Crítica: ‘Gummy’

Una dulce para los amantes del suspense más turbio repleto de cambio de roles

Hay personajes que inspiran desconfianza desde el primer momento y consiguen que nos preguntemos hasta dónde puede llegar su oscuridad. En ‘Gummy’, el primer largo como director para Javi Prada, se juega con lo más turbio del ser humano para construir un thriller criminal en el que nadie parece demasiado limpio, pero en el que los giros se suceden cambiando los roles de los personajes constantemente. En medio de delincuentes, individuos de moral reprochable y ambientes donde la violencia parece formar parte del paisaje, Javier Botet se convierte en el principal foco de inquietud. Su personaje, obsesionado con los ositos de gominola, podría parecer a primera vista un asesino de esos que recorren carreteras secundarias buscando a su siguiente víctima, con el aire implacable de ‘No es país para viejos’. Sin embargo, reducirlo a esa primera impresión sería quedarse en la superficie.

Una estructura fragmentada para una historia de depredadores

Prada organiza el relato en capítulos separados por letreros que recuerdan inevitablemente a Quentin Tarantino. La estructura fracturada permite jugar con la información o los estadios por los que pasa e protagonista y de ese modo alterar nuestras expectativas. La historia arranca dentro de unos códigos reconocibles del thriller de bajos fondos, pero poco a poco desplaza el interés hacia aquello que permanece oculto detrás de las conductas más extravagantes o ilegales.

El recurso de dividir la narración en bloques aporta personalidad y ayuda a establecer un ritmo propio, aunque también sitúa a la película ante un desafío: que cada fragmento contribuya a enriquecer el conjunto y casi se comporte como una película propia destinada a alimentar la curiosidad por lo que vendrá después. En una historia donde el engaño y la violencia son piezas fundamentales, administrar las revelaciones resulta especialmente importante. Lo que parece una cacería relativamente convencional puede transformarse en una lucha por la supervivencia cuando quienes ocupaban el lugar de las víctimas demuestran que también guardan sus propios secretos.

Entre ‘Hostel’, ‘La novia gitana’ y ‘Tesis’

Las referencias que despierta ‘Gummy’ ayudan a situar sus intenciones. Hay ecos de ‘Hostel’ en su aproximación a la violencia más desagradable y a los rincones donde la crueldad de la noche puede convertirse en espectáculo. También aparecen conexiones con ‘La novia gitana’, por esa sensación de adentrarse en un entorno criminal en el que la suciedad moral no se limita a un único individuo. Y, aunque desde una perspectiva diferente, ‘Tesis’ planea sobre la película por su relación con aquello que nos repele y al mismo tiempo despierta nuestra curiosidad y ánimo de lucro a cualquier precio.

La comparación con la película de Alejandro Amenábar resulta especialmente oportuna en un año en el que se cumplen treinta años de su estreno y el director está presente en esta edición del Festival de Sitges. No significa que ambas obras compartan necesariamente el mismo discurso, pero sí permite recordar una tradición del cine español que se ha atrevido a mirar de frente aquello que muchos preferirían mantener fuera de campo.

Un monstruo diferente para Botet

En ese terreno, Javier Botet aporta una presencia física y una rareza muy particulares. Su figura ya está asociada al cine fantástico y de terror, pero aquí el interés no reside únicamente en su aspecto o en su capacidad para resultar inquietante. Lo decisivo es la incertidumbre que rodea a Mauro: sus intenciones parecen turbias desde el principio, aunque la película se reserva cartas que modifican nuestra percepción del personaje y de quienes lo rodean.

‘Gummy’ se mueve así entre el thriller y el terror que no deja de tener una parte escalofriante de realismo. Con una galería de individuos que parecen haber dejado atrás cualquier límite moral vuelve a poner sobre la mesa cuáles son los límites del ser humano y qué monstruos moran entre nosotros. Su principal atractivo está en esa desconfianza permanente fruto de la corrupción humana. Javi Prada propone una ruta por los bajos fondos donde el asesino no tiene garantizado el control y donde los ositos de gominola, lejos de ser un detalle dulce e inocente, forman parte de la extraña identidad de un personaje que invita a mirar dos veces antes de sacar conclusiones.

Ficha de ‘Gummy’

Estreno en España: por determinar. Título original: Gummy. Duración: 82 min. País: España. Dirección: Javi Prada. Guion: Rubén Tejerina. Música: Javier Bayón. Fotografía: Daniel G. Canal, Daniel Gonzalez. Reparto principal: Javier Botet, Clara Alvarado, Jan Cornet, Macarena Gómez, Rubén Tejerina, Mario Mayo, Sara Jiménez, Fernando Soto, Ruth Armas, Carla Nieto, Kiko Prada. Producción: Sr. Mono Producciones, Gamera Studios, Canary Islands Film. Distribución: por determinar. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Nightborn’

Pesadilla con bebé completamente anticonceptiva

Rupert Grint, un asunto de paternidad, un bebé que da bastante cringe, un conflicto de pareja que la protagonista parece afrontar prácticamente en solitario y una película envuelta en una oscuridad creciente. No, no estamos hablando de ‘Servant’, la serie asociada a M. Night Shyamalan. Estamos ante ‘Nightborn’ (‘Yön lapsi’), el segundo largometraje de Hanna Bergholm después de ‘Ego’, una fábula de terror finlandesa que traslada los miedos de la maternidad a un terreno de folk horror y body horror. La película pasó por la competición de la Berlinale y coloca a Seidi Haarla y Rupert Grint en una casa familiar perdida en mitad del bosque.

