Crítica: ’28 años después: el templo de los huesos’

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Cuando la ira ya no necesita excusas pero aún así te las da

Hablar de ‘28 años después. El templo de los huesos’ implica aceptar, desde el primer minuto, que la saga ha dejado de buscar respetabilidad para abrazar el exceso como forma de discurso. Si ‘28 años después’ fue un capricho lúcido de Danny Boyle y Alex Garland, una secuela que utilizaba el apocalipsis para disparar contra el aislamiento británico, el nacionalismo rancio y la obediencia militar ciega, esta nueva entrega dirigida por Nia DaCosta opta por regresar a los orígenes salvajes del relato. No es una marcha atrás, sino una mutación: menos alegoría ordenada y más demencia consciente.

DaCosta, que ya demostró en ‘Candyman’ su interés por reformular mitologías desde una mirada incómoda, recoge el testigo (con Garland firmando el guión) y lo lleva a un terreno donde la lógica se fragmenta, pero el subtexto permanece. ‘28 años después. El templo de los huesos’ no quiere ser una película elegante ni medida. Quiere ser un artefacto furioso, impregnado de rabia acumulada, tanto vírica como social.

Un mundo roto que ya no cree en la razón

La película es plenamente consciente de su escenario: una población aislada, mermada y mentalmente erosionada por décadas de abandono. Aquí los infectados no son solo cuerpos descontrolados, sino el espejo deformado de una sociedad mermada que lleva demasiado tiempo sobreviviendo sin horizonte. El virus de la ira ya no es únicamente un catalizador narrativo, es un estado emocional colectivo.

Visualmente, DaCosta conserva la columna vertebral estética de la saga, cámara nerviosa, suciedad digital, violencia abrupta, pero introduce una imaginería más cercana a lo ritual y lo sacrílego. El “templo” del título no es solo un espacio físico, sino una metáfora de cómo la desesperación acaba organizándose en torno a creencias extremas. En ese sentido, la película se permite una libertad tonal que roza lo delirante, como demuestra una de sus decisiones musicales: mezclar una canción de Duran Duran asociada al opening del anime ‘Speed Grapher’ con el icónico ‘The number of the beast’ de Iron Maiden. No es un guiño gratuito, sino una declaración de principios: lo pop, lo satánico y lo apocalíptico conviven sin jerarquías.

Este enfoque también sirve para dar sentido retrospectivo al extravagante final de la entrega anterior y a la aparición de los Jimmys, liderados por Jack O’Connell. Lo que antes podía parecer una sátira excesiva, con ecos evidentes al caso mediático de Jimmy Savile que ya explicamos en esta web, aquí adquiere una dimensión más inquietante. Los Jimmys ya no son solo una broma negra: representan cómo el vacío moral se llena con ídolos grotescos cuando las instituciones colapsan.

Ciencia, fe y el nuevo rostro del fanatismo

Uno de los grandes aciertos de ‘28 años después. El templo de los huesos’ está en el choque ideológico entre los personajes interpretados por Ralph Fiennes y Jack O’Connell. El primero encarna una visión científica, cansada pero firme, con unas maneras encantadoras. El segundo, un líder satanista que abraza el caos como respuesta al abandono. El enfrentamiento entre ambos articula el núcleo temático del filme: la guerra contemporánea entre conocimiento y creencia, entre hechos contrastados y narrativas conspiranoicas.

Resulta especialmente sugerente ver a O’Connell en este rol tan sacrílego tras su presencia destacada en ‘Sinners’, una de las películas de terror más comentadas de la temporada anterior. Aquí su personaje canaliza un carisma peligroso, muy reconocible en una época en la que el negacionismo y las teorías delirantes ganan terreno frente a verdades científicas largamente asumidas. Garland, fiel a su trayectoria en la ciencia ficción, utiliza este conflicto para insistir en que el verdadero terror no está en los infectados, sino en la facilidad con la que la razón se convierte en enemiga en aras de libertades que dan rienda suelta a nuestra naturaleza salvaje.

No es casual que el tráiler incorpore la voz de Arthur C. Clarke, recuperando una reflexión sobre un futuro impredecible y brutal. En aquella intervención para la BBC, Clarke advertía también de cómo el avance científico puede hacer que ciertas mentalidades se vuelvan conservadoras por miedo a quedarse atrás. Esa idea atraviesa la película como un nervio oculto y conecta tanto con la primera ‘28 días después’ como con esta nueva entrega.

