Acerca de Furanu

De origen irlandés y criado en tierras vetonas, este ingeniero curiosamente nació en Bloomsday. Pegado desde pequeño a una televisión y a cientos de páginas, ahora gasta su tiempo montándose películas y disfrutando las de otros.

Crítica: ‘The Punisher: One Last Kill’

En qué plataforma ver The Punisher: One Last Kill

Un capítulo puente intentando domesticar lo indomable

Resulta complicado abordar ‘The Punisher: One Last Kill’ como si fuese un largometraje autónomo. Su propia estructura se resiste a ello y en ese sentido creo que han sido bastante honestos a la hora de publicitarlo. Más que una película al uso es un capítulo que funciona como una pieza intermedia, colocado entre acontecimientos mayores del universo televisivo de Marvel. El problema es que tampoco termina de sentirse indispensable. Está ahí para para empujar ligeramente a Frank Castle hacia un nuevo estado emocional y narrativo, y poco más.

La obra se sitúa evidentemente después de la segunda temporada de ‘The Punisher’ y, según todo apunta, transcurre de manera paralela a los sucesos de ‘Daredevil: Born Again’ temporada 2. La ciudad aparece sumida en un caos extraño, una especie de vacío moral donde apenas quedan vigilantes capaces de imponer cierto orden. Sobre el papel, la conexión tiene sentido. En la práctica, el especial parece desligado del resto de la continuidad, como un fanmade con escena digital de poca monta incluida. Incluso cuando menciona o respeta acontecimientos previos, transmite la sensación de ser un relato encapsulado, aislado del resto del MCU callejero.

Quizá ahí radique precisamente su verdadera función. Más que contar algo imprescindible, ‘The Punisher: One Last Kill’ parece existir para cerrar heridas concretas y recolocar psicológicamente al personaje antes de su futura aparición en ‘Spider-Man: Brand New Day’. Y visto desde esa perspectiva, muchas decisiones empiezan a cobrar sentido. Frank Castle necesitaba ser reducido de nuevo a sus elementos básicos para después reconstruirse parcialmente. El especial no pretende evolucionar ni revolucionar al personaje, sino estabilizarlo.

Jon Bernthal vuelve a demostrar por qué su versión de Punisher sigue siendo la definitiva para buena parte del público contemporáneo. El actor entiende que Frank Castle ya no puede ser simplemente una máquina de matar con frases lapidarias. Aquí es un hombre agotado, deteriorado mentalmente, acosado por recuerdos y atrapado dentro de una espiral de culpa interminable. Su mayor enemigo no son los mafiosos ni los matones de turno. Es él mismo.

Y eso explica también el retorno constante al trauma familiar. Sí, otra vez la pérdida de su esposa e hijos. Otra vez las pesadillas. Otra vez el estrés postraumático dominando cada rincón de la narración. Nadie había pedido realmente regresar a ese punto, especialmente después de tantas iteraciones previas del personaje, pero el especial insiste en ello con una terquedad casi obsesiva. Frank vive como un cadáver funcional. Apenas duerme. Apenas habla. Apenas distingue entre castigo y rutina.

Violencia seca, brutal y sin heroicidades

Afortunadamente, ‘The Punisher: One Last Kill’ comprende que el personaje no puede sostenerse únicamente sobre introspección y sufrimiento psicológico. Hay violencia. Mucha violencia. Y cuando aparece, el especial encuentra sus mejores momentos.

Algunas secuencias recuerdan claramente a ‘Dredd’ por esa sensación de brutalidad urbana encerrada en espacios opresivos y balconadas. Otras evocan el salvajismo físico de ‘Oldboy’, especialmente en enfrentamientos donde la cámara privilegia el agotamiento corporal antes que la espectacularidad superheroica tradicional. Aquí los cuchillos salpican sangre. Los disparos rompen huesos. La violencia no aparece como estética cool, sino como consecuencia inevitable.

Y conviene recordarlo porque Marvel parece olvidarlo a menudo: Punisher mata. No tiene el código moral de Daredevil. No existe espacio para discursos sobre redención cuando Frank entra en acción. El especial entiende eso mejor que muchas adaptaciones anteriores del personaje. Este Punisher está completamente sonado. No transmite miedo porque sea invencible, sino porque parece alguien que ya no distingue entre sobrevivir y autodestruirse.

También hay una decisión particularmente significativa desde el inicio. La historia comienza mal. Muy mal. Hay un perro. Y quien conozca mínimamente el lenguaje emocional del thriller contemporáneo ya sabe lo que eso significa.

Una despedida parcial antes de una nueva etapa

El principal problema de ‘The Punisher: One Last Kill’ es que nunca termina de justificar plenamente su existencia como obra independiente. Tiene sentido industrialmente. Tiene sentido dentro de la maquinaria narrativa de Marvel. Incluso tiene sentido como puente psicológico. Pero dramáticamente se queda a medio camino entre episodio piloto, epílogo y terapia emocional para su protagonista.

Eso provoca una sensación extraña. El especial parece querer cerrar asuntos pendientes mientras simultáneamente prepara algo distinto. No funciona como conclusión definitiva ni como verdadero renacimiento. Simplemente mueve piezas sobre el tablero.

Aun así, ‘The Punisher: One Last Kill’ posee suficiente personalidad sombría y suficiente brutalidad física como para resultar disfrutable. Es simplemente una última parada en el descenso emocional de un hombre incapaz de dejar de castigarse a sí mismo. Y quizá eso sea lo más honesto que podía ofrecer esta etapa del personaje, pero ya lo sabíamos.

Ficha de ‘The Punisher: One Last Kill’

Estreno en España: 12 de mayo de 2026. Título original: The Punisher: One Last Kill. Duración: 60 min. País: EE.UU. Dirección: Reinaldo Marcus Green. Guion: Jon Bernthal, Reinaldo Marcus Green. Música: Kris Bowers. Fotografía: Robert Elswit. Reparto principal: Jon Bernthal, Judith Light, Deborah Ann Woll, Jason R. Moore, Kelli Barrett, Andre Royo, John Douglas Thompson, Eduardo Campirano. Producción: Marvel Studios. Distribución: Disney+. Género: acción. Web oficial.

Anunciados los nominados a los Premios Fugaz 2026

La Academia de Cine acogió la lectura oficial de candidaturas de los Premios Fugaz 2026

Estamos de aniversario. La décima edición de los Premios Fugaz ya tiene a sus grandes aspirantes. La Academia de Cine acogió este 13 de mayo la lectura oficial de nominados de unos galardones que, año tras año, se consolidan como el principal termómetro del cortometraje español. La presentación reunió a numerosos profesionales de la industria y contó con la participación de intérpretes como Vanesa Romero, Javier Veiga, Javier Pereira y Alberto Amarilla, encargados de desvelar las candidaturas de esta edición.

La ceremonia volvió a poner de relieve el excelente estado creativo del formato corto en España, con una selección especialmente variada tanto en géneros como en propuestas narrativas.

‘Montecarlo 67’ y ‘Ser un hombre’, las producciones más nominadas

Entre los títulos más destacados de esta edición sobresalen ‘Montecarlo 67’, de Ruben Guindo Nova, y ‘Ser un hombre’, de Lucas Parra, dos trabajos que acumulan un importante número de nominaciones técnicas y artísticas.

‘Montecarlo 67’ aparece en categorías tan relevantes como Mejor Cortometraje, Dirección, Guion, Dirección de Producción, Fotografía, Montaje, Dirección de Arte, Vestuario, Sonido, Banda Sonora e Interpretación Femenina para Veki Velilla. Por su parte, ‘Ser un hombre’ logra una presencia muy sólida en apartados como Mejor Cortometraje, Dirección, Guion, Fotografía, Montaje, Dirección de Arte, Vestuario, Sonido y Banda Sonora.

También destaca con fuerza ‘Cara de cona’, de Guillermo de Oliveira, que se posiciona como otra de las producciones más reconocidas del año gracias a sus candidaturas en Mejor Cortometraje, Dirección, Guion, Fotografía, Montaje, Vestuario, Maquillaje y Banda Sonora.

Una edición marcada por la variedad temática y formal

La lista de nominados refleja de nuevo la amplitud creativa del panorama del cortometraje nacional. Junto al drama social y emocional de títulos como ‘In memoriam’ o ‘Lo que no se ve’, conviven propuestas de género, animación y trabajos más experimentales.

En animación, nombres como ‘El cuerpo de Cristo’, ‘Baile con la muerte’ o ‘El fantasma de la quinta’ vuelven a demostrar el gran momento que atraviesa el sector animado español. Mientras tanto, en documental, producciones como ‘Estigma’ o ‘Vencejos’ mantienen la mirada social y humana que ha caracterizado buena parte de esta temporada.

La categoría de Mejor Largometraje también dejó una selección sin sorpresas con títulos como ‘Sirât’, ‘Sorda’, ‘Maspalomas’, ‘Ciudad sin sueño’ y ‘Los domingos’, reforzando la conexión cada vez mayor entre el cine corto y el largo dentro de la industria nacional.

Una gala cada vez más consolidada dentro de la industria

Los Premios Fugaz celebran este año su décimo aniversario convertidos en una referencia absoluta para el sector audiovisual español. Lo que comenzó como una iniciativa impulsada por CortoEspaña (comisión de la que este medio de comunicación forma parte) se ha transformado en un espacio clave de reconocimiento para cineastas emergentes y profesionales consolidados.

La gala final volverá a reunir a buena parte de la industria del cortometraje español, en una edición especialmente simbólica por el crecimiento que ha experimentado el certamen durante la última década.

