Crítica: ‘El drama’

En qué plataforma ver El drama

Zendaya y Pattinson encuentran terreno fértil para demostrar su madurez interpretativa

Hablar de ‘El drama’ implica necesariamente situarse en la mente (retorcida, incómoda y a menudo brillante) de Kristoffer Borgli, responsable de la inclasificable ‘Dream Scenario’. Si en aquella exploraba la viralidad, la fama y el absurdo desde lo onírico, aquí se adentra en un terreno aparentemente más reconocible: la relación de pareja. Pero que nadie se equivoque. ‘El drama’ no es una comedia romántica al uso, ni siquiera una de esas que pretenden subvertir el género desde la ironía ligera. Borgli opta por algo más incómodo: desmontar el concepto mismo de intimidad emocional.

En este sentido, la película se alinea con corrientes recientes como ‘Materialistas’, no solo por reunir un elenco famoso, sino por el denominador común de hacer que el amor deje de ser un refugio idealizado para convertirse en un espacio de negociación, tensión y en ocasiones, auténtico vértigo moral. Aquí no hay rastro de pasteleo ni de melodrama complaciente. Lo que hay es una disección fría (aunque revestida de humor negro) de las expectativas que proyectamos sobre quienes creemos conocer. No esperaba menos carácter innovador de una producción de A24.

La premisa es tan sencilla como devastadora: ¿qué es más perturbador, descubrir un secreto escabroso del pasado de tu pareja o darte cuenta de que, en realidad, no has llegado a conocerla del todo? Borgli no responde de forma explícita, pero articula toda la narrativa en torno a esa pregunta, convirtiendo cada escena en un ejercicio de incomodidad progresiva.

Zendaya y Pattinson: madurez, ansiedad y verdad emocional

El peso de ‘El drama’ recae en evidentemente sobre sus dos protagonistas, Zendaya y Robert Pattinson, dos intérpretes que llevan años intentando trascender su asociación con productos mainstream y franquicias masivas. Aquí encuentran un terreno fértil para demostrarlo.

Zendaya construye un personaje contenido, pero profundamente inestable. Su interpretación se basa tics nerviosos y miradas que uno no sabe del todo lo que esconden. Pattinson, por su parte, abraza el nerviosismo como motor dramático: su personaje parece vivir en un estado constante de alerta emocional, como si cada conversación pudiera detonar una crisis.

Ambos logran transmitir una ansiedad que va mucho más allá de los típicos nervios previos a una boda (contexto en el que se sitúa el relato). Borgli utiliza ese punto de partida para introducir elementos imprevistos: confesiones surgidas entre copas, comentarios aparentemente triviales que terminan adquiriendo un peso devastador. Uno de ellos en concreto es el que detona toda la relación y la película, pero evidentemente no lo voy a desvelar. Es en esos momentos donde la cinta alcanza su mayor potencia, porque transforma lo cotidiano en algo profundamente inquietante.

Como curiosidad que encaja con el enfoque del director, Borgli trabajó con amplios márgenes de improvisación en ciertas escenas clave, buscando capturar reacciones genuinas de los actores ante giros narrativos que no siempre conocían en detalle. Este recurso (habitual en el modus operandi de muchos directores) refuerza la sensación de incomodidad y autenticidad que atraviesa toda la película.

Confianza, perdón y la fragilidad de lo que creemos sólido

Más allá de su apariencia de comedia negra, ‘El drama’ es, en esencia, una película sobre la fragilidad de los vínculos humanos. Borgli plantea la confianza no como un estado estable, sino como un equilibrio precario que puede romperse con una sola frase mal entendida o una verdad revelada en el momento equivocado.

Hay catarsis pero no redención fácil. En su lugar, propone un recorrido emocional donde el espectador se ve obligado a cuestionar sus propias ideas sobre el amor, el perdón y la identidad dentro de una pareja. Mucho cuidado con repetir con vuestras parejas el juego que llevan a cabo Robert Pattinson, Zendaya, Alana Haim y Momodou Athie, podéis salir escaldados.

Uno de los mayores aciertos del filme es su capacidad para generar incomodidad sin caer en el cinismo absoluto. Aunque el tono es ácido, incluso cruel por momentos, nunca pierde de vista la humanidad de sus personajes. Esto es clave para que la historia funcione: no estamos ante caricaturas, sino ante individuos que intentan torpemente sostener algo que se desmorona. Puede que no sea una película cómoda ni complaciente (‘Sick of myself’ ya es bastante advertencia de que a Borgli le gusta removernos de la butaca), pero precisamente ahí reside su valor: en obligarnos a mirar de frente aquello que normalmente preferimos ignorar.

Ficha de ‘El drama’

Estreno en España: 29 de mayo de 2026. Título original: The drama. Duración: 106 min. País: EE.UU. Dirección: Kristoffer Borgli. Guion: Kristoffer Borgli. Música: Daniel Pemberton. Fotografía: Arseni Khachaturan. Reparto principal: Zendaya, Robert Pattinson, Alana Haim, Mamoudou Athie. Producción: A24, Live Free or Die Films, Square Peg. Distribución: Diamond Films. Género: comedia, drama. Web oficial.