Un cierre más sólido y un futuro inquietante

A diferencia de su predecesora, ‘28 años después. El templo de los huesos’ ofrece un final más cerrado, menos extravagante y narrativamente más satisfactorio. No renuncia al impacto ni al hype, pero evita la sensación de chiste privado que dividió a parte del público. La última escena unirá a buena parte de los desencantados con el estreno del año pasado. Aunque por otro lado se introduce un elemento clave relacionado con la evolución del virus que reconfigura el tablero y despertará una expectación genuina olvidada en otras historias de zombies como ‘The Walking Dead’.

Sabiendo que esta cuarta entrega se rodó de manera simultánea y que será Danny Boyle quien cierre esta etapa de la saga, la película funciona como un puente sólido entre el caos y la conclusión. No es una simple película de zombis, es un comentario incómodo sobre un mundo que, incluso sin virus, ya parece infectado de ira.

Ficha de ‘28 años después: el templo de los huesos

Estreno en España: 16 de enero de 2026. Título original: 28 Years Later: The Bone Temple. Duración: 109 min. País: Reino Unido. Dirección: Nia DaCosta. Guion: Alex Garland. Música: Hildur Guðnadóttir. Fotografía: Sean Bobbitt. Reparto principal: Ralph Fiennes, Jack O´Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi Lewis-Parry. Producción: Columbia Pictures, DNA Films, Decibel Films. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘Primate’

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Critica

La gran sorpresa del año. Primate es una fiesta

En 2025 una de mis películas favoritas fue ‘The Monkey’, este año sin duda, ‘Primate’ va de cabeza a mi top ten. Y si queda mucho año, pero es que este slasher me ha encantado. Pude ver esta película en el Festival de Sitges y solo recuerdo los aplausos cada vez que Ben, este mono tan especial, mataba a alguien. Una de esas películas muy disfrutables con público y que sin duda va a dar que hablar.

La historia es sencilla y nada original. Un grupo de adolescentes llegan a la casa de una de las chicas, allí vive el mono de la familia, Ben, al cual han mordido. Así, sin complicación, un mono con rabia comienza a matar a cualquiera que aparece por su lado.

Como he dicho, no es nada original, es como ‘Cujo’, pero con un chimpancé. Los personajes humanos, apenas nos interesan, con lo que no coges cariño a ninguno y te da igual la muerte que tengan. Para mí, esto es esencial, te olvidas de los momentos dramáticos y disfrutas de este divertido slasher desde el principio. Ya que ‘Primate’ no se anda con miramientos, y tarda poco tiempo en despegar. Además que la película dura poquito y eso hace que al final sea perfecta. Porque no se lía con tonterías y como digo, va al grano.

Ben, el mono rabioso

Una de las cosas que más me ha gustado, ha sido el animatrónico de Ben. Está claro que algo de CGI habrán utilizado, pero se nota mucho el trabajo manual. Todo esto es gracias a Millennium FX, que están acostumbrados a trabajar animatrónicos de todo tipo, ya que han trabajado tiempo para ‘Dr. Who’. Y sin duda Ben, este mono asesino, me parece un trabajo impresionante.

Todo ello ayudado sin duda a la iluminación y fotografía de la cinta, que hace que si hubiese algún defecto, se disimule. Me parece un trabajazo y es sin duda lo mejor de la película. Stephen Murphy director de fotografía, nos contó en el Microsalón de AEC, que disfrutó mucho trabajando en esta cinta, ya que le encanta el cine de terror.

Los humanos indispensables

Si, os lo he comentado antes, pero que los personajes sean tan insoportables e innecesarios me encanta. Porque así, cada vez que ves una muerte, la disfrutas de verdad. Al no entablar ningún tipo de cariño hacia ninguno de ellos, hace que te den completamente igual.

Tenemos caras conocidas, como Kevin McNally o el oscarizado Troy Kotsur. Y en el reparto joven tenemos a Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Victoria Wyant, Charlie Mann, Benjamin Cheng o Gia Hunter.

Papeles sencillos, sin complicaciones, adolescentes un tanto insoportables que solo quieren fiesta y que van a terminar la noche de la manera menos esperada para todos, con un monete acosándoles fuera de una piscina.

¿Qué esperar de Primate?

