un futuro distópico, cien adolescentes participan en una brutal competición donde deben caminar sin descanso. Si se detienen o reducen la velocidad de la marcha, mueren. Solo uno sobrevivirá.

Crítica

Una de las grandes sorpresas del año

Llega a nuestras pantallas ‘La larga marcha’, basada en la novela de Stephen King. El escritor ha declarado hace poco que realmente estamos ante su primera novela escrita, qué no publicada, la escribió en su primer año en la universidad de Maine, entre 1966 y 1967. La publicó en su día bajo el pseudónimo de Richard Bachman, en 1979.

La historia es sencilla, estamos ante un futuro distópico, donde 100 adolescentes participan en una brutal competición, deben caminar sin descanso. Si se detienen o reducen la velocidad de la marcha morirá. Solo uno podrá sobrevivir.

Después de ‘Los juegos del hambre’ Francis Lawrence, se vuelve a meter en una historia “similar” donde un programa televisivo graba a estos jóvenes mientras van muriendo y superándose a si mismos.

La película podría tirar hacia el lado oscuro del ser humano, que evidentemente también está ahí, pero asimismo vemos la bondad de éste. Se acerca un poco a las historias de camaradería que tanto le gustan a Stephen King. Esas amistades que crecen en momentos de tensión y en donde saben que cualquiera puede morir. La amistad está por encima de todo, los pequeños dramas de estos chavales, que solo quieren el premio final para salir de la pobreza en la que se encuentran o simplemente ayudar a otros, y que vamos conociendo poco a poco durante el metraje.

Cooper Hoffman (‘Licorice Pizza’), David Jonsson (‘Alien: Romulus’), Garrett Wareing (‘Manifest’) Tut Nyuot (‘Steve’), Charlie Plummer (‘El regreso de Ulises’), Ben Wan (‘Karate Kid: Legends’), Joshua Odjick (It: bienvenidos a Derry’), Roman Griffin Davis (‘Jojo Rabbit’), entre muchos otros. Son parte de este reparto joven pero con muchas tablas a sus espaldas. Y que decir de Mark Hamill que repite este año en una cinta basada de Stephen King, que está fabuloso en un papel muy tedioso. Un villano que realmente cree en lo que hace y que piensa que todo está bien.

‘La larga marcha’ está muy bien dirigida, Francis Lawrence, logra mantener la tensión, logra que no perdamos el interés, que suframos con estos jóvenes y les entendamos. Me gusta mucho, que pese que algún que otro personaje tiene ideas bastante diferentes, les terminamos entendiendo. El ir viendo como poco a poco van muriendo personas que van a tu lado y que el siguiente puedes ser tú, es algo que hace mella en la cabeza y puedes tirar para adelante o, al contrario, ser autodestructivo.

‘La larga marcha’ me ha parecido buena película, con elementos fantásticos, como personas que duermen mientras andan, pero lo compro totalmente, al final, hay cosas que hay que permitir sobre todo cuando nos están contando una buena historia. 

Ficha de la película

Estreno en España: 14 de noviembre de 2025. Título original: The long Walk. Duración: 108 min. País: Estados Unidos. Dirección: Francis Lawrence. Guion: JT Mollner. Música: Jeremiah Fraites. Fotografía: Jo Williems. Reparto principal: Cooper Hoffman, David Jonsson, Mark Hamill, Judy Greer, Charlie Plumer, Roman Griffin Davis, Garrett Wareing, Ben Wang, Joshua Odjick. Producción: Lionsgate, Vertigo Entertainment. Distribución: Diamond Films. Género: Thriller. Web oficial: https://diamondfilms.es/pelicula/la-larga-marcha

Crítica: ‘Together’

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Sinopsis

Dave Franco (The Disaster Artist, Malditos Vecinos) y Alison Brie (Mad Men, Community) interpretan a una pareja en crisis que se muda al campo, donde descubren una cueva con una fuerza sobrenatural. Al beber de su agua, comienzan a sentir transformaciones físicas y emocionales. Una experiencia de body horror intensa e inquietante que critica la codependencia en las relaciones de pareja.