El paralelismo con ‘Servant’ es inevitable porque Grint vuelve a estar atrapado en una historia de padres, criaturas inquietantes y una relación familiar que se descompone alrededor de un bebé y una situación confusa entre locura y lo sobrenatural. Aquí, sin embargo, el planteamiento es mucho más físico. La protagonista da a luz a un bebé que recibe el nombre de Kuura y desde el principio intuye que algo no va bien. El niño presenta características anómalas, necesita sangre y termina convirtiéndose en una presencia dañina y tóxica que consume especialmente a su madre. La directora ha explicado que la película nace de su interés por las transformaciones del cuerpo femenino y por las partes de la maternidad que normalmente quedan fuera de la imagen idealizada.

Y Kuura es cualquier cosa menos un bebé adorable. Es un pequeño monstruo que absorbe, muerde, exige y ocupa todo el espacio posible, convirtiendo la maternidad en una experiencia agotadora, dolorosa y directamente terrorífica. Es una película decididamente anticonceptiva. Quien tenga la imagen de la llegada de un hijo como un momento idílico probablemente debería ver ‘Nightborn’ como advertencia.

Kuura, el hijo de la naturaleza

El nombre del bebé tampoco es casual. Kuura significa “escarcha” en finés y Bergholm evidentemente relaciona así la película el mundo natural. Además tenemos un nexo con la mitología finlandesa de los trolls del bosque. La película combina esa tradición con una sensibilidad casi de cuento oscuro: el bosque no es simplemente un paisaje, sino un espacio con sus propias reglas, una frontera entre lo doméstico y aquello que permanece fuera del control humano.

Ahí aparece una de las ideas más interesantes de ‘Nightborn’. La pareja decide instalarse precisamente en un entorno natural, lejos de la ciudad y cerca de las raíces familiares de ella, buscando construir una vida supuestamente idílica. Pero cuanto más cerca están de la naturaleza, menos control parecen tener sobre ella. El folklore finlandés y la tradición de los cantos de raíz que terminaron alimentando el ‘Kalevala’ sirven como ecos culturales de una película en la que naturaleza, superstición y fuerzas sobrenaturales terminan entremezclándose. El propio ‘Kalevala’ conserva una visión profundamente vinculada al poder de la naturaleza, incluyendo personificaciones de la escarcha y del frío.

Cuando Kuura necesita desplazarse por sí mismo aparece además una de las imágenes más desconcertantes del filme. Su manera de moverse recuerda deliberadamente a una marioneta de las películas de criaturas de otra época. Kuura estaría a la altura de los bebés monstruosos de ‘Braindead’ o ‘It’s Alive’ y, cuando empieza a moverse como una marioneta infernal, el filme abraza definitivamente su condición de pesadilla.

Una maternidad tan dolorosa como monstruosa

‘Nightborn’ funciona especialmente bien cuando convierte las dificultades de la maternidad en algo literal. Saga (Seidi Haarla) está siendo devorada física y emocionalmente por su hijo mientras Jon (Rupert Grint) intenta entender qué está ocurriendo sin llegar a experimentar la situación de la misma manera. El conflicto de pareja se construye así desde una incomunicación constante: ella soporta el peso del problema y él intenta racionalizarlo, hasta que ambos dejan de compartir la misma percepción de la realidad.

La película juega además con una pregunta inquietante: ¿Kuura es realmente una criatura sobrenatural o estamos ante una representación extrema de los miedos, el agotamiento y la ambivalencia que pueden acompañar a la maternidad? Bergholm no elimina completamente esa segunda lectura, aunque el relato se inclina progresivamente hacia el folklore y los trolls.

Y resulta especialmente divertido descubrir que los sonidos monstruosos de Kuura proceden de Max Cavalera, fundador de Sepultura, oculto entre los créditos como responsable de los gruñidos. Es otro detalle que demuestra hasta qué punto la película quiere que el horror infantil tenga algo de criatura de pesadilla y algo de cuento fantástico pasado por el heavy metal, tan presente en la cultura Finlandesa.

Ficha de ‘Nightborn’

Estreno en España: 16 de octubre de 2026. Título original: Yön Lapsi. Duración: 92 min. País: Finlandia. Dirección: Hanna Bergholm. Guion: Hanna Bergholm, Ilja Rautsi. Música: Eicca Toppinen. Fotografía: Pietari Peltola. Reparto principal: Seidi Haarla, Rupert Grint, Pamela Tola. Producción: BlueLight, British Film Institute, Elokuvayhtiö Komeetta, Eurimages, Filmai LT, Getaway Films, Global Screen Fund, Yleisradio (YLE). Distribución: La Aventura, Movistar Plus+. Género: terror, drama. Web oficial.