‘Primate’ está dirigida por Johannes Roberts, director que ya sabe como hacer que un animalillo de miedo, pues ya lo logró en ‘A 47 metros’, si que es cierto, que no podemos comparar un tiburón con un chimpancé, pero, sabe lo que se hace. El guion lo escribió junto a Ernest Riera, que también trabajó con el en la ya mencionada ‘A 47 metros‘. Ambos realizan un trabajo divertido y salvaje.

Sin duda Paramount viene fuerte este comienzo del año con esta cinta y con la próxima de ‘Scream’. ‘Primate’ os puedo asegurar que es una gran fiesta. Si os gustan los slasher, las muertes crueles y originales, esta es vuestra película. Un entretenimiento puro y duro, con la que no necesitas pensar en nada, solo disfrutar.

Ficha de la película

Estreno en España: 9 de febrero de 2025. Título original: Primarte. Duración: 82 min. País: Estados Unidos. Dirección: Johannes Roberts. Guion: Johannes Roberts, Ernest Riera. Música: Adrian Johnston. Fotografía: Stephen Murphy. Reparto principal: Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Kevin McNally, Troy Kotsur, Kae Alexander, Gia Hunter, Victoria Wyant, Benjamin Cheng, Charles Mann, Tienne Simon, Stuart Whelan. Producción: 18hz Production. Distribución: Paramount Pictures. Género: Terror. Web oficial.

¿No entendiste ’28 años después’? Aquí va una explicación

Ordenamos el caos de ’28 años después’ e imaginamos qué ha pasado por las mentes de Boyle y Garland

La película ‘28 años después’ se ha convertido en una de las películas de la saga de Danny Boyle con mejor valoración tras los primeros visionados. Pero no es ajeno para el sentir popular el hecho de que supone un cambio radical en la franquicia. Esta es sin duda la entrega más poética y emotiva, también la más extravagante y arriesgada. Pero (casi) todo esto responde a un significado.  Si bien el final se presenta abruptamente y con rarezas que se salen de tono, el guionista Alex Garland no da puntada sin hilo, como es costumbre en su cine.

No voy a arrojar valoraciones sobre la película, para eso tenemos una crítica publicada hace días. Pero sí he de advertir que esta publicación contiene spoilers pues voy a intentar arrojar luz sobre el significado de esta obra que he tenido la ocasión de poder analizar a fondo y con contexto. Evidentemente todo lo aquí expuesto puede considerarse subjetivo, pero presentaré bastantes datos que confirman mis impresiones.

Empecemos por los posters que no se limitan solo a mostrar ’28 años después’. “El tiempo no ha curado nada” dice el tagline de este afiche. Con ello ya nos insinúan que el virus de la rabia, responsable de los infectados que corren en busca de carne, no se ha curado. Pero también se lee entre líneas un paralelismo hacia lo poco que hemos aprendido tras la pandemia del COVID y un dardo hacia la tradicional costumbre inglesa de ir a contracorriente en muchas cosas (enchufes, sentido de circulación, moneda…) tropezando con la misma piedra constantemente. Más adelante volveremos sobre esto último.

Casi nada más empezar una voz en off nos pone en máxima tensión y alerta. Una transmisión de corte radiofónico recita el poema ‘Boots’ de Rudyard Kipling. Esa obra fue publicada en 1903 para describir la monotonía y la tensión psicológica de la marcha de los soldados británicos en la Segunda Guerra de los Bóers. Taylor Holmes es quien recitó en la grabación esas líneas pavorosamente y con el tiempo ha sido utilizado para retratar las secuelas de la guerra. Si lo pensamos bien los efectos de la guerra en los soldados era el tema de ‘Warfare’, última película de Garland. Con eso ya empezamos criticando el tema militar, algo que tuvo espacio en el final de ’28 días después’. Mientras suena en la película se muestran injertos de imágenes de batallas en las que el imperio británico salió victorioso: Guerras Mundiales, la Segunda Guerra de los Bóers, batallas medievales… Eso contrasta con la situación del filme en la que todo es decadencia. Con ello Boyle y Garland parece que quieren advertir de que toda época de gloria tiene su fin y Reino Unido suele estar cegada por su propia vanidad. La soberbia británica se repite y mantiene en el tiempo siendo casi siempre la causa de los males que suceden en las mismas islas.

