Crítica: ‘Yo siempre a veces’

Un retrato tan incómodo como honesto de una juventud entre la libertad y la deriva emocional

El estreno el 23 de abril en Movistar Plus+ de ‘Yo siempre a veces’, creada por Marta Loza y Marta Bassols, se sitúa dentro de esa corriente reciente del audiovisual español que busca capturar el pulso de una generación sin filtros ni paternalismos. En este sentido, no es casual que la serie se perciba como un nuevo hallazgo generacional impulsado directamente por la estela creativa de Los Javis, cuyo sello ha redefinido la forma de narrar la juventud contemporánea.

‘Yo siempre a veces’ funciona, ante todo, como un espejo. No idealiza ni demoniza, sino que pretende observar, o al menos así he percibido. La serie retrata a una juventud profundamente conectada con el mundo, cosmopolita, con referentes internacionales y una relación fluida con la cultura digital. Sin embargo, esa apertura convive con una cierta desorientación vital: los personajes se mueven en un terreno donde las responsabilidades tradicionales parecen diluidas, casi opcionales.

Uno de los aspectos más llamativos, y tratados con una naturalidad que puede incomodar a ciertos sectores, es la normalización del consumo de drogas. Lejos de moralismos, la serie lo integra como parte del ecosistema social de sus protagonistas, evidenciando hasta qué punto estos comportamientos forman parte de su día a día. No hay épica ni tragedia exagerada, solo rutina.

Este retrato se completa con una visión renovada y a menudo fragmentada de la familia. Las estructuras clásicas se diluyen en favor de modelos más líquidos, donde los vínculos afectivos se redefinen constantemente. La serie no juzga este cambio, pero sí deja entrever sus consecuencias emocionales: una sensación persistente de inestabilidad.

Personajes que incomodan porque resultan reconocibles

El mayor acierto de ‘Yo siempre a veces’ reside en su guion, que construye personajes complejos, contradictorios y profundamente humanos. La protagonista, interpretada por la debutante Ana Boga, es un ejemplo paradigmático de esta ambivalencia.

Su personaje vive atrapado entre dos mundos: el de una juventud prolongada (encarnada en una madre que se resiste a abandonar la fiesta y la despreocupación) y el de una adultez que exige responsabilidades que no está preparada para asumir. Este conflicto no se presenta de forma explícita, sino que se filtra en sus decisiones erráticas, en su incapacidad para aceptar trabajos o ayudas que le permitirían estabilizarse.

Hay algo casi desesperante en verla avanzar “como pollo sin cabeza”, consciente de sus problemas económicos pero incapaz de actuar en consecuencia. Y, sin embargo, esa frustración es precisamente lo que la hace creíble. No estamos ante una heroína ni ante un ejemplo moral, sino ante un reflejo incómodo de una generación que, en muchos casos, ha crecido con más opciones que certezas.

En este sentido, la interpretación de Ana Boga resulta especialmente destacable. Esta es su primera gran incursión en un proyecto de alcance popular, lo que añade una capa adicional de autenticidad a su interpretación: hay en su mirada una mezcla de fragilidad y atrevimiento que difícilmente podría impostarse.

Una serie sobre el error, el perdón y la reconstrucción

Más allá de su retrato generacional, ‘Yo siempre a veces’ articula un discurso más profundo sobre la gestión del error. Todos sus personajes, sin excepción, están definidos por sus fallos: decisiones equivocadas, relaciones mal gestionadas, oportunidades desperdiciadas…

Lo interesante es que la serie no busca redimirlos de forma convencional. En lugar de grandes giros dramáticos, opta por una aproximación más íntima, donde el perdón, tanto propio como ajeno, se construye de manera lenta y, a menudo, incompleta. Se nota un esfuerzo por entender y mostrar que crecer no implica necesariamente resolver todos los conflictos, sino aprender a convivir con ellos.

También resulta destacable cómo la serie plantea nuevas formas de entendimiento mutuo. Frente a modelos rígidos del pasado, los personajes exploran maneras más flexibles de relacionarse, donde la comunicación, aunque imperfecta, se convierte en una herramienta esencial. Con esto, aunque es una serie exasperante en la construcción de su protagonista, logra capturar algo difícil de definir pero fácil de reconocer: la incertidumbre de una generación que, pese a tenerlo todo al alcance, sigue buscando su lugar en el mundo.

Crítica: ‘La Momia de Lee Cronin’

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Una fiesta no apta para todos los estómagos

Con el sello de Jason Blum y James Wan, llega a nuestras pantallas ‘La Momia de Lee Cronin’. Una salvaje y divertida historia de terror que no pierde la tensión en ningún momento.

¿Qué vamos a ver en esta momia?

Katie, desaparece de su casa sin dejar rastro, unos ocho años más tarde, la familia recibe una gran noticia y es que ha aparecido con vida. Lo que no saben es que su situación es un tanto especial. Mientras se van adecuando a su nueva vida, en su casa comienzan a pasar cosas extrañas y siniestras.

Me ha gustado mucho, tiene bastante gore, creo que me esperaba mucho más, pero aun así, no es apta para todos los estómagos. Tiene muchos momentos de tensión y muy bien llevaba. Y por supuesto momentos divertidos, ese humor tan ácido que tanto necesitas cuando hay tanto nerviosismo en el ambiente.

Por ponerle un poquito de pega, si que puede ser el tema del final, que quizás sea demasiado sencillo para todo lo que llevamos viendo durante la película. Aun así, compro la película y su historia y volvería a repetir en el cine. Además otro de sus puntos fuertes, es la investigación, tenemos un poco de cine detectivesco para averiguar que fue lo que le ocurrió a Katie durante esos ocho años e igual, está muy bien llevado y hace que la película sea un poco diferente.

Director y reparto

Lee Cronin escribe y dirige esta cinta, ya nos sorprendió con ‘Evil Dead Rise’, donde el gore también estaba bastante presente. Y sin duda, aquí, aparte de este detalle tenemos una película muy bien dirigida. Donde los primeros planos de esta niña dan bastante mal rollo.

Ha reunido a un elenco de actores muy curioso, Jack Reynor y Laia Costa, con los encargados de dar vida a estos padres que después de llevarse el gran disgusto de sus vidas, tienen que lidiar con una situación muy complicada al ver regresar a su hija en unas nefastas condiciones. Pero sin duda los que mejor están son los chavales.

Natalie Grace tiene una actuación espectacular, si que es cierto, que el maquillaje hace bastante. Los movimientos que nos muestra la actriz son espectaculares y muy trabajados, esto es gracias a Marina Mazepa, coreógrafa de la película.

Shylo Molina y Billie Roy son los encargados de dar vida a los otros dos hijos de esta familia. Ambos actores están fantásticos, pero destaco la actuación de Billie Roy que me parece muy divertida y macabra, y esta niña lo hace de maravilla.

Otro de los puntos fuertes de la cinta es sin duda el maquillaje. Es brutal todo el tema de esa piel con aspecto quemado y momificado. Esa piel que se desprende tan fácil del cuerpo, dándonos escenas bastante desagradables.

‘La momia de Lee Cronin’ es una fiesta gore que como he comentado, se quede un poco floja al final. Aun así, es una cinta que no aburre y que os va a mantener pegados a la butaca desde el minuto uno. Así que ya sabéis, id al cine y disfrutarla.

Ficha de ‘La Momia de Lee Cronin’

Estreno en España: 17 de abril de 2026. Título original: Lee Cronin’s The Mummy. Duración: 133 min. País: Estados Unidos. Dirección: Lee Cronin. Guion: Lee Cronin. Música: Stephen McKeon. Fotografía: Dave Garbett. Reparto principal: Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Gracie, Verónica Falcón, Shylo Molina, Billie Roy. Producción: Atomic Monster, Blumhouse Productions, Doppelgängers, New Line Cinema, Wild Atlantic Pictures. Distribución: Warner Bros. Género: Terror. Web oficial.