Principales cortometrajes más nominados

  • ‘Montecarlo 67’
  • ‘Ser un hombre’
  • ‘Cara de cona’
  • ‘In memoriam’
  • ‘Chicken Jazz’
  • ‘Una vocal’

Listado completo de nominados a los Fugaz 2026

Mejor cortometraje

‘Cara de cona’, de Guillermo de Oliveira
‘El fantasma de la quinta’, de James A. Castillo
‘Epifanía’, de Chiqui Carabante
‘Faustino’, de Germán Mairen
‘In memoriam’, de Teresa Bellón y César F. Calvillo
‘Lo que no se ve’, de María Algora y Mikel Bustamante
‘Montecarlo 67’, de Ruben Guindo Nova
‘Pordentro’, de Álvaro G. Company y Mario Hernández
‘Ser un hombre’, de Lucas Parra
‘Una vocal’, de Polo Menárguez

Mejor dirección

Guillermo de Oliveira, por ‘Cara de cona’
Teresa Bellón y César F. Calvillo, por ‘In memoriam’
Ruben Guindo Nova, por ‘Montecarlo 67’
Lucas Parra, por ‘Ser un hombre’
Polo Menárguez, por ‘Una vocal’

Mejor dirección novel

Joel Cánovas, por ‘21 de octubre’
Santi Alvarado Sagué, por ‘Buitres’
Bea Lema, por ‘El cuerpo de Cristo’
Martha García Ayerbe, por ‘Señuelo’
Marta Albert, por ‘Tú no’

Mejor guion

Guillermo de Oliveira, por ‘Cara de cona’
Teresa Bellón y César F. Calvillo, por ‘In memoriam’
Ruben Guindo Nova, Miguel Monteagudo y Nuria Cabezas, por ‘Montecarlo 67’
Lucas Parra y Valèria Cuní, por ‘Ser un hombre’
Polo Menárguez, por ‘Una vocal’

Mejor dirección de producción

Luisa Cowell, por ‘Cara de cona’
Josemari Martínez, por ‘Chicken Jazz’
Cecilia Rivas Barbi, por ‘In memoriam’
Alejandro Viyuela y Samantha Martín, por ‘Montecarlo 67’
Ferran Giol Gort, por ‘Ser un hombre’

Mejor dirección de fotografía

Carlos de Miguel, por ‘Cara de cona’
Rafael Reparaz, por ‘Chicken Jazz’
Miguel Ezequiel, por ‘Montecarlo 67’
Dani Benejam, por ‘Ser un hombre’
José Martín Rosete, por ‘Una vocal’

Mejor montaje

Enric Batalla, por ‘21 de octubre’
Guillermo de Oliveira, por ‘Cara de cona’
Irene Blecua, por ‘In memoriam’
Jerónimo Velasco, por ‘Montecarlo 67’
Oriol Domènech, por ‘Ser un hombre’

Mejor dirección de arte

Verónica Dichy y Juanfa, por ‘Chicken Jazz’
Gonzalo Muratel, por ‘Montecarlo 67’
Nagore Galdós Burgoa, por ‘Ser un hombre’
Almudena Gotor, por ‘Último superviviente a bordo’
Carla Fuentes, por ‘Videoclub 2001’

Mejores efectos visuales

Miguel Tejerina, por ‘Insondable’
Xus Pagan, por ‘M.A.T. (Molt Alta Tensió)’
Laura Pedro, por ‘Señuelo’
Miguel Costa, David Heras y Daniel López, por ‘The one minute problem’
Víctor Izquierdo, por ‘Último superviviente a bordo’

Mejor vestuario

Beatriz Méndez, por ‘Cara de cona’
Oscar Guimarey, por ‘Chicken Jazz’
Victoria Nogales, por ‘La última canción’
María Gil de Bustamante, por ‘Montecarlo 67’
Sonia Pérez, por ‘Ser un hombre’

Mejor maquillaje y peluquería

Aina Galisteo, por ‘Abril’
Sonia García, por ‘Cara de cona’
Pedro Hache, por ‘La última canción’
María Liaño, por ‘Macarena, una comedia espiritual’
Marta Cuadrado, por ‘Montecarlo 67’

Mejor sonido

Gerard Fernández, por ‘21 de octubre’
Pablo Castillo, por ‘Chicken Jazz’
Pablo Castillo, por ‘Montecarlo 67’
Laia Casanovas, por ‘Señuelo’
Jordi Rossinyol, por ‘Ser un hombre’

Mejor banda sonora

Zeltia Montes, por ‘Cara de cona’
Alberto Torres, por ‘Chicken Jazz’
Beatriz Bellón, por ‘In memoriam’
Jesús Calderón, por ‘Montecarlo 67’
Arnau Bataller, por ‘Ser un hombre’

Mejor interpretación masculina

Milo Taboada, por ‘Cara de cona’
Tamar Novas, por ‘Chicken Jazz’
Carlos Manuel Díaz, por ‘Faustino’
Carlos Santos, por ‘Montecarlo 67’
Ramón Barea, por ‘Pordentro’

Mejor interpretación femenina

Sofía Otero, por ‘Abril’
Cristina Soria, por ‘In memoriam’
Ángela Molina, por ‘La última canción’
María Algora, por ‘Lo que no se ve’
Veki Velilla, por ‘Montecarlo 67’

Mejor cortometraje de animación

‘Baile con la muerte’, de Carlota Massó
‘El cuerpo de Cristo’, de Bea Lema
‘El fantasma de la quinta’, de James A. Castillo
‘Pinchu es así’, de Carmen Córdoba González
‘Pobre Marciano’, de Álex Rey

Mejor cortometraje documental

‘Abril, hoy no es invierno’, de Mabel Lozano
‘El ressò de la mirada’, de Carles Bover Martinez
‘Estigma’, de Pilar García Elegido
‘La fuerza del silencio’, de Samuel Vela Pérez
‘Vencejos’, de Manu Arzá y Álvar Alonso

Mejor cortometraje breve

‘¿Tienes un minuto?’, de Yago Casariego
‘Baile con la muerte’, de Carlota Massó
‘Ma-ma’, de Isabel María Monge Guerrero

Mejor cortometraje hispanoamericano

‘Entretiempo’ — Argentina
‘La Barbarie’ — México
‘Real’ — Panamá
‘Todos mis caminos son la destrucción’ — Perú
‘Una vez en un cuerpo’ — Colombia

Mejor cortometraje de escuela

‘El Puto Amo’ — Linterna Producciones
‘El Último Día’ — Instituto del Cine de Canarias
‘En reparto’ — Instituto del Cine Madrid
‘Los murciélagos han abandonado el campanario’ — ECAM
‘Orfeus’ — The Core School
‘Un caso peliagudo’ — ECIB, Escola de Cinema de Barcelona
‘Just for fun’ — Escuela de Cine Un Perro Andaluz
‘Sofoco’ — LENS Escuela de Artes Visuales

Mejor largometraje

‘Ciudad sin sueño’
‘Los domingos’
‘Maspalomas’
‘Sirât’
‘Sorda’

Sorteamos entradas para ver ‘Las catadoras de Hitler’

Preestreno en el Goethe-Institut Madrid

Participa en nuestro nuevo sorteo y consigue una invitación para asistir acompañado al pase especial de ‘Las catadoras de Hitler’ (crítica aquí) el próximo 19 de mayo en Madrid. Los seguidores del cine histórico y los dramas inspirados en hechos reales tienen una nueva oportunidad para disfrutar de una proyección especial en pantalla grande.

‘Las catadoras de Hitler’ es una película que ha despertado interés por su inquietante premisa y por recuperar uno de los episodios menos conocidos vinculados al régimen nazi. Sin duda se demuestra una vez más que durante la Segunda Guerra Mundial se dieron sucesos tan calamitosos como curiosos. Es una catastrófica fuente de historias.

Un thriller histórico inspirado en hechos reales

‘Las catadoras de Hitler’ nos traslada a los últimos años de la Segunda Guerra Mundial y pone el foco en un grupo de mujeres obligadas a probar la comida destinada a Adolf Hitler para evitar posibles intentos de envenenamiento. A partir de esta premisa, la película construye un relato de tensión psicológica, miedo constante y supervivencia en uno de los periodos más oscuros del siglo XX.

La cinta combina drama histórico, suspense y retrato humano, explorando cómo el terror y la obediencia afectan a personas atrapadas dentro de un sistema totalitario. Su ambientación y su aproximación íntima a los personajes han convertido a la película en uno de los títulos europeos más comentados entre los aficionados al cine histórico reciente.

Fecha y lugar del pase especial

  • Fecha: 19 de mayo
  • Hora: 19:30h
  • Lugar: Goethe-Institut Madrid
  • Tipo de evento: Pase especial

Para participar en el sorteo de entradas dobles…

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Noir Hollow nace en Cannes como nuevo sello español de cine de terror

Se estrena con ‘La casa de los monstruos’

El cine de terror español suma un nuevo nombre a seguir de cerca. Noir Hollow ha anunciado oficialmente su nacimiento como nuevo sello independiente especializado en cine de género y lo hará por todo lo alto en el prestigioso Marché du Film de Cannes, uno de los mercados cinematográficos más importantes del mundo.

La presentación internacional del sello tendrá lugar en el Fantastic Pavilion, espacio dedicado al fantástico y al terror dentro del mercado de Cannes, donde además se celebrará la premiere de mercado de su primera gran producción: ‘La casa de los monstruos’, una inquietante propuesta protagonizada por Antonio Resines y Jaime Lorente.

Un sello que reivindica el terror físico y artesanal

Fundado por Fede Pajaro y Carlota Amor, Noir Hollow nace con la intención de recuperar una forma de entender el cine de terror más cercana a lo sensorial y lo físico. Su filosofía apuesta por atmósferas opresivas, tensión constante y efectos prácticos elaborados con prótesis, maquillaje, látex y sangre artificial frente al abuso del CGI.

La compañía busca diferenciarse dentro del actual panorama del terror apostando por propuestas incómodas, perturbadoras y con una fuerte carga visual. El objetivo del sello pasa por devolver al espectador la sensación de experiencia extrema y directa que definió gran parte del cine de género clásico.

En un momento en el que el terror vive una nueva etapa de popularidad internacional, Noir Hollow pretende posicionarse como una alternativa centrada en el horror más visceral y artesanal.

‘La casa de los monstruos’, primer gran proyecto del sello

La carta de presentación de Noir Hollow será ‘La casa de los monstruos’, dirigida por David Hebrero, cineasta que anteriormente ya había trabajado dentro del fantástico con títulos como ‘Y todos arderán’ o ‘Dulcinea’.

La película sigue a Goio, un hombre que regresa a la casa familiar para cuidar durante una noche a su padre enfermo. Lo que inicialmente parece un reencuentro incómodo termina convirtiéndose en una auténtica pesadilla marcada por secretos familiares, traumas del pasado y una creciente sensación de horror dentro de la vivienda. El reparto está encabezado por Antonio Resines, uno de los rostros más reconocibles del cine español, junto a Jaime Lorente, conocido internacionalmente por series como ‘La Casa de Papel’ y ‘Élite’.

