Crítica: ‘Scarlet’

En qué plataforma ver Scarlet

Hosoda vuelve a lograrlo, esta vez “jugando” con Shakespeare

Hablar de ‘Scarlet’ implica situarse en la trayectoria autoral de Mamoru Hosoda, un cineasta que ha convertido lo fantástico en vehículo emocional y no en mero ornamento estético. Desde títulos recientes como ‘La chica que saltaba a través del tiempo’ retrocediendo hasta ‘Los niños lobo’, pasando por ‘Mirai’ o la que considero su obra más redonda, ‘Belle’, Hosoda ha demostrado una querencia clara por protagonistas femeninas que atraviesan realidades alteradas para reconciliarse con su identidad, su pasado o su entorno. ‘Scarlet’ no es una excepción: vuelve a colocar en el centro a una mujer joven que debe enfrentarse a la violencia estructural de su mundo… y a la que anida en su interior.

La película toma como punto de partida una obra tan sanguinolenta y trágica como ‘Hamlet’, de William Shakespeare. No estamos ante una adaptación literal, sino ante una apropiación temática: traición, culpa, espectros del pasado y deseo de venganza se reformulan en clave fantástica. Donde Shakespeare diseccionaba la podredumbre moral de la corte danesa, Hosoda traslada el conflicto a un universo híbrido (mitad medieval, mitad actual) en el que la guerra no es solo telón de fondo, sino herida abierta.

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Scarlet’ es su aproximación al perdón. Frente a la lógica de represalia que articula ‘Hamlet’, aquí se impone progresivamente un discurso antibelicista. La protagonista, atrapada entre la necesidad de justicia y el peso de la sangre derramada, representa una generación que cuestiona la herencia del odio. En ese sentido, la película conecta con una sensibilidad contemporánea que ya asomaba en ‘Belle’: la idea de que el trauma no se resuelve mediante la destrucción del otro, sino a través de la comprensión del dolor compartido.

No es nada raro que los fans del anime descubramos que los japoneses utilizan mucho la estética de los siglos XV o XIX de los países europeos, actualmente por ejemplo, se ve con ‘Spy x Family’ o ‘Ataque a los titanes’. Más allá del diseño de personajes o escenarios, parece ser que Hosoda llevaba años interesado en reinterpretar un clásico occidental desde una óptica japonesa sin caer en la simple transposición cultural. Esa ambición se percibe en la estructura narrativa, que mezcla drama palaciego, aventura fantástica y reflexión íntima con una libertad casi temeraria.

Animación deslumbrante: tradición y digitalización en tensión constante

Si algo define la filmografía de Hosoda es su capacidad para integrar técnicas tradicionales con herramientas digitales sin que el resultado pierda calidez. En ‘Scarlet’, la animación vuelve a ser apabullante. Las secuencias de combate (coreografiadas con un dinamismo apabullante) alternan trazos que recuerdan al anime clásico con entornos generados digitalmente que aportan profundidad y volumen.

El movimiento es uno de los grandes logros del filme. Las capas, el cabello y los tejidos reaccionan al viento con una fluidez que roza el hiperrealismo. A veces, quizá demasiado y en lo referente al paisaje, hay momentos en los que el afán por dotar de textura y detalle a cada superficie genera una sensación de sobrecarga visual. Sin embargo, el diseño de personajes compensa cualquier exceso técnico. Los rostros, especialmente el de Scarlet, transmiten una gama emocional sutilísima: del rencor contenido a la vulnerabilidad absoluta en cuestión de segundos.

Hosoda ya había experimentado con esta hibridación estética en ‘Belle’, donde los mundos virtuales permitían una explosión cromática casi psicodélica. En ‘Scarlet’, la apuesta es distinta: la paleta oscila entre rosas intensos y tonalidades frías que subrayan el aislamiento emocional y el ambiente desolado de otro mundo. El resultado es una obra visualmente coherente, en la que cada elección cromática parece dialogar con el estado anímico de la protagonista.