Crítica de la segunda temporada de ‘Bronca’

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Chantajes, traiciones y mucha bronca

Tenemos una nueva temporada de ‘Bronca’ gracias a Netflix. La producción de A24 llega a nuestras pantallas con un nuevo reparto y un nuevo conflicto que hace que las cosas se les vayan de las manos a nuestros personajes.

Conflictos, chantajes y muchos personajes

En esta temporada conocemos a Austin y Ashley, dos jóvenes prometidos que trabajan en una gran mansión. Una noche tenían que llevar algo a uno de sus jefes y graban una gran discusión entre éste y su mujer. Con ello comenzarán los chantajes y un gran conflicto que les llevará a diferentes situaciones de las que les costará salir.

Esta temporada me ha parecido bastante buena, pero no mejor que su primera temporada. Y es que llega un momento que detrás de este conflicto inicial aparecen demasiadas situaciones increíbles. Todo el mundo es demasiado ruin, hay poca gente buena y satura un poco.

Pero aún así, esta segunda temporada es muy entretenida, está muy bien escrita y dirigida. Hay escenas muy bien dirigidas, como podemos ver en una de las escenas del episodio final, llena de acción y que tiene unos planos increíbles. Además la serie tiene bastante crítica y también un humor bastante turbio. ‘Bronca’ es una serie bastante incómoda y que logra crear una sensación desagradable con todo lo que vamos viviendo con los personajes.

¿A quién vemos en esta segunda temorada de ‘Bronca’?

Oscar Isaac, Carey Mulligan, Charles Melton y Cailee Spaeny, son los protagonistas de esta serie. Todos ellos ruines, intentando conseguir cada uno su propio beneficio pisando al contrario. Personajes despreciables, que según avanza la serie vemos como unos van redimiéndose, mientras otros cambian a peor.

Pero no solo son ellos las caras conocidas, la segunda temporada de ‘Bronca’, tiene un reparto espectacular. Entre ellos encontramos a William Fichtner (‘Talamasca: The Secret Order’), Seoyeon Jang (‘Snowdrop’), Song Kang-ho (‘Parásitos’) o Youn Yuh-Jung (‘Minari’) entre muchos otros.

Me parece formidable como Lee Sung Jin, creador y guionista de la serie, cuida cada una de las distintas personalidades de todos y cada uno de los personajes. Son tan diferentes y están tan bien estudiados para mostrarnos las distintas evoluciones. Además, el como refleja lo peor del ser humano, en todas sus facetas. Deja ver un estudio bastante complejo acerca de la psicología humana.

Colores y planos

Sin duda la serie está cuidada al mínimo detalle, no solo la dirección o el guion. Todo en su conjunto es importante, tenemos un vestuario increíble. Donde vemos como cada personaje está representado bien por un vestuario bastante marcado. Todo esto es gracias a Olga Mill (Hereditary’ o ‘Sangre en los labios’), que consigue darle personalidad a todos.

Me gustaría quería resaltar el trabajo de James Laxton. Con una fotografía muy luminosa, llena de colores pasteles en los lugares lujosos. Mientras que en la vida real, en esa vida sin lujos donde viven los personajes es algo más oscura y deprimente, en donde ves sus verdaderas vidas, con las que no están nada satisfechos.

Junto la fotografía, esto también se refleja en la decoración, Kelly Jo Tinney, hace un gran trabajo en este sentido. Al igual, mostrando ostentosidad, con materiales aparentemente caros y llenos de detalles en las zonas donde los millonarios se juntan. Mientras que en las zonas de las personas trabajadoras, sus casas son humildes sin apenas decoración.

Desenlace y conclusiones

Esta segunda temporada de ‘Bronca’ también es una gran crítica a los diferentes estatus sociales. Donde los más ricos tienen siempre el poder y consiguen siempre lo que quieren en cuanto sacan dinero. Mientas que la gente pobre tiene que luchar para poder lograr cualquier avance. Además que también se nos muestra que no siempre se es feliz con dinero, ya que termina corrompiendo a las personas.

Como digo, una segunda temporada diferente, en mi caso me ha parecido algo peor, pero por el simple hecho de que se enreda demasiado con muchos personajes. Pero lo dicho, no significa que sea mala serie, ya que la historia y las situaciones que nos vamos encontrando están muy bien. Y el final de la serie, además de que está muy bien rodado, está bien resuelto.

Crítica: ‘Machos Alfa’ T5

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El regreso con el final más agrio

El próximo 17 de abril marca el estreno de la quinta temporada de ‘Machos Alfa’, una serie de Netflix que, lejos de acomodarse en su fórmula de éxito, decide tensarla hasta un punto incómodo. Lo que en sus primeras entregas funcionaba como sátira atrevida sobre la masculinidad contemporánea, aquí se convierte en una disección más amarga de cuatro hombres que ya no creen ni en sí mismos ni en el discurso que intentaron adoptar, es decir, están más perdidos que al principio, si es que en algún momento han llegado a encontrarse.

Los protagonistas (Gorka Otxoa, Fele Martínez, Fernando Gil y Raúl Tejón) regresan “de vuelta de todo”. No solo están desengañados con la deconstrucción masculina, sino que han empezado a desconfiar profundamente de las mujeres y, sobre todo, de su propia capacidad para entenderlas. Este conflicto interno (ese constante tira y afloja entre su yo machirulo y su yo supuestamente evolucionado) se convierte en el principal motor narrativo de la temporada.

Hay un cambio de tono evidente: la comedia sigue presente, pero ahora está impregnada de una sensación de desgaste emocional. Ya no se trata solo de reírse de los errores de estos personajes, sino de observar cómo se hunden en ellos. Es una evolución lógica, pero también arriesgada, que demuestra que la serie no teme incomodar a su audiencia.

Convivencia, cameos y una comedia cada vez más coral

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es llevar al límite la convivencia entre los protagonistas. Lo que empezó como una solución práctica se transforma en un experimento social fallido: viven juntos, pero no se soportan. Cada uno ve en el otro aquello que detesta de sí mismo, generando una dinámica casi claustrofóbica que, paradójicamente, potencia los momentos cómicos.

Esta convivencia forzada permite a los creadores, Alberto y Laura Caballero, explorar nuevas situaciones sin perder el ritmo ágil característico de su estilo. La influencia de sus trabajos anteriores se hace notar, especialmente en la introducción de nuevos personajes y cameos. Actores como Juan Díaz, María Adánez, Diego Martín, Adrià Collado o Víctor Clavijo aparecen en roles que funcionan tanto como guiños para el espectador habitual como catalizadores de nuevas tramas.

Este tipo de casting no es casual: los Caballero han construido una especie de “universo compartido” de la comedia española televisiva. De hecho, se supone que varios de estos cameos fueron concebidos desde el guion como homenajes conscientes a ‘Aquí no hay quien viva’, reforzando esa sensación de continuidad creativa.

En paralelo, la serie no abandona su vocación de retrato social. La temporada introduce temas actuales con una mezcla de ironía y crítica directa: desde el feminismo de postureo hasta las fracturas internas dentro del propio movimiento, pasando por fenómenos virales como las técnicas para ligar en supermercados (sí, el famoso “método Mercadona” encuentra aquí su parodia definitiva) e incluso un suceso real que convierte a esta temporada en quizás la más crítica y ácida de todas.

Sin embargo, lo más interesante es cómo estos elementos no se sienten forzados. Se integran orgánicamente en las tramas, funcionando como espejo deformado de una realidad que el espectador reconoce fácilmente. Y estaría pecando de no tomar ejemplo con la historia de estos personajes si omitiese las líneas argumentales de los personajes de Kira Miró, Raquel Guerrero, María Hervás, Kira Miró y Cayetana Cabezas. Siendo la de Hervás la más delicada de tratar y la de Guerrero la más divertida.

