En CutreCon se mueve el bigote, pero no solo para comer
CutreCon se traslada al mk2 Palacio de Hielo para maratonear con películas de explosiones y bigotones. Durante todo el fin de semana la casa del festival es el cine emplazado en el Centro Comercial Palacio de Hielo y ahí, la sala con más de 500 butacas ha colgado varias veces el cartel de «no quedan entradas». La penúltima jornada fue toda una fiesta con buen sentido del humor, camaradería y capacidad de resistencia a según qué películas.
Tras ver varias películas en las que los protagonistas lucían diversos tipos de bigotes y peores argumentos, la jornada de CutreCon cerró con la proyección de ‘Postal’ acompañados del director Uwe Boll presente. Un broche de oro y locura para con una sesión golfa abarrotada patrocinada por Moviementarios en la que los asistentes no solo disfrutaron de la visión del director de primera mano, sino que recibieron copias firmadas de sus películas. Y todo esto sucedió justo después de que Boll maldijese a Paul W.S. Anderson por hacerse con los derechos de ‘House of the Dead’. No obstante, el crowdfunding para hacer su secuela, ‘23 years later: return to zombie island’, sigue adelante.
‘White Fire’
Demostración científica de que en los 80 nadie leía el guion completo antes de rodar. Esta ha sido una demostración a lo CutreCon style, de esas películas que no hay que ver solo en casa, sino bien acompañado. Es una inexplicable película sobre revolucionarios y traficantes. Robert Ginty actúa como si no supiera muy bien qué película está haciendo, pero eso solo aumenta su encanto. Las escenas de acción son más torpes que sangrientas y el tono cambia más que los modelos de bigotes que desfilan por la pantalla. Todo es excesivo, incoherente e ineficazmente serio, lo que convierte a ‘White Fire’ en una joya involuntaria. El título se te graba a fuego por el incesto y la gran cantidad de veces que lo mencionan, pegadiza canción incluida. Pero eso no es lo más memorable. Lo más reseñable es una inexplicable trama con incesto y endogamia que cuesta creer que a los guionistas se les haya colado por descuido.
‘Karachi Thunderbolt’
En anteriores ocasiones CutreCon nos ha preparado remixes como este. Esta vez Trash-o-rama distribución nos ha brindado una selección muy loca de cine Pakistaní. Todo protagonizado por Sultán Rahi, un actor con más de un centenar de películas en su haber. Una persona que fue asesinada por unos fans que no le reconocieron al no llevar su bigote postizo, muchas veces recreado con dos trozos de cartón. Lo que hizo este actor es cine sin frenos ni cinturón de seguridad y también sin cuidado porque las películas eran de usar y tirar, acababan en la basura. Cine rescatado directamente desde Lollywood (la “factoría” de cine de Pakistán) con escenas que provocan auténtico dolor, por sus histriónicas interpretaciones, por su constante cambio de color, por su deficiente sonido, por la repetición de golpes… te deja los sentidos hechos fosfatina.
‘Ninja Terminator’
‘Ninja Terminator’ es una película donde la trama es un rumor lejano y los ninjas visten camuflajes rosas y de manera esporádica. El argumento, si existe, gira en torno a una estatua robada, pero lo importante son los combates reciclados, los planos robados de otras películas y los nombres de los protagonistas que en versión española ganan otra dimensión. Cada ninja actúa como si protagonizara su propia película, sin preocuparse por la coherencia global. El montaje es un collage delirante y la música suena como si alguien hubiera dejado una cinta puesta al azar. Es cine cutre en estado puro, desde el villano con peluca de Adam de Eternia hasta el teléfono con forma de Garfield. Sin dura una proyección que ha recordado a los mejores momentos de CutreCon.
‘James Bond Turco: En Büyük Yumruk’
Es lo que pasa cuando alguien decide hacer una película sin respetar derechos, sin criterio cinematográfico y sin ningún tipo de respeto. El personaje no es Bond: conduce coches normales, pelea como en una película de barrio y se enfrenta a villanos que parecen pueblerinos enfadados. Pero se roban detalles y escenas de acción de la franquicia. Y la música… suenan pasodobles españoles y temas de Flash Gordon. El protagonista, Cüneyt Arkın, la mítica estrella de otros plagios turcos, actúa con una seriedad de galán misógino como si estuviera en ‘Goldfinger’. Todo es cutre, sucio y directo, sin más esfuerzo que encadenar una pela tras otra, un ligoteo tras otro. Parodia involuntaria fruto de una época y cultura que entiende poco del respeto. Un monumento al cine de explotación y a la cara dura creativa. Será que, como dicen cerca de una decena de veces en la película, es cosa de hombres.
‘Retroceder nunca, rendirse jamás’
De entrada hay que decir que el protagonista está constantemente huyendo y rindiéndose en situaciones comprometidas. Esta es la película que intentó subirse al éxito de ‘Karate Kid’… y acabó practicando su propio kata de ridiculeces narrativas y tópicos. Jean-Claude Van Damme aparece interpretando a un villano que parece imitación del Drago de ‘Rocky IV’, que casualmente también se estrenó ese año. Pero aparece unos minutos al comienzo y luego en el combate final, protagonizando el cartel antes de su fama. Todo se toma terriblemente en serio, con discursos inspiradores y momentos de constante revancha y abusones. Es ingenua, torpe y entrañable, una cápsula del tiempo de los 80 donde el sudor, las patadas y la moralina eran suficientes para vender heroísmo de videoclub.
‘Postal’
‘Postal’ es Uwe Boll en estado de pura venganza: provocación, caos y una clara voluntad de enfadar a todo el mundo por igual. La película no adapta tanto el videojuego como su espíritu más desagradable, apostando por el humor ofensivo, el mal gusto y la sátira pasada de rosca. Nada importa demasiado: los personajes entran y salen, la trama avanza a base de burradas y las escenas están pensadas para incomodar con humor sin prejuicios. Boll incluso aparece en pantalla, como si quisiera recordarte que esto es culpa suya y un arma suya contra todo lo correcto. No es divertida en el sentido clásico, pero sí fascinante como experimento y como bofetada. ‘Postal’ no quiere gustar, quiere molestar… y en eso, triunfa pues con el tiempo ha sobrevivido bien y mantiene su relevancia.

