Crítica: ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’

En qué plataforma ver Rufus. La serpiente que no sabía nadar

Vistosa actualización del clásico de Tor Åge Bringsværd

La animación europea continúa demostrando que posee personalidad propia a la hora de abordar el cine familiar. Rufus. La serpiente que no sabía nadar, dirigida por Endre Skandfer y basada en la popular obra del escritor noruego Tor Åge Bringsværd, recupera uno de los personajes más queridos de la literatura infantil nórdica para construir una historia sencilla, pero eficaz, sobre la importancia de aceptar aquello que nos hace diferentes. Aunque el punto de partida se apoya en el imaginario del monstruo del Lago Ness y las leyendas escocesas, la película pronto deja claro que su auténtico interés reside en hablar de problemas muy actuales, utilizando la fantasía como vehículo para conectar con el público infantil.

Una historia sobre el acoso con ecos de El patito feo

Más allá de la aventura, Rufus. La serpiente que no sabía nadar construye un relato que recuerda inevitablemente a clásicos como ‘El patito feo’. Su protagonista es un joven que no encaja dentro de su propia comunidad, es señalado por ser distinto y debe aprender a convertir aquello que los demás consideran una debilidad en su mayor fortaleza.

La película aborda el rechazo, la exclusión y el acoso desde una perspectiva accesible para los más pequeños, transmitiendo un mensaje claro sobre la autoestima, la cooperación y la necesidad de aceptar las diferencias. Sin caer en discursos excesivamente moralizantes, consigue que su mensaje resulte comprensible para el público al que va dirigido.

El Lago Ness como escenario de fantasía

El universo en el que transcurre la historia aprovecha el mito del monstruo del Lago Ness para crear un mundo donde las criaturas fantásticas conviven bajo sus propias reglas. Precisamente por partir de una de las leyendas más conocidas del imaginario popular, la película puede permitirse numerosas licencias creativas sin necesidad de buscar una explicación realista.

Dentro de ese contexto fantástico resulta natural aceptar la presencia de personajes imposibles o situaciones que desafían cualquier lógica científica, reforzando el tono de cuento que acompaña toda la narración.

Una decisión estética discutible

Quizá uno de los aspectos más llamativos sea el diseño de las serpientes marinas. La decisión de dotarlas de pelo resulta, cuanto menos, cuestionable tanto desde un punto de vista científico como estético.

Sin embargo, parece evidente que no responde a una búsqueda de realismo, sino a una intención comercial y narrativa: ofrecer una mayor variedad visual entre personajes y hacerlos más atractivos para el público infantil, siguiendo una tendencia que ya han explotado con éxito producciones como ‘Trolls’. Aunque esta elección puede sorprender a los espectadores adultos, termina integrándose dentro del tono fantástico de la propuesta.

Una producción que confirma el buen momento de la animación europea

La película vuelve a poner de manifiesto la capacidad de la animación europea para desarrollar proyectos familiares alejados de los grandes estudios estadounidenses. La coproducción entre Noruega y Bélgica ofrece un acabado visual cuidado y una historia que prioriza los valores humanos por encima del espectáculo constante. ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’ encuentra su lugar gracias a un relato cercano y un protagonista con el que resulta fácil empatizar.

Es un filme que propone una aventura familiar de corte clásico que utiliza el universo del monstruo del Lago Ness para construir una historia sobre el rechazo, la aceptación y la superación personal. Mantiene vivo el espíritu de la obra original de Tor Åge Bringsværd reinventando su estética, con una aventura amable y cargada de valores que conecta con temas tan universales como el miedo, la diferencia y la importancia de encontrar nuestro propio lugar.

Ficha de ‘Rufus. La serpiente que no sabía nadar’

Estreno en España: 24 de julio de 2026. Título original: Rufus – The Sea Serpent Who Couldn’t Swim. Duración: 81 min. País: Noruega. Dirección: Endre Skandfer. Guion: Karsten Fullu, Johan Bogaeus, Lotte Scheutz. Música: Peder Kjellsby. Reparto principal (doblaje original): Mudit Gupta, Gisken Armand, Torstein Bae, Sigrid Bonde Tusvik, Kåre Conradi. Producción: Anima Point, Atmosphere Media, Maipo Film, NeXFrames Media. Distribución: Vercine. Género: aventura, infantil, fantasía. Web oficial

Crítica: ‘Evolution’

En qué plataforma ver Evolution

Puede ayudar a evolucionar a niños irresponsables y a padres distraídos. Si es así, misión cumplida

Al ver ‘Evolution’ como título de la nueva película española animada surgida del prometedor estudio Thinklab me ha venido a la cabeza la película de Ivan Reitman de 2001. En ella un meteorito traía consigo una serie de criaturas que evolucionaban a toda mecha y causaban descacharrantes desastres. Ni de lejos estamos ante un filme con un tono igual de gamberro, ni para adultos, pero si partimos de una premisa similar y las risas están aseguradas, solo que para un público más infantil.

