Crítica: ‘Sus hijos’

En qué plataforma ver Sus hijos

Bill Nighy ofrece toda una masterclass sobre las distintas concepciones del legado

‘Sus hijos’ arranca con ‘Nature Boy’, la misma canción que abría ‘Moulin Rouge’, de hecho nos introduce en la casa donde transcurrirá casi toda la acción con un plano idéntico. Pero Pablo Trapero hace algo muy distinto con ella: donde Baz Luhrmann encontraba exotismo, lujo y una exuberancia casi circense, aquí la música acompaña un universo decadente, apagado y enfermizo. Es una declaración de intenciones bastante clara. La película va a hablar de la belleza del legado, pero también de todo aquello que se pudre cuando detrás de una obra brillante hay una persona incapaz de cuidar a quienes tiene cerca.

Andrew Dyer (Bill Nighy) lleva cerca de dos décadas recluido en su mansión. Es un escritor venerado, una eminencia literaria cuyo primer libro se convirtió en un fenómeno, pero hace veinte años que no escribe una sola línea y prácticamente ha desaparecido del mundo. Incluso su agente tiene que responder correos haciéndose pasar por él debido a su aislamiento y a un carácter que oscila entre la misantropía, el alcoholismo y una evidente pérdida de facultades.

La muerte de uno de sus pocos amigos provoca el regreso de Andrew al mundo exterior y, sobre todo, una reflexión sobre su propia mortalidad. El funeral funciona como uno de los detonantes dramático para preguntarse si alguna vez es demasiado tarde para reparar el daño causado. Porque ‘Sus hijos’ habla de muerte, sí, pero sobre todo habla de legado, culpa, errores irreparables y de esa especie de diáspora física y emocional que puede producirse dentro de una misma familia.

La familia como obra inacabada

Los hijos de Andrew viven bajo la sombra de una figura monumental que todo el mundo admira y que ellos, puertas adentro, detestan. Su prestigio es casi una institución, mientras que para ellos no deja de ser el padre que cometió un error imperdonable y después se marchó emocionalmente de sus vidas. Lo interesante es que Trapero no plantea simplemente el conflicto entre un padre ausente y unos hijos resentidos: todos ellos han acabado dedicándose, de una manera u otra, a contar historias.

Richard es guionista y Jamie trabaja en el terreno documental. Andy, el menor, todavía convive con su padre. De algún modo, los tres han heredado aquello que Andrew considera su gran talento, aunque también han heredado las heridas y taras asociadas a él.

La mansión es, en ese sentido, mucho más que un escenario. Está construida como una prolongación de la memoria de Andrew, un gigantesco mausoleo de recuerdos, libros, premios y objetos familiares. Es la imagen física de una familia que ya no existe y que quizá él intenta reconstruir a través de aquello que conserva. Resulta especialmente irónico que desprecie a sus lectores cuando son precisamente ellos quienes han convertido sus novelas en una prolongación de su vida. Andrew siente que el éxito como escritor tuvo un precio: el fracaso como padre.

El propio título original, ‘& Sons’, remite a esa fórmula empresarial que tradicionalmente anuncia un negocio familiar heredado de padres a hijos. Aquí la herencia no es una empresa, sino algo mucho más problemático: una identidad, un apellido y una carga genética. No resulta casual que Trapero dedique la película a su padre, porque la paternidad atraviesa prácticamente cada decisión narrativa.

Ciencia, identidad y una incómoda pregunta moral

Cuando Andrew reúne a sus hijos, ellos esperan una disculpa. En cambio, reciben una revelación que transforma el drama familiar en otra cosa y obliga al espectador a plantearse una cuestión ética relacionada con la ciencia. Trapero mantiene durante buena parte del metraje dos interpretaciones posibles del secreto: podemos estar ante una verdad extraordinaria o ante la fantasía de un hombre que lleva demasiado tiempo aislado y consumiendo alcohol.

Ahí está uno de los mayores aciertos del filme, aunque también uno de sus riesgos. La película utiliza la ciencia ficción como una extensión de su conflicto sobre naturaleza, educación, herencia y libre albedrío, pero nunca abandona del todo el registro de drama familiar. El problema es que algunas de las implicaciones de su planteamiento darían para una película mucho más ambiciosa.

Aun así, el reparto sostiene buena parte del conjunto. Bill Nighy está magnífico como ese escritor desagradable, ególatra y roto, mientras Imelda Staunton aporta una enorme humanidad y termina convirtiéndose en el contrapeso emocional de la función. Pero hay que destacar especialmente a Noah Jupe. Su Andy reproduce gestos, movimientos, modales e incluso la particular manera de hablar de Nighy, hasta convertir esa imitación en una herramienta narrativa y no en una simple gracia interpretativa.

‘Sus hijos’ no siempre consigue que todas sus ideas tengan el mismo peso, pero sí propone una interesante paradoja: quizá el verdadero legado de un padre no sea aquello que deja escrito, sino aquello que deja dentro de sus hijos.

Ficha de ‘Sus hijos’

Estreno en España: 18 de septiembre de 2026. Título original: & Sons. Duración: 119 min. País: Reino Unido. Dirección: Pablo Trapero. Guion: Sarah Polley, Pablo Trapero. Música: Cristobal Tapia de Veer. Fotografía: Diego Dussuel. Reparto principal: Bill Nighy, Imelda Staunton, Dominic West, Johnny Flynn, George MacKay, Noah Jupe. Producción: Infinity Hill, Bankside Films, Calculus Media (in association with), Content Engineers, DK Entertainment International, Dauphin Films, Double Garage Films, Elevation Pictures, LONY Productions, Matanza Cine, Maven Screen Media, Media Finance Capital (financier), Nativa Contenidos, Off Media, Onza Entertainment, Original Films, Prisma Cine, Screen Capital, Tricky Knot. Distribución: Divisa Films. Género: drama. Web oficial.

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