Entre la risa y el golpe final: una temporada que deja cicatriz

Si algo distingue a esta quinta temporada de ‘Machos Alfa’ es su capacidad para equilibrar el humor con un trasfondo dramático cada vez más evidente. La serie sigue siendo divertida, incluso hilarante en muchos momentos, pero hay una sombra constante que anticipa que algo no va a acabar bien.

Sin entrar en spoilers concretos, el tramo final de la temporada abandona parcialmente el tono de comedia para sumergirse en un drama inesperadamente contundente para un par de personajes. Las decisiones tienen consecuencias reales, y no todos salen indemnes. Este giro puede resultar chocante para quienes esperaban una resolución más ligera. Sin ser algo definitivo, la serie parece que nos reserva más temporadas, pero si puede marcar mucho cierto drama en su sexta entrega.

En este sentido, ‘Machos Alfa’ temporada 5 no es solo una comedia: es un retrato generacional disfrazado de sitcom. Una obra que utiliza el humor como vehículo para hablar de identidad, inseguridad y contradicción. Por supuesto también como disparador de discusiones y debates entre parejas y amigos. Puede que no todos los espectadores conecten con su tono más paródico, pero quienes lo hagan encontrarán una de las propuestas más interesantes de la comedia española reciente.

Acudimos a la presentación de ‘Una conversación pendiente’ en Madrid

El peso de lo nunca dicho como motor dramático

Esta mañana ha tenido lugar la presentación en Madrid del cortometraje ‘Una conversación pendiente’. Se celebró con una notable asistencia de rostros conocidos que desfilaron por el photocall, consolidando el interés que ha despertado el proyecto.

Acudieron al acto la directora Cecilia Gessa y sus dos actores protagonistas: Salva Reina y Carlos Bardem. Pero por el photocall previo a la proyección pasaron artistas como Mónica Bardem, Javier Botet, Víctor Clavijo, Carolina Bona, Nerea Barros, Christian Checa, Denise Peña, Mauricio Morales, David Pareja, David M. Santana, Arlette Torres, Mario Mayo, Sara Escudero Tati Ballesteros, Sara Jiménez o Aldhara que es la cantante del cortometraje. Podéis ver a estos y otros asistentes en la galería que ubicamos al pie de esta noticia.

La proyección: una propuesta muy íntima y desafiante dirigida por Cecilia Gessa

Tras el paso por el photocall, tuvo lugar la proyección de ‘Una conversación pendiente’, el nuevo trabajo de Cecilia Gessa, quien planteó una obra de corte íntimo centrada en el poder de la palabra y los sentimientos reprimidos.

El cortometraje, protagonizado por Carlos Bardem y Salva Reina, presenta interpretaciones sostenidas por el peso emocional que ambos actores han sabido transmitir. No solo ha sido buena decisión contar con estos dos actores, sino que es muy interesante que dos hombres interpreten esta obra en la que los tópicos y la educación de hermetismo volcada en la niñez están en tela de juicio.

Una historia sobre lo no dicho

Rodado en localizaciones de Cuenca, el cortometraje construyó su atmósfera a partir de espacios cerrados. La ciudad de las casas colgantes es el escenario para tocar esos temas que a muchos les quedan pendientes hasta bien entrada su adultez. El relato no puede recibir otro calificativo que el de íntimo y quizá por ello la pantalla recorta el espacio presentándose en 4:3.

La historia aborda temas como la amistad, la verdad en la vida y el deseo contenido, proponiendo una reflexión sobre cómo las palabras que no se pronuncian pueden condicionar profundamente las relaciones personales y el devenir de nuestras relaciones. Y hace todo esto en poco más de 10 minutos, poca broma.

Web oficial del corto.

Crítica: ‘Prime Crime: A True Story’

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Van Sant recupera el eco incómodo de una Norteamérica que nunca se fue

Hablar de Gus Van Sant es hablar de un cineasta que siempre ha transitado entre lo experimental y lo profundamente humano. En ‘Prime Crime: A True Story’, el director vuelve a esa línea difusa entre realidad y recreación que ya exploró en títulos como ‘Elephant’ o ‘Last Days’, pero aquí lo hace con una intención casi arqueológica: reconstruir un fragmento de la historia criminal estadounidense desde la textura visual y emocional de otra época.

Desde varios de sus compases, la película se posiciona como un falso documento que bebe del lenguaje televisivo de los años 70. La fotografía granulada, el uso de zooms abruptos y los encuadres imperfectos no son un capricho estético, sino una declaración de intenciones. Van Sant no quiere que el espectador vea la película; quiere que la experimente como si estuviera viendo una retransmisión olvidada en un archivo.

Este enfoque se refuerza con decisiones técnicas que el uso de lentes vintage y cámaras adaptadas para replicar las limitaciones tecnológicas de la época. Incluso algunas escenas fueron rodadas con iluminación mínima para mantener esa sensación de crudeza casi accidental. El resultado es una obra que parece encontrada más que filmada, todo un acierto en ese sentido. Nunca sabremos cómo habría salido esta película con Werner Herzog dirigiendo y Nicolas Cage protagonizando pues así se proyectó en principio.

Un relato potente que se diluye en su tramo central

Sin embargo, no todo en ‘Prime Crime: A True Story’ funciona con la misma eficacia. Si bien su arranque es magnético y su cierre tiene un peso social notable, el tramo central acusa una cierta fatiga narrativa. La acción, si es que puede definirse así, se vuelve completamente estática, apoyándose casi exclusivamente en diálogos tensos y silencios prolongados.

Aquí es donde la propuesta de Van Sant puede dividir al público. Los tira y afloja psicológicos, que en un principio resultan absorbentes, terminan por saturar. Hay una reiteración de dinámicas que no siempre aportan nuevas capas al conflicto, lo que provoca que el ritmo se resienta. No estamos ante un thriller al uso ni ante una película de acción, es más bien un estudio de comportamiento, y como tal exige paciencia.

Este tipo de narrativa recuerda, en cierto modo, al minimalismo extremo de ‘Gerry’, donde el tiempo y el espacio se dilatan hasta incomodar. Pero mientras en aquella propuesta la experiencia era casi hipnótica, aquí se percibe un ligero estancamiento que puede desconectar al espectador menos predispuesto. También hay que reconocer que el magnetismo de dos actores como Bill Skarsgård y Colman Domingo juegan a favor de este nuevo estreno.

Un retrato cultural inquietantemente vigente

Donde la película recupera toda su fuerza es en su lectura cultural. ‘Prime Crime: A True Story’ no es solo la recreación de un crimen real en busca de enganchar a los fans del true crime. Es un retrato de una Norteamérica que construyó sus héroes a base de violencia, coraje individual y una fe casi ciega en la justicia por mano propia.

Los créditos finales, que incorporan imágenes de archivo, funcionan como un golpe de realidad. De pronto, lo que parecía una estilización se revela como un reflejo directo de una época. Van Sant inserta fragmentos que evocan el imaginario del western clásico, con referencias implícitas a figuras como John Wayne, símbolo de ese héroe solitario que resolvía conflictos a punta de pistola.

No es casualidad. La película sugiere, sin subrayarlo de forma explícita, que esa mitología sigue latente. Que existe una pulsión social que añora a esos “héroes de a pie”, cansados del sistema y dispuestos a actuar al margen de él. En este sentido, aunque no establece un paralelismo directo con la actualidad, el subtexto resulta inquietantemente contemporáneo.

Y es aquí donde inevitablemente surge la comparación con ‘Tierra prometida’ o ‘No te preocupes, no llegarás lejos a pie’, obras que abordaban de forma más clara y comprometida las tensiones sociales modernas. Frente a ellas, ‘Prime Crime: A True Story’ parece menos intencional y más conmemorativa a efectos de mostrar un país que no deja de estar enfermo.