Crítica

Una metáfora magnífica

Cuando uno se acerca a ‘Together’, debut en el largometraje para Michael Shanks, es inevitable pensar en referentes recientes que exploran el horror corporal como metáfora. Confieso que entré a la sala con la idea de que iba a toparme con algo similar a ‘Dos’ de Mar Targarona, aquella producción española donde dos desconocidos despiertan cosidos por el abdomen y luchan desesperadamente por liberarse. También me vino a la mente ‘Else’, de Thibault Emin, un título mucho menos conocido pero tremendamente perturbador, en el que el protagonista experimentaba el aislamiento existencial al ser absorbido por un edificio y expulsado por el recto del mismo (no es invent). No obstante, aunque ‘Together’ comparte con ambas la explotación y reinvención del body horror, su moraleja es otra: aquí lo grotesco sirve para diseccionar los pliegues más íntimos de las relaciones de pareja.

El body horror es un subgénero complejo y, durante mucho tiempo, relegado a un rincón de culto reservado a los fans de Cronenberg o de experimentos más extremos del cine independiente. Sin embargo, producciones recientes como ‘La sustancia’ han demostrado que puede tener un eco comercial y crítico, abriendo la puerta al público general a películas como esta. El cuerpo mutando, deformándose o desbordándose de lo humano se convierte en un espejo aterrador, un recordatorio de que lo físico es inseparable de lo psicológico. En ‘Together’, esa fusión orgánica entre dos amantes no es simplemente un efecto visual: es la materialización de una ansiedad colectiva sobre el amor, la convivencia y la pérdida de individualidad.

El argumento nos presenta a Millie (Alison Brie) y Tim (Dave Franco), una pareja que arrastra años de rutina y complicidades oxidadas. Su mudanza al campo parece un intento de recomponer lo que ya está resquebrajado. Pero la naturaleza (con un lago misterioso y una cueva que parece tragarse sus dudas) convierte su unión en un proceso irreversible: sus cuerpos comienzan a fundirse. Shanks construye a partir de ahí un relato que bascula entre lo íntimo y lo grotesco, entre la metáfora emocional y el espectáculo visual.

Lo fascinante de ‘Together’ es cómo utiliza la mutación para hablar del miedo al compromiso, del pánico a ser absorbido por el otro, de las crisis de ansiedad que nacen de relaciones estancadas. A la vez, plantea el otro extremo: el deseo profundo de pertenecer, de ser uno con la persona que se ama, incluso si eso significa desaparecer como individuo. El filme camina sobre esa paradoja con un pulso que mezcla horror y ternura, incomodidad y lirismo. Al fin y al cabo, ¿cuántas parejas no terminan funcionando como una sola entidad tras años de convivencia?

La película no ofrece respuestas fáciles ni moralejas simplistas, de hecho, plantea un enigma sobrenatural u ocultista de difícil intuición. Su cierre es tan perturbador como poético. No se trata de un “vivieron felices para siempre”, sino de otro tipo de conclusión que permite interpretaciones, con todas las implicaciones aterradoras que eso conlleva. Por supuesto todos coincidiremos en que el filme se proyecta para recordarnos que el amor puede ser un refugio, pero también una prisión invisible de la que no siempre hay escapatoria. Pero habrá quienes extraigan otras lecturas.

‘Together’ es un relato sobre el horror de sentirse atrapado en una relación infeliz y sobre la belleza y el peligro de entregarse sin reservas. Una obra que confirma que el body horror está viviendo una nueva juventud, donde las transformaciones físicas hablan de ansiedades sociales y emocionales con más verdad que cualquier melodrama convencional. Shanks debuta con una película incómoda y fascinante, destinada a quedarse en la memoria como una de las propuestas más arriesgadas y acertadas del 2025. Sin duda es una metáfora magnífica.

