Crítica: ‘Hope’

En qué plataforma ver Hope

No adapta un manhwa, podría ser un manhwa, ojalá se convierta en manhwa

‘Hope’ es una de esas películas que parecen comenzar con el clímax de otra mucho más convencional. Na Hong-jin, director de ‘The Chaser’, ‘The Yellow Sea’ y ‘El extraño’, nos arroja a una persecución frenética en una remota localidad surcoreana, cerca de la frontera con Corea del Norte. Estamos en una época anterior a la hiperconectividad actual, y esa circunstancia convierte la invasión en una catástrofe local: no hay redes sociales capaces de retransmitir cada incidente al instante ni una comunidad global siguiendo en directo el apocalipsis. Solo un pueblo aislado, policías desbordados y habitantes que intentan comprender qué demonios está ocurriendo.

Durante casi una hora, el director juega con el misterio y con nuestra incapacidad para identificar a los responsables de la masacre. Aparecen cuerpos mutilados, edificios destrozados y señales de una violencia descomunal, pero las criaturas permanecen ocultas. La película nos obliga a reconstruir el desastre a partir de sus consecuencias, mientras los personajes corren, disparan y tratan de sobrevivir. El resultado es una persecución de adrenalina casi ininterrumpida, que recuerda por su urgencia a ‘Ataque a los titanes’, aunque el espectáculo de la destrucción también tenga algo de la brutalidad de ‘Distrito 9’.

Una hora de clímax antes de empezar de verdad

Cuando por fin vemos a las criaturas, ‘Hope’ alcanza uno de sus grandes momentos de impacto. Sus diseños tienen algo de pesadilla anatómica, con una agresividad física que las convierte en amenazas formidables. La violencia es grotesca, explícita y en ocasiones cómica. Hay incluso una escena escatológica que se cuenta entre las más divertidas que hemos visto últimamente en una película de este tipo. Na Hong-jin entiende que el horror y la risa pueden convivir cuando la situación resulta tan desproporcionada que termina rozando lo absurdo. En ese sentido y en otros que no voy a desvelar estamos ante unas escenas de acción similares a las de ‘Transformers’ de Michael Bay.

La combinación de géneros invita a pensar en el manga de Hiroya Oku, autor de ‘Gantz’ e ‘Inuyashiki’, o en el de Yū Sasuga y Kenichi Tachibana, responsables de ‘Terra Formars’. Hay persecuciones, diseños monstruosos, violencia extrema, humor negro y una mitología de ciencia ficción que va ampliándose a medida que avanza el metraje. Todo ello podría haber salido de un manhwa particularmente desatado, de esos que no tienen miedo de saltar de un género a otro sin pedir permiso.

Sin embargo, después de semejante arranque, la película frena. El misterio deja paso a una fase de desarrollo en la que ya conocemos el potencial destructivo de los invasores y sabemos que la tensión acumulada terminará explotando de nuevo. El problema es que Na Hong-jin parece haber gastado buena parte de su munición espectacular antes de desarrollar con suficiente agilidad lo que viene después. La persecución inicial es tan intensa que el resto del relato debe esforzarse por recuperar ese nivel de energía.

El filme supera las dos horas y media, y la duración se hace notar. El director tiene ideas para llenar ese tiempo, pero no todas mantienen el mismo interés ni el mismo ritmo. La película sigue siendo imprevisible, aunque sus constantes cambios de dirección pueden acabar produciendo una sensación de dispersión.

Monstruos digitales y una promesa demasiado grande

Los efectos especiales son otro de los aspectos más discutibles. Algunas criaturas tienen diseños imaginativos y una presencia amenazadora, pero su representación digital resulta irregular. Por momentos parecen modelos de videojuego, con colores, texturas e iluminación que no terminan de integrarlos en el entorno. Hay algo de la apariencia de los monstruos de ‘Rumbo al infierno’, la serie surcoreana de Netflix, en esa sensación de criaturas que parecen inacabadas o insuficientemente iluminadas. El problema no es que sean fantásticas, sino que a veces cuesta creer que estén compartiendo espacio con los actores.

La comparación con ‘Distrito 9’ resulta pertinente también por el contraste entre la violencia física de los enfrentamientos y las posibilidades de una ciencia ficción con trasfondo social de bajos fondos. Na Hong-jin, sin embargo, acaba conduciendo su relato hacia un misterio más amplio, que deja de limitarse a la supervivencia de una comunidad y empieza a dibujar una mitología de dimensiones cósmicas. Ahí aparece otro tipo de intriga, más acotada a la ciencia ficción, que abre interrogantes sobre la naturaleza de los invasores y sus motivaciones.

Es en este punto cuando cobran sentido las apariciones de Alicia Vikander y Michael Fassbender. Ambos participan mediante interpretación de voz y captura de movimiento, pero su presencia resulta anecdótica en comparación con el peso que adquieren los personajes y las criaturas locales. Su intervención parece formar parte de una historia mayor que apenas estamos empezando a conocer. Más que dos estrellas invitadas para dar lustre internacional al reparto, parecen piezas de un universo que Na Hong-jin quiere seguir explorando.

Y ahí está quizá lo más desolador de ‘Hope’: no tanto que sus efectos digitales no siempre estén a la altura de su ambición ni que su metraje termine alargándose, sino la impresión de que estamos ante el prólogo de algo que quizá nunca llegue a desarrollarse por completo. El desenlace abre tantas puertas que resulta difícil no imaginar una segunda parte, posiblemente más centrada en los extraterrestres y en su mundo. Pero una secuela necesita financiación, estamos hablando de la que ha sido la película más cara de la historia de Corea. En términos de ciencia ficción y conclusión esto me recuerda a la saga ‘Skyline’ y ahí se demostró que las continuaciones no siempre mantienen el mismo músculo económico pero si pueden mejorar a sus predecesoras.

Ficha de ‘Hope’

Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Hopeu. Duración: 160 min. País: Corea del Sur. Dirección: Na Hong-jin. Guion: Na Hong-jin. Música: Michael Abels. Fotografía: Hong Kyung-pyo. Reparto principal: Hwang Jung-min, Jo In-sung, Jung Ho-yeon, Taylor Russell, Michael Fassbender, Alicia Vikander. Producción: Forged Films, Plus M Entertainment, Westworld. Distribución: BTeam Pictures, MUBI. Género: Acción, Thriller, Ciencia Ficción. Web oficial.

Crítica: ‘What happened to Doris?’

El terror de siempre vuelve a llamar a la puerta con la misma matraca

El caso de Doris Bither vuelve a la pantalla, pero ¿queda algo nuevo que contar? Uno de los episodios más conocidos y estudiados de la historia paranormal regresa al cine con un problema difícil de esquivar: su historia ya ha sido explotada en numerosas ocasiones y los códigos del terror sobrenatural están tan asentados que resulta complicado encontrar una forma distinta de abordarlos. Cuando una película se adentra en el terreno de las posesiones, los poltergeists y las presencias invisibles, es inevitable que aparezcan en la memoria demasiados referentes. Y ‘What Happened to Doris?’ no consigue escapar de esa sombra.

Un caso paranormal con demasiados precedentes

El caso de Doris Bither ya inspiró ‘The Entity’, por lo que esta nueva aproximación parte con una desventaja considerable. No solo tiene que enfrentarse a la historia real que pretende recrear, sino también a todas las películas que han convertido sus elementos más reconocibles en recursos habituales del género. Es difícil no pensar en ‘El exorcista’, ‘Expediente Warren’ (‘The Conjuring’) o ‘Paranormal Activity’ cuando comienzan a desplegarse los sustos, las manifestaciones inexplicables y los intentos de dar una explicación científica a lo que está ocurriendo.

El problema no es que estas escenas estén necesariamente mal resueltas, sino que cuesta encontrar algo que no hayamos visto antes. Los mecanismos para generar sobresaltos, la representación de las fuerzas invisibles y el enfrentamiento entre la experiencia paranormal y su posible explicación racional resultan excesivamente familiares. La película parece confiar en que el caso de partida tenga suficiente fuerza por sí mismo, pero su notoriedad histórica no basta para que esta adaptación encuentre una identidad propia.

Correcta en lo formal, rutinaria en lo creativo

Eso no significa que estemos ante una producción desastrosa. La ambientación funciona, se aprecia una voluntad de documentarse sobre los acontecimientos y las interpretaciones cumplen con lo que exige el relato. Las escenas están razonablemente construidas y, en líneas generales, el conjunto demuestra un mínimo de oficio. Incluso la recreación de la época y de las circunstancias que rodean a Doris permite seguir la historia sin grandes tropiezos.

Uno de los detalles más llamativos es el parecido físico, o más bien la ausencia de él, entre Heather Graham y la verdadera Doris Bither. Es una cuestión que puede distraer a quienes conozcan el caso, aunque tampoco constituye el principal problema de la película. La dificultad fundamental está en que sus aciertos formales no se traducen en una experiencia especialmente estimulante. Todo parece estar en su sitio, pero falta una idea capaz de justificar por qué necesitamos volver a esta historia una vez más.

El filme podría haber aprovechado la dimensión inquietante del caso para explorar de otra manera la credibilidad de los testimonios, el miedo a lo desconocido o la tensión entre la investigación y la creencia. Sin embargo, su aproximación termina resultando demasiado convencional. La familiaridad no siempre es un defecto en el cine de terror, pero necesita compensarse con una atmósfera poderosa, una perspectiva singular o escenas capaces de quedarse grabadas. Aquí cuesta encontrar ese elemento diferenciador.

