Crítica: ‘Machos Alfa’ T5

En qué plataforma ver Machos Alfa T5

El regreso con el final más agrio

El próximo 17 de abril marca el estreno de la quinta temporada de ‘Machos Alfa’, una serie de Netflix que, lejos de acomodarse en su fórmula de éxito, decide tensarla hasta un punto incómodo. Lo que en sus primeras entregas funcionaba como sátira atrevida sobre la masculinidad contemporánea, aquí se convierte en una disección más amarga de cuatro hombres que ya no creen ni en sí mismos ni en el discurso que intentaron adoptar, es decir, están más perdidos que al principio, si es que en algún momento han llegado a encontrarse.

Los protagonistas (Gorka Otxoa, Fele Martínez, Fernando Gil y Raúl Tejón) regresan “de vuelta de todo”. No solo están desengañados con la deconstrucción masculina, sino que han empezado a desconfiar profundamente de las mujeres y, sobre todo, de su propia capacidad para entenderlas. Este conflicto interno (ese constante tira y afloja entre su yo machirulo y su yo supuestamente evolucionado) se convierte en el principal motor narrativo de la temporada.

Hay un cambio de tono evidente: la comedia sigue presente, pero ahora está impregnada de una sensación de desgaste emocional. Ya no se trata solo de reírse de los errores de estos personajes, sino de observar cómo se hunden en ellos. Es una evolución lógica, pero también arriesgada, que demuestra que la serie no teme incomodar a su audiencia.

Convivencia, cameos y una comedia cada vez más coral

Uno de los grandes aciertos de esta temporada es llevar al límite la convivencia entre los protagonistas. Lo que empezó como una solución práctica se transforma en un experimento social fallido: viven juntos, pero no se soportan. Cada uno ve en el otro aquello que detesta de sí mismo, generando una dinámica casi claustrofóbica que, paradójicamente, potencia los momentos cómicos.

Esta convivencia forzada permite a los creadores, Alberto y Laura Caballero, explorar nuevas situaciones sin perder el ritmo ágil característico de su estilo. La influencia de sus trabajos anteriores se hace notar, especialmente en la introducción de nuevos personajes y cameos. Actores como Juan Díaz, María Adánez, Diego Martín, Adrià Collado o Víctor Clavijo aparecen en roles que funcionan tanto como guiños para el espectador habitual como catalizadores de nuevas tramas.

Este tipo de casting no es casual: los Caballero han construido una especie de “universo compartido” de la comedia española televisiva. De hecho, se supone que varios de estos cameos fueron concebidos desde el guion como homenajes conscientes a ‘Aquí no hay quien viva’, reforzando esa sensación de continuidad creativa.

En paralelo, la serie no abandona su vocación de retrato social. La temporada introduce temas actuales con una mezcla de ironía y crítica directa: desde el feminismo de postureo hasta las fracturas internas dentro del propio movimiento, pasando por fenómenos virales como las técnicas para ligar en supermercados (sí, el famoso “método Mercadona” encuentra aquí su parodia definitiva) e incluso un suceso real que convierte a esta temporada en quizás la más crítica y ácida de todas.

Sin embargo, lo más interesante es cómo estos elementos no se sienten forzados. Se integran orgánicamente en las tramas, funcionando como espejo deformado de una realidad que el espectador reconoce fácilmente. Y estaría pecando de no tomar ejemplo con la historia de estos personajes si omitiese las líneas argumentales de los personajes de Kira Miró, Raquel Guerrero, María Hervás, Kira Miró y Cayetana Cabezas. Siendo la de Hervás la más delicada de tratar y la de Guerrero la más divertida.

Entre la risa y el golpe final: una temporada que deja cicatriz

Si algo distingue a esta quinta temporada de ‘Machos Alfa’ es su capacidad para equilibrar el humor con un trasfondo dramático cada vez más evidente. La serie sigue siendo divertida, incluso hilarante en muchos momentos, pero hay una sombra constante que anticipa que algo no va a acabar bien.

Sin entrar en spoilers concretos, el tramo final de la temporada abandona parcialmente el tono de comedia para sumergirse en un drama inesperadamente contundente para un par de personajes. Las decisiones tienen consecuencias reales, y no todos salen indemnes. Este giro puede resultar chocante para quienes esperaban una resolución más ligera. Sin ser algo definitivo, la serie parece que nos reserva más temporadas, pero si puede marcar mucho cierto drama en su sexta entrega.

En este sentido, ‘Machos Alfa’ temporada 5 no es solo una comedia: es un retrato generacional disfrazado de sitcom. Una obra que utiliza el humor como vehículo para hablar de identidad, inseguridad y contradicción. Por supuesto también como disparador de discusiones y debates entre parejas y amigos. Puede que no todos los espectadores conecten con su tono más paródico, pero quienes lo hagan encontrarán una de las propuestas más interesantes de la comedia española reciente.

