Un atípico Anwar nos encierra en un museo de carne y risas
Joko Anwar firma con ‘Ghost in the Cell’ la película con mayor despliegue técnico de su carrera y, probablemente, la más cercana a determinados recursos occidentales. La película, además, supone su duodécimo largometraje y fue seleccionada en la sección Forum de la Berlinale antes de llegar a Sitges.
La impresión inicial, sin embargo, es algo engañosa. Tras un prólogo sanguinolento que deja claro que Anwar no piensa abandonar su afición por las muertes creativas y horripilantes, el primer acto se extiende durante casi cuarenta minutos y se siente como una puesta en escena excesivamente larga. Estamos en una prisión de máxima seguridad, con presos divididos por bandas, guardias corruptos y un recién llegado que parece llevar consigo algo bastante peor que su propia condena. Cuando la función empieza realmente, el panorama cambia por completo y lo que parecía un drama carcelario se transforma en un festival de muertes, violencia y comedia.
Por su sentido coral, la colección de personajes estrafalarios, el humor absurdo, la música con ese aire de bebop y la violencia desatada, hay momentos en los que ‘Ghost in the Cell’ podría pasar por una película de Takashi Miike. Y precisamente ahí está la rareza dentro de la filmografía de Anwar. Quien llegue a ella como primera aproximación al director puede llevarse una imagen bastante equivocada de su cine. Es una rara avis dentro de una trayectoria mucho más acostumbrada al terror atmosférico y a combinaciones de género menos abiertamente disparatadas.
De la carnicería al humor absurdo
Lo más sorprendente es precisamente el cambio de tono. Estos personajes, presumibles criminales acostumbrados a sobrevivir en un entorno donde cada preso parece un depredador esperando su oportunidad, se ven obligados a protagonizar situaciones absolutamente ridículas. La película pasa del asesinato brutal a la comedia ridícula sin pedir permiso y encuentra buena parte de su personalidad en esa convivencia imposible.
El escenario carcelario también permite a Anwar introducir una sátira social que va bastante más allá del propio encierro. La prisión funciona como una representación en miniatura de la sociedad indonesia, con corrupción, desigualdad, abuso de poder, religión y manipulación mediática entre los asuntos que aparecen salpicando la narración. El protagonista, Dimas, es periodista y llega al presidio después de verse implicado en la muerte de su editor, lo que permite introducir también una reflexión sobre la prensa, la investigación y la manera en que determinadas noticias pueden incomodar a quienes tienen poder.
La religión tampoco queda fuera de la diana. Los presos recurren a distintas formas de fe cuando descubren que quizá existe una manera de mantener a raya al ente, lo que proporciona algunas de las situaciones más absurdas de la película. Oraciones, referencias religiosas e incluso bailes durante reyertas y escaramuzas carcelarias se convierten en mecanismos de supervivencia.
Una exposición de cadáveres con explicación final
Visualmente, Anwar demuestra que ha querido llevar la producción un paso más allá. La fotografía de Ical Tanjung recorre los estrechos espacios de la prisión con una energía considerable y consigue que el escenario no resulte repetitivo a pesar de tener solo dos o tres localizaciones principales. Pero donde realmente destaca ‘Ghost in the Cell’ es en el maquillaje y los efectos prostéticos. Las víctimas son convertidas en auténticas composiciones macabras y aquí el trabajo artesanal resulta magnífico. Anwar contó con especialistas en efectos prácticos e incluso con seis ilustradores que ayudaron a diseñar los cuerpos antes de convertirlos en esculturas de carne, sangre, huesos y vísceras.
Lástima que, para algunas de las barbaridades más exageradas, se recurra también a un CGI bastante pobre. Hay momentos en los que los cuerpos pierden todo su peso y parecen juguetes de plástico estirable. El contraste entre unos prostéticos estupendos y unos efectos digitales mucho más evidentes resulta demasiado visible.
También queda una pregunta flotando durante buena parte del metraje: ¿qué quiere el ente y por qué selecciona precisamente a sus víctimas? La respuesta acaba llegando. Sus asesinatos son entonces mucho más que simples escenas gore. Los cadáveres aparecen convertidos en instalaciones que mezclan carne, mobiliario y elementos del propio espacio, como si el monstruo necesitara construir una galería de arte macabra dentro de la prisión. Esa idea conecta la violencia con la necesidad de dejar una huella y convierte cada muerte en una especie de composición artística.
‘Ghost in the Cell’ es, por tanto, una película peculiar dentro del cine de Joko Anwar. Tiene una notable calidad técnica (incluso mejor que sus mejores obras o su serie de Netflix), unos efectos prácticos excelentes y varias muertes memorables. Si eres capaz de ver una película extraña, excesiva y deliberadamente desquiciada la disfrutarás, pero si quieres ver un filme con denominación de origen Joko Anwar te va a defraudar.
Ficha de ‘Ghost in the cell’
Estreno en España: por determinar. Título original: Ghost in the cell. Duración: 106 min. País: Indonesia. Dirección: Joko Anwar. Guion: Joko Anwar. Música: Tony Merle, Aghi Narottama. Fotografía: Ical Tanjung. Reparto principal: Abimana Aryasatya, Endy Arfian, Bront Palarae, Morgan Oey, Lukman Sardi, Danang Suryonegoro. Producción: Come and See Pictures, Rapi Films, Barunson E&A, Ivanhoe Pictures. Distribución: La Aventura. Género: terror, comedia. Web oficial.


