Crítica: ’28 años después: el templo de los huesos’

En qué plataforma ver 28 años después: el templo de los huesos

Cuando la ira ya no necesita excusas pero aún así te las da

Hablar de ‘28 años después. El templo de los huesos’ implica aceptar, desde el primer minuto, que la saga ha dejado de buscar respetabilidad para abrazar el exceso como forma de discurso. Si ‘28 años después’ fue un capricho lúcido de Danny Boyle y Alex Garland, una secuela que utilizaba el apocalipsis para disparar contra el aislamiento británico, el nacionalismo rancio y la obediencia militar ciega, esta nueva entrega dirigida por Nia DaCosta opta por regresar a los orígenes salvajes del relato. No es una marcha atrás, sino una mutación: menos alegoría ordenada y más demencia consciente.

DaCosta, que ya demostró en ‘Candyman’ su interés por reformular mitologías desde una mirada incómoda, recoge el testigo (con Garland firmando el guión) y lo lleva a un terreno donde la lógica se fragmenta, pero el subtexto permanece. ‘28 años después. El templo de los huesos’ no quiere ser una película elegante ni medida. Quiere ser un artefacto furioso, impregnado de rabia acumulada, tanto vírica como social.

Un mundo roto que ya no cree en la razón

La película es plenamente consciente de su escenario: una población aislada, mermada y mentalmente erosionada por décadas de abandono. Aquí los infectados no son solo cuerpos descontrolados, sino el espejo deformado de una sociedad mermada que lleva demasiado tiempo sobreviviendo sin horizonte. El virus de la ira ya no es únicamente un catalizador narrativo, es un estado emocional colectivo.

Visualmente, DaCosta conserva la columna vertebral estética de la saga, cámara nerviosa, suciedad digital, violencia abrupta, pero introduce una imaginería más cercana a lo ritual y lo sacrílego. El “templo” del título no es solo un espacio físico, sino una metáfora de cómo la desesperación acaba organizándose en torno a creencias extremas. En ese sentido, la película se permite una libertad tonal que roza lo delirante, como demuestra una de sus decisiones musicales: mezclar una canción de Duran Duran asociada al opening del anime ‘Speed Grapher’ con el icónico ‘The number of the beast’ de Iron Maiden. No es un guiño gratuito, sino una declaración de principios: lo pop, lo satánico y lo apocalíptico conviven sin jerarquías.

Este enfoque también sirve para dar sentido retrospectivo al extravagante final de la entrega anterior y a la aparición de los Jimmys, liderados por Jack O’Connell. Lo que antes podía parecer una sátira excesiva, con ecos evidentes al caso mediático de Jimmy Savile que ya explicamos en esta web, aquí adquiere una dimensión más inquietante. Los Jimmys ya no son solo una broma negra: representan cómo el vacío moral se llena con ídolos grotescos cuando las instituciones colapsan.

Ciencia, fe y el nuevo rostro del fanatismo

Uno de los grandes aciertos de ‘28 años después. El templo de los huesos’ está en el choque ideológico entre los personajes interpretados por Ralph Fiennes y Jack O’Connell. El primero encarna una visión científica, cansada pero firme, con unas maneras encantadoras. El segundo, un líder satanista que abraza el caos como respuesta al abandono. El enfrentamiento entre ambos articula el núcleo temático del filme: la guerra contemporánea entre conocimiento y creencia, entre hechos contrastados y narrativas conspiranoicas.

Resulta especialmente sugerente ver a O’Connell en este rol tan sacrílego tras su presencia destacada en ‘Sinners’, una de las películas de terror más comentadas de la temporada anterior. Aquí su personaje canaliza un carisma peligroso, muy reconocible en una época en la que el negacionismo y las teorías delirantes ganan terreno frente a verdades científicas largamente asumidas. Garland, fiel a su trayectoria en la ciencia ficción, utiliza este conflicto para insistir en que el verdadero terror no está en los infectados, sino en la facilidad con la que la razón se convierte en enemiga en aras de libertades que dan rienda suelta a nuestra naturaleza salvaje.