Ni siquiera las coincidencias despiertan demasiado interés

La presencia de Mimi Rogers podría servir como curiosidad para quienes recuerden su participación en la saga ‘Austin Powers’, pero se queda precisamente en eso: una coincidencia anecdótica que no aporta demasiado al conjunto. Ni el reparto ni la historia detrás de la historia consiguen disimular la sensación de estar recorriendo un camino conocido.

‘What Happened to Doris?’ no es necesariamente una película mal hecha, y esa es también parte de su limitación. No hay un desastre evidente al que agarrarse, sino una sucesión de decisiones convencionales que impiden que el resultado destaque. En un género que vive de sorprender, incomodar y llevar al espectador a lugares que no esperaba visitar, limitarse a reproducir fórmulas conocidas acaba siendo una condena.

Ficha de ‘What happened to Doris?’

Estreno en España: por determinar. Título original: What happened to Doris? Duración: 92 min. País: EE.UU. Dirección: Nick Simon. Guion: Thomas Fenton. Música: Nima Fakhrara. Fotografía: Lucia Zavarcikova. Reparto principal: Heather Graham, Mimi Rogers Producción: GVN Releasing, GMT Films, Imagenation Abu Dhabi FZ, Spooky Pictures. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Impostores’

Una trama de ciencia ficción con varios giros familiares para los amantes del fantástico

Jessica Rothe, a quien todo el mundo recuerda por ‘Feliz día de tu muerte’, se mete de lleno en uno de esos relatos en los que la realidad cambia a medida que avanza el filme. ‘Impostores’, escrita y dirigida por Caleb Phillips, arranca con una escena inquietante y parece querer continuar hablando de algo tan cotidiano como las vidas impostadas que llevan personas que, por ejemplo, son infieles a su pareja. Personas que representan un papel, matrimonios que esconden secretos o individuos que viven fingiendo ser quienes realmente no son. Pero pronto esa idea abstracta encuentra una forma mucho más terrorífica.

Todo comienza con la desaparición de un bebé. Hasta ahí, el mayor miedo imaginable para unos padres. Lo verdaderamente extraño llega cuando el niño aparece de nuevo y empiezan las dudas sobre su autenticidad. ¿Ha regresado realmente el hijo que desapareció o lo que ha vuelto ocupa simplemente su lugar?

Una familia atrapada en una realidad imposible

A partir de ese momento, Phillips construye un thriller fantástico de desconfianzas y algo de ciencia ficción. La propiedad aislada donde vive la familia se convierte en otro elemento fundamental de la ecuación. Los sucesos extraños se acumulan y los terremotos introducen una sensación de inestabilidad que afecta tanto al escenario como a la propia percepción de los protagonistas.

La película juega así con una de las herramientas más eficaces del fantástico: conseguir que desconfiemos de aquello que normalmente consideramos incuestionable. Una casa debería ser un refugio. Un hijo debería ser reconocible. Una familia debería saber quién forma parte de ella. ‘Impostores’ coloca todas esas certezas bajo sospecha.

Y es fácil encontrar ecos de series como ‘Fringe’ o ‘Dark’. El deseo de recuperar a un ser querido se extiende hasta límites capaces de hacer que uno se hiera a sí mismo.

El terror de no reconocer a los tuyos

Lo interesante de ‘Impostores’ es que el elemento fantástico funciona principalmente como una extensión del miedo de los personajes. Phillips no necesita convertir cada acontecimiento extraño en un espectáculo. La película funciona mejor cuando deja que la duda se instale entre los miembros de la pareja.

Porque si alguien te dice que tu hijo no es tu hijo, aparece la cuestión de si necesitamos al ser querido o si nos vale con un parche, aunque este sea falso. Ese sentido enlaza en temática con otra película que también se proyecta en Sitges 2026 como es ‘Kakeru’.

Jessica Rothe encuentra en esa incertidumbre un papel muy diferente al de sus trabajos más conocidos. Aquí la maternidad no es simplemente el punto de partida del argumento, sino el mecanismo que permite que la protagonista se aferre a una realidad que cada vez se desmorona más. Charlie Barnett y Yul Vazquez completan un reparto que ayuda a mantener esa tensión familiar mientras la historia va ampliando su dimensión fantástica. Phillips demuestra además que sabe construir misterio a partir de pequeños detalles.

‘Impostores’ funciona, por tanto, como un thriller de identidad que utiliza el fantástico para hablar de la impostura, la familia y el miedo a perder aquello que creemos conocer. Quizá las comparaciones con ‘Fringe’ o ‘Dark’ sean inevitables por la motivación de la protagonista y su manera de ampliar progresivamente el misterio, pero resuelve de manera eficiente.

Ficha de ‘Impostores’

Estreno en España: por determinar. Título original: Imposters. Duración: 102 min. País: EE.UU. Dirección: Caleb Phillips. Guion: Caleb Phillips. Música: Alex Winkler. Fotografía: Allie Schultz. Reparto principal: Jessica Rothe, Charlie Barnett, Yul Vazquez. Producción: Broken Pig Productions, KT Pictures, Marylou’s Boys, Spooky Pictures. Distribución: A Contracorriente Films. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Too many beasts’

Las pulsiones con las que explotamos afloran en este cómico thriller rural

Tanto su título internacional, ‘Too Many Beasts’, como el original francés, ‘L’espèce explosive’, apuntan a una naturaleza salvaje que no tiene por qué esconderse entre los árboles. A veces, el animal más peligroso es el que llevamos dentro. Sarah Arnold parte de un conflicto rural, con agricultores, cazadores y jabalíes enfrentados por el territorio, para construir una película que empieza como un thriller criminal y acaba encontrando su verdadera personalidad en el absurdo y la comedia negra.

La historia podría trasladarse perfectamente a la España rural, donde el lobo protagoniza debates encendidos y enfrenta intereses muy distintos. Aquí, sin embargo, estamos en la campiña del noreste de Francia, donde los jabalíes arrasan los cultivos y la tensión entre quienes trabajan la tierra y quienes cazan animales termina desbordándose. Brun, un agricultor al borde de la ruina, desaparece después de un violento enfrentamiento. Un año más tarde, Fulda, un gendarme corso destinado a la región, se hace cargo de la investigación. Lo que parece un caso criminal relativamente convencional empieza a tomar derroteros cada vez más extraños.

La guerra por el territorio

La naturaleza funciona como detonante, pero el verdadero conflicto es humano. Los animales destrozan las cosechas, los agricultores ven amenazado su sustento y los cazadores defienden sus propios intereses. A partir de ahí, la película construye una historia de territorialidad en la que cada personaje parece dispuesto a defender su parcela, ya sea física, económica o emocional. La convivencia se convierte en una batalla y las normas sociales empiezan a parecer tan arbitrarias como las fronteras que los protagonistas se empeñan en proteger.

Hay algo de ‘Solo las bestias’ y de ‘As bestas’ en ese retrato de una ruralidad donde la violencia puede brotar de conflictos aparentemente cotidianos. Las tres películas encuentran en el campo un espacio propicio para observar las miserias humanas, aunque Sarah Arnold escoge un camino distinto. En lugar de mantener el suspense y la amenaza en primer plano, introduce un humor sarcástico que va desarmando progresivamente la gravedad de la situación.

También hay espacio para cierto surrealismo campechano, para personajes que parecen actuar siguiendo una lógica propia y para situaciones que rozan lo ridículo sin abandonar del todo su conexión con una realidad reconocible. La película no necesita convertir a sus habitantes en monstruos para mostrar su lado más animal. Basta con observar cómo se comportan cuando sienten que alguien amenaza aquello que consideran suyo.

Un thriller que termina riéndose de sí mismo

Uno de los aspectos más curiosos de ‘Too Many Beasts’ es el contraste entre su apariencia y su tono. La fotografía, con colores apagados y una paleta que transmite tristeza, desgaste y cierta sensación de derrota, parece anunciar un drama rural mucho más sombrío. Sin embargo, la película es bastante más jocosa de lo que su aspecto podría sugerir. A medida que avanza, el humor gana terreno, las situaciones se vuelven más disparatadas y el suspense empieza a ceder ante la comedia.

Ese desplazamiento puede desconcertar a quien espere un thriller criminal al uso, especialmente dentro de un festival como Sitges, donde su relación con el fantástico resulta menos evidente. No estamos ante una película de género en el sentido más convencional, aunque sí ante una historia que lleva sus conflictos más allá de lo que consideraríamos cotidiano. Lo absurdo no aparece necesariamente como una ruptura con la realidad, sino como una exageración de comportamientos que ya existen fuera de la pantalla.

En ese sentido, el auge de los true crime nos recuerda constantemente que la conducta humana puede resultar mucho más incomprensible que cualquier criatura inventada. Sarah Arnold explota esa idea desde la sátira: lo inquietante no es solo que se produzca un crimen, sino comprobar la colección de pulsiones, frustraciones y delirios que pueden conducir hasta él. La naturaleza salvaje no se limita a los jabalíes que destrozan los campos. También aparece en quienes creen tener derecho a imponer su voluntad sobre los demás.

Alexis Manenti, a quien muchos recordarán por la estupenda ‘Los miserables’ (2019), encarna a un policía que dista de ser el investigador infalible que suele protagonizar este tipo de relatos. Fulda es un hombre vulnerable, caótico y propenso a equivocarse, cuya investigación avanza entre intuiciones, desastres y situaciones cada vez más insólitas. Su presencia ayuda a sostener el tono imprevisible de la película, que encuentra en sus personajes tan imperfectos como reconocibles una fuente constante de humor.

