Crítica: ‘Vieja loca’

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Sinopsis

En una noche de tormenta, Laura conduce por la autopista mientras mantiene una extraña conversación telefónica con su madre, Alicia. Inquieta por la reacción que ha tenido y sin poder localizar a la cuidadora, Laura pide ayuda a su exnovio Pedro, para que cuide de Alicia esa noche. Cuando Pedro llega a la casa se enfrenta a una noche aterradora en la que Alicia le propone practicar un sádico juego.

Crítica

Carmen Maura es la piedra angular de esta locura con atmósfera decrépita

‘Vieja loca’ aterriza en la cartelera envuelta en un aura de suspense heredado de los clásicos y con un aval de peso: J.A. Bayona como productor. No es un detalle menor, ya que el director de ‘El orfanato’ y ‘La sociedad de la nieve’ se adentra de nuevo en el terreno del género fantástico que tanto ha cultivado, pero esta vez desde la retaguardia. Bayona ejerce aquí de padrino y avalista, apoyando a un cineasta con el que ya había colaborado en diálogos para su último éxito.

La trama escrita por Martín Mauregui parte de una premisa sencilla que pronto se transforma en un viaje demencial. Una madre soltera, desbordada por el cuidado de su hija y de una madre que oscila entre la senectud y la locura, recurre a su expareja para que se haga cargo de la anciana. Ese gesto desencadena una de esas situaciones que, más que suponer un descenso progresivo a la locura, se convierten en un baño directo en lo demencial. Pedro (Daniel Hendler) queda atrapado en un escenario surrealista donde la cordura y los recuerdos fragmentados de Alicia (Carmen Maura) convierten la convivencia en un terreno minado.

La ambientación es uno de los grandes logros de ‘Vieja loca’. El caserón en el que transcurre gran parte de la acción es en sí mismo un personaje: paredes agrietadas, suelo crujiente, muebles desfasados y una loza que parece haber sobrevivido a otra época. Es un espacio cargado de atmósfera lúgubre, en el que uno no sabe qué tiene más goteras, si el techo de la casa o la mente de la protagonista. Pero lo que realmente eleva esta puesta en escena es la dirección de fotografía. La cámara juega con sombras, con zonas borrosas y detalles fuera de plano, generando incomodidad y sugiriendo que la verdadera locura siempre está en lo que se oculta, no en lo que se muestra abiertamente.

La película propone un pulso constante entre la cordura y la demencia. La confusión de Alicia contagia a quienes la rodean, como si sus recuerdos oxidados fueran un virus que se extiende lentamente por la memoria. Esta tensión desemboca en una dinámica que recordará a todo el mundo a ‘Misery’: el cautivo no tiene que escribir una novela, pero sí debe interpretar y seguir los delirios de su captora. En apenas media hora de metraje se establecen los códigos del subgénero de secuestros psicológicos: bucles de memoria, lagunas mentales, juegos retorcidos y escapes frustrados. El problema es que, como ocurre en muchas películas de este tipo, la reiteración de estos elementos acaba por rozar lo tedioso. Da la sensación que se pretende que la prisión mental de la protagonista sea contagiosa, pero nos podemos llegar a sentir excesivamente atrapados en una trama que no acaba de desenredarse. Hay, además, dos elementos que quedan desdibujados o mal integrados en la trama: el viaje para conocer al padre de la niña y el enigmático secreto del sótano, que no alcanzan la relevancia que parecían prometer. A ello le sumamos un final que más bien nos dice poco.

En el apartado interpretativo, el desequilibrio es evidente. Daniel Hendler no logra transmitir la desesperación y el dolor de un personaje sometido a una situación asfixiante y fuera de toda lógica. Su presencia es más plana de lo deseable en un rol que exigía matices de terror, resignación y furia contenida. En cambio, Carmen Maura está mucho más convincente. Su interpretación de Alicia, con un acento argentino resuelto con mayor o menor solvencia, se sostiene sobre la delgada línea entre la locura y la ternura. Lo hace sin caer en la parodia ni en lo histriónico, y eso convierte su trabajo en la auténtica piedra angular de la película.

‘Vieja loca’ no revoluciona el género ni aporta grandes novedades, pero sí logra construir un microcosmos inquietante en el que se mezclan las ruinas de la memoria y la tensión claustrofóbica de un secuestro emocional. Como carta de presentación para Martín Mauregui, funciona. Y como regreso indirecto de Bayona al terreno fantástico, sirve para recordar que aún tiene olfato para detectar proyectos en los que la atmósfera y la sugerencia pesan más que los golpes de efecto o los manidos scare jumps.

Ficha de la película

Estreno en España: 10 de octubre de 2025. Título original: Vieja loca. Duración: 90 min. País: España. Dirección: Martín Mauregui. Guion: Martín Mauregui. Música: Pedro Osuna. Fotografía: Julián Apezteguia, Marc Gómez del Moral. Reparto principal: Carmen Maura, Daniel Hendler, Tamara Rocca. Producción: Bambú Producciones, La Unión de los Ríos, Películas la Trini, Primo Content, Studiocanal S.A.S. Distribución: DeAPlaneta. Género: suspense. Web oficial: https://www.deaplaneta.com/es/vieja_loca