Crítica: ‘ORWELL 2+2=5’

En qué plataforma ver ORWELL 2+2=5

Raoul Peck plasma que la escalofriante profecía de la posverdad de Orwell ya está aquí

Hubo un tiempo en que la capacidad de anticipar el porvenir se atribuía a profetas como Nostradamus. Sin embargo, el siglo XX tuvo su propio visionario laico: George Orwell. Sin necesidad de efectos especiales ni de una ciencia ficción espectacular, sino a través de una prosa austera y cortante, el autor de ‘1984’ imaginó un futuro que hoy se antoja incómodamente reconocible. En ‘Orwell: 2+2=5’, Raoul Peck retoma esa capacidad predictiva y la convierte en un documental que no solo revisa una obra literaria, sino que interpela directamente a nuestra contemporaneidad.

La verdad como campo de batalla

El título del documental no es una provocación arbitraria. “2+2=5” alude a la imposición de la mentira como verdad oficial, al sometimiento del individuo ante el poder que reescribe la realidad. Es la ecuación imposible convertida en dogma. Peck articula su relato a partir de fragmentos de ‘1984’ y de ‘Rebelión en la granja’, enfrentándolos a imágenes de archivo del siglo XX y del XXI: guerras, discursos políticos, propaganda, multitudes enfervorizadas y pantallas que vomitan consignas.

El documental cuenta con la voz del actor Damian Lewis, quien encarna a Orwell. No se trata de una mera narración en off, sino de una presencia fantasmal que guía al espectador por un paisaje moral devastado. Peck intercala adaptaciones cinematográficas de ‘1984’ y material de noticiarios antiguos y recientes, estableciendo un diálogo visual que eriza la piel. La sensación es clara: la humanidad no aprende, repite. Se oprime y se deja oprimir. Se manipula y se deja manipular.

El filme subraya algo que ya estaba en la novela: el totalitarismo no es un fósil ideológico, muta, se adapta, se disfraza. Hoy no necesita botas militares ni uniformes idénticos, le basta con algoritmos, polarización y saturación informativa. La comodidad en la ignorancia (esa anestesia colectiva) es presentada como uno de los grandes peligros contemporáneos. Peck no señala con el dedo a un único régimen: traza un mapa global de autoritarismos, guerras y manipulaciones mediáticas que conectan el pasado con la posverdad actual.

La biografía como herida política

Uno de los mayores aciertos de ‘Orwell: 2+2=5’ es cómo integra la biografía del escritor en el análisis de su obra. Peck no convierte a Orwell en estatua, sino en hombre atravesado por contradicciones. Desde su juventud como policía imperial en Birmania (engranaje temprano de la maquinaria del imperialismo británico) hasta su experiencia traumática en la Guerra Civil Española, donde fue herido y asistió a las luchas internas del bando republicano, todo aparece como materia prima de su literatura.

Su etapa en la BBC también ocupa un pequeño lugar. Allí trabajó en propaganda durante la Segunda Guerra Mundial, experiencia que alimentó su escepticismo respecto a la manipulación del lenguaje y la información. Peck sugiere que esa vivencia institucional fue clave para que Orwell llegase hasta su odio visceral a la política.

El documental tampoco elude aspectos íntimos: su tuberculosis, que lo fue consumiendo físicamente, la precariedad económica, la tensión constante entre idealismo y desencanto. Todo ello dibuja una personalidad marcada por la culpa colonial, la conciencia de clase y la obsesión por la honestidad intelectual. La raíz de su crítica al totalitarismo está, paradójicamente, en su temprana participación en el sistema imperial que luego denunciaría.

Ecos contemporáneos: de Ken Loach a Michael Moore

Peck amplía el foco e introduce figuras que, desde el cine, han continuado esa tradición crítica. Ken Loach aparece como referencia recurrente, no solo por su mirada sobre la Guerra Civil Española, sino por su insistencia en retratar un sistema defectuoso que amplía la brecha entre ricos y pobres. En su cine late la misma indignación moral que en Orwell: la denuncia de estructuras que perpetúan desigualdades bajo apariencias democráticas.

También se evoca la obra de Michael Moore, cuya filmografía ha cuestionado el poder corporativo y político en Estados Unidos. Peck no equipara estilos (Loach es sobrio, Moore es provocador), pero sí los sitúa en una genealogía de cineastas que entienden el audiovisual como herramienta de combate ideológico.

Formalmente, ‘Orwell: 2+2=5’ tiene mucho de ensayo cinematográfico. Peck, que ya exploró la memoria política en trabajos anteriores, demuestra aquí un dominio notable del montaje. El archivo no es un simple apoyo ilustrativo, es argumento. Las imágenes dialogan, se contradicen, se superponen. El resultado es un retrato escalofriante de una humanidad que, pese a las advertencias, reincide en los mismos mecanismos de auto-opresión.

El documental no ofrece consuelo. Su mayor virtud es obligar al espectador a preguntarse en qué medida participa, consciente o inconscientemente, de esa ecuación perversa en la que dos más dos pueden llegar a ser cinco si se lo permitimos al poder. Peck convierte a Orwell en contemporáneo, en testigo incómodo de nuestra era digital. Y al hacerlo, demuestra que la verdadera ciencia ficción no habla de naves espaciales, sino de la fragilidad de la verdad.

Ficha de ‘ORWELL 2+2=5’

Estreno en España: 27 de febrero de 2026. Título original: ORWELL 2+2 =5. Duración: 119 min. País: Francia. Dirección: Raoul Peck. Guion: Raoul Peck. Música: Alexei Aigui. Reparto principal: George Orwell, U Win Khine, Min Aung Hlaing, Augusto Pinochet, Vladimir Putin, George W. Bush, Colin Powell, Donald Trump, Damian Lewis (voz). Producción: Anonymous Content, Closer Media, Jigaw Productions, Velvet Film, Neon. Distribución: Caramel Films, Filmin. Género: documental. Web oficial.

Crítica: ‘EPiC: Elvis Presley in Concert’

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Un homenaje bárbaro con entidad propia

El estreno de ‘EPiC’ llega como un complemento natural al fenómeno que supuso ‘Elvis’, la película que Baz Luhrmann lanzó en 2022 y que reintrodujo al gran público en la figura del Rey del Rock. Sin embargo, este nuevo trabajo no es un simple apéndice ni un producto oportunista: es un artefacto emocional y cinematográfico con entidad propia, capaz de sorprender incluso al fan más acérrimo de Elvis Presley. Y, lo más interesante, puede disfrutarse perfectamente sin haber visto el ‘Elvis’ de Austin Butler.

Luhrmann no se limita a ordenar material de archivo. Lo que construye es un homenaje bárbaro, en el sentido más amplio y arrebatado del término, mediante un montaje apabullante, vibrante e inteligente. El resultado no es solo nostalgia, es una sensación punzante de envidia hacia quienes pudieron vivir aquellos conciertos en directo. ‘EPiC’ no pretende desmitificar a Elvis y tampoco ponerle en un pedestal, sino reencuadrarlo desde múltiples perspectivas, desmontando caricaturas sin traicionar el mito.

Restauración, archivo y la dimensión épica del directo

Uno de los grandes valores de ‘EPiC’ es su trabajo de restauración. El metraje (procedente de conciertos, ensayos y material tras bastidores) ha sido sometido a un proceso técnico que, sin alcanzar los estándares digitales actuales, ofrece una calidad inimaginable para documentos de esa época. La textura es analógica, sí, pero el nivel de detalle resulta asombroso: los trajes, el sudor, la iluminación, los gestos casi imperceptibles. Seguro que algún que otro iluminado aparece para sugerir que aquí hay inteligencia artificial.

Luhrmann, obsesivo como siempre con la forma, ha tenido a su disposición una riqueza de ángulos que convierte cada actuación en una experiencia casi inmersiva. No hablamos únicamente de entrevistas o declaraciones retrospectivas, sino de una coreografía de cámaras que capturan a Elvis desde perspectivas frontales, laterales y traseras, dotando a cada canción de una dimensión casi litúrgica. El montaje intercala primeros planos del artista con planos del público en trance, creando una simbiosis emocional que explica por qué el fenómeno fue irrepetible.

Viendo el fervor de las masas, uno podría imaginar giras internacionales multitudinarias. Sin embargo, el documental subraya esa paradoja histórica: el artista más icónico del rock nunca cruzó fronteras para tocar en vivo. En ese sentido, algunas imágenes del público (histérico, desbordado, casi religioso) resignifican incluso la parodia de ‘Top Secret’, la comedia de Jim Abrahams, David Rucker y Jerry Rucker, donde Val Kilmer encarnaba a un Elvis ficticio actuando en una Alemania ultraconservadora.

El Elvis bufón, cercano y consciente del personaje

Uno de los mayores aciertos de ‘EPiC’ es desmontar la idea del Elvis endiosado y distante. Aquí descubrimos a un artista cercano con su equipo, generoso con el público, saturado de morreos, bromas y gestos cómplices. Hay algo profundamente humano en su manera de habitar el escenario: no solo interpreta canciones, juega con ellas, con su banda y con la audiencia, con quienes tiene una complicidad fruto de la repetitividad sobre el escenario.

Las imágenes de ensayos son particularmente reveladoras. Elvis ríe, improvisa, exagera movimientos y rompe la solemnidad de su propio mito. Ese carácter payasil, casi autoparódico, conecta con artistas contemporáneos que han hecho del exceso una forma de identidad pública. Pensaba inevitablemente en el desenfado de Mojinos Escozíos o en la excentricidad performativa de Nicolas Cage: figuras que, bajo la máscara estrafalaria, son plenamente conscientes del personaje que interpretan.