Ficha de ‘Too many beasts’

Estreno en España: por determinar. Título original: L’espèce explosive. Duración: 95 min. País: Francia. Dirección: Sarah Arnold. Guion: Sarah Arnold, Mehdi Ben Attia, Jérémie Dubois, Olivier Séror. Música: Florencia Di Concilio. Fotografía: Noé Bach. Reparto principal: Alexis Manenti, Ella Rumpf, Vincent Dedienne, Jean-Louis Coulloc’h, Pascal Rénéric, Bertrand Belin, Jade Fiess, Bernard Blancan, Thierry Godard, Mathieu Perotto. Producción: 5 à 7 Films, France 3 cinéma, Playtime. Distribución: por determinar. Género: suspense comedia. Web oficial.

Crítica: ‘Gummy’

Una dulce para los amantes del suspense más turbio repleto de cambio de roles

Hay personajes que inspiran desconfianza desde el primer momento y consiguen que nos preguntemos hasta dónde puede llegar su oscuridad. En ‘Gummy’, el primer largo como director para Javi Prada, se juega con lo más turbio del ser humano para construir un thriller criminal en el que nadie parece demasiado limpio, pero en el que los giros se suceden cambiando los roles de los personajes constantemente. En medio de delincuentes, individuos de moral reprochable y ambientes donde la violencia parece formar parte del paisaje, Javier Botet se convierte en el principal foco de inquietud. Su personaje, obsesionado con los ositos de gominola, podría parecer a primera vista un asesino de esos que recorren carreteras secundarias buscando a su siguiente víctima, con el aire implacable de ‘No es país para viejos’. Sin embargo, reducirlo a esa primera impresión sería quedarse en la superficie.

Una estructura fragmentada para una historia de depredadores

Prada organiza el relato en capítulos separados por letreros que recuerdan inevitablemente a Quentin Tarantino. La estructura fracturada permite jugar con la información o los estadios por los que pasa e protagonista y de ese modo alterar nuestras expectativas. La historia arranca dentro de unos códigos reconocibles del thriller de bajos fondos, pero poco a poco desplaza el interés hacia aquello que permanece oculto detrás de las conductas más extravagantes o ilegales.

El recurso de dividir la narración en bloques aporta personalidad y ayuda a establecer un ritmo propio, aunque también sitúa a la película ante un desafío: que cada fragmento contribuya a enriquecer el conjunto y casi se comporte como una película propia destinada a alimentar la curiosidad por lo que vendrá después. En una historia donde el engaño y la violencia son piezas fundamentales, administrar las revelaciones resulta especialmente importante. Lo que parece una cacería relativamente convencional puede transformarse en una lucha por la supervivencia cuando quienes ocupaban el lugar de las víctimas demuestran que también guardan sus propios secretos.

Entre ‘Hostel’, ‘La novia gitana’ y ‘Tesis’

Las referencias que despierta ‘Gummy’ ayudan a situar sus intenciones. Hay ecos de ‘Hostel’ en su aproximación a la violencia más desagradable y a los rincones donde la crueldad de la noche puede convertirse en espectáculo. También aparecen conexiones con ‘La novia gitana’, por esa sensación de adentrarse en un entorno criminal en el que la suciedad moral no se limita a un único individuo. Y, aunque desde una perspectiva diferente, ‘Tesis’ planea sobre la película por su relación con aquello que nos repele y al mismo tiempo despierta nuestra curiosidad y ánimo de lucro a cualquier precio.

La comparación con la película de Alejandro Amenábar resulta especialmente oportuna en un año en el que se cumplen treinta años de su estreno y el director está presente en esta edición del Festival de Sitges. No significa que ambas obras compartan necesariamente el mismo discurso, pero sí permite recordar una tradición del cine español que se ha atrevido a mirar de frente aquello que muchos preferirían mantener fuera de campo.

Un monstruo diferente para Botet

En ese terreno, Javier Botet aporta una presencia física y una rareza muy particulares. Su figura ya está asociada al cine fantástico y de terror, pero aquí el interés no reside únicamente en su aspecto o en su capacidad para resultar inquietante. Lo decisivo es la incertidumbre que rodea a Mauro: sus intenciones parecen turbias desde el principio, aunque la película se reserva cartas que modifican nuestra percepción del personaje y de quienes lo rodean.

‘Gummy’ se mueve así entre el thriller y el terror que no deja de tener una parte escalofriante de realismo. Con una galería de individuos que parecen haber dejado atrás cualquier límite moral vuelve a poner sobre la mesa cuáles son los límites del ser humano y qué monstruos moran entre nosotros. Su principal atractivo está en esa desconfianza permanente fruto de la corrupción humana. Javi Prada propone una ruta por los bajos fondos donde el asesino no tiene garantizado el control y donde los ositos de gominola, lejos de ser un detalle dulce e inocente, forman parte de la extraña identidad de un personaje que invita a mirar dos veces antes de sacar conclusiones.

Ficha de ‘Gummy’

Estreno en España: por determinar. Título original: Gummy. Duración: 82 min. País: España. Dirección: Javi Prada. Guion: Rubén Tejerina. Música: Javier Bayón. Fotografía: Daniel G. Canal, Daniel Gonzalez. Reparto principal: Javier Botet, Clara Alvarado, Jan Cornet, Macarena Gómez, Rubén Tejerina, Mario Mayo, Sara Jiménez, Fernando Soto, Ruth Armas, Carla Nieto, Kiko Prada. Producción: Sr. Mono Producciones, Gamera Studios, Canary Islands Film. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Nightborn’

Pesadilla con bebé completamente anticonceptiva

Rupert Grint, un asunto de paternidad, un bebé que da bastante cringe, un conflicto de pareja que la protagonista parece afrontar prácticamente en solitario y una película envuelta en una oscuridad creciente. No, no estamos hablando de ‘Servant’, la serie asociada a M. Night Shyamalan. Estamos ante ‘Nightborn’ (‘Yön lapsi’), el segundo largometraje de Hanna Bergholm después de ‘Ego’, una fábula de terror finlandesa que traslada los miedos de la maternidad a un terreno de folk horror y body horror. La película pasó por la competición de la Berlinale y coloca a Seidi Haarla y Rupert Grint en una casa familiar perdida en mitad del bosque.

El paralelismo con ‘Servant’ es inevitable porque Grint vuelve a estar atrapado en una historia de padres, criaturas inquietantes y una relación familiar que se descompone alrededor de un bebé y una situación confusa entre locura y lo sobrenatural. Aquí, sin embargo, el planteamiento es mucho más físico. La protagonista da a luz a un bebé que recibe el nombre de Kuura y desde el principio intuye que algo no va bien. El niño presenta características anómalas, necesita sangre y termina convirtiéndose en una presencia dañina y tóxica que consume especialmente a su madre. La directora ha explicado que la película nace de su interés por las transformaciones del cuerpo femenino y por las partes de la maternidad que normalmente quedan fuera de la imagen idealizada.

Y Kuura es cualquier cosa menos un bebé adorable. Es un pequeño monstruo que absorbe, muerde, exige y ocupa todo el espacio posible, convirtiendo la maternidad en una experiencia agotadora, dolorosa y directamente terrorífica. Es una película decididamente anticonceptiva. Quien tenga la imagen de la llegada de un hijo como un momento idílico probablemente debería ver ‘Nightborn’ como advertencia.

Kuura, el hijo de la naturaleza

El nombre del bebé tampoco es casual. Kuura significa “escarcha” en finés y Bergholm evidentemente relaciona así la película el mundo natural. Además tenemos un nexo con la mitología finlandesa de los trolls del bosque. La película combina esa tradición con una sensibilidad casi de cuento oscuro: el bosque no es simplemente un paisaje, sino un espacio con sus propias reglas, una frontera entre lo doméstico y aquello que permanece fuera del control humano.

Ahí aparece una de las ideas más interesantes de ‘Nightborn’. La pareja decide instalarse precisamente en un entorno natural, lejos de la ciudad y cerca de las raíces familiares de ella, buscando construir una vida supuestamente idílica. Pero cuanto más cerca están de la naturaleza, menos control parecen tener sobre ella. El folklore finlandés y la tradición de los cantos de raíz que terminaron alimentando el ‘Kalevala’ sirven como ecos culturales de una película en la que naturaleza, superstición y fuerzas sobrenaturales terminan entremezclándose. El propio ‘Kalevala’ conserva una visión profundamente vinculada al poder de la naturaleza, incluyendo personificaciones de la escarcha y del frío.

Cuando Kuura necesita desplazarse por sí mismo aparece además una de las imágenes más desconcertantes del filme. Su manera de moverse recuerda deliberadamente a una marioneta de las películas de criaturas de otra época. Kuura estaría a la altura de los bebés monstruosos de ‘Braindead’ o ‘It’s Alive’ y, cuando empieza a moverse como una marioneta infernal, el filme abraza definitivamente su condición de pesadilla.

Una maternidad tan dolorosa como monstruosa

‘Nightborn’ funciona especialmente bien cuando convierte las dificultades de la maternidad en algo literal. Saga (Seidi Haarla) está siendo devorada física y emocionalmente por su hijo mientras Jon (Rupert Grint) intenta entender qué está ocurriendo sin llegar a experimentar la situación de la misma manera. El conflicto de pareja se construye así desde una incomunicación constante: ella soporta el peso del problema y él intenta racionalizarlo, hasta que ambos dejan de compartir la misma percepción de la realidad.

La película juega además con una pregunta inquietante: ¿Kuura es realmente una criatura sobrenatural o estamos ante una representación extrema de los miedos, el agotamiento y la ambivalencia que pueden acompañar a la maternidad? Bergholm no elimina completamente esa segunda lectura, aunque el relato se inclina progresivamente hacia el folklore y los trolls.

