Crítica: ‘Una hija en Tokio’

En qué plataforma ver Una hija en Tokio

El mapa más difícil de descifrar no es el metro de Tokio, es el corazón de estos protagonistas

El cine europeo lleva décadas explorando el choque cultural como herramienta dramática, pero pocas veces lo hace desde una perspectiva tan íntima y silenciosa como la que propone ‘Una hija en Tokio’, el drama dirigido por Guillaume Senez y protagonizado por Romain Duris. A primera vista, su planteamiento podría recordar inevitablemente a ‘Wasabi’, la popular comedia de acción protagonizada por Jean Reno y escrita por Luc Besson. En ambos casos encontramos a un padre francés que viaja a Japón para reconectar con una hija a la que apenas conoce. Sin embargo, cualquier similitud termina ahí.

Lejos del tono desenfadado y caricaturesco de aquella película de principios de siglo, ‘Una hija en Tokio’ opta por un drama contenido, profundamente humano y marcado por la incomunicación emocional. La película narra la historia de Jay, un francés que lleva casi una década recorriendo las calles de Tokio en un taxi que ni siquiera es suyo mientras busca a la hija que perdió tras su separación. Cuando está a punto de desistir parece tener suerte y cree haberla encontrado, pero la joven no lo reconoce. Ese momento, aparentemente sencillo, sirve como detonante de una historia sobre la identidad, la paternidad y el peso de las diferencias culturales.

La propuesta de Senez no pretende ofrecer un relato de redención convencional. Más bien se construye como una observación paciente de un hombre que intenta recuperar un vínculo roto en un país cuya cultura y leyes parecen conspirar contra él.

Un choque cultural que condiciona cada gesto

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Una hija en Tokio’ es la manera en que la película utiliza el choque cultural como elemento narrativo constante. No se trata solo de la distancia geográfica entre Francia y Japón, sino de un abismo emocional y social que condiciona cada interacción. La trama se inspira en una realidad jurídica japonesa poco conocida en Europa: en los divorcios, la custodia suele recaer exclusivamente en uno de los padres, el que primero se lleva al hijo/a, sin que exista un sistema de custodia compartida ni visitas garantizadas. Esta circunstancia ha generado miles de casos de padres y madres que pierden todo contacto con sus hijos, algo que el propio director investigó entrevistando a personas afectadas por esta situación.

Por otro lado, Senez evita caer en el exotismo fácil. La intención era clara: retratar un Japón cotidiano, casi invisible, lejos de la postal turística. Aparecen lugares conocidos como el cruce de Shibuya o el Shinjuku Golden-Gai, pero desde una perspectiva alejada de lo instagrameable. Esa decisión estética refuerza la sensación de aislamiento del protagonista. Tokio aparece como un espacio inmenso y críptico en el que Jay se desenvuelve con más soltura que dentro de sus propios sentimientos, por lo que no deja de sentirse fuera de lugar.

Esta mezcla entre la sensibilidad narrativa francesa y la introspección emocional japonesa produce un ritmo particular. La historia avanza despacio, a veces con una deliberada sensación de estancamiento. Pero ese tempo pausado forma parte del discurso de la película: reconstruir una relación rota no es algo que suceda de forma inmediata y el mapa para encontrar el camino correcto se antoja más difícil que el del metro de Tokio.

Romain Duris y la desesperación silenciosa de un padre

Si la película funciona emocionalmente es, en gran medida, gracias al trabajo de Romain Duris. El actor, conocido por títulos como ‘Los tres mosqueteros’ o ‘Esperando a Mister Bojangles’, demuestra una vez más que pertenece a ese grupo de intérpretes capaces de dominar registros muy distintos.

En ‘Una hija en Tokio’ su actuación es profundamente emocional. Duris compone a un hombre cansado, obstinado y vulnerable, atrapado entre su deseo de recuperar a su hija y las barreras culturales que le impiden hacerlo. El actor incluso tuvo que aprender japonés fonéticamente hablando para el papel, una preparación poco habitual en su carrera. Curiosamente, según contó el propio equipo del film, su pronunciación llegó a ser demasiado correcta para el personaje, por lo que tuvo que “desaprender” parte del idioma para sonar como un extranjero real.