Ficha de la película

Estreno en España: 31 de octubre de 2025. Título original: Together. Duración: 102 min. País: Australia. Dirección: Michael Shanks. Guion: Michael Shanks. Música: Cornel Wilczek. Fotografía: Germain McMicking. Reparto principal: Alison Brie, Dave Franco. Producción: 1.21, 30West, Picturestart, Princess Pictures, Tango Entertainment. Distribución: Diamond Films. Género: terror. Web oficial: https://www.neonrated.com/film/together

Crítica: ‘La vida de Chuck’

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Sinopsis

Dirigida por Mike Flanagan (La maldición de Hill HouseDoctor Sueño) y protagonizada por Tom Hiddleston (Los VengadoresThor),  La vida de Chuck cuenta una emocionante historia, narrada en orden inverso, sobre un hombre común cuya existencia adquiere un significado cósmico y profundo. A medida que la cinta retrocede, descubrimos fragmentos clave de su pasado: su trabajo, su amor por la música, y sus luchas personales. Un increíble relato que entrelaza elementos realistas con toques de fantasía, para explorar la importancia de los momentos individuales en la vida y cómo cada persona deja su huella en el universo.

Crítica

La vida está para vivirla y esto es lo que nos enseña Chuck

Cada vez que pienso en ‘La vida de Chuck’ más me gusta. Una película tan bonita, aterradora y que deja un poco de tranquilidad que simplemente, solo y únicamente la podía haber dirigido Mike Flanagan. Sin duda el director, es de los mejores en captar el lado más humano de las historias de Stephen King y es que aquí lo borda.

La vida de Chuck, es un relato corto que encontramos en dentro del recopilatorio de cuentos de ‘La sangre manda’ y es un cuento que comienza por el final, un viaje hacia el terror existencialista, el qué pasará si simplemente desaparecemos hasta llegar al principio de todo y a ese por qué ha ocurrido todo lo que hemos visto. Aunque sin duda te lo ves venir. Pero la sorpresa no está ahí, está en su final. Del cual me encantaría debatir aquí, pero al final sería un spoiler y no estoy aquí para esto. Si no más bien para daros mi humilde opinión y por lo que podéis ver, es bastante positiva.

Antes de nada, aunque el cuento es muy bueno y bastante igual, recomendaría no leerlo, y es simplemente porque la primera parte de éste y por supuesto de la película es igual y creo que quita un poco la desazón que pretenden darnos. Pero esto como digo, como opinión, por supuesto si lo has leído no ocurre nada. Simplemente ya sabes que va a pasar.

Flanagan nos presenta una película bastante luminosa, pese a su comienzo tan desolador. Pero nos muestra a este hombre normal, a Chuck un hombre desconocido que comienza a aparecer en todos los lugares de mundo, un simple contable que parece muy querido por los suyos.

Tom Hiddleston está maravilloso. Brilla en cada escena, en las felices y en las no tan felices. La escena del baile me parece de las cosas más chulas que he visto en tiempo y esa libertad de escoger pasos, de moverse, de estar vivo en ese mismo momento. Es una delicia.

En el reparto encontramos caras muy conocidas, como, Karen Gillian, Samantha Sloyan, Mia Sara, Michael Trucco, Rahul Kohli, Annalise Basso, Kate Siegel, Jacob Tremblay, Chiwetel Ejiofor, Carl Lumbly o Mark Hamill. Todos y cada uno, dando su granito de arena en esta historia tan íntima, en este cuento que nos habla de la existencia.

La banda sonora es uno de los puntos fuertes, tan cósmica y natural que logra su cometido y es adentrarnos muchísimo en toda la historia que tenemos delante. Esto es gracias a The Newton Brothers, los cuales ya han realizado las bandas sonoras de muchos de los trabajos de Mike Flanagan.