La de Scarlet es una epopeya que divaga antes de alcanzar su clímax

‘Scarlet’ es, ante todo, una mezcla universal de culturas y épocas. Espadas medievales conviven con arquitecturas actuales y con desiertos primigenios. Códigos de honor feudales se entrelazan con discursos pacifistas propios del siglo XXI. Esta amalgama, lejos de ser caótica, configura una aventura fantástica que conecta Oriente y Occidente sin subordinar uno al otro.

No obstante, esa ambición estructural tiene un coste. La película divaga en exceso en su segundo acto. Hosoda se recrea en secuencias contemplativas o en flashbacks meditabundos, que aunque bellos, dilatan innecesariamente el clímax. El espectador percibe que el desenlace podría haber sido más contundente si la narración hubiera sido más concisa. El enfrentamiento final, cargado de simbolismo, tarda demasiado en llegar, y cuando lo hace, la intensidad acumulada se ve parcialmente amortiguada por la prolongación previa.

Aun así, reducir ‘Scarlet’ a sus desajustes rítmicos sería injusto. La película confirma que Hosoda sigue siendo uno de los autores más personales del anime contemporáneo. Quizá no esté al nivel de ‘Belle’ ni alcance la precisión emocional de ‘La chica que saltaba a través del tiempo’, pero su exploración del perdón frente al odio y su apuesta por un antibelicismo sincero la convierten en una obra relevante dentro de su filmografía.

Ficha de ‘Scarlet’

Estreno en España: 27 de febrero de 2026. Título original: Scarlet. Duración: 111 min. País: Japón. Dirección: Mamoru Hosoda. Guion: Mamoru Hosoda, Todd Haberkorn. Música: Taisei Iwasaki. Reparto principal (doblaje original): Mana Ashida, Masaki Okada, Masachika Ichimura, Kôji Yakusho, Yuki Saitô, Yutaka Matsushige. Producción: Columbia Pictures, Hakuhodo, Iyuno Media Group, Kadokawa, Movic, Nipon Television, Sony Pictures, Studio Chizu, Yomiuri Telecasting Corporatoin. Distribución: Sony Pictures. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Los niños del mar’

Sinopsis

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Ruka, una estudiante de secundaria a la que le cuesta expresar sus sentimientos, visita el acuario donde trabaja su padre y ve a dos jóvenes misteriosos nadando entre las ballenas. Se trata de Umi (Mar) y su hermano Sora (Cielo), que fueron criados por dugongos y parecen escuchar la misma extraña llamada del océano que ella. Este encuentro entre los tres parece activar una serie de fenómenos sobrenaturales como la caída de un meteorito en el océano o el hecho de que toda la vida marina del planeta comience a converger hacia Japón. Pero los hay que saben que estos sucesos están relacionados con Umi (Mar) y Sora (Cielo) y tratarán de utilizarlos en su propio beneficio. ¿Serán capaces los seres humanos de dejar de lado sus diferencias para resolver el misterio de la vida?

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Crítica

Un precioso océano la mar de aburrido

¿Alguna vez habéis visto a esos artistas callejeros que con una plantilla y un bote de spray realizan oníricas ilustraciones en un momento? Imágenes cargadas de color, con océanos, grandes planetas, delfines saltando, el yin-yang… Esa y un buen chute de gases CFC pueden haber sido perfectamente la inspiración para ‘Los niños del mar’.

‘Los niños del mar’ cuenta realmente la historia de una sola niña llamada Ruka. Tiene problemas para exteriorizar lo que siente y necesita también sentirse comprendida. Justo en este preciso momento hace se hace amiga de unos extraños niños (Umi y Sora) que han sido criados por dugongos, una criatura marina parecida a los manatíes. Con ellos puede oír una extraña llamada marina tras la que van algunos oceanógrafos y que acaba convirtiéndose en un festival de luces y color que ni un videoclip de Björk y Mike Oldfield juntos.