Ficha de ‘Prime Crime: A True Story’

Estreno en España: 17 de abril de 2026. Título original: Dead Man’s Wire. Duración: 104 min. País: EE.UU. Dirección: Gus Van Sant. Guion: Austin Kolodney. Música: Danny Elfman. Fotografía: Arnaud Potier. Reparto principal: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Al Pacino, Colman Domingo, Cary Elwes, Myha’la Herrold. Producción: Elevated Films, Pressman Film, Pinstripes, Co Created Media, Wrong Turn Productions, Artemis, Yo Productios, Velodrome, Edith Productions, Punch Once, Va Bene Productions. Distribución: Vértigo Films. Género: biográfico, drama, suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Lucky Luke’

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Un western crepuscular que olvida disparar a la comedia

La nueva adaptación de ‘Lucky Luke’ intenta (voluntariamente o no) distanciarse del imaginario clásico del personaje nacido del cómic franco-belga. Lo hace apostando por un tono más realista, incluso áspero, en el que el polvo, el sudor y la suciedad sustituyen al colorido limpio de las viñetas originales. Sin embargo, en ese giro hay también una casi renuncia arriesgada: la esencia humorística que definía al pistolero más rápido que su sombra.

Históricamente, el personaje ha tenido múltiples encarnaciones en acción real, desde el carisma y vínculo tradicional de Terence Hill con el western hasta la reinterpretación más irónica de Jean Dujardin, pasando por el enfoque más juvenil de Til Schweiger. Incluso existen versiones menos conocidas (y bastante discutibles) en producciones turcas no oficiales. Esta nueva iteración, sin embargo, opta por una aproximación que busca profundidad emocional… pero pierde por el camino la identidad del personaje.

El protagonista, interpretado por Alban Lenoir no termina de encajar en el estilismo y chulería del personajee. Su Lucky Luke es introspectivo, taciturno y, en ocasiones, excesivamente melancólico. Es una elección que podría haber funcionado en otro contexto, pero aquí entra en conflicto con el ADN del personaje. La ausencia de elementos icónicos (como el juego con su sombra, los diálogos hacia su caballo o la presencia de Rantanplan= acentúa esa desconexión. Incluso se ha eliminado el famoso cigarrillo que pende siempre de su boca, pero de ello prescindió incluso Hanna-Barbera en su versión animada.

Un western más cercano a ‘Valor de ley’ que al cómic original

Dirigida por Benjamin Rocher, conocido por su trabajo en thrillers de acción como ‘Escuadrón de élite 2’, la serie apuesta por un tono sorprendentemente sombrío. Resulta paradójico que un director habituado al ritmo y la intensidad firme aquí una obra que, en muchos momentos, carece de dinamismo. Las escenas se dilatan, los silencios pesan más de lo necesario y la narrativa avanza con cierta pesadez.

Hay momentos que rozan lo crepuscular, casi en la línea de ‘Valor de ley’, con muertes tratadas con una solemnidad que desentona con el material de origen. Esta gravedad, sumada a un tono por momentos depresivo, termina generando una sensación de extrañamiento. No estamos ante una reinterpretación adulta al estilo de un western revisionista, sino ante una obra que parece no decidir qué quiere ser.

Aun así, hay destellos de lo que podría haber sido. La subtrama de la amnesia de uno de los Dalton y su delirio de paternidad aporta un humor absurdo que conecta brevemente con el espíritu original. También resulta interesante el coqueteo con figuras históricas como Calamity Jane o Abraham Lincoln, en una tradición heredada de los cómics belgas, similar a lo que hacía Astérix con la historia clásica. Pero estos elementos son anecdóticos, insuficientes para sostener el conjunto.

Rodaje en Almería: la gran noticia

Si hay algo que realmente destaca en esta producción es su apartado visual y su apuesta por localizaciones españolas. El rodaje en Almería, especialmente en el desierto de Tabernas, devuelve al western europeo a uno de sus escenarios más emblemáticos. A esto se suman localizaciones en Castilla y León y Castilla-La Mancha, configurando un paisaje que, al menos visualmente, sí respira autenticidad.

La implicación de productores españoles como Juan Solá o Mark Albela (vinculados a títulos como ‘La piel fría’, ‘El reino de los cielos’ o ‘Godzilla vs Kong’) refuerza esa sensación de ambición internacional. En términos de producción, la serie cumple con solvencia, pero no logra que su envoltorio eleve un contenido narrativo irregular.

El problema de fondo es claro: ‘Lucky Luke’ no era solo un western, era una comedia disfrazada de western. Aquí, en cambio, el disfraz se ha quedado sin alma. Hay momentos en los que los personajes rozan el tono tontorrón, pero son excepciones en un conjunto que se toma demasiado en serio.

Para quienes crecieron con el personaje, la experiencia puede resultar decepcionante. No hay gags memorables, no hay chispa, no hay esa clase que hacía del personaje algo único. Y aunque es positivo ver el regreso del western europeo a escenarios como Almería, uno no puede evitar pensar que esta adaptación de Disney ha apuntado al corazón equivocado.

Crítica: ‘Embestida’

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Sencilla historia de tiburones acechando la ciudad

Ya tenemos en nuestras casas ‘Embestida’, gracias a Netflix. La nueva película de Tommy Wirkola, director de ‘Dead Snow’, ‘Noche de paz’, ‘Spermageddon‘ o ‘El viaje’. Unas mejores que otras, pero siempre con algo distinto y original.

Cuando los tiburones se adentran en la ciudad

Una ciudad es arrasada por un terrible huracán que hace todo el mundo termine huyendo y los que se quedan tienen que sobrevivir. Pero no solo al desastre que tienen delante, sino que un grupo de escualos llega para sembrar el terror.

Los tiburones todo son de los animales más peligrosos del mundo y en esta película podemos ver como trabajan juntos para alimentarse.

No me ha disgustado, pero creo que tendría que haber tenido algo más de gracia. No quería ver un Sharknado, porque para eso está ya esa franquicia. Pero si que me esperaba una película algo más loca. Pero eso no significaba que no sea buen entretenimiento.

Reparto y equipo técnico

Aunque el reparto no es muy conocido, tenemos caras que pueden sonarnos y que además son jóvenes promesas. Tenemos a Phoebe Dynevor, Djimon Hounsou, Costa D’Angelo, Matt Nable, Whitney Peak, Alyla Browne, Stacy Clausen o Alijah Ungvary, entre otros.

Todos ellos bastante decentes en sus actuaciones, pese lo dicho, que el guion en si, es bastante flojito. El CGI está bien. Sin ninguna maravilla, pero si que se nota el buen trabajo y que al final logra que realmente veamos que los tiburones están ahí realmente.

¿De dónde sale esta idea?

El guion parte de la idea del propio Wirkola. El director le ha dado vueltas durante tiempo al tema del cambio climático. En declaraciones ha comentado que el con el calentamiento global y las inundaciones repentinas, este suceso de que de repente, entre la marea llena de tiburones a una isla costera, sea tan inverosímil. Y además comentó que este thriller de tiburones, también es fruto de su obsesión con estos animales desde que vio ‘Tiburón’.

Adam McKay, productor de la película, comentó que según estudios de biólogos marinos, los tiburones están alterando las rutas por culpa del cambio climático. Pese a esto, ‘Embestida’ es una cinta de puro entretenimiento donde el final sin duda es lo mejor. Se pone algo más interesante y divertida. Así que no perdáis la oportunidad de echarle un vistazo, una película para echar una tarde tranquilamente durante el fin de semana.

Ficha de la película

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: Thrash. Duración: 80 min. País: Estados Unidos. Dirección: Tommy Wirkola. Guion: Tommy Wirkola. Música: Daniel Futcher. Fotografía: Matthew Weston. Reparto principal: Phoebe Dynevor, Whitney Peak, Djimon Hounsou, Gemma Dart, Stacy Clausen, Amy Mathews, Conta D’Angelo, Elijah Ungvary, Alyla Browne, Akosia Sabet. Producción: Hyperobject Industries, Sony Pictures Releasig, Soundfirm. Distribución: Netflix. Género: Acción. Web oficial.