Crítica: ‘A la cara’

En qué plataforma ver A la cara

Demoledor retrato de una identidad colectiva que vive del continuo escrutinio

En ‘A la cara’, el director Javier Marco retoma y expande su propio cortometraje homónimo de 2020 para construir un largometraje que, lejos de limitarse a una denuncia superficial, se adentra con bisturí en las grietas morales de nuestra conducta en internet. La película se inscribe en una corriente contemporánea que ya ha explorado los peligros de la hiperconectividad y la deshumanización digital (ahí están ‘Nación Salvaje’, ‘Spree’, ‘Señora Influencer’ o la serie ‘Black Mirror’), pero lo hace desde una óptica particularmente íntima.

El punto de partida es sencillo pero poderoso: ¿qué ocurre cuando alguien que ha vertido odio desde el anonimato se ve obligado a enfrentarse, literalmente, “a la cara” con la persona que ha sido objeto de sus ataques? A partir de esta premisa, Marco articula un relato que desmonta la aparente impunidad de las redes sociales y cuestiona una verdad incómoda: la mayoría de los haters no son monstruos, sino individuos profundamente frustrados, incapaces de lidiar con sus propias carencias.

La película no juzga de forma simplista. Más bien propone un juego de espejos donde víctima y agresor terminan compartiendo más de lo que quisieran admitir. En este sentido, el guion opta por una progresión dramática basada en el diálogo, la confrontación emocional y la incomodidad sostenida. No hay escapatoria posible: ni para los personajes, ni para el espectador.

Dos caras conocidas para problemas por reconocer

Uno de los grandes aciertos de ‘A la cara’ es el trabajo interpretativo de Manolo Solo, quien vuelve a implicarse en un proyecto que dialoga directamente con los peligros y las sombras de internet, como ya hiciera en ‘La desconocida’. Solo construye un personaje lleno de aristas, en el que conviven el resquemor, el hermetismo y una profunda ignorancia emocional. Con él se subraya que como sociedad tenemos mucho que descubrir y reconocer.

El trabajo de Sonia Almarcha destaca por su capacidad para sostener un conflicto profundamente íntimo sin perder nunca la tensión dramática en lo externo. Su interpretación construye con precisión el debate interno de una madre que oscila entre la protección hacia su hija y la necesidad de confrontar una realidad incómoda que la desborda. El hecho de que se enfrente al hater de manera directa se convierte en algo más que un simple ajuste de cuentas: es una exteriorización honesta de sus propias contradicciones, un acto de afirmación que revela tanto su fragilidad como su fuerza.

La película parece mantener deliberadamente un enfoque minimalista en su puesta en escena para potenciar el trabajo actoral, algo que se percibe en cada plano cerrado o en cada careo. La decisión de expandir un cortometraje a un largometraje suele implicar riesgos evidentes (repetición, dilución del conflicto, pérdida de intensidad), pero aquí Marco logra evitar ese escollo gracias a un desarrollo que profundiza en las motivaciones de los personajes. No se trata solo de un enfrentamiento puntual, sino de un proceso de descomposición y reconstrucción emocional que ambos intérpretes manejan con soltura.

Además, la película introduce un elemento que va más allá del simple conflicto digital: la crítica a la cultura del juicio constante. ¿Tenemos derecho a juzgar a las figuras públicas por cada aspecto de sus vidas? ¿Dónde termina la opinión y comienza la agresión? En este sentido, ‘A la cara’ no solo apunta a las redes sociales, sino también a la siempre cuestionable prensa del corazón, que durante décadas ha alimentado esa necesidad colectiva de escrutinio.

Redención, catarsis y la necesidad de mirarnos sin filtros

Si algo distingue a ‘A la cara’ de otras obras del mismo espectro temático es su voluntad de explorar la redención. No es una película complaciente, pero tampoco cínica. Marco apuesta por el entendimiento mutuo como vía de salida, aunque ese camino esté plagado de acusaciones, vergüenza y dolor.

El filme sugiere que la cobardía no reside únicamente en el anonimato digital, sino en algo más profundo: la incapacidad de enfrentarnos a nuestros propios defectos. Los personajes que juzgan con dureza son, en muchos casos, los mismos que rehúyen cualquier tipo de introspección. Esta idea conecta de manera directa con la realidad contemporánea, donde la sobreexposición convive con una alarmante falta de autoconocimiento.

La catarsis que propone ‘A la cara’ no es espectacular ni grandilocuente. Es íntima, incómoda y, sobre todo, necesaria. Obliga al espectador a plantearse su propia relación con las redes sociales, con el juicio hacia los demás y con esa facilidad pasmosa con la que se puede herir desde la distancia de una pantalla. Funciona como un recordatorio de que detrás de cada perfil hay una persona, y que la empatía (esa gran olvidada en la era digital) sigue siendo el único antídoto real contra la deshumanización. Si tú como espectador no te sientes directamente interpelado con esta película, es que eres parte del problema.

Ficha de ‘A la cara’

Estreno en España: 29 de mayo de 2026. Título original: A la cara. Duración: 92 min. País: España. Dirección: Javier Marco. Guion: Javier Marco, Belén Sánchez-Arévalo. Música: Margaret Hermant. Fotografía: Anna Franquesa Solano. Reparto principal: Manolo Solo, Sonia Almarcha, Roberto Álamo, Daniel Pérez Parada, Helena Zumel. Producción: Biograf Capital, Bulletproof Cupid, LaCima Producciones, Langosta Films, Odessa Films, Pecado Films, Suculenta Producciones. Distribución: Sideral. Género: drama. Web oficial.