Nos continúan llegando películas desde Japón que mezclan lo poético y lo fantástico. Recientemente hemos hablado de ‘Weathering with you (El tiempo contigo)’ en la que también veíamos como el agua recreaba la forma de los animales que la habitan. En este caso tenemos una película mucho más metafórica y menos explicativa. Es curioso tener que decir esto cuando se percibe en ella una intencionalidad más científica en el momento de establecer una conexión entre el mar (Umi) y el cielo (Sora), entre la teoría evolutiva (todos venimos de microorganismos del mar) e hipótesis sobre los meteoritos del espacio (posiblemente todos somos extraterrestres). Es en la progresión de la protagonista donde no se percibe la razón de ser del clímax ni del vínculo que se establece. Y mucho menos de la inexplicable escena post-créditos. Se intuyen varias explicaciones pero cogidas bastante con pinzas de cangrejo o retorcidas como la soga de un nudo marino.

Todo surge de un manga de Daisuke Igarashi. Quizá en la obra en viñetas se desarrolle mejor la explicación de la película o le sea más fácil al receptor asimilar el mensaje. Pero no es exagerado decir que aunque el océano que nos rodea es precioso el paseo es la mar de aburrido. Son incesantes los chapuzones que no nos acaban de indicar hacia dónde nos sumerge el largometraje. Y cuando explota todo en su apogeo se convierte en un remolino de filosofeo que para ser comprendido o bien hay que estar muy en sintonía con la cultura japonesa o tener una mente místicamente abierta.

Ténicamente es por done se le pueden buscar las alabanzas a ‘Los niños del mar’. Tiene puntos en común con Studio Ghibli. Igarashi, el autor del material original, siempre ha buscado su inspiración en la naturaleza, como bien se percibe en la inmensa mayoría de obras de Ghibli. Eso a nivel visual llama muchísimo la atención. Además artistas como Shinji Kimura o Ken’ichi Konishi vienen de participar en el departamento animado de títulos como ‘El castillo ambulante’, ‘Mi vecino Totoro’ o ‘El viaje de Chihiro’. Si queremos ir más allá, ampliando nuestros sentidos, la banda sonora ha corrido a cargo de un compositor llamado Joe Hisaishi que ha compuesto la música de grandes títulos como ‘Porco Rosso’, ‘El viaje de Chihiro’, ‘Hana-bi’ o ‘Mi vecino Totoro’, ahí es nada.

Su diseño está a caballo entre lo tradicional y lo moderno, frase muy clásica cuando lo que tenemos entre manos viene desde Japón. El dibujo realmente tiene un trazo impreciso, incluso a veces se podría decir que parece garabateado. Los personajes poseen rostros que en ocasiones están desfigurados, con facciones exageradas, con frentes, ojos o manos muy grandes. Aún así la belleza de las imágenes de ‘Los niños del mar’ es innegable. Nada más ver el primer fotograma o sus fondos que parecen sacados de algún óleo de un museo nos damos cuenta del potencial artístico del filme. Se nota el artificio digital cuando juega con sus luces o emplea giros de cámara imposibles o muy laboriosos para la animación tradicional. Pero las técnicas de ahora aportan para bien, en el sentido de que nos ofrecen perspectivas más ricas.

Armas no le faltan a esta película que quizá ha pagado el pato de contar con un director (Ayumu Watanabe) y un guionista (Hanasaki Kino) que se enfrentan a su primer largometraje animado. Quizá para la siguiente pulan la manera de narrar su historia o de ser menos crípticos.

Ficha de la película

Estreno en España: 24 de enero de 2020. Título original: Kaijû no kodomo. Duración: 110 min. País: Japón. Dirección: Ayumu Watanabe. Guion: Hanasaki Kino. Música: Joe Hisaishi. Reparto principal (doblaje original): Mana Ashida, Hiiro Ishibashi, Seishû Uragami, Win Morisaki, Yû Aoi, Sumiko Fuji, Gorô Inagaki, Min Tanaka, Tôru Watanabe. Producción: Studio 4ºC. Distribución: Selecta Visión. Género: aventuras, fantástico, animación. Web oficial: https://www.kaijunokodomo.com/