No es casual que el tráiler incorpore la voz de Arthur C. Clarke, recuperando una reflexión sobre un futuro impredecible y brutal. En aquella intervención para la BBC, Clarke advertía también de cómo el avance científico puede hacer que ciertas mentalidades se vuelvan conservadoras por miedo a quedarse atrás. Esa idea atraviesa la película como un nervio oculto y conecta tanto con la primera ‘28 días después’ como con esta nueva entrega.

Un cierre más sólido y un futuro inquietante

A diferencia de su predecesora, ‘28 años después. El templo de los huesos’ ofrece un final más cerrado, menos extravagante y narrativamente más satisfactorio. No renuncia al impacto ni al hype, pero evita la sensación de chiste privado que dividió a parte del público. La última escena unirá a buena parte de los desencantados con el estreno del año pasado. Aunque por otro lado se introduce un elemento clave relacionado con la evolución del virus que reconfigura el tablero y despertará una expectación genuina olvidada en otras historias de zombies como ‘The Walking Dead’.

Sabiendo que esta cuarta entrega se rodó de manera simultánea y que será Danny Boyle quien cierre esta etapa de la saga, la película funciona como un puente sólido entre el caos y la conclusión. No es una simple película de zombis, es un comentario incómodo sobre un mundo que, incluso sin virus, ya parece infectado de ira.

Ficha de ‘28 años después: el templo de los huesos

Estreno en España: 16 de enero de 2026. Título original: 28 Years Later: The Bone Temple. Duración: 109 min. País: Reino Unido. Dirección: Nia DaCosta. Guion: Alex Garland. Música: Hildur Guðnadóttir. Fotografía: Sean Bobbitt. Reparto principal: Ralph Fiennes, Jack O´Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry. Producción: Columbia Pictures, DNA Films, Decibel Films. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial.

¿No entendiste ’28 años después’? Aquí va una explicación

Ordenamos el caos de ’28 años después’ e imaginamos qué ha pasado por las mentes de Boyle y Garland

La película ‘28 años después’ se ha convertido en una de las películas de la saga de Danny Boyle con mejor valoración tras los primeros visionados. Pero no es ajeno para el sentir popular el hecho de que supone un cambio radical en la franquicia. Esta es sin duda la entrega más poética y emotiva, también la más extravagante y arriesgada. Pero (casi) todo esto responde a un significado.  Si bien el final se presenta abruptamente y con rarezas que se salen de tono, el guionista Alex Garland no da puntada sin hilo, como es costumbre en su cine.

No voy a arrojar valoraciones sobre la película, para eso tenemos una crítica publicada hace días. Pero sí he de advertir que esta publicación contiene spoilers pues voy a intentar arrojar luz sobre el significado de esta obra que he tenido la ocasión de poder analizar a fondo y con contexto. Evidentemente todo lo aquí expuesto puede considerarse subjetivo, pero presentaré bastantes datos que confirman mis impresiones.

Empecemos por los posters que no se limitan solo a mostrar ’28 años después’. “El tiempo no ha curado nada” dice el tagline de este afiche. Con ello ya nos insinúan que el virus de la rabia, responsable de los infectados que corren en busca de carne, no se ha curado. Pero también se lee entre líneas un paralelismo hacia lo poco que hemos aprendido tras la pandemia del COVID y un dardo hacia la tradicional costumbre inglesa de ir a contracorriente en muchas cosas (enchufes, sentido de circulación, moneda…) tropezando con la misma piedra constantemente. Más adelante volveremos sobre esto último.