Y resulta especialmente divertido descubrir que los sonidos monstruosos de Kuura proceden de Max Cavalera, fundador de Sepultura, oculto entre los créditos como responsable de los gruñidos. Es otro detalle que demuestra hasta qué punto la película quiere que el horror infantil tenga algo de criatura de pesadilla y algo de cuento fantástico pasado por el heavy metal, tan presente en la cultura Finlandesa.

Ficha de ‘Nightborn’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Yön Lapsi. Duración: 92 min. País: Finlandia. Dirección: Hanna Bergholm. Guion: Hanna Bergholm, Ilja Rautsi. Música: Eicca Toppinen. Fotografía: Pietari Peltola. Reparto principal: Seidi Haarla, Rupert Grint, Pamela Tola. Producción: BlueLight, British Film Institute, Elokuvayhtiö Komeetta, Eurimages, Filmai LT, Getaway Films, Global Screen Fund, Yleisradio (YLE). Distribución: La Aventura, Movistar Plus+. Género: terror, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Oddities’

Adrienne Barbeau pesadilla para dos protagonistas y gustazo para los espectadores

‘Oddities’, de Tyler Savage, es una película que necesita tiempo para mostrar sus cartas pero que recompensa la paciencia. Su arranque nos presenta a dos jóvenes autodestructivas que viven al límite y terminan metidas en un problema mucho más grande que ellas. A partir de ahí, el relato avanza entre tiros, delincuentes y decisiones desesperadas, pero va ganando interés conforme abandona la apariencia de drama juvenil sobre drogas para adentrarse en un territorio bastante más turbio.

Lovie Simone y Lilimar forman una buena pareja protagonista. Sus personajes, Makenna y Rose, son dos amigas pasadas de vueltas que deben enfrentarse a la peor pesadilla de sus vidas. No son precisamente modelos de sensatez, y buena parte de la tensión nace de verlas intentar sobrevivir a las consecuencias de sus propios actos. Ambas transmiten esa mezcla de temeridad, fragilidad y desesperación de quienes han vivido demasiado tiempo al borde del precipicio y descubren, demasiado tarde, que todavía se puede caer más abajo.

De los bajos fondos a una tienda de carretera

La premisa parece sencilla: después de matar accidentalmente a su camello, las dos jóvenes huyen de la ciudad y buscan refugio en un establecimiento de carretera regentado por una mujer mayor. Lo que podría ser una parada circunstancial termina convirtiéndose en una trampa. La amenaza que las persigue no es necesariamente la única de la que deberían preocuparse, y el lugar donde esperan encontrar algo de seguridad acaba abriendo la puerta a una pesadilla distinta.

Savage juega con ese cambio de expectativas. Durante buena parte del metraje, los problemas de las protagonistas parecen proceder de sus adicciones, sus malas decisiones y el mundo criminal del que intentan escapar. Sin embargo, a partir de su mitad, la película empieza a sugerir que hay algo más detrás de lo que estamos viendo. El misterio adquiere protagonismo y transforma la naturaleza del relato sin que convenga desvelar hacia dónde se dirige.

Ese desplazamiento es el principal acierto de ‘Oddities’. Lo que inicialmente parece un thriller de supervivencia con jóvenes delincuentes va encontrando una identidad propia cuando introduce elementos que amplían su universo y obligan a reconsiderar las primeras impresiones. No todo termina de encajar con la misma naturalidad y ciertos detalles delatan las limitaciones de una producción modesta, pero la curiosidad acaba imponiéndose. Cuando la película encuentra su verdadera dirección, resulta más fácil dejarse llevar por ella.

Adrienne Barbeau, el gran reclamo

Si hay una presencia que eleva el conjunto es la de Adrienne Barbeau. La actriz, ligada a títulos fundamentales del fantástico como ‘La niebla’, de John Carpenter, y ‘Creepshow’, de George A. Romero, demuestra que no necesita grandes aspavientos para introducir una amenaza en escena. Su personaje parece tener dos caras de una misma moneda: puede inspirar cierta confianza, pero también transmite la sensación de que hay algo que no termina de cuadrar. Esa ambigüedad alimenta el suspense y hace que cada gesto pueda interpretarse de varias maneras.

Barbeau es el elemento que mejor conecta la película con una tradición del terror que sabe explotar los espacios cotidianos y los personajes aparentemente inofensivos. No hace falta convertir cada secuencia en una exhibición de violencia para mantener la inquietud. A veces basta con que una persona no se comporte como esperamos, con que una conversación esconda una segunda intención o con que el espectador empiece a sospechar que desconoce las verdaderas reglas del lugar en el que se encuentra.

Eso no significa que ‘Oddities’ sea una producción impecable. Hay decisiones visuales y momentos de ejecución que evidencian su condición de película de bajo presupuesto, e incluso aparecen detalles que pueden transmitir cierta sensación amateur. El montaje y algunos recursos no siempre disimulan las costuras. Sin embargo, sería un error quedarse exclusivamente en esas imperfecciones, porque Tyler Savage consigue que la intriga crezca y que el filme gane enteros según avanza.

‘Oddities’ no necesita convencer desde el primer minuto para terminar encontrando su público. Su propuesta mejora cuando deja atrás el retrato más convencional de dos jóvenes en caída libre y empieza a jugar con el misterio, la amenaza y las apariencias. Simone y Lilimar aportan energía a la huida, pero como decía, es Adrienne Barbeau quien termina convirtiéndose en el principal foco de interés.

Ficha de ‘Oddities’

Estreno en España: por determinar. Título original: Oddities. Duración: 89 min. País: EE.UU. Dirección: Tyler Savage. Guion: Tyler Savage. Música: Cody Carpenter. Fotografía: Antonio Cisneros. Reparto principal: Lilimar, Lovie Simone, Adrienne Barbeau, Xander Berkely, Will Oldham, Lucas Fleisher & Sarah Durn. Producción: Fryman Films, Wrigley Media Group. Distribución: por determinar. Género: suspense, terror.

Crítica: ‘La oveja Shaun: Misión calabaza’

En qué plataforma ver La oveja Shaun: Misión calabaza

Shaun vuelve como Halloween, periódicamente y demostrando su innata capacidad para divertirnos

El mundo de Aardman lleno de animales traviesos, humanos despistados y situaciones que inevitablemente terminan fuera de control encaja perfectamente con una festividad en la que las calabazas, los monstruos y los sustos forman parte del decorado. ‘La oveja Shaun: Misión Calabaza’ aprovecha precisamente ese escenario para convertirlo en una sucesión de homenajes al cine de terror, gags y travesuras marca de la casa. La verdad es que viendo la película uno piensa que Aardman ha tardado en tener su versión de Halloween.

La calabaza es aquí mucho más que un simple elemento decorativo. A su alrededor aparecen referencias que van desde el miedo al veterinario hasta ‘Thriller’ de Michael Jackson, ‘Frankenstein’, ‘Psicosis’ o ‘Un hombre lobo americano en Londres’. Incluso hay espacio para un guiño a ‘This Is Spinal Tap’. Aardman demuestra una vez más que no necesita explicar sus referencias: basta una imagen, un movimiento o una situación para que el espectador que las conozca reconozca inmediatamente el homenaje.

Una huerta muy poco natural

La premisa puede recordar inevitablemente al célebre episodio de ‘Los Simpson’ en el que Homer crea el Tomacco al mezclar tabaco y tomate con elementos radiactivos. Aquí también tenemos un experimento antinatural que provoca consecuencias descontroladas, aunque Shaun y sus compañeros se encargan de llevar la situación bastante más lejos.

Todo comienza, como tantas veces en las historias de la oveja, con una pequeña gamberrada que acaba adquiriendo proporciones mucho mayores. Shaun encuentra un libro de ciencias y, teniendo en cuenta quién es el lector, probablemente no haga falta explicar que utilizar los conocimientos científicos con responsabilidad no está precisamente entre sus principales virtudes.

El resultado es una huerta mutante que permite a Aardman desplegar su habitual arsenal de malentendidos, persecuciones y humor físico. La gracia está precisamente en que nunca parece necesario forzar el gag. Los personajes simplemente actúan como actuarían ellos y las consecuencias se encadenan hasta llegar al inevitable desastre.

‘La oveja Shaun: Misión Calabaza’ vuelve a mostrar esa capacidad innata de Aardman para contar todo sin necesidad de palabras. Los gestos, las onatopeyas, el movimiento de los ojos, una pausa o la reacción de un personaje ante algo absurdo pueden resultar más cómicos que cualquier diálogo.

El prodigio de la plastilina

También es imposible hablar de una nueva aventura de Shaun sin detenerse en la animación. Porque detrás de esa aparente sencillez hay un trabajo artesanal descomunal. Aardman sigue llevando el stop-motion a lugares cada vez más sofisticados. Las luces, el humo, los líquidos, las explosiones, las transformaciones y el dinamismo de los personajes podrían pasar desapercibidos si uno no recuerda constantemente que todo está construido mediante animación fotograma a fotograma.

La sensación de movimiento es especialmente impresionante. Los personajes tienen peso, textura y personalidad incluso cuando corren, chocan o protagonizan una persecución. Y los escenarios están diseñados para que cada elemento pueda convertirse en parte del gag. Una carrerilla, unas hojas, una calabaza o una manguera pueden pasar de ser un simple objeto del decorado a convertirse en el protagonista de la siguiente catástrofe. Y haciendo el aún más difícil todavía se atreven con una masa de pelos que en el rodaje debe haber sido todo un reto.