Poco más que añadir de ‘La vida de Chuck’. Como he dicho, realmente me pillaría horas hablado de ella y debatiendo. Id al cine y disfrutarla que es una película que merece mucho la pena. 

Ficha de la película

Estreno en España: 17 de octubre de 2025. Título original: The life of Chuck. Duración: 110 min. País: Estados Unidos. Dirección: Mike Flanagan. Guion: Mike Flanagan, novela de Stephen King. Música: The Newton Brothers. Fotografía: Eben Bolter. Reparto principal: Tom Hiddleston, Jacob Tremblay, Benjamin Pajak, Cody Flanagan, Chiwetel Ejiofor, Karen Gillan Mia Sara, Carl Lumbly, Mark Hamill, David Dastmalchian, Harvey Guillén, Michael Trucco, Matthew Lillard, Mark Hamill, Rahul Kohli. Producción: Intrepid Pictures, Red Room Pictures, QWGmire. Distribución: Diamond Films. Género: Ciencia Ficción. Web oficial: https://diamondfilms.es/pelicula/la-vida-de-chuck

Crítica: ‘Bala perdida’

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Sinopsis

Hank Thompson (Austin Butler) era un fenómeno del béisbol en el instituto que ya no puede seguir jugando, pero todo lo demás le va bien. Tiene una chica estupenda (Zoë Kravitz), es camarero en un antro en Nueva York y su equipo favorito está sorprendentemente luchando por el campeonato.

Cuando su vecino punki Russ (Matt Smith) le pide que cuide de su gato durante unos días, Hanks se encuentra atrapado en medio de un variopinto grupo de gángsters amenazantes. Todos quieren algo de él; el problema es que él no sabe por qué. Mientras Hank intenta eludir sus cada vez más estrechas garras, tendrá que emplear toda su habilidad para mantenerse con vida el tiempo suficiente para averiguarlo…

Crítica

El ritmo de Ritchie y el absurdo de los Coen a través la lente trágica de Aronofsky

Cuando Darren Aronofsky, el autor de dramas tan densos como ‘Requiem por un sueño’, ‘Cisne negro’ o ‘La ballena’, decide arremangarse para hacer una comedia de acción como ‘Bala perdida’ (título en español de ‘Caught Stealing’), lo hace para explorar un territorio menos íntimo pero no menos demoledor. Aquí el director se adentra en la crónica criminal, con mezcla de suspense, acción, comedia ácida y personajes cargados de cicatrices (emocionales, físicas, morales) en un Nueva York mugriento (y vibrante) de finales de los 90.

La película arranca (además de con un plano de las Torres Gemelas) con lo que parece un encargo banal: cuidar el gato de un vecino punk británico. Pero ahí se dispara todo pues el protagonista, sin comerlo ni beberlo, se ve metido en un berenjenal del que no sabe ni cómo salir. Aprovecho para recomendaros una película reciente con similar punto de partida como ‘Night call’. Esa escalada, desde lo trivial hacia lo extremo, funciona muy bien en ‘Bala perdida’ haciendo que lo grotesco y lo absurdo convivan, y permite a Aronofsky juguetear sin dejar atrás su sello dramático. La película parece un cruce entre el Guy Ritchie de ‘Snatch’ (por ritmo, los criminales tan peculiares) y ‘El Gran Lebowski’ (por los malentendidos, los personajes de moral ambigua, los tonos de comedia negra, lo imprevisible). Pero Aronofsky lo filtra todo con una lente más brutal, nada exenta de sus demoledores giros y personajes marcados por la tragedia.