Crítica: ‘Polígono X’

Sinopsis

Unas canchas de fútbol de barrio. Rana y su equipo se sienten humillados por los brasileños del barrio de al lado, que les ganan desde hace tiempo. Pero hoy no van a permitirse perder y menos delante de Alba, la ex de Rana, saliendo a jugar contra ellos en una partida de cinco contra cinco en donde todos tienen algo contra todos. Esta es la oportunidad perfecta para los chicos del barrio Polígono X de hacer algo que llevan esperando mucho tiempo: expulsar a los brasileños de su barrio.

Crítica

Un retrato sin concesiones de la tensión del cemento

Hay que decirlo desde el inicio: pocos cortos logran condensar con tanta precisión y tensión narrativa un universo tan reconocible como el que plantea Néstor López en ‘Polígono X’. Un director que ya sabe lo que es levantar un Goya, vaticinamos hace poco el éxito de ‘Semillas de Kivu’ y aprovechamos esta ocasión para dar nuestra sincera enhorabuena. Esta vez nos golpea con una pieza compacta y brutal que se mueve con la precisión de una coreografía… pero sin artificios, sin alardes vacíos. Aquí, el plano secuencia no es un capricho técnico, es una necesidad narrativa que sirve para subrayar la tensión psicológica, el asedio de gallitos y la sensación de que algo puede explotar en cualquier momento.

Uno de los méritos y aciertos de ‘Polígono X’ reside en cómo consigue que la cámara se convierta en un personaje más, un testigo que respira el mismo aire cargado que los protagonistas. No hay cortes y tampoco hay pausas. Todo fluye con una naturalidad inquietante, como si de manera arriesgada la cámara se hubiese sumergido en un barrio real y a modo de documental. Esa cámara nerviosa pero precisa no solo capta la acción sino también el contexto: esas fachadas desconchadas, ese lenguaje corporal endurecido por los años, esa jerga que es tan música como amenaza.

‘Polígono X’ no habla solo de un conflicto puntual: habla de una cultura enquistada, de una masculinidad tóxica que sobrevive inexplicablemente al paso del tiempo. Viviendo actualmente con bombardeo de discursos progresistas y de un audiovisual que enarbola discursos en aras de la igualdad, sorprende que aun parece lejos el ganar pulso a “los trogloditas” que necesitan el refuerzo físico para sentirse alguien. En pleno siglo XXI, cuando las pantallas han educado a generaciones enteras y deberían habernos enseñado otras formas de ser, López nos recuerda que hay realidades donde la evolución no ha llegado, o ha llegado a medias. Y no lo hace desde la superioridad moral ni el panfleto: lo hace desde una mirada que parece fruto de la observación, desde una mirada que entiende el barrio, tanto como los que hemos crecido en él y lo hemos mamado casi como firma de vida.

En este sentido, quienes hemos transitado esas calles, esas pistas de fútbol sala donde se juega más que el marcador, encontramos en ‘Polígono X’ una fidelidad completa, vibrante. Porque no es solo el decorado, es el código gestual, la violencia sorda que se esconde tras mirada, el orgullo ridículo que se convierte en detonante de una tragedia. López clava estos matices con precisión y lo hace apoyado en un reparto que parece no actuar, sino simplemente estar. Ahí está el otro gran acierto del corto. Juan José Ballesta suma una nueva interpretación que clava los patrones de aquellos que son endémicos de las calles de la España de los 2000. Pero no solo él, sino que todo un reparto encabezado realmente por Guillermo Hego, que compone una pandilla veraz que podríamos cruzarnos si salimos ahora mismo a barrios madrileños de zonas como Carabanchel, Vallecas, El Pilar o Villaverde.

El corto se ve rápido, sí, pero deja una sensación amarga que permanece. Como una bronca mal cerrada o una conversación pendiente. ‘Polígono X’ es cine social, quizá la versión actual del cine quinqui de los 70 u 80. Sin florituras, sin condescendencias. Una ventana para quienes no quieren mirar y un recordatorio para los que vivimos o hemos vivido momentos como este.

Ficha de la película

Estreno en España: 2025. Título original: Polígono X. Duración: 15 min. País: España, Francia. Dirección: Néstor López. Guion: Néstor López. Fotografía: Juanjo Sánchez. Reparto principal: Guillermo Hego, Juan José Ballesta, Deivis de Jesús, Carlos Cábalas, Antonio Belvis, Anjel Collado, Alba Tissera. Producción: Filmakers Monkeys, Cvpvla Studio, La Última Sensación, The Other Films, La Luna Productions. Distribución: La Luna Productions. Género: drama. Web oficial: https://laultimasensacion.com/project/poligono-x/