Crítica: ‘Arco’

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Apuesta por una visión optimista para el futuro de la humanidad

Algunas leyendas o cuentos narraban que si lograbas encontrar el final del arcoíris podías hallar el tesoro del leprechaun, un caldero lleno de oro. ‘Arco’ nos cuenta de manera casi metafórica que, si recuperamos la senda de ese tipo de fenómenos fantásticos, los cuales nos llenan de ilusión al verlos, podremos encontrar otro tipo de tesoros, como el de la conciencia colectiva de que el progreso solo tiene sentido si va acompañado de responsabilidad medioambiental y empatía intergeneracional. Esa es la moraleja que sobrevuela a la película desde su estreno en festivales: no se trata de regresar al pasado ni de demonizar la tecnología, sino de reconciliar al ser humano con su entorno antes de que el futuro se vuelva inhabitable.

Ugo Bienvenu, procedente del cómic y la ilustración, da el salto definitivo al largometraje con una obra que no busca agradar de manera inmediata, sino dejar poso. ‘Arco’ es una película de animación que personaliza los miedos que hoy sufre el planeta, el colapso climático, los desastres naturales extremos, la deshumanización tecnológica… Pero lo hace desde un tono inesperadamente esperanzador. No es un relato apocalíptico al uso, sino una advertencia envuelta en belleza, una llamada a la acción disfrazada de cuento futurista.

Un futuro fracturado

El mundo que presenta ‘Arco’ es uno de esos futuros que resultan inquietantes precisamente porque parecen plausibles. La humanidad se ha dividido en dos realidades: por un lado, quienes sobreviven en pequeñas cúpulas hipertecnológicas, acompañados de robots y hologramas que sustituyen el contacto humano, protegidos de las violentas tormentas, incendios y catástrofes climáticas que asolan el planeta. Por otro, una realidad que habita en enormes plataformas suspendidas, cuya disposición recuerda inevitablemente a un ajedrez tridimensional del universo de ‘Star Trek’, ese mismo tablero al que jugaba Sheldon Cooper en ‘The Big Bang Theory’. Quizá es un símil intencionado para indicarnos que estamos en jaque.

Bienvenu utiliza este escenario para plantear una fractura no solo social, sino moral. La tecnología ha permitido sobrevivir, pero también ha generado aislamiento y dependencia. Frente a ello, la fantasía, representada de manera simbólica por el arcoíris que siempre se presenta como elemento casi mítico. Aparece aquí como un recordatorio de lo que se ha perdido: la capacidad de asombro, el vínculo con la naturaleza y la idea de poder desear un futuro mejor. El choque entre fantasía y tecnología no es solo estético, sino ideológico, y se convierte casi en el verdadero motor del relato.

Voces conocidas para una historia que no busca la comedia

Uno de los aspectos más curiosos de ‘Arco’ es su reparto vocal en inglés. Natalie Portman no solo presta su voz, sino que, tras ver el material con el que había empezado la preproducción, decidió financiar la película. Un gesto que habla del compromiso artístico que percibió en el proyecto. A su alrededor encontramos nombres asociados habitualmente a la comedia como Will Ferrell, Mark Ruffalo, America Ferrera, Flea o Andy Samberg.

Sin embargo, ‘Arco’ no es una película de humor. Y es que las voces no buscan el lucimiento individual, sino reforzar la atmósfera de fábula adulta, donde cada personaje parece cargar con una culpa colectiva más que con un conflicto personal.

Una animación heredera de Miyazaki y Toriyama

Visualmente, ‘Arco’ se sitúa en una tradición muy reconocible. La influencia de Hayao Miyazaki es evidente a la hora de representar la naturaleza y en el movimiento de los personajes. Al mismo tiempo, ciertos diseños y dinámicas recuerdan a la obra de Akira Toriyama, especialmente en lo que se refiere al diseño de escenarios y todo tipo de artilugios.

Esta alineación estética no es un mero homenaje, sino una declaración de intenciones. Bienvenu entiende la animación como un lenguaje capaz de abordar temas complejos sin renunciar a la emoción ni al estilismo. Cada plano parece diseñado para reforzar el mensaje: la tecnología puede ser deslumbrante, pero también fría, la naturaleza puede parecer ingenua, pero encierra verdades arrolladoras. Como las obras de estos dos maestros, la comunión entre el progreso y nuestro entorno aparece como una comunión irremediable y casi onírica.

No es casualidad que ‘Arco’ haya sido muy premiada y que su nombre suene con fuerza en la conversación sobre los Oscars. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio Cristal a la Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy y el Premio del Público Sitges Collection en el Festival de Sitges. Ambos galardones reflejan su doble virtud: el reconocimiento crítico y la conexión emocional con el espectador.

‘Arco’ propone un viaje, una senda que, como el arcoíris de las viejas leyendas, no garantiza un tesoro inmediato, pero sí la posibilidad de encontrar algo más valioso: la voluntad de cambiar antes de que sea demasiado tarde.

Ficha de Arco

Estreno en España: 23 de enero de 2025. Título original: Arco. Duración: 82 min. País: Francia. Dirección: Ugo Bienvenu. Guion: Ugo Bienvenu, Félix De Givry. Música: Arnaud Toulon. Reparto principal (doblaje original): Oscar Tresanini, Margot Ringard Oldra, Louis Garrel, Alma Jodorowsky, Nathanaël Perrot, Vincent Macaigne, Swann Arlaud. Producción: Remembers, MountainA, France 3 Cinéma, Netflix. Distribución: Caramel Films, YouPlant. Género: Web oficial.

Crítica: ‘Fallout’ 2×01

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Mientras el yermo de Fallout se expande, la moral de los protagonistas se agrieta

La segunda temporada de ‘Fallout’ arranca con una decisión clara y, en términos dramáticos, acertada: mirar atrás para entender por qué el presente es tan cruel. El primer episodio dedica buena parte de su metraje a profundizar en el pasado del Ghoul (Walton Goggins), un personaje que ya en la anterior entrega funcionaba como conciencia torcida de la serie. Lejos de convertirlo en un simple icono violento, la temporada opta por humanizarlo aún más, explorando su origen y el proceso que lo llevó a convertirse en esa figura cínica, pragmática y letal que deambula por el yermo. Este viaje al pasado por parte de la serie de Prime Video no es un simple ejercicio de “lore” para fans del videojuego, sino una herramienta narrativa que refuerza el tono trágico de la serie y la aleja de la fantasía ligera.

En paralelo, la persecución junto a Lucy (Ella Purnell) del padre interpretado por Kyle MacLachlan se erige como motor narrativo central. La serie entiende que no hay nada más poderoso que un objetivo emocionalmente cargado, y aquí lo explota con eficacia: no se trata solo de encontrar a alguien, sino de ajustar cuentas con un pasado que nunca terminó de cerrarse. Esta línea argumental aporta gravedad y estructura a una temporada que, de otro modo, podría perderse en episodios autoconclusivos sin verdadero peso dramático.

Humor negro y violencia: el ADN intacto del yermo

Uno de los mayores aciertos de la primera temporada fue su capacidad para equilibrar drama y humor negro, y la segunda entrega no traiciona esa identidad. La violencia sigue siendo explícita, incómoda y, en muchos casos, grotescamente cómica. ‘Fallout’ continúa jugando con la idea de que el horror y la risa pueden convivir en un mismo plano, y lo hace con una puesta en escena que no teme recrearse en lo absurdo ni en lo cruel.

En este contexto, el personaje de Ella Purcell se consolida como uno de los contrapuntos más interesantes. Su inocencia, casi infantil, choca frontalmente con un mundo donde la supervivencia exige cinismo y brutalidad. La serie utiliza este contraste para lanzar preguntas incómodas: ¿es posible mantener una ética en un entorno diseñado para destruirla? ¿O la inocencia es solo una fase previa a la corrupción inevitable? Lejos de ser un simple recurso humorístico, Ella se convierte en un espejo que refleja la degradación moral del resto de personajes, reforzando ese tono retorcido que define a ‘Fallout’.

Personajes en pausa y un mundo que respira

No todo avanza al mismo ritmo, y la temporada es consciente de ello. El personaje de Maximus (Aaron Moten), por ejemplo, queda en un segundo plano durante este arranque, casi en estado de “stand by”, al contrario que el de Moises Arias que tiene más protagonismo. Esta decisión puede generar cierta frustración, pero también demuestra una voluntad clara de no saturar la narrativa. La serie prefiere dosificar sus piezas, dejando que el mundo respire y que cada arco tenga su momento.

A nivel de producción, la segunda temporada amplía el yermo con nuevas localizaciones y facciones, reforzando la sensación de un universo vivo, hostil y contradictorio. ‘Fallout’ no se limita a reproducir iconografía del videojuego, lo cual ya nos adelantaban los tráilers de esta segunda temporada, sino que la integra en un discurso propio sobre el poder, la memoria y la degradación. En este sentido, la serie confirma que su mayor fortaleza no está en la acción, sino en su mirada irónica y desesperanzada sobre lo que queda cuando la civilización se derrumba.