Además, Aardman entiende perfectamente algo fundamental de la animación: la exageración funciona mejor cuando parte de algo físicamente reconocible. Shaun no necesita transformarse en un superhéroe. Basta con que una situación cotidiana se descontrole hasta alcanzar proporciones absurdas.

‘La oveja Shaun: Misión Calabaza’ es, por tanto, una nueva demostración de que la fórmula sigue funcionando. Como Halloween, Shaun aparece periódicamente y siempre encuentra una manera diferente de hacernos pasar un buen rato. Como suele ocurrir con Aardman, lo extraordinario no es solamente lo que cuenta, sino comprobar cómo han conseguido hacerlo con plastilina, paciencia y miles de fotografías.

Ficha de ‘La oveja Shaun: Misión calabaza’

Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom. Duración: 91 min. País: Reino Unido. Dirección: Steve Cox, Matthew Walker. Guion: Mark Burton, Giles Pilbrow. Música: Natalie Holt. Fotografía: Charles Copping. Producción: Aardman Animation, Canal+, Sky. Distribución: SelectaVisión. Género: comedia, aventuras. Web oficial.

Crítica: ‘Ghost in the cell’

Un atípico Anwar nos encierra en un museo de carne y risas

Joko Anwar firma con ‘Ghost in the Cell’ la película con mayor despliegue técnico de su carrera y, probablemente, la más cercana a determinados recursos occidentales. La película, además, supone su duodécimo largometraje y fue seleccionada en la sección Forum de la Berlinale antes de llegar a Sitges.

La impresión inicial, sin embargo, es algo engañosa. Tras un prólogo sanguinolento que deja claro que Anwar no piensa abandonar su afición por las muertes creativas y horripilantes, el primer acto se extiende durante casi cuarenta minutos y se siente como una puesta en escena excesivamente larga. Estamos en una prisión de máxima seguridad, con presos divididos por bandas, guardias corruptos y un recién llegado que parece llevar consigo algo bastante peor que su propia condena. Cuando la función empieza realmente, el panorama cambia por completo y lo que parecía un drama carcelario se transforma en un festival de muertes, violencia y comedia.

Por su sentido coral, la colección de personajes estrafalarios, el humor absurdo, la música con ese aire de bebop y la violencia desatada, hay momentos en los que ‘Ghost in the Cell’ podría pasar por una película de Takashi Miike. Y precisamente ahí está la rareza dentro de la filmografía de Anwar. Quien llegue a ella como primera aproximación al director puede llevarse una imagen bastante equivocada de su cine. Es una rara avis dentro de una trayectoria mucho más acostumbrada al terror atmosférico y a combinaciones de género menos abiertamente disparatadas.

De la carnicería al humor absurdo

Lo más sorprendente es precisamente el cambio de tono. Estos personajes, presumibles criminales acostumbrados a sobrevivir en un entorno donde cada preso parece un depredador esperando su oportunidad, se ven obligados a protagonizar situaciones absolutamente ridículas. La película pasa del asesinato brutal a la comedia ridícula sin pedir permiso y encuentra buena parte de su personalidad en esa convivencia imposible.

El escenario carcelario también permite a Anwar introducir una sátira social que va bastante más allá del propio encierro. La prisión funciona como una representación en miniatura de la sociedad indonesia, con corrupción, desigualdad, abuso de poder, religión y manipulación mediática entre los asuntos que aparecen salpicando la narración. El protagonista, Dimas, es periodista y llega al presidio después de verse implicado en la muerte de su editor, lo que permite introducir también una reflexión sobre la prensa, la investigación y la manera en que determinadas noticias pueden incomodar a quienes tienen poder.

La religión tampoco queda fuera de la diana. Los presos recurren a distintas formas de fe cuando descubren que quizá existe una manera de mantener a raya al ente, lo que proporciona algunas de las situaciones más absurdas de la película. Oraciones, referencias religiosas e incluso bailes durante reyertas y escaramuzas carcelarias se convierten en mecanismos de supervivencia.

Una exposición de cadáveres con explicación final

Visualmente, Anwar demuestra que ha querido llevar la producción un paso más allá. La fotografía de Ical Tanjung recorre los estrechos espacios de la prisión con una energía considerable y consigue que el escenario no resulte repetitivo a pesar de tener solo dos o tres localizaciones principales. Pero donde realmente destaca ‘Ghost in the Cell’ es en el maquillaje y los efectos prostéticos. Las víctimas son convertidas en auténticas composiciones macabras y aquí el trabajo artesanal resulta magnífico. Anwar contó con especialistas en efectos prácticos e incluso con seis ilustradores que ayudaron a diseñar los cuerpos antes de convertirlos en esculturas de carne, sangre, huesos y vísceras.

Lástima que, para algunas de las barbaridades más exageradas, se recurra también a un CGI bastante pobre. Hay momentos en los que los cuerpos pierden todo su peso y parecen juguetes de plástico estirable. El contraste entre unos prostéticos estupendos y unos efectos digitales mucho más evidentes resulta demasiado visible.

También queda una pregunta flotando durante buena parte del metraje: ¿qué quiere el ente y por qué selecciona precisamente a sus víctimas? La respuesta acaba llegando. Sus asesinatos son entonces mucho más que simples escenas gore. Los cadáveres aparecen convertidos en instalaciones que mezclan carne, mobiliario y elementos del propio espacio, como si el monstruo necesitara construir una galería de arte macabra dentro de la prisión. Esa idea conecta la violencia con la necesidad de dejar una huella y convierte cada muerte en una especie de composición artística.

‘Ghost in the Cell’ es, por tanto, una película peculiar dentro del cine de Joko Anwar. Tiene una notable calidad técnica (incluso mejor que sus mejores obras o su serie de Netflix), unos efectos prácticos excelentes y varias muertes memorables. Si eres capaz de ver una película extraña, excesiva y deliberadamente desquiciada la disfrutarás, pero si quieres ver un filme con denominación de origen Joko Anwar te va a defraudar.

Ficha de ‘Ghost in the cell’

Estreno en España: por determinar. Título original: Ghost in the cell. Duración: 106 min. País: Indonesia. Dirección: Joko Anwar. Guion: Joko Anwar. Música: Tony Merle, Aghi Narottama. Fotografía: Ical Tanjung. Reparto principal: Abimana Aryasatya, Endy Arfian, Bront Palarae, Morgan Oey, Lukman Sardi, Danang Suryonegoro. Producción: Come and See Pictures, Rapi Films, Barunson E&A, Ivanhoe Pictures. Distribución: La Aventura. Género: terror, comedia. Web oficial.

Crítica: ‘La muerte de Drácula’

Una versión vampiresca que no es ni parodia ni turra seria, pero que tiene personalidad

Fernando Martínez y Juan González, conocidos como Burnin’ Percebes, ya demostraron con ‘El fantástico caso del Golem’ que no necesitan demasiado para construir un universo cinematográfico propio. Aquella extraña y divertida mezcla de ciencia ficción, comedia y surrealismo tenía algo de película pulp hecha desde la libertad absoluta. ‘La muerte de Drácula’ vuelve a moverse por terrenos parecidos, aunque esta vez del golem se pasa al vampiro y el humor más evidente por una aproximación sorprendentemente naíf al mito de la inmortalidad.

La premisa podría haber llevado fácilmente a los directores hacia ‘Lo que hacemos en las sombras’. Vampiros en nuestros días, situaciones absurdas y un mito clásico colocado en un contexto contemporáneo parecen ingredientes perfectos para hacer una versión española de la obra de Waititi. Pero los Burnin’ Percebes toman otro camino. La película puede resultar absurda y extraña, incluso dar la sensación de que no quiere ser tomada en serio, pero debajo de esa apariencia despreocupada existe una reflexión bastante sincera sobre qué significa vivir para siempre.

Un Drácula fuera de su tiempo

La relación entre Drácula y Mina a través de océanos de tiempo sirve como excusa para hablar de algunas de las cuestiones más inseparables del personaje de Bram Stoker: el amor eterno, la imposibilidad de aceptar la muerte y, sobre todo, el vacío que puede esconder una existencia demasiado larga.

Porque la inmortalidad, que en tantas historias aparece como un privilegio, aquí también puede convertirse en una aburrida y sosa condena. Si el tiempo deja de tener un límite, también puede perder parte de su sentido. Las personas desaparecen, las épocas cambian y aquello que parecía extraordinario acaba convertido en rutina.

Los directores no necesitan convertir a Drácula en un filósofo para plantear estas cuestiones. Lo hacen desde una ingenuidad y una parsimonia deliberada que encaja con la propia propuesta. La película contempla al vampiro casi como si fuera una figura decrépita pero impregnada del pop de Warhol que ha quedado atrapada en un mundo que ya no comprende del todo.

Javier Botet resulta además una elección particularmente apropiada para encarnar a esta criatura. El actor ya había interpretado al Conde en ‘El último viaje del Demeter’, y su físico, asociado durante años a algunos de los monstruos más reconocibles del cine de género español e internacional, proporciona a Drácula una presencia inevitablemente inquietante. Sobre decir que el drácula que interpreta aquí es mucho más mundano y cero efectista.

El absurdo como forma de libertad

Visualmente, ‘La muerte de Drácula’ apuesta por el blanco y negro y el formato 4:3. Una elección que refuerza su apariencia de película encontrada fuera de su tiempo, como si el mito de Drácula hubiera sobrevivido también a las propias formas cinematográficas que tradicionalmente lo han representado.