Crítica: ‘Oddities’

Adrienne Barbeau pesadilla para dos protagonistas y gustazo para los espectadores

‘Oddities’, de Tyler Savage, es una película que necesita tiempo para mostrar sus cartas pero que recompensa la paciencia. Su arranque nos presenta a dos jóvenes autodestructivas que viven al límite y terminan metidas en un problema mucho más grande que ellas. A partir de ahí, el relato avanza entre tiros, delincuentes y decisiones desesperadas, pero va ganando interés conforme abandona la apariencia de drama juvenil sobre drogas para adentrarse en un territorio bastante más turbio.

Lovie Simone y Lilimar forman una buena pareja protagonista. Sus personajes, Makenna y Rose, son dos amigas pasadas de vueltas que deben enfrentarse a la peor pesadilla de sus vidas. No son precisamente modelos de sensatez, y buena parte de la tensión nace de verlas intentar sobrevivir a las consecuencias de sus propios actos. Ambas transmiten esa mezcla de temeridad, fragilidad y desesperación de quienes han vivido demasiado tiempo al borde del precipicio y descubren, demasiado tarde, que todavía se puede caer más abajo.

De los bajos fondos a una tienda de carretera

La premisa parece sencilla: después de matar accidentalmente a su camello, las dos jóvenes huyen de la ciudad y buscan refugio en un establecimiento de carretera regentado por una mujer mayor. Lo que podría ser una parada circunstancial termina convirtiéndose en una trampa. La amenaza que las persigue no es necesariamente la única de la que deberían preocuparse, y el lugar donde esperan encontrar algo de seguridad acaba abriendo la puerta a una pesadilla distinta.

Savage juega con ese cambio de expectativas. Durante buena parte del metraje, los problemas de las protagonistas parecen proceder de sus adicciones, sus malas decisiones y el mundo criminal del que intentan escapar. Sin embargo, a partir de su mitad, la película empieza a sugerir que hay algo más detrás de lo que estamos viendo. El misterio adquiere protagonismo y transforma la naturaleza del relato sin que convenga desvelar hacia dónde se dirige.

Ese desplazamiento es el principal acierto de ‘Oddities’. Lo que inicialmente parece un thriller de supervivencia con jóvenes delincuentes va encontrando una identidad propia cuando introduce elementos que amplían su universo y obligan a reconsiderar las primeras impresiones. No todo termina de encajar con la misma naturalidad y ciertos detalles delatan las limitaciones de una producción modesta, pero la curiosidad acaba imponiéndose. Cuando la película encuentra su verdadera dirección, resulta más fácil dejarse llevar por ella.

Adrienne Barbeau, el gran reclamo

Si hay una presencia que eleva el conjunto es la de Adrienne Barbeau. La actriz, ligada a títulos fundamentales del fantástico como ‘La niebla’, de John Carpenter, y ‘Creepshow’, de George A. Romero, demuestra que no necesita grandes aspavientos para introducir una amenaza en escena. Su personaje parece tener dos caras de una misma moneda: puede inspirar cierta confianza, pero también transmite la sensación de que hay algo que no termina de cuadrar. Esa ambigüedad alimenta el suspense y hace que cada gesto pueda interpretarse de varias maneras.

Barbeau es el elemento que mejor conecta la película con una tradición del terror que sabe explotar los espacios cotidianos y los personajes aparentemente inofensivos. No hace falta convertir cada secuencia en una exhibición de violencia para mantener la inquietud. A veces basta con que una persona no se comporte como esperamos, con que una conversación esconda una segunda intención o con que el espectador empiece a sospechar que desconoce las verdaderas reglas del lugar en el que se encuentra.

Eso no significa que ‘Oddities’ sea una producción impecable. Hay decisiones visuales y momentos de ejecución que evidencian su condición de película de bajo presupuesto, e incluso aparecen detalles que pueden transmitir cierta sensación amateur. El montaje y algunos recursos no siempre disimulan las costuras. Sin embargo, sería un error quedarse exclusivamente en esas imperfecciones, porque Tyler Savage consigue que la intriga crezca y que el filme gane enteros según avanza.

‘Oddities’ no necesita convencer desde el primer minuto para terminar encontrando su público. Su propuesta mejora cuando deja atrás el retrato más convencional de dos jóvenes en caída libre y empieza a jugar con el misterio, la amenaza y las apariencias. Simone y Lilimar aportan energía a la huida, pero como decía, es Adrienne Barbeau quien termina convirtiéndose en el principal foco de interés.

Ficha de ‘Oddities’

Estreno en España: por determinar. Título original: Oddities. Duración: 89 min. País: EE.UU. Dirección: Tyler Savage. Guion: Tyler Savage. Música: Cody Carpenter. Fotografía: Antonio Cisneros. Reparto principal: Lilimar, Lovie Simone, Adrienne Barbeau, Xander Berkely, Will Oldham, Lucas Fleisher & Sarah Durn. Producción: Fryman Films, Wrigley Media Group. Distribución: por determinar. Género: suspense, terror.