Justo antes de Cristo

Impresiones de ‘Justo antes de Cristo’, protagonizada por Julián López


Una de romanos agobiados y espectadores tronchados

Los romanos nos dieron los acueductos, los alcantarillados, las carreteras, la irrigación, la sanidad, la enseñanza, el vino… Pero fijo que la parodia, la burla, la caricatura… el tomarnos todo con sentido del humor, en resumen, es algo que ya lo teníamos muy arraigado. Que somos expertos en reírnos de nosotros mismos hasta en la peor de las situaciones no nos lo niega nadie, fijo que es algo muy nuestro. El protagonista de la nueva serie de Movistar+, Manio Sempronio (Julián López) es incapaz de reírse de su situación pero la serie sí que se burla de los dolores actuales desde una época muy antigua. El próximo 5 de abril Movistar+ estrena ‘Justo antes de Cristo’. Quizá no es tan buena como la película de los Monty Python a la que he hecho alusión y no sigue su estilo pero tiene a bien seguir esa estela tan memorable de parodias de época que aprovechan tiempos lejanos para forjar un espejo en el que vernos.

Justo antes de CristoA través de recursos como el sarcasmo, la sátira, el patetismo e incluso la hipérbole llegamos al humor. No es una serie que constantemente nos haga reír pero si tiene muchos buenos momentos. Sobre todo se centra en identificar males actuales, en representar valores como la dignidad, el pundonor o en resaltar la presión a la que somete la sociedad y la familia. Tiene personajes de casi toda índole. La mayoría tiene taras de algún tipo: borrachos, tontorrones, sexualmente propensos, con aires de grandeza, violentos, desorientados, verborréicos… Entre todos nos alternan las clases de comedia.

‘Justo antes de Cristo’ cuenta la historia de un romano que comete un grave error y es obligado a suicidarse. Haciendo un gesto que le tacha de cobarde en aquella época y que deshonra a su familia elige una vía que le destina a fronteras bárbaras. Allí debe hacer méritos para restaurar el pundonor de sus antepasados. Pero él siempre ha sido un inútil cuyas empresas han sido siempre erradas y el lugar en el que acaba le es hostil y ajeno por lo que las perspectivas no le son nada halagüeñas. Como veis la sinopsis pinta bastante ridícula, pero lo es aún más el protagonista y los que le rodean, a si es que risas no faltan.

Hemos visto 4 de los 6 episodios que tiene la serie. Cada capítulo dura 25 minutos y en ellos Borja Cobeaga demuestra al igual que en ‘Superlópez’ o en ‘Ocho apellidos’ que sabe mirar con un prisma distinto nuestra sociedad. Cobeaga sigue en su línea de humor caricaturesco y esta vez se lo toma con perspectiva histórica. Junto a él dirige Pepón Montero quien con Juan Maidagán ha escrito y creado la serie. Son dos escritores que con su comedia siempre sacan partido a las situaciones más cotidianas y además las ponen en contexto con temas de actualidad, rara vez politizadas, es algo que aprecio de la serie, no empuña ningún tipo de discurso políticos, va más por derroteros costumbristas o domésticos.

Justo antes de Cristo duo‘Justo antes de Cristo’ tiene a Julián López como protagonista y se le ha unido una legión de nombres como Xosé Touriñán, Cecilia Freire, Priscilla Delgado, Eduardo Antuña, César Sarachu, Aníbal Gómez, Manolo Solo o Marta Fernández Muro. Aparecen también Arturo Valls y Javier Botet o los jovencísimos Claudia Placer y Julio Bohigas-Couto. Realmente habría que decir que los dos protagonistas son Julián López  y Xosé Touriñán funcionando casi como duo cómico. Como amo y esclavo se aventuran en tierra desconocida y el uno funciona como conciencia o consejero del otro. Aunque obviamente Julián López es quien tiene todo el peso de la historia, con un héroe cuyo éxito va y viene, por eso necesita a su fiel compañero para desfogarse. Ambos actores tienen escenas o momentos que me han hecho reír y además se pueden permitir conservar algo de su vis cómica. Me gusta ver por otro lado, permitidme el comentario fan, que los cómicos chanantes van ganando su peso en series y películas, que se van haciendo con papeles protagónicos.

Los mejores momentos de la serie son aquellos en los que el absurdo se hace más extremo. Como el que protagoniza Javier Botet. Grandísima secuencia la que nos brinda, sin duda de las mejores de entre las que hemos visto en los cuatro primeros episodios. La senectud del personaje César Sarachu, el alcoholismo y guerrerío del de Manolo Solo (que parece Cersei), la paciencia intimidatoria del de Cecilia Freire o la inutilidad del de Eduardo Antuña también dan su juego.

La ambientación está muy bien lograda. La variedad de escenarios es escasa pero los decorados y efectos especiales no tienen nada que envidiar a las superproducciones. La Comunidad de Madrid se ha transformado en la antigua Tracia y se ha ocupado por un antiguo y realista campamento de legionarios romanos. Todos ellos muy variadamente y bien vestidos para la ocasión.

Tratar con frivolidad temas como la muerte, la guerra o el desamor siempre ha permitido mirar con sentido del humor la vida. Nuestros protagonistas, al igual que muchos de nosotros en la actualidad están sometidos a presión y estrés. Ellos no se ríen pues se juegan su vida o su posición social pero Cobeaga, Montero y Maidagán nos lo posicionan tan bien como siempre que la carcajada está servida.

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Acerca de Furanu

De origen irlandés y criado en tierras vetonas, este ingeniero curiosamente nació en Bloomsday. Pegado desde pequeño a una televisión y a cientos de páginas, ahora gasta su tiempo montándose películas y disfrutando las de otros.

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