Crítica: ‘Black Mirror’ T7

En qué plataforma ver Black Mirror T7

La temporada más continuista de la franquicia

Después de años redefiniendo los límites de la ciencia ficción televisiva, ‘Black Mirror’ regresa con su esperada temporada 7, dispuesta a volver a incomodarnos, fascinarnos y hacernos reflexionar sobre nuestro presente a través de futuros (o presentes alternativos) inquietantemente posibles. Bajo la mirada afilada de Charlie Brooker, esta nueva tanda de episodios continúa explorando la relación tóxica y fascinante entre la humanidad y la tecnología, con una mezcla de géneros que va desde el thriller psicológico hasta el drama existencial, con otro regalo para los amantes de la ciencia ficción clásica.

En esta crítica desgranaremos capítulo por capítulo cada una de las historias que componen esta temporada, analizando sus temáticas, giros narrativos, referencias culturales y lo que nos dice (o advierte) sobre el mundo que habitamos. Porque si algo nos ha enseñado ‘Black Mirror’, es que el horror no siempre está en la pantalla… a veces está justo al otro lado del reflejo. Y para ello hace algo inusitado, continuar dos de sus historias. A continuación os contamos en qué consiste cada nueva propuesta sin spoilers.

 

‘COMMON PEOPLE (Gente corriente)’ (56 min)

Se enmarca en un futuro cercano en el que se cumplen las peores previsiones de Einstein y vivimos en un mundo que se habría acabado sin abejas. Por suerte la tecnología permite crear mini drones que hacen su trabajo.

Así nos posicionan en una sociedad con altas capacidades tecnológicas. Y una pareja (formada por Chris O’Dowd y Rashida Jones) necesita de los progresos para mantenerse con vida y mantener su relación. Este es un capítulo lleno de amor que, además de tener un guiño a San Junipero, generará debate entre parejas. Y es que ¿está justificado mantener el amor a toda costa?

Parecía que plantearía una crisis de identidad similar a las desarrolladas en ‘Mickey 17’ o ‘Altered Carbon’. Pero el eje es la frialdad y ambigüedad con la que las corporaciones generan necesidad en las vidas de la gente de a pie y luego juguetean con nuestras ilusiones y poder adquisitivo. ¿Os molesta pensar que el móvil os escucha? ¿Os gusta ver Netflix con anuncios? ¿Pagáis más solo por no ver un par de cortes publicitarios por algo que es más barato que el cine? Esa es la situación de estos personajes que además han de enfrentarse al dilema de si su integridad física está por encima o debajo del amor hacia su pareja.

‘BÊTE NOIRE’ (49 min)

Una empresa alimenticia se encuentra en un momento clave de desarrollo de nuevos sabores y ya ofrece muestras a grupos de control para hacer su estudio de mercado. En ese marco dos ex-compañeras de clase (Siena Kelly y Rosy McEwen) se encuentran tras más de diez años. Normalmente las historias se ponen en el punto de vista de aquellos que han sido marginados por ser diferentes. Este episodio se posiciona desde el punto de vista de quien ha fomentado esa brecha, sobre todo para camuflar sus complejos de inferioridad. Hasta aquí es una historia social como otra cualquiera y no aparece el componente tecnológico.

El desconcierto que sentimos cuando nuestra percepción de la realidad se altera, como sucede con los efectos Mandela, es lo que maneja este episodio. Durante todo el episodio lo único que nos lo mantiene dentro de la temática de ‘Black Mirror’ es el hecho de que una de las protagonistas tiene alto coeficiente y capacidades tecnológicas. El capítulo puede que os haga rebobinar al principio, pero más allá de eso no supone ninguna revolución en la historia de la serie..

‘HOTEL REVERIE’ (1h 16 min)

Aunque la propuesta de este capítulo de ‘Black Mirror’ emplea dimensiones paralelas el dilema es casi el mismo que el que actualmente traen consigo las inteligencias artificiales. Respeto al trabajo de los artistas, respeto a la propiedad intelectual, respeto al patrimonio cultural… Incluso pone al límite el ser actor del método.

También se va toca el tema woke. Para la protagonista (Issa Rae) cuesta creer que su directora (Awkwafina) la haya metido en una realidad alternativa tanto como cuesta a veces creer los castings forzados de Netflix. Y hablando de Netflix, también se retrata la creación del cine como un producto medido al milímetro con gráficas y valores, como si nuestra interacción con la plataforma fuesen los medidores de Los Sims.

No deja de haber un poco de hipocresía que en la era de los remakes, los deepfakes y las estrellas metidas con calzador surja este episodio que, si bien está interesante, peca de pretender mejorar lo que hemos visto y vivido en el pasado como clásicos en aras de crear nuevos productos. Evidentemente esto es ‘Black Mirror’ y no es un plan que salga rentable, de hecho, muchos se quedarán con que este es un episodio sobre la consciencia con un monento similar a uno de los fragmentos del ‘Treehouse of Horror XIV’ de ‘Los Simpson’.

‘PLAYTHING (Juguetes)’ (45 min)

Peter Capaldi interpreta a un hombre excéntrico que se entrega voluntariamente y es interrogado por la policía, algo que creo que va muy relacionado con el etalonaje pues parece sacado de un episodio de CSI.

El director es David Slade (‘Hard candy’) y su película interactiva ‘Black Mirror: Bandersnatch’ tiene relación directa con este episodio. Pero más que esa conexión los espectadores verán una relación con los famosos tamagochis y los gamers verán una relación con el mítico juego ‘Populous’, tal vez con el ‘Sim city’, ‘Travian’ o ‘FarmVille’ para los más jóvenes. Es una manera de interpretar la concepción de Dios y un caldo de cultivo para los conspiranoicos que dicen que vivimos en una simulación a lo ‘Matrix’.