El reparto es de excepción. Austin Butler, Zoë Kravitz, Matt Smith, Regina King, Vincent D’Onofrio, Liev Schreiber, Caron Kane… Y por ahí vuelve a aparecer Bad Bunny en una película de Sony Pictures como ya hizo en ‘Bullet train’, solo que esta vez bajo el nombre de Benito A Martínez Ocasio. Y no os perdáis el cameo durante los créditos, aunque sabréis quién es si durante la película reconocéis su voz. Todo el elenco está magnífico en esta especie de London calling neoyorkino con tintes de GTA. Vincent D’Onofrio y Liev Schreiber son tan capaces de dar miedo como de sacarte carcajadas, Zoë Kravitz ofrece las réplicas a Butler en un papel quizá demasiado cercano a los arquetipos del cine de criminales, Regina King está imponente y firme asemejándose a Viola Davis en ‘Escuadrón Suicida’, Matt Smith aporta un nervio tan contagioso que te dan ganas de meterte en un pogo de un local de Candem Town. Pero sin duda este filme representa otra señal más de la capacidad camaleónica y magnética de Austin Butler, el cual, es ya para muchos el Brad Pitt de esta generación.

Aronofsky no abandona su capacidad de mostrar cuerpos desnudos (o muertos) y situaciones límite que duelen. Pero en ‘Bala perdida’, hay algo de festín visual. El Nueva York de 1998 aparece como una ciudad gritona, sucia, donde el peligro está a la vuelta de la esquina, pero también te cruzas con la música punk, los colores sucios, las luces de neón y los teléfonos de concha. Se plantea como un lugar donde puedes caminar manchado de sangre y nadie te para. Es un escenario pulp que da pie a todo tipo de situaciones y te lleva por un amplio recorrido de sensaciones.

Sí, con ‘Bala perdida’ sales reconociendo que te has divertido con una película de Aronofsky.  Es de lejos su película más cómica. Pero eso no hace de ello una película trivial pues tiene secuencias vibrantes y planos magníficos. Y por supuesto tiene su habitual estudio del trauma (la filmografía de este director debería ser obligatoria en facultades de psicología). Es acción, es humor negro, es violencia, es reflexión sobre lo cotidiano, lo inesperado y lo que evitamos enfrentar. Si buscas algo relajado, profundo y que te deje pensando, quizá necesites otro Aronofsky. Pero si quieres una película para salir del cine con adrenalina, risas incómodas y la sensación de que alguien acaba de golpearte, ‘Bala perdida’ cumple de sobra.

Ficha de la película

Estreno en España: 10 de octubre de 2025. Título original: Caught Stealing. Duración: 109 min. País: EE.UU. Dirección: Darren Aronofsky. Guion: Charlie Huston. Música: Rob Simonsen. Fotografía: Matthew Libatique. Reparto principal: Austin Butler, Regina King, Zoë Kravitz, Matt Smith, Liev Schreiber, Vincent D’Onofrio, Griffin Dunne, Benito A Martínez Ocasio, Carol Kane. Producción: Columbia Pictures, Eagle Pictures, Protozoa Pictures, TSG Entertainment. Distribución: Sony Pictures. Género: comedia, suspense. Web oficial: https://caughtstealing.movie/

Crítica: ‘Una batalla tras otra’

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Sinopsis

Bob, el ya acabado revolucionario (DiCaprio) existe en un estado de paranoia y drogado. Sobrevive desconectado de los demás con Wilma, su enérgica y auto-suficiente hija (Infiniti). Cuando su malvado archienemigo (Penn) reaparece al cabo de 16 años y ella desaparece, el ex-radical lucha para encontrarla. Tanto la hija como el padre tienen que luchar contra las consecuencias del pasado de éste.

Crítica

La película más combativa y política de Thomas Anderson

Hay películas que parecen responder a un pulso histórico, como si hubieran nacido de la tensión acumulada en las calles y en los noticiarios. ‘Una batalla tras otra’ de Paul Thomas Anderson pertenece a esa categoría: un relato que no solo narra, sino que respira el malestar social y lo transforma en ficción febril. Anderson toma la semilla del descontento y la hace germinar en una historia donde la radicalización política, el terrorismo artesanal y la desconfianza hacia las élites conviven en un territorio difuso entre la sátira y la tragedia.