Pero ‘EPiC’ va más allá de la anécdota simpática. El documental capta algo cercano al éxtasis gospel que Elvis alcanzaba en determinados momentos. Hay secuencias en las que la frontera entre concierto y ceremonia religiosa se diluye. La cámara recoge miradas elevadas al cielo, cuerpos que se balancean como en un rito colectivo, un clímax espiritual que explica por qué su figura trascendió lo musical.

Ese es, probablemente, el núcleo del proyecto de Luhrmann: retratar a un hombre que, por encima del éxito, las críticas o la presión mediática, disfrutaba profundamente de lo que hacía. No como obligación contractual ni como engranaje de una maquinaria industrial, sino como experiencia vital. Esa alegría, a veces desbordada, a veces ingenua, es la que convierte ‘EPiC’ en un documento valioso. Todos conocemos las sombras y el final del Rey, pero con esta película sabemos que antes que icono, fue un hombre que encontró en el escenario su forma más pura de felicidad.

Ficha de ‘EPiC: Elvis Presley in Concert’

Estreno en España: 27 de febrero de 2026. Título original: EPiC: Elvis Presley in Concert. Duración: 90 min. País: Australia. Dirección: Baz Luhrmann. Música: Elvis. Reparto principal: Elvis. Producción: Authentic Studios, Bazmark Films. Distribución: Universal Pictures. Género: documental, música. Web oficial

Crítica: ‘Scarlet’

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Hosoda vuelve a lograrlo, esta vez “jugando” con Shakespeare

Hablar de ‘Scarlet’ implica situarse en la trayectoria autoral de Mamoru Hosoda, un cineasta que ha convertido lo fantástico en vehículo emocional y no en mero ornamento estético. Desde títulos recientes como ‘La chica que saltaba a través del tiempo’ retrocediendo hasta ‘Los niños lobo’, pasando por ‘Mirai’ o la que considero su obra más redonda, ‘Belle’, Hosoda ha demostrado una querencia clara por protagonistas femeninas que atraviesan realidades alteradas para reconciliarse con su identidad, su pasado o su entorno. ‘Scarlet’ no es una excepción: vuelve a colocar en el centro a una mujer joven que debe enfrentarse a la violencia estructural de su mundo… y a la que anida en su interior.

La película toma como punto de partida una obra tan sanguinolenta y trágica como ‘Hamlet’, de William Shakespeare. No estamos ante una adaptación literal, sino ante una apropiación temática: traición, culpa, espectros del pasado y deseo de venganza se reformulan en clave fantástica. Donde Shakespeare diseccionaba la podredumbre moral de la corte danesa, Hosoda traslada el conflicto a un universo híbrido (mitad medieval, mitad actual) en el que la guerra no es solo telón de fondo, sino herida abierta.

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Scarlet’ es su aproximación al perdón. Frente a la lógica de represalia que articula ‘Hamlet’, aquí se impone progresivamente un discurso antibelicista. La protagonista, atrapada entre la necesidad de justicia y el peso de la sangre derramada, representa una generación que cuestiona la herencia del odio. En ese sentido, la película conecta con una sensibilidad contemporánea que ya asomaba en ‘Belle’: la idea de que el trauma no se resuelve mediante la destrucción del otro, sino a través de la comprensión del dolor compartido.

No es nada raro que los fans del anime descubramos que los japoneses utilizan mucho la estética de los siglos XV o XIX de los países europeos, actualmente por ejemplo, se ve con ‘Spy x Family’ o ‘Ataque a los titanes’. Más allá del diseño de personajes o escenarios, parece ser que Hosoda llevaba años interesado en reinterpretar un clásico occidental desde una óptica japonesa sin caer en la simple transposición cultural. Esa ambición se percibe en la estructura narrativa, que mezcla drama palaciego, aventura fantástica y reflexión íntima con una libertad casi temeraria.

Animación deslumbrante: tradición y digitalización en tensión constante

Si algo define la filmografía de Hosoda es su capacidad para integrar técnicas tradicionales con herramientas digitales sin que el resultado pierda calidez. En ‘Scarlet’, la animación vuelve a ser apabullante. Las secuencias de combate (coreografiadas con un dinamismo apabullante) alternan trazos que recuerdan al anime clásico con entornos generados digitalmente que aportan profundidad y volumen.

El movimiento es uno de los grandes logros del filme. Las capas, el cabello y los tejidos reaccionan al viento con una fluidez que roza el hiperrealismo. A veces, quizá demasiado y en lo referente al paisaje, hay momentos en los que el afán por dotar de textura y detalle a cada superficie genera una sensación de sobrecarga visual. Sin embargo, el diseño de personajes compensa cualquier exceso técnico. Los rostros, especialmente el de Scarlet, transmiten una gama emocional sutilísima: del rencor contenido a la vulnerabilidad absoluta en cuestión de segundos.

Hosoda ya había experimentado con esta hibridación estética en ‘Belle’, donde los mundos virtuales permitían una explosión cromática casi psicodélica. En ‘Scarlet’, la apuesta es distinta: la paleta oscila entre rosas intensos y tonalidades frías que subrayan el aislamiento emocional y el ambiente desolado de otro mundo. El resultado es una obra visualmente coherente, en la que cada elección cromática parece dialogar con el estado anímico de la protagonista.

La de Scarlet es una epopeya que divaga antes de alcanzar su clímax

‘Scarlet’ es, ante todo, una mezcla universal de culturas y épocas. Espadas medievales conviven con arquitecturas actuales y con desiertos primigenios. Códigos de honor feudales se entrelazan con discursos pacifistas propios del siglo XXI. Esta amalgama, lejos de ser caótica, configura una aventura fantástica que conecta Oriente y Occidente sin subordinar uno al otro.

No obstante, esa ambición estructural tiene un coste. La película divaga en exceso en su segundo acto. Hosoda se recrea en secuencias contemplativas o en flashbacks meditabundos, que aunque bellos, dilatan innecesariamente el clímax. El espectador percibe que el desenlace podría haber sido más contundente si la narración hubiera sido más concisa. El enfrentamiento final, cargado de simbolismo, tarda demasiado en llegar, y cuando lo hace, la intensidad acumulada se ve parcialmente amortiguada por la prolongación previa.

Aun así, reducir ‘Scarlet’ a sus desajustes rítmicos sería injusto. La película confirma que Hosoda sigue siendo uno de los autores más personales del anime contemporáneo. Quizá no esté al nivel de ‘Belle’ ni alcance la precisión emocional de ‘La chica que saltaba a través del tiempo’, pero su exploración del perdón frente al odio y su apuesta por un antibelicismo sincero la convierten en una obra relevante dentro de su filmografía.

Ficha de ‘Scarlet’

Estreno en España: 27 de febrero de 2026. Título original: Scarlet. Duración: 111 min. País: Japón. Dirección: Mamoru Hosoda. Guion: Mamoru Hosoda, Todd Haberkorn. Música: Taisei Iwasaki. Reparto principal (doblaje original): Mana Ashida, Masaki Okada, Masachika Ichimura, Kôji Yakusho, Yuki Saitô, Yutaka Matsushige. Producción: Columbia Pictures, Hakuhodo, Iyuno Media Group, Kadokawa, Movic, Nipon Television, Sony Pictures, Studio Chizu, Yomiuri Telecasting Corporatoin. Distribución: Sony Pictures. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Little Amélie’

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Crítica

La belleza de descubrir la vida a través de los ojos de una niña

Que película tan bonita es ‘Little Amélie’. Como representa la inocencia de la infancia, el paso obligado a comprender cosas que no quieres, llorar las despedidas y también aceptarlas. Visualmente es preciosa y llena de colores. Y la pequeña locura que es meterse en los recuerdos de la gran Amelie Nothomb.

Quién es Amélie

Una niña belga nacida en Japón nace sin ninguna necesidad de mostrar sus sentimientos, ninguno de ellos. De repente todo cambia de la noche a la mañana y empieza a descubrir el mundo gracias a su niñera Nishio-san.

Un viaje lleno de color, de diferentes sensaciones, ternura, delicadeza, emotividad, tristeza, alegría. Todo ello a través de una niña que está comenzando a vivir y a descubrir lo maravilloso de la vida.

La cinta adapta la novela autobiográfica Metafísica de los tubos de Amélie Nothomb. En la que nos cuenta sus recuerdos de su infancia en Japón. La famosa escritora ha vivido en un sinfín de lugares del mundo dada la profesión de su padre, que era diplomático. Amélie Nothomb sin duda percibe el mundo de una manera maravillosa. Se nota que siente de manera extrema, tanto lo bueno como lo malo y es fascinante su manera de contar historias.

Dirección de la película

Los directores ya nos deleitaron en 2015 con una preciosa historia de animación, ‘El Principito’ (aquí nuestra crítica). Liane-Cho Han Jin Kuang y Maïlys Vallade, logran despertarnos tanto amor con esta película. Una cinta de 77 minutos que tardaron 7 años en crear.

Una ternura que se logra con todo lo que vamos viendo en pantalla, que es una explosión de colores por todos lados. También nos llevan las diferencias culturales y los antiguos rencores a través de simplemente el cambio de vestimentas y decoraciones de las casas.

La animación me parece tan preciosa, es muy sencilla, sin grandes detalles, colores bastante planos sin apenas difuminados, algo que la hace muy fácil de ver y que simplemente necesites estar atenta a lo que cuenta y por supuesto, como digo, a la cantidad de color que hay.