Crítica: ‘La asistenta’

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Sinopsis

Basada en el increíble fenómeno literario escrito por Freida McFadden.

Una joven, Sydney Sweeney, con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester, Amanda Seyfried y Brandon Sklenar. A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde…

Crítica

Un híbrido entre el spicy y el thriller doméstico que consigue tener lo suyo de insólito

‘La asistenta’ es la nueva apuesta de Paul Feig por los relatos centrados en mujeres, pero esta vez se aparta de la comedia como ‘Cazafantasmas’ o el thriller juguetón de ‘Un pequeño favor’ para sumergirse en un híbrido inesperado: un thriller romántico con pinceladas de terror. Feig, que vuelve a confiar el peso de su película a un reparto femenino, construye una narración que combina melodrama, sensualidad y oscuridad psicológica, una mezcla que promete más de lo que finalmente entrega, pero que resulta curiosamente magnética.

Desde sus primeros compases queda claro que ‘La asistenta’ conecta mejor con quienes disfrutan de las novelas de Freida McFadden. No he leído la obra original, pero si la película es fiel al espíritu del libro, estamos ante una historia dirigida a un público que busca intensidad emocional, giros retorcidos y erotismo tipo spicy literario. Amanda Seyfried encarna una figura que podría haberse escapado de ‘M3gan’, con esos vestidos y una actitud imprevisible mezclada con un aura de inestabilidad que apenas necesita palabras para desplegarse. Frente a ella, Sydney Sweeney sostiene el verdadero eje de la trama, atrapada entre la fascinación y el desconcierto.

‘La asistenta’ parece querer seguir la senda de clásicos como ‘La mano que mece la cuna’, pero pronto evidencia que sus intenciones van por otro camino. Feig nos traslada desde escenas marcadas por el deseo adolescente hasta estallidos de violencia emocional y física que rompen por completo la atmósfera inicial. Cuando ‘La asistenta’ se atreve a abrazar su naturaleza más oscura y a jugar con las expectativas del espectador, la propuesta funciona, sorprende y demuestra personalidad. El problema es que estos momentos inspirados llegan tras una acumulación de escenas románticas, malentendidos y subtramas que estiran más de lo necesario el metraje. Da la sensación de que Feig ha querido conservar cada latido de la novela sin detenerse a pensar en las exigencias del lenguaje cinematográfico. Quizá es por eso que el segmento explicativo hacia el final contado desde dos perspectivas resulta excesivamente largo, un lastre que habría funcionado mejor desde la insinuación que desde la sobreexposición. Feig apuesta por aclararlo todo cuando el misterio habría permitido una resolución más elegante.

En su tramo final se notan varios fallos de coherencia: decisiones narrativas precipitadas y un uso poco claro del rol de Michelle Monrroe, que habría necesitado un desarrollo más sólido son solo un par de ejemplos claros. Aun así, es probable que una parte del público pase por alto estos descuidos porque la película introduce elementos que, al menos, se salen de lo convencional. La protagonista, por ejemplo, permanece en una espiral de locura de la que cualquiera querría escapar, pero la trama construye motivos, algunos creíbles, otros puramente morbosos, para retenerla en ese espacio mental y físico.

‘La asistenta’ también busca momentos de humor y deja espacio para la sobreactuación de Seyfried, algo que la actriz parece manejar con plena conciencia. Aunque el atractivo erótico de Brandon Sklenar y de Sweeney se explota constantemente, la auténtica fuerza motora del filme es la dinámica entre Sydney Sweeney y Amanda Seyfried. Ellas sostienen incluso los tramos menos inspirados. Aunque su final, la manera en cómo se resuelve su relación, llega de manera abrupta y con necesidad de echarle imaginación, los duelos que van protagonizando son cada vez más inquietantes e intensos. Si no fuese por ese tira y afloja bien mantenido por ambas actrices, la película no se habría mantenido.

Ficha de La asistenta

Estreno en España: 1 de enero de 2025. Título original: The Housemaid. Duración: País: Dirección: Paul Feig. Guion: Freida McFadden, Rebecca Sonnenshine. Música: Theodore Shapiro. Fotografía: John Schwartzman. Reparto principal: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michele Morrone. Producción: Lionsgate, Hidden Pictures, Feigco Entertainment. Distribución: Diamond Films. Género: suspense. Web oficial: https://thehousemaid.movie/

Crítica: ‘Keeper’

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¿Terror incomprendido o sustancia escasa?

Tatiana Maslany y Rossif Sutherland protagonizan lo nuevo de Osgood Perkins, ‘Keeper’. A primera vista, la cinta se presenta como un “cabin in the woods”, un clásico punto de partida para el cine de terror, pero rápidamente queda claro que su apuesta estética supera a su fuerza narrativa, la cual, busca criticar la masculinidad tóxica.

Aunque ha declarado que siempre intenta hacer películas de terror marcadamente diferentes entre sí, Perkins hace de ello una fortaleza y ha destacado como director por crear atmósferas densas e inquietantes, como se vio ‘Longlegs’ donde parecía imitar el estilo de Fincher y en ‘Gretel & Hansel’ en la que la fotografía rememoraba a la de Eggers. La fotografía, a cargo de Jeremy Cox, explora la cabaña aislada con un ojo sofisticado para la textura visual: vistas obstruidas por objetos, estancias que se estrechan y planos cerrados que funcionan más como pequeñas pinturas que como herramientas narrativas claras. Estas imágenes muchas veces recuerdan a cuidadosos posts de postureo marca Instagram, perfectamente iluminados y compuestos, pero que, en conjunto, no llevan a ningún lugar sorprendente. Además ‘Keeper’ parece obsesionada con evitar los clichés del género, especialmente el jump scare fácil y, en su lugar, apuesta por crear momentos visuales perturbadores, con sorpresas camufladas constantemente pero sin el estruendo o el sobresalto fácil.

Es aquí donde la película exhibe su principal virtud y su mayor limitación: Perkins maneja con maestría lo visual y lo sensorial, pero lo hace para insinuar más de lo que realmente define. No es que la cinta sea “lenta” en el sentido clásico o manido, sino que ofrece poco desarrollo real durante largos tramos de su metraje, ofrece muy pocas migajas que nos hagan seguir con interés su camino.

El planteamiento inicial es sencillo: Liz (Tatiana Maslany) y Malcolm (Rossif Sutherland) viajan a una cabaña en el bosque para celebrar su primer aniversario, pero pronto las cosas toman un giro inquietante cuando Malcolm se ausenta inesperadamente y Liz queda sola con presencias o sensaciones extrañas que surgen, sobre todo, a través de visiones o presentimientos más que de hechos concretos.

Perkins juega con insinuaciones: sugerir que algo está mal, explorar rincones y encuadres cerrados para incomodarnos, usar sonidos y música como una presencia más. Sin embargo, esta estrategia de “mostrar sin decir” termina por dar lugar a largos lapsos donde la película se siente como un mero ejercicio de estilo. Una y otra vez confiamos en que algo significativo va a ocurrir o en que el desenlace nos recompensará por la espera… y la realidad es que el final tampoco guarda un giro lo suficientemente original como para equilibrar el trayecto.

Desafortunadamente la fuerza interpretativa de la protagonista no se ve respaldada por una construcción sólida de personaje o de relación. La dinámica entre Liz y Malcolm nunca se siente suficientemente profunda o convincente, lo cual diluye el impacto de cualquier confrontación emocional o terrorífica que el guion pretenda provocar. Esa elección es respetable y, en muchos casos, logra que escenas aisladas queden grabadas en la mente del espectador (pocas más de las que vemos en el tráiler).

Incluso la parte final, donde la película “recuerda” que es un film de terror, ofrece algo de catarsis visual, pero no presenta un giro narrativo que se sienta genuinamente sorprendente o memorable. ‘Keeper’ se queda por eso en aguas de borraja con lo sugerido, sin atreverse a entregar una revelación poderosa o una reflexión profunda sobre sus temas de relación, miedo y vulnerabilidad. Puede funcionar como una obra de arte visual pero su vacuidad narrativa la convierte en una experiencia que muchos espectadores percibirán como aburrida o excesivamente ambigua.

Ficha de ‘Keeper’

Estreno en España: 19 de diciembre de 2025. Título original: Keeper. Duración: 99 min. País: EE.UU. Dirección: Oz Perkins. Guion: Nick Lepard. Música: Edo Van Breemen. Fotografía: Jeremy Cox. Reparto principal: Tatiana Maslany, Rossif Sutherland. Producción: Oddfellows Productions, Range Media Partners, Wayward Entertainment, Wellcome Villain. Distribución: DeAPlaneta. Género: terror. Web oficial.

