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Crítica de la tercera temporada de ‘Star Trek: Discovery’


¿Y ahora qué?

Terminada la tercera temporada de ‘Star Trek: Discovery’ solo me queda decir. ¿Y ahora qué? La serie creada por Bryan Fuller y Alex Kurtzman es una toalla empapada de ideas que por más que se retuerce no se seca. Desde que arrancó en Netflix nos ha apabullado con giros y giros y no se les acaban las ocurrencias.

star trek discovery 3 Además, hay de todo, cosas locas y menos locas. Hemos llegado al punto en el que la Discovery puede hacer de todo. Ya pudo parecernos bastante disparatado el tema de la red micelial y el teletransporte de una nave de una punta a otra de la galaxia. A eso le sumamos viajes en el tiempo y una inteligencia artificial incorporada con una base de datos universal que alberga siglos de conocimiento. La Discovery parece ser como Superman, casi todopoderosa. Pero aún así sus guionistas le encuentran puntos débiles y dificultades a superar.

Ahí está lo entretenido de esta serie, que siempre se sacan de la manga nuevas adversidades y por ende nuevos personajes. Esta temporada transcurre en un futuro en el que casi no existe la Federación y en el que no queda a penas dilitio, el mineral que hace posible el funcionamiento de los motores de curvatura. En una galaxia llena de carroñeros y sintiéndose solos tienen que abrirse paso los tripulantes de la Discovery, todos unos abanderados de los valores de la Federación.

He hablado de la inclusión de nuevos personajes y la sensación que tengo es que en esta tercera temporada se ha buscado más espacio para desarrollar las tramas individuales. Bien es cierto que Michael Burnham es la protagonista, sumando otra historia de amor a su lista. Pero todos evolucionan de un modo u otro. Desde Saru (con un Doug Jones a cara descubierta por motivos que no desvelaré) hasta los rangos más bajos dentro de los oficiales del puente de mando.

Tenemos una emotiva despedida para el Emperador Philippa Georgiu (Michelle Yeoh), que siendo como es esta serie no descarto que vuelva en la temporada 4. Y coge su testigo y su tiempo en pantalla un nuevo grupo de actores. La villana interpretada por Janet Kidder, el empático (David Ajala) y un nuevo cerebrito al que da vida Blu del Barrio, convirtiéndose en el primer personaje de género no binario en la historia de Star Trek. Y no me quiero olvidar del mítico Oded Fehr que se enfunda en el papel más sobrio que jamás le había visto.

Me considero un Trekkie de muy bajo nivel. Como decía el profesor Fink de ‘Los Simpson’ al robarle un juguete a un niño “disfrutarías, pero no a tantos niveles como yo”. Así me siento al ver esta serie. Si a uno le gusta la ciencia ficción con su propia base y sin ningún tapujo a la hora de desarrollar sus trasuntos ‘Star Trek: Discovery’ es ideal. Si uno quiere volver al espíritu de la serie original también podrá hacerlo pues la serie lo tiene. Es más diversa que nunca, respeta los ideales de la Federación de Planetas Unidos y encima tiene multitud de guiños. Ahí es donde seguramente me haya perdido alguna cosa, pero he identificado retornos a episodios como el titulado ‘La ciudad al fin de la eternidad’ o a elementos más recientes, como el homenaje que se ha hecho al bautizar a una nave USS Yelchin.

Me ha quedado una incógnita para la temporada cuatro, ¿ha aprendido el teniente Linus a manejar los nuevos teletransportadores incorporados en la insignia?

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Acerca de Furanu

De origen irlandés y criado en tierras vetonas, este ingeniero curiosamente nació en Bloomsday. Pegado desde pequeño a una televisión y a cientos de páginas, ahora gasta su tiempo montándose películas y disfrutando las de otros.

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