La producción combina suspense psicológico con horror explícito y busca conectar tanto con el público especializado como con compradores internacionales interesados en cine comercial de terror.

Cannes como escaparate internacional

La participación de Noir Hollow en el Marché du Film supone el primer gran escaparate internacional para el sello. La Market Premiere de ‘La casa de los monstruos’ tendrá lugar el próximo 18 de mayo dentro del Fantastic Pavilion, consolidando así el interés del cine fantástico español dentro del circuito internacional.

La película contará además con ventas internacionales gestionadas por Raabta International, un movimiento que demuestra la intención de Noir Hollow de abrirse rápidamente al mercado global.

El terror español sigue creciendo

La aparición de nuevos sellos especializados como Noir Hollow confirma el buen momento que atraviesa el cine fantástico español. Durante los últimos años, el género ha conseguido reforzar su presencia tanto en festivales internacionales como en plataformas y mercados de distribución.

Con una identidad muy marcada y una apuesta clara por el terror más físico y provocador, Noir Hollow quiere recuperar la esencia del horror clásico sin renunciar a una mirada contemporánea. Su debut en Cannes con ‘La casa de los monstruos’ será una de las primeras pruebas para comprobar hasta dónde puede llegar este nuevo proyecto dentro de la industria del fantástico.

PUFA anuncia sus primeros títulos

PUFA 2026 anuncia sus primeros estrenos con Vicky Krieps y Dacre Montgomery

El festival PUFA (Pucela Fantástica) ya ha comenzado a perfilar la programación de su tercera edición. El certamen vallisoletano, especializado en cine fantástico y de terror, ha confirmado los primeros títulos que podrán verse en 2026, apostando por una mezcla de estrenos internacionales, cine de autor, propuestas independientes y nuevas voces del género.

Entre los nombres más destacados aparecen intérpretes como Vicky Krieps y Dacre Montgomery, además de cineastas como Zenzo Sakai o Zoe Berriatúa. La programación inicial confirma además que PUFA seguirá apostando por el fantástico contemporáneo más variado, desde el horror sobrenatural hasta la ciencia ficción experimental y la comedia negra.

Estrenos internacionales para la Sección Oficial

Uno de los grandes reclamos de esta edición será ‘Went Up the Hill’, una coproducción entre Australia y Nueva Zelanda dirigida por Samuel Van Grinsven. La película combina drama emocional y relato fantasmal, explorando el duelo y las relaciones familiares a través de una historia en la que un espíritu utiliza los cuerpos de una madre y su hijo para permanecer junto a ellos.

El filme cuenta con las interpretaciones de Vicky Krieps, conocida por trabajos como ‘El hilo invisible’, y Dacre Montgomery, popular por su participación en ‘Stranger Things’. La cinta ya ha pasado por festivales internacionales como Toronto o Thessaloniki antes de aterrizar en Valladolid.

También competirá ‘IAI’, del japonés Zenzo Sakai, una inquietante mezcla de drama familiar y horror psicológico centrada en una extraña maldición. A ella se suma ‘Samakdo’, producción coreana de Ki-Jun Chae ambientada en un pueblo marcado por una antigua secta nacida durante la ocupación japonesa.

El cine español tendrá un papel protagonista

La producción nacional volverá a ocupar un espacio importante dentro del festival. Entre las películas confirmadas destaca ‘Buffet Libre’, nuevo trabajo de Zoe Berriatúa, una propuesta que mezcla humor negro, violencia y elementos fantásticos alrededor de una pareja propietaria de un restaurante en crisis. El reparto incluye nombres como Antonio Dechent y Jack Taylor, en una película que ya ha llamado la atención en festivales especializados de cine fantástico.

Otro de los títulos españoles anunciados es ‘El ritual de Lily’, de Manu Herrera, centrada en un ritual de brujería que desencadena fenómenos sobrenaturales. Además, el inclasificable proyecto ‘Cuántica Rave’, de Paco Campano, promete convertirse en una de las propuestas más comentadas gracias a su combinación de musical, ciencia ficción y efectos prácticos. La cinta cuenta con intérpretes como Javier Botet, Antonio Dechent y Pablo Carbonell.

Aquelarres apuesta por el fantástico más libre y experimental

La sección Aquelarres volverá a servir como espacio para propuestas más arriesgadas. Entre ellas figura ‘Yesterday Island’, una comedia de ciencia ficción rodada en Tasmania sobre un hombre atrapado en un bucle temporal, así como ‘Lenore’, thriller psicológico con elementos de horror tecnológico dirigido por David Ward.

Con esta selección inicial, PUFA confirma su intención de consolidarse como uno de los festivales especializados más interesantes del panorama nacional, combinando cine de género internacional con apoyo al fantástico independiente español.

El cortometraje volverá a tener gran protagonismo

PUFA 2026 también ha revelado parte de su Sección Oficial de Cortometrajes, integrada por 27 trabajos procedentes de distintos países. La selección incluye piezas de terror clásico, ciencia ficción, animación y humor negro, reafirmando la importancia del formato corto dentro del festival.

  • ¿Qué comen los dragones?, de Álvaro León
  • Cenizas, mi amor, de Margo García y Pedro Tamames
  • Ecos del silencio, de Raquel Barrachina Molina
  • El fantasma de la Quinta, de James A. Castillo
  • El revisor, de Jandro (Alejandro López García)
  • Época de plagas, de Gabriela Calvache
  • Hide, de Brenden Hubbard
  • High Iso, de Jérémie Veuthey
  • Historia de un chico triste, de Carlos Blázquez Rámila
  • Iurima: A Tale of Three Fishermen, de PV Lehtinen
  • La casa de la bruixa, de Toni O. Prats
  • La Traque, de Stephen Bigot
  • La última campanada, de Alberto Cano Leonardo, Meka Ribera y Álvaro G. Company
  • Lo que te falta, de Sara Bermejo
  • Los murciélagos han abandonado el campanario, de Alfonso Bernal y Manuel Bernal
  • Mis olvidados, de Valentino D’Annunzio
  • Monstruo, de Nacho Monter y Yago Casariego
  • Rebel Storm: A Star Wars Collateral Story, de Marino Darés
  • Seen with the Heart, de Berta Canivell
  • Snacktime, de Alphonse Ferrari
  • Tenéis que verlo, de Nacho Solana
  • The Call, de Kiko Prada
  • The One Minute Problem, de Nicolás Delgado
  • They Kill by Night, de Grace Uther y Sam Uther
  • Tinieblas, de Raúl Cerezo y Carlos Moriana
  • Toxic Underground, de Caroline Favé

Un nuevo premio de distribución para impulsar el cine independiente

Otra de las novedades importantes será la colaboración con #ConUnPack Distribución y su sello Panic House, que entregará un premio de distribución a una de las películas programadas en el festival. La iniciativa busca facilitar nuevas oportunidades comerciales y de exhibición para producciones independientes de fantástico y terror.

PUFA 2026 volverá a celebrarse en Valladolid con el apoyo de instituciones como el Ayuntamiento de Valladolid, la Seminci y Valladolid Film Commission, reforzando la presencia del fantástico dentro del circuito cultural de la ciudad.

Crítica: ‘Hokum’

En qué plataforma ver Hokum

Con ‘Hokum’ los mitos y fantasmas irlandeses encuentran la forma de instalarse dentro del espectador

Esta película viene para reafirmar el gran potencial de un autor, porque de momento es eso, autor pues no responde a exigencias comerciales pese a contar con el estudio de ‘Longlegs’ y los productores de ‘Weapons’. Él es Damian McCarthy. En su día os avisamos con ‘Caveat’ y convencimos a otros muchos con ‘Oddity’ de que este director es un gran generador de historias y atmósferas tensas y terroríficas. Ahora con ‘Hokum’ reincidimos con energía, ved las películas de este irlandés.

La premisa puede ser arquetípica, un escritor busca apartarse del mundanal ruido y las distracciones para escribir su nueva novela. Esta es la excusa perfecta para desplazarse al lugar donde sus padres pasaron su luna de miel. Con esto llega un gran acierto de la película, parece que todo es más superficial o casual, pero responde a inquietudes más profundas. El hecho de que la acción suceda en las apartadas tierras irlandesas rememora inevitablemente a la figura de Bram Stoker (archiconocido autor de ‘Drácula’ nacido en Irlanda que dio a luz a su obra maestra en pequeños pueblos de la costa británica).

El protagonista interpretado por Adam Scott es irascible, borde y amargado. Eso responde a algo muy importante, que no voy a desvelar. Pero ese carácter sombrío aporta para desarrollar el terror de manera eficiente y no solo con sustos, sino con un desarrollo emocional. Todo responde a una historia de perdón personal y evolución, lo cual, se traduce en última instancia en un desbloqueo artístico y creativo.

El terror como reflejo de la culpa y la identidad

Lo verdaderamente interesante de ‘Hokum’ no es que Damian McCarthy vuelva a demostrar que domina el sobresalto o la atmósfera malsana (que lo hace), sino cómo consigue que todos los elementos sobrenaturales tengan un eco psicológico. El director irlandés entiende que el horror funciona mejor cuando las entidades, leyendas o apariciones no son únicamente amenazas externas, sino materializaciones de heridas internas.

La película juega continuamente con la frontera entre lo tangible y lo emocional. El hotel aislado, los pasillos húmedos, las habitaciones selladas y la sensación constante de podredumbre moral no solo sirven para construir tensión, sino para reflejar el estado mental del protagonista. Ohm Bauman (el personaje de Adam Scott) es alguien incapaz de escapar de sí mismo. Aunque viaja buscando silencio y concentración creativa, lo que realmente encuentra es una confrontación inevitable con aquello que ha reprimido durante años.

Aquí es donde McCarthy demuestra una inteligencia narrativa muy superior a la media del terror contemporáneo. Otros directores habrían convertido la película en una sucesión de sustos y criaturas extrañas. Él utiliza esos recursos para hablar de culpa, bloqueo emocional y trauma. El horror en ‘Hokum’ no nace exclusivamente de la amenaza física, sino de la incapacidad del personaje para procesar el dolor y aceptar responsabilidades.

En ese sentido, el filme conecta de manera brillante con la tradición del folk horror europeo. Hay algo profundamente ancestral en cómo la película plantea el choque entre el racionalismo moderno y el peso de las supersticiones locales. El protagonista llega a Irlanda con cinismo estadounidense, con una mirada descreída y práctica. Pero el entorno parece rechazar esa actitud. Los lugareños, las historias transmitidas oralmente y la propia geografía convierten el paisaje en una entidad hostil y antiquísima.