Ese detalle resume bastante bien el espíritu de la película: todo en ella gira en torno a la idea de no encajar del todo. Jay vive en Japón desde hace años, pero nunca deja de ser un outsider, un gaijin. La desesperación de su personaje no se expresa mediante grandes explosiones dramáticas, sino a través de una resistencia casi obstinada. También se construye el personaje a través de la aparición de actores secundarios que han pasado previamente por las mismas fases que él.

Un drama sobre lo que nunca se puede recuperar del todo

‘Una hija en Tokio’ es una película sobre el tiempo perdido. Sobre esos vínculos familiares que, una vez rotos, jamás vuelven a reconstruirse exactamente igual. Guillaume Senez construye un drama que evita el sentimentalismo fácil y que apuesta por una mirada más realista sobre la paternidad, el desarraigo y la identidad cultural. Su fuerza reside precisamente en los pequeños momentos de conexión que surgen entre dos personas que deberían conocerse, pero que en realidad son casi extrañas.

En un mundo donde todo parece resolverse de manera inmediata, ‘Una hija en Tokio’ recuerda que ciertas heridas requieren años y a veces toda una vida para empezar a cicatrizar. En un panorama cinematográfico cada vez más dominado por narrativas frenéticas, la película de Senez apuesta por el silencio, la observación y la paciencia. Y en esa apuesta reside, precisamente, su mayor virtud.

Ficha de ‘Una hija en Tokio’

Estreno en España: 20 de marzo de 2026. Título original: Une part manquante. Duración: 98 min. País: Francia. Dirección: Guillaume Senez. Guion: Guillaume Senez, Jean Denizot. Música: Olivier Marguerit. Fotografía: Elin Kirschfink. Reparto principal: Romain Duris, Judith Chemla. Producción: Les Films Pelléas, Versus Production, France 2 Cinéma, RTFB, Proximus, VOO, BE TE, Savage Film. Distribución: A Contracorriente Films. Género: drama. Web oficial.

‘Simone, la mujer del siglo’, biopic de Simone Veil

En cines el 9 de diciembre

Ya podemos ver el tráiler oficial de ‘Simone, la mujer del siglo’, la nueva película del director francés Olivier Dahan, que llegará a los cines españoles el próximo 9 de diciembre. Dahan es también autor del aclamado biopic sobre Edith Piaf, ‘La vida en rosa’, por el que su protagonista, Marion Cotillard, recibió el Oscar a la Mejor Actriz.

‘Simone, la mujer del siglo’ se ha convertido en un auténtico fenómeno en Francia, donde está a punto de llegar al millón y medio de espectadores. Para encarnar a la legendaria Simone Veil, Dahan ha contado con la actriz ganadora de un PREMIO CESAR por ‘Hace mucho que te quiero’, Elsa Zylberstein, impulsora del proyecto desde el inicio, y con Rebecca Marder, que interpreta en la pantalla a la joven Simone. Les acompañan Élodie Bouchez, Judith Chemla y Olivier Gourmet.

Icono irrepetible en la lucha por los derechos de la mujer, y europeista convencida, Simone Veil vivió una infancia marcada por la tragedia de los campos de concentración de Auschwitz, y pasó a la historia gracias a su lucha permanente contra la barbarie y a favor de la igualdad. Veil impulsó la ley que despenalizó el aborto en Francia en 1972, tras una larga travesía llena de negociaciones y debates ante una asamblea abrumadoramente masculina. Simone Veil se convirtió en la primera mujer en ser nombrada ministra en Francia y presidenta del parlamento europeo.

