Crítica: ‘La muerte de Drácula’

Una versión vampiresca que no es ni parodia ni turra seria, pero que tiene personalidad

Fernando Martínez y Juan González, conocidos como Burnin’ Percebes, ya demostraron con ‘El fantástico caso del Golem’ que no necesitan demasiado para construir un universo cinematográfico propio. Aquella extraña y divertida mezcla de ciencia ficción, comedia y surrealismo tenía algo de película pulp hecha desde la libertad absoluta. ‘La muerte de Drácula’ vuelve a moverse por terrenos parecidos, aunque esta vez del golem se pasa al vampiro y el humor más evidente por una aproximación sorprendentemente naíf al mito de la inmortalidad.

La premisa podría haber llevado fácilmente a los directores hacia ‘Lo que hacemos en las sombras’. Vampiros en nuestros días, situaciones absurdas y un mito clásico colocado en un contexto contemporáneo parecen ingredientes perfectos para hacer una versión española de la obra de Waititi. Pero los Burnin’ Percebes toman otro camino. La película puede resultar absurda y extraña, incluso dar la sensación de que no quiere ser tomada en serio, pero debajo de esa apariencia despreocupada existe una reflexión bastante sincera sobre qué significa vivir para siempre.

Un Drácula fuera de su tiempo

La relación entre Drácula y Mina a través de océanos de tiempo sirve como excusa para hablar de algunas de las cuestiones más inseparables del personaje de Bram Stoker: el amor eterno, la imposibilidad de aceptar la muerte y, sobre todo, el vacío que puede esconder una existencia demasiado larga.

Porque la inmortalidad, que en tantas historias aparece como un privilegio, aquí también puede convertirse en una aburrida y sosa condena. Si el tiempo deja de tener un límite, también puede perder parte de su sentido. Las personas desaparecen, las épocas cambian y aquello que parecía extraordinario acaba convertido en rutina.

Los directores no necesitan convertir a Drácula en un filósofo para plantear estas cuestiones. Lo hacen desde una ingenuidad y una parsimonia deliberada que encaja con la propia propuesta. La película contempla al vampiro casi como si fuera una figura decrépita pero impregnada del pop de Warhol que ha quedado atrapada en un mundo que ya no comprende del todo.

Javier Botet resulta además una elección particularmente apropiada para encarnar a esta criatura. El actor ya había interpretado al Conde en ‘El último viaje del Demeter’, y su físico, asociado durante años a algunos de los monstruos más reconocibles del cine de género español e internacional, proporciona a Drácula una presencia inevitablemente inquietante. Sobre decir que el drácula que interpreta aquí es mucho más mundano y cero efectista.

El absurdo como forma de libertad

Visualmente, ‘La muerte de Drácula’ apuesta por el blanco y negro y el formato 4:3. Una elección que refuerza su apariencia de película encontrada fuera de su tiempo, como si el mito de Drácula hubiera sobrevivido también a las propias formas cinematográficas que tradicionalmente lo han representado.

Pero esa libertad formal tiene una contrapartida. Donde ‘El fantástico caso del Golem’ encontraba un equilibrio bastante estimulante entre rareza, humor y ritmo, aquí los Burnin’ Percebes estiran demasiado algunas situaciones. Hay escenas que podrían funcionar mejor con menos duración y canciones que terminan contribuyendo a una sensación de cierta pesadez.

Es una lástima porque la película posee ideas interesantes y una personalidad muy marcada. Precisamente por ser tan despreocupada y extraña, uno tiene la sensación de que los directores no pretenden que la tomemos completamente en serio. Pero tampoco es exactamente una comedia. Y esa indefinición puede jugar en su contra cuando el metraje se detiene demasiado en determinadas situaciones.

Aun así, hay algo coherente en esa actitud. ‘La muerte de Drácula’ no parece preocupada por cumplir las expectativas de una película convencional sobre vampiros. Ni quiere ser una parodia al uso, ni un drama gótico, ni una adaptación ortodoxa del universo de Bram Stoker. Prefiere deambular entre todos esos territorios.

Ficha de ‘La muerte de Drácula’

Estreno en España: por determinar. Título original: La muerte de Drácula, Duración: 123 min. País: España. Dirección: Burnin’ Percebes, Nando Martínez, Juan González. Guion: Burnin’ Percebes, Nando Martínez, Juan González. Música: Sergio Bertan. Fotografía: Fernando Martínez. Reparto principal: Laura Weissmahr, Javier Botet. Producción: Gluon Media, Hot Potato Films. Distribución: por determinar. Género: comedia, fantástico. Web oficial.