Todo esto sucede cuando el joven protagonista, con tan solo 12 años, es extraído a un mundo repleto de peligros y con baja probabilidad de supervivencia. Cual espartano, es sometido a un rito iniciático que le convertirá en hombre y guerrero. Esto no dista mucho de todas esas guerras cuyas tropas estuvieron atestadas por críos reclutados por el gobierno británico. Revelador es el último plano de ‘28 años después’, el cual tiene lugar en el final de los créditos. En él vemos a Alfie Williams con la bandera inglesa ardiendo detrás. Este estandarte volverá a aparecer en este artículo a pesar de haberlo citado en los post-créditos. Por supuesto, esta situación que expone a un menor a un conflicto violento retrata la peligrosidad de nuestra raza que parece abocada a volver a la barbarie, y por supuesto a lo primitivo y a la Edad Media. Por supuesto implica la imposición de un sentimiento territorial o patriótico a una temprana edad. Quizá esto sea lo que se puede ver más fácilmente en la superficie.

El cine de Danny Boyle es muy británico y esta no es la excepción. Se respira correct english y la música suena a pub de Candem Town. Curiosamente el filme le da caña a todo lo británicamente ortodoxo. Parece que lo que nos quieren decir con este filme es que Reino Unido ha ido siempre a su bola y con el tema del Brexit ha quedado aislado del resto Europa. El virus rabia sería algo así como una metáfora del independentismo sin sentido que provoca siempre el caos interno y hace que los ingleses se devoren los unos a los otros, aunque sea comercial o socialmente hablando. No son pocas las ocasiones en las que aparece la bandera de Inglaterra, la de San Jorge, en varias tomas envuelta en llamas. Este símbolo también es muy utilizado por la ultraderecha, casi acaparado para su causa. Durante la película aparecen escenas del filme ‘Henry V’ de Laurence Olivier con esa bandera muy presente. La figura de Enrique V tiene un significado simbólico poderoso para sectores ultraconservadores y nacionalistas británicos, aunque no siempre de forma explícita o dominante en el discurso político actual. Su relevancia está más ligada a la construcción del mito nacional y al imaginario de un Reino Unido fuerte, soberano y victorioso frente a potencias extranjeras. Por supuesto relacionado con esto está la fotografía de la reina Isabel II de joven que el pequeño reducto superviviente luce en su salón de actos. Aquí es donde llega la crítica al Brexit orquestado por los conservadores que echan de menos el imperio incapaces de ser parte de un todo más grande. Lo que sucede en este filme se convierte en un símbolo de escarmiento al dejar el mundo a los británicos apartados de la comunidad internacional durante 28 años. Esto podría ser una represalia al considerar que fue primero Inglaterra la que dejó de lado a Europa. En la realidad el paralelismo son las consecuencias económicas y comerciales claras por su decisión de salir de la Unión Europea. Más que un castigo, ha sido un efecto directo del aislamiento económico.

’28 años después’ es también una advertencia de que, tomando la senda del individualismo, el Reino Unido tiene mal futuro. El pensamiento conservador suele enfatizar el mérito individual, el liderazgo fuerte y la libertad frente al control estatal. En la película aparecen unos nuevos zombies llamados “alphas” pues por su corpulencia y violencia se alzan como líderes de manada. El alfa es precisamente eso: un individuo que sobresale y lidera de manera por lo general abrumadora. Además, suele ser masculino, considerado menos «blando» o dialogante por ciertas mentes más primitivas. Testosterona política = canibalismo prehistórico. El virus rabia provoca alfas de igual modo que los populismos o el hastío social dan a luz a figuras extremas y preponderantes que anulan las mentes de sus seguidores.

El filme tiene más lecturas, como el tema de la eutanasia, que evidentemente tiene a sus máximos detractores en el Partido Conservador. Y aunque ‘28 años después’ y sus diferentes capas me han gustado, hay que reconocerle el riesgo, manifiesto sobre todo en el mismísimo final. Hay que admitir que su última secuencia es una excentricidad completamente fuera de tono y que nos lleva a ese Reino Unido de Guy Ritchie lleno de matones vestidos de sport o incluso al de los dementes de ‘Little Britain’. Al final de este apocalipsis british aparecen unos cazadores vestidos con chándal del Humana. Esto parece simplemente una manera de conectar con la primera escena y con algunos cuantos guiños que hemos ido viendo. Nos muestran a un niño y a un mundo que se han vuelto tarados, traumáticos. Pero ojo que esa excentricidad puede esconder algo más. Estos personajes conservan un perturbador parecido con el presentador de la BBC y DJ Jimmy Savile (de hecho, el personaje de la escena se llama Jimmy). Por muchos es sabido que recibió diversas denuncias por abuso sexual infantil. La pista nos la dio nuestro compañero Jorge Loser. Hay una similitud con los niños viendo como zombies los Teletubbies (un show de la BBC). Pero lo que nos dice este desconcertante desenlace es que se han creado unos monstruos. Quizá simplemente han querido hacer alusión a otro tipo de depredador, en este caso el sexual, o quizá es una pista para lo que podremos encontrar en la siguiente entrega, la cuarta y penúltima de la franquicia.