Pero esa libertad formal tiene una contrapartida. Donde ‘El fantástico caso del Golem’ encontraba un equilibrio bastante estimulante entre rareza, humor y ritmo, aquí los Burnin’ Percebes estiran demasiado algunas situaciones. Hay escenas que podrían funcionar mejor con menos duración y canciones que terminan contribuyendo a una sensación de cierta pesadez.

Es una lástima porque la película posee ideas interesantes y una personalidad muy marcada. Precisamente por ser tan despreocupada y extraña, uno tiene la sensación de que los directores no pretenden que la tomemos completamente en serio. Pero tampoco es exactamente una comedia. Y esa indefinición puede jugar en su contra cuando el metraje se detiene demasiado en determinadas situaciones.

Aun así, hay algo coherente en esa actitud. ‘La muerte de Drácula’ no parece preocupada por cumplir las expectativas de una película convencional sobre vampiros. Ni quiere ser una parodia al uso, ni un drama gótico, ni una adaptación ortodoxa del universo de Bram Stoker. Prefiere deambular entre todos esos territorios.

Ficha de ‘La muerte de Drácula’

Estreno en España: por determinar. Título original: La muerte de Drácula, Duración: 123 min. País: España. Dirección: Burnin’ Percebes, Nando Martínez, Juan González. Guion: Burnin’ Percebes, Nando Martínez, Juan González. Música: Sergio Bertan. Fotografía: Fernando Martínez. Reparto principal: Laura Weissmahr, Javier Botet. Producción: Gluon Media, Hot Potato Films. Distribución: por determinar. Género: comedia, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘Leviticus’

En qué plataforma ver Leviticus

Convertir el deseo en condena no es cosa de la antigüedad

‘Leviticus’, debut en el largometraje de Adrian Chiarella, remite directamente al libro del Antiguo Testamento que durante siglos ha sido utilizado para justificar la condena de las relaciones entre personas del mismo sexo. En Levítico 18:22 encontramos la prohibición de acostarse “con un varón como con una mujer”, una frase que establece una relación directa entre el deseo de sus protagonistas y la doctrina religiosa que pretende convertirlo en pecado.

Chiarella utiliza eso como punto de partida para construir un terror sobrenatural en el que dos adolescentes, Naim y Ryan, descubren su atracción mutua mientras viven en una comunidad cristiana profundamente conservadora de Australia. Cuando su relación sale a la luz, son sometidos a un ritual destinado a corregir aquello que los adultos consideran una desviación.

El director no se limita a hablar de homofobia. También introduce una lectura sobre el control religioso de los cuerpos y, especialmente, sobre la posición de la mujer dentro de determinadas estructuras de pensamiento. El propio libro de Levítico contiene numerosas normas relacionadas con el cuerpo femenino, desde la menstruación hasta el parto y los rituales de purificación. Así, el título permite entender la película como una crítica a una moral que decide qué deseos son aceptables, qué cuerpos necesitan ser purificados y quién tiene autoridad para establecerlo.

El deseo como monstruo

La película tiene además una sexualidad evidente y no intenta esconder que el deseo constituye su principal motor narrativo. Chiarella encuentra una metáfora especialmente efectiva al convertir aquello que atrae a los personajes en aquello mismo que puede destruirlos: la entidad sobrenatural adopta la forma de la persona que cada muchacho desea.

Resulta especialmente interesante la naturaleza física de Naim y Ryan. Sus juegos, forcejeos y enfrentamientos, ese carácter peleón que mantienen entre ellos, hablan de una masculinidad todavía ligada al instinto. Antes de poder verbalizar qué sienten, sus cuerpos ya parecen saberlo. La película convierte esa pulsión casi salvaje en una fuerza difícil de contener y enfrenta la naturaleza de los adolescentes con las normas impuestas por el entorno.

En ese contraste está buena parte de su interés. Los chicos parecen actuar por impulso, mientras los adultos intentan someter ese impulso mediante religión, miedo y castigo. El fantástico sobrenatural se convierte así en una herramienta para hablar de una problemática social perfectamente real.

Y es ahí donde aparece uno de los aspectos más perturbadores de la película: las terapias de conversión. Lo que durante demasiado tiempo pudo parecer una práctica poco conocida fuera de determinados contextos se presenta aquí como un ritual de horror. La película no necesita explicarlo demasiado. Basta con mostrar el intento de convertir el deseo en algo que debe ser extirpado. La investigación y la legislación contemporáneas continúan documentando prácticas destinadas a cambiar o suprimir la orientación sexual, incluidas intervenciones de carácter religioso. La American Psychological Association señala además que no existen evidencias que respalden su eficacia y que parten de la idea científicamente desacreditada de que ser LGBTQ+ es algo que debe curarse.

Una película de mentalidad abierta y por ello con varias interpretaciones

‘Leviticus’ gana enteros cuando renuncia a ofrecer una explicación cerrada. Su entidad sobrenatural puede entenderse de varias maneras y ahí reside buena parte de la riqueza de la propuesta. Podemos interpretar que la criatura se libera como consecuencia de los sentimientos de los dos jóvenes, como una materialización del deseo prohibido. También podemos pensar que nace de las acciones de sus padres, de la violencia ejercida sobre ellos o incluso de las traiciones que los propios muchachos cometen entre sí.

Chiarella ha reconocido que quería utilizar imágenes bíblicas para preguntarse cuánto de las normas que utilizamos para controlar nuestras vidas procede realmente de alguna instancia superior y cuánto lo construimos nosotros mismos. Esa ambigüedad convierte al monstruo en algo más que una criatura de terror. Puede ser culpa, represión, homofobia, miedo interiorizado o la consecuencia inevitable de intentar convertir el deseo en una enfermedad.

Materializar lo invisible

A ello contribuye un reparto en el que encontramos rostros conocidos como Mia Wasikowska, a quien recordamos por ‘Alicia en el país de las maravillas’, y Joe Bird, visto en ‘Talk to Me’. Bird comparte protagonismo con Stacy Clausen, y ambos consiguen que la relación entre sus personajes tenga una dimensión física y emocional imprescindible para que la metáfora funcione.

‘Leviticus’ entiende algo fundamental del cine fantástico: un monstruo no necesita representar únicamente una amenaza sobrenatural. Puede ser la forma visible de aquello que una sociedad quiere esconder. Aquí el deseo queer, la religión, la represión familiar y las terapias de conversión encuentran una traducción directa en el terror. Y aunque la película deje sus respuestas suspendidas en el aire, precisamente ahí está parte de su fuerza: que el verdadero monstruo pueda ser la criatura, quienes la liberan o el mundo que necesitó crearla. Sobre todo, lo importante es el atrevimiento, no el de amar a alguien del mismo sexo, sino el de poner sobre la mesa este tipo de temáticas.

Ficha de ‘Leviticus’

Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Leviticus. Duración: 86 min. País: Australia. Dirección: Adrian Chiarella. Guion: Adrian Chiarella. Música: Jed Kurzel. Fotografía: Tyson Perkins. Reparto principal: Joe Bird, Stacy Clausen, Jeremy Blewitt, Mia Wasikowska. Producción: Causeway Films, Salmira Productions. Distribución: YouPlanet. Género: terror, romance. Web oficial.

Crítica: ‘Boiúna: la leyenda del Amazonas’

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El próximo director de Saw demuestra que no tiene reparos en hacérselo pasar mal a sus estrellas

Con directores como Mike P. Nelson resulta fácil tener cierta simpatía. No porque su filmografía sea especialmente extensa, sino porque películas como ‘Wrong Turn’ o su participación en ‘V/H/S/85’ han demostrado que entiende bastante bien los mecanismos del cine de terror y, sobre todo, que no parece tener demasiado interés en tratar con delicadeza a sus personajes. Ahora todas las miradas del género están puestas en él: será el encargado de dirigir la próxima entrega de ‘Saw’, una responsabilidad considerable después de los últimos batacazos de la franquicia orquestados por Darren Lynn Bousman.

‘Boiúna: la leyenda del Amazonas’ confirma algunas de las razones por las que puede ser una elección interesante. La película se incorpora a esa nueva oleada de propuestas de terror protagonizadas por animales gigantes, criaturas prehistóricas o depredadores imposibles que reaparecen en nuestro presente. Hasta ahí estamos ante una propuesta del montón. La sombra de ‘Anaconda’ es evidente, aunque aquí Nelson evita deliberadamente convertir la propuesta en una simple aventura palomitera con chistes cada cinco minutos para aliviar el ambiente.

Una serpiente que no viene a hacer amigos

La Boiúna es una criatura procedente del imaginario real del Amazonas, aquí convertida en una serpiente colosal que despierta para reclamar su territorio. El proyecto nació precisamente de la idea de combinar la leyenda con la Titanoboa, la gigantesca serpiente prehistórica que habitó Sudamérica hace millones de años.

Y Nelson opta por tomársela bastante en serio. ‘Boiúna’ es cruda, sangrienta y despiadada. No busca la diversión autoconsciente de otras criaturas gigantescas, sino que convierte la selva en un lugar hostil donde cualquier personaje puede acabar de la peor manera posible. El director disfruta embarrando a sus actores, llenándolos de sangre y poniéndolos en situaciones desagradables. Hay una cierta vileza en la forma de contemplar la violencia que puede recordar, salvando las distancias, al cine de Craig Zahler: no tanto por el estilo como por esa voluntad de mostrar hasta dónde puede llegar la brutalidad de nuestro mundo cuando desaparecen las comodidades de la civilización.

También hay espacio para el gore más físico. Una de las escenas más desagradables ni siquiera necesita a la criatura: la extracción de una larva de mosca de la piel apuesta directamente por los efectos prácticos y por provocar una reacción visceral en el espectador.