Casi nada más empezar una voz en off nos pone en máxima tensión y alerta. Una transmisión de corte radiofónico recita el poema ‘Boots’ de Rudyard Kipling. Esa obra fue publicada en 1903 para describir la monotonía y la tensión psicológica de la marcha de los soldados británicos en la Segunda Guerra de los Bóers. Taylor Holmes es quien recitó en la grabación esas líneas pavorosamente y con el tiempo ha sido utilizado para retratar las secuelas de la guerra. Si lo pensamos bien los efectos de la guerra en los soldados era el tema de ‘Warfare’, última película de Garland. Con eso ya empezamos criticando el tema militar, algo que tuvo espacio en el final de ’28 días después’. Mientras suena en la película se muestran injertos de imágenes de batallas en las que el imperio británico salió victorioso: Guerras Mundiales, la Segunda Guerra de los Bóers, batallas medievales… Eso contrasta con la situación del filme en la que todo es decadencia. Con ello Boyle y Garland parece que quieren advertir de que toda época de gloria tiene su fin y Reino Unido suele estar cegada por su propia vanidad. La soberbia británica se repite y mantiene en el tiempo siendo casi siempre la causa de los males que suceden en las mismas islas.

Todo esto sucede cuando el joven protagonista, con tan solo 12 años, es extraído a un mundo repleto de peligros y con baja probabilidad de supervivencia. Cual espartano, es sometido a un rito iniciático que le convertirá en hombre y guerrero. Esto no dista mucho de todas esas guerras cuyas tropas estuvieron atestadas por críos reclutados por el gobierno británico. Revelador es el último plano de ‘28 años después’, el cual tiene lugar en el final de los créditos. En él vemos a Alfie Williams con la bandera inglesa ardiendo detrás. Este estandarte volverá a aparecer en este artículo a pesar de haberlo citado en los post-créditos. Por supuesto, esta situación que expone a un menor a un conflicto violento retrata la peligrosidad de nuestra raza que parece abocada a volver a la barbarie, y por supuesto a lo primitivo y a la Edad Media. Por supuesto implica la imposición de un sentimiento territorial o patriótico a una temprana edad. Quizá esto sea lo que se puede ver más fácilmente en la superficie.

El cine de Danny Boyle es muy británico y esta no es la excepción. Se respira correct english y la música suena a pub de Candem Town. Curiosamente el filme le da caña a todo lo británicamente ortodoxo. Parece que lo que nos quieren decir con este filme es que Reino Unido ha ido siempre a su bola y con el tema del Brexit ha quedado aislado del resto Europa. El virus rabia sería algo así como una metáfora del independentismo sin sentido que provoca siempre el caos interno y hace que los ingleses se devoren los unos a los otros, aunque sea comercial o socialmente hablando. No son pocas las ocasiones en las que aparece la bandera de Inglaterra, la de San Jorge, en varias tomas envuelta en llamas. Este símbolo también es muy utilizado por la ultraderecha, casi acaparado para su causa. Durante la película aparecen escenas del filme ‘Henry V’ de Laurence Olivier con esa bandera muy presente. La figura de Enrique V tiene un significado simbólico poderoso para sectores ultraconservadores y nacionalistas británicos, aunque no siempre de forma explícita o dominante en el discurso político actual. Su relevancia está más ligada a la construcción del mito nacional y al imaginario de un Reino Unido fuerte, soberano y victorioso frente a potencias extranjeras. Por supuesto relacionado con esto está la fotografía de la reina Isabel II de joven que el pequeño reducto superviviente luce en su salón de actos. Aquí es donde llega la crítica al Brexit orquestado por los conservadores que echan de menos el imperio incapaces de ser parte de un todo más grande. Lo que sucede en este filme se convierte en un símbolo de escarmiento al dejar el mundo a los británicos apartados de la comunidad internacional durante 28 años. Esto podría ser una represalia al considerar que fue primero Inglaterra la que dejó de lado a Europa. En la realidad el paralelismo son las consecuencias económicas y comerciales claras por su decisión de salir de la Unión Europea. Más que un castigo, ha sido un efecto directo del aislamiento económico.