Crítica: ‘El fantástico caso del golem’

En qué plataforma ver El fantástico caso del golem

Sinopsis

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Tras una noche de fiesta, David (David Menéndez) se precipita borracho desde una terraza ante la impotente mirada de su amigo Juan (Brays Efe). El cuerpo de David impacta contra el capó de un coche desintegrándose en mil pedazos, pero como nadie parece escandalizarse, Juan se propone descubrir qué ha pasado. Y así, se ve inmerso en un laberinto de amores fugaces, amistades irrompibles y pianos que caen del cielo.

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Crítica

Una conquista de lo excéntrico, lo inesperado y lo incorrecto

¿Recordáis aquella escena de ‘Top Secret!’ en la que un soldado se precipitaba al vacío y al impactar contra el suelo se rompía en mil pedazos cual figurita de porcelana folclórica cayéndose de un televisor de tubo? Según los directores de ‘El extraordinario caso del golem’ ese mítico gag de los ZAZ es el disparador o el punto de partida a partir del cual han tejido su trama. Nando Martínez y Juan González, aka Burnin’ Percebes, son esos artistas que a partir de esa referencia, que aparece nada más comenzar el filme y en los tráilers, han desarrollado esta comedia que tiene mucho de valiente y ningún pelo en la lengua.

Al ver la disparatada sinopsis y el desparrame de tráiler lo primero que me vino a la cabeza es ¿tendremos entre manos la ‘Ventajas de viajar en tren’ de este año? Pero esta no es una película con tanto ritmo ni tanta cadencia de gags, aunque es igualmente desconcertante. También podríamos decir que la influencia de David Zucker, Jim Abrahams y Jerry Zucker termina en el arranque del largometraje, pero tampoco pierde de vista la intención de redundar en lo absurdo. Los más gafapastas reconocerán la referencia al golem de la película de Paul Wegener y Carl Boese, pero tampoco van por ahí los tiros.

No cabe duda de que uno de los apelativos, géneros o movimientos que más se amolda a ‘El fantástico caso del golem’ es “pulp”. La premisa es de ciencia ficción y la aparición de elementos fantásticos y detectivescos mezclados con elementos populares son casi propios de la revista Weird Tales o del neo noir. E incluso la escenografía y la calidad de imagen en 16mm, un tanto desenfocada (difusa como es a veces la trama), colorista y casi de tintes batatos nos remonta al término que nació hace un siglo en USA. Con todo esto, sumado a nihilismo, pasotismo y a la vez asombro de sus personajes, a la película que más me ha recordado es a ‘El gran Lebowski’, sin afán de desmerecer su originalidad, conste. Quizá hay que dejar claro que ‘El asombroso caso del golem’ no está a la altura de la gran comedia de los Coen pero creo que es justo meterla en el mismo saco. Su propuesta cómica, repleta de momentos inauditos e incluso con una banda sonora la mar de pintoresca, es digna de respeto. No es fácil atreverse con algo tan fuera de la norma y salir airoso, sobre todo en estos tiempos de dictadura woke. Si hay que decir que el semen huele a fuet, se dice y punto.

Salta a la vista que esta es una comedia muy moderna, muy de Malasaña como se dice ahora. Absurda, hortera y extravagante. Una conquista de lo excéntrico, lo inesperado y lo incorrecto. Pero bien es cierto que en buena parte de la película falta chispa y menos regodeo en lo estrafalario pues se pierde el ritmo y se cae en la repetitividad. El leitmotiv del piano es la traca pero no es suficiente para suplir los momentos musicales o los continuos regresos a la casa del personaje principal. Un protagonista interpretado por Brays Efe que nos lleva a hablar de lo importante que es que la construcción de uno mismo y de las relaciones que establece con las personas que están en su vida. También de lo crucial que es aplicarse el aforismo nosce te ipsum.

Pero si me quedo con alguien en este filme es con el voluble y a veces desapacible personaje de Javier Botet que de nuevo aplica su carácter manchego. Consigue aportar ternura, sencillez e hilaridad a un elemento del filme que se hace cada vez más presente e imprescindible. Con él aparece otra temática que al menos yo he creído leer. Y es que hay que evitar que los nuestros se sientan solos, pero sin aplicar falsedades o buscar el beneficio propio.

Ficha de la película

Estreno en España: 16 de junio de 2023. Título original: El fantástico caso del Golem. Duración: 95 min. País: España. Dirección: Burnin’ Percebes (Nando Martínez, Juan González). Guion: Burnin’ Percebes (Nando Martínez, Juan González). Música: Sergio Bertran. Fotografía: Ion De Sosa. Reparto principal: Brays Efe, Bruna Cusí, Javier Botet, Anna Castillo, Luis Tosar, Roberto Álamo, Tito Valverde, Roger Coma, Nao Albet, David Menéndez, Clara Sans, Aimar Vega. Producción: Aquí y Allí Films, Sideral Cinema, ICAA, CREA SGR. Distribución: Sideral Cinema. Género: comedia. Web oficial: https://www.sideralcinema.com/films/el-fant%C3%A1stico-caso-del-golem