Crítica: ‘El extranjero’

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Crítica

Entre la fidelidad a Camus y la frialdad narrativa de Ozon

‘El extranjero’, la nueva película de François Ozon, se adentra en un terreno que parecía inevitable: la adaptación de la célebre novela de Albert Camus. A primera vista, la combinación suena casi perfecta, pues ambos autores, cada uno en su disciplina, han dedicado su obra a cuestionar la vida y sociedad, sus absurdos y contradicciones. El resultado, sin embargo, es una propuesta profundamente existencialista, cargada de reflexiones valiosas, pero también marcada por un ritmo pausado, casi inmóvil, que pondrá a prueba la paciencia del espectador.

La cinta sigue a Meursault, un hombre aparentemente insensible, que vive como si se tratase de un autómata. Su mirada fría y su forma de caminar por la vida transmiten una desconexión total con el mundo. Apenas se inmuta cuando su madre muere, a la que había dejado en una residencia como si fuese una extraña. Y en el fondo, ese es uno de los temas centrales: Meursault es un extranjero tanto en la vida de su madre como en la suya propia.

Más allá del retrato íntimo del protagonista, la película funciona como un breve fresco sobre la Francia colonialista. La Argelia de Camus resurge como un territorio mestizo, atravesado por tensiones sociales y culturales, donde Francia es, en última instancia, una potencia extranjera. El contraste entre pertenencia y desarraigo resuena con fuerza en cada rincón de la historia.

‘El extranjero’ es, en definitiva, una película de hechos y consecuencias, con muy pocos porqués. La trama se despliega sin giros sorprendentes, sin respuestas tranquilizadoras. El asesinato que articula la narración desde el minuto cero cae en el olvido y se resuelve de forma insustancial, como si el acto más grave de la vida de Meursault no fuese más relevante que un simple accidente. Esa falta de trascendencia, que puede resultar frustrante para muchos, es precisamente la clave: aceptar el sinsentido de la vida, tal como proponía Camus.

Ozon ha plasmado con fidelidad el espíritu del Premio Nobel. Cuestionar la película es, en cierto modo, cuestionar la propia obra de Camus. Para gustos, los colores… o en este caso, la escala de grises. François Ozon logra trasladar la esencia del absurdo camusiano con imágenes contenidas y una puesta en escena sobria. Filmar en blanco y negro refuerza la sensación de distancia y atemporalidad. La escala de grises no solo remite a la época colonial en Argel, sino que convierte cada plano en un espejo de lo que Camus proponía: un mundo sin color, sin adornos, donde lo que vemos es lo que hay. El blanco y negro, en este sentido, aporta crudeza y evita cualquier romanticismo que pudiera suavizar el relato.

Ficha de El extranjero

Estreno en España: 19 de diciembre de 2025. Título original: L’Étranger. Duración: 120 min. País: Francia. Dirección: François Ozon. Guion: François Ozon. Música: Fatima Al Qadiri. Fotografía: Manuel Dacosse. Reparto principal: Benjamin Voisin, Rebecca Marder, Denis Lavant, Pierre Lottin, Swann Arlaud. Producción: FOZ, Gaumont, France 2 Cinéma, Macassar Productions, Scope Pictures, Canal+. Distribución: BTeam Pictures. Género: drama, misterio, adaptación. Web oficial.

Crítica: ‘Valor sentimental’

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Una poderosa reflexión sobre lo no dicho y lo no curado

Estamos ante una obra que transciende la mera relación familiar para explorar, con una precisión clínica y una sensibilidad emocional profunda, las heridas que no sabemos nombrar y los silencios que acosamos demasiado tiempo. En ‘Valor sentimental’, la cual, ha recibido ovaciones extensas en festivales como Cannes, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado, Joachim Trier se sumerge en temas de vínculos humanos y memoria y lo hace desde una perspectiva muy madura, dolorosamente íntima y aunque suene a tópico, muy universal.

El eje de la película es la relación entre Gustav Borg (Stellan Skarsgård), un director de cine de renombre que, tras años de ausencia autoimpuesta y tras la muerte de su exmujer, intenta reconciliarse con sus hijas Nora (Renate Reinsve) y Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas). El conflicto surge cuando Gustav, en un intento torpe pero sincero de acercarse a su hija mayor, le ofrece el papel principal en su nueva película, la cual ha diseñado cuidadosamente para explorar la memoria de la familia y los traumas que los marcaron como vamos descubriendo muy poco a poco. En un giro que introduce una tercera voz en la dinámica, Gustav contrata a Rachel Kemp (Elle Fanning), una actriz estadounidense en plena efervescencia que se incorpora la producción en un intento genuino de comprender a Gustav y, a su manera, lo que significa ser parte de una familia fracturada.

La mayor parte de ‘Valor sentimental’ transcurre en una casa familiar centenaria, una estructura que, como en ‘Here’ de Robert Zemeckis, no es un simple escenario sino un personaje silencioso que guarda ecos, recuerdos y heridas. El estado físico de la casa, fría, agrietada, con rincones que parecen susurrar secretos, refleja la psique de una familia que se ha fragmentado a lo largo de los años. Cada habitación, cada pasillo, funciona como un repositorio de emociones no resueltas, y Trier utiliza esta ubicación no solo como telón de fondo, sino como una metáfora del peso del pasado que todos llevan consigo.

Trier construye la narrativa con paciencia escandinava: los momentos más significativos no están en los grandes discursos, sino en los silencios incómodos, en las miradas evasivas y en los gestos que no pueden traducirse a palabras. La película trata explícitamente sobre la dificultad de hablar de lo doloroso, sobre cómo las familias evitan ciertas conversaciones y, sin embargo, esas evasiones son las que más daño causan. La relación entre padre e hija mayor ilustra con brutal honestidad cuán profundas pueden ser las heridas que no se nombran.

Más allá de ser un drama familiar, ‘Valor sentimental’ se posiciona como una meditación sobre el arte como vía de escape y como forma de procesamiento emocional. Gustav, en su regreso al cine, intenta con todas sus imperfecciones transformar experiencias dolorosas en creación artística. Esta dinámica levanta preguntas que la película deja latentes: ¿puede el arte sanar verdaderamente? ¿O simplemente es un espejo que nos fuerza a enfrentar aspectos de nosotros mismos que preferiríamos ignorar? Trier no responde de manera concluyente, pero sí demuestra cómo, a lo largo de una carrera dedicada a la exploración artística, uno puede intentar encontrar un lenguaje para los miedos y las penas que no se manifiestan en palabras comunes.

Aunque en tono ‘Valor sentimental’ no se acerca a la comedia inconformista de ‘Toni Erdmann’, de Maren Ade, ambas películas comparten un interés por la complejidad de los vínculos entre padres e hijos. En ‘Toni Erdmann’, el choque generacional se expresa a través de situaciones absurdas y humor incómodo. En ‘Valor sentimental’, esa fricción se expresa a través de la solemnidad del duelo, la ausencia y la búsqueda de significado. Se asimila a otras obras que también indagan en las relaciones paternofiliales complejas, donde el arte, la memoria y la necesidad de comprensión mutua son centinelas emocionales. En cada una, el padre, imperfecto, a veces egoísta, a veces incomprendido, se convierte en el espejo donde los hijos deben confrontar sus propias heridas.

Si bien es cierto que ‘Valor sentimental’ es una obra que exige paciencia y reflexión sin ofrecer conclusiones fáciles ni soluciones dramáticas prefabricadas, gira en torno a una idea valiosa como es la de la comprensión mutua, el perdón y la confrontación de lo no dicho. En una época donde el cine contemporáneo muchas veces prioriza el impacto inmediato, Trier apuesta por la sutileza, por los matices, por los silencios que gritan, y en ese espacio reside la fuerza de esta película.

Ficha de ‘Valor sentimental’

Estreno en España: 5 de diciembre de 2025. Título original: Sentimental Value. Duración: 130 min. País: Noruega. Dirección: Joachim Trier. Guion: Joachim Trier, Eskil Vogt. Música: Hania Rani. Fotografía: Kasper Tuxen. Reparto principal: Renate Reinsve, Stellan Skarsgård, Inga Ibsdotter, Elle Fanning. Producción: Mer Film, Eye Eye Pictures, mk2 Productions, Lumen Production, Komplizen Flm, BBC Film. Distribución: Elástica. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Aro berria’

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Un mapa espiritual de las utopías comunales en el País Vasco que se percibe como arqueología social

Desde hace tiempo reside en los montes vascos un grupo de personas autodenominados movimiento que a partir del fenómeno hippie desarrolló otra manera de ver la vida. La presencia de la secta Yellow Deli en Donostia ha generado durante años una mezcla de fascinación, inquietud y desconcierto. Su estética amable, el aparente bienestar comunitario y la promesa de una vida alternativa han servido para alimentar un mito contemporáneo: el de quienes desean escapar de la sociedad productivista para refugiarse en un ideal colectivo. ‘Aro berria’, debut en el largometraje de Irati Gorostidi, se desplaza en una frecuencia similar, aunque con un punto de partida totalmente distinto. Si el grupo donostiarra se inserta en una tradición espiritual que roza lo sectario, la película se sumerge en otra clase de fuga: la que nace en los márgenes obreros, desde la fractura social y el desencanto político que siguió a la caída del franquismo.

