Crítica: ‘Silencio’

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Sinopsis

Dos hermanas vampiras luchan por sobrevivir durante la Peste Negra. Siglos después, su descendiente enfrenta retos similares en la España de los 80s. Una historia sobre prejuicios, amor prohibido y el peso del silencio a través del tiempo.

Crítica

Casanova establece una nueva y valiosa metáfora

Eduardo Casanova debuta como director en el formato seriado con ‘Silencio’, una miniserie de tres capítulos producida por Movistar Plus+ (estreno el 1 de diciembre) que lleva su sello visual extremo y su sentido del humor incómodo a un nuevo terreno: el del mito vampírico. La serie confirma que el creador de ‘Pieles’ y ‘La Piedad’ sigue empeñado en convertir el exceso o lo kitsch en un vehículo de emoción, identidad y denuncia.

‘Silencio’ se plantea como una tragicomedia de terror queer rodada en 16 mm, donde lo grotesco y lo poético conviven con naturalidad. La historia salta entre dos tiempos: la peste negra y la España de los años 80, cuando la epidemia del VIH marcó a toda una generación de un modo similar a la que asoló Europa en la Edad Media. En ambos periodos, unas vampiras enfrentan un mismo mal: el miedo m, la agresividad y el silencio que impone la sociedad ante lo diferente. En esa condena, Casanova encuentra una poderosa metáfora de la exclusión y el deseo reprimido, pero sobretodo una manera de dar visibilidad a figuras que permanecen en la sombra, las mujeres que tienen VIH y los personajes vampíricos femeninos.

Visualmente, la serie es un despliegue de color, textura y teatralidad. Cada plano parece un cuadro barroco iluminado por los diferentes tonos de rosa. Una mezcla de lo sagrado y lo hortera que ya define al director. Pero aquí ese estilo no es un capricho: el artificio se convierte en lenguaje emocional. Los cuerpos pálidos, los decorados imposibles y los diálogos cargados de humor negro no son una mera parodia, sino una forma de exorcismo. Casanova se atreve a usar la estética como catarsis, igual que Taika Waititi se sirvió de la comedia para humanizar a los vampiros en ‘Lo que hacemos en las sombras’, pero desde una sensibilidad profundamente española y queer.

Como suele hacer Paco Plaza en sus películas, Casanova usa canciones populares del último cuarto del siglo XX como un anzuelo emocional, un guiño al espectador que mezcla nostalgia y terror. Bajo su apariencia, ‘Silencio’ es una obra profundamente política y social: habla del miedo al contagio, de la soledad y de la necesidad de amar pese al juicio ajeno.

Si algo parece querer complacer ‘Silencio’ es a aquellos que necesitan voz y si algo parece querer provocar, es a los que se regodean en la incomprensión. Es incómoda, excesiva y sincera, pero también jocosa. Casanova firma una obra que, más que reinventar el vampirismo, lo utiliza para enfrentarnos a nuestros propios monstruos, centrándose en ese silencio que aún pesa sobre muchos aspectos de nuestra realidad.

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