Una animación infantil que entiende el ritmo del presente

‘Evolution’ se inscribe con naturalidad en esa corriente de cine de animación infantil que no subestima a su público y, al mismo tiempo, entiende a la perfección el contexto audiovisual en el que se mueven hoy los más pequeños. Desde sus primeros minutos, la película deja clara su apuesta formal: personajes que hablan deprisa, se mueven con energía constante y encadenan acciones como si el agua que los rodea estuviera mezclada con alguna bebida energética. Este frenesí no es gratuito. Es una técnica ampliamente utilizada en la animación contemporánea para mantener la atención y dotar de ritmo a historias sencillas en apariencia, pero densas en estímulos.

En este sentido, la dirección de Julio Soto Gurpide y Zayra Muñoz Domínguez demuestra un conocimiento sólido del lenguaje animado y de sus códigos actuales. El resultado es una película animada que no tiene nada que envidiar al cine estadounidense en términos de acabado, fluidez o claridad narrativa, algo que hace apenas una década habría parecido una aspiración lejana para muchas producciones nacionales.

Más allá del 3D: variedad visual y mensaje

Uno de los aspectos más interesantes de ‘Evolution’ es su capacidad para introducir, de manera puntual pero significativa, fragmentos que exhiben otros tipos de animación distintos al 3D predominante. Estos momentos funcionan casi como pausas expresivas, pequeños paréntesis visuales que enriquecen el conjunto y aportan matices emocionales o narrativos. No se trata de un alarde técnico, sino de una decisión consciente que refuerza el discurso de la película y evita la monotonía estética.

Ese discurso está claramente alineado con un mensaje animalista y ecologista. La película habla de responsabilidad, de convivencia con el entorno y de la necesidad de repensar nuestra relación con la naturaleza. Sin embargo, lo más interesante es que este mensaje no se presenta de forma doctrinal. ‘Evolution’ lo integra dentro de una historia de entendimiento entre padres modernos, muchas veces absorbidos por sus propias dinámicas, e hijos desatendidos que canalizan su frustración a través del gamberrismo como llamada de atención. Es una lectura sencilla, accesible para el público infantil, pero lo suficientemente clara como para resonar en un contexto social reconocible.

La crítica al corporativismo salvaje, aunque ligera, también está presente y añade una capa adicional al relato. No es una denuncia frontal, sino una insinuación que encaja bien en una película dirigida principalmente a niños, pero que no renuncia a ofrecer una visión del mundo con cierto posicionamiento ético y que hace lo que tantas otras, poner como villano del filme al tecnofeudalismo.

Una propuesta sólida dentro del renacer de la animación española

Es cierto que ‘Evolution’ no parece especialmente preocupada por conquistar al espectador adulto. Más allá de guiños muy concretos (como un profesor de ciencias que recuerda inevitablemente a Bryan Cranston o un robot que parece un híbrido entre WALL-E y EVE), la película mantiene su foco en el público infantil. Esto no es una debilidad, sino una decisión coherente con su planteamiento. ‘Evolution’ sabe lo que quiere ser y no intenta abarcar más de lo necesario.

En el contexto actual, la película se percibe como una confirmación de que la animación española ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad tangible. Propuestas recientes como ‘Bella’ o ‘Decorado’ apuntan también en el último año en esta dirección. ‘Evolution’ refuerza la idea de que no se trata de casos aislados, sino de un tejido creativo en crecimiento. Hay aquí algo más que brotes verdes: hay oficio, ambición y una comprensión clara de los públicos a los que se dirigen estas historias.

Resulta estimulante encontrarse con una película infantil que no se refugia únicamente en el colorido o el gag fácil, sino que construye un relato coherente, con ritmo, identidad visual y un mensaje reconocible. ‘Evolution’ no pretende revolucionar el género, pero sí demuestra que la animación española puede competir, dialogar y convivir con las grandes producciones internacionales sin complejos. Y eso, en sí mismo, ya es una evolución digna de celebrarse.

Ficha de ‘Evolution’

Estreno en España: 3 de febrero de 2026. Título original: Evolution. Duración: 90 min. País: España. Dirección: Julio Soto Gurpide, Zayra Muñoz Domínguez. Guion: Julio Soto Gurpide, Adela Gutiérrez, José Tatay. Música: Reparto principal (doblaje original): Elena Jiménez Montero, Claudia Martínez de Aguirre Canedo, Juan Amador Pulido Fernández, Luis Posada Cugat, Andrea Villaverde Hernández, Iker Bengotxea Goya, Rodrigo Martín Sacristán, Silvia Sarmiento, José María Larrú Cuevas, Verónica Bosch Moreno, Miriam Lisón, Abraham Aguilar Anegon. Producción: The Thinklab. Distribución: Beta Fiction. Género: comedia, aventura. Web oficial.