Crítica: ‘Vertiginous (Le vertige)’

Una fumada metafísica con gráficos de videojuego noventero

Quentin Dupieux ha decidido que, si la realidad es una simulación, tampoco hace falta que tenga buenos gráficos. ‘Vertiginous’ es su primera incursión en la animación y una declaración de intenciones desde el primer minuto: personajes que parecen sacados de un videojuego de finales de los noventa, movimientos robóticos, rostros extrañamente inexpresivos y un universo digital que recuerda a ‘Grand Theft Auto: Vice City’. Una elección estética que no busca disimular sus limitaciones, sino convertirlas en parte fundamental del chiste. Porque si algo tiene claro Dupieux es que, cuando se trata de hacer el cafre, cualquier tecnología sirve.

¿Y si viviéramos dentro de un videojuego?

La historia arranca cuando Jacques, interpretado por Alain Chabat, se presenta de madrugada en casa de su amigo Bruno (Jonathan Cohen) para comunicarle un descubrimiento que considera fundamental: el mundo en el que viven es una simulación. No estamos hablando de una revelación que vaya a cambiar la historia de la humanidad, sino de una de esas teorías que pueden convertir una conversación de madrugada en una espiral interminable de preguntas. Bruno, para sorpresa de su amigo, se toma la idea bastante en serio y comienza a buscar errores en la realidad que lo rodea.

La premisa remite inevitablemente a ‘Matrix’, con sus dudas sobre la naturaleza de lo real y la posibilidad de que nuestra existencia esté programada por una inteligencia externa. Dupieux no necesita inventar una nueva teoría filosófica para divertirse con ella. De hecho, buena parte de la gracia consiste en reconocer que estamos ante una idea que ya hemos visto en numerosas ocasiones y que mucha gente considera real, el chiste se cuenta solo.

Los personajes empiezan a detectar anomalías, comportamientos extraños y pequeños fallos que podrían demostrar que su mundo no es lo que parece. Sin embargo, el director no construye un thriller de ciencia ficción convencional ni pretende que el espectador se quede pegado a la butaca esperando una gran revelación. Su interés está en las consecuencias absurdas de tomarse demasiado en serio una hipótesis que, en otras manos, podría desembocar en un tratado sobre el libre albedrío.

La película juega con conceptos metafísicos, teorías de la simulación y preguntas sobre la identidad, pero lo hace desde la perspectiva de alguien que parece más interesado en ver qué disparates pueden surgir de semejante premisa que en ofrecer respuestas. No es tanto una investigación sobre la realidad como una excusa para desmontarla a martillazos.

Una estética deliberadamente anticuada

La decisión de representar este universo mediante animación tridimensional de aspecto rudimentario es uno de los mayores aciertos de ‘Vertiginous’. Sus personajes parecen modelos poligonales rescatados de la época de la primera PlayStation 2, con una apariencia que recuerda especialmente a ‘GTA: Vice City’. Sus cuerpos se mueven con rigidez, sus expresiones faciales tienen algo de muñeco defectuoso y el conjunto transmite una extraña sensación de artificialidad.

Lo interesante es que esta estética no es simplemente una forma barata de hacer una película de animación. Dupieux convierte la precariedad visual en una decisión narrativa: si los protagonistas sospechan que viven en una simulación, ¿qué mejor manera de representarlos que hacer que parezcan personajes de un videojuego? La imagen deja de ser un mero envoltorio para convertirse en una de las principales bromas del filme.

La producción se realizó utilizando Blender, un programa de creación tridimensional, y técnicas de captura de movimiento apoyadas en tecnología LiDAR de los iPhone. El trabajo de un equipo de animadores permite construir un mundo que parece deliberadamente imperfecto, muy lejos de la búsqueda de realismo y pulcritud que domina buena parte de la animación digital contemporánea. El resultado puede resultar tosco, pero esa tosquedad tiene sentido dentro de la propuesta.

Y aquí aparece una de las grandes ironías e hipocresías de la película. Dupieux se burla de la compañía de Steve Jobs y del entusiasmo casi religioso que rodea a los lanzamientos tecnológicos, mientras utiliza herramientas asociadas a esa misma industria para levantar su universo animado. La tecnología que sirve para vendernos el futuro también puede utilizarse para fabricar una realidad de aspecto anticuado y defectuoso. No deja de ser una forma muy propia del director de reírse de las contradicciones de nuestro tiempo.

Una rallada metafísica marca de la casa

Conviene advertirlo: ‘Vertiginous’ no es una película especialmente cargada de gags convencionales. No hay una sucesión constante de chistes ni necesita buscar la carcajada cada pocos segundos. Su comicidad surge, sobre todo, de los disparates que plantea, de la seriedad con la que los personajes afrontan situaciones absurdas y de la propia naturaleza artificial de las imágenes. A veces basta con contemplar a estos avatares intentando comprender la existencia para encontrar el chiste.

El problema es que la propuesta puede convertirse en una auténtica rallada. Dupieux acumula ideas, teorías y reflexiones sobre la realidad con una ligereza que no siempre facilita seguir el juego. Es una de esas películas que probablemente se disfrutarían de manera distinta bajo un estado lisérgico, aunque tampoco hace falta añadir sustancias a una experiencia que ya viene bastante fumada de fábrica.

Ficha de ‘Vertiginous (Le Vertigue)’

Estreno en España: por determinar. Título original: Le Vertige. Duración: 67 min. País: Francia. Dirección: Quentin Dupieux. Guion: Quentin Dupieux. Música: Franck Lascombes. Reparto principal: Alain Chabat, Jonathan Cohen, Anais Demoustier, Jean-Marie Winling. Producción: Chi-Fou-Mi Productions. Distribución: por determinar. Género: comedia. Web oficial.