No todo es la animación

Además, por supuesto del guion de la cinta, tenemos una música increíble de la mano de Mari Fukuhara, que es magnífica. Super tranquila, relajante como los paisajes que vemos en los jardines japoneses de la cinta.

Una manera más de adentrarnos en esta cinta tan sensorial, que hace el visionado una verdadera experiencia.

Conclusiones

No puedo deciros más, solo id a verla, disfrutadla. A mi se me encogió un poquito el corazón y la verdad que representa muy bien esa infancia, esos descubrimientos y también esas decepciones. Una película preciosa que sin duda no debéis perderos. Por supuesto, está en la carrera de los Oscar y aunque lo tiene difícil, creo que sería una gran ganadora.

 

Ficha de la película

Estreno en España: 20 de febrero de 2026. Título original: Amélie et la Métaphysique des tubes. Duración: 77 min. País: Francia. Dirección: Mailys Vallade, Liane-Cho Han Jin Kuang. Guion: Liane-Cho Han Jin Kuang, Eddine Noël, Aude Py, Maylis Vallade. Música: Mari Fukuhara. Reparto principal: Loïse Charpentier, Victoria Grosbois, Yumi Fujimori, Cathy Cerca, Mark Arnaud, Laetitia Coryn, Haylee Issenbourg, Isaac Schoumsky. Producción: Maybe Movies, IKKI Films, 2 Minutes France Télévisions, Puffin Picture, 22D Music. Distribución: Selecta Visión. Género: Drama. Web oficial.

Crítica: ‘La maldición de Shelby Oaks’

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Crítica

Buena dosis de terror

Sorpresitas en el Festival de Sitges tenemos todos los años, y ‘Shelby Oaks’ es una de ellas. Una película pequeñita, que aprovecha muy bien todos sus recursos y logra mantener la tensión durante toda la cinta, y eso, os puedo decir, que no siempre es fácil.

Desapariciones en Shelby Oaks

Una mujer busca desesperadamente a su hermana, después qué esta y sus amigos desaparecieran mientras grababan un programa para youtube sobre los misterios en una aldea abandonada.

Premisa sencilla, ninguna complicación, como digo, los recursos bien utilizados, vídeos de youtube, cintas encontradas con material bastante sensible y sustos bien resueltos. La verdad que es una película que utiliza muy bien sus fondos borrosos y la oscuridad para mostrarnos figuras que no deberían de estar ahí.

Chris Stuckmann de crítico a director

Una de las grandes curiosidades de la película es sin duda su director, Chris Stuckmann, es uno de los críticos más populares de Youtube con más de dos millones de seguidores. Gracias a Kickstarter consiguió financiar su película además de la ayuda del gran Mike Flanagan, productor ejecutivo de ‘La maldición de Shelby Oaks’. Por lo que ha contado en diferentes entrevistas, la película es bastante personal y sin darse cuenta plasmó sentimientos que sintió durante su infancia.

El director nos cuenta como a partir de un especial de Halloween que estaba grabando con su mujer, salió esta idea y poco a poco la cosa fue más allá, hasta que ‘La maldición de Shelby Oaks’ se convirtió en la película de terror con mayor financiación de la historia de Kickstarter. En su canal de youtube podéis ver ‘Detrás de las cámaras’.

Reparto de la cinta

Sarah Durn, encargada de dar vida a Riley, la chica desaparecida, representa perfectamente la fragilidad que tiene su personaje. Una mirada inocente y llena de secretos. Me parece que aunque breve, hace un papel estupendo.

Su hermana Mia, una mujer fuerte y con la convicción de que su hermana sigue viva en algún lugar del mundo. Camille Sullivan está fabulosa y sufres con ella todo lo que va ocurriendo. Como en todas las películas de terror, hay decisiones que quizás no logras entender, como no enseñar pruebas a la policía… pero sabemos que este tipo de cosas siempre ocurren y simplemente tienes que fluir y seguir viendo la película.

En el resto del reparto encontramos a Mason Heidger, Joe Quinn, Mariah Burks, Rebecca DeMarco, C.L. Simpson, Caisey Cole, Anthony Baldasare o Michael Beach.

Terror en la oscuridad

Sin duda uno de los grandes aciertos es la fotografía, fea y oscura. Con apenas detalles directos y con mucho fondo donde encontrar cosas. Además la atmósfera tan tenebrosa también la logra estando de día, gracias a los lugares abandonados que visitan. Una feria abandonada o una gran cárcel que pone los pelos de punta, no hace falta que haya nada terrorífico en su interior que solo estando allí sientes que no estás solo.

La escena de la cárcel está rodada en Mansfield Reformatory, en Ohio y buscando imágenes de día del lugar, sigue dando repelús. Lo hemos visto en ‘Cadena Perpetua’ o ‘Air force One’

Conclusiones de la cinta

La película es una gozada, se pasa rápido y la está muy bien contada. A través de entrevistas con Mia, con los vídeos que vamos viendo del canal de youtube Rilley y sus amigos, vamos descubriendo todo el misterio y aun así sigue habiendo alguna que otra sorpresa. Así que no dudéis en acercaros al cine y disfrutad ‘La maldición de Shelby Oaks’.

 Ficha de la película

Estreno en España: 20 de febrero de 2026. Título original: Shelby Oaks. Duración: 99 min. País: Estados Unidos. Dirección: Chris Stuckmann. Guion: Chris Stuckmann. Música: Aaron J. Morton. Fotografía: Andrew Scott Baird. Reparto principal: Camille Sullivan, Sarah Durm, Robrin Bartlett, Emily Bennett, Brenna Sherman, Brendan Sexton III, Michael Beach. Producción: Paper Street Pictures, Intrepid Pictures, Title Media. Distribución: DeAPlaneta. Género: Terror. Web oficial. 

Crítica: ‘El agente secreto’

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La memoria y la paranoia se convierten en fantasmas del pasado

Hay películas que se limitan a recrear un periodo histórico y otras que lo convierten en un organismo vivo, incómodo y contradictorio. ‘El agente secreto’, dirigida por Kleber Mendonça Filho, pertenece claramente al segundo grupo. Ambientada en el Brasil de 1977, en plena dictadura militar, la cinta mezcla thriller político, crónica costumbrista y estudio psicológico en una combinación que no siempre es cómoda, pero sí profundamente sugestiva.

No soy precisamente defensor de ‘Bacurau’, aquella celebrada fábula distópica que Mendonça codirigió con Juliano Dornelles. En ese caso, quizá la parsimonia del planteamiento o el pulso compartido me dejaron fuera. Sin embargo, aquí el cineasta parece más rítmico y mejor planificado. O quizá simplemente este proyecto conecta mejor con mi sensibilidad. Sea como fuere, ‘El agente secreto’ confirma que Mendonça es un narrador que sabe tensar la realidad hasta convertirla en amenaza.

La película ha apuntado alto en la temporada de premios: cuatro nominaciones al Oscar y triunfadora con dos Globos de Oro (mejor actor y mejor película de habla no inglesa) han colocado la producción brasileña en el radar internacional. Pero más allá del ruido industrial, lo que interesa es el resultado artístico.

Brasil 1977: algo más que fútbol, carnaval y sexo libre

La acción se sitúa en 1977, cuando Brasil aún vivía bajo la dictadura militar instaurada tras el golpe de 1964. Mendonça no filma el régimen desde el despacho de un general ni desde una sala de torturas; lo hace desde la vida cotidiana. Fútbol en las calles, sexo en los edificios gubernamentales, carnavales hasta en la sopa, policías que parecen más preocupados por el control informal del barrio que por el orden institucional. Ese contraste es clave.

El protagonista, interpretado por Wagner Moura, regresa a Recife con un pasado ambiguo. Moura, a quien disfruté especialmente en ‘Civil War’ de Alex Garland, compone aquí un personaje aparentemente vulnerable: mirada baja, gestos contenidos, un hombre que parece huir más que enfrentarse. Sin embargo, pronto percibimos que algo oculto late bajo esa superficie.

El guion introduce múltiples elementos en suspense: un pasado oculto, relaciones cruzadas, una pierna humana hallada dentro de un tiburón varado… A ello se suman saltos temporales cada vez más frecuentes que fragmentan la narrativa sin romperla. No estamos ante un thriller lineal, sino ante un rompecabezas moral que explora la memoria colectiva. La sensación constante es que cualquier gesto trivial puede tener implicaciones políticas.

Mendonça toma detalles reales del periodo (la vigilancia, la infiltración, la normalización del miedo) para construir una ficción que bien podría haber ocurrido. No se basa en un caso concreto documentado, pero el clima es históricamente verosímil. Esa verosimilitud es la que convierte la película en algo más que un ejercicio estilístico.

Un thriller con costumbrismo y un desvío casi fantástico

Uno de los mayores logros de ‘El agente secreto’ es su capacidad para mezclar géneros. Hay suspense, sí, pero también observación social. Las conversaciones domésticas, los trayectos en coche, las celebraciones populares… todo está filmado con una calma que recuerda que la dictadura no se vivía únicamente en los centros de detención, sino en la respiración diaria de la ciudad.

En ese tejido realista aparece un breve pasaje fantástico, casi absurdo, que descoloca. Es una escena mínima, pero rompe la lógica interna durante unos minutos. Su tono remite más al absurdo de Quentin Dupieux que al propio Mendonça. No desvela la trama, pero sí introduce una fisura irónica, como si el director quisiera recordarnos que la historia también puede ser una construcción delirante o como si la imaginación fuese la última vía de escape para el pueblo.

