Crítica: ‘Kakeru’

En qué plataforma ver Kakeru

Un robot para reparar lo irreparable

Elon Musk quiere que los robots humanoides formen parte de nuestra vida cotidiana. Tesla presenta Optimus como una máquina capaz de ayudarnos con tareas domésticas y recados, mientras Musk ha llegado a plantear su comercialización para el público antes de finales de 2027. Es una visión tecnológica, industrial y comercial del futuro. ‘Kakeru’, de Hirokazu Koreeda, parte de una idea parecida pero se encuentra en las antípodas de ese carácter comercial y megalómano: aquí un humanoide no llega para hacer la compra ni para limpiar la casa, sino para ocupar el lugar de alguien que ya no está. Está claro que si alguien sabe dialogar con las máquinas desde los sentimientos esos son los japoneses.

Estamos en un futuro en el que se pueden hacer por encargo niños y un pareja que perdió a su vástago de 7 años ve en ello el parche perfecto. La premisa podría parecer una versión japonesa y contemporánea de ‘Inteligencia artificial’ o de ‘El hombre bicentenario’, especialmente por su exploración de los vínculos afectivos entre humanos y criaturas artificiales, pero Koreeda desplaza rápidamente el interés desde la inteligencia artificial hacia algo mucho más antiguo: el duelo.

Porque el verdadero conflicto no es si Kakeru puede comportarse como un ser humano. La cuestión es qué ocurre cuando alguien que hemos perdido vuelve a presentarse ante nosotros con el mismo rostro. Otone encuentra en él una oportunidad para recuperar la vida que le fue arrebatada, mientras Kensuke mantiene una distancia mucho mayor. El robot se convierte así en el punto de fractura de una pareja que ya estaba viviendo el duelo de maneras diferentes.

El electrodoméstico que ocupa el lugar de un hijo

Una de las mejores decisiones de Hirokazu Koreeda consiste en tratar al humanoide como un producto de consumo. Una empresa puede reconstruir la imagen y el comportamiento de un ser querido a partir de fotografías, vídeos y otros datos para entregar un sustituto artificial. Es, en cierto modo, un electrodoméstico diseñado para suplir una ausencia que a priori la humanidad nunca ha podido reparar.

Y ahí aparece el auténtico debate de ‘Kakeru’. ¿Puede la tecnología funcionar como terapia ante una pérdida que el ser humano nunca ha sabido solucionar? ¿Puede facilitar el proceso de duelo ofreciendo una presencia que permita recuperar temporalmente aquello que se ha perdido? ¿O simplemente crea una dependencia emocional que convierte el duelo en una obsesión y aplaza indefinidamente la aceptación de la muerte?

Koreeda no necesita convertir estas preguntas en un debate tecnológico convencional. Su interés está en observar cómo cambia la relación entre los personajes. Kakeru consigue que la madre vuelva a sonreír, pero también puede impedir que acepte que su hijo murió. El padre, en cambio, intenta recordar constantemente que aquella criatura no es su hijo. La misma máquina puede ser interpretada como una herramienta terapéutica, un milagro, una estafa emocional o un parche carísimo.

Es una cuestión especialmente coherente con la trayectoria del director de ‘Un asunto de familia’, uno de los cineastas japoneses contemporáneos con mayor reconocimiento internacional. Koreeda lleva años explorando las relaciones familiares, la ausencia, los vínculos que se construyen más allá de la sangre y aquello que convierte a un grupo de personas en una familia. En ‘Kakeru’, la inteligencia artificial simplemente proporciona una nueva herramienta para continuar preguntándose lo mismo.

La oveja que no podemos ver

El título internacional, ‘Sheep in the Box’, proporciona una de las claves más bonitas de la película. La referencia procede de ‘El principito’, concretamente del momento en que el narrador, incapaz de dibujar la oveja que le pide el pequeño príncipe, dibuja una caja y le explica que el animal está dentro. La película utiliza esa imagen como metáfora del propio Kakeru: podemos verlo por fuera, pero nunca podemos saber qué hay realmente dentro.

Kakeru es simultáneamente un robot, un recuerdo, una proyección de los deseos de sus padres y un niño que está descubriendo el mundo por primera vez. Ahí está probablemente la mayor virtud conceptual del filme: aquello que los personajes ven en él depende de aquello que necesitan encontrar.

El problema es que, precisamente por querer convertir su reflexión en una fábula humanista y universal, ‘Kakeru’ se aleja de una posible lectura más concreta sobre la sociedad japonesa. Japón tiene una población muy envejecida y lo último que necesita es cambiar a sus niños por máquimnas. En ese sentido, ‘Plan 75’, de Chie Hayakawa, resulta una aproximación más directamente vinculada a las tensiones demográficas y sociales del Japón contemporáneo. Y no es que la película no tenga un altísimo componente de cultura japonesa. Es altamente nipona tanto en su sensibilidad como en su manera de observar las relaciones familiares. pero su discurso pretende ser tan universal que en ocasiones pierde la oportunidad de profundizar en aquello que hace específicamente japonesa su premisa.

Kore-eda no está realmente hablando de robots. Está hablando de nosotros. De nuestra incapacidad para aceptar la desaparición de quienes amamos y de nuestra tendencia a construir sustitutos, recuerdos y rituales para mantenerlos presentes. Y esa puede ser la cuestión más incómoda que deja ‘Kakeru’: si pudiéramos tener delante una copia perfecta de alguien que hemos perdido, ¿estaríamos recuperando a esa persona o simplemente comprando una manera de no aceptar que se ha ido?

Ficha de ‘Kakeru’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Hako no naka no hitsuji. Duración: 126 min. País: Japón. Dirección: Hirokazu Koreeda. Guion: Hirokazu Koreeda. Música: Taku Matsushiba. Fotografía: Ryûto Kondô. Reparto principal: Daigo, Rimu Kuwaki, Haruka Ayase. Producción: Gaga Communications Inc, Toho Studios, AOI Pro. Distribución: Vértigo Films. Género: ciencia ficción, drama. Web oficial.