El propio título, Aro berria, que significa “nueva era”, funciona como declaración de intenciones. Gorostidi utiliza este concepto para explorar cómo los movimientos New Age, las comunas y los grupos alternativos no son una invención de otros países ni de otras décadas, sino realidades que han germinado también en nuestra geografía y en nuestro pasado reciente. La película no se limita a reproducir clichés sobre vidas comunitarias, sino que dialoga con las raíces históricas que las hicieron posibles.

El punto germinal de esta obra está en el cortometraje ‘Contadores’, donde la directora ya abordaba la crisis del sector del metal y el profundo desencanto político de la transición. Ese universo vuelve aquí ampliado y complejizado: la huida al campo funciona como consecuencia lógica para unos personajes agotados por un sistema que parece haberlos dejado atrás desoyendo sus voces e ignorando sus esfuerzos. Lo que antes fueron comunas hippies en los años 60 o 70, hoy se manifiesta en retiros espirituales, estancias de mindfulness y búsquedas coaching de todo tipo. Las crisis, como las modas, se repiten de forma cíclica, y Gorostidi edifica su relato sobre esa repetición histórica, sobre esa incapacidad del ser humano de encontrar un equilibrio duradero entre lo individual y lo comunitario.

La película aborda también una cuestión fundamental: el ser humano es social, y de esa premisa nacen continuamente nuevas fórmulas de convivencia. Cada vez que surge un grupo alternativo, inevitablemente reaparecen debates sobre la libertad sexual, los modelos de familia, la redistribución del trabajo y las jerarquías invisibles que acaban por reproducirse incluso en entornos que presumen de horizontales. ‘Aro berria’ articula estos temas sin subrayados, dejando que broten a través de discusiones entre los propios protagonistas, que representan distintos grados de fe, escepticismo y desorientación.

Es precisamente en esos debates donde la película alcanza sus momentos más interesantes. Cuando los personajes dialogan, discrepan o defienden con vehemencia sus pequeñas utopías, la película respira y se vuelve rica en matices. Sin embargo, las dinámicas de grupo, esas escenas ritualizadas, largas, a veces repetitivas,  pueden resultar cargantes. Entendibles en lo conceptual, pues buscan sumergir al espectador en el ritmo casi hipnótico de la comuna, pero quizá demasiado estiradas en la ejecución.

Aun así, hay que reconocer la exigencia interpretativa que la directora plantea y la notable complicidad que obtiene del elenco. Cada actor parece entender que el gesto mínimo, la mirada vacilante o la entrega en cuerpo y alma son fundamentales para transmitir la fragilidad del experimento comunitario.

‘Aro berria’, además, posee un valor documental nada desdeñable: nace de una experiencia personal, de vivencias que la propia Gorostidi ha recogido en fotografías y materiales reales que aparecen en los créditos. Este anclaje en lo autobiográfico le dota de una honestidad poco común y convierte la película en un puente entre la memoria íntima y la memoria colectiva.

Irati Gorostidi firma así una obra que no solo examina un fenómeno social mal conocido, el de las comunas surgidas en España más allá de los tópicos estadounidenses, sino que nos invita a preguntarnos qué buscamos cuando decidimos romper con todo. Si la “nueva era” prometida existe, no está tanto en la utopía comunitaria como en la necesidad humana, eterna y repetida, de reinventarse frente a cada crisis.

Ficha de la película

Estreno en España: 12 de diciembre de 2025. Título original: Aro Berria. Duración: 102 min. País: España. Dirección: Irati Gorostidi. Guion: Irati Gorostidi. Música: Ion de Sosa. Fotografía: Apellaniz y de Sosa, Señor & Señora. Reparto principal: Maite Mugerza Ronse, Óscar Pascual López, Aimar Uribesalgo Urzelai, Edurne Azkarate, Jon Ander Urresti Ugalde. Producción: Apellaniz y de Sosa y Señor & Señora. Distribución: Elástica. Género: dama. Web oficial: https://elasticafilms.com/catalogofilms/aro-berria/

Crítica: ‘Five Nights at Freddy’s 2’

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Sinopsis

Ha transcurrido un año desde que fuimos testigo de la pesadilla sobrenatural en la pizzería de Freddy Fazbear. La historia de lo que ocurrió allí ha ido adquiriendo la talla de leyenda local, e incluso ha dado pie al primer “Faszfest”.

El exguarda de seguridad Mike (Josh Hutcherson) y la agente de policía Vanessa (Elizabeth Lail) han ocultado la verdad a Abby (Piper Rubio), la hermana de 11 años de Mike, acerca del destino de sus amigos animatrónicos.

Pero cuando Abby decide reconectar con Freddy, Bonnie, Chica y Foxy, desatará una serie de acontecimientos aterradores que revelarán oscuros secretos sobre el verdadero origen de Freddy’s, desencadenando un horror que llevaba décadas escondido y olvidado.

Crítica

La única máquina bien engrasada aquí es el departamento de merchandising

Resulta imposible acercarse a ‘Five Night at Freddy’s 2’ sin reconocer primero el peso del fenómeno que la sostiene. El videojuego original marcó a toda una generación con su fórmula de terror minimalista y altamente viral, y su salto al cine confirmó ese arrastre: la primera entrega fue un récord de taquilla inesperado, impulsado por un fandom gigantesco que acudió en masa más por lealtad que por expectativas artísticas. Ese éxito creó una presión peculiar para esta secuela, que llega con la obligación de demostrar que la saga puede ofrecer algo más que un eco diluido del juego. Lamentablemente, lo que entrega Emma Tammi es una continuación que pretende legitimarse en la magnitud del fenómeno, pero que jamás encuentra una voz cinematográfica propia.

Como película de terror, ‘Five Night at Freddy’s 2’ es un catálogo de lugares comunes del género. Blumhouse, que lleva años explotando fórmulas repetidas hasta la extenuación, parece no haber aprendido nada del desgaste del público. La cinta cae en decisiones ilógicas que rompen cualquier intento de tensión, muestra una mecánica narrativa incapaz de sostener el suspense durante más de unos segundos, y despliega una historia tan vaga que apenas hay una hebra a la que agarrarse. El sentido del terror es nulo: todo se reduce a sobresaltos puntuales, trucos visuales y una falta absoluta de creatividad que evidencia un agotamiento preocupante. Aún así, tanto su clímax (si puede llamarse así) como su escena post-créditos son una declaración de intenciones por continuar con esto.

Conviene recordar que la primera entrega batió récords de taquilla, pero lo hizo empujada por un efecto llamada generado por los fans del videojuego, que acudieron en masa más por identificación cultural que por el valor cinematográfico de la propuesta. Ese tipo de fenómenos son, por naturaleza, impredecibles. Si esta secuela logra repetir cifras, sería más una señal inquietante sobre el perfil del público (impresionable, acrítico y cada vez menos exigente) que una prueba de que la película funciona. La taquilla, esta vez, no debería confundirse con calidad, aunque el tiempo nos ha dado la razón a los que vimos cero arte o siquiera divertimento en la primera pues ha acumulado puntuaciones sobre el 5 o menos en webs como IMDB, Letterbox, Rotten Tomatoes o Filmaffinity.

En su vínculo con el videojuego, ‘Five Night at Freddy’s 2’ sigue la estrategia de ampliación del lore: nuevos personajes, nuevas criaturas y, por supuesto, un surtido de muñecos listos para inundar las tiendas en Navidad. La gran incorporación es Marionette, cuya presencia pretende elevar el componente de posesiones y expandir el misticismo del universo. Pero el guion introduce estos elementos sin la más mínima intención de construir una base sólida o un trasfondo coherente. Todo ocurre porque sí, sin lógica interna y sin profundizar en aquello que, en el juego ganó trasfondo con el tiempo. Un excesivo tiempo sin respuestas mínimamente elaboradas que el séptimo arte no suele tolerar. La película imita su fuente, pero parece no entender que ese punto ya ha sido superado y nos encontramos ante otros códigos o hábitos de consumo.

El resultado es una secuela que aspira a capitalizar la marca sin ofrecer nada memorable. Una obra que se apoya demasiado en un fandom fiel y que parece asumir que cualquier movimiento mecánico de sus animatrónicos será suficiente para generar emoción. ‘Five Night at Freddy’s 2’ no solo decepciona por comparación: decepciona porque no intenta nada más y ni siquiera sabe ubicar a sus personajes o moverles con su propia lógica.