Crítica: ’28 años después’

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Sinopsis

Han pasado casi tres décadas desde que el virus de la rabia escapó de un laboratorio de armas biológicas, y ahora, todavía bajo una cuarentena brutalmente impuesta, algunos han encontrado formas de existir en medio de los infectados. Uno de estos grupos de supervivientes vive en una pequeña isla conectada al continente por una única carretera fuertemente defendida. Cuando uno de los miembros del grupo abandona la isla para adentrarse en el oscuro corazón del continente, descubre secretos, maravillas y horrores que han mutado no sólo a los infectados, sino también a otros supervivientes.

Crítica

Danny Boyle convierte el apocalipsis en arte lisérgico

Recuerdo que cuando vi ‘28 días después’ quedé en shock por su planteamiento inicial, por su crudeza y por innovar con el concepto de infectados y de zombies que corren. Quizá precisamente sea la novedad y la conmoción lo que buscan Danny Boyle y Alex Garland con este regreso a su saga. ’28 años después’ supone un retorno muy diferente al que todo el mundo espera. Desde luego no es una película para todo el mundo. Lejos de repetir la fórmula que tantos imitadores generó, esta entrega es la mayor macedonia que han creado ambos cineastas, con extra de riesgo comercial, una mezcla de géneros, narrativas y estilos que sorprende tanto como desconcierta. Y, aun así, la he disfrutado.

Conste que aunque es un filme fácil de entender y difícil de describir voy sin spoilers. Aunque os dé algunas claves, no acertaríais ni de lejos lo que pasa en esta película. Ni en un millón de intentos. Y eso, en los tiempos que corren, ya es un logro.

La premisa nos lleva a una Europa que, motivada por el miedo al virus, ha decidido cerrar sus fronteras e ignorar al Reino Unido. Se condena así a las islas británicas a un regreso a la Edad Media donde la humanidad debe encarar y abrazar sus facetas más primitivas. ¿COVID? ¿Crisis de refugiados? ¿Paralelismos con la actualidad? Lo pensé y puede haber alguna lectura similar. Pero si acaso está más presente el tema del Brexit y una especie de condena a esa Inglaterra que se independiza de todo. Y por supuesto está el amor maternofilial como en ’28 semanas después’ y el filme se atreve también con temas como la eutanasia y el ritualismo, pero todo envuelto en una narrativa que a ratos roza el delirio.

Danny Boyle recupera su espíritu más experimental. Si en ‘28 días después’ jugó con cámaras domésticas, ahora rueda buena parte con móviles, dándole un aire más casero y cercano para el espectador. Aunque esta tecnología también le permite grabar efectos “tipo Matrix” que les dan a las muertes un toque diferente y distintivo. Fotogénicamente la película no tiene pero alguno, logrando imágenes que muchas horas después de ver el filme aún tengo grabadas. Hay fotogramas memorables, secuencias que sacan lo mejor de este artista. Igual sucede con la música, que aporta un toque tremendamente british al filme y en cuya banda sonora no está el tema de John Murphy. Este marcado acento de las islas está justificado por cómo se azota al país natal de los autores de la obra. Me explico en el siguiente párrafo.

Podemos asumir que los injertos de películas como ‘Enrique V’ mostrando a ingleses victoriosos matándose por Europa en diferentes épocas, están para trasladarnos a una situación que se repite en el tiempo y retratan una soberbia caída ahora en desgracia. Conducir por el otro lado, tener enchufes diferentes, pagar en libras… Los británicos han tenido siempre una especie de necesidad de desmarcarse del resto y esa autosuficiencia identitaria está en el filme a base de referencias fatales. Al fin y al cabo esta película nos viene a decir que el virus de la rabia es algo de los ingleses y el mundo ha dicho, «quédate ahí con lo tuyo». Y si entramos en el campo de las alusiones nos damos cuenta del batiburrillo y lo loco que ha sido este nuevo viaje. Teletubbies, ritos iniciáticos espartanos, enfrentamientos tipo ‘El guerrero número 13’, huidas a lo ‘Ataque a los titanes’, momentos que rememoran a Braindead… Todo eso ha pasado por mi cabeza en diferentes momentos, así de caótica es la cosa. Si la película te parece una locura con estas conexiones espera a ver a los cazadores ataviados con chándal del Humana.