Sinopsis oficial:
La extraordinaria vida de Simone Veil, icono de la política y sociedad francesa, es llevada a la gran pantalla en este conmovedor y monumental biopic del director Olivier Dahan (“La vida en rosa”). Un retrato íntimo y épico de una mujer singular que revolucionó toda una época defendiendo un mensaje humanista que pervive hasta hoy. La historia de una mujer que desafió y transformó toda una época.

Crítica: ‘Maya’

Sinopsis

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Diciembre de 2012. Al cabo de cuatro meses de cautiverio en Siria, dos periodistas franceses son liberados. Gabriel, el más joven, tiene algo más de 30 años. Después de pasar chequeos médicos y contestar a muchas preguntas, puede estar con su familia y su novia. Transcurren unas semanas, e incapaz de encontrar un rumbo, decide ir a Goa, donde creció. Allí conocerá a Maya.

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Crítica

Da el espacio necesario al drama y al romance

Un joven consigue escapar de su secuestro por parte del ISIS y regresa a París, ciudad donde reside. Otros podrían haber realizado un dramón con esta película, otros podrían haberse centrado en los traumas que sufren las personas retenidas contra su voluntad o amenazadas de muerte y otros podrían haber generado un thriller político a partir de esta premisa. En lugar de ello lo que nos propone la parisina Mia Hansen- Løve en su sexta película es un tratamiento más valiente y menos desalentador. Se agradece este enfoque diferente que tiene ‘Maya’ sobre un tema actual y que en el cine siempre se ha ajustado a los términos de la tragedia o la desdicha.

El protagonista está interpretado por Roman Kolinka, quién ya trabajó con la directora y con Isabelle Huppert en ‘El porvenir’. Me ha encantado la manera en como el guión hace que este reportero afronte poco a poco la situación de la que se acaba de salvar. También me ha gustado cómo lo ejecuta el actor. Hay una frase que lo define: «el psicoanálisis lo necesitan mis captores», recuerdo que dice grosso modo. Rehuye el trato de víctima e intenta pasar página volviendo a sus raíces. Ese es el punto fuerte de ‘Maya’, la manera en cómo se diferencia de otros títulos con similar sinopsis.

En ese regreso al lugar donde se crió es donde el francés conoce a Maya, la hija de su padrino. A la India es donde se trasladó su madre en su infancia y allí es donde nos topamos con un choque de culturas. La debutante Aarshi Banerjee es quien interpreta a Maya. Tengo que reconocer que no me ha parecido una interpretación buena. Me ha resultado muy forzada, demasiado pausada. Su personaje cambia de tema con cada pestañeo y me ha costado creérmelo. Pero si me ha quedado claro que está tratada con una sensibilidad cuidada. Más que la interpretación del personaje tenemos que observar lo que representa para el protagonista.

El filme tiene virtudes, como una acertada música que funciona en cada momento en el que se introduce. También posee buenas tomas y buenas secuencias. Se me ha quedado grabada la transición que se realiza para pasar de París a la India con solo un plano contraplano en un coche.

Como en casi todas las películas podemos extraer varias lecturas de ella. Una de ellas es que alojarse en grandes urbes no tiene porque ser el sueño de toda persona inteligente o civilizada. Pero sobre todo me gustaría señalar que hay un momento en el que el protagonista consulta una web llamada Zero Censorship. Lo hace por motivos que no quiero desvelar pero me viene muy bien para deciros que esta es una película que nos dice que no pongamos censura ni a nuestros sentimientos ni a nuestros sueños.

Ficha de la película

Estreno en España: 15 de marzo de 2019. Título original: Maya. Duración: 107 min. País: Francia, Alemania. Dirección: Mia Hansen-Løve. Guion: Mia Hansen- Løve. Fotografía: Hélène Louvart. Reparto principal: Roman Kolinka, Aarshi Banerjee, Alex Descas, Pathy Aiyar, Suzan Anbeh, Judith Chemla, Johanna Ter Steege. Producción: Les Films Pelléas, Razor Films. Distribución: Golem. Género: drama, romance. Web oficial: http://www.lesfilmspelleas.com/film.php?id=173