Ficha de la película

Estreno en España: 5 de diciembre de 2025. Título original: Five Nights at Freddy’s 2. Duración: 104 min. País: EE.UU. Dirección: Emma Tammi. Guion: Scott Cawthon, Seth Cuddeback, Emma Tammi. Música: The Newton Brothers. Fotografía: Lyn Moncrief. Reparto principal: Josh Hutcherson, Piper Rubio, Theodus Crane, Matthew Lillard, Freddy Carter, Wayne Knight, Mckenna Grace, Skeet Ulrich, Megan Fox. Producción: Scott Games, Blumhouse, Universal Pictures. Distribución: Universal Pictures. Género: adaptación, terror. Web oficial: https://www.blumhouse.com/film/five-nights-at-freddy-s-2

Crítica: ‘Papeles’

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Sinopsis

Atrapada en el escándalo mundial de los Papeles de Panamá, Ana Méndez, directora jurídica del bufete Shubbert & Fassano, se enfrenta a un ataque mediático sin precedentes contra el país y el bufete en el que trabaja. Acusada de blanqueo de capitales, es perseguida por el fiscal Roberto Ramírez y la Interpol, por lo que Ana escapa a la selva para evitar su encarcelamiento. Allí, la soledad y la ausencia de sus tres hijos y de Eric, su marido, le causan un daño irreparable.

Crítica

Consigue ir más allá convirtiéndose en un acto de reivindicación frente al morbo mediático

Si hablamos de los Papeles de Panamá nos encontramos que todo el mundo conoce la enjundia de ese caso o ha oído nombres (rumoreados o confirmados). Los nombres de los famosos supuestamente implicados han sido muchos, pero casi nadie se ha preocupado nunca, salvo prensa o profesionales especializados, en confirmarlos pues es mejor ceder ante el cotilleo y el vapuleo popular. Y ni que decir tiene sobre indagar acerca de qué sucedió detrás o a qué personajes anónimos impactó.

Ahora, cuando parece que ya casis nadie se acuerda pero es un tema relativamente reciente, llega a las salas la película ‘Papeles’ con una propuesta sorprendentemente íntima para tratarse de un escándalo global. Más allá de los nombres que alimentaron semanas de morbo internacional el filme de Arturo Montenegro se sumerge en cómo funcionaba el engranaje que creaba las sociedades offshore que aparecían en estos archivos y en quienes eran los profesionales que los gestionaban. Esa es precisamente la grieta por la que se cuela Montenegro: la historia de los prácticamente anónimos, de quienes trabajaban en la maquinaria sin comprender todas las implicaciones o sin poder escapar a la presión de un sistema que los superaba.

La protagonista, Ana Méndez (interpretada por Megan Montaner), es un personaje ficticio, pero funciona como un espejo nítido de las más de dos decenas de empleados de la firma panameña que fueron enjuiciados y absueltos recientemente tras aquel terremoto mediático. Montenegro renombra la empresa real Mossack Fonseca como Shubbert Fassano, justificándolo con habilidad dentro del relato: una película que apunta de forma crítica no solo al sistema global de evasión y blanqueo, sino también al propio Occidente, al modo en que bautizó el escándalo y cargó contra Panamá como símbolo, ignorando la auténtica red internacional de corrupción que alimentaba esas estructuras.

El filme recuerda cómo estas sociedades offshore no eran ilegales por naturaleza, el problema surgía cuando se usaban para ocultar identidades, mover dinero sin control fiscal y facilitar corrupción o blanqueo de capitales. En ‘Papeles’, la creación de estas empresas se retrata con una ironía muy eficaz: nombres tan vagos, impersonales y absurdamente creados que estaban a la altura del alias de un jugador de Fortnite. Esa gestión imaginativa de corporaciones fantasma en Shubbert Fassano se convierte en un retrato casi surrealista de la burocracia del dinero invisible.

Pero Montenegro no se entretiene en explicar el mecanismo financiero ni en señalar con el dedo a políticos o celebridades. Esta no es una película política o punzante pese a contar con actores tan activistas como Carlos Bardem. De hecho, evita mencionar a muchos de los implicados reales y también prescinde de citar el nombre o nacionalidad reales de la periodista asesinada y que estaba investigando el caso (Daphne Caruana Galizia). En vez de eso, la película se concentra en el impacto personal, en cómo la digitalización completa del archivo de la firma y su posterior filtración y hackeo, destrozó vidas de empleados que, en su mayoría, no eran villanos internacionales, sino trabajadores atrapados en un sistema lucrativo que siempre protegió a los verdaderos beneficiados.

Este enfoque puede levantar suspicacias: habrá quien piense que ‘Papeles’ intenta lavar la imagen de ciertos protagonistas del caso. Pero me da la impresión de que la pretensión es más noble y el filme se posiciona claramente en otro terreno, defendiendo que la indignación global se cebó con los rostros más accesibles y pagaron el pato aquellos que no debían. Así, la película actúa como una llamada a mirar más allá del escándalo y preguntarnos quién paga realmente las facturas emocionales de un mundo obsesionado con el morbo y el vapuleo, incluso cuando eso signifique caer en la calumnia.

Ficha de la película

Estreno en España: 5 de diciembre de 2025. Título original: Papeles. Duración: 108 min. País: Panamá. Dirección: Arturo Montenegro. Guion: Andry J. Barrientos, Andrés Clemente, Arturo Montenegro. Música: Carla F. Benedicto. Fotografía: Aaron Bromley. Reparto principal: Megan Montaner, Carlos Bardem, Antonio Dechent, Gustavo Bassani. Producción: Q Films, El Sueño Eterno Pictures, Criatura Cine. Distribución: #ConUnPack. Género: suspense. Web oficial: https://www.eternopictures.com/papeles

Crítica: ‘Blue moon’

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Sinopsis

En la noche del 31 de marzo de 1943, el legendario letrista Lorenz Hart se enfrenta a su dañada autoestima en el bar Sardi mientras su antiguo compañero creativo Richard Rodgers acoge la noche inaugural de su exitoso musical ¡Oklahoma!

Antes de que la noche acabe, Hart se habrá enfrentado tanto a un mundo que ya no valora su talento como a la aparente imposibilidad del amor.

Crítica

Todo un interrogatorio a la memoria cultural

Hay artistas cuyo nombre se desvanece mientras sus obras siguen resonando durante décadas. Figuras esenciales, pero invisibles, eclipsadas por los intérpretes que ponen voz o rostro a sus creaciones. Durante buena parte del siglo XX, los escritores y compositores eran arquitectos del espectáculo, auténticas fuerzas creativas del showbusiness, respetadas, escuchadas y hasta deseadas. Con el tiempo, muchos de ellos quedaron relegados a la nota a pie de página de un programa, a un espacio secundario en la memoria colectiva. ‘Blue moon’, la nueva película de Richard Linklater, se sumerge precisamente en ese territorio: el de un genio cuyos versos moldearon la cultura popular, pero cuya presencia física se perdió entre bambalinas.

Y lo hace desde la palabra, desde unos diálogos, por momentos auténticos soliloquios, que reconstruyen no tanto la vida de Lorenz Hart como el carácter satírico, irónico y vulnerable que dio forma a sus obras. Ethan Hawke soporta casi todo el peso del relato, llenando cada plano con una interpretación que no solo aguanta estos torrentes verbales cargados de sinceridad, sino que los vuelve hipnóticos. Linklater sitúa la cámara al servicio de la voz, del ingenio y del desgaste interior de Hart, permitiendo que el propio discurso se convierta en la columna vertebral del filme más allá de los rostros conocidos. Y lo hace con la simpleza de una obra teatral que se inspira únicamente en las cartas que Hart mantenía con su amor platónico.

La película muestra a Hart como un letrista brillante pero atormentado, sin ocultar su alcoholismo y sin reducir su figura al cliché del genio herido. Es por eso que nos ofrece momentos de soberbia y falsedad pero también de humildad y honestidad. El director incorpora detalles sobre su influencia cultural, desde la forma en que sus letras impregnaron generaciones hasta sus contactos con cineastas como George Roy Hill, responsable de ‘Dos hombres y un destino’ o posibles coincidencias con figuras de la talla del ensayista Elwyn Brooks White, el cual para muchos sentó cátedra. Son gestos discretos, pero reveladores, que recuperan la dignidad de un talento a menudo olvidado.

‘Blue moon’ también se detiene en temas universales: el ocaso de la fama, la amistad que se deshace por los errores, la pérdida de profesionalidad y un público que ya no valora la complejidad. Para mi esto último es lo más valioso pues interpela con el espectador. Es una defensa abierta de las obras que exigen algo más que consumo pasivo. Linklater parece recordarnos que el espectáculo no siempre fue un producto acelerado y gratuito: hubo un tiempo en que el público reclamaba densidad, y los creadores, respeto. El largometraje parece todo un interrogatorio a nuestra memoria cultural y ciertamente, si lo pensamos bien, esta película no podrá hacerse igual dentro de unas décadas, no desde la nostalgia por un patrimonio mejor, quizá desconsolados por haber permitido que generaciones crezcan con vagos entretenimientos y no con obras más intelectualmente sugerentes.

En paralelo, el filme juega con trucos visuales para ajustar la estatura de Hawke (1,80 m) a la del verdadero Hart, que rondaba 1,50 m. Perspectivas, vestuario, escenografía, desenfoques… una coreografía técnica constante que, aunque ingeniosa, a veces desvía la atención de unos textos que ya son lo suficientemente poderosos por sí mismos. No empaña la experiencia, pero sí introduce un pequeño ruido visual dentro de un relato dominado por la palabra.