McCarthy vuelve a demostrar además su obsesión por los espacios cerrados y opresivos. Igual que ocurría en ‘Caveat’ o ‘Oddity’, aquí los pasillos estrechos, los sótanos y las habitaciones clausuradas generan una sensación enfermiza de encierro. Incluso cuando el personaje está al aire libre, Irlanda parece tragárselo. Hay barro, niebla, lluvia y vegetación húmeda por todas partes. La naturaleza nunca transmite paz, sino decadencia.

Conejos, folklore gaélico y el regreso de los fantasmas de McCarthy

A parte de la constante referencia a los conejos espeluznantes hay otras pautas que se repiten en la obra de McCarthy. Hay una mezcla de racionalidad moderna con superstición local y folklore antiguo, muy propia tanto de Stoker como de sus películas. En este caso lo que se maneja en ‘Hokum’ es el Cailleach, la figura de la mitología gaélica asociada al invierno, la vejez y encargada de traer el frío y las tormentas desde el Samhain, de ahí que la película se ambiente en Halloween.

Lo fascinante es que McCarthy jamás utiliza estos elementos mitológicos como simple decoración estética. El Cailleach funciona como símbolo de deterioro, culpa y muerte emocional. La película nunca necesita verbalizar demasiado sus metáforas porque todo está integrado en la puesta en escena. El clima, el deterioro del hotel y las propias criaturas parecen responder al estado psicológico del protagonista.

También resulta muy interesante cómo el director continúa desarrollando obsesiones visuales y temáticas que ya estaban presentes en sus trabajos anteriores. Los fans del cineasta encontrarán nuevamente figuras inquietantes inmóviles durante demasiado tiempo, objetos aparentemente inocentes convertidos en focos de tensión insoportable y salas que están pidiendo a gritos sal de aquí.

Los conejos, por supuesto, merecen mención aparte. Ya se habían convertido en una imagen recurrente dentro de su imaginario, especialmente tras ‘Caveat’, y aquí vuelven transformados en símbolos perturbadores que mezclan ternura deformada y amenaza subconsciente. Es uno de esos detalles que podrían parecer arbitrarios en otro director, pero que en McCarthy forman parte de una iconografía propia debido a un trauma de su propia infancia.

Además, ‘Hokum’ posee algo que el terror moderno suele olvidar: personalidad. Incluso cuando recurre a estructuras conocidas (la posada maldita, el huésped atormentado, la habitación prohibida), la ejecución tiene una sensibilidad muy concreta. La fotografía húmeda y sombría, el diseño sonoro agresivo y la forma de administrar el silencio convierten muchas escenas en ejercicios de pura tensión atmosférica. Y sí, hay jump scares. Pero están construidos con paciencia y precisión. McCarthy comprende que el susto funciona mejor cuando primero ha conseguido que el espectador se sienta incómodo. El sonido juega un papel esencial en ello, igual que la composición visual y la utilización enfermiza de la profundidad de campo.

‘Hokum’ no inventa el folk horror ni redefine el cine de fantasmas, pero sí confirma algo mucho más importante: Damian McCarthy empieza a poseer una voz completamente identificable dentro del terror contemporáneo. En una industria obsesionada con franquicias y fórmulas repetidas, eso vale muchísimo más que cualquier giro sorprendente. Porque al final, cuando termina la película, lo que permanece no son únicamente las imágenes terroríficas o los sobresaltos. Lo que se queda contigo es esa tristeza húmeda y enfermiza que recorre toda la obra. Como si Irlanda, sus mitos y sus fantasmas hubiesen encontrado una forma de instalarse dentro del espectador.

Ficha de ‘Hokum’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Hokum. Duración: 101 min. País: Irlanda. Dirección: Damian McCarthy. Guion: Damian McCarthy. Música: Joseph Bishara. Fotografía: Colm Hogan. Reparto principal: Adam Scott, Peter Coonan, David Wilmot, Florence Ordesh, Will O’Connell, Michael Patric. Producción: Imagenation Abu Dhabi FZ, Tailored Films. Distribución: Beta Fiction Spain, Madfer Films. Género: terror. Web oficial.

Divisa Films anuncia lanzamientos para junio de 2026

Llegan ‘Scream 7’, ‘Avatar: Fuego y Ceniza’ y clásicos restaurados

El catálogo de junio de Divisa Films combinará grandes estrenos recientes, ediciones coleccionistas en 4K Ultra HD y recuperaciones de clásicos imprescindibles del cine. Divisa Films ya ha desvelado buena parte de los títulos que llegarán al mercado físico durante el próximo mes de junio, en una batería de lanzamientos que apuesta tanto por el cine contemporáneo como por la recuperación de clásicos restaurados y ediciones especiales para coleccionistas. Todos los títulos llegarán el 10 de junio, salvo la nueva entrega de ‘Avatar’ que estará en el mercado el día 25.

‘Scream 7’ llega en múltiples formatos coleccionistas

Uno de los platos fuertes del mes será ‘Scream 7’, la nueva entrega de la popular saga slasher creada por Kevin Williamson. La película contará con ediciones en DVD, Blu-ray, 4K Ultra HD y un steelbook limitado pensado para coleccionistas. El filme recupera a Neve Campbell como Sidney Prescott y vuelve a reunir a Courteney Cox con nuevos rostros como Isabel May o Mason Gooding.

La edición incluirá abundante contenido extra centrado en el rodaje, los especialistas y escenas eliminadas, reforzando el atractivo para los seguidores históricos de la franquicia.

‘Avatar: Fuego y Ceniza’ protagoniza el gran lanzamiento del mes

Otro de los grandes protagonistas será ‘Avatar: Fuego y Ceniza’, la tercera entrega de James Cameron ambientada en Pandora. La película llegará el 25 de junio en DVD, Blu-ray, 4K Ultra HD y steelbook, además de una edición trilogía con las tres películas de la saga.

Divisa apuesta especialmente fuerte por esta edición, que incluirá más de tres horas de contenidos adicionales, documentales sobre la producción y materiales relacionados con el desarrollo visual del universo Na’vi. La película volvió a reunir a Sam Worthington, Zoe Saldaña, Sigourney Weaver y Kate Winslet en una nueva aventura marcada por el conflicto con el Pueblo de la Ceniza liderado por Varang, interpretada por Oona Chaplin.

Cine español y thrillers internacionales entre las novedades

El cine español también tendrá presencia destacada gracias a ‘Los Tigres’, el nuevo thriller de Alberto Rodríguez protagonizado por Antonio de la Torre y Bárbara Lennie. La película llegará en DVD y Blu-ray tras su paso por salas y su buena recepción crítica.

Junto a ella aparecerá ‘Moss & Freud. El artista y la modelo’, drama biográfico centrado en la relación entre Kate Moss y el pintor Lucian Freud, con Derek Jacobi y Ellie Bamber encabezando el reparto.

‘Rental family’ encontrará otra oportunidad para no pasar desapercibida apareciendo en tiendas en formato Blu-ray. La película protagonizada por Brendan Fraser ha hecho afición entre los espectadores que la han visto pero su estreno, poco mediático, podría tener ahora un justo reconocimiento.

Restauraciones 4K y clásicos de culto para coleccionistas

El catálogo de junio también incluirá importantes recuperaciones de clásicos. Entre ellas destaca ‘A pleno sol’, adaptación de Patricia Highsmith protagonizada por Alain Delon, así como ‘El tulipán negro’, restaurada en 4K.

Los aficionados al cine de acción de los 80 también podrán encontrar nuevas ediciones de ‘Ejecutor’, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, y una edición steelbook 30 aniversario de ‘2013: Rescate en L.A.’ de John Carpenter y Kurt Russell.

Además, el catálogo incluirá otros títulos como ‘El corazón de la tierra’, ‘Juana de Arco’, ‘Escapando del Tercer Reich’ o nuevas propuestas familiares y de animación.

Crítica: ‘Movida celestial’

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Una sátira ligera sobre el absurdo cotidiano

Estamos ante uno de esos casos en los que un director (Aziz Ansari) se reserva doble rol, director y protagonista. Y en otras ocasiones quizás habría que decir que es una tarea arriesgada, pues a parte de tener que dirigirse a sí mismo comparte protagonismo con dos actores que son pesos pesados. Pero es que estos dos actores que figuran también en el cartel de la película son muy conocidos por su generosidad y por entregarse a todo tipo de disparates. Ellos son Seth Rogen y Keanu Reeves. También es cierto que Ansari cuenta con la complicidad de Rogen tras haber actuado junto a él en ‘Juerga hasta el fin’ o ‘Cuerpos de seguridad’.

Estos fichajes son perfectos para construir una comedia que, bajo su apariencia ligera, apunta directamente a varias neurosis contemporáneas. La película gira en torno a un individuo atrapado en una rutina asfixiante, definida por sistemas de puntuación social (reseñas, estrellas, validación constante), trabajos diseñados para satisfacer caprichos del primer mundo (entregas exprés, experiencias personalizadas hasta lo absurdo), una red familiar donde la verdad es, en el mejor de los casos, flexible y por supuesto la ferocidad de las corporaciones que aumentan brutalmente su imagen de beneficio, mientras no hay una proporcionalidad en el sueldo de sus empleados.

Ansari dibuja este contexto con trazo amable, evitando la acidez corrosiva que podría esperarse de un planteamiento así. Su apuesta es clara: el humor blanco como vehículo de crítica. En ese sentido, ‘Movida celestial’ se sitúa más cerca de una fábula moderna que de una sátira mordaz. El resultado es coherente en su tono. La película no busca incomodar, sino generar una identificación suave, casi terapéutica, con el espectador.

Hay ecos evidentes de ‘Qué bello es vivir’ o de ‘Cuento de Navidad’ en su estructura moral (la revisión de una vida desde la perspectiva externa de un ángel o espíritu observador) y también de esas comedias de intercambio de roles donde el protagonista se ve obligado a experimentar realidades ajenas para comprender la suya. Sin embargo, Ansari introduce un componente propio: la burocratización del más allá como reflejo del caos organizado del presente, como ya vimos en la serie ‘Miracle workers’.