Entre las curiosidades que circulan en torno a la producción está el hecho de que este es el último papel de Udo Kier a falta del estreno de ‘The Ark: An Iron Sky Story’. Su aparición añade una capa espectral al conjunto. Su presencia es breve, sin duda un cameo tras su trabajo en ‘Bacurau’, pero como siempre deja huella y tiene detalles propios de la filmografía habitual del actor.

‘El agente secreto’ no es una película complaciente. Exige atención, tolerancia a la ambigüedad y disposición a habitar zonas grises. Pero en esa incomodidad reside su fuerza. Mendonça no ofrece héroes claros pero quizá si villanos caricaturescos. Ofrece sobre todo un país atrapado entre la fiesta y el miedo, entre el carnaval y la sospecha. Quizá llegar hasta el Oscar sea demasiado, pero la madurez de su relato es indudable.

Ficha de ‘El agente secreto’

Estreno en España: 20 de febrero de 2026. Título original: O agente secreto. Duración: 158 min. País: Brasil. Dirección: Kleber Mendonça Filho. Guion: Kleber Mendonça Filho. Música: Mateus Alves, Tomaz Alves de Souza. Fotografía: Evgenia Alexandrova. Reparto principal: Wagner Moura, Gabriel Leone, Maria Fernanda Cândido, Hermila Guedes, Alice Carvalho, Udo Kier. Producción: CinemaScópio Produções, MK Productions, ONE TWO Films, Lemming Film, Arte France Cinéma, MK2 Films, Ad Vitam, Rotor Film, Netflix. Distribución: Elástica, La aventura. Género: suspense. Web oficial.

Crítica: ‘Greenland 2’

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La supervivencia como legado y no como victoria

Ric Roman Waugh sitúa ‘Greenland 2’ cinco años después del impacto que tenía lugar en la primera película. El trauma familiar de los Garrity ha quedado atrás, no porque se haya olvidado, sino estamos en un mundo que ya no concede treguas las rencillas personales o sentimentales. La civilización, tal y como la conocíamos, es ahora una suma de enclaves precarios, rutas migratorias improvisadas y decisiones morales que se toman con el estómago vacío. El arranque recuerda a la lógica opresiva de ‘Silo’ y ‘Fallout’: comunidades que sobreviven a duras penas bajo tierra, con un exterior que es amenaza constante. Pero Waugh no tarda en acelerar el pulso y convertir esa premisa en una carrera perpetua, más cercana a ‘Into the night’ o incluso a la concatenación de catástrofes de ‘2012’, aunque con una escala más humana y menos proclive al espectáculo vacío.

Groenlandia (Greenland, para quienes aún confunden geografía con campaña electoral) se erige como espacio simbólico y físico. Resulta imposible no sonreír con la casualidad de este estreno y las ominosas pretensiones de un Trump que quiere anexionarse la isla como si fuera un solar inmobiliario: aquí, la única anexión posible es la del ser humano a un entorno que no le pertenece. Maremotos repentinos, tormentas radiactivas, aire tóxico y una escasez de recursos que convierte cada desplazamiento en un riesgo calculado conforman un paisaje donde el enemigo no siempre es el clima; a menudo es el propio hombre, reducido a su versión más primaria cuando la ley se diluye.

Waugh y Butler: una alianza creativa basada de la acción a la contención

La relación entre Ric Roman Waugh y Gerard Butler vuelve a ser el eje que sostiene el proyecto. No es casualidad: su colaboración previa ha demostrado que ambos comparten una visión del cine de catástrofes anclada en el realismo emocional, lejos del histrionismo y las proclamas patrióticas, pero con pequeñas dosis de acción. Butler interpreta de nuevo a un protagonista que no es héroe por convicción, sino por necesidad. No hay discursos grandilocuentes ni banderas ondeando al viento; ‘Greenland 2’ renuncia conscientemente a las “americanadas” típicas del género para centrarse en algo más universal: sobrevivir, migrar y, si es posible, prosperar.

Waugh insiste en un tono sobrio, casi áspero, que conecta con la crítica que ya planteaba ‘Greenland: El último refugio’: la catástrofe no como excusa para la épica, sino como espejo de nuestras fragilidades. El ecologismo aparece de manera insinuada, nunca subrayado con rotulador fluorescente. El meteorito fue un agente externo, sí, pero su carácter destructivo dialoga de forma evidente con la capacidad humana para deteriorar el planeta. Es una metáfora pasajera, integrada en la acción, que gana fuerza precisamente por no imponerse.

Aventuras encadenadas y un final con ecos simiescos

‘Greenland 2’ es, en esencia, una aventura de huida constante. Cada refugio es provisional y cada destino, incierto. La película encadena peligros con eficacia narrativa, manteniendo la tensión sin caer en la reiteración. Hay momentos en los que la puesta en escena roza el survival puro, con decisiones que pesan más que los efectos visuales. Y cuando llega el desenlace, Waugh opta por un cierre que recuerda poderosamente a una de las últimas entregas de ‘El planeta de los simios’: tanto por lo que muestra como por lo que sugiere. Un nuevo comienzo ambiguo, casi melancólico, donde la esperanza no es una promesa grandilocuente, sino una posibilidad frágil.

Quizá el mensaje más persistente de la película sea el más sencillo: pese a todo el deterioro, la Tierra se las arregla para conservar zonas verdes. Entre la toxicidad del aire y las ruinas de lo que fue, brota la vida. No como consuelo fácil, sino como recordatorio incómodo de que el planeta no necesita al ser humano para regenerarse; somos nosotros quienes necesitamos aprender a convivir con él. En ese equilibrio precario, ‘Greenland 2’ encuentra su identidad y justifica su existencia más allá de la secuela obligada.

Ficha de Greenlan 2

Estreno en España: 20 de febrero de 2026. Título original: Greenland 2: Migration. Duración: 98 min. País: EE.UU. Dirección: Ric Roman Waugh. Guion: Chris Sparling, Mitchell LaFortune. Música: David Buckley. Fotografía: Martin Ahlgren. Reparto principal: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis. Producción: Anton, CineMachine Media Works, G-BASE, STX Entertainment, Thunder Road Pictures. Distribución: Diamond Films. Género: aventura, ciencia ficción. Web oficial.

Crítica: ‘Cumbres borrascosas’

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Crítica

Artísticamente preciosa, pero lejos de la novela que representa

Olvidad la gran novela de Emily Brontë, porque si no, esta película no es para vosotros. Llega una nueva versión de ‘Cumbres borrascosas’ esta vez de la mano de Emerald Fennell. Una directora a la que le gusta mucho distanciarse de todo y hacer cosas artísticamente diferentes. Y es que sus ‘Cumbres borrascosas’ dejan atrás muchas cosas, centrándose mucho más en este amor imposible que ella nos cuenta desde su perspectiva.

¿Es ‘Cumbres borrascosas’ una buena adaptación’?

Partiendo que en principio no se mete en toda la historia que nos cuenta Emily Brontë, la cinta nos lleva como digo más a la tormentosa historia de amor de Cathy y Heathcliff. Ambos se han criado juntos en un ambiente terrible de pobreza y maltrato. Un ambiente que termina con ella casándose con un joven millonario y con él marchándose despechado y lleno de ira. Para regresar rico y con ganas de venganza.

Emerald Fennell ha obviado personajes de la novela y momentos de ésta, como digo, para llevar la historia a una truculenta historia de amor llena de traición, odio, sexo y amor verdadero.

Aunque la cinta no sea una gran adaptación, nos cuenta otra historia y no lo hace mal del todo. Si que es cierto que a mitad de película da un giro que aunque en la novela realmente es así, aquí queda bastante mal, ya que nos está contando una gran historia de amor y pasa de repente a un odio exacerbado y que realmente no entiendes. No se, creo que en parte se quiere ceñir a la novela, pero cuando lo ha intentado, se le ha ido completamente de las manos.

Reparto y personajes

Tanto el personaje de Cathy como el de Heathcliff, me parecen muy bien tratados, hasta como os digo, ese giro que en la película no pinta nada. Cathy, una mujer caprichosa, que hace lo que le da la gana con Heathcliff y con su marido. Realmente le da igual todo, solo se interesa por ella misma y por sus deseos más cercanos.

Heathcliff en cambio es el eterno enamorado, con una tristeza bajo sus hombros increíble, ya que ha sido torturado por su “salvador” y también ignorado por el amor de su vida. Regresa rico y lleno de odio hacia Cathy.

Margot Robbie y Jacob Elordi logran crearnos una pareja perfecta. Tanto en los buenos momentos como en los malos, logran una química increíble y se nota que han trabajo muy a gusto juntos.

En el resto de reparto me gustaría mencionar a Alison Oliver, que tiene un papel terrible, en el sentido de que su personaje es super maltratado y la verdad la actriz logra una actuación bastante buena.

En cambio, el personaje de Shazad Latif, podría ser bastante más interesante, pero sinceramente llega a dar bastante igual. No creo que sea culpa del actor, si no que simplemente su personaje no está bien desarrollado.

El arte de la película

Lo que, si que me ha gustado bastante, aunque no tenga nada que ver con la época, es el vestuario y decoración. Y es cierto que las películas de esta directora son muy artísticas visualmente hablando.

El vestuario de la mano de Jacqueline Durran, es espectacular, está claro que es para que Margot Robbie se luzca, como lo hizo en ‘Barbie’, pues ya trabajaron juntas aquí. Son vestidos llamativos, con la gama de colores del rojo al rosa, resaltando el rostro y los ojos de la actriz.

Se han utilizado diferentes colores para los distintos personajes, pero es cierto que los de ella son los más llamativos. Que contrastan con el negro de Jacob Elordi, un personaje oscuro y lleno de rencor.

