Crítica: ‘Maridos en acción’

En qué plataforma ver Maridos en acción

Catástrofe criminal en una buddy movie a tres bandas

Netflix estrena una nueva película coreana, en esta ocasión dirigida por Gyu-tae Park, un desconocido en nuestras fronteras. Esta película arranca de una forma bastante engañosa. La primera imagen nos presenta de un modo un tanto terrorífico a un preso cubierto de tatuajes con fórmulas matemáticas y extrañas ecuaciones que parecen prometer una conspiración compleja, secretos ocultos o algún tipo de rompecabezas criminal digno de ‘Prison Break’. Sin embargo, a medida que la historia avanza descubrimos que esas expectativas estaban destinadas a estrellarse contra una realidad muy distinta. Los misteriosos tatuajes apenas tienen relevancia narrativa. Y eso no es un defecto ni un engaño deliberado, sino una declaración de intenciones. ‘Maridos en acción’ no es un thriller. Tampoco pretende ser un drama criminal sofisticado. Es una comedia de acción desenfadada, bobalicona y consciente de su propia ligereza.

La propuesta de Gyu-tae Park se sitúa claramente dentro de la tradición de las buddy movies norteamericanas. Es fácil encontrar ecos de producciones en las que personajes incompatibles se ven obligados a colaborar mientras sobreviven a persecuciones, criminales y situaciones ridículas. En el contexto del cine surcoreano contemporáneo, probablemente se acerque más al tipo de entretenimiento popular asociado a los filmes protagonizados por Ma Dong-seok, aunque aquí la balanza se inclina mucho más hacia la comedia que hacia la acción.

Tres maridos, un enredo criminal y mucho humor absurdo

La principal diferencia respecto a la fórmula clásica reside en que no tenemos una pareja protagonista enfrentada a sus diferencias, sino un trío de personajes obligados a colaborar. La película construye su motor narrativo alrededor de tres maridos atrapados en una trama criminal que amenaza no solo su tranquilidad personal y legal, sino también la seguridad de sus respectivas esposas.

Lo interesante es que, pese a que el argumento podría sugerir una historia dominada por la testosterona, el filme evita glorificar a sus protagonistas. Todo lo contrario. Los tres están retratados desde la torpeza, la fragilidad y el ridículo constante. Son hombres que intentan parecer competentes mientras la realidad se empeña en demostrar exactamente lo contrario.

El personaje que mejor funciona es el interpretado por Jin Seon-kyu. Su presencia resulta decisiva para mantener el interés incluso cuando la historia cae en excesos humorísticos discutibles. Su personaje vive instalado en una especie de optimismo permanente, un auténtico chorro de serotonina ambulante que afronta con una sonrisa situaciones que harían perder la paciencia a cualquiera. Está separado de su esposa, mantiene una relación sin custodia con su hija y debe enfrentarse a criminales peligrosos. Pero, curiosamente, su principal fuente de frustración parece ser la existencia del nuevo marido de su exmujer.

Ese nuevo esposo, interpretado por Gong Myoung, aporta una energía completamente distinta. Veterinario de profesión y aficionado a los deportes de riesgo, representa una juventud impulsiva que choca continuamente con la experiencia del protagonista. A ellos se suma el personaje interpretado por Kim Ji-suk, un delincuente cibernético con una actitud burlona que termina convirtiéndose en una pieza fundamental dentro del grupo.

Una comedia entre el crimen digital y los delincuentes de la vieja escuela

Aunque la película jamás abandona su tono ligero, introduce de forma interesante un contraste entre distintas formas de criminalidad. Por un lado aparecen delincuentes modernos que operan a distancia, aprovechan la tecnología y carecen de cualquier escrúpulo. Por otro encontramos criminales de la vieja escuela, vinculados a códigos de honor bastante discutibles, extorsiones tradicionales y métodos más directos.

No es una reflexión profunda sobre la evolución del crimen organizado, pero sí un elemento que aporta algo de personalidad a una trama que, por momentos, podría haberse limitado a encadenar persecuciones y gags. Mezclando esto la película consigue tener ritmo y rara vez se detiene demasiado tiempo en una misma situación. Cuando un chiste deja de funcionar, llega una nueva secuencia de acción. Cuando la acción amenaza con repetirse, aparece otra situación cómica. Esta estructura evita que el metraje se vuelva pesado, aunque también provoca que algunos momentos carezcan de verdadero peso dramático.

Entre los doramas cómicos y el espíritu de ‘Taxi’

El mayor problema de ‘Maridos en acción’ reside en la naturaleza de su humor. Muchas escenas abrazan una comicidad extremadamente infantil. Gestos exagerados, reacciones sobreactuadas y situaciones cercanas al slapstick dominan buena parte de la experiencia. Habrá espectadores que conecten inmediatamente con este tono, mientras que otros probablemente encuentren algunas secuencias demasiado estridentes.

Sin embargo, sería injusto criticarla por algo que forma parte esencial de su identidad. El humor que despliega conecta directamente con ciertas comedias televisivas surcoreanas y con el espíritu desenfadado de numerosos doramas. También recuerda notablemente a producciones francesas como ‘Taxi’ o a las comedias de Philippe Lacheau, donde la sofisticación narrativa importa mucho menos que la capacidad para encadenar situaciones absurdas y personajes entrañablemente incompetentes.

Ficha de ‘Maridos en acción’

Estreno en España: 19 de junio de 2026. Título original: Nampyeondeul. Duración: 107 min. País: Corea del Sur. Dirección: Gyu-tae Park. Guion: Gyu-tae Park, Kim Jong-hyeon. Reparto principal: Jin Seon-kyu, Gong Myoung, Kim Ji Suk, Yoon Kyung-ho, Kang Han-na, Lee Da-hee, Jeon So Min. Producción: TPS Company. Distribución: Netflix. Género: comedia. Web oficial.

