En qué plataforma ver Batman: el cruzado enmascarado
Bruce Timm continúa siendo uno de los que mejor conoce al personaje de Kane y Finger
Cuando Bruce Timm recuperó el universo de Batman con ‘Batman: el cruzado enmascarado’, muchos pensaron que el objetivo sería recrear la magia de ‘Batman: La serie animada’. Sin embargo, la segunda temporada confirma que aquella comparación resulta cada vez menos pertinente. Sí, la influencia estética permanece intacta, pero el verdadero espíritu de la serie mira hacia otra dirección. Aquí el referente no es tanto la nostalgia como la reinterpretación contemporánea del Caballero Oscuro, muy cercana a la sensibilidad del universo cinematográfico construido alrededor del Batman de Matt Reeves.
La producción (desarrollada por Bruce Timm junto a J.J. Abrams y Matt Reeves tras el cambio de estrategia de Warner, que terminó llevando el proyecto de HBO Max a Prime Video) abraza sin complejos el cine negro. Gotham vuelve a ser una ciudad dominada por mafiosos, corrupción institucional, callejones iluminados por pobres farolas, automóviles inspirados en los años cuarenta y armas propias de los relatos criminales clásicos. Todo ello envuelto en una dirección artística donde la influencia del expresionismo alemán resulta incluso más evidente que en la primera temporada. Las sombras exageradas, las arquitecturas imposibles y los encuadres deformados convierten la ciudad en un personaje más.
La diferencia respecto a la serie de los noventa también es significativa. Aquella ya evitaba tratar al espectador como si fuera un niño, alejándose de otras producciones animadas de la época. Esta nueva versión responde a sensibilidades actuales y da un paso adicional hacia una violencia mucho más explícita, con asesinatos, cadáveres y consecuencias dramáticas que rara vez se ocultan tras una elipsis. Nunca pierde el tono clásico, pero sí endurece considerablemente su discurso.
Nuevos villanos, viejas ideas y algunos cambios que no terminan de convencer
La temporada vuelve a demostrar que el mayor acierto de la serie consiste en escapar constantemente de los villanos más habituales. Resulta refrescante recuperar personajes poco explotados como Roxy Rocket, cuyo episodio posee una marcada estética steampunk que recuerda inevitablemente a ‘The Rocketeer’. Además, el conflicto adquiere una lectura sorprendentemente contemporánea al abordar la fascinación por la tecnología militar y la escalada armamentística desde una aventura que nunca deja de ser entretenida.
También funciona especialmente bien la recuperación de Mister Zero, respetando el nombre original con el que debutó el personaje antes de convertirse en el popular Mr. Freeze. Es una muestra de que los responsables conocen profundamente la historia editorial de DC y disfrutan rescatando detalles olvidados por el gran público.
No todos los cambios, sin embargo, resultan igual de acertados. La nueva versión del Sombrerero Loco apenas conserva rasgos del personaje clásico. El problema no reside en el cambio de género, sino en convertirlo prácticamente en una presentadora televisiva con maneras que recuerdan inevitablemente a Ana Rosa Quintana. Más discutible todavía resulta la reinterpretación de Enigma, reducido aquí a un mafioso impulsivo y violento que pierde precisamente aquello que siempre definió al personaje: su superioridad intelectual.
Tampoco termina de funcionar el episodio dedicado a Barbatos. Su principal antagonista posee una apariencia que recuerda demasiado a Venger, el célebre villano de ‘Dragones y Mazmorras’, mezclado con algunos diseños de la serie animada de ‘Los Cazafantasmas’. El resultado roza involuntariamente el ridículo dentro de una serie que normalmente presume de enorme coherencia estética. Por fortuna, estos tropiezos son excepciones dentro de una temporada notable.
Un Batman implacable con un final que apunta hacia una tercera temporada
Uno de los mayores logros sigue siendo el propio Bruce Wayne. Este Batman desconfía profundamente de la naturaleza humana, se muestra frío, contundente y mucho menos compasivo que otras encarnaciones recientes. En ese contexto adquiere especial sentido la recuperación de Cerillas Malone como una herramienta más dentro de su guerra psicológica contra el crimen.
También convence el regreso de Harley Quinn. No deja de ser un guiño cargado de simbolismo recordar que el personaje debutó el 11 de septiembre de 1992 en el episodio ‘Un favor para el Joker’ de ‘Batman: La serie animada’, convirtiéndose con el tiempo en uno de los escasos personajes creados para televisión que terminaron integrándose plenamente en el universo de los cómics.
La serie mantiene además un inteligente juego de anticipación mediante pequeños cliffhangers al final de prácticamente todos los episodios. Poco a poco va construyendo la presencia del Joker hasta convertirlo en el gran clímax de la temporada. Aunque su aparición resulta efectiva, quizá habría sido más estimulante apostar por un antagonista inesperado. El Joker era la opción más evidente y precisamente por ello también la menos arriesgada. En cualquier caso, el desenlace deja abierta de forma natural una tercera temporada y el doblaje por parte de Matthew Needham le viene como anillo al dedo a un Joker psicópata pero más frío que un alemán en plena filomena.
Si seguimos con el apartado interpretativo destaca Hamish Linklater, que asume el complejo reto de suceder al inolvidable Kevin Conroy aportando una personalidad propia sin caer en la imitación. Y, si hablamos del doblaje español, Claudio Serrano continúa siendo insustituible. Su identificación con Batman ya alcanza un nivel comparable al que Constantino Romero logró con otras grandes figuras del cine. Solo le falta presentar un programa de televisión para completar el paralelismo.
‘Batman: el cruzado enmascarado’ demuestra en esta segunda temporada que aún es posible reinterpretar al personaje sin renunciar a su esencia. Puede discutirse alguna decisión creativa concreta, visualmente sigue brillando gracias a su extraordinaria dirección artística, aunque algunas secuencias realizadas mediante animación digital en tres dimensiones (especialmente las relacionadas con vehículos) rompen ocasionalmente la armonía visual Pero el conjunto confirma que esta sigue siendo una de las aproximaciones audiovisuales más interesantes que ha recibido el Caballero Oscuro en los últimos años.