También es llamativa la gran fotografía de Linus Sandgren, mostrándonos grandes primeros planos de los labios, de las manos, la piel desnuda. Pero también planos generales de las habitaciones llenas de colores y bastante vacías de muebles, poco barroco para la época tan ostentosa que nos representa.

A nivel artístico lo que no me ha gustado nada es la música, me parece que no pega con la película.

Conclusiones

No puedo decir que ‘Cumbres borrascosas’ no me haya gustado, una cosa que me dio fue un gran debate al salir de verla y eso siempre es un gran punto a favor de la película. Pero sí que creo que podría ser mucho mejor y que si se hubiese centrado más en la novela hubiese sido tremenda. Pero como siempre digo, no es mi película, es la versión de la directora y el cine está para todo el mundo. ‘Cumbres borrascosas’ tiene cosas muy buenas y pese a mitad de película que para mí se pierde, el principio y el final de la cinta logra que mínimo pueda recomendárosla.

 

Ficha de la película

Estreno en España: 13 de febrero de 2026. Título original: Wuthering Heights. Duración: 136 min. País: Estados Unidos. Dirección: Emerald Fennell. Guion: Emeral Fennell. Música: Anthony Willis. Fotografía: Linus Sandgren. Reparto principal: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Alison Oliver, Shazad Latif, Martin Clunes, Ewan Mitchell, Amy Morgan, Jessica Knappett, Charlotte Mellington, Owen Cooper, Vy Nguyen. Producción: MRC Film, LuckyChap Entertainment. Distribución: Warner Bros. Género: Drama. Web oficial.

Crítica: ‘Ruta de escape’

En qué plataforma ver Ruta de escape

Un buen thriller sobre el desgaste moral y el estancamiento

Bart Layton, quien a priori sonará a director desconocido para muchos, regresa a carteleras lo hace con la carga de sacar adelante una película que cuenta con un reparto muy potente. Podría haber algo lleno de lentejuelas pero con ‘Ruta de escape’ su verdadero interés no está tanto en el mecanismo espectacular del thriller como en la anatomía moral de quienes lo habitan. Bajo una apariencia de cine criminal clásico (robos, persecuciones, policías obsesivos y ladrones que creen ir siempre un paso por delante) se esconde una película deliberadamente paciente, casi provocadora en ese sentido, que tarda en desvelar el rol real de cada actor dentro del tablero. Esa demora no es un defecto: es la estrategia.

Inspirada en el relato ‘Crime 101’ de Don Winslow, la película traslada su acción a la costa oeste de Estados Unidos y convierte la carretera 101 en algo más que una localización: es una línea de pensamiento, un itinerario mental que el filme cuestiona constantemente. El título español, mucho más explícito, resulta incluso más coherente con el fondo del relato: todos sus personajes buscan una salida, una ruptura con el estancamiento personal o profesional en el que se encuentran atrapados.

Personajes como arquitectura del suspense

Uno de los mayores aciertos de ‘Ruta de escape’ es su trabajo con los personajes. Layton construye el suspense no tanto a partir de giros espectaculares, sino desde la fricción entre figuras que se cruzan, se observan y se miden constantemente. Nada es inmediato. Las motivaciones se revelan a capas, y cuando el espectador cree haber entendido el rol de cada uno, la película introduce un matiz que obliga a replantear lo visto.

Chris Hemsworth ejerce de eje narrativo desde una contención poco habitual en su filmografía reciente. Su personaje es frío, calculador, casi hermético, y ese distanciamiento juega a favor del conjunto. Es cierto que en algunos momentos su presencia resulta tan pulida que parece salida de uno de sus muchos anuncios publicitarios, pero lejos de ser un problema, esa cualidad artificial refuerza la idea de un hombre que se ha construido a sí mismo como fachada. Hemsworth no busca simpatía, busca coherencia interna y la encuentra siendo un hilo conductor más conceptual que emocional.

Mark Ruffalo, por su parte, retoma un arquetipo que le resulta familiar: el del policía obsesivo, intuitivo, con un pie dentro y otro fuera del sistema. Su interpretación recuerda inevitablemente a la primera entrega de ‘Ahora me ves’, pero aquí introduce matices más ásperos y menos complacientes. Su agente no es brillante por carisma, sino por desgaste; es alguien que ha visto demasiados patrones repetirse como para creer en casualidades. Layton le concede tiempo y espacio para que esa obsesión no sea caricaturesca, sino trágica.

Por otro lado tenemos a la siempre eficiente Halle Berry. En su caso el personaje que interpreta tiene que ver con la trama y es disparador de más de un arco. Pero además encuentra espacio para el empoderamiento y para tocar elementos como el techo de cristal o la cosificación de las mujeres en el entorno profesional o empresarial.

Estancamientos, máscaras y falsas salidas

Donde la película se vuelve especialmente interesante es en su reflexión sobre el estancamiento. Todos los personajes principales (desde los principales hasta los secundarios y con esto contamos hasta 6 actores) parecen atrapados en versiones de sí mismos que ya no les satisfacen. En ese contexto, resulta llamativo que Barry Keoghan sea el único que no logra escapar de su rol habitual. Su personaje vuelve a encarnar al zumbado imprevisible, al elemento desestabilizador que parece vivir al margen de cualquier evolución real.

Paradójicamente, ese estancamiento interpretativo encaja con el discurso del filme. Mientras los demás buscan reinventarse o justificarse, el personaje de Keoghan representa a quien confunde intensidad con profundidad, caos con inteligencia. Esto conecta directamente con la ironía central de ‘Ruta de escape’: la supuesta sofisticación del ladrón de guante blanco que, en realidad, sigue una ruta demasiado obvia para alguien que presume de genio. La carretera 101 no es una jugada maestra, sino una muleta mental.

Halle Berry y Monica Barbaro funcionan como contrapesos emocionales y éticos, aportando capas de ambigüedad que evitan que la película se convierta en un duelo masculino de egos. Sus personajes no están ahí para decorar la trama, sino para tensarla, cuestionar decisiones y revelar grietas en discursos aparentemente sólidos.

‘Ruta de escape’ es un thriller sobre la verdad y la moral

Formalmente, ‘Ruta de escape’ es sobria, casi seca. Layton evita el virtuosismo visual y apuesta por una puesta en escena funcional, apoyada en el ritmo interno de las escenas y en el peso de las conversaciones. Esa elección puede desconcertar a quien espere un thriller más explosivo, pero encaja con una propuesta que prioriza la observación sobre el impacto inmediato.

El director vuelve a demostrar su interés por los relatos donde la verdad es una construcción frágil y subjetiva. Aquí no hay héroes claros ni villanos absolutos, solo profesionales aferrados a códigos que quizá ya no tienen sentido o dependen de factores corrompidos. El resultado es una película que crece a posteriori, sin ser excesivamente intelectual se asienta en la memoria del espectador planteando encrucijadas que abren debate.

Ficha de ‘Ruta de escape’

Estreno en España: 13 de febrero de 2026. Título original: Crime 101. Duración: 140 min. País: Reino Unido. Dirección: Bart Layton. Guion: Bart Layton, Peter Straughan. Música: Blanck Mass. Fotografía: Erik Wilson. Reparto principal: Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Barry Keoghan, Monica Barbaro, Corey Hawkins, Jennifer Jason Leigh, Nick Nolte, Halle Berry. Producción: Amazon MGM Studios, Working Title Films, RAW, Wild State, The Story Factory. Distribución: Sony Pictures. Género: suspense. Web oficial

CutreCon 2026, día 8 de febrero

CutreCon cierra edición y ya prepara el fin del mundo para 2027

La CutreCon baja el telón un año más dejando tras de sí salas llenas, gargantas gastadas de tanto reír y la sensación de que el cine cutre es, ante todo, una experiencia colectiva. Han sido días de títulos imposibles, héroes desorientados y decisiones creativas que desafiaban cualquier manual de guión, celebradas como se merecen: con aplausos, carcajadas y complicidad absoluta entre público y programación. El festival vuelve a demostrar que no hace falta perfección para generar entusiasmo, solo amor por el cine más desatado y sin complejos. Prueba de ello es que el propio Uwe Boll ha manifestado su satisfacción calificando al festival como el mejor en el que ha estado.

Y antes de que se enfríen los proyectores, la organización ya mira al futuro: la CutreCon 2027 estará dedicada al cine de catástrofes. Seguro que nos esperan cosas tales como terremotos con cartón piedra, efectos especiales descontrolados y apocalipsis rodados con más ambición que presupuesto. La fecha ya se conoce, de forma aproximada, del 3 al 7 de febrero, manteniendo su habitual hueco invernal en el calendario cinéfilo. Una nueva excusa para reunirse, reírse del fin del mundo y celebrar que, pase lo que pase en pantalla, la CutreCon siempre sobrevive.

‘Empire of the dark’

Steve Barkett se hizo esta película por y para él: escrita, producida, dirigida, promocionada y protagonizada por él. Es una película de autobombo y muy torpe pero curiosamente no deja de emplear buenos recursos. No obstante parece una película rodada a partir de ideas sueltas escritas en servilletas conviven amigos y familiares. Demonios, mafias, posesiones y pistoleros conviven sin demasiada explicación en una trama ritualista y de otra dimensión. Es como si todo diera igual (incluidos continuidad y rácord) mientras haya ilustraciones curiosas y diálogos solemnes. Nadie actúa como una persona real, sino como alguien que acaba de despertarse de una siesta incómoda y quiere que todos lo sepan. No sería posible aguantarla sino fuese por los chistes del público de Cutrecon. Es tan seria en su delirio que acaba funcionando como comedia accidental. No se entiende, pero se recuerda, que en el fondo es lo mejor que puede decirse de ella. Sorprendentemente la película tiene un 5 raspado en IMDB.