Crítica: ‘Errores épicos’

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Comedia neurótica, caos moral y decisiones al límite

Dan Levy junto y Taylor Ortega traen a través de Netflix la serie ‘Errores épicos’, una serie que se construye desde una premisa aparentemente sencilla: dos personajes profundamente desubicados en sus propias vidas se ven arrastrados a una espiral de decisiones absurdas con consecuencias cada vez más graves y criminales. Él, un pastor ejemplar incapaz de confesar su homosexualidad a su comunidad y ella, una actriz fracasada que regresa de Nueva York cargada de frustración y cinismo, forman un dúo tan improbable como explosivo.

Ambos son hermanos pero no biológicos, lo cual forma entre ellos una conexión tan frágil y volátil como obligatoria. Levy encarna a un protagonista que recuerda poderosamente al Leonard interpretado por Johnny Galecki en ‘The Big Bang Theory’: nervioso, dubitativo, atrapado en su propia inseguridad. Sin embargo, aquí ese arquetipo se desplaza hacia terrenos más incómodos, donde la represión personal no es solo un rasgo cómico, sino el motor de decisiones erráticas. Ortega, por su parte, construye un personaje abrasivo, casi hostil, un auténtico vórtice emocional que sorprende tanto por su agresividad como por el dato de haber mantenido una relación de 17 años con su pareja, lo que añade una capa de absurdo existencial a su carácter.

La química entre ambos no es la clásica de comedia ligera, es más bien un constante forcejeo. Se necesitan, pero también se empujan mutuamente hacia el desastre. En ese sentido, ‘Errores épicos’ encuentra su voz en el conflicto permanente, en la incomodidad sostenida, en el espectador que ríe pero también sufre con cada decisión equivocada.

Tradición de enredos criminales con sello propio

Narrativamente, la serie (que se estrena este 9 de abril en Netflix) se inscribe en una tradición bien conocida: la de individuos corrientes atrapados en tramas criminales que les superan. Transita un viaje similar al de ‘Una terapia peligrosa’ o ‘Falsas apariencias’, donde el humor surge del contraste entre la banalidad de los protagonistas y la gravedad de las situaciones en las que se ven envueltos. Incluso podría rastrearse una conexión conceptual con relatos como ‘La empresa de sillas’ o ‘Bronca’, donde lo cotidiano se descompone en una cadena de decisiones desafortunadas y momentos de locura y desconcierto.

Aquí, el detonante no es tanto el crimen en sí como la incapacidad de los personajes para gestionar el estrés. Cada error genera otro mayor, en una progresión casi matemática del desastre. La escritura destaca precisamente por eso: por su precisión en el caos. Los diálogos están cargados de timing cómico, pero también de una tensión creciente que convierte cada escena en una bomba a punto de estallar.

Esta podría ser una serie improvisada por cómo se va de madre y por cómo los personajes elevan aún más las réplicas de sus compañeros. Esto se traduce en momentos que se sienten naturales, casi incómodamente reales, como si el guion se estuviera desmoronando ante nuestros ojos… cuando en realidad parece calculado hacia el surrealismo.

Una comedia no apta para nervios sensibles

De algo que conviene mucho avisar con ‘Errores épicos’ es de su capacidad para generar ansiedad en el espectador. No es una serie relajante, de hecho, podría decirse que es abiertamente hostil para quienes sufren de “empatía hiperactiva”: ver a los personajes tomar decisiones claramente equivocadas, una tras otra, puede resultar estresante.

En este sentido, la figura materna interpretada por Laurie Metcalf actúa como catalizador del caos. Su personaje, histérico y controlador, evoca inevitablemente a la Madre Amantísima de ‘Futurama’, tanto por su ambición desmedida como por su capacidad para manipular emocionalmente a sus propios hijos. No es el problema central, pero sí el combustible que mantiene la maquinaria del desastre en funcionamiento.

La temporada ofrece una resolución satisfactoria sin renunciar a dejar cabos sueltos que apuntan claramente a una continuación. Así es que tampoco es apta para aquellos incapaces de convivir con finales abiertos y con cancelaciones de Netflix. Los hilos argumentales que se insinúan en los últimos episodios sugieren una segunda temporada aún más desbordada, donde las consecuencias de los errores acumulados podrían alcanzar dimensiones mayores.

Crítica: ‘Atrapando a un Monstruo’

En qué plataforma ver Atrapando a un Monstruo


Bonito cuento lleno de acción y estéticamente precioso

Hay películas que no te esperas y sin duda, ‘Atrapando a un monstruo’ es una de ellas. Un cuento muy tierno y lleno de tiroteos. Con la estética mágica de ‘Amelie’ y su rareza tanto en el ambiente como en sus pintorescos protagonistas y con la tierna y extraña amistad de ‘León. El profesional’. No puedo describirla mejor y es que es como una simbiosis rara que sin duda te atrapa desde el minuto uno.

Que nos cuenta este cuento

Conocemos a Aurora, cansada de que el monstruo de debajo de su cama haga que se quede sin familia decide contratar a su vecino, un asesino a sueldo, para que cace a la criatura. Aurora descubrirá que hay varios tipos de monstruos en la vida.

Pero sin duda hay mucho más aquí y es que todo esconde un poquito de reflexión y es que muchas veces los pensamientos que tenemos se pueden hacer realidad. Además, que deberíamos escuchar y creer más a los niños. En el momento en el que Aurora se siente escuchada, se comienza a comprender todo un poco mejor.

Ambos personajes, el de Aurora y el del vecino están solos y necesitaban encontrarse. Es super tierno la manera en la que se necesitan, sin saberlo ellos mismos.

Reparto y dirección

Estamos ante la ópera prima de Bryan Fuller, creador de la estupenda serie ‘Hannibal’ en la que ya trabajó con Mads Mikkelsen. Y como os comento, no ha podido hacer mejor trabajo. Se ha reunido con un reparto estelar y sobre todo con un equipo técnico increíble.

En el reparto tenemos a Sophie Sloan, también novata en esto de la actuación, pero que está fabulosa. Tiene un papel tan tierno, tan fuerte y tan valiente. Una niña aterrada por un terrible monstruo con el que comparte habitación, pero decidida a terminar esta pesadilla, pone soluciones, pese al terror que tiene. La escena de la Iglesia me parece una maravilla.

Mads Mikkelsen, en un papel sencillo, pero tan bonito. Si, es un asesino a sueldo, pero tiene un corazoncito bastante grande. Con gran curiosidad decide seguir el royo a la niña y ayudarla.

Sigourney Weaver, tiene un papel pequeño pero muy importante, está fabulosa. Se nota que disfruta del personaje, que la verdad es bastante peculiar. Las conversaciones que tiene con El vecino (el personaje de Mikkelsen) me parecen de lo mejor de la película.

Los acompañan David Dastmalchian, Sheila Atim, Rebecca Henderson, Armond Willis, Rea Milla, Tibor Szauervein, Sute Zhao, Tao Jia y Hisham Omer entre muchos otros.

El arte en la película

Y es que ‘Atrapando a un monstruo’ es, ante todo, una maravilla visual. Tenemos una atmósfera de cuento gracias a los colores. Tenemos un eterno filtro verde, que contrasta con colores vivos como el amarillo o el rojo.

La fotografía realizada por Nicole Whitaker es preciosa, muy cuidada y sobre todo da la importancia a los dos protagonistas. Dando un brillo especial tanto a Aurora como a El vecino. De echo Mikkelsen suele tener como una luz siempre que viene desde su espalda, dando así una sensación de salvador.