Ángeles y un Keanu Reeves más presente de lo esperado

Uno de los hallazgos más curiosos de la película es su representación del “más allá” como una estructura administrativa donde cada ángel de la guarda se especializa en un tipo concreto de muerte. Aquí entra en juego Keanu Reeves, quien interpreta a un ángel encargado de evitar accidentes provocados por el uso del móvil al volante (una de las ironías más contemporáneas del filme). Su personaje está deliberadamente cansado, frustrado por la repetición constante de errores humanos y por la sensación de poca relevancia de su labor.

Y, sin embargo, hay un matiz que convierte su presencia en algo especialmente disfrutable: es un auténtico gustazo verle sonreír. Tras años encadenando papeles de tono grave o físico (desde el inmutable John Wick hasta sus incursiones en el doblaje con ‘Sonic’), Reeves se permite aquí una ligereza poco habitual. Esa sonrisa, casi tímida en algunos momentos, introduce una calidez inesperada que humaniza al personaje y aporta un contrapunto emocional muy efectivo dentro del engranaje cómico. Reeves, jugando contra su propia imagen icónica, aporta una contención casi melancólica que eleva un material que, en otras manos, podría haberse quedado en lo anecdótico. Está muy presente y eso que su papel se concibió como un cameo y que su rotura de clavícula retrasó el rodaje.

Un cuento moderno con vocación de consuelo

‘Movida celestial’ se articula como un cuento con estructura clásica: un individuo enfrentado a su propia insignificancia aparente recibe una oportunidad (de corte sobrenatural) para reevaluar su vida. Aquí, el giro está en cómo esa reevaluación pasa por desmontar los parámetros artificiales que definen el éxito en la actualidad.

Ansari no pretende adaptar un esquema clásico a un contexto reconocible en la actualidad. La película evita el espectáculo, rehúye el artificio visual y se apoya casi exclusivamente en el guion y las interpretaciones. Esa decisión es, al mismo tiempo, su mayor virtud y su principal limitación. Funciona cuando el humor encuentra verdad en lo cotidiano (las interacciones laborales absurdas, la dureza de los estratos más bajos de la sociedad).

El tono blanco del humor puede resultar refrescante para algunos espectadores pues últimamente el humor llega cargado de agresividad o politización. No hay una voluntad de incomodar ni de llevar las ideas, todo está filtrado por una mirada conciliadora, casi optimista, que busca cerrar la experiencia con una sensación de equilibrio.

En comparación con otras obras que exploran la misma premisa existencial, ‘Movida celestial’ prefiere la cercanía antes que la trascendencia. No aspira a convertirse en una obra de referencia, pero sí en una pieza honesta, sin pretensiones opulentas. Y en ese terreno, cumple: es una película que entiende bien su alcance y no pretende ir más allá de lo que su tono permite, cuando, irónicamente se regodea bastante en un tema propulsado por el más allá.

Ficha de ‘Movida celestial’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Good Fortune. Duración: 98 min. País: EE.UU. Dirección: Aziz Ansari. Guion: Aziz Ansari. Música: Carter Burwell. Fotografía: Adam Newport-Berra. Reparto principal: Keanu Reeves, Seth Rogen, Aziz Ansari, Keke Palmer, Sandra Oh. Producción: Lionsgate, Media Capital Technologies, Oh Brudder Productions. Distribución: Vértice Cine. Género: comedia, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Pizza movies’

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Aprovecha bien el gancho del costumbrismo incómodo y neurótico para abordar la épica de lo precario

Hablar de ‘Pizza Movies’ implica sumar un título más a lo que se está convirtiendo ya en una marca generacional dentro de la comedia española. Carlo Padial se alinea, de forma consciente, con ese humor de la incomodidad que han explorado series como ‘Vergüenza’ y ‘Poquita fe’. Aquí también encontramos personajes que no aspiran a ser admirados, sino diseccionados: individuos atrapados en su propia neurosis, incapaces de articular una épica personal y condenados a una rutina emocionalmente erosionada.

La protagonista de ‘Pizza Movies’ (Judit Martín) encarna ese tipo de figura tan reconocible como incómoda: alguien que quiere pertenecer al mundo cultural, pero que vive permanentemente al borde de la irrelevancia. Padial construye su filme desde esa fragilidad, con una mirada que oscila entre la compasión y la ironía, verbalizada muchas veces por quien hace de su esposo, Berto Romero. Como ocurría en las series mencionadas, el humor no surge del gag clásico, sino de la acumulación de pequeñas miserias cotidianas: conversaciones que no llevan a ningún sitio, ideas disparatadas, reacciones fuera de lugar o momentos de vergüenza ajena.

El resultado es un retrato bastante certero de cierta clase creativa urbana, atrapada entre la vocación y la precariedad. No es casual que el filme insista en mostrar entornos laborales difusos, proyectos a medio hacer y colaboraciones mal pagadas (o directamente inexistentes). En ese sentido, ‘Pizza Movies’ no solo busca la risa, sino también una cierta identificación incómoda por parte del espectador.

Humor, improvisación y los límites de la repetición

El humor está presente y, en líneas generales, funciona. Padial demuestra buen oído para el diálogo absurdo y para detectar esas microdinámicas sociales que generan incomodidad. Sin embargo, hay momentos en los que el propio mecanismo cómico se resiente. Algunas escenas, probablemente abiertas a la improvisación, caen en una repetición excesiva de una misma frase o idea (un recurso que, bien dosificado, puede ser efectivo, pero que aquí termina por diluir el chiste).

Esa insistencia acaba alargando innecesariamente ciertas secuencias, rompiendo el ritmo del filme y generando una sensación de desgaste. Es como si la película se recreara demasiado en su propio hallazgo cómico, perdiendo de vista la progresión narrativa. Este problema no invalida el conjunto, pero sí introduce altibajos que resultan evidentes.

A ello se suma una cierta irregularidad en los personajes secundarios. Mientras que la protagonista sostiene con solvencia el peso emocional del relato, algunos secundarios parecen menos definidos, casi esbozos de ideas más que personajes plenamente desarrollados, como si no tuviesen vida más allá del único gag que tienen. Esto afecta especialmente en las escenas corales, donde el contraste entre interpretaciones resta fuerza al conjunto.

Pizzas, cine y resistencia cultural

Donde ‘Pizza Movies’ encuentra su verdadero pulso es en su dimensión metacinematográfica. Cuando las pizzas entran en juego (con ese diseño deliberadamente infantiloide), la película activa un registro distinto, más lúdico y cómplice. No se trata solo de un recurso visual llamativo, sino de una declaración de intenciones: reivindicar el cine como experiencia compartida, como espacio de juego y de memoria colectiva.

En esos momentos, el filme parece dialogar directamente con películas como ‘Rebobine, por favor’, recuperando ese espíritu de “hazlo tú mismo” y de amor por la cultura popular. Las pizzas funcionan como catalizador, como un revulsivo frente a la apatía generalizada que domina el resto del relato. Es ahí donde Padial logra conectar de forma más directa con el espectador, apelando a una complicidad que trasciende la ironía inicial.

Este elemento entronca, además, con uno de los temas más interesantes del filme: el paralelismo entre la crisis personal de la protagonista y la crisis estructural de las salas de cine. Ambas comparten un mismo diagnóstico: la desidia, la falta de rumbo, la sensación de estar perdiendo relevancia. Pero también una posible salida: la reinvención, incluso a través de ideas aparentemente absurdas.

En este sentido, ‘Pizza Movies’ acierta al retratar el estado actual de la crítica cultural. Sin necesidad de subrayarlo en exceso, deja claro que muchos críticos se ven obligados a pluriemplearse para sobrevivir (una realidad cada vez más evidente). Esta capa añade profundidad al relato y lo ancla en un contexto reconocible, alejándolo de cualquier tentación de abstracción.

No obstante, el filme también se regodea en la crisis existencial, en la neurosis y en el patetismo de sus personajes, lo cual puede que le haga perder partidarios. Yo me quedo con que entre la incomodidad generada en algunas escenas y el amor por el cine como experiencia compartida, se construye una obra que logra capturar el desconcierto de una generación, tanto de consumidores como de profesionales.

Ficha de ‘Pizza movies’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Pizza Movies. Duración: 91 min. País: España. Dirección: Carlo Padial. Guion: Carlo Padial, Desirée de Fez, Carlos de Diego. Música: Javier Rodero. Fotografía: Patricio Vial. Reparto principal: Judit Martín, Berto Romero, Joaquín Reyes, Bruna Cusí, Raúl Arévalo, Melina Matthews, Javier Botet, Tamar Novas, Belén Barenys, Miguel Noguera. Producción: El Cansancio, Bambina, Scorpora, Pioneros-Media Offline. Distribución: A Contracorriente Films. Género: comedia. Web oficial.

Crítica: ‘El amigo inesperado’

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Una manera ligera de tratar la impostura profesional y personal

Pongámonos en situación para esta nueva comedia francesa. El protagonista es un artista pluriempleado, algo que hoy en día tenemos casi todos ya normalizado, pero que no deja de ser un drama. Además de en su show trabaja en un call center insistiendo llamada tras llamada y recibiendo cortes constantes. Hasta que ve la oportunidad de aprovechar su maestría con la voz. O más bien alguien ve cómo sacarle provecho. Un escritor famoso agobiado por recibir tanta llamada y mensajes quiere usarle para que le suplante en determinados asuntos y así poder relajarse. Irónicamente esto le conlleva otro trabajo al teléfono, pero dado el aliciente que supone la rareza del encargo y el margen de improvisación que le deja, acepta y como podréis imaginar a partir de ahí las situaciones que se dan son cada vez más disparatadas. Aunque quizás menos disparatadas y menos frecuentes de lo esperado.

En ‘El amigo inesperado’, Fabienne Godet construye un filme que se mueve cómodamente dentro de los márgenes del cine feel good francés, con una premisa que inevitablemente remite a ‘Intocable’. Evidentemente la importancia del trabajo vocal y la modulación como eje interpretativo es muy importante marcando la diferencia. El filme lo explota con cierta eficacia pero no estamos ante una exhibición de virtuosismo cómico en ese sentido (sacad de la cabeza referentes españoles como Florentino Fernández, Latre o Hermoti), sino ante una herramienta narrativa que se utiliza para explorar la identidad y la impostura. Todo ello es debido a que el protagonista no es imitador profesional, de hecho, llegó a un punto intermedio con su compañero de reparto para encontrar una voz común.