Menos ataques, más suspense

Quizá el principal inconveniente de ‘Boiúna’ sea precisamente aquello que algunos espectadores podrían esperar de una película de estas características: hay menos ataques de la serpiente y menos muertes de las que cabría imaginar, salvo en el tercer acto. Nelson prefiere construir una película de persecución y supervivencia, dejando que el suspense ocupe el lugar que podría haber correspondido a una sucesión constante de ataques.

Es una decisión que funciona razonablemente bien, aunque en determinados momentos uno desea que la película acelere y permita que la Boiúna se convierta en protagonista absoluta. También es posible que detrás de esta contención exista una cuestión presupuestaria. Una criatura digital de estas dimensiones exige mucho dinero y tiempo, y ‘Boiúna’ parece consciente de que enseñar demasiado a su monstruo puede ser contraproducente. Cuando aparece, por tanto, importa más la amenaza que la exhibición permanente del animal. Pero como decía, todo cambia en el tercer acto.

El reparto aporta rostros reconocibles como Jessica Rothe, conocida por ‘Feliz día de tu muerte’, Logan Marshall-Green, protagonista de ‘La invitación’ y Kiana Madeira, vista en la trilogía de ‘La calle del terror’. Es con ellos tres con quien se desarrolla una tama de puro odio que podría ser una película a parte al margen de la existencia del reptil. Pero con ellos Nelson da un golpe en la mesa y demuestra que no tiene ningún reparo en bajar al barro literalmente a sus actores y hacerles víctimas de los giros de su guión.

Pero hay algo más que está oculto tras el gigantesco aspid. La criatura aparece vinculada a un territorio alterado por la acción humana y la película introduce campamentos y explotaciones mineras ilegales en plena selva. No estamos ante un filme político ni ante un manifiesto ecologista ni rodeados de cine social. Nelson no convierte la historia en un panfleto. Sin embargo, sí existe una pequeña reivindicación de las comunidades que habitan el Amazonas y de un entorno que la película presenta como algo más que un simple decorado exótico.

‘Boiúna’ entiende que una película de monstruos no necesita ser una comedia para resultar entretenida. Es una propuesta áspera y con ciertos tratamientos sobre sus personajes que van más allá de las caras conocidas. Le habría sentado bien algo más de acción y una presencia más constante de la criatura, pero Nelson demuestra que sabe manejar la tensión y, sobre todo, que no tiene miedo de ensuciarse las manos. Si esta es la muestra de lo que puede hacer con ‘Saw’, al menos hay motivos para mantener cierta curiosidad.

Ficha de ‘Boiúna: la leyenda del Amazonas’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Beware Boiúna. Duración: 74 min. País: Alemania, EE.UU. Dirección: Mike P. Nelson. Guion: Tony Giglio, Alan B. McElroy, Mike P. Nelson. Música: Stephen Lukach. Fotografía: Nick Junkersfield. Reparto principal: Logan Marshall-Green, Jessica Rothe, Kiana Madeira. Producción: Constantin Film, JB Pictures, Jaguar Bite. Distribución: Vértice Cine. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Ithaqua’

La Hammer recupera al wendigo pero olvida a Lovecraft

Una película de la mítica Hammer debería imponer cierto respeto. No solamente por lo que representa históricamente el nombre de la productora dentro del cine fantástico, sino por los monstruos que forman parte de su historia. Pero ‘Ithaqua’ no está a la altura de semejante legado. Por otro lado, ¿qué película hoy en día consigue calar de un modo tan profundo en el imaginario colectivo? Casey Walker construye una película de terror que tiene buenos mimbres, una ambientación notable y algunos momentos de auténtico nervio, pero que termina desaprovechando precisamente aquello que la hace más interesante: su conexión con el horror cósmico y el universo de Lovecraft.

Estamos en el siglo XIX, durante el declive del comercio de pieles, en uno de esos asentamientos fronterizos norteamericanos donde hombres llegados hasta allí en busca de fortuna sobreviven entre el frío, el hambre y la violencia. Un escenario que podría pertenecer perfectamente a un western clásico si no fuera porque algo empieza a transformar a sus habitantes en criaturas con una insaciable necesidad de carne humana. La película aprovecha muy bien ese aislamiento para construir una sensación de amenaza constante.

Del wendigo al western de supervivencia

‘Ithaqua’ podría parecer inicialmente una película de zombis cualquiera. Humanos convertidos en devoradores de carne, personajes que intentan escapar de ellos y una progresiva acumulación de cadáveres. Pero existe algo más profundo en la criatura que da título al filme.

Ithaqua es una creación de August Derleth vinculada a los Mitos de Cthulhu y profundamente inspirada por ‘El Wendigo’, el relato de Algernon Blackwood. La criatura de Derleth representa una forma de horror relacionada con los espacios remotos, el frío, la naturaleza y la pérdida de control. Su vínculo con la locura y con la transformación del ser humano en algo que ya no puede controlar sus impulsos ofrece un material especialmente rico para una película como esta.

El problema es que Walker apenas rasca esa superficie. La referencia al folclore lovecraftiano resulta más anecdótica que verdaderamente estructural. En lugar de aprovechar la locura que se cultiva con Ithaqua, la película termina convirtiéndolo fundamentalmente en una amenaza que obliga a los personajes a correr para sobrevivir. Y no es necesariamente algo malo. De hecho, cuando ‘Ithaqua’ acepta que es una historia de persecución y supervivencia, funciona bastante mejor. Pero no es Lovecfraft.

Cuando llega el frenesí

Durante buena parte del metraje estamos ante un western fronterizo casi convencional. La fotografía, los decorados y el vestuario contribuyen a recrear ese mundo de puestos comerciales, bosques, nieve y hombres acostumbrados a enfrentarse tanto a la naturaleza como a otros hombres.

Pero cuando la película deja de contenerse y desata el frenesí monstruoso aparece otra película mucho más estimulante. El ritmo se acelera, los personajes tienen que enfrentarse físicamente a los devoradores y el horror se vuelve más visceral. Es entonces cuando Casey Walker demuestra que sabe desenvolverse con la violencia y el body horror.

No resulta extraño teniendo en cuenta quién está detrás del proyecto. Walker ya estuvo vinculado a ‘El vacío’, mientras que Pascal Trottier, uno de los guionistas junto a Peter Scott Vicaire y el propio Walker, trabajó en ‘En la hierba alta’. Aparecen con estas referencias nombres como Stephen King y esto demuestra que son cineastas familiarizados con historias de terror en las que lo físico y lo psicológico pueden convivir. En ‘Ithaqua’, sin embargo, esa herencia queda reducida a algunos apuntes.

Lo que sí consigue la película es una colección de imágenes bastante poderosas. Especialmente cuando se sumerge en la oscuridad y muestra a sus antagonistas deformados, ensangrentados y grotescos.

Dos protagonistas conocidos por la audiencia y comprometidos con el fantástico

Y el enfrentamiento entre Luke Hemsworth y Kevin Durand funciona como otro de los pilares de la película. Sus personajes parten de posiciones antagónicas y están obligados a entenderse cuando la situación se vuelve insostenible. Entre ellos el enfrentamiento no es solo físico, también cultural. Si no fuese por esa relación y esa construcción de personajes el primer tramo del filme habría sido insostenible.

Y al tratarse de un western y tocar la figura del wendigo evidentemente hay nativos americanos en el filme. No quiero cerrar sin reconocerle su parte de protagonismo a Leenah Robinson quien ejerce del interés amoroso del protagonista, la supuesta dama en apuros y tiene más de una escena interesante. No es una actriz conocida en España pero con ‘Ithaqua’ puede que haya dado  un paso al frente y quizás oigamos hablar de ella en un futuro próximo.

Ficha de ‘Ithaqua’

Estreno en España: por determinar. Título original: Ithaqua. Duración: 110 min. País: Canadá. Dirección: Casey Walker. Guion: Pascal Trottier, Peter Scott Vicaire, Casey Walker. Música: Blitz//Berlin. Fotografía: Bryn McCashin. Reparto principal: Luke Hemsworth, Kevin Durand, Michael Pitt, Craig Lauzon, Leenah Robinson, Pamela Matthews. Producción: Cave Painting Pictures, Beyond the Frame. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Her private hell’

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Nicolas Winding Refn pide un salto de fe para sumergirse en una nueva metáfora alucinógena

La secuencia de apertura de ‘Her Private Hell’ nos lleva a un futuro lleno de oscuridad, repleto de sombras y neones azules y rosa chicle. Es como si estuviésemos en una versión deliberadamente hortera de ‘Blade Runner’ (más cercana a ciertas exageraciones visuales de Villeneuve), en cuya penumbra incluso podemos atisbar edificios que recuerdan, salvando las distancias, a las Torres Blancas de Madrid. Nada más empezar, la película deja claro que estamos ante el mismo Nicolas Winding Refn de ‘The Neon Demon’: feminidad, carga visual discotequera y argumentos siniestros.

Diez años después de aquel largometraje, el director danés regresa al cine con una obra que comparte con ‘Her Private Hell’ de 1968 algo más que el título. El propio Refn parte de la idea general de aquella película de Norman J. Warren, aunque las similitudes narrativas se quedan fundamentalmente en sus rasgos esenciales. Esta nueva versión se construye a partir de varias historias que terminan confluyendo alrededor de padres, hijas, desapariciones y una ciudad que parece existir en algún lugar entre la realidad y el subconsciente.