Y bueno, qué decir del vestuario, me parece increíble. Esto es gracias a Catherine Leterrier (‘Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel’) y Olivier Bériot (‘Valerian y la ciudad de los mil planetas’). El trabajo que realizan es maravilloso y es que el vestuario de Sophie Sloan, casi siempre rojo, con unos diseños que la hacen ver como la niña decidida y valiente que es. O los diseños homenajeando a las películas de kung fu que lleva Mikkelsen. Y ya, los vestidos de alta costura que le vemos puestos a Sigourney Weaver, son espectaculares.

Un cuento divertido y tierno

Dos personas que se necesitan y no lo saben terminan unidos por un monstruo. Una película como he comentado al principio, bastante rara, bonita y divertida. Además, con mucha acción, una mezcla de géneros curiosa y que funciona. No dejéis de verla porque realmente me ha parecido una chulada. 

Ficha de la película

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: Dust Bunny. Duración: 106 min. País: Estados Unidos. Dirección: Bryan Fuller. Guion: Bryan Fuller. Música: Isabella Summers. Fotografía: Nicole Hirsch Whitaker. Reparto principal: Mads Mikkelsen, Sophie Sloan, Sigourney Weaver, David Dastmalchian, Rebeca Henderson, Sheila Atim, Wael Alroyly, Sute Zhao, Line Kruse, Caspar Phillipson, Armond Willis, Rea Milla, Tibor Szauervein. Producción: Entertainment One, Thunder Road Pictures, Hero Squared, Dust Bunny Productions, Living Dead Guy Productions. Distribución: Diamond Films. Género: Terror, drama. Web oficial.

Crítica: ‘La buena hija’

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Su capacidad de incomodar sin efectismos ni drama fácil la convierte en pedagogía

En su traslación del cortometraje al largo, la directora Júlia de Paz Solvas construye con ‘La buena hija’ una obra de vocación pedagógica que no busca el golpe de efecto inmediato, sino la sedimentación emocional. Lejos del impacto visceral de títulos como ‘Custodia compartida’, aquí el dolor se filtra de forma más sutil, más progresiva, pero igualmente persistente.

La película, que llega precedida por el reconocimiento a su corto previo y su paso por el Festival de Málaga, se adentra en un terreno complejo: la convivencia con un padre maltratador desde la perspectiva de una hija adolescente. No se trata únicamente de denunciar, sino de comprender (sin justificar) los mecanismos emocionales que atan a la víctima con su agresor.

Uno de los mayores aciertos de la cinta reside en cómo aborda la ambigüedad afectiva. La protagonista no parte de un rechazo frontal hacia su padre, al contrario, lo percibe inicialmente como una figura cercana, cómplice, alguien que la trata “como a un colega más”. Este matiz, incómodo pero profundamente realista, sitúa al espectador en un terreno ético complejo: el tránsito desde la identificación hasta el miedo no es abrupto, sino progresivo, lleno de contradicciones, negaciones y silencios.

En este sentido, ‘La buena hija’ se alinea con una corriente de cine social que apuesta por la observación minuciosa antes que por el subrayado dramático. La violencia no estalla constantemente en pantalla, sino que se intuye, se respira, se infiltra en los gestos cotidianos.

Adolescencia, rebeldía y psicología en construcción

La película acierta al situar su relato en una etapa vital particularmente vulnerable: la adolescencia tardía, ese momento liminal entre el instituto y la vida adulta. Es un periodo donde la identidad está en construcción, donde la rebeldía emerge como lenguaje propio y donde los límites familiares, sociales, emocionales se ponen constantemente a prueba.

Aquí, ‘La buena hija’ despliega una mirada especialmente lúcida sobre la psicología infantil y juvenil. Los pequeños actos de desafío, las mentiras aparentemente triviales o los cambios de actitud no se presentan como simples “problemas de conducta”, sino como síntomas de un conflicto más profundo. La directora evita el juicio fácil centrándose en la observación de estos comportamientos.

El trabajo actoral resulta fundamental para sostener esta propuesta. La protagonista encarna ese vaivén emocional con una naturalidad desarmante. A su lado, Janet Novas y Julián Villagrán aportan una densidad interpretativa que eleva el conjunto. Villagrán, en particular, construye un personaje inquietante precisamente por su aparente normalidad: no es un monstruo evidente, sino alguien capaz de alternar cercanía y amenaza en cuestión de segundos.

Un cine que educa sin imponer respuestas

‘La buena hija’ no es una película cómoda, pero tampoco pretende serlo. Su carácter pedagógico no radica en ofrecer soluciones, sino en plantear preguntas. ¿Cómo se rompe el vínculo con un agresor cuando ese agresor también ha sido una figura de afecto? ¿Cómo se reconoce la violencia cuando esta se disfraza de normalidad cotidiana?

La película evita caer en el didactismo explícito, apostando por una narrativa que confía en la inteligencia emocional del espectador. Este enfoque puede restarle inmediatez frente a propuestas más contundentes, pero le otorga una capacidad de permanencia mucho mayor. Es un cine que no se agota en el visionado, sino que continúa resonando tiempo después.

Esta película podría consolidarse como una obra relevante dentro del panorama del cine español contemporáneo. ‘La buena hija’ no revoluciona el género, pero sí aporta una mirada honesta y matizada sobre una realidad compleja. Su mayor virtud es, precisamente, esa capacidad para incomodar desde la empatía, para mostrar sin subrayar y para invitar a la reflexión sin dictar conclusiones.

Ficha de ‘La buena hija’

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: La buena hija. Duración: 101 min. País: España. Dirección: Júlia de Paz Solvas. Guion: Júlia de Paz Solvas, Nuria Dunjó. Música: Natasha Pirard. Fotografía: Sandra Roca. Reparto principal: Kiara Arancibia, Julián Villagrán, Janet Novas, Petra Martínez. Producción: 3Cat, Astra Motion Pictures, Avalon, ICEC, ICAA, Krater Films, Movistar Plus+, RTVE. Distribución: Avalon. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’

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Un bucle narrativo que nos pasa examen y plantea dónde va nuestra humanidad

Cada vez son más voces que se suman a ideas como la que planteaba el cómic original de Valerian, que luego fue película con Valerian y la ciudad de los mil planetas dirigida por Luc Besson, el cual arrancaba con una propuesta bastante desalentadora en la cual la humanidad convive con sus máquinas y vive anclada a sus sillones o camas viendo constantemente entretenimiento. Esto es algo que años después, películas como Matrix o Wally también plantearon. Estamos abocados a vivir entretenidos y mantenidos por nuestras máquinas. Esta es quizás una de las muchas lecturas que plantea ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’, pero hay más.

La nueva propuesta de Gore Verbinski se adentra en uno de los territorios más transitados (y, aun así, inagotables) del cine fantástico: los bucles temporales. Pero aquí no se trata únicamente de repetir eventos con ligeras variaciones, sino de utilizar esa repetición como reflejo de una sociedad atrapada en sus propios hábitos digitales. Verbinski, conocido por su capacidad para alternar entre lo comercial y lo inquietante, construye una obra que oscila entre la brillantez conceptual y el agotamiento estructural.

La película está fragmentada en episodios o flashbacks que, en más de una ocasión, parecen variaciones directas (casi calcos) de capítulos de ‘Black Mirror’. Y no es por usar una expresión fácil o muletilla recurrente, es que algunos argumentos los hemos visto tal cual en la serie de Charlie Brooker. Esta decisión narrativa tiene una doble lectura: por un lado, refuerza el carácter episódico de nuestra relación con la tecnología (consumo rápido, estímulo constante, poco tiempo para pensar), por otro, genera una sensación de déjà vu que puede resultar tan deliberada como cargante. Es una película que, como los propios algoritmos que critica, parece diseñada para retenerte incluso cuando ya estás saturado. Es evidente que en montaje las secuencias están planteadas para dar la sensación de scroll de red social y así potenciar esa sensación de repetición obsesiva. Desde luego tiene un ritmo deliberadamente imparable y frenético.