’28 años después’ es también una advertencia de que, tomando la senda del individualismo, el Reino Unido tiene mal futuro. El pensamiento conservador suele enfatizar el mérito individual, el liderazgo fuerte y la libertad frente al control estatal. En la película aparecen unos nuevos zombies llamados “alphas” pues por su corpulencia y violencia se alzan como líderes de manada. El alfa es precisamente eso: un individuo que sobresale y lidera de manera por lo general abrumadora. Además, suele ser masculino, considerado menos «blando» o dialogante por ciertas mentes más primitivas. Testosterona política = canibalismo prehistórico. El virus rabia provoca alfas de igual modo que los populismos o el hastío social dan a luz a figuras extremas y preponderantes que anulan las mentes de sus seguidores.

El filme tiene más lecturas, como el tema de la eutanasia, que evidentemente tiene a sus máximos detractores en el Partido Conservador. Y aunque ‘28 años después’ y sus diferentes capas me han gustado, hay que reconocerle el riesgo, manifiesto sobre todo en el mismísimo final. Hay que admitir que su última secuencia es una excentricidad completamente fuera de tono y que nos lleva a ese Reino Unido de Guy Ritchie lleno de matones vestidos de sport o incluso al de los dementes de ‘Little Britain’. Al final de este apocalipsis british aparecen unos cazadores vestidos con chándal del Humana. Esto parece simplemente una manera de conectar con la primera escena y con algunos cuantos guiños que hemos ido viendo. Nos muestran a un niño y a un mundo que se han vuelto tarados, traumáticos. Pero ojo que esa excentricidad puede esconder algo más. Estos personajes conservan un perturbador parecido con el presentador de la BBC y DJ Jimmy Savile (de hecho, el personaje de la escena se llama Jimmy). Por muchos es sabido que recibió diversas denuncias por abuso sexual infantil. La pista nos la dio nuestro compañero Jorge Loser. Hay una similitud con los niños viendo como zombies los Teletubbies (un show de la BBC). Pero lo que nos dice este desconcertante desenlace es que se han creado unos monstruos. Quizá simplemente han querido hacer alusión a otro tipo de depredador, en este caso el sexual, o quizá es una pista para lo que podremos encontrar en la siguiente entrega, la cuarta y penúltima de la franquicia.

Filmin estrena la primera temporada de ‘Parliament’

Lanzamiento el 24 de noviembre

Filmin estrena el próximo martes 24 de noviembre, en exclusiva en España, la primera temporada de ‘Parliament’. Esta es una sátira política sobre los entresijos del Parlamento Europeo, esa institución tremendamente desconocida para la ciudadanía del Viejo Continente. Tras su exitoso paso por el Serielizados Fest, Filmin ofrece a sus suscriptores los diez episodios de 25 minutos que integran esta primera temporada, en la que hay sitio para partidarios del brexit, independentistas catalanes, radicales de extrema derecha suecos y pescadores de tiburones.

‘Parliament’, coproducción entre Bélgica, Francia y Alemania creada por Noé Debré (‘Dheepan’), se estrenó el pasado mes de abril en la plataforma de streaming de France TV, la televisión pública francesa. Fue enorme éxito, pues duplicó los datos de audiencia que la cadena había previsto.

Sinopsis oficial:

Samy es un joven asistente parlamentario francés que empieza en el Parlamento Europeo en el peor momento posible: pocas semanas después del referéndum del Brexit. Con el vértigo propio de un primer día en el curro, Samy deberá hacer frente a los sinsentidos de la política europea actual, embarullada en un exceso de burocracia, encajes de bolillos varios y un cóctel de culturas, ideologías y sensibilidades altamente peligroso. Su vida en el Parlamento no será nada fácil entre novatadas, brexiters, asistentes teutones, políticos incompetentes, un delicado proyecto para salvar tiburones y… ¡hasta el Procés de por medio!

Crítica: ‘Feedback’

Sinopsis

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Jarvis Dolan (Eddie Marsan) es el periodista estrella del exitoso late night radiofónico londinense The Grim Reality (La cruda realidad). Al comienzo de su programa, unos macabros encapuchados irrumpen en el estudio, tomando el control a punta de pistola. Están allí para sacar a la luz un escándalo que podría suponer el final de Jarvis. Obligado a continuar con el programa, en directo, siguiendo el guion de los asaltantes, la noche se convertirá en una pesadilla.