La naturaleza del individuo, nuestra concepción del bien y el mal… Es una curiosa reflexión sobre el hombre y su civilización que probablemente para muchos será el mejor episodio de esta temporada. Lástima que el protagonista esté plasmado como alguien excéntrico e inadaptado porque le resta fuerza al discurso.

‘EULOGY’ (46 min)

Pensaba que esta temporada iba a tener mucho más que ver con las inteligencias artificiales y no estaba siendo así hasta ver ‘Bête Noire’ y este episodio. A muchos les parece espeluznante, retorcido e incluso morboso el que mucha gente anime antiguas fotografías con familiares fallecidos con IA. Este es un caso similar. Un hombre (Paul Giamatti) recibe la invitación de una empresa llamada Eulogy para aportar sus recuerdos, los cuales servirán para rendir tributo a alguien a quien quiso mucho en su juventud.

Como dijo hace muy poco Frank Miller en Tenerife Noir, “la nostalgia es una trampa”. Curiosa advertencia la de este capítulo que utiliza los recuerdos como cajas fuertes de secretos, herramienta para cerrar heridas y jaulas en las que nos podemos ver encerrados bajo el cerrojo de la tristeza. Un precioso episodio, de los pocos que deja buenas sensaciones tras su final.

‘USS CALLISTER: INTO INFINITY’ (1h 28min)

Enlazando y continuando con el primer episodio de la cuarta temporada, el cual, era un clarísimo tributo a la franquicia ‘Star Trek’. Este episodio es una película en sí mismo que mezcla tópicos de otros clásicos de la ciencia ficción como ‘Mass effect’, ‘Ready player one’ o ‘Borderlands’. Todo son referentes relacionados con los videojuegos pues este episodio vuelve a tratar sobre personas atrapadas en un juego mientras millones de jugadores participan matando y muriendo con skins horteras sin miedo a una muerte real.

En esta ocasión vamos tras las bambalinas de Infinity, la compañía que ha creado el MMORPG al que juegan desesperadamente los protagonistas clonados interpretados por Cristin Milioti, Osy Ikhile, Billy Magnussen, Milanka Brooks y Paul G. Raymond. Toby Haynes dirige de nuevo el episodio asegurando la continuidad y tratando temas como el abuso de autoridad, los peligros de la realidad virtual y el aislamiento social. Yendo más allá aborda el respeto a la imagen e identidad de las personas y una parte corporativa muy propia del ADN de las empresas de Silicon Valley.

Crítica de ‘El bebé’

Una ricura que es diabólicamente absorbente y desquiciante

En el cine y las series hay multitud de personajes que llevan a cabo la acción o los diálogos. Pero hay unas criaturillas que a veces tienen el centro de atención sin ni siquiera haber aprendido aún a decir una palabra. El bebé que aparece en pantalla suele llevarse todas las adulaciones, pero… ¿Qué pasa si la aparición de ese bebé es señal de algo ominoso?

No es la primera vez que un recién nacido se las hace pasar canutas al protagonista. No me refiero a situaciones cómicas como las de ‘Mira quién habla’, ‘El peque se va de marcha’ o ‘Tres hombres y un bebé’. No, el coprotagonista de ‘El bebé’ es más de desquiciar a lo ‘Arizona baby’ o de meter miedo a lo ‘Braindead’ pues trae consigo peligrosas y mortales situaciones. Y en algunas partes la serie puede recordar a ‘El pueblo de los malditos’, al episodio ‘It’s a good life’ de ‘The Twilight Zone’ o a ‘Quién puede matar a un niño’.

‘El bebé’ estará disponible el 25 de abril en HBO Max. Esta es una serie creada por Lucy Gaymer y Sian Robins-Grace quienes han trabajado en ‘True horror’ y ‘Sex education’ respectivamente. Con esas credenciales podéis haceros a la idea de qué tipo de historia tenéis delante. Tierno y macabro a la vez. El bebé (o los bebés, pues han usado una pareja de gemelos durante el rodaje) que protagoniza esta historia tiene una cara adorable, pero lo que pasa a su alrededor es espeluznante.

La historia nos da a conocer a la otra protagonista, Natasha (Michelle de Swarte). Ella es una joven independiente que está harta de ver como sus amigas llenan sus vidas dando a luz a nuevas criaturas, restregándole las fotos por su cara o el timeline de las redes sociales. Fortuita y literalmente le cae del cielo un bebé y algo más que el destino la obligan a tener que cuidarle. Desde ese momento su vida queda supeditada a los inescrutables designios del bebé.

Durante los ocho episodios de la serie el bebé se dedica a propiciar situaciones desconcertantes y funestas. Digamos que hace cosas muy al estilo a las de la muñeca Annabelle. El trabajo de montaje, planos o coaching infantil hace que veamos a la criatura como alguien que se está mofando de la protagonista, tanto cuando se ríe adorablemente como cuando se queda mirando de manera fija, como si pusiese cara de póker. Realmente parece que actúa.

La tipografía del título de la serie nos puede recordar a la de algunos carteles de ‘Rosemary’s baby (La semilla del diablo)’. Y ciertamente este podría ser el bebé engendrado en la película de Polanski. Solo que el tono de la serie es burlesco. Estamos ante un entretenimiento con tintes de humor surrealista e inglés, rozando el absurdo y añadiendo horror. El ambiente de pueblo británico no se decir a qué contribuye más, si al terror o a la depresión. Pero desde luego está puesto ahí como extensión cómica de lo que siente la protagonista. ‘El bebé’ consigue con todos estos elementos hacer que nos riamos, nos desconcertemos y sigamos sin ganas de ser papás.