Crítica: ‘Tiempo de victoria’

En qué plataforma ver Tiempo de victoria

Era cuestión de tiempo que se hablase de cómo se gestionó el tiempo y no es una pérdida de tiempo

Puede parecer que las productoras de cine ya no saben qué hacer para seguir hablando de la Segunda Guerra Mundial. Después de miles de películas, series, documentales y reconstrucciones del desembarco de Normandía, resulta legítimo preguntarse si hay algún relevante que haya que contar. Es la misma reflexión que hice cuando se estrenó ‘Nuremberg’. ‘Tiempo de victoria’, dirigida por Anthony Maras, encuentra para esa pregunta una respuesta bastante estimulante: mirar el Día D desde una habitación llena de mapas, pronósticos y hombres que saben que una mala decisión puede costar miles de vidas.

El protagonista es el meteorólogo James Stagg (Andrew Scott), el hombre que tuvo que convencer a Eisenhower (Brendan Fraser) de retrasar la invasión ante unas condiciones meteorológicas que podían convertir la operación en una carnicería. Y ahí está una de las virtudes del guion: convertir algo aparentemente poco cinematográfico (la discusión sobre nubosidad, viento, oleaje y patrones meteorológicos) en un thriller de tensión creciente.

El título original, ‘Pressure’, juega precisamente con ese doble sentido. Es la presión atmosférica que Stagg necesita interpretar, pero también la presión insoportable que recae sobre quienes deben decidir cuándo lanzar la mayor ofensiva aliada de la guerra. Y perdonarme el titular de esta crítica, pero si los creativos de marketing que han traído esta película se han permitido el juego de palabras, por qué no yo.

Detalles que solo se encuentran en museos

Además, la película recupera episodios que suelen quedar eclipsados por las imágenes del desembarco. Entre ellos está la desastrosa Operación Tiger, el ensayo de la invasión en el que murieron centenares de soldados estadounidenses y que funcionó como un terrible recordatorio de lo que podía salir mal. También aparecen las operaciones de engaño destinadas a confundir a los alemanes, con ejércitos ficticios, vehículos inflables y los curiosos paracaidistas falsos conocidos como “Ruperts”.

Y hay algo especialmente interesante en la forma de abordar la meteorología: los personajes trabajan con mapas y datos, pero todavía no disponen de los sistemas informáticos actuales. Los patrones del pasado pueden orientar, pero no garantizan absolutamente nada. La película entiende que ahí reside buena parte del conflicto: el tiempo atmosférico no obedece a la estrategia militar y nuestro clima cambia igual que lo hacen los mapas políticos.

Andrew Scott, Brendan Fraser y una curiosa casualidad

Andrew Scott lleva el peso dramático con un personaje que no busca despertar simpatía. Stagg es seco, obsesivo, poco dado a las concesiones y, en algunos momentos, directamente antipático. Pero Scott consigue algo más complicado: que terminemos poniéndonos de su lado. Es una interpretación basada más la soberbia que aporta el conocimiento y en precisamente saber desarrollar discusiones técnicas.

El otro gran aliciente es Brendan Fraser. Para muchos nunca se fue realmente (su trabajo en ‘Doom Patrol’ lo mantuvo muy presente), pero su regreso a la primera plana después de ‘The Whale’, unido a la preciosa ‘Rental Family’ y a la expectativa generada por ‘La momia 4’, hace que resulte especialmente interesante observar su evolución. Aquí interpreta a Eisenhower y no teme construir un personaje áspero, autoritario y agotado. Se rapó la cabeza y estudió exhaustivamente la biografía del general, además de profundizar en los preparativos militares de la ofensiva. La transformación física recuerda inevitablemente a Russell Crowe en ‘Nuremberg’: dos estrellas reconocibles que desaparecen detrás de personajes históricos.

Pero la producción también tiene su propia pequeña historia increíble. Para trabajar ordenando las imágenes de archivo se contrató a un ayudante de montaje llamado Jamie Stagg sin saber que era el nieto del auténtico meteorólogo interpretado por Scott. Él tampoco sabía inicialmente que el proyecto trataba sobre su abuelo. Una de esas casualidades que ningún guionista se atrevería a inventar.

El desembarco vuelve a la pantalla

Maras tampoco evita representar el desembarco, pese a que hacerlo después de ‘Salvar al soldado Ryan’ supone jugar en un terreno complicado. Evidentemente, ‘Tiempo de victoria’ no pretende competir con Spielberg en escala, brutalidad ni inmersión física. Su interés está en otro lugar: mostrar cómo una decisión tomada alrededor de una mesa acaba teniendo consecuencias sobre quienes desembarcan en las playas.

La incorporación de imágenes de archivo coloreadas resulta particularmente efectiva. No solo amplía la escala de la producción, sino que crea una transición visual entre la recreación y la realidad. El montaje contrapone el artificio cinematográfico con rostros y cuerpos que estuvieron realmente allí, reforzando la sensación de verosimilitud. Esto logra una carga dramática mayor pero se queda lejos del éxito de Maras ‘Hotel Mumbai’.

Al igual que la ya citada ‘Nuremberg’, reúne intérpretes muy conocidos y eficaces para contar una historia interesante. Ambas son películas que hablan de decisiones políticas, conflictos internacionales y dirigentes convencidos de que la historia está de su lado. Y lamentablemente, como aquella, probablemente pasará demasiado desapercibida para el gran público.

Ficha de ‘Tiempo de victoria’

Estreno en España: 18 de septiembre de 2026. Título original: Pressure. Duración: 101 min. País: Reino Unido. Dirección: Anthony Maras. Guion: Anthony Maras, David Haig. Música: Volker Bertelmann. Fotografía: Jamie Ramsay. Reparto principal: Andrew Scott, Brendan Fraser, Kerry Condon, Damian Lewis, Chris Messina, Tamsin Topolski. Producción: StudioCanal, Working Title Films. Distribución: DeAPlaneta. Género: suspense. Web oficial.

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