Crítica: ‘Clayface’

En qué plataforma ver Clayface

Una pesadilla plástica sobre la pérdida de identidad pero con identidad propia

A ‘Clayface’ llego con unas expectativas considerables, tanto por la naturaleza de la historia que adapta como por los nombres que hay detrás del proyecto. James Gunn y Matt Reeves producen esta nueva incursión de DC en el cine de acción real, Mike Flanagan firma el guion y Tom Rhys Harries suma en su haber una lista de filmes cada vez mejores. A la dirección está James Watkins, un cineasta al que le he cogido especial respeto tras su notable remake de ‘Speak No Evil’.

La propuesta tiene una ventaja evidente: no necesita convertir a su protagonista en un héroe ni justificar sus tragedias mediante una sucesión de batallas digitales. Aquí el espectáculo consiste en observar cómo alguien pierde aquello que lo define, tanto física como emocionalmente. Y pocas cosas resultan más inquietantes que contemplar cómo un rostro deja de pertenecerte.

El legado de Batman y las cicatrices del body horror

Las comparaciones con ‘La mosca’ y ‘La sustancia’ son inevitables. El body horror encuentra aquí un terreno especialmente fértil, con una transformación corporal que promete provocar más de una mueca de asco. No hablamos únicamente de maquillaje, prótesis o efectos visuales concebidos para impresionar, sino de convertir la carne en el escenario de una tragedia mutante. James Gunn ha señalado precisamente la conexión con esa tradición del horror corporal, aunque conviene recordar que la principal referencia del personaje no nace en el cine, sino en la animación.

Mike Flanagan ha reconocido que el guion toma como base ‘Feat of Clay’, el díptico de ‘Batman: The Animated Series’ que desarrolló una de las historias más recordadas de Matt Hagen, la identidad de Clayface en aquella versión. Kevin Altieri dirigió el cierre de esos episodios y quienes seguimos su trabajo tuvimos la oportunidad de entrevistarlo en nuestro programa ‘El Simbionte’. No es un detalle menor: hablamos de una historia que contribuyó a fijar una interpretación del personaje que después ha dejado huella en los cómics y en otras adaptaciones. Para los que hablan en otro idioma: fijó el canon del personaje.

La película, además, no se entretiene demasiado en presentar a sus protagonistas. Los coloca rápidamente en situación y deja que la tragedia haga su trabajo. Es una decisión narrativa acertada para una historia de terror que necesita que el espectador comprenda pronto qué está en juego y lo rápido que se pierde todo actualmente. Es un arranque que no se hace derogar con artificios ni florituras narrativas.

Y vaya si arranca. Las alteraciones físicas del protagonista son desagradables, explícitas y capaces de revolver el estómago. Hay imágenes que parecen diseñadas para que apartemos la mirada durante un segundo, aunque nuestra curiosidad termine obligándonos a volver a la pantalla. El eco de Frankenstein o Hulk también está ahí para brindar una pizca de romanticismo: el cuerpo convertido en problema, la monstruosidad impuesta y la capacidad del corazón para domar a la bestia.

Un monstruo que busca algo auténtico

Sin embargo, reducir ‘Clayface’ a sus mutaciones y referencias sería quedarse en la superficie. Sería algo tan vacío como quedarse únicamente con el chiste de Sutherland y la ‘Invasion of the Body Snatchers’. Lo interesante es que el horror físico acompaña a una historia sobre la identidad, el fracaso profesional y la necesidad de recibir afecto. El protagonista puede alterar su apariencia, pero esa capacidad no resuelve su mayor carencia: encontrar algo verdadero en un mundo que juzga a las personas por lo que ve u oye en las pantallas.

Aquí aparece una conexión especialmente interesante con Rita Farr, el personaje de April Bowlby en ‘Doom Patrol’. La antigua estrella de Hollywood también ve convertido su cuerpo en una prisión amorfa y cómo su pasado como actriz queda eclipsado por una condición que la aleja de los focos. La comparación no es gratuita: detrás de ambos personajes hay una identidad artística amenazada por una transformación física que les arrebata el control sobre su propia imagen. Clayface podría haberla fichado en algún momento para aquel Mud Pack de 1989 que juntaba a fangosos personajes. Por eso, esta película funciona también como detector de fans de DC. Si alguien presume de conocer a fondo sus personajes, pero no encuentra conexiones entre Clayface y Rita Farr, quizá le convenga ampliar sus conocimientos más allá de Batman, Superman y los nombres más populares. El universo de DC lleva décadas explorando la monstruosidad como metáfora de la exclusión, la vergüenza y el deseo de pertenecer.

Y hay una ironía estupenda en todo ello: un personaje capaz de falsificar su cara busca desesperadamente algo auténtico. Puede adoptar otros rostros, pero no fabricar por sí mismo el reconocimiento que necesita. Esa contradicción es la que lo convierte en algo más que un villano con poderes grotescos. Es lo mismo que le pasó a Moe en ‘Los Simpson’ cuando se operaba la cara y se metía a actor.

Una Gotham compatible con el universo de DC

La presencia de James Gunn y Matt Reeves como productores invita a preguntarse dónde encaja ‘Clayface’. La aproximación recuerda a la apuesta de ‘Joker’: una historia concebida con personalidad propia, más interesada en el retrato psicológico y el género que en alimentar una continuidad compartida a golpe de cameos. La diferencia es que aquí se mantiene una puerta abierta a una eventual integración, al no depender necesariamente de elementos que contradigan otras versiones de Gotham.

De hecho, la ciudad que sugiere la película encaja especialmente bien con la visión de Matt Reeves: una Gotham sombría, desigual y poblada por personajes que parecen condenados a sobrevivir en sus márgenes. El terror no necesita un desfile de figuras conocidas para respirar el mismo aire que ‘The Batman’. Al igual que Joker, Catwoman o El Pingüino, su historia puede sostenerse sin que Batman tenga que ocupar el centro de la pantalla.

Como última curiosidad. Tom Rhys Harries y Eddie Marsan, coincidieron en la película ‘The Gentlemen’, mientras que Ruby Sear participó en la serie que continuó aquella historia de Guy Ritchie. La conexión resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta que ‘Clayface’ se rodó en Londres.

Posdata: Me ha parecido ver a Aaron Paul poniendo rostro al padre del protagonista. Reto a mis lectores a intentar detectar este supuesto cameo y a aclarar si realmente se trata del actor o si simplemente he encontrado un parecido razonable.

Ficha de ‘Clayface’

Estreno en España: 23 de octubre de 2026. Título original: Clayface. Duración: 108 min. País: EE.UU. Dirección: James Watkins. Guion: Mike Flanagan, Hossein Amini. Música: Volker Bertelmann. Fotografía: Rob Hardy. Reparto principal: Tom Rhys Harries, Naomi Ackie, Ruby Sear, David Dencik, Max Minghella, Eddie Marsan, Nancy Carroll, Joshua James. Producción: 6th & Idaho Productions, British Film Commission, DC Studios, Domain Entertainment (II), The Safran Company, Warner Bros. Studios. Distribución: Warner Bros. Pictures. Género: terror, adaptación. Web oficial.