En qué plataforma ver Leviticus
Convertir el deseo en condena no es cosa de la antigüedad
‘Leviticus’, debut en el largometraje de Adrian Chiarella, remite directamente al libro del Antiguo Testamento que durante siglos ha sido utilizado para justificar la condena de las relaciones entre personas del mismo sexo. En Levítico 18:22 encontramos la prohibición de acostarse “con un varón como con una mujer”, una frase que establece una relación directa entre el deseo de sus protagonistas y la doctrina religiosa que pretende convertirlo en pecado.
Chiarella utiliza eso como punto de partida para construir un terror sobrenatural en el que dos adolescentes, Naim y Ryan, descubren su atracción mutua mientras viven en una comunidad cristiana profundamente conservadora de Australia. Cuando su relación sale a la luz, son sometidos a un ritual destinado a corregir aquello que los adultos consideran una desviación.
El director no se limita a hablar de homofobia. También introduce una lectura sobre el control religioso de los cuerpos y, especialmente, sobre la posición de la mujer dentro de determinadas estructuras de pensamiento. El propio libro de Levítico contiene numerosas normas relacionadas con el cuerpo femenino, desde la menstruación hasta el parto y los rituales de purificación. Así, el título permite entender la película como una crítica a una moral que decide qué deseos son aceptables, qué cuerpos necesitan ser purificados y quién tiene autoridad para establecerlo.
El deseo como monstruo
La película tiene además una sexualidad evidente y no intenta esconder que el deseo constituye su principal motor narrativo. Chiarella encuentra una metáfora especialmente efectiva al convertir aquello que atrae a los personajes en aquello mismo que puede destruirlos: la entidad sobrenatural adopta la forma de la persona que cada muchacho desea.
Resulta especialmente interesante la naturaleza física de Naim y Ryan. Sus juegos, forcejeos y enfrentamientos, ese carácter peleón que mantienen entre ellos, hablan de una masculinidad todavía ligada al instinto. Antes de poder verbalizar qué sienten, sus cuerpos ya parecen saberlo. La película convierte esa pulsión casi salvaje en una fuerza difícil de contener y enfrenta la naturaleza de los adolescentes con las normas impuestas por el entorno.
En ese contraste está buena parte de su interés. Los chicos parecen actuar por impulso, mientras los adultos intentan someter ese impulso mediante religión, miedo y castigo. El fantástico sobrenatural se convierte así en una herramienta para hablar de una problemática social perfectamente real.
Y es ahí donde aparece uno de los aspectos más perturbadores de la película: las terapias de conversión. Lo que durante demasiado tiempo pudo parecer una práctica poco conocida fuera de determinados contextos se presenta aquí como un ritual de horror. La película no necesita explicarlo demasiado. Basta con mostrar el intento de convertir el deseo en algo que debe ser extirpado. La investigación y la legislación contemporáneas continúan documentando prácticas destinadas a cambiar o suprimir la orientación sexual, incluidas intervenciones de carácter religioso. La American Psychological Association señala además que no existen evidencias que respalden su eficacia y que parten de la idea científicamente desacreditada de que ser LGBTQ+ es algo que debe curarse.
Una película de mentalidad abierta y por ello con varias interpretaciones
‘Leviticus’ gana enteros cuando renuncia a ofrecer una explicación cerrada. Su entidad sobrenatural puede entenderse de varias maneras y ahí reside buena parte de la riqueza de la propuesta. Podemos interpretar que la criatura se libera como consecuencia de los sentimientos de los dos jóvenes, como una materialización del deseo prohibido. También podemos pensar que nace de las acciones de sus padres, de la violencia ejercida sobre ellos o incluso de las traiciones que los propios muchachos cometen entre sí.
Chiarella ha reconocido que quería utilizar imágenes bíblicas para preguntarse cuánto de las normas que utilizamos para controlar nuestras vidas procede realmente de alguna instancia superior y cuánto lo construimos nosotros mismos. Esa ambigüedad convierte al monstruo en algo más que una criatura de terror. Puede ser culpa, represión, homofobia, miedo interiorizado o la consecuencia inevitable de intentar convertir el deseo en una enfermedad.
Materializar lo invisible
A ello contribuye un reparto en el que encontramos rostros conocidos como Mia Wasikowska, a quien recordamos por ‘Alicia en el país de las maravillas’, y Joe Bird, visto en ‘Talk to Me’. Bird comparte protagonismo con Stacy Clausen, y ambos consiguen que la relación entre sus personajes tenga una dimensión física y emocional imprescindible para que la metáfora funcione.
‘Leviticus’ entiende algo fundamental del cine fantástico: un monstruo no necesita representar únicamente una amenaza sobrenatural. Puede ser la forma visible de aquello que una sociedad quiere esconder. Aquí el deseo queer, la religión, la represión familiar y las terapias de conversión encuentran una traducción directa en el terror. Y aunque la película deje sus respuestas suspendidas en el aire, precisamente ahí está parte de su fuerza: que el verdadero monstruo pueda ser la criatura, quienes la liberan o el mundo que necesitó crearla. Sobre todo, lo importante es el atrevimiento, no el de amar a alguien del mismo sexo, sino el de poner sobre la mesa este tipo de temáticas.
Ficha de ‘Leviticus’
Estreno en España: 30 de octubre de 2026. Título original: Leviticus. Duración: 86 min. País: Australia. Dirección: Adrian Chiarella. Guion: Adrian Chiarella. Música: Jed Kurzel. Fotografía: Tyson Perkins. Reparto principal: Joe Bird, Stacy Clausen, Jeremy Blewitt, Mia Wasikowska. Producción: Causeway Films, Salmira Productions. Distribución: YouPlanet. Género: terror, romance. Web oficial.