El resultado es desconcertante hasta extremos que pueden resultar fascinantes o exasperantes dependiendo de cuánto estemos dispuestos a abandonarnos a sus reglas. ¿Os ha pasado que habéis ido a un museo y no habéis entendido algunas obras de arte moderno hasta que habéis leído un folleto explicativo o un guía ha arrojado algo de luz sobre su significado? Con ‘Her Private Hell’ sucede algo parecido. Es tan incomprensible, o tan susceptible de ser interpretada de mil maneras, como determinadas obras de David Lynch o la última película del chino Bi Gan.

Del videoclip a la pesadilla

Refn construye una experiencia que parece cambiar de forma constantemente. Por momentos estamos ante una especie de videoclip de Madonna inspirado en ‘Star Trek’; poco después, la película parece deslizarse hacia un territorio mucho más próximo al de ‘En realidad, nunca estuviste aquí’. El director no pretende que las piezas encajen inmediatamente. Las coloca ante nosotros como imágenes, símbolos y sensaciones que debemos ordenar por nuestra cuenta.

Hay algo deliberadamente teatral y artificial en la propuesta. Los decorados, el vestuario, los colores y la música de Pino Donaggio convierten la película en una gigantesca instalación audiovisual. No es casual que Refn haya trabajado aquí desde una lógica casi de performance. Durante el rodaje llegó a reescribir el guion diariamente y modificó incluso el final a mitad de producción sin comunicarlo al reparto, con la intención de conservar la incertidumbre durante el proceso creativo.

También resulta revelador que Charles Melton aceptara el papel prácticamente sin necesidad de leer el guion y que, en su primer encuentro por Zoom con Refn, el director estuviera más interesado en conocer su relación con el cine y las redes sociales que en someterlo a una audición convencional. Son detalles que ayudan a entender una película concebida menos como un mecanismo narrativo cerrado que como una experiencia en permanente transformación.

Un infierno particular, muy particular

Pero debajo de toda esa parafernalia visual se puede intuir una historia mucho más sencilla y dolorosa. ‘Her Private Hell’ es, ante todo, una pesadilla sobre el trauma, la pérdida y la necesidad de ser amado por un padre. Refn trabaja deliberadamente con la lógica de los sueños: los miedos se materializan, los espacios cambian de significado y aquello que debería proporcionar seguridad termina convirtiéndose en la puerta de entrada al infierno particular de sus personajes.

La película no quiere explicarnos ese infierno, sino hacernos caminar por él. De ahí que determinados acontecimientos parezcan desconectados y que personajes y situaciones adquieran una dimensión casi simbólica. La búsqueda de una hija, la presencia de un padre ausente y la aparición de una entidad amenazadora terminan funcionando como distintas manifestaciones de una misma herida. El propio origen del proyecto está relacionado con una experiencia cercana a la muerte que Refn vivió antes de regresar al largometraje, un acontecimiento que acabó impulsando la creación de esta historia.

‘Her Private Hell’ no es una película que pida ser comprendida de forma convencional. Es cine sensorial, abstracto y profundamente personal. Puede fascinar por su imaginería o desesperar por su hermetismo, pero difícilmente deja indiferente. Refn vuelve a demostrar que quiere que su cine funcione como una experiencia y permite que las imágenes hablen allí donde las palabras dejan de tener sentido.

Ficha de ‘Her private hell’

Estreno en España: por determinar. Título original: Her private Hell. Duración: 107 min. País: EE.UU. Dirección: Nicolas Winding Refn. Guion: Esti Giordani, Nicolas Winding Refn. Música: Pino Donaggio. Fotografía: Magnus Nordenhof Jønck. Reparto principal: Sophie Thatcher, Charles Melton, Havana Rose Liu, Kristine Froseth, Dougray Scott, Diego Calva. Producción: Neon, byNWR. Distribución: por determinar. Género: drama, terror, ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘El árbol muy muy lejano’

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Una película que pide a los adultos recuperar la capacidad de creer y exige al espectador hacer lo mismo

Hay películas que parecen concebidas después de volcar sobre una mesa todos los elementos posibles de la fantasía infantil y decidir que ninguno sobra. ‘El árbol muy muy lejano’, dirigida por Ben Gregor y basada en las novelas de Enid Blyton, pertenece decididamente a esa categoría. Es un cuento infantil hortera, colorido y deliberadamente desmesurado que puede hacer pensar en ‘El Mago de Oz’, ‘Las crónicas de Narnia’, ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, ‘Hook el Capitán Garfio’ o ‘Las crónicas de Spiderwick’. Ante semejante despliegue, yo me conformaba con que no fuese otro desastre como ‘Un pliegue en el tiempo’, aquella producción de trama ridícula, malas interpretaciones, caracterizaciones cuestionables, efectos especiales poco afortunados que Disney se empeñó en enterrar por vergüenza propia. La buena noticia es que Ben Gregor consigue evitar semejante naufragio. La mala es que tampoco logra que semejante despliegue de imaginación resulte particularmente estimulante para quien ya ha dejado atrás la infancia.

La película mezcla elementos de distintas entregas de la saga de Blyton y entiende perfectamente que el material exige una fantasía sin ataduras. Por sus ramas desfilan personajes que parecen extraídos de un parque de atracciones lowcost, mientras los escenarios someten al espectador a un baño de colores comparable al de un mal viaje psicotrópico dentro de una tienda de golosinas. Sin embargo, hay que reconocer que semejante exceso posee cierta coherencia con el espíritu del relato. Como cuento infantil puede funcionar.

Además, hay algo genuinamente británico en la propuesta, hasta el punto de permitirse un guiño evidente a ‘Los caballeros de la mesa cuadrada’ de los Monty Python. No es una casualidad aislada: la película está construida sobre una tradición de humor y fantasía británicos que utiliza lo absurdo como parte natural de su universo.

Cuando los adultos también necesitan creer

Fui a ‘El árbol muy muy lejano’ atraído principalmente por un reparto que reunía a Claire Foy, Rebecca Ferguson y Andrew Garfield. Foy y Garfield interpretan a una pareja que se sale de algunos moldes establecidos y que incorpora incluso algún alegato feminista (no es el único que hay en el filme), aportando la dimensión adulta de la historia. Eso no significa, curiosamente, que sean ellos quienes representen el lado racional. El personaje de Garfield funciona como un gancho de nostalgia hacia tiempos en los que la tecnología no encorsetaba a la imaginación.

Ferguson sin embargo queda bastante desaprovechada. Su personaje, Dame Snap, funciona como una suerte de versión paródica de Gargamel, una villana exageradísima cuya presencia parece concebida para que el público infantil pueda identificarla inmediatamente como amenaza. El problema es que contar con una actriz de su calibre para un papel tan limitado en tiempo y en presencia deja cierta sensación de oportunidad perdida.

Las pretensiones de la película, en cambio, son bonitas. Muy bonitas. ‘El árbol muy muy lejano’ reivindica recuperar aquellas infancias rodeadas de juegos, aventuras e imaginación, conectando con relatos arquetípicos como ‘Peter Pan’ o ‘Winnie the Pooh’. Su mensaje es tan sencillo como reconocible: cuando nos hacemos adultos dejamos de creer y de soñar.

Y ahí aparece también su vertiente ecologista. La mudanza al campo funciona como una llamada a desconectar de la tecnología y recuperar el contacto con la naturaleza y con las cosas sencillas. La película contrapone constantemente un mundo dominado por pantallas, dispositivos y obligaciones con otro en el que basta un árbol para desencadenar una aventura. Incluso la producción quiso llevar esa filosofía a la práctica evitando el uso de plástico durante el rodaje, una decisión que encaja con el discurso de la película.

Un viaje infantil difícil de compartir

El problema es que el filme parece exigir al espectador adulto que se entregue a ese espíritu de alegría desbordante con la misma intensidad que sus protagonistas. Y a mí me cuesta. Hay una diferencia considerable entre comprender el mensaje y sentirlo. Puedo compartir plenamente la reivindicación de una vida menos dependiente de la tecnología, la necesidad de recuperar el juego o la importancia de mantener cierta capacidad de asombro y, al mismo tiempo, sentirme incapaz de imbuirme de esa embriaguez de optimismo infantil y vitalidad desbordante de cosplayer kawaii.

La película incluso parece consciente de que su público adulto necesita un pequeño empujón para recuperar esa mirada perdida. Pero su solución consiste en aumentar todavía más el volumen de la fantasía, multiplicando personajes estrafalarios, colores, criaturas, decorados y situaciones disparatadas. El resultado es simpático, pero también agotador.

No estamos ante otro ‘Wonka’, ni mucho menos ante la brillantez de ‘Paddington 2’, dos referentes inevitables si tenemos en cuenta la participación del guionista Simon Farnaby en aquellas producciones. ‘El árbol muy muy lejano’ únicamente necesita que los niños quieran subir por ese árbol y que los conocedores de las novelas den el visto bueno. No consigue que yo quiera volver a ser niño, pero al menos recuerda por qué alguna vez quisimos soñar.

Ficha de ‘El árbol muy muy lejano’

Estreno en España: 9 de octubre de 2026. Título original: The Magic Faraway Tree. Duración: 110 min. País: Reino Unido. Dirección: Ben Gregor. Guion: Simon Farnaby, Enid Blyton. Música: Isabella Summers. Fotografía: Zac Nicholson. Reparto principal: Claire Foy, Andrew Garfield, Rebecca Ferguson, Nonso Anozie, Nicola Coughlan. Producción: Ashland Hill Media Finance, Elysian Film Group, Neal Street Productions, Palisades Park Pictures, StudioCanal. Distribución: Diamond Films. Género: fantasía, aventuras, adaptación. Web oficial.