Crítica: ‘Alta costura’

En qué plataforma ver Alta costura

Winocour demuestra, una vez más, que su cine no necesita elevar la voz para hacerse oír

Este nuevo estreno francés, ‘Alta costura’, se presenta como un drama coral que utiliza el ecosistema de la alta costura parisina no como simple decorado, sino como dispositivo narrativo para explorar tensiones personales, profesionales y físicas. Lejos de relatos simplificados o arquetipos evidentes, la película articula un entramado de historias paralelas que orbitan en torno a la Semana de la Moda, donde cada personaje se enfrenta a su propio umbral de ruptura.

En el centro encontramos a Angelina Jolie como una directora de cine de serie B (acostumbrada a presupuestos ajustados y a una cierta invisibilidad dentro de la industria) que aterriza en el mundo opulento de la moda para rodar un proyecto que supone la antesala de un gran proyecto. La presión no es solo profesional: su vida personal acusa el desgaste de un divorcio reciente, una relación distante con su hija y la amenaza creciente de un cáncer que planea sobre su cuerpo (sin subrayados melodramáticos, pero con una presencia constante). La directora Alice Winocour, cuya sensibilidad ya brilló en ‘Próxima’, vuelve a demostrar su interés por personajes femeninos sometidos a fuerzas contradictorias (vocación, maternidad, salud, identidad).

En paralelo, la película introduce a una modelo africana que pisa por primera vez Occidente y el universo de la moda. Su experiencia es la de la desubicación: un entorno abrumador, reglas no escritas, cuerpos normativizados y la duda de una muchacha de 18 años que no sabe qué quiere en la vida. Lejos de la caricatura, su arco está tratado con una mirada empática que subraya tanto la dureza del sistema como la humanidad que lo habita.

A este tejido se suman otras figuras: una maquilladora que intenta encadenar trabajos y escribir su propia obra durante los frenéticos días de desfiles y una costurera enfrentada a un encargo crítico: terminar en solitario el primer vestido del desfile, una pieza que puede definir el éxito o el fracaso de toda la colección. Todos estos caminos discurren en paralelo, con dilemas propios, pero avanzan hacia inevitables puntos de intersección.

Entre la frivolidad y la carne: el cuerpo como territorio

Uno de los aciertos más incisivos de ‘Alta costura’ es su capacidad para tensar el contraste entre la superficialidad asociada a la moda y la densidad humana que se esconde tras ella. La película no rehúye la dimensión frívola del sector (un espacio mejor recompensado que oficios más “necesarios” o intelectuales, como podría ser la farmacia), pero tampoco cae en el juicio fácil. Winocour propone una mirada dialéctica: sí, hay brillo, dinero y apariencia, pero también hay cuerpos vulnerables, trayectorias frágiles y decisiones vitales de gran calado.

En este sentido, resulta especialmente potente el paralelismo visual que la directora establece en un momento clave: tras varias escenas en las que se mide, ajusta y “talla” a las modelos, el montaje introduce la imagen de un cirujano realizando un marcaje quirúrgico. El eco es evidente: el cuerpo como objeto de intervención, como superficie que se adapta o perfecciona pero que tiene sus defectos. No hay discurso explícito, pero la asociación es lo suficientemente elocuente como para incomodar.

Es inevitable no establecer paralelismos con lo que le ha pasado a Jolie en la vida real, de hecho la película parece hecha para ella en lo que parece una especie de catarsis. Ha incorporado una dimensión metacinematográfica a su interpretación, marcada por sus propias decisiones médicas preventivas (doble mastectomía y extirpación de ovarios). Esa misma sensibilidad (contenida, respetuosa, sin sensacionalismo) se percibe en el tratamiento del cáncer en la protagonista: una amenaza íntima que condiciona su mirada monopolizando el relato únicamente al final.

Un engranaje coral que encuentra sentido en el cruce

Estructuralmente, ‘Alta costura’ se inscribe en la tradición de historias de vidas cruzadas, pero evita el artificio mediante una progresión orgánica. No hay casualidades forzadas ni giros efectistas: los encuentros entre personajes se producen como consecuencia lógica de compartir espacio, tiempo y objetivos dentro de un sistema altamente interconectado.

La dirección apuesta por una puesta en escena que a veces roza lo observacional e incluso lo documental. De hecho, los talleres, pasarelas y backstages no son decorados estilizados, sino espacios de trabajo donde el error, la prisa y la presión son tangibles. De ese modo se alza como un drama coral bastante preciso que desentraña las costuras invisibles de un mundo tan fascinante como implacable. Bajo su superficie brillante, late un conjunto de historias sobre fragilidad, ambición y supervivencia.

Ficha de ‘Alta costura’

Estreno en España: 8 de mayo de 2026. Título original: Couture. Duración: 106 min. País: Francia. Dirección: Alice Winocour. Guion: Alice Winocour. Música: Anna von Hausswolff, Filip Leyman. Fotografía: Andre Chemetoff. Reparto principal: Angelina Jolie, Louis Garrel, Ella Rumpf, Anyier Anei, Garance Marillier, Vincent Lindon, Guillaume Marbeck, Finnegan Oldfield. Producción: CG Cinémna, Closer Media, France 3 Cinéma, Canal+, Ciné+OCS, France Télévisions, Pathé Films, Logical Content Ventures. Género: drama. Web oficial.