Y, sin embargo, por alguna extraña razón, ’28 años después’ funciona. Hay secuencias antológicas, como una tensa escena con una voz en off radiofónica in crescendo, una persecución vibrante por un corredor marino o un momento de recorte en silueta que a escalofríos de lo goyesco que es. La película se entiende y se sigue, incluso cuando se va por derroteros más propios del cine lisérgico o de autor. Lo que cuesta entender es cómo han decidido tomar un rumbo tan comercialmente arriesgado. Todo esto nos habla de un Danny Boyle desmelenado. Pero ¿y Alex Garland? Difícil decir dónde está su huella exacta. Hay momentos poéticos, otros excesivos, algunos profundamente inquietantes, quizá ahí está su marca. Por supuesto hay un poco del tema militar, leitmotiv de sus últimas películas (‘Civil War’, ‘Warfare’). Desde luego en este reencuentro de ambos no tenemos un resultado igual. ‘28 años después’ no tiene la energía caótica de la primera ni el tono bélico de la segunda. Es más calmada, más enigmática y por momentos bellísima en su rareza.

Los zombis están, sí. Y corren. Pero ahora también evolucionan, y eso abre preguntas que ni me esperaba o son propias de la serie B o Z. Si esto es lo que nos espera para las próximas dos entregas ya anunciadas, no sé cómo me voy a preparar.

Ficha de la película

Estreno en España: 20 de junio de 2025. Título original: 28 days later. Duración: 115 min. País: Reino Unido. Dirección: Danny Boyle. Guion: Danny Boyle, Alex Garland. Música: Young Fathers. Fotografía: Anthony Dod Mantle. Reparto principal: Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson. Jack O’Connell, Alfie Williams, Ralph Fiennes. Producción: Columbia Pictures, British Film Institute, Decibel Films, DNA Films. Distribución: Sony Pictures. Género: terror. Web oficial: https://28yearslater.movie/

El Festival de Málaga premia a Rodrigo Sorogoyen

Rodrigo Sorogoyen recogerá el Premio Málaga Talent (Eloy de la Iglesia).

El Festival de Málaga, cuya 21 edición se celebra del 13 al 22 de abril concede el Premio Málaga Talent (Eloy de la Iglesia), en colaboración con La Opinión de Málaga, al cineasta Rodrigo Sorogoyen. Este reconocimiento pretende ser un impulso a la a carrera de este joven talento, director y guionista.

El director que acaba de ganar el Goya al mejor cortometraje de ficción por ‘Madre’, estudió en la ECAM la especialidad de guión y empezó a trabajar desde muy joven como guionista de series de televisión. Entre ellas ‘Impares’, ‘La pecera de Eva’ o ‘Rabia’.

Junto a tres socios crea en 2011 Caballo Films y levantan la película ‘Stockholm’, con guión de Isabel Peña y el propio Sorogoyen. Dirigida por el mismo, la película se convierte en unas de las revelaciones del año. Financiada a través de crowdfunding recibe excelentes críticas y gana numerosos galardones. Entre ellos tres biznagas en el Festival de Málaga, tres medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos, el premio Feroz a la mejor película dramática y Goya al mejor actor revelación.

En 2016 estrena Que Dios nos perdone‘, thriller coescrito también con Isabel Peña y producido por Tornasol y Atresmedia. Protagonizada por Antonio de la Torre y Roberto Álamo, la película se convierte en una de las sensaciones de la temporada cosechando grandes críticas y alzándose con el Premio del Jurado al mejor guión en el Festival de San Sebastián y con el Goya al mejor actor protagonista para Álamo.

El pasado 2017 estreno el cortometraje ‘Madre’, galardonado con más de 60 premios. Este año, Rodrigo Sorogoyen tiene previsto estrenar ‘El reino’, largometraje producido por Tornasol y Atresmedia, escrito también junto  Isabel Peña y protagonizado pro Antonio de la Torre.