Más allá del gag: una relación que se humaniza

Donde ‘El amigo inesperado’ encuentra su verdadera voz (nunca mejor dicho) es en la evolución de la relación entre sus dos protagonistas. La película plantea, desde el inicio, un contraste evidente: edad, clase social y raza funcionan como vectores de distancia. Sin embargo, el guion se esfuerza en diluir esas barreras progresivamente, apostando por una conexión que se construye desde lo cotidiano. Y todo esto se realiza sin partir de prejuicios, que es lo que diferencia este filme de ‘Intocable’.

El ADN del filme es claramente el del cine que aporta buenas vibraciones: la idea de que dos mundos opuestos pueden encontrarse en un punto intermedio. Pero lo interesante es que no se limita a reproducir el esquema de “uno salva al otro”. Sí, hay elementos previsibles (y algunos giros que se ven venir desde bastante lejos), pero también hay una voluntad de mostrar cómo ambos personajes se transforman mutuamente. No se trata solo de arreglar la vida del otro, sino de cómo ciertos estímulos (una nueva rutina, una voz distinta, una mirada externa) pueden reconfigurar la percepción de uno mismo.

Entre lo laboral y lo personal: el verdadero conflicto

Uno de los aspectos más interesantes del filme es cómo articula el conflicto entre vida personal y vida laboral. En un contexto donde el pluriempleo se ha normalizado, el protagonista encarna una figura reconocible (y dolorosamente actual): alguien que se encierra en una rutina de varios trabajos sin encontrar un verdadero sentido. Sin embargo, lo que cambia no es tanto la naturaleza del empleo como el significado que adquiere. La posibilidad de improvisar, de jugar con la identidad, de escapar momentáneamente de uno mismo, introduce un matiz liberador. Es ahí donde la película plantea su discurso más interesante: no es solo lo que haces, sino cómo te posicionas frente a ello.

Aun así, ‘El amigo inesperado’ peca de cierta contención dramática. Cuando parece que va a empujar hacia terrenos más incómodos o absurdos, decide replegarse hacia la calidez y la previsibilidad. Esto no la convierte en un mal filme, pero sí en uno que podría haber sido más audaz o dicharachero. Estamos ante una obra amable, bien interpretada y con una premisa sugerente que no siempre se explota al máximo. Funciona como entretenimiento y como reflexión ligera sobre la identidad y la conexión humana, aunque sin llegar a romper moldes. Un filme que se deja ver con agrado, pero que se recuerda más por lo que insinúa que por lo que finalmente desarrolla.

Ficha de ‘El amigo inesperado’

Estreno en España: 15 de mayo de 2026. Título original: Le répondeur. Duración: 102 min. País: Francia. Dirección: Fabienne Godet. Guion: Fabienne Godet, Claire Barré. Música: Éric Neveux. Fotografía: Eric Blanckaert. Reparto principal: Denis Podalydès, Salif Cissé. Producción: Le Bureau, France 3 Cinéma. Distribución: Surtsey Films. Género: comedia, adaptación. Web oficial.

Palmarés de los Premios Platino Xcaret 2026

‘O Agente Secreto’ triunfa en una edición dominada por Brasil y Argentina

La nueva edición de los Premios Platino Xcaret 2026 dejó un claro vencedor: ‘O Agente Secreto’. La producción brasileña fue la gran triunfadora de la noche al conquistar algunos de los galardones más importantes de la ceremonia, incluyendo Mejor Película Iberoamericana de Ficción, Mejor Dirección, Mejor Guion y Mejor Interpretación Masculina para Wagner Moura. El filme, dirigido por Kleber Mendonça Filho, se consolida así como una de las obras más relevantes del cine iberoamericano reciente.

Brasil también destacó en otras categorías importantes gracias al reconocimiento de ‘Apocalipse Nos Trópicos’ como Mejor Película Documental y la victoria de la serie ‘Beleza Fatal’ en la categoría de Mejor Serie de larga duración. La industria brasileña demuestra así el excelente momento creativo que atraviesa tanto en cine como en televisión.

Argentina triunfó con una serie que ha sido por espectadores, críticos y lectores ya que estaba el que se considera el mejor cómic del país, ‘El eternatua’. consiguió el premio a Mejor Miniserie o Teleserie Cinematográfica y también obtuvo reconocimientos para Ricardo Darín como Mejor Interpretación Masculina y Bruno Stagnaro como Mejor Creador.

España consigue importantes reconocimientos

El cine español también tuvo una presencia destacada en el palmarés. ‘La Cena’ se llevó el premio a Mejor Comedia Iberoamericana de Ficción, mientras que ‘Sorda’ fue reconocida como Mejor Ópera Prima, confirmando el impacto que ha tenido entre crítica y público desde su estreno.

Además, Blanca Soroa obtuvo el premio a Mejor Interpretación Femenina gracias a su trabajo en ‘Los Domingos’, uno de los reconocimientos más celebrados de la gala. España mantiene así una posición sólida dentro del panorama audiovisual iberoamericano, apostando tanto por nuevas directoras y cine independiente como por propuestas más comerciales.

Lista completa de ganadores de los Premios Platino Xcaret 2026

  • Mejor Película Iberoamericana de Ficción: ‘O Agente Secreto’ (Brasil)
  • Mejor Comedia Iberoamericana de Ficción: ‘La Cena’ (España)
  • Mejor Película de Animación: ‘Olivia & Las Nubes’ (República Dominicana)
  • Mejor Película Documental: ‘Apocalipse Nos Trópicos’ (Brasil)
  • Mejor Ópera Prima: ‘Sorda’ (España)
  • Mejor Dirección: Kleber Mendonça Filho por ‘O Agente Secreto’ (Brasil)
  • Mejor Interpretación Masculina: Wagner Moura por ‘O Agente Secreto’ (Brasil)
  • Mejor Interpretación Femenina: Blanca Soroa por ‘Los Domingos’ (España)
  • Mejor Guion: Kleber Mendonça Filho por ‘O Agente Secreto’ (Brasil)
  • Mejor Miniserie o Teleserie Cinematográfica: ‘El Eternauta’ (Argentina)
  • Mejor Interpretación Masculina en Miniserie o Teleserie: Ricardo Darín por ‘El Eternauta’ (Argentina)
  • Mejor Interpretación Femenina en Miniserie o Teleserie: Paulina Gaitán por ‘Las Muertas’ (México)
  • Mejor Creador en Miniserie o Teleserie: Bruno Stagnaro por ‘El Eternauta’ (Argentina)
  • Mejor Serie de larga duración: ‘Beleza Fatal’ (Brasil)

Crítica: ‘Daredevil: born again’ T2

En qué plataforma ver Daredevil: born again

Marvel afina su serie más madura

Cuando ‘Daredevil’ apareció originalmente en Netflix, buena parte de su prestigio nació de algo inmediato y visceral: la brutalidad elegante de sus escenas de acción. Aquellos planos secuencia en pasillos estrechos, los combates agotadores donde cada golpe parecía doler de verdad y la fisicidad casi enfermiza de Matt Murdock convirtieron la serie en una rara avis dentro del universo superheroico televisivo. Era violencia coreografiada con inteligencia narrativa. Acción que no solo impresionaba, sino que contaba algo sobre el sufrimiento de sus personajes.

Sin embargo, estas dos temporadas de ‘Daredevil: Born Again’ han terminado encontrando otro camino. Uno más pausado, más psicológico y, probablemente, más cercano al espíritu de muchos de los mejores cómics del personaje. La acción sigue ahí (y cuando aparece continúa siendo magnífica), pero ya no es el principal reclamo. Lo verdaderamente fascinante es observar cómo la serie se obsesiona con desmontar emocionalmente a sus protagonistas.

Y ahí emerge el verdadero centro gravitacional de esta segunda temporada: Wilson Fisk.

Vincent D’Onofrio vuelve a demostrar que Kingpin no es únicamente uno de los grandes villanos de Marvel, sino posiblemente el antagonista más complejo que ha construido el género superheroico televisivo moderno. La serie dedica muchísimo tiempo a explorar su psique, sus inseguridades, sus impulsos violentos y su enfermiza necesidad de control. Fisk ya no es solo un mafioso gigantesco capaz de aplastar cráneos con una puerta de coche. Es un hombre atrapado entre la monstruosidad y el deseo imposible de legitimidad.

La temporada entiende perfectamente que a menudo los mejores villanos son aquellos que se consideran héroes de su propia historia. Y Fisk vive constantemente intentando convencerse de que todo lo que hace tiene una lógica moral superior. La grandeza de ‘Born Again’ aparece precisamente en esos silencios incómodos, en las conversaciones tensas y en la forma en la que el personaje parece debatirse entre la furia animal y una humanidad residual que jamás termina de desaparecer. Es ahí donde la serie se destaca del resto de producciones de Marvel Studios (exceptuando ‘Caballero Luna’), encontrando un tono más adulto y melancólico.

Matt Murdock continúa funcionando mejor cuando está roto

Una de las grandes virtudes de esta segunda temporada es cómo consigue acercarse a la esencia de ciertas etapas fundamentales del personaje en viñetas. No porque adapte literalmente arcos concretos, sino porque entiende qué hacía especiales aquellos relatos escritos por autores como Frank Miller, Brian Michael Bendis o Ed Brubaker: la idea de que Daredevil siempre fue un superhéroe profundamente humano.

Charlie Cox vuelve a demostrar por qué el personaje le pertenece por completo. Su interpretación mantiene esa mezcla entre agotamiento físico, culpa católica y obstinación moral que convierte a Matt en un héroe distinto al resto de figuras de Marvel. La temporada insiste constantemente en destruir emocionalmente al personaje, enfrentándolo a decisiones donde la línea entre justicia y venganza se vuelve cada vez más difusa.

Y es precisamente esa construcción (o destrucción) de los protagonistas lo que convierte la serie en algo mucho más interesante que un simple producto de acción superheroica. ‘Daredevil: Born Again’ entiende que las máscaras solo funcionan cuando debajo existe un individuo complejo, contradictorio y lleno de heridas. Por supuesto, eso no significa que la serie abandone el espectáculo. Hay secuencias de acción excelentes, varias sorpresas muy bien integradas y algunos episodios que recuperan el nervio violento de la etapa Netflix.