La trama se centra en un grupo organizado de jóvenes que, cansados de la marginación y la desigualdad en temas como la inmigración o el racismo, encuentran en la violencia su única vía de expresión. Sus métodos remiten a las viejas guerrillas europeas: artefactos caseros, nombres en clave, escondrijos en plena naturaleza, asesinatos que llevan a la radicalización, confrontaciones improvisadas… No es casualidad que se autodenominen “El 75 francés”, evocando quizá a la rapidez y eficacia del legendario cañón de la Primera Guerra Mundial. Con ello, Anderson no solo alude a la violencia organizada, sino que sugiere la posibilidad inquietante de que este tipo de insurgencia pueda brotar en la Norteamérica contemporánea. Quizá ‘Una batalla tras otra’ es una sátira, quizá es una llamada de atención.

En paralelo, la película dibuja a esas élites que manejan el país en la penumbra, retratadas con un tono ambiguo: a ratos caricatura, a ratos crítica. Por momentos, el filme tiene la rabia de Spike Lee, la mordacidad de Adam McKay y la asfixia del ‘Sicario’ de Denis Villeneuve. Tal es la llamada de atención que el filme podría ser parte de un ciclo iniciado por ‘Eddington’ de Ari Aster y culminado con el ‘Civil War’ de Alex Garland. El equilibrio entre esas influencias u obras con las que se da la mano no disuelve la voz de Anderson, sino que la afila hasta convertirla en su obra más combativa y directamente política.

La música de Jonny Greenwood es esencial: es casi un jazz bebop disonante y nervioso que acompaña las persecuciones, los estallidos de violencia o las discusiones más encendidas. Dispone de persecuciones que emplean recursos que ponen de los nervios o carreras por azoteas realizadas por unos jóvenes a las órdenes de un sensei que parecen que buscar rememorar algo tan americano como las ‘Tortugas Ninja’. Esa mezcla, insólita y pop, casi pulp, termina por acentuar el desconcierto del espectador, atrapado entre la risa y la alarma.

En el reparto, Leonardo DiCaprio ofrece un papel autodestructivo en el que parece encontrarse muy cómodo y que no le presenta dificultad alguna. Su “Gringo Zapata” encarna tanto la fragilidad como la fuerza del héroe revolucionario. Junto a él, Chase Infiniti aporta un contrapeso sólido, aunque queda en segundo plano frente al magnetismo de Teyana Taylor, que arrasa con su energía. Sean Penn es otro de los pilares del filme, quizá en el rol que será más comentado. Apabullante en muchos pasajes, peca de exceso en otros, lo que le resta naturalidad.

Pero ‘Una batalla tras otra’ no se limita a la política: también es un relato íntimo sobre la incomunicación entre un padre y su hija. Esa fractura familiar funciona como espejo de la fractura social y generacional: en ambos casos, todo se reduce a una lucha constante, a una batalla tras otra. Aunque se base en la novela de Thomas Pynchon, con esta película, Anderson no se limita a narrar, sino que interpela al presente, obligando a preguntarnos si lo que vemos es advertencia o burla, profecía o sátira.

Ficha de la película

Estreno en España: 26 de septiembre de 2025. Título original: One Battle After Another. Duración: 170 min. País: EE.UU. Dirección: Paul Thomas Anderson. Guion: Paul Thomas Anderson. Música: Jonny Greenwood. Fotografía: Paul Thomas Anderson, Michael Bauman. Reparto principal: Leonardo DiCaprio, Teyana Taylor, Chase Infiniti, Sean Penn, Benicio Del Toro, Regina Hall. Producción: Ghoulardi Film Company, Warner Bros. Pictures. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: drama, acción, comedia. Web oficial: https://www.warnerbros.es/peliculas/una-batalla-tras-otra