En qué plataforma ver Chespirito: Sin querer queriendo
Chespirito regresa, no con risas enlatadas, sino con emoción auténtica
En la era de los biopics televisivos que buscan humanizar a leyendas y escarbar bajo la superficie del mito, ‘Chespirito: Sin querer queriendo’ se suma con una propuesta que, si bien se alinea con títulos recientes como ‘¿Es el enemigo? La película de Gila’, encuentra su fuerza no tanto en la revelación sino en el homenaje. Es un regalo nostálgico, hecho con la clara intención de reconectar con una figura que marcó a generaciones enteras: Roberto Gómez Bolaños a.k.a. “Chespirito”. Y todo ello desde una perspectiva prácticamente blanca pues se basa en su autobiografía con un guión escrito por Paulina Gómez Fernández, la tercera de sus seis hijos e intérprete en la serie ‘Chespirito’.
Uno de los grandes aciertos es la elección de Pablo Cruz como Roberto Gómez Bolaños. Es algo que va más allá del parecido físico y la caracterización, lo cual, ya de por sí puede despertar simpatía inmediata. Cruz logra capturar los matices del creador: su voz pausada, sus picardías, esa mirada entre tímida y brillante que definió al autor detrás de ‘El Chavo del 8’, ‘El Chapulín Colorado’ y una infinidad de personajes inolvidables. Cruz no imita; interpreta. Y eso marca la diferencia pues a la mayoría de espectadores les será ajena la etapa más joven del comediante.
El resto del elenco también merece reconocimiento. La recreación del universo de ‘El Chavo del 8’ es, por momentos, tan fiel que provoca una punzada en el pecho a quienes crecieron con esos episodios repetidos, los cuales estaban llenos de una repetitividad que hacen que hablar de redundancia se quede corto. La actriz que encarna a Florinda Meza (Margarita Ruíz) ofrece una visión que, al menos en el primer capítulo, augura tanto la complicidad como la tensión que definió su relación con Bolaños su impacto en el resto del reparto. Y por supuesto es importante la labor de Juan Lecanda como Carlos Villagrán/Quico, quien se ganó a los espectadores superando al protagonista de igual modo que en su día Bart Simpson cedió su trono a Homer Simpson. Los actores que interpretan al elenco original, Ramón Valdés (Don Ramón) o María Antonieta de las Nieves (La Chilindrina), también están presentes y ganarán protagonismo según avance la serie.
La producción navega con habilidad entre diferentes épocas, elaborando el humor blanco que definió a Chespirito y los momentos de introspección que lo muestran como un hombre obsesionado con su oficio, perfeccionista y, a ratos, atrapado en la contradicción entre su imagen pública y su vida personal. Es en esos momentos donde la serie es más interesante: cuando deja de lado la mitología y muestra al hombre que dudaba de sí mismo mientras hacía reír a la audiencia hispanohablante de todo el mundo.
‘Chespirito: Sin querer queriendo’ no pretende ser una obra crítica ni subversiva. Es, ante todo, un acto de cariño. Al igual que sucede en España con Martes y Trece o con Esteso y Pajares, esto iconos imborrables de la comedia tuvieron sus más y sus menos. Aunque no entra de momento en las disputas legales o salidas del show, es una serie que no esquivará del todo las sombras, las tensiones internas del elenco, las acusaciones de repetición, el agotamiento del formato. Lo que es evidente es que regresa constantemente al centro: el legado indeleble de un hombre que, sin proponérselo, cambió para siempre la comedia en español.
‘El Chavo del 8’ no solo fue un fenómeno cultural, sino también un ejemplo de cómo el éxito puede fracturar incluso los lazos más cercanos. Puede que los más cínicos consideren a ‘Chespirito: sin querer queriendo’ una obra indulgente. Pero para quienes alguna vez jugaron a ser El Chavo, merendaron junto a sus abuelos en el Vecindad del Señor Barriga, dijeron aquello de “es que no me tienen paciencia” o hacen aún hoy en día cosplays del Chapulín Colorado, esta serie no es solo televisión. Es una cápsula del tiempo. Una que, sin grandes pretensiones, logra emocionar, así, sin querer queriendo.