‘Roots of evil’

Un alemán rodando barato en Madrid en los años setenta. Contando con muchos actores y técnicos españoles pretende tomarse a sí misma con una gravedad casi religiosa, mientras encadena escenas de lucha bochornosas. Imposible tomársela en serio cuando el villano está interpretado por Deep Roy (el Oompa Loompa) vestido de Rigodón. Una película de explotación de artes marciales con trama tipicona en la que el protagonista sufre presiones para que deje el local en el que imparte karate. Si esto pasase en el Madrid de hoy en día solo tendrían que actualizarle el precio. En su lugar se prepara un triángulo amoroso con muy poca acción, en varios sentidos. Cuesta creer que ni el nulo carisma del protagonista, ni la desastrosa escena de baile, ni las mal montadas escenas de karate o las conexiones con el cine quinqui avisaron al resto del equipo de que esta es de esas obras que arruinan carreras.

‘Miami conection’

Si has ido alguna vez a CutreCon has cantado la canción de esta película, el tema ‘Against the ninja’ de Dragon Sound, que se proyectó en la segunda edición. Un subidón verla en formato karaoke. Por lo demás es una de esas películas que americanizaban la cultura ninja y en las que hasta el apuntador sabe artes marciales. El villano cambia del look trajeado al camuflaje de barriada sin sentido, el sonido de las voces baja y sube, personas que aparecen en cuadro donde no debería haber nadie, la trama es tan simplona como el juego de un niño que mezcla sus juguetes… La película cree de verdad en la música, la hermandad y los patadones… hay cinismo, solo entusiasmo desbordado y decisiones de producción inexplicables.

‘Rambo Turco: Korkusuz’ + ‘Rambo Indonesio: Rambu, The Intruder’ + ‘Rambo Turco: Vahsi Kan’

Maratón de películas que sin licencia imitan, continúan o rehacen las películas de Sylvester Stallone. Mala calidad mezclada con elementos de las originales, Cüneyt Arkın saltando en camas elásticas mientras ejerce su misoginia, explosiones a varios metros de las supuestas víctimas, munición ilimitada hasta para el bazoka… Por quedarnos con algo… la batalla entre villanos en motos de cross y bienhechores en motocarros.

 

CutreCon 2026, día 7 de febrero

En CutreCon se mueve el bigote, pero no solo para comer

CutreCon se traslada al mk2 Palacio de Hielo para maratonear con películas de explosiones y bigotones. Durante todo el fin de semana la casa del festival es el cine emplazado en el Centro Comercial Palacio de Hielo y ahí, la sala con más de 500 butacas ha colgado varias veces el cartel de «no quedan entradas». La penúltima jornada fue toda una fiesta con buen sentido del humor, camaradería y capacidad de resistencia a según qué películas.

Tras ver varias películas en las que los protagonistas lucían diversos tipos de bigotes y peores argumentos, la jornada de CutreCon cerró con la proyección de ‘Postal’ acompañados del director Uwe Boll presente. Un broche de oro y locura para con una sesión golfa abarrotada patrocinada por Moviementarios en la que los asistentes no solo disfrutaron de la visión del director de primera mano, sino que recibieron copias firmadas de sus películas. Y todo esto sucedió justo después de que Boll maldijese a Paul W.S. Anderson por hacerse con los derechos de ‘House of the Dead’. No obstante, el crowdfunding para hacer su secuela, ‘23 years later: return to zombie island’, sigue adelante.

‘White Fire’

Demostración científica de que en los 80 nadie leía el guion completo antes de rodar. Esta ha sido una demostración a lo CutreCon style, de esas películas que no hay que ver solo en casa, sino bien acompañado. Es una inexplicable película sobre revolucionarios y traficantes. Robert Ginty actúa como si no supiera muy bien qué película está haciendo, pero eso solo aumenta su encanto. Las escenas de acción son más torpes que sangrientas y el tono cambia más que los modelos de bigotes que desfilan por la pantalla. Todo es excesivo, incoherente e ineficazmente serio, lo que convierte a ‘White Fire’ en una joya involuntaria. El título se te graba a fuego por el incesto y la gran cantidad de veces que lo mencionan, pegadiza canción incluida. Pero eso no es lo más memorable. Lo más reseñable es una inexplicable trama con incesto y endogamia que cuesta creer que a los guionistas se les haya colado por descuido.

‘Karachi Thunderbolt’

En anteriores ocasiones CutreCon nos ha preparado remixes como este. Esta vez Trash-o-rama distribución nos ha brindado una selección muy loca de cine Pakistaní. Todo protagonizado por Sultán Rahi, un actor con más de un centenar de películas en su haber. Una persona que fue asesinada por unos fans que no le reconocieron al no llevar su bigote postizo, muchas veces recreado con dos trozos de cartón. Lo que hizo este actor es cine sin frenos ni cinturón de seguridad y también sin cuidado porque las películas eran de usar y tirar, acababan en la basura. Cine rescatado directamente desde Lollywood (la “factoría” de cine de Pakistán) con escenas que provocan auténtico dolor, por sus histriónicas interpretaciones, por su constante cambio de color, por su deficiente sonido, por la repetición de golpes… te deja los sentidos hechos fosfatina.

‘Ninja Terminator’

‘Ninja Terminator’ es una película donde la trama es un rumor lejano y los ninjas visten camuflajes rosas y de manera esporádica. El argumento, si existe, gira en torno a una estatua robada, pero lo importante son los combates reciclados, los planos robados de otras películas y los nombres de los protagonistas que en versión española ganan otra dimensión. Cada ninja actúa como si protagonizara su propia película, sin preocuparse por la coherencia global. El montaje es un collage delirante y la música suena como si alguien hubiera dejado una cinta puesta al azar. Es cine cutre en estado puro, desde el villano con peluca de Adam de Eternia hasta el teléfono con forma de Garfield. Sin dura una proyección que ha recordado a los mejores momentos de CutreCon.

‘James Bond Turco: En Büyük Yumruk’

Es lo que pasa cuando alguien decide hacer una película sin respetar derechos, sin criterio cinematográfico y sin ningún tipo de respeto. El personaje no es Bond: conduce coches normales, pelea como en una película de barrio y se enfrenta a villanos que parecen pueblerinos enfadados. Pero se roban detalles y escenas de acción de la franquicia. Y la música… suenan pasodobles españoles y temas de Flash Gordon. El protagonista, Cüneyt Arkın, la mítica estrella de otros plagios turcos, actúa con una seriedad de galán misógino como si estuviera en ‘Goldfinger’. Todo es cutre, sucio y directo, sin más esfuerzo que encadenar una pela tras otra, un ligoteo tras otro. Parodia involuntaria fruto de una época y cultura que entiende poco del respeto. Un monumento al cine de explotación y a la cara dura creativa. Será que, como dicen cerca de una decena de veces en la película, es cosa de hombres.

‘Retroceder nunca, rendirse jamás’

De entrada hay que decir que el protagonista está constantemente huyendo y rindiéndose en situaciones comprometidas. Esta es la película que intentó subirse al éxito de ‘Karate Kid’… y acabó practicando su propio kata de ridiculeces narrativas y tópicos. Jean-Claude Van Damme aparece interpretando a un villano que parece imitación del Drago de ‘Rocky IV’, que casualmente también se estrenó ese año. Pero aparece unos minutos al comienzo y luego en el combate final, protagonizando el cartel antes de su fama. Todo se toma terriblemente en serio, con discursos inspiradores y momentos de constante revancha y abusones. Es ingenua, torpe y entrañable, una cápsula del tiempo de los 80 donde el sudor, las patadas y la moralina eran suficientes para vender heroísmo de videoclub.

‘Postal’

‘Postal’ es Uwe Boll en estado de pura venganza: provocación, caos y una clara voluntad de enfadar a todo el mundo por igual. La película no adapta tanto el videojuego como su espíritu más desagradable, apostando por el humor ofensivo, el mal gusto y la sátira pasada de rosca. Nada importa demasiado: los personajes entran y salen, la trama avanza a base de burradas y las escenas están pensadas para incomodar con humor sin prejuicios. Boll incluso aparece en pantalla, como si quisiera recordarte que esto es culpa suya y un arma suya contra todo lo correcto. No es divertida en el sentido clásico, pero sí fascinante como experimento y como bofetada. ‘Postal’ no quiere gustar, quiere molestar… y en eso, triunfa pues con el tiempo ha sobrevivido bien y mantiene su relevancia.

CutreCon 2026, día 6 de febrero

De la película más seria en la historia del festival a una fiesta india sin límites

El día de hoy, la tercera jornada de CutreCon 2026, ha transcurrido con las sesiones de entrevistas con Uwe Boll, la presentación del libro oficial de CutreCon, la proyección de ‘Rampage’ (para muchos la mejor obra del director alemán) y el gran clímax con la película india ‘Jaat’ en los mk2 Cines Paz. Además se han celebrado las últimas proyecciones de la Sección Oficial y se ha anunciado el ganador. Por primera vez no se ha podido entregar el premio en persona (el peso del director en películas donadas por Fnac) pues el público ha decidido que ‘AJ goes to the dog park’ de Toby Jones sea la ganadora.