Crítica: ‘Nouvelle Vague’

En qué plataforma ver Nouvelle Vague

Un cineasta libre resucitando a otros cineastas libres

Richard Linklater, causó sensación con aquel experimento cinematográfico que fue ‘Boyhood’, y ahora vuelve a demostrar que su cine no solo observa el paso del tiempo, sino también los momentos en que el arte decide reinventarse. Con ‘Nouvelle Vague’, el director estadounidense se enfrenta a una de las mitologías más complejas y reverenciadas de la historia del cine: aquella generación de cineastas franceses que, a finales de los años cincuenta, dinamitó las convenciones narrativas, estéticas e industriales heredadas. Consciente de lo inabarcable del movimiento, Linklater opta por una decisión tan inteligente como honesta: centrar el relato en Jean-Luc Godard y en el periodo concreto del rodaje de ‘Al final de la escapada’, la película que marcó un antes y un después en la manera de filmar y mirar el cine.

Godard como símbolo de una revolución colectiva

‘Nouvelle Vague’ entiende que la Nouvelle Vague no fue un estilo homogéneo, sino una actitud. Linklater no intenta resumir a toda una generación en un discurso académico, sino capturar el nervio creativo que unía a aquellos jóvenes críticos de Cahiers du Cinéma convertidos en cineastas. Godard emerge como epicentro narrativo no por ser el único, sino porque su figura condensó como pocas el inconformismo, la provocación intelectual y la ruptura consciente con el cine de calidad francesa dominante.

La película se sitúa en los márgenes del rodaje de ‘Al final de la escapada’, pero evita el biopic convencional. No se trata de reproducir paso a paso cómo se filmó aquel clásico, sino de reimaginar lo que sucedía alrededor: discusiones estéticas, decisiones improvisadas, tensiones con la producción y una sensación constante de estar inventando algo sin manual de instrucciones. Godard aparece como un creador obsesivo, brillante y errático, capaz de convertir la limitación presupuestaria en una declaración de principios.

Reimaginar un rodaje para capturar un espíritu

Uno de los mayores aciertos de ‘Nouvelle Vague’ es cómo clava las escenas que remiten directamente a ‘Al final de la escapada’ sin caer en la mímesis vacía. Linklater reproduce encuadres, movimientos y situaciones reconocibles, pero el foco nunca está en la reconstrucción fetichista. Lo importante es el clima creativo que rodea esas imágenes: la libertad de filmar en la calle, el desprecio por las normas clásicas de continuidad y la convicción de que el cine podía dialogar con la vida real sin filtros.

El filme transmite la idea de la Nouvelle Vague como un grito artístico contra los corsés de la época, tanto estéticos como industriales. Hay en cada escena una sensación de urgencia, de estar filmando antes de que alguien diga que no se puede. Linklater adopta ese mismo espíritu en la puesta en escena, con una narrativa que fluye de forma fragmentaria, casi caprichosa, como si la película se estuviera descubriendo a sí misma mientras avanza.

Un homenaje coral que asume el riesgo de perder al espectador

‘Nouvelle Vague’ se apresura deliberadamente en presentar nombres clave del movimiento, y en ese vértigo corre el riesgo de desorientar al espectador menos familiarizado con la historia del cine. Truffaut, Chabrol, Rohmer, productores, técnicos, actores y críticos aparecen y desaparecen con rapidez, únicamente con una presentación formal. Sin embargo, esa acumulación no es un error, sino una declaración de intenciones.

Linklater no quiere simplificar una revolución que fue, por naturaleza, caótica y colectiva. El filme funciona como un homenaje a todos los artistas y mentes inspiradoras que hicieron posible aquel cambio de paradigma, incluso a costa de sacrificar cierta claridad expositiva. El resultado es una obra que no busca ser definitiva, sino contagiar una pasión: recordar que el cine avanza cuando alguien se atreve a romper las reglas y filmar como si todo estuviera por inventarse. Está llena de citas y alusiones la que mejor define el filme es la que recupera la figura de Leonardo da Vinci, «El arte nunca se termina, solo se abandona».

Ficha de Nouvelle Vague

Estreno en España: 9 de enero de 2025. Título original: Nouvelle Vague. Duración: 105 min. País: Francia. Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent Palmo, Richard Linklater, Laetitia Masson, Vincent Palmo Jr., Michèle Pétin. Fotografía: David Chambille. Reparto principal: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Adrien Rouyard, Antoine Besson, Jodie Ruth-Forest, Bruno Dreyfürst. Producción: ARP Sélection, Detour Filmproduction, Ciné+OCS, Centre national du cinéma et de l’image animée (CNC), Canal+, Chanel. Distribución: Elástica. Género: drama, comedia. Web oficial.