Humor negro y apocalipsis digital: cuando reír es incómodo y retratista

Donde la película encuentra su mayor acierto es en el uso del humor negro como herramienta de disección social. ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’ no pretende sermonear, prefiere incomodar. El título funciona así como advertencia y sarcasmo: una frase que podría leerse en cualquier red social antes de un reto absurdo, pero que aquí adquiere tintes casi proféticos. Verbinski podría haber optado por mostrar personajes de esos que llevan al extremo su necesidad de validación digital, pero en lugar de ello prefiere tejer una serie de situaciones que nos muestra cuan idiotizados estamos.

La sombra de ‘Terminator’ planea sobre toda la obra, especialmente en su tratamiento de la inteligencia artificial como amenaza latente. No es una rebelión de máquinas inmediata ni espectacular, sino progresiva, silenciosa, integrada en nuestras rutinas. La película establece paralelismos emocionales con la relación entre Sarah y John Connor, trasladándolos a un contexto donde la “protección” ya no es física, sino digital: proteger la identidad, la autonomía y, en última instancia, la capacidad de decisión humana.

Aquí es donde Verbinski introduce una de sus ideas más inquietantes: la IA no necesita destruirnos, basta con sustituirnos. En un mundo saturado de contenido, donde los memes generados automáticamente inundan cada espacio de atención, el ser humano queda relegado a un papel secundario. La película sugiere que ya estamos viviendo ese proceso, y que lo que hoy parece entretenimiento trivial es, en realidad, el preludio de una obsolescencia colectiva.

Sam Rockwell y el arte de sostener el caos

En medio de este entramado conceptual se encuentra Sam Rockwell, quien vuelve a demostrar por qué es uno de los intérpretes más versátiles de su generación. Su actuación es un equilibrio constante entre la extravagancia y la humanidad, entre el absurdo y la lucidez. Aunque el filme se compone de muchos secundarios y sus propias historias, Rockwell mantiene la obra viva.

Su personaje funciona como catalizador emocional dentro del caos estructural. Es consciente, en mayor o menor medida, del bucle en el que se encuentra, lo que le permite ofrecer momentos de ironía y desesperación a partes iguales. En ciertos pasajes, su interpretación recuerda a sus trabajos más excéntricos, pero aquí hay una capa adicional de desgaste psicológico que aporta profundidad al conjunto.

Estamos ante una película contradictoria: tan estimulante como exasperante, tan lúcida como alborotada. Verbinski plantea preguntas incómodas sobre nuestra dependencia tecnológica y con ello plantea un espejo en cuyo reflejo nos vemos todos y lo que vemos no siempre es agradable. Por ese planteamiento y por su calidad técnica, ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’ es, sin duda, el mejor filme de Gore Verbinski en mucho tiempo.

Ficha de ‘Buena suerte, pásalo bien, no mueras’

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: Good Luck, Have Fun, Don’t Die. Duración: 134 min. País: Estados Unidos. Dirección: Gore Verbinski. Guion: Matthew Robinson. Música: Geoff Zanelli. Fotografía: Jim Whitaker. Reparto principal: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chandhry, Tom Taylor, Juno Temple Producción: 3 Arts Entertainment, Blind Wink Productions, Constantin Film, Robert Kulzer Productions, WAM Films. Distribución: Universal Pictures. Género: comedia, ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Incontrolable’

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Una lección feel good que acaba con el estigma cómico del síndrome Tourette

Durante décadas, el cine ha tratado el síndrome de Tourette casi exclusivamente como un artefacto cómico, una suerte de recurso narrativo para generar risas incómodas. Lo hemos visto en personajes puramente caricaturescos como los de ‘Gigoló’, en la versión más cómica de ‘The predator’ e incluso en títulos españoles como ‘Toc toc’. Por fin, con el estreno de ‘Incontrolable’, la gran pantalla abandona la mofa para abrazar la complejidad del individuo. Kirk Jones nos entrega un relato en clave dramática que, lejos de buscar la carcajada ante el exabrupto, se sumerge en la psique del protagonista para ofrecernos una visión mucho más humana, digna y, sobre todo, necesaria.

‘Incontrolable’ asume el reto de desarrollar un drama donde, si bien existen situaciones irremediablemente graciosas por la naturaleza del trastorno, estas no restan potencia al relato. Jones consigue que la película no caiga en la caricatura, logrando un equilibrio muy elegante y, sobre todo, profundamente humano.

La humanidad de Robert Aramayo y el reencuentro con Peter Mullan

No es de extrañar los premios que ha recibido Robert Aramayo por este papel. Su interpretación es un ejercicio de contención y verdad; no cae en la parodia y expone con una crudeza necesaria la incomprensión social y familiar que sufre su personaje. Es especialmente notable la química en pantalla al ver que Aramayo repite con Peter Mullan, con quien trabajó en ‘Los Anillos de Poder’. Pero es aún mejor la fórmula que se desarrolla con Maxine Peake. Esta dupla actoral protagoniza lo que quizás sea la faceta más ejemplar del filme. En sus escenas compartidas se desarrolla la intención principal de la obra: alcanzar la verdadera comprensión de un síndrome que aísla a quien lo padece.

De la impotencia adolescente al reconocimiento real

Se nota que el equipo de producción ha estado en estrecho contacto con el personaje real en el que se han inspirado, John Davidson. La narrativa nos guía por un viaje emocional que va desde la burla y la impotencia que vivió en su adolescencia hasta su consolidación como activista en la vida adulta. El guion no edulcora el camino lleno de piedras que Davidson tuvo que transitar antes de alcanzar sus pequeños y grandes éxitos.

El momento cumbre, que en su día llenó portadas, es su condecoración como Miembro de la Orden del Imperio Británico, recibida de manos de la mismísima Reina de Inglaterra. Sin embargo, Kirk Jones decide que este honor no sea el único foco, sino el símbolo de una lucha por la visibilidad. ‘Incontrolable’ termina siendo una pieza fundamental para dar voz a un colectivo que, por lo general, sufre el estigma de ser el centro de las bromas ajenas, transformando el dolor en una lección de resiliencia y lección de vida. La película se alza como una feel good movie genuina que inyecta una dosis de originalidad y frescura muy por encima de lo que veníamos viendo últimamente en el género biográfico. Es ese tipo de cine que te deja con el corazón hinchado y la mente mucho más abierta.

Ficha de ‘Incontrolable’

Estreno en España: 10 de abril de 2026. Título original: I swear. Duración: 120 min. País: Reino Unido. Dirección: Kirk Jones. Guion: Kirk Jones. Música: Stephen Rennicks. Fotografía: James Blann. Reparto principal: Robert Aramayo, Peter Mullan, Maxine Peake, Shirley Henderson, Scott Ellins Watson, Paul Donnelly, Douglas Rankine. Producción: One Story High, Tempo Productions. Distribución: SelectaVisón. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Super Mario Galaxy: la película’

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Referencias y sabor a gran franquicia por encima de ambición narrativa

Con ‘Super Mario Galaxy: la película’, el trío formado por Aaron Horvath, Michael Jelenic y Pierre Leduc da un paso más allá en la consolidación del universo cinematográfico de Nintendo. No es casual: vienen de trabajar en productos tan reconocibles como ‘Teen Titans Go!’, el entorno animado de Batman o la maquinaria de éxitos de ‘Gru’. Sin embargo, el verdadero eje creativo aquí es el guionista Matthew Fogel, responsable de títulos como ‘La LEGO película 2’, ‘Minions: el origen de Gru’ o ‘Esta abuela es mi padre’. Su firma se nota: estructura clásica, ritmo ágil y una tendencia clara a priorizar el gag sobre la profundidad narrativa.

La película parte con una premisa ambiciosa: trasladar la escala cósmica del videojuego ‘Super Mario Galaxy’ al cine. El resultado es, en términos visuales, apabullante. La animación de Illumination vuelve a demostrar un dominio absoluto del color, las texturas, la iluminación y la expresividad de los personajes. Cada planeta, cada galaxia y cada criatura está diseñada para ser reconocible por el fan y accesible para el espectador casual. El salto del pixel al 3D que muchos personajes ya han dado en las consolas no afecta para nada el espíritu original.