Aunque ya vimos una escena entre Matt Murdock y Peter Parker la serie ya no parece tan interesada en conectar constantemente con el gran tablero cinematográfico de Marvel. Prefiere encerrarse en callejones húmedos, despachos corruptos y conflictos íntimos. Por eso he de reconocer que se hecha por tierra una teoría que muchos habíamos alimentado durante meses: la posibilidad de que esta temporada funcionase como una especie de evento puente hacia la película de ‘The Punisher’ y posteriormente hacia la nueva entrega de ‘Spider-Man’. Había suficientes piezas aparentemente preparadas para ello y ciertos rumores alimentaron la idea de una gran convergencia urbana dentro del MCU. Finalmente, ‘Born Again’ opta por algo más contenido y autónomo. Y probablemente sea una decisión acertada, aunque rompa ciertas expectativas de interconectividad.

Michael Gandolfini y el inesperado eco de ‘Los Soprano’

Otro de los elementos más atractivos de la temporada aparece en un lugar inesperado: la presencia de Michael Gandolfini. Resulta curioso que en una historia donde las dinámicas mafiosas vuelven a tener tanto peso aparezca precisamente el hijo de James Gandolfini, una figura inseparable de la televisión criminal moderna gracias a ‘The Sopranos’. Y lo más llamativo es que Michael no solo recuerda físicamente a su padre en determinados gestos o miradas, sino que empieza a mostrar una presencia interpretativa realmente poderosa.

Hay momentos concretos donde resulta imposible no pensar en Tony Soprano. No como una imitación, sino como una herencia emocional involuntaria. Una manera de ocupar el espacio o de transmitir vulnerabilidad bajo una fachada criminal. La temporada utiliza muy bien esa energía. En una serie obsesionada con personajes fracturados por el poder, la violencia y la culpa, la presencia de Gandolfini añade una capa metatextual muy interesante.

En el fondo, ‘Daredevil: Born Again’ temporada 2 termina funcionando precisamente porque comprende algo que muchas adaptaciones superheroicas olvidan: los poderes nunca fueron lo importante. Lo verdaderamente relevante son las personas que intentan sobrevivir detrás del disfraz. Y pocas veces Marvel había mostrado esas cicatrices con tanta crudeza y acierto.

Crítica: ‘Mortal Kombat II’

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Si jugar Mortal Kombat es un divertimento macabro, esta secuela por fin entiende que hay que regodearse en ello

Este año, el combate tipo fighting game no va a tener lugar en las videoconsolas, sino en el cine y en formato live action. El primer combatiente ya está en la lona y no es otro que ‘Mortal Kombat II’, el cual se enfrentará, no en cartelera ni en tiempo, pero sí en opinión cuando se realicen los rankings a final de año, contra ‘Street Fighter’, la película que se estrenará este mes de octubre. Ambas son adaptaciones de franquicias míticas para los jugadores de videoconsolas y arcades. Así que, más allá del inevitable debate que habrá comparándolas entre sí, está la expectativa de superar las adaptaciones que ambas tuvieron en los años 90. Auguro que la batalla no va a estar solo entre fans de uno u otro juego, también va a ser interna.

La nueva entrega de ‘Mortal Kombat’ entiende perfectamente qué quiere el espectador que acude a verla. No pretende reinventar el cine de acción ni construir un tratado dramático sobre el honor y el destino. Quiere ofrecer golpes imposibles, fatalities exagerados, humor negro y una colección de personajes icónicos intercambiando poderes y frases lapidarias mientras se mutilan. Y lo cierto es que lo consigue con bastante más solvencia de la que muchos detractores están dispuestos a admitir.

Johnny Cage entra al combate y se adueña de la película

El gran atractivo y nuevo activo es sin duda Johnny Cage. Antes de que se incorporase Karl Urban con su innegable carisma (sumando a su CV otro personaje mítico de la cultura popular) sonaron otros nombres tanto de actores como de luchadores profesionales como Scott Adkins, Ryan Reynolds, Alain Moussi, Mike ‘The Miz’ Mizanin o Cody Rhodes. El gato al agua se lo llevó Urban, quien tras cerrar su etapa con Billy Butcher en ‘The Boys’ puede que encuentre aquí una nueva franquicia capaz de asegurarle varios años dentro del blockbuster de acción. Por que soy de los que creen que esto va a continuar, de ahí ciertos detalles hacen que parezca que esta película parezca inconclusa.

Y lo cierto es que Urban comprende a la perfección qué tipo de personaje necesita esta película. Su Johnny Cage es un narcisista insoportable, un actor acabado, una caricatura ambulante del héroe de acción noventero y, precisamente por ello, termina funcionando como el auténtico corazón cómico del filme, de un modo similar pero más presente a lo que hizo Linden Ashby en el 95. Si en la anterior entrega Josh Lawson robaba escenas constantemente con las mofas de Kano, ahora es Urban quien monopoliza buena parte de los mejores momentos cómicos.

La película, además, parece consciente de ello. El guion gira constantemente hacia Cage, incluso cuando intenta repartir protagonismo entre el resto de combatientes. Ahí es donde aparecen algunos de los problemas narrativos. Muchos personajes entran y salen de escena de forma abrupta, como si ciertas transiciones hubieran quedado mutiladas en la sala de montaje. Sin embargo, resulta difícil molestarse demasiado cuando el ritmo apenas concede respiro y cada pocos minutos aparece un nuevo enfrentamiento o una referencia directa a los videojuegos. ¿De nuevo, qué esperáis de una adaptación de ‘Mortal Kombat’?

También se nota la implicación del cocreador de la saga, Ed Boon, muy involucrado en el proyecto desde sus primeras fases. De hecho, realiza un pequeño cameo al inicio de la película interpretando a un camarero llamado “Ed”, uno de esos detalles que funcionan especialmente bien para el fan veterano que lleva décadas memorizando fatalities y combinaciones de botones. Y sobre todo se nota por lo que comento en el siguiente fragmento de este texto.

Más sangre, más lore y por fin el torneo

Como en la anterior entrega, la apuesta vuelve a ser subir el nivel de violencia hasta acercarse a los fatality y brutality de los videojuegos, aunque sin llegar a convertirse en un festival grotesco insoportable. Aquí sí hay mutilaciones, chorros de sangre y cuerpos destrozados, alejándose completamente de la adaptación de los años 90, que buscaba un público mucho más amplio sacrificando precisamente lo que hacía especial a la saga. No voy a renegar del filme de Paul W.S. Anderson, para mí sigue siendo el más icónico.

La diferencia es que ahora el tono abraza el humor negro de manera mucho más consciente. Es como debería ser siempre con esta franquicia, un divertimento macabro y punto. No obstante hay incluso una cierta “marvelización” en determinados diálogos y situaciones, algo que probablemente molestará a los espectadores más puristas, pero que en realidad no desentona tanto con la naturaleza irreverente de la propia franquicia. La película simplemente lo traduce al lenguaje actual del blockbuster, notándose en ese aspecto por qué anda James Wan tras esto y por qué el fenómeno podría tener similar impacto que su ‘Aquaman’.

Pero donde realmente gana esta secuela es en la llegada definitiva del torneo. El guionista de la primera película ya había concebido esta trilogía como una estructura destinada a mostrar qué ocurre antes, durante y después del torneo. Aquí por fin se materializa aquello que muchos fans echaron de menos en la entrega anterior.

Y funciona porque la película entiende algo fundamental: el verdadero atractivo de ‘Mortal Kombat’ no está únicamente en las peleas, sino en el universo imposible que conecta reinos, guerreros sobrenaturales, hechiceros, brazos robóticas, ninjas infernales y dioses del trueno. En un solo largometraje se exploran más territorios, personajes y conflictos que en prácticamente todas las adaptaciones anteriores juntas. Como se diría ahora, se profundiza mucho más en el lore.

Para los jugadores veteranos hay además escenarios extraídos casi literalmente de los videojuegos, con una espectacularidad apabullante. Determinados decorados parecen diseñados para provocar aplausos inmediatos entre quienes crecieron en recreativas o frente a una Mega Drive y una PlayStation. Esa fidelidad estética termina siendo una de las mayores virtudes del filme.

Un espectáculo imperfecto pero plenamente consciente de lo que es

Habrá quien critique la simplicidad o previsibilidad del guion, pero conviene recordar algo evidente: esto nace de un videojuego de lucha. No cabe esperar un desarrollo psicológico comparable al de un drama académico. La propia campaña promocional parecía recordarlo constantemente. Esto no es ‘Ciudadano Kane’, sino ‘Ciudadano Cage’.

Lo que sí resulta más discutible es el acabado visual de ciertas escenas. Hay momentos donde el CGI no termina de integrarse con naturalidad y sorprende teniendo en cuenta los retrasos que ha sufrido el estreno. Se perciben secuencias que probablemente necesitaban una postproducción más pulida, sobre todo con la recreación de Shao Kahn. Ahora bien, tampoco existe ese desastre técnico que algunos comentarios exagerados intentan vender. La película tiene altibajos visuales, sí, pero mantiene suficiente músculo estético como para sostener su propuesta sin venirse abajo. Si antes he hablado de marvelización con el humor, cabe señalar que Disney+ tiene crímenes visuales mucho peores en algunas de sus últimas producciones.

Ficha de ‘Mortal Kombat II’

Estreno en España: 8 de mayo de 2026. Título original: Mortal Kombat II. Duración: 116 min. País: EE.UU. Dirección: Simon McQuoid. Guion: Jeremy Slater. Música: Benjamin Wallfisch. Fotografía: Stephen F. Windon. Reparto principal: Karl Urban, Adeline Rudolph, Jessica McNamee, Josh Lawson, Ludi Lin, Mehcad Brooks, Tati Gabrielle, Lewis Tan, Damon Herriman, Chin Han, Tadanobu Asano, Joe Taslim, Hiroyuki Sanada. Producción: New Line Cinema, Atomic Monster, Broken Road Productions, Fireside Films. Distribución: Warner Bros. Género: acción, fantástico, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Alta costura’

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Winocour demuestra, una vez más, que su cine no necesita elevar la voz para hacerse oír

Este nuevo estreno francés, ‘Alta costura’, se presenta como un drama coral que utiliza el ecosistema de la alta costura parisina no como simple decorado, sino como dispositivo narrativo para explorar tensiones personales, profesionales y físicas. Lejos de relatos simplificados o arquetipos evidentes, la película articula un entramado de historias paralelas que orbitan en torno a la Semana de la Moda, donde cada personaje se enfrenta a su propio umbral de ruptura.