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Crítica

Descuida algunos detalles importantes dignos de recibir y corregir con feedback

Dos incendiarios presentadores de radio están enemistados por una razón que a priori desconocemos. Uno de ellos ha sufrido un ataque personal dadas sus controvertidas opiniones acerca del Brexit u otras cuestiones y está a punto de dejar el programa. Finalmente decide trabajar esa noche y dos enmascarados interrumpen su emisión en directo a punta de escopeta y navaja.

Jaume Collet-Serra ha estado más acertado con otras producciones como ‘Infierno azul’ o ‘Extinction’. Sabe oler un buen thriller pero en esta ocasión aunque palpamos la presión que sufren los personajes en varias escenas su guión no nos permite sentir sorpresa o no nos cautiva con algo atrevido. Nos salimos del filme principalmente en cuanto suceden dos cosas. Una de ellas es que todo transcurre realmente por motivos muy manidos. El acicate de los asaltadores es mucho menos prometedor y rompedor de lo que parecía inicialmente. La otra es que hay momentos en los que nos damos cuenta de que es imposible que todo lo que pasa en el estudio sea ajeno al resto de personas del edificio. De ese modo desaprovecha a un actor como Anthony Head (‘Buffy Cazavampiros’).

El programa radiofónico se llama «La cruda realidad» y eso provoca que a favor tenga una diatriba inicial que se basa en atacar a la yugular de la actualidad, de golpear a la posverdad con la que nos rodean. Tanto ese discurso como el resto del filme están muy bien tratados en el apartado de sonido. ‘Feedback’ nos deja momentos de total silencio ambiental, en los que lo único que oímos son las voces aisladas de sus protagonistas. De ese modo sus charlas suenan más sinceras y rotundas. Esto es debido a su radiofónico escenario y con eso puedo enlazar diciendo que una virtud del guión de Alonso, Marini y Bussi es saber entretenernos con un solo emplazamiento.

También encontramos alguna que otra interpretación digna de mención. Por ejemplo la de Richard Brake, al cual estamos acostumbrados a concebir siempre como alguien vil o terrorífico. Tiene algo de eso en esta película pero su rol es mucho más humano que de costumbre. Eddie Marsan también está muy solvente en su función de protagonista y eso que por lo general suele ejercer de secundario.

La puesta en escena del filme también es muy importante. No solo por el tratamiento de sonido que comentaba al transcurrir todo en una emisora, si no también por la luz, la claustrofobia que puede dar o lo escalofriantes que pueden parecer las máscaras de los asaltantes.

Los feedbacks han de ser constructivos para que sean útiles. La primera película de Pedro C. Alonso lleva este título porque los presentadores del programa ven en directo las aportaciones (dañinas por lo general) que les llegan desde las redes sociales. Tampoco es que el filme trate exactamente de eso, es un mínimo detalle que nos deja. Para hacer más justicia a su nombre ‘Feedback’ tendría que haber explorado más las posibilidades que ofrece el mundo virtual a la hora de comunicar opiniones y no ser simplemente un thriller en el que unos desconocidos van desvelando poco a poco la verdadera razón de su ataque.

Ficha de la película

Estreno en España: 1 de marzo de 2019. Título original: Feedback. Duración: 100 min. País: España. Dirección: Pedro C. Alonso. Guion: Pedro C. Alonso, Alberto Marini, Beto Bussi. Música: Sergio Moure de Oteyza. Fotografía: Ángel Iguácel. Reparto principal: Eddie Marsan, Paul Anderson, Ivana Baquero, Richard Brake, Alexis Rodney, Oliver Coopersmith, Nacho Aldeguer, Alana Boden, Anthony Head. Producción: Jaume Collet-Serra, Vaca Films, Ombra Films. Distribución: eOne Films. Género: thriller. Web oficial: https://www.vacafilms.com/feedback/