Si regresáis a esta entrada los próximos días, o si os mantenéis al tanto de nuestro canal de Youtube, podréis ver nuestra entrevista con Uwe Boll. En ella hablamos de varias novedades que ha desvelado en lo últimos días, de su nueva película con Armie Hammer o de la importancia del humor y la libertad creativa. ‘El afilador’

‘Rampage’

Uwe Boll firma con ‘Rampage’ una de sus películas más incómodas y más coherentes. Aquí no hay ironía ni guiños al espectador: hay un nihilismo frontal que convierte la violencia en discurso, con ciertos parecidos con ‘Un día de furia’ o con ‘Heat’. La puesta en escena es seca, casi televisiva, y el guion renuncia a matices psicológicos para abrazar la provocación pura y descansar en la interpretación de su protagonista. Boll no pretende explicar nada, solo señalar con el dedo y gritar. El problema es que esa crudeza, sostenida sin respiración ni distancia crítica, termina siendo monótona, pero moralmente nada torpe. Incomoda por lo que muestra y pronostica, de hecho, se estrenó dos años antes de la matanza de Utoya. Un filme extremo en varios sentidos y de tanta actualidad como películas del corte de ‘Civil War’ o ‘Edington’, aunque el director considere estos filmes poco comprometidos. Una película que no cuadra con el festival, pero que demuestra que Boll es capaz de lo mejor y de lo peor.

‘Jaat’

Acción flipada es como se puede definir este tipo de películas. ‘Jaat’ es cine de acción indio sin complejos, orgullosamente exagerado y con una energía que la emparenta directamente con títulos como ‘Action Jackson’ o ‘RRR’. La lógica narrativa importa poco, si a John Wick le incitan a un camino de venganza matando a su perro, a este protagonista lo que le motiva es conseguir unas disculpas porque le tiran al suelo un plato de comida. Las largas secuencias musicales tampoco importan mucho, ni siquiera los pixelados en gore y desnudos, lo esencial es el héroe invencible, los villanos caricaturescos y las set pieces diseñadas para levantar al público de la butaca. La dirección apuesta por el exceso (más cámaras lentas que Zack Snyder, golpes que desafían la física y música omnipresente) y lo hace con una convicción que resulta contagiosa. No es una película sutil ni pretende serlo, su mérito está en abrazar el espectáculo como identidad con un protagonista que recuerda al Ma Dong-seok de la saga ‘Fuerza bruta’. Como otros títulos provenientes de oriente funciona mejor cuando se acepta como pulp desatado: ruidosa, absurda y tremendamente entretenida dentro de su propio código.

CutreCon 2026, día 5 de febrero

La llegada de Uwe Boll sabe a premios y reencuentro con el público y la crítica

Segundo día de CutreCon 2026 y probablemente el más esperado por el público más fiel del festival. Ha llegado Uwe Boll. Directamente desde Alemania a la locura de CutreCon el director conocido como el peor adaptador de videojuegos de la historia (junto a Paul W.S. Anderson) ha aterrizado dispuesto a imbuirse del espíritu de un festival dirigido con quién en su día se batió en un ring de boxeo. Anécdota a parte, el cineasta llega dispuesto a comentar con el público películas como ‘House of the dead’, ‘Rampage’, ‘Postal’ o ‘Alone in the dark’. Y vaya si lo ha hecho además de muy buen grado. Recogió el premio que le ha brindado el festival, recordó su combate con Carlos Palencia y otros críticos, habló de lo que ha salido mal (y algunas cosas bien de su filmografía…). Nos espera un festival muy ameno con él en esta sintonía.

Tal es la confianza que pronto se ha transmitido entre público y director que nos han contado varios proyectos que si bien quizá no son primicia, están aún por difundirse como es debido. Uwe vuelve a tener los derechos de ‘Alone in the Dark’ y va a hacer otra película que se basará en la última entrega. Con la anterior no estaba del todo contento, coincidiendo con los fans, pues no se parecía a los juegos, ya que como nos ha desvelado, se basaba en un juego que estaba por publicarse y nunca vio la luz. Y este no es el único proyecto que ha anunciado pues acaba de abrir un crowdfunding en indigogo para hacer una continuación de ‘House of the Dead’ con todo el reparto original pese a que SEGA no estaba muy por la labor. Se llamará ’23 years later: return to zombie island’. Podéis participar aquí.

Por otro lado ha sido el día en el que ha arrancado la Sección Oficial de CutreCon 2026. Desde hace años el equipo de CutreCon recibe material de todo el mundo y lo selecciona. Tras salir vivos de similar y tortuosa labor escogen cuatro títulos que el publico del festival vota en función de cuan divertida ha sido la sesión. De momento, una de las propuestas ha sido muy divertida y la otra una verdadera sesión de castigo.

‘Soy Inmortal’

Gallardo es un habitual del festival, tanto cuando no había sección oficial como aplicando a ella. En esta ocasión nos presenta a dos protagonistas, una de ellas interpretada por una asistente del propio festival que “ha cumplido un sueño” apareciendo en una de las locuras ininteligibles del director. Por supuesto y como siempre, toda la obra está rodada en la casa y la azotea donde vive el propio director. Se supone que tiene conexión con ‘La Sustancia’ y ‘Superman’ o ‘Rambo’ pero lo más memorable ha sido ver cómo le hacen el boca a boca a una caja pintarrajeada o como juegan a intentar darle mordiscos a burbujas de jabón.

‘AJ goes to the dog park’

Filme realizado por un guionista de ‘Historias corrientes’. Evidentemente, aunque es un profesional del sector ha hecho esta película en formato amateur, gastándose lo menos posible y con sus amigos durante el fin de semana. Con esto ha alcanzado el nivel requerido para ser una película festiva en CutreCon.

Cuenta la historia de un hombre que está encantado de la vida pero pierde el parque que usa siempre para pasear a sus perros. Una comedia de lo más cartoon o quizá inspirada por el espíritu de los ZAZ o los Python. Lo mejor es su arranque con una gran cadencia de chistes. Toda una demostración de que, con pocos medios, pero con la democratización de la técnica, se puede hacer algo que funciona.

‘Alone in the Dark’

‘Alone in the Dark’ es la prueba definitiva de que estar “solo en la oscuridad” no es tan aterrador como estar acompañado por un proyecto que sale mal. Arrancando con un texto tan largo que, más que contexto es un ebook en sí mismo, la película decide huir del miedo como si fuera alérgica a él. Christian Slater parece actuar desde otra dimensión, Stephen Dorff camina por la trama siempre boquiabierto y Tara Reid… digamos que es uno de los arrepentimientos reconocidos por el director. La lógica del mundo se evapora en los primeros diez minutos. Boll mezcla arqueología, monstruos y conspiraciones como si esta fuese una versión no autorizada del AIDP de Mignola. El resultado es un batiburrillo solemne, inexplicablemente aburrido y, por eso mismo, cómico. Cada escena promete suspense y entrega tiros como si el juego fuese un shooter y por supuesto el material original no lo es.

‘House of the Dead’

Es como entrar a un túnel del terror diseñado por alguien que solo ha visto videojuegos de zombis desde la otra punta del bar y se piensa que el techno y el un metal que suena en la playlist son parte del juego. Uwe Boll adapta el clásico con ideas buenas, chocantes para la época, pero con poca eficiencia: cámara lenta a lo matrix, porque sí, montaje epiléptico y personajes que parecen haber ganado un concurso para salir en una peli sin saber actuar. El verdadero villano no son los muertos vivientes, sino los insertos del videojuego original que aparecen de repente, como si el DVD se hubiera roto y alguien hubiera dicho “déjalo, queda moderno”. Los diálogos suenan a tutorial mal traducido y la tensión brilla por su ausencia. Aun así, hay algo hipnótico en su desastre: es tan caótica y estirada que termina siendo una experiencia más divertida de lo que parece. El público de CutreCon 2026 lo ha gozado.

‘La invasión de los zombies atómicos’

Es esa clase de película que parece escrita con prisas, rodada con aún más prisas y pensada claramente para no pensar demasiado. Los zombies, rebozados en latex como croquetas olvidadas en la nevera, avanzan con la energía de quien ha perdido el autobús… Si algo hay que reconocerle a este filme es que los zombies corren mucho antes que en ’28 días después’. Pero nada más. La amenaza “atómica” se menciona tanto que uno espera ver un contador Geiger, pero lo más radiactivo acaba siendo el maquillaje y las torpes escenas en las que no pasa nada o se muestra a las mujeres como un mejo objeto. Los diálogos suenan a doblaje camuflado y la trama consiste en un corre que te pillo que uno no sabe cómo va a terminar por no tener casi contexto. Tal es así que el final también es de lo más vago e inconcluso. Tanto para nada, bueno sí, para disfrutar de localizaciones madrileñas como si una película de Garci se tratase.

Crítica: ‘Deathstalker’

En qué plataforma ver Deathstalker

Amor por el latex y la magia a partes iguales

El cine de fantasía de espada y brujería siempre ha sido un terreno fértil para el exceso, el delirio y la imaginación sin freno. ‘Deathstalker’, en su nueva encarnación bajo la dirección de Steven Kostanski, no solo entiende esa tradición, sino que la abraza con una convicción casi militante. Estamos ante un remake del clásico de fantasía medieval de los años ochenta, pero también ante algo más interesante: un ejercicio consciente de arqueología cinematográfica que no busca modernizar su espíritu, sino amplificarlo y devolverlo al presente con orgullo artesanal.