En el centro encontramos a Angelina Jolie como una directora de cine de serie B (acostumbrada a presupuestos ajustados y a una cierta invisibilidad dentro de la industria) que aterriza en el mundo opulento de la moda para rodar un proyecto que supone la antesala de un gran proyecto. La presión no es solo profesional: su vida personal acusa el desgaste de un divorcio reciente, una relación distante con su hija y la amenaza creciente de un cáncer que planea sobre su cuerpo (sin subrayados melodramáticos, pero con una presencia constante). La directora Alice Winocour, cuya sensibilidad ya brilló en ‘Próxima’, vuelve a demostrar su interés por personajes femeninos sometidos a fuerzas contradictorias (vocación, maternidad, salud, identidad).

En paralelo, la película introduce a una modelo africana que pisa por primera vez Occidente y el universo de la moda. Su experiencia es la de la desubicación: un entorno abrumador, reglas no escritas, cuerpos normativizados y la duda de una muchacha de 18 años que no sabe qué quiere en la vida. Lejos de la caricatura, su arco está tratado con una mirada empática que subraya tanto la dureza del sistema como la humanidad que lo habita.

A este tejido se suman otras figuras: una maquilladora que intenta encadenar trabajos y escribir su propia obra durante los frenéticos días de desfiles y una costurera enfrentada a un encargo crítico: terminar en solitario el primer vestido del desfile, una pieza que puede definir el éxito o el fracaso de toda la colección. Todos estos caminos discurren en paralelo, con dilemas propios, pero avanzan hacia inevitables puntos de intersección.

Entre la frivolidad y la carne: el cuerpo como territorio

Uno de los aciertos más incisivos de ‘Alta costura’ es su capacidad para tensar el contraste entre la superficialidad asociada a la moda y la densidad humana que se esconde tras ella. La película no rehúye la dimensión frívola del sector (un espacio mejor recompensado que oficios más “necesarios” o intelectuales, como podría ser la farmacia), pero tampoco cae en el juicio fácil. Winocour propone una mirada dialéctica: sí, hay brillo, dinero y apariencia, pero también hay cuerpos vulnerables, trayectorias frágiles y decisiones vitales de gran calado.

En este sentido, resulta especialmente potente el paralelismo visual que la directora establece en un momento clave: tras varias escenas en las que se mide, ajusta y “talla” a las modelos, el montaje introduce la imagen de un cirujano realizando un marcaje quirúrgico. El eco es evidente: el cuerpo como objeto de intervención, como superficie que se adapta o perfecciona pero que tiene sus defectos. No hay discurso explícito, pero la asociación es lo suficientemente elocuente como para incomodar.

Es inevitable no establecer paralelismos con lo que le ha pasado a Jolie en la vida real, de hecho la película parece hecha para ella en lo que parece una especie de catarsis. Ha incorporado una dimensión metacinematográfica a su interpretación, marcada por sus propias decisiones médicas preventivas (doble mastectomía y extirpación de ovarios). Esa misma sensibilidad (contenida, respetuosa, sin sensacionalismo) se percibe en el tratamiento del cáncer en la protagonista: una amenaza íntima que condiciona su mirada monopolizando el relato únicamente al final.

Un engranaje coral que encuentra sentido en el cruce

Estructuralmente, ‘Alta costura’ se inscribe en la tradición de historias de vidas cruzadas, pero evita el artificio mediante una progresión orgánica. No hay casualidades forzadas ni giros efectistas: los encuentros entre personajes se producen como consecuencia lógica de compartir espacio, tiempo y objetivos dentro de un sistema altamente interconectado.

La dirección apuesta por una puesta en escena que a veces roza lo observacional e incluso lo documental. De hecho, los talleres, pasarelas y backstages no son decorados estilizados, sino espacios de trabajo donde el error, la prisa y la presión son tangibles. De ese modo se alza como un drama coral bastante preciso que desentraña las costuras invisibles de un mundo tan fascinante como implacable. Bajo su superficie brillante, late un conjunto de historias sobre fragilidad, ambición y supervivencia.

Ficha de ‘Alta costura’

Estreno en España: 8 de mayo de 2026. Título original: Couture. Duración: 106 min. País: Francia. Dirección: Alice Winocour. Guion: Alice Winocour. Música: Anna von Hausswolff, Filip Leyman. Fotografía: Andre Chemetoff. Reparto principal: Angelina Jolie, Louis Garrel, Ella Rumpf, Anyier Anei, Garance Marillier, Vincent Lindon, Guillaume Marbeck, Finnegan Oldfield. Producción: CG Cinémna, Closer Media, France 3 Cinéma, Canal+, Ciné+OCS, France Télévisions, Pathé Films, Logical Content Ventures. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Los mejores años de nuestra vida’

En qué plataforma ver Los mejores años de nuestra vida

El mito de una amistad que ha traspasado décadas y fronteras

No voy a ser yo uno de tantos críticos de los Hombres G que les heche por tierra su siempre auto-atribuída rebeldía o irreverencia. Yo los escuché de niño y cuando fui desarrollando mi gusto me pasó como con La Fuga o Maná, que me harté de la repetitividad de sus leitmotivs. Pero hay una cosa, varias de hecho, que no se pueden negar al margen del gusto de cada uno. Y son el éxito, las ventas, las legiones de fans, la perdurabilidad en el tiempo… ‘Los mejores años de nuestra vida’ es un documental para aquellos amigos, fieles al grupo, que aún están ahí y que mantienen vivo el mito de esta banda.

Dirigida por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, se articula como un ejercicio de memoria profundamente emocional y estratégicamente construido. Lejos de limitarse a la cronología habitual del ascenso, caída y legado de una banda, el documental opta por una lectura mucho más íntima: la de un grupo de amigos que, casi sin pretenderlo, terminaron definiendo una era del pop español. Esa elección no es casual, ni inocente (de hecho, condiciona toda la estructura del relato).

Montaje ágil para subirse al carro de estos cuatro incansables

Desde el punto de vista formal, el trabajo de montaje y los recursos visuales que complementan el material de archivo resultan sobresalientes. En este sentido, la película se sitúa en una línea muy similar a ‘Raphaelismo’, anterior obra de los mismos directores, donde ya demostraban una notable capacidad para dinamizar material preexistente mediante soluciones gráficas y decisiones de ritmo muy contemporáneas. Aquí, ese lenguaje se afila aún más para reforzar la identidad “gamberra” que siempre han reivindicado los propios miembros de la banda.

El tono general está impregnado de humor, bromas internas y anécdotas que funcionan tanto como vehículo narrativo como herramienta de caracterización. No se trata solo de contar qué hicieron, sino de cómo eran (y siguen siendo). Esa constante sensación de camaradería convierte la película en algo más que un documental musical: es, en esencia, una historia de amistad sostenida en el tiempo. No es casual que el tema inédito que da título al filme esté concebido no como síntesis de una carrera, sino como declaración de principios de unos colegas que querían, en sus propias palabras, “provocar y divertir”, con referentes tan explícitos como Siniestro Total o Los Nikis.

Subjetividad y relato controlado

Ahora bien, conviene no perder de vista que ‘Los mejores años de nuestra vida’ es un documental profundamente subjetivo (y, en cierto modo, autoconsciente de ello). La narrativa está construida casi exclusivamente desde la perspectiva de los propios miembros de Hombres G y su entorno inmediato: músicos, técnicos, acompañantes de gira. Este enfoque aporta cercanía, sí, pero también limita el espectro crítico.

Se echa en falta la inclusión de voces disonantes. Durante años, la banda fue objeto de críticas que los tildaban de “pijos” o representantes de una juventud acomodada, los llamados niños bien. El documental opta por no confrontar directamente esas percepciones. Habría sido especialmente interesante incorporar testimonios de contemporáneos o “rivales” musicales que contextualizasen, por ejemplo, ciertas decisiones que el grupo interpretaba como provocadoras, como el caso de la censura en la canción ‘Mamón’. Ese contraste habría enriquecido el discurso, añadiendo capas de lectura más complejas.

Sin embargo, esta ausencia no invalida el impacto del documental. Los datos objetivos (ventas millonarias, múltiples números uno, giras multitudinarias, el salto a América) están ahí y son incontestables. La película no pretende desmontar el mito, sino consolidarlo desde dentro.

Archivo, intimidad y pequeñas revelaciones

Uno de los aspectos más sorprendentes del filme es la meticulosidad con la que los miembros del grupo han conservado su archivo personal. Grabaciones caseras, fotografías, documentos y manuscritos que permiten construir un relato extremadamente cercano, casi doméstico. Esta abundancia de material no solo facilita la tarea de los directores, sino que dota al documental de una textura íntima poco habitual en producciones de este tipo.

Es precisamente en esos detalles donde la película encuentra algunos de sus momentos más reveladores. Incluso para espectadores que han crecido escuchando sus canciones de forma tangencial, hay descubrimientos inesperados. Uno de los más llamativos es la implicación de Juan y Medio como manager en distintas etapas, acompañando al grupo en varias giras, un dato que ilustra bien el carácter casi improvisado (y a la vez sorprendentemente estructurado) de su trayectoria.

Quizás ‘Los mejores años de nuestra vida’ es un documental definitivo sobre Hombres G, sobre todo si pensamos en los fans. Celebra la complicidad, el paso del tiempo y la capacidad de la música para construir identidades colectivas. Puede que no responda a todas las preguntas, pero sí consigue algo más difícil: que el espectador entienda por qué estas cuatro personas siguen juntas después de tantos años.

Ficha de ‘Los mejores años de nuestra vida’

Estreno en España: 8 de mayo de 2026. Título original: Los mejores años de nuestra vida. Duración: 120 min. País: España. Dirección: Charlie Arnaiz, Alberto Ortega. Guion: Charlie Arnaiz, Alberto Ortega, Myriam Casín, Emilio González, Mercedes Cantero. Música: Hombres G. Fotografía: Juan Luis Cabellos, Willy Jauregui. Reparto principal: David Summers, Dani Mezquita Hardy, Rafa Gutiérrez Muñoz, Javier Molina. Producción: A Contracorriente Films, Comunidad de Madrid, Crea SGR, Dadá Films & Entertainment, La calabaza amarilla, Los chicos de la puerta de al lado, Movistar Plus+, RTVE, Warner Music Spain. Distribución: A Contracorriente Films, Movistar Plus+. Género: documental. Web oficial.