Crítica: ‘Palestina 36’

En qué plataforma ver Palestina 36

La biopsia de unas heridas no cerradas que están a una década de cumplir 100 años

Hay películas que reconstruyen el pasado y otras que consiguen hacernos ver que el pasado aún se reproduce delante de nuestros ojos. ‘Palestina 36’, de Annemarie Jacir, pertenece a la segunda categoría. Su punto de partida es la Gran Revuelta Árabe de Palestina de 1936-1939, pero su verdadera ambición consiste en demostrar que aquel levantamiento no surgió de la nada, sino de una acumulación de decisiones políticas, coloniales y territoriales cuyas consecuencias todavía resuenan.

Jacir abre el filme con imágenes de archivo restauradas y coloreadas. No es un simple recurso estético: la propia directora ha explicado que quiso recuperar esas imágenes para que no parecieran un pasado muerto, sino una realidad que continúa avanzando hacia el presente. El resultado es extraordinario. El material documental y la ficción se funden hasta convertir Palestina en el auténtico protagonista. La única lástima es que ese material de archivo no consiste en pruebas concretas sobre lo que se denuncia, solo conforma imágenes cotidianas, ninguna retrata ningún hecho concreto relevante o que fuese parte real de la narración que nos transmite, solo es ambientación y nostalgia de lo que era aquella tierra.

Colonialismo, resistencia y una historia incómoda

La película construye un amplio mosaico de personajes para explicar cómo el Mandato británico fue transformando la vida cotidiana. La huelga general de 1936, las restricciones, la represión, las detenciones y el progresivo paso de la protesta a la lucha armada aparecen como respuestas a una situación que los protagonistas perciben como insoportable. No estamos ante una rebelión presentada como un estallido irracional: Jacir intenta reconstruir sus causas políticas y sociales.

Y ahí aparece uno de los mayores méritos de ‘Palestina 36’: mostrar el colonialismo no únicamente mediante soldados y armas, sino a través de sus herramientas administrativas. La prensa, la radio, la circulación, el control territorial, los permisos, las políticas de tierra y la creación de estructuras de vigilancia forman parte de un mismo mecanismo de poder.

La película sostiene además una tesis muy clara sobre el papel británico en el crecimiento del proyecto sionista. La Declaración Balfour y la posterior política del Mandato forman el telón de fondo de una transformación que los personajes palestinos viven como pérdida de control sobre su propio territorio. La Comisión Peel, presentada dentro de este proceso, adquiere una importancia especial: en 1937 recomendó la partición de Palestina, una prueba para Jacir de que el conflicto territorial ya había alcanzado un punto de ruptura.

Del pasado al presente

La producción adquiere una dimensión casi paradójica. ‘Palestina 36’ es una coproducción en la que participan Palestina, Reino Unido, Francia, Dinamarca, Noruega, Qatar, Arabia Saudí y Jordania, con respaldo de instituciones británicas como BBC Film y el BFI.

Y el rodaje estuvo condicionado por la guerra iniciada tras octubre de 2023: la producción tuvo que afrontar interrupciones y dificultades para trabajar en los escenarios previstos, antes de poder completar parte del rodaje en Palestina. Ese dato convierte inevitablemente la película en algo más que una reconstrucción histórica.

Hay, además, una imagen final particularmente hermosa: un palestino tocando una gaita. ¿Por qué una gaita, instrumento que asociamos inmediatamente con Escocia y el ejército británico? Jacir explicó que las gaitas llegaron a Oriente Próximo desde Europa durante las Cruzadas y que, con el tiempo, también pasaron a formar parte de la cultura musical de la región. La imagen funciona así como una apropiación simbólica: un instrumento que asociamos al poder europeo termina integrado en una identidad palestina propia.

‘Palestina 36’ no pretende ser una lección neutral. Es una película de memoria, resistencia y denuncia. Y precisamente por eso resulta más interesante discutirla desde la historia que descartarla por su posicionamiento político. Muchas de las circunstancias que utiliza como materia dramática están documentadas: la Revuelta de 1936, la huelga general, la represión británica, la política del Mandato y la propuesta de partición de Peel no son invenciones cinematográficas. Os recomiendo hacer como yo, tomar nota de ciertos eventos que relata y contrastarlos con la hemeroteca.

Puede discutirse la interpretación, el reparto de responsabilidades o aquello que Jacir decide dejar fuera de campo. Lo que resulta mucho más difícil es negar que detrás de la película existe un episodio histórico real, complejo y extraordinariamente violento que durante décadas ha ocupado un espacio sorprendentemente pequeño en el cine occidental teniendo en cuenta la de vidas que ha sesgado.

Ficha de ‘Palestina 36’

Estreno en España: 14 de agosto de 2026. Título original: Palestine ’36. Duración: 120 0min. País: Palestina, Reino Unido, Francia. Dirección: Annemarie Jacir. Guion: Annemarie Jacir. Música: Ben Frost. Fotografía: Sarah Blum, Tim Fleming, Hélène Louvart. Reparto principal: Hiam Abbass,Kamel Al Basha, Yasmine Al Massri, Jalal Altawil, Robert Aramayo, Saleh Bakri, Yafa Bakri, Karim Daoud Anaya, Wardi Eilabouni, Ward Helou, Billy Howle, Dhafer L’Abidine, Liam Cunningham, Jeremy Irons. Producción: Philistine Films, BBC film, Doha Film Institute, Katara Studios, BFI, Autonomous, Corniche Media, MK Productions, Watermelon Productions, Snowglobe Films, Roya Media Group, The Royal Film Comission, Rise Studios, Telfaz11, Cocoon Films, Metafora Productions, Lucky Number, mk2 Films, Institut Français, The Jordan Film Found, AFAC, Sørfound. Distribución: La Aventura. Género: drama, hechos reales. Web oficial.