Crítica de ‘Kingdom’, la serie de zombies en la corea feudal

Dos emocionantes temporadas disponibles en Netflix

Mientras llega el largometraje ‘Península’, la esperadísima película dentro del universo de ‘Train to Busan’ y ‘Seoul Station’ obra de Yeon Sang-ho, desde corea del sur nos llegan más zombies. En esta ocasión basada en un cómic digital de Kim Eun-heeYang Kyung-Il podemos ver en Netflix ‘Kingdom’, una serie que ha sido escrita por el propio Eun-hee.

Desde el 13 de marzo está disponible la segunda temporada (también de seis episodios) que cierra la serie aunque queda con un final que abre la posibilidad a una tercera. Nos podemos conformar con este cierre ya que resulta conclusivo y además los dos o tres giros que tiene casi contradicen en demasía algunas de las bases establecidas durante los últimos compases de la serie.

¿Es posible reinventar o innovar en el género de zombies? Es posible, y aunque esta no es la primera ficción con muertos vivientes en una época lejana a la nuestra que vemos (ahí está ‘El ejercito de las tinieblas’ u ‘Orgullo y prejuicio y zombies’) quizá si es la que explora mejor sus repercusiones sociales en una época donde predominaban las supersticiones alimentadas por el neoconfucianismo y las tretas entre nobles.

La trama de ‘Kingdom’ nos lleva la época de la dinastía Joseon (1392-1897). En corea vemos como un reino asolado por dos recientes e invasivas guerras han dejado al pueblo sumido en la miseria. Ahora, como si de Alfonso XIII se tratase en su visita a Las Hurdes, el Príncipe Heredero viaja por su país observando la hambruna reinante. Y a la vez se enfrenta a enemigos que le acusan de querer usurpar el trono de su padre y su falaz madrastra. Y para darle más emoción a esta intriga la serie nos transporta a Dongnae, antigua Busan. Casualidad o no allí se origina un contagio que se convierte en un colérico ataque de muertos vivientes.

A todos los elementos descritos se le suman giros durante la segunda temporada. Giros que me han recordado a ‘The Strain’, tanto por los componentes que incorpora como por el tratamiento «científico» que se le da al estudio de la plaga que sufre el reino. Se podría decir también que a estos zombies no les viene bien tampoco el cambio climático.

Se ve muy bien. No solo por su buen ritmo, que se aleja de la reiteración y la parsimonia a la que nos suele tener acostumbrado el cine asiático. Tiene momentos frenéticos, con acción de espada y dentelladas. Porque esta serie va de zombies que corren y que además son monstruos frenéticos  que se dedican a morder más que a comer carne humana. La tensión y las coreografías que tiene ‘Kingdom’ elevan el nivel de la producción. Hay mucho traveling y steadycam entre los atemorizados coreanos y los infectados que nos muestra cómo se libran auténticas batallas, con sus tácticas y sus giros inesperados. No anda falta de extras la serie, dicho sea de paso, las masas de muertos vivientes casi siempre están recreadas por figurantes maquillados que corren de acá para allá. Y tampoco se olvida de relajar un poco el ambiente con un personaje secundario cómico como es el de Suk-ho Jun que interpreta a Cho Beom Pal, un magistrado enamorado y en un cargo que no deseaba.

‘Kingdom’ no es solo una serie para los amantes del terror y el fantástico. También es una historia para aquellos que amen los tejemanejes de las guerras y las pugnas por los tronos. ¿Y si la historia fue reescrita por los historiadores encubriendo una plaga de zombies y tapándola como una guerra más de las que asoló el país? ‘Kingdom’ juguetea con esa idea, sobre todo en sus últimos episodios y teniendo en cuenta que se ambienta en una época aislacionista que les llevo a ser conocidos como el «reino ermitaño. Es otra de sus brillantes ideas. Las conversaciones entre ministros, magistrados, nobles y plebeyos muchas veces giran en torno a la lealtad hacia un heredero u otro y toda esa trama funcionaría como una serie independiente si extirpamos el tema de los putrefactos caminantes. Hay que valorar toda esa riqueza política y los matices logísticos que están relacionados con el manejo de una crisis epidémica.

La ambientación, el vestuario y el alto número de localizaciones o personajes han hecho de esta una serie muy costosa. Una producción que nos deja estampas bellísimas y encarnizadas. En la fotografía de ‘Kindom’ se ensalza las intensísimamente documentadas vestimentas y los paisajes con claroscuros. Ni la sangre mancha fotogramas que se quedan grabados en la retina y que nos hablan de un oriente tanto poético como ominoso.

Ji-Hoon Ju, uno de los protagonistas de ‘Along with the gods’, es el protagonista también de esta historia metiéndose en la piel del príncipe que busca encontrar la verdad tras sus acusaciones de traidor y tras la epidemia zombie. Pero tras ver la serie seguro que como yo vais a querer un spin-off del cazador de tigres. Es el personaje interpretado por Kim Sungkyu (‘The gangster, the cop and the devil’) y está claro que lanzarse de cabeza a la acción, con todo lo que tiene, es lo suyo.

Corea está pegando fuerte, no es solo una moda generada por ‘Parásitos’. Los títulos que he citado en esta reseña pueden ser buena muestra de la calidad de muchas de las películas que nos están llegando desde allí. Os recomiendo tanto esta serie como gran parte del cine que generan.