Sin embargo, este despliegue técnico tiene un coste: la narrativa queda subordinada a la construcción de franquicia. Lo que debería ser una aventura autocontenida se percibe más como una pieza intermedia dentro de un engranaje mayor. Hay una clara intención de sentar las bases de algo más grande, y eso afecta al equilibrio interno del filme, que se entretiene mucho en ciertas pates.

Humor, referencias y una clara orientación hacia el público infantil

Confieso que esperaba una evolución similar a la saga de ‘Sonic the Hedgehog’ en el cine, donde cada entrega ha ido afinando su tono hasta conectar mejor con el público adulto. En este caso, aunque ‘Super Mario Galaxy: la película’ no decepciona de forma contundente, sí resulta menos divertida para ese espectador que busca capas adicionales.

Gran parte de esta sensación viene de una decisión llamativa: la ausencia de un número musical destacado de Jack Black. Tras el impacto cultural de su interpretación en la anterior entrega, su falta de protagonismo musical aquí se siente como una oportunidad perdida. El humor sigue presente y de hecho su personaje es de los más divertidos, pero en general el filme está más orientado al slapstick y a la inmediatez, con menos ironía o doble lectura.

Eso sí, el largometraje funciona como un festival de referencias. Para los seguidores de Nintendo, es un auténtico deleite: criaturas, escenarios, power-ups, melodías clásicas y hasta detalles como cambios de look o sonidos icónicos aparecen integrados con notable fidelidad. Esta acumulación de guiños, lejos de ser anecdótica, es uno de los pilares del atractivo de la película.

Además, la relación de Illumination con Universal Pictures permite introducir referencias externas bastante evidentes. Hay secuencias que evocan el espectáculo de ‘Jurassic World’, reforzadas por la presencia de Chris Pratt en el doblaje de Mario, y otras que recuerdan al icónico puente de ‘King Kong’ en la versión de Peter Jackson, donde curiosamente también participó Jack Black.

¿El inicio de un universo cinematográfico al estilo Nintendo?

El aspecto más discutible (y a la vez más revelador) de ‘Super Mario Galaxy: la película’ es su clara vocación de expansión. Si Disney tiene su universo Marvel y Warner sus personajes de DC, quizás el gran universo para Universal no va a ser el universo de monstruos, sino el de Nintendo. Hay dos elementos que apuntan directamente hacia la construcción de un universo compartido. El primero es la introducción del concepto de múltiples princesas, una decisión que abre la puerta a explorar personajes y líneas argumentales más allá de la clásica Princesa Peach. Teniendo en cuenta que Mario celebra ya cuatro décadas de historia, el material disponible es prácticamente inagotable.

El segundo elemento, mucho más significativo, es la aparición de un personaje ajeno al universo principal de Mario. Sin entrar en spoilers, su inclusión parece diseñada para preparar el terreno hacia un evento mayor, algo que inevitablemente remite a la posibilidad de un ‘Super Smash Bros.’ cinematográfico. No es una idea descabellada: el modelo de universo compartido ha demostrado su eficacia en otras casas.

El problema es que este enfoque tiene consecuencias narrativas. La trama principal pierde fuerza, algunos gags no terminan de ir más allá de lo ñoño o lo tontorrón y una de las escenas post-créditos es más un anuncio que un cierre satisfactorio.

Ficha de ‘Super Mario Galaxy: la película’

Estreno en España: 1 de abril de 2026. Título original: Super Mario Galaxy: the movie. Duración: 98 min. País: EE.UU. Dirección: Aaron Horvath, Michael Jelenic. Guion: Matthew Fogel. Música: Brian Tyler. Reparto principal: Chris Pratt, Anya Taylor-Joy, Charlie Day, Jack Black, Donald Glover, Keegan Michael Key, Kevin Michael Richardson, Brie Larson, Ben Safdie, Luis Guzman, Issa Rae. Producción: Universal Pictures, Nintendo, Illumination Entertainment. Distribución: Universal Pictures. Género: Web oficial.

Análisis del Blu-ray de ‘Romeo + Julieta’

‘Romeo + Julieta’ uno de los romances más trágicos de la historia llega a nuestras casas

Treinta años hace ya del estreno de ‘Romeo + Julieta’ del gran Baz Luhrmann. Una película que sin duda fue un gran éxito en cines en ese, donde un Leonardo DiCaprio jovencísimo hacía que las adolescentes fuesen a las grandes salas.

Una película excéntrica y llena de música, moderna y diferente a lo que estábamos acostumbrados, y es que Baz Luhrmann no se caracteriza por un cine convencional, si no que siempre logra sorprendernos y hacer que el género musical llegue a las salas de cine de la manera más espectacular posible.

Gracias a Divisa Films tenemos la oportunidad de disfrutar en nuestras casas esta maravilla de cinta. Que además nos trae infinidad de extras, donde veremos escenas eliminadas, escenas del rodaje y también entrevistas con todo el equipo. Y que decir, cuidados hasta el mínimo detalle.

Sin más, os dejamos con una pequeña galería de fotos de esta edición en Blu-ray, nuestro análisis de los extras, como siempre sin contar demasiado.

Idiomas: Castellano, Francés, Alemán, Italiano 5.1 DTS; Inglés 5.1 DTS HD; Checo, Polaco 5.1 Dolby Digital.

Subtítulos: Castellano, Francés, Alemán, Italiano, Holandés, Búlgaro, Croata, Checo, Árabe, Cantonés, Polaco, Portugués, Rumano, Serbio, Esloveno, Mandarín.

Menús: Castellano, Inglés, Francés, Alemán, Italiano, Holandés.

EXTRAS ( + de 2h.)

Cometarios de Baz Luhrmann, Catherine Martin, Donald M. McAlpine y Craig Pearce.

Del almacén de Bazmark

Diferentes escenas del rodaje, viendo no solo a los actores, si no también al equipo trabajando con ellos. Diferentes fotografías hasta que se llegó a la imagen clave que aparece en la película.

Me ha parecido un extra bastante bonito, ya que vemos a los actores, a sus personajes y a todo un equipo de trabajo dándolo todo para hacer que una película salga adelante.

  • First Kiss: (02:20 min)
  • Beach Scene (04:17 min)
  • Uncut rehearsal (04:40 min)
  • Outside the church (02:40 min)

Co-compositor Craig Armstrong

La música de Romeo y Julieta

  • Romeo + Juliet: El documental de la música (49:31 min)
  • Everybody’s free: El viaje de la canción (01:46 min)
  • La música de Londres (04:20 min)
  • Temp Music. El viaje de la canción (02:06 min)

Galería del director

  • Impacto (04:18 min)
  • ¿Por qué Shakespeare? (02:56 min)
  • Pitching Shakespeare (10:05 min)
  • Dirigiendo la gasolinera (07:02 min)
  • Dirigiendo la escena de la piscina (05:18 min)
  • La ejecución de Tibalt (04:21 min)

Galería del director de fotografía

  • Un agujero en el muro (00:00:49 min)
  • El tanque de peces, escena (01:31 min)
  • Filmando la escena del ascensor (02:25 min)
  • Una luz (01:10 min)
  • Filmando la iglesia (01:02 min)

Galería de entrevistas

  • Leonardo DiCaprio (01:53 min)
  • Claire Danes (02:28 min)
  • John Leguizamo (01:52 min)
  • Diseñadora de producción, Catherine Martin. (02:33 min)
  • Coguionista Craig Pearce (01:47 min)
  • Editor Jill Bilcock (01:47 min)
  • Coreografo, John O’Connell (01:09 min)
  • Diseñadora de vestuario Kym Barrett (02:03 min)

Marketing

  • Tráiler internacional de la película.