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Crítica de la T4 de ‘Stranger Things’


Una mezcla de ‘The Ring’, ‘Pesadilla en Elm Street’, ‘Elfen lied’ y ‘El corazón del guerrero’

Siguiendo una mecánica que ya empieza a convertirse en costumbre en Netflix, la cuarta temporada de ‘Stranger Things’ va a llegar dividida en dos partes. Los primeros episodios estarán subidos en la plataforma el 27 de mayo y los dos últimos podrán ser vistos a partir del 1 de julio, ojo a su duración. Habrá un total de nueve capítulos de la que de momento es la penúltima temporada, pues hay anunciado que habrá por lo menos una más.

stranger things t4Soy de los que reconoce abiertamente que no le gusta ‘Stranger Things’ por su enorme dependencia de los elementos nostálgicos. Ahora bien, habiendo puesto en marcha su propio universo la serie ha llegado a un punto de madurez en el que ya no se cimenta (tanto) en las reminiscencias del pasado y si me ha enganchado, solo ha hecho falta llegar a cuatro temporadas para ello. Si buscamos referencias la serie puede recordar a ‘Pesadilla en Elm Street’ (lo reconoce abiertamente) con una mecánica de muertes muy a lo ‘The ring’ y volviendo a esos aspectos de Eleven que recuerdan a ‘Elfen lied’, un anime que os recomiendo.

Salvando el romantiqueo juvenil y el humor ridículo podemos decir que ‘Stranger things’ ha madurado, quizá a pasos agigantados y dejando un poco atrás su público más fiel, el adolescente. Va más allá con el tema de la sangre y las muertes alcanzando cotas del terror japonés más escalofriante y presentando monstruosidades que de nuevo pueden recordar a las de Stephen King o Guillermo del Toro. Este nuevo tramo empieza retrocediendo al 78, a los laboratorios donde Once ganó sus poderes. Pero la acción transcurre en marzo del 86, seis meses después de la batalla de Starcourt. Como siempre una festividad es el marco de la serie, en esta cuarta temporada son las vacaciones de primavera (spring break).

Y no puede ser más clásica la historia. Tenemos a los típicos nerds (gilís como diría Homer Simpson) que pasan de ser populares, al capullo del capitán del instituto, a la animadora de turno, a la inadaptada deprimida… Y como en las otras tres temporadas no se pierde ese sabor a ‘Los Goonies’ o ‘Cuenta conmigo’. Pero sí que es cierto que sobre esa retahíla de referencias ochenteras se imponen los traumas y las secuelas de lo vivido al finalizar la pasada temporada.

Con esto llegamos a algo que también cansa a los que jugamos al rol, la criminalización o miedo hacia Dungeons & Dragons y similares. Bien es cierto que ‘Stranger things’ ha jugado buen papel en ese sentido, mostrando que no es nada más que un juego de tablero e interpretación. Pero esta temporada da un paso atrás y sigue la estela de títulos como ‘El corazón del guerrero’. La turba contra el freak que pasa su tiempo libre junto a sus amigos sectarios cazando monstruos. Si el Demogorgon aludía a una criatura del juego de tablero ahora es un mago oscuro, un azotamentes, quien pone en peligro al mundo. Ojalá que la serie se meta en la mente de los espectadores para picar la curiosidad a los jóvenes por un hobbie la mar de enriquecedor en vez de alimentar ese estigma.

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Aunque este universo esté más que lanzado a la independencia o a su propia creatividad no os preocupéis que sigue introduciendo guiños y referencias a los 60, 70 u 80 o a clásicos del terror. Empieza con California Dreamin’, aparecen los Gremlins, Eddie Murphy en ‘Superdetective en Hollywood’, ‘Halloween’, ‘El silencio de los corderos’ y por supuesto Freddy Krueger. La mayor expectativa en ese sentido era la incorporación de Robert Englund al reparto. Lástima que como temíamos tiene una aparición escueta y que nos vamos viendo venir tras el primer y segundo episodio. Por lo menos así sucede en los seis primeros episodios que es lo que Netflix nos ha permitido visionar previo al estreno.

‘Stranger things’ T4 consiste en una persecución y dos rescates. Lo que hace interesante y aporta ritmo a esta temporada es el hecho de que los protagonistas están más separados más que nunca. Ya sea en la distancia o por la influencia de sus hormonas o la presión social, los protagonistas descubren que cada uno quiere emprender un camino distinto al del resto y la cohesión del grupo se ve amenazada. Es por eso que esta es más que nunca una historia de adolescencia y amistad.

Hay cosas que me han sacado de quicio y otras que me han enganchado mucho. Ya veréis la escena del interrogatorio al capitán de baloncesto, enerva como el personaje tarda en sumar uno más uno. Igual que no funciona todo el trasunto de Eleven a lo Carrie, paupérrima Millie Bobby Brown, cada vez me transmite menos. Sin embargo el cuarto episodio, dirigido por Shawn Levy (‘Noche en el museo’), es estupendo. Lo mejor de esta temporada es la interpretación de Joseph Quinn como Eddie Munson y la relación tan cómica entre Dustin y Steve.

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Acerca de Furanu

De origen irlandés y criado en tierras vetonas, este ingeniero curiosamente nació en Bloomsday. Pegado desde pequeño a una televisión y a cientos de páginas, ahora gasta su tiempo montándose películas y disfrutando las de otros.

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