Kostanski, responsable de ‘Psycho Goreman’ y ‘El vacío’, vuelve a demostrar que es uno de los grandes valedores actuales del cine fantástico hecho a mano, ese que huele a látex, sangre falsa y creatividad sin renderizar. Su ‘Deathstalker’ no pretende competir con superproducciones ni con universos digitales; juega en otra liga, una donde el placer del espectador nace del asombro infantil y del humor cómplice.

Steven Kostanski y el respeto por el legado fantástico

Una de las claves de esta nueva ‘Deathstalker’ es su profundo respeto por el material original. Lejos de una relectura irónica o cínica, la película entiende qué hacía especial al filme primigenio: su descaro, su violencia desmedida, su erotismo tosco y su fantasía sin complejos. Kostanski no suaviza esos elementos, sino que los reordena con mayor conciencia narrativa y una puesta en escena más elaborada.

El director canadiense demuestra aquí una madurez notable en la planificación de planos y en el ritmo del guion. Hay elecciones visuales sorprendentemente elegantes, como el uso reiterado del split diopter, que permite mantener varios planos de profundidad enfocados simultáneamente, un recurso muy asociado al cine de género clásico que aquí se utiliza tanto con intención estética como humorística. Estas decisiones no son casuales: refuerzan la sensación de estar viendo una película fuera del tiempo, orgullosa de su artificialidad.

Narrativamente, ‘Deathstalker’ sabe cuándo tomarse en serio y cuándo dejar que lo grotesco se imponga. El héroe musculado, los hechiceros sectarios, los monstruos caricaturescos y las traiciones operan en un registro casi mitológico, pero siempre con un guiño al espectador. Kostanski entiende que el exceso es parte del encanto y no intenta justificarlo.

Artesanía, criaturas y el goce de lo grotesco

Si algo define esta ‘Deathstalker’ es su amor por el arte manual. Las criaturas, los monstruos y los efectos especiales parecen sacados directamente de un almacén de descartes de ‘Masters del Universo’, y eso es un cumplido. Marionetas, prótesis exageradas, máscaras imposibles y cuerpos mutantes pueblan el metraje con una imaginación desbordante que recuerda por qué el cine fantástico artesanal sigue teniendo un impacto visceral que ningún CGI puede replicar.

El diseño de producción apuesta por una fantasía loca y disparatada, donde cada escenario parece construido para ser recorrido por la cámara con deleite. Hay una textura física en cada plano: barro, metal, sudor, sangre y magia. El espectador no solo ve este mundo, lo siente. Y en ese sentido funciona como un auténtico parque de atracciones para los amantes del cine de serie B.

Un regalo para los amantes de ‘Deathstalker’ y la serie B en general

Mención especial merece la banda sonora. La presencia de Slash como productor musical no es un simple reclamo promocional. Las guitarras, contundentes y épicas, aportan una energía inesperada que dialoga con las imágenes de espadas chocando y hechizos lanzados. Este enfoque musical conecta la fantasía medieval con una sensibilidad rockera que potencia el carácter lúdico del conjunto y refuerza su identidad propia. Brendan McCreary, Chuck Cirino, Slash y Bear McCreary han remozado el tema principal con una épica memorable.

Para los aficionados al género, la película es un auténtico festín. Cada criatura, cada plano extraño, cada decisión absurda está ahí para provocar una sonrisa, una carcajada o un gesto de admiración cómplice. No es nostalgia vacía: es una reinterpretación consciente que entiende por qué estas historias siguen funcionando.

En un panorama cinematográfico cada vez más homogeneizado, ‘Deathstalker’ se alza como un acto de resistencia creativa. Una película que reivindica la fantasía más salvaje, el gore artesanal y el espíritu libre de la serie B. Un regalo sincero para quienes todavía creen que el cine puede ser, ante todo, una experiencia fantásticamente gozosa.

Ficha de ‘Deathstalker’

Estreno en España: Próximamente. Título original: Deathstalker. Duración: 102 in. País: Canadá. Dirección: Steven Kostanski. Guion: Steven Kostanski. Música: Blitz//Berlin, Slash.  Fotografía: Andrew Appelle. Reparto principal: Daniel Bernhardt, Patton Oswalt, Christina Orjalo, Paul Lazenby, Nicholas Rice, Nina Bergman, Jon Ambrose, Laurie Field, Tania Saari, Conor Sweeney, John Clifford Talbot. Producción: Raven Banner Entertainment, Hangar 18 Media. Distribución: Yoda Films. Género: Acción, aventuras. Web oficial.

CutreCon 2026, día 4 de febrero

Abrimos con Cabezas y gozamos con Kostanski

Ya está aquí. CutreCon 15, CutreCon 2026, que arranca fuerte en dos de sus sedes con las peores películas que podamos imaginar. Esta vez con la acción, las explosiones y los tiroteos como leitmotiv. Como siempre con el humor y el respeto como bandera el público ha llenado las salas, teniendo que doblarse alguna sesión. Será hasta el 8 de febrero que el público madrileño verá filmes en sedes como el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, los mk2 Cines Paz y el mk2 Palacio de Hielo.

Un inicio académico, el cine malo enseña

La mañana ha transcurrido festiva en la Universidad Complutense. Allí se ha dado la clásica sesión de documentales conocida como Documentrash. En esta ocasión ha sido relacionada con la película que se ha proyectado previamente, ‘Megaforce’. Una locura de filme con récord de explosiones e irresponsables escenas peligrosas de la cual el público ha extraído el que se ha convertido instantáneamente en el saludo del festival.

Seguidamente, un director tan famoso como Paco Cabezas ha propuesto su película mala para goce y “disfrute” de los cutreconeros. ‘Una noche para desmembrar’, un filme en el que no hay plano con fallo y que no transcurre en una única noche. Una película que rápidamente hemos comprobado porqué ha sido escogida como máximo exponente de lo cutre por el director de obras como ‘Adiós’, ‘Miércoles’ o ‘El alienista’ pues parecía horror elevado, pero por ser incomprensible y discurrir con música de ascensor. La hemos desgranado con él en un coloquio posterior y en una entrevista que podréis ver aquí o en nuestro canal de Youtube.

Y no es de extrañar que hayamos tenido tan didáctica mañana pues CutreCon 2026 ha supuesto la edición en la cual se inaugura una nueva etapa colaborativa con la Universidad Complutense, lugar que lleva acogiendo el arranque del festival varios años. En los días previos a arrancar CutreCon XV se anunció un acuerdo de colaboración para los próximos cuatro años cuyo objetivo principal es la difusión de actividades culturales y de investigación entre la comunidad universitaria, y acercar a esta un tipo de cine popular y alternativo fuera del circuito de exhibición de las salas de cine y de las principales plataformas de streaming.

Cortometrajes de alumnos de la UCM

En los últimos años, debido a que CutreCon celebra sus primeros días en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, se celebra un concurso entre los alumnos, los cuales deben realizar un spot en base a unos guiones que les han entregado. Tras ese concurso, el spot escogido se convierte en uno de los anuncios oficiales del festival y se proyecta antes de cada proyección durante toda la semana. Este año ha estado muy reñido y el spot ganador nos ha divertido como cualquier otra película del festival. ¡Enhorabuena!

‘Megaforce’

Desierto y muchas explosiones. No, esto no es una película derivada de Sirat. Es un filme que nació con pretensiones de ser el nuevo Star Wars y de vender muchos muñecos como lo hizo la franquicia de George Lucas. Pero evidentemente no fue así. El resultado fue una obra hortera en su vestuario, su elección de planos inoportunos, sus coches cero prácticos y sus innumerables, innecesarias e incesantes escenas de explosiones y choques en las que sin duda más de un extra se jugó la vida. Y todo, para qué, para que el público vea pelotas de gimnasia explotando o un protagonista que mezcla carisma con mala interpretación al volante. Total, una especie de G.I. Joe rodado casi todo en un desierto y prácticamente con cero argumento.

‘Making Megaforce’

Documental en el que el propio director se retrata a sí mismo como el mayor fan de ‘Megaforce’ (tampoco hay muchos más). El resultado es que parece una persona excesivamente obsesionada con una película bastante mala. Y así es. Rozando el problema de salud mental este seguidor colecciona objetos y replica los vehículos de la película. Pero llega hasta el punto de perseguir y acosar al actor Barry Bostwick, quien hizo de protagonista. Lo que en un principio podría haber acabado con una orden de alejamiento se convierte en una conmovedora historia de amistad nada exenta de momentos incómodos y arriesgados.

‘Una noche para descuartizar’

Una directora, asegura haber perdido todo el metraje de la película de terror que ha rodado y durante los siguientes tres años se propone terminar el filme con escenas descartadas. Lo que vemos aquí es una sucesión de imágenes inconexas, de parches rodados con otros actores con lo que los personajes cambian de rostro de una escena a otra y de tramos rellenados con películas anteriores de la directora. ¿El problema? Pues que lo que había hecho hasta entonces Doris Wishman era cine erótico. Una película inteligible que no se entiende ni con las explicaciones con un narrador que tampoco está bien escrito.

‘Deathstalker’

Remake del clásico de fantasía medieval. Bajo la batuta de Steven Kostanski (‘Psycho Goreman’, ‘El vacío) llega esta nueva versión que mantiene el espíritu de la original y su potente banda sonora, esta vez al ritmo de las guitarras de Slash que ha producido el filme. El público se lo pasará pipa gozando con el split diopter, los protésicos, las marionetas, la espada y brujería y lo grotesco. Todo lo que suele potenciar Kostanski está aquí: el arte manual, las criaturas que parecen sacadas de descartes de Masters del Universo, la fantasía loca y disparatada y muchas buenas elecciones de planos o de guión. Un regalo para los amantes del cine de serie B y la fantasía.