Crítica: ‘Todos somos Gaza’

Una prueba irrefutable, innegable, inexcusable e ineludible de la mayor vergüenza humanitaria del siglo XXI

Hay documentales que informan, otros que conmueven y unos pocos que obligan a mirar de frente aquello que preferiríamos ignorar. ‘Todos somos Gaza’, dirigido por Hernán Zin, pertenece con claridad a esta última categoría. No es una obra cómoda ni pretende serlo. Tampoco busca el efectismo gratuito ni la neutralidad impostada. Es, ante todo, una película que entiende el cine documental como un acto moral: estar allí, mirar, registrar y no apartar la cámara cuando la realidad se vuelve insoportable.

Zin no llega a Gaza como un recién llegado. Su vínculo con el territorio y con sus habitantes es profundo y sostenido en el tiempo. En 2014 firmó ‘Nacido en Gaza’, un trabajo que retrataba la vida de diez niños y niñas durante una ofensiva israelí anterior. Aquella película se convirtió en un referente internacional, celebrada por la crítica y el público, y aún hoy se cita como uno de los testimonios audiovisuales más claros sobre la violencia estructural que sufre la población palestina. Diez años después, ‘Todos somos Gaza’ retoma ese hilo: la misión es buscar a aquellos niños, ahora adolescentes o adultos, y comprobar qué ha sido de sus vidas en un territorio donde el futuro siempre es una promesa frágil.

Gaza como rutina del horror

La gran virtud del documental es su capacidad para mostrar la anormalidad convertida en costumbre. Zin introduce al espectador en una cotidianidad donde ir a por el pan o visitar a un amigo puede convertirse, en cuestión de segundos, en una sentencia de muerte. Esa es la vida en Gaza: un espacio donde el sonido de un dron o un avión no es una excepción, sino parte del paisaje sonoro diario. La película no subraya esta idea con discursos grandilocuentes; la deja emerger de los gestos, de las miradas y de los silencios de quienes han aprendido a vivir con el miedo como telón de fondo permanente.

El montaje establece un diálogo devastador entre pasado y presente. Ver las imágenes de ‘Nacido en Gaza’ junto a las actuales no solo evidencia el paso del tiempo, sino también la ausencia de progreso, la repetición del trauma y la cronificación del dolor. Los niños que entonces hablaban de sus sueños hoy cargan con cicatrices visibles e invisibles. El tiempo, en Gaza, no cura: acumula.

La cámara como testigo, no como espectáculo

‘Todos somos Gaza’ tiene una impactante calidad visual. Rodada en muy alta resolución, sin tratamientos estéticos que edulcoren la imagen, la película ofrece una claridad casi hiriente. No hay filtros, no hay artificio. Lo que vemos no es cine de acción ni imágenes generadas por ordenador. Sin embargo, muchas secuencias podrían confundirse con escenas sacadas de una superproducción bélica protagonizada por Stallone o Schwarzenegger. La diferencia es esencial: aquí no hay ficción, ni héroes invulnerables, ni catarsis. Solo cuerpos reales, edificios reales y muerte real.

Zin demuestra un talento indiscutible tras la cámara. Sus encuadres, la elección de los ángulos y la forma en que captura el antes y el después de un bombardeo tienen una potencia visual que deja sin aliento. Es el tipo de imágenes que cualquier reportero sensacionalista soñaría con enviar a su redacción. La diferencia es ética: la cámara de Zin no explota el horror, lo atestigua. Su presencia es la de un testigo que se juega el tipo, como hizo por ejemplo el equipo de ‘Semillas de Kivu’, y que entiende el riesgo como parte inseparable del compromiso.

Resulta perturbador comprobar la “facilidad” con la que se puede registrar un ataque en Gaza. A veces parece que la cámara sabe que la bomba va a caer y se sitúa en el lugar exacto. Y cuando llega el silencio posterior, cuando se recorren las calles arrasadas, la magnitud de la destrucción se vuelve evidente. Gaza ya tenía zonas que recordaban a un resort mediterráneo, pero nunca para las élites que fantasean con reconstrucciones de lujo. Hoy, incluso esas imágenes pertenecen al pasado.

Un alegato imposible de ignorar

Intentar ver ‘Todos somos Gaza’ con una mirada aséptica es casi una quimera. Las imágenes, los testimonios y el uso de audios de archivo desde los primeros compases del conflicto construyen un relato que no deja espacio para la duda. Zin no se limita a mostrar; contextualiza y conecta los puntos hasta componer un mosaico que señala directamente a una tragedia de dimensiones históricas. El término genocidio, tan manoseado y tan evitado, aquí adquiere un peso específico difícil de rebatir.

El director, colaborador habitual de Jon Sistiaga, hereda y amplía esa tradición de periodismo audiovisual que entiende que contar la verdad implica tomar partido por las víctimas. ‘Todos somos Gaza’ es una prueba irrefutable, innegable e ineludible de lo que está ocurriendo. No ofrece consuelo ni soluciones fáciles. Ofrece algo más incómodo y más necesario: memoria, evidencia y una interpelación directa al espectador. Tras los créditos finales, ya no es posible decir que no sabíamos. Es una prueba irrefutable, innegable, inexcusable e ineludible.

Ficha de ‘Todos somos Gaza’

Estreno en España: 2025. Título original: Todos somos Gaza. Duración: 106 min. País: España. Dirección: Hernán Zin. Guion: Alicia Medina, Hernán Zin. Música: Carlos M. Jara, Rozalen, Marwan, Ambkor, Chojin, Porta. Fotografía: Hernán Zin. Reparto principal: documental. Producción: Doc Land Films, Videoreport Canarias, RTVE. Distribución: 39 Escalones. Género: documental. Web oficial.