El resultado de ‘Blue moon’ es una película íntima, discursiva y profundamente humana. Un homenaje a un creador discreto cuyo legado, lejos de encoger, sigue expandiéndose cada vez que alguien escucha una de sus líneas. ‘Blue moon’ no solo rescata a Hart del olvido: reivindica el valor de quienes construyen desde las sombras.

Ficha de la película

Estreno en España: 28 de noviembre de 2025. Título original: Blue moon. Duración: 100 min. País: EE.UU. Dirección: Richard Linklater. Guion: Robert Kaplow. Música: Graham Reynolds. Fotografía: Shane F. Kelly. Reparto principal: Ethan Hawke, Margaret Qualley, Bobby Cannavale, Andrew Scott. Producción: Sony Pictures Clasics, Renovo Media Group, Detour Pictures, Wild Atlantic Pictures, Cinetic Media, Not to be Seen Productions, Under the Influence Productions, Concord Originals. Distribución: Sony Pictures. Género: drama. Web oficial: https://www.sonyclassics.com/film/bluemoon/

Crítica: ‘Bella’

Sinopsis

La infancia de Bella estuvo marcada por el abandono y la soledad, hasta que conoció a Ponce, un artista idealista en el que vio a su príncipe azul. Seis años después, la joven vive en una lujosa mansión, madre de dos hijos y dueña de una galería de arte, con la apariencia de una vida perfecta. Sin embargo, tras esa fachada se esconde una realidad devastadora: años de abusos y violencia psicológica. Una noche, Bella comprende que la única manera de salvarse es escapar de la pesadilla en la que se ha convertido su matrimonio.

Crítica

Un mapa tan repleto de red flags que es pedagogía imprescindible

‘Bella’ es una obra que llega en un momento indispensable para la conversación social sobre la violencia de género, pero lo hace desde un prisma poco habitual: la animación. Lejos de la estética efectista o del drama reconstruido con actores de carne y hueso, Manuel H. Martín y Amparo Martínez Barco optan por un lenguaje visual delicado, casi ingenuo, para contar una historia que jamás debería serlo. Y, sin embargo, funciona. Quizá porque, precisamente, esa sencillez formal subraya con más contundencia la gravedad de lo que muestra.

La película está inspirada en la historia real de Ana Bella Estévez, superviviente de violencia machista y creadora de la Fundación Ana Bella para la Ayuda a Mujeres Maltratadas y Madres Separadas. El filme recoge, destila y transforma su experiencia para convertirla en relato universal, un relato que ilumina un proceso que demasiadas veces resulta invisible incluso para quien lo está viviendo.

‘Bella’ no se limita a ser una denuncia ni un memorial: es una herramienta pedagógica que analiza con rigor el modo en que se activa, se construye y se sostiene la violencia psicológica y física dentro de la pareja. La película plantea las “red flags” más comunes, señales que aparecen desde el inicio y que, a ojos inexpertos o emocionalmente vulnerables, pueden confundirse con gestos de amor. El filme muestra con precisión la adulación extrema de los primeros días, la definición forzada del otro, los detalles aparentemente mínimos que instauran un clima de control constante, los celos sin base, el aislamiento progresivo y por supuesto lass excusas injustificables tras la primera agresión.

Todos estos elementos están integrados con un pulso narrativo firme y didáctico. No hay exageración, no hay sobreexposición, no hay sentimentalismo manipulador. Hay, en cambio, una clarísima voluntad de ofrecer a las y los espectadores herramientas para identificar comportamientos abusivos incluso cuando se presentan con un envoltorio afectivo. ‘Bella’ es una alerta contra las parejas absorbentes, sutilmente dominantes, esas que erosionan la identidad de quien tienen al lado hasta volverla irreconocible para sí misma. Y, por supuesto, es una historia que apunta más allá de recordar la existencia del 016.

Una de las virtudes más notables del filme reside en el trabajo vocal. Michelle Jenner y Víctor Clavijo aportan una profundidad extraordinaria a los personajes protagonistas. Sus voces, rotundas y perfectamente trabajadas, otorgan textura emocional. Jenner aporta fragilidad, ingenuidad y matices. Clavijo construye un personaje tan decidido que es incómodo, convincente, escalofriante por su familiaridad y formalidad: el tipo de maltratador que no parece monstruoso, sino cotidiano, reconocible, una especie de “caballero del siglo XXI”.

La animación es sencilla, plana, con pocos frames y un trazo casi infantil. Pero lejos de ser un defecto, esta austeridad visual se convierte en un acierto pues no distrae del foco del filme. Remite a los cuentos ilustrados que se leen en la infancia, lo que da a la historia un contraste perturbador: lo terrible presentado con estética inocente. Además, esta elección estilística hace que la película sea accesible al público más joven, un sector para el que la educación afectiva y la identificación precoz de señales de control resulta fundamental. Es por ello que creo, si mi humilde opinión sirve de algo, que ‘Bella’ debería proyectarse en escuelas e institutos. Más aún: debería integrarse en programas educativos y debates sobre relaciones sanas. Su fuerza pedagógica es uno de sus valores más altos.

Si queremos hacer el paralelismo fácil esta película podría ser una versión moderna de la ‘Bella y la Bestia’. Cuenta con el galán cautivador, el castillo de ensueño, la joven impresionable y el padre que queda solo en casa añorando a su hija. Recordemos que en esa historia juega un papel importante un espejo y es por ello que hay que ver este filme como un espejo social en el que mirarnos para reconocer cualquier defecto que esté cubierto de buenas apariencias ocultando al verdadero monstruo de la historia.

Ficha de la película

Estreno en España: 28 de noviembre de 2025. Título original: Bella. Duración: 61 min. País: España. Dirección: Manuel H. Martín, Amparo Martínez Barco. Guion: Manuel H. Martín, Carmen Jiménez. Música: Beatriz López-Nogales. Fotografía: Hilario Abad. Reparto principal: Michelle Jenner, Víctor Clavijo. Producción: La Claqueta, Bella Animación La Película AIE, Talycual, Miami Film Gate, Fundación Ana Bella. Distribución: Syldavia Cinema. Género: drama. Web oficial: https://www.fundacionanabella.org/

Crítica: ‘Núremberg’

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Sinopsis

NÚREMBERG nos sitúa de pleno en los juicios celebrados hace 80 años por los Aliados tras la derrota del régimen nazi. El psiquiatra estadounidense Douglas Kelley (Rami Malek) es designado como responsable de evaluar la salud mental de los prisioneros y determinar si son aptos para ser juzgados por sus crímenes de guerra. De la noche a la mañana, Kelley se verá inmerso en una compleja batalla de ingenio contra Hermann Göring (Russel Crowe), mano derecha de Hitler y uno de los hombres más temibles que ha visto el mundo.

Crítica

Directa desde de nuestro pasado, la película de juicios más interesante de los últimos años

James Vanderbilt dirige ‘Núremberg’, la cual, emerge como una de esas obras que se atreven a enfrentar de manera directa la oscuridad absoluta de la historia. Su duración, cercana a las tres horas, podría intimidar a cualquier espectador contemporáneo acostumbrado al montaje vertiginoso del cine actual. Sin embargo, la película domina con precisión la tensión narrativa: va directa al grano, nunca deja de entretener y lo que resulta aún más estimulante, no abandona en ningún momento la reflexión ética y psicológica que la sustenta. Todo ello gracias a la base del libro de Jack El-Hai. Vanderbilt construye un relato que no se limita a revisitar los juicios que marcaron la posguerra, sino que profundiza en lo que significó sentar ante un tribunal a quienes encarnaron el mal más sistemático del siglo XX.

Uno de los interrogantes más fascinantes del filme surge de una estrategia que todos hemos visto (en la ficción y en la vida real) reproducirse casi como una fórmula: la del villano que busca escabullirse alegando enajenación mental, defensa propia o cualquier exención de responsabilidad que diluya sus crímenes. Parte del interés de la película reside en examinar cómo esa táctica fue empleada en los tribunales internacionales y hasta qué punto resulta lícito o siquiera posible mantener la objetividad cuando se juzga a un arquitecto del nazismo. ¿Puede el derecho, con su estructura racional, captar la dimensión monstruosa del genocidio? ¿Puede un profesional de la salud mental evaluar a un líder que construyó una maquinaria de muerte sin precedentes?

Es ahí donde surge el duelo central entre Russell Crowe, encarnando a un Hermann Göring temible y astuto y Rami Malek, en la piel del psiquiatra encargado de determinar la verdadera naturaleza psicológica del jerarca nazi. Vanderbilt articula entre ambos un enfrentamiento psicológico y legal que plantea el dilema esencial: ¿es Göring un oportunista capaz de disfrazar su ideología bajo el barniz del “patriotismo”, o un ser perfectamente consciente y carente de remordimientos, capaz de diseñar el exterminio de un pueblo? La película se adentra en ese juego de espejos, en ese ejercicio de hipocresía que recuerda que “la historia la escriben los vencedores”. En pantalla se sugiere de forma incisiva que, al mismo tiempo que se juzgaba a quienes levantaron campos de exterminio, otros actores del bando aliado justificaban bombardear con bombas atómicas y “defenderse” en territorio extranjero. Vanderbilt no lo plantea para relativizar, sino para incomodar: para recordarnos que la moral colectiva siempre opera en zonas grises.

Los juicios de Núremberg fueron la culminación de una búsqueda de justicia que, incluso hoy, parece insuficiente ante la magnitud del horror. No han pasado cien años y, sin embargo, a muchos jóvenes estas páginas de la historia les resultan casi arqueológicas. La película se vuelve inquietantemente actual cuando evidencia que la humanidad continúa asistiendo impasible a crímenes de guerra, incluso perpetrados por quienes en su día fueron víctimas. La frase que pronuncia el personaje de Michael Shannon: “ya no hay ninguna guerra local, todas son ya mundiales” funciona como un puente directo hacia nuestro presente, un recordatorio de que los conflictos y la expansión del odio se reproducen con nuevas máscaras. Lo más estremecedor es que la película recuerda que la incitación al odio puede anidar y pasar desapercibida en sociedades supuestamente civilizadas. De hecho, el psiquiatra interpretado por Malek terminó suicidándose en la vida real, deprimido y harto de advertir, incapaz de soportar la idea de que aquel veneno podría volver a propagarse sin que nadie reaccionara a tiempo.

Lo de Núremberg fue algo internacional y multitudinario. Es por ello que el elenco secundario es amplio y sostiene con solidez esta reconstrucción coral. Michael Shannon y Richard E. Grant aportan presencia, matices y pulso dramático. Resulta especialmente interesante el cruce actoral entre Crowe y Shannon, enfrentados aquí como villano y defensor de la justicia, invirtiendo los roles que compartieron en ‘El hombre de acero’, donde daban vida a Jor-El y al general Zod. Aun así, el gran protagonista es Rami Malek: su personaje ofrece un recorrido introspectivo que no solo analiza a los monstruos nazis, sino que examina el precio emocional y ético de mirar al abismo sin parpadear y sin pretender salir marcado por la experiencia.

‘Núremberg’ es una película arriesgada, incisiva y de una recuperación profundamente necesaria. No pretende cerrar heridas, sino recordarnos por qué se abrieron y por qué no deben olvidarse. Vanderbilt firma una obra que interpela tanto a la memoria colectiva como a la responsabilidad individual, y lo hace mediante un cine de ideas que, afortunadamente, no ha renunciado a interpelar a su público.

Ficha de la película

Estreno en España: 28 de noviembre de 2025. Título original: Nuremberg. Duración: 150 min. País: EE.UU. Dirección: James Vanderbilt. Guion: James Vanderbilt. Música: Brian Tyler. Fotografía: Dariusz Wolski. Reparto principal: Rami Malek, Russell Crowe, Leo Woodall, Michael Shannon, Richard E. Grant, Colin Hanks, John Slattery. Producción: Walden Media, Filmsquad, Mythology Entertainment, Széchenyi Funds. Distribución: DeAPlaneta. Género: drama, histórico. Web oficial: https://www.deaplaneta.com/es/nuremberg

Crítica: ‘Singular’

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Sinopsis

Doce años después de la muerte de su hijo, Diana y Martín deciden reencontrarse durante un fin de semana en su antigua casa del lago. Ella es especialista en Inteligencia Artificial, él abandonó la profesión para vivir retirado de la civilización. Cuando un enigmático joven con un misterioso parecido con el difunto hijo aparece en la casa, salen a la luz antiguos secretos y nuevas sospechas. Del pasado de la familia podría depender la existencia de un futuro.

Crítica

Enigmática y existencial

En 2019, el proyecto de Alberto Gastesi consiguió el premio Pitchbox de Sitges. Con ello se lograba que ese guion pudiese tener opciones de llegar a película. Un guion sin duda bastante original y con varios giros de guion muy bien llevados.

En la película conocemos a Diana, una mujer dedicada en cuerpo y alma a su trabajo, conseguir que la Inteligencia Artificial avance hasta niveles insospechados. Un día, recibe la llamada de Martín, su ex pareja. Ambos perdieron a su hijo hace 12 años y deciden reencontrarse en su antigua casa del lago para cerrar heridas. Allí, un joven misterioso aparece en la casa y salen a la luz antiguos secretos.

‘Singular’ me ha parecido bastante interesante, os aviso que su ritmo es pausado, van contándonos todo paso a paso, lentamente y llega un momento de bucle que puede hacerse un poco pesado. Pero es necesario para el desenlace de la cinta. Una película que nos habla del dolor por la pérdida. De las cosas que no se dicen cuando se está deshecho de dolor y de esos secretos que se guardan por no dar más dolor a la otra persona. La culpa pesa mucho y también es otro de los grandes temas de ‘Singular’. Y por supuesto, la Inteligencia Artificial. Poco a poco nos lo van adentrando y poco a poco vemos como gana protagonismo, con miedo, temor y también curiosidad.

Como he comentado, tiene varios giros que logran sorprender y eso es bastante difícil con la cantidad de historia que vemos hoy en día. Pero si que es cierto que a ‘Singular’ le puede pesar un poco el ritmo.

Patricia López Arnáiz siempre está bien, hasta en películas que no le piden una increíble interpretación, como es ésta. Y es que simplemente nos muestra una mujer sencilla, con un pasado doloroso y que en el fondo no quiere volver a abrir ese capítulo de su vida. Junto a ella encontramos a Javier Rey, bastante bien en su personaje, igual, un hombre que solo quiere recuperar la familia que perdió.

Tiene imágenes muy bonitas, bucólicas y con un toque de ensueño. También vemos alguna que otra imagen con CGI bastante curiosa, se nota que han andado bien de presupuesto, es poco el CGI que ha necesitado, pero está muy bien utilizado.

Sin duda ‘Singular’ no es para todo el mundo, lo pude comprobar cuando salí de la sala del Auditori en el Festival de Sitges, había comentarios de todo tipo. En mi caso, me gustó bastante, tiene una historia potente y consigue sorprender.

 Ficha de la película

Estreno en España: 28 de noviembre de 2025. Título original: Singular. Duración: 100 min. País: España. Dirección: Alberto Gastesi. Guion: Alex Merino, Alberto Gastesi. Música: Ana Arsuaga, Jon Agirrezabalaga. Fotografía: Esteban Ramos. Reparto principal: Patricia López Arnaiz, Javier Rey, Miguel Iriarte, Iñigo Gastesi, Emilia Lazo. Producción: Vidania Films, White Leaf Producciones, 61ºNorth, RTVE, ETB. Distribución: Warner Bros Pictures. Género: Drama. Web oficial: https://www.warnerbros.es/peliculas/singular#informacion

Crítica: ‘Ciudad sin sueño’

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Sinopsis

Toni tiene 15 años y vive en Cañada Real, el asentamiento irregular más grande de Europa, a las afueras de Madrid. Orgulloso de pertenecer a su familia de chatarreros, pasa los días junto a su abuelo, al que admira y sigue a todas partes. Pero las máquinas de demolición se acercan a la parcela en la que vive, amenazando con arrasar todo lo que conocen, y su abuelo se niega a marcharse, sea cual sea el sacrificio.

En oscuras noches sin electricidad, las leyendas de su infancia empiezan a sentirse más reales que nunca. Mientras todo cambia a su alrededor, Toni debe elegir: enfrentarse a un futuro incierto o aferrarse a un mundo que se desvanece.

Crítica

Cotidianidad al margen sin tópicos ni sensacionalismo

‘Ciudad sin sueño’ de Guillermo Galoe, se adentra en un territorio pocas veces explorado con honestidad y sin morbo: la vida cotidiana de las personas que habitan la Cañada Real. Sin embargo, el director toma una decisión estética y ética fundamental: alejarse de los relatos que han dominado los titulares sobre los cortes de luz, el narcotráfico, la degradación urbanística… En su lugar intenta capturar algo más íntimo y humano. La película quiere convertirse, así, en un retrato costumbrista de un enclave marcado por la marginalidad, pero también por un sentido de pertenencia que rara vez encuentra espacio en el cine mainstream.

Galoe firma un filme que profundiza en cuestiones universales: la necesidad de pertenecer, la huida de la miseria y la resistencia contra un sistema que pretende encajar a todos en el mismo molde. Los personajes que pueblan ‘Ciudad sin sueño’ no buscan compasión ni heroicidades, buscan, ante todo, defender su libertad. Y esa libertad es entendida como la posibilidad de vivir al margen de las normas que nos alejan de la naturaleza y anestesian la existencia. Son hombres y mujeres que no desean ser realojados en pisos impersonales, porque para ellos esa medida equivaldría a vivir como pájaros enjaulados. Su identidad está ligada al espacio, a la comunidad, a un ritmo vital que el hormigón y los trámites administrativos destruirían sin remedio.

La película, además, se proyecta con subtítulos, una elección que nace de la jerga gitana que impregna cada diálogo. Este detalle no solo facilita la comprensión al público general, sino que subraya el choque entre la cultura dominante y un microcosmos con códigos propios, donde el honor, la palabra dada y la lealtad funcionan como pilares fundamentales. Galoe construye así una sociedad paralela, con sus normas internas, sus conflictos y una estructura emocional que no necesita justificaciones externas para existir. Esta aproximación dota al filme de veracidad, aunque también exige al espectador un esfuerzo extra, una disposición a entrar en un mundo sin traducciones fáciles.

En su núcleo, ‘Ciudad sin sueño’ es un relato cotidiano, un mosaico de escenas pequeñas, conversaciones interrumpidas por la ruina y miradas que cuentan más que cualquier monólogo. El director prefiere observar antes que juzgar, capturar antes que explicar. Esta decisión aporta naturalismo y un tono contemplativo que puede resultar profundamente evocador para algunos espectadores, pero insuficiente para otros.

Y es justamente en ese equilibrio donde aparece la principal debilidad. A ‘Ciudad sin sueño’ le falta algo más de sustancia, un impulso narrativo que ahonde con mayor contundencia en la complejidad emocional y social de sus protagonistas. La película sobrevuela temas poderosos como la identidad cultural, el desarraigo, la pobreza estructural, la libertad como forma de resistencia, pero a veces parece temer profundizar demasiado, como si un exceso de análisis pudiera traicionar la pureza del retrato. El resultado es una obra estética y envolvente, pero que deja la sensación de haber rozado una historia mayor sin terminar de abrazarla.

Con todo, la película de Guillermo Galoe se sostiene como un documento valioso, un espejo incómodo pero necesario sobre una comunidad que vive en los márgenes y que rara vez es retratada desde la humanidad, la dignidad y la complejidad que aquí sí se le conceden. ‘Ciudad sin sueño’ no pretende ser definitiva, pero abre una grieta. Quizá sea suficiente para que otros cineastas no se olviden de mirar donde casi nadie mira.

Ficha de la película

Estreno en España: 21 de noviembre de 2025. Título original: Ciudad sin sueño. Duración: 97 min. País: España. Dirección: Guillermo Galoe. Guion: Guillermo Galoe, Víctor Alonso-Berbel. Música: Rui Poças. Reparto principal: Antonio Fernández Gabarre, Bilal Sedraoui, Jesús Fernández Silva, Luis Bértolo. Producción: Sintagma Films, Encanta Films, BTeam Prods, Les Valseurs, Filmin, RTVE, Tournellovision. Distribución: BTeam Pictures. Género: drama social. Web oficial: https://bteampictures.es/ciudad-sin-sueno/

Crítica: ‘Wicked: parte II’

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Sinopsis

And now whatever way our stories end, I know you have rewritten mine by being my friend …

El fenómeno cinematográfico y cultural del año pasado, que se convirtió en la adaptación a la gran pantalla más exitosa de todos los tiempos de un musical de Broadway, despliega su épico, apasionante y emotivo final en ‘Wicked: parte II’.

Crítica

Una secuela tan ambiciosa y arriesgada como el musical que cuestiona héroes y villanos

Se acabó la espera que hemos mantenido durante dos años. ‘Wicked: Parte II’ se estrena en cines y se presenta como una continuación más oscura, más madura y más emocional que su predecesora. Es un trayecto narrativo que abandona en buena parte la ligereza cómica del primer filme para adentrarse en territorios dramáticos, donde las consecuencias de las decisiones pesan con una gran intensidad.

Desde sus primeros compases, esta segunda parte marca un cambio de tono palpable. Jon M. Chu reconoce que, si la primera entrega era, en sus palabras, un “coming of age” sobre elecciones, esta segunda se adentra en un terreno de consecuencias, de preguntas más complejas sobre identidad, poder y verdad. El guion, firmado por Winnie Holzman (responsable también del libreto del musical original) y Dana Fox, conserva momentos de ligereza, sobre todo gracias a Ariana Grande como Glinda. Pero estas pinceladas de humor ya parecen menos frecuentes y más contenidas, pues la película busca avanzar sin depender tanto del respiro cómico. Eso no quita que Grande siga siendo, en muchos instantes en los que explota el carácter más bobalicón y presumido de su personaje, la que mejor actúa en este filme.

Uno de los aciertos más evidentes es cómo se profundiza en la amistad entre Elphaba (Cynthia Erivo) y Glinda. No es solo un vínculo superficial, sino una relación compleja, extremadamente cambiante, frágil y poderosa. Chu ha hablado de lo difícil que fue filmar esa conexión: a diferencia de un romance, la amistad no tiene un final previsible, sube y baja, exige presencia constante. Y eso se percibe en el filme que en varias ocasiones dispone un verdadero caos emocional que hace que nos cuestionemos cómo cambian de bando tan rápido y en una sola escena varios personajes.

Hay que reconocer que esta entrega es, también, más “ñoña” en lo romántico y lo sentimental. Pero quizá el tema más fascinante de ‘Wicked: parte II’ es ese juego de apariencias. A lo largo de la película queda claro que los héroes más luminiscentes no son necesariamente los más genuinos. Glinda, ensalzada como símbolo de bondad para todo Oz, vive cómodamente en el palacio de la Ciudad Esmeralda, disfrutando del favor popular. Mientras tanto, Elphaba, demonizada por el Mago y convertida en la Bruja Malvada del Oeste, lidera desde el exilio una lucha por la justicia. Este contraste no es casual: Chu habla de propaganda, de cómo los poderosos construyen imágenes para manipular al pueblo, insertando referencias visuales propias de iconografía bélica, llegando incluso a imitar a través de Jeff Goldblum a ‘El gran dictador’ de Chaplin. En ese sentido, la oscuridad narrativa es también una invitación a cuestionar los roles tradicionales de “bueno” y “malo”. La autenticidad, sugiere la película, reside en quienes han sido etiquetados como villanos.

Visualmente, ‘Wicked: parte II’ es deslumbrante. El CGI se emplea de forma ambiciosa, especialmente en la representación de los paisajes, animales, las masas y ciertos momentos épicos. Dicho esto, no todo funciona: algunas escenas pecan de artificio, y es difícil olvidar que estamos ante imágenes generadas por ordenador, sobre todo cuando aparecen criaturas parlantes o entornos brillantes demasiado perfectos. Uno de los momentos más logrados desde el punto de vista técnico es el plano de Ariana Grande cantando frente a una serie de espejos. No es solo la voz pues no es de los temas más exigentes: es el montaje digital y el juego de cámaras. Un ejercicio complejo que demuestra ambición y pericia. Curiosamente, no todo es digital, esto no es Marvel. Tanto el personaje de la Bruja del Oeste como el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros combinan prótesis, cabello real y un diseño artesanal que rinde homenaje a los clásicos.

A pesar de su respeto por el musical, la película no se refugia en la nostalgia de ‘El Mago de Oz’. De hecho, rompe con las expectativas tradicionales: el león es cero antropomórfico y el Hombre de Hojalata tiene matices que recuerdan a una figura más propia de un slasher barato. Esto no significa que la narrativa deje de ser emocional o íntima: ‘Wicked: parte II’ sigue siendo, en el fondo, una historia de amistad entre dos mujeres cuya relación, podría haber inspirado incluso series modernas como ‘Miércoles’, dicho sea de paso, por ese balance entre compañerismo y diferencia tonal.

Jon M. Chu ha dejado claro que este segundo filme no es solo un cierre de cuento de brujas, sino una reflexión sobre la desinformación, la propaganda y la construcción del odio. En tiempos donde la verdad se cuestiona y las identidades se politizan, su película se convierte en un espejo, partiendo de un universo fantástico para hablar de migración, miedo al diferente y discursos autoritarios. Pero hace trampa, una trampilla si nos ponemos literales. No creo que yo abra a estas alturas ningún debate que no haya surgido ya en los corrillos a la puerta del Teatro Gershwin de Nueva York. Aunque está muy bien mostrar que no todo es blanco y negro y estamos en un mundo de grises, no deja de ser injusto el trato hacia la película original. Es una historia clásica de arquetipos del bien y el mal y… ¿se suponen que ahora hemos de sentirnos mal por alegrarnos de que la villana de la historia muriese? Parece que a los autores de esta nueva versión si les ha dado cierto reparo y han parcheado el final, igual que el del musical y muy al estilo de ‘El Caballero Oscuro’.

Ficha de la película

Estreno en España: 21 de noviembre de 2025. Título original: Wicked: For Good. Duración: 138 min. País: EE.UU. Dirección: Jon M. Chu. Guion: Winnie Holzman, Dana Fox. Música: Stephen Schwartz, John Powell. Fotografía: Alice Brooks. Reparto principal: Cynthia Erivo, Ariana Grande, Jonathan Bailey, Ethan Slater, Bowen Yang, Marissa Bode, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum. Producción: Universal Pictures, Marc Platt Productions. Distribución: Universal Pictures. Género: musical, drama, comedia. Web oficial: https